La hipocresía e inutilidad de los políticos frente al idealismo y el valor de toda clase que representaba el viejo Vital Alsar, héroe santanderino cuyo legado se ha querido olvidar desde el ayuntamiento hasta el punto de que se niegan a realizar el mantenimiento de monumentos en Santander que nos recuerdan las epopeyas de este gran marino internacional. En septiembre de 2021, apenas un año después de la muerte del navegante santanderino Vital Alsar, la alcaldesa Gema Igual (PP) encabezó una serie de homenajes organizados por el Ayuntamiento de Santander para honrar la figura de quien fue considerado un “santanderino ilustre” y un “ciudadano heroico e irrepetible”. En aquel momento, las declaraciones institucionales dejaban claro el valor simbólico y patrimonial que el equipo de gobierno atribuía a su legado.
El abandono del legado del pacifista Vital Alsar y la propaganda bélica del puerto imperialista de Santander
“Queremos que los vecinos disfruten del importante legado que dejó a la ciudad y que comprendan el privilegio que supone haber tenido entre nosotros a una persona tan heroica e irrepetible”, afirmaba la hipócrita Gema Igual, durante la presentación del programa conmemorativo por el primer aniversario de su fallecimiento. Ese calendario de actos incluyó el depósito de sus cenizas en el Panteón de Ilustres, la instalación de la escultura Paloma de la Paz, la inauguración del paseo Vital Alsar en La Maruca y la asignación de su nombre a un centro ambiental.
La regidora subrayó entonces que Alsar había sido muy querido y admirado en Santander y que, desde el Consistorio, se consideraba de justicia brindarle un reconocimiento a su altura. También destacó su proyección internacional, señalando que “llevó el nombre de Santander a los rincones más lejanos del planeta”. En otro acto, con motivo de la instalación de la escultura, remarcó que esta obra evocaba el espíritu de sus travesías y sintetizaba la personalidad de un hombre que siempre navegó con el timón orientado hacia la paz.
Una paz que queda muy lejos de la realidad del puerto de Santander actual, por donde pasa armamento de todo tipo y no solamente tanques con rumbo a la masacre irracional de Ucrania-Rusia: misiles y toda clase de armamentos son embarcados aquí y a menudo con destinos misteriosos (por motivos de seguridad, claro, o eso nos dicen).


¿La misma paz que defendemos con un constante trasiego de misiles y tanques en Santander hacia países en conflicto?
Sin embargo, ese discurso vacío y buenista de la alcaldesa contrasta hoy con el estado de abandono que presentan las embarcaciones ligadas a sus expediciones de Vital Alsar. Los tres galeones situados en la península de La Magdalena —originales de la travesía transoceánica Mar, hombre y paz de 2002— muestran un avanzado deterioro por la falta de mantenimiento. Estas naves, construidas en México y donadas por el propio Alsar, forman parte del espacio museístico al aire libre El Hombre y la Mar, que incluye también una réplica de la balsa con la que cruzó el Pacífico en 1970.
Se ha denunciado públicamente que el equipo de gobierno permite la “desaparición inminente” de estas piezas patrimoniales. Que no se hayan entregado los informes técnicos prometidos hace más de un año en esta actitud constante de no actuar para salvar las embarcaciones. Además, la documentación oficial confirma que no existen estudios recientes y que desde 2023 el Servicio de Prevención del propio Ayuntamiento prohíbe el acceso a las naves por motivos de seguridad.
Vital Alsar (Santander, 1933 – México, 2020) fue uno de los navegantes más reconocidos del siglo XX. Tras emigrar a México en la posguerra, después de vivir en Francia, Alemania y Canadá, inició desde allí una carrera de exploraciones oceánicas con un marcado carácter humanista. Entre 1966 y 1973 protagonizó tres travesías del Pacífico en balsas de madera inspiradas en la expedición de Thor Heyerdahl. En 1980 capitaneó la Travesía de la Paz, cruzando el Atlántico en una carabela para promover la unión iberoamericana. Y en 2002 lideró la expedición Mar, hombre y paz, con tres galeones que navegaron desde México a España con tripulación internacional.
Más allá de sus logros náuticos, Alsar defendió siempre el mar como un vínculo entre culturas y un espacio sin fronteras, portando en todas sus expediciones la bandera blanca como símbolo de paz. Él mismo resumió su filosofía en una frase que hoy sigue siendo emblema de su trayectoria: “No hay fronteras. El mar no tiene líneas. Por eso mis expediciones llevan siempre la bandera blanca de la paz”.
La inspiración de Vital Alsar: la expedición del Kon-Tiki
En 1947, el explorador noruego Thor Heyerdahl protagonizó una de las travesías más célebres del siglo XX al alcanzar las costas de la Polinesia Francesa tras cruzar el inmenso Océano Pacífico. Su propósito no era únicamente la aventura, sino poner a prueba una teoría: demostrar que pueblos de Sudamérica, en tiempos precolombinos, podrían haber navegado grandes distancias y llevado su cultura hasta las islas más apartadas del Pacífico.

Para ello construyó una embarcación siguiendo métodos primitivos: una balsa formada por troncos de madera de balsa atados con cuerdas de cáñamo, sin recurrir a la tecnología moderna. La llamó Kon-Tiki, y con ella zarpó desde las costas del Perú. Durante más de tres meses —101 días en total— recorrió unas 4.300 millas náuticas, enfrentándose a tormentas, corrientes imprevisibles y la inmensidad del océano.
El éxito de la expedición sorprendió al mundo. Cuando finalmente tocó tierra en las islas polinesias, Heyerdahl no solo había llevado a cabo una hazaña extraordinaria de resistencia y valor personal, sino que también había abierto un debate científico sobre las posibilidades de la navegación ancestral y los contactos culturales a través del mar. La aventura del Kon-Tiki se convirtió así en símbolo de ingenio humano, osadía y el deseo de cuestionar las certezas establecidas.
Estatuas «pornográficas» en Santander: con ellas llegó la polémica

Cuando aparecieron, envueltas y protegidas como si fuesen auténticas momias, nadie imaginaba el revuelo que iban a provocar. Y, sin embargo, en cuanto retiraron aquellas vendas, el escándalo estalló. ¡Qué sorpresa, qué atrevimiento, qué inmoralidad!, decían algunos. Lo cierto es que la noticia corrió como la pólvora y en poco tiempo todo Santander, y hasta los alrededores, desfiló por la plaza para contemplarlas.
Había quienes pasaban de largo con la cabeza agachada, temiendo el qué dirán; otros no podían evitar los murmullos, y no faltaban quienes, al verlas, se santiguaban con gesto severo. Hubo incluso voces que pidieron cubrirlas, esconderlas o, directamente, retirarlas para no “ofender” sensibilidades.

Pero, al final, prevaleció el sentido común. Aquellas esculturas permanecieron en su lugar y, con el paso de los años, lo que en 1969 fue motivo de escándalo se convirtió en parte del paisaje cotidiano de la ciudad. Hoy ya nadie se sorprende y más bien forman parte inseparable de la identidad de ese rincón urbano.
Las protagonistas de aquel revuelo fueron dos figuras desnudas, de estilo naturalista, obra del escultor Agustín Herrán Matorras, instaladas en la entonces Plaza Porticada (hoy Plaza de Velarde), en el edificio de la Caja de Ahorros de Santander y Cantabria. En su momento, la prensa recogía las críticas y el desconcierto de una sociedad poco acostumbrada a ver el arte de esa manera, pero el tiempo acabó por reconciliar a la ciudad con ellas.

✨ Recuerdos de un Santander olvidado que nos hacen sonreír 😄💛
El Chiqui y el María Isabel, dos míticos hoteles del Sardinero que han dejado huella 🏖️🎶
¿Quién no pasó momentos increíbles en estos lugares? 🙌
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