14 de octubre de 1936 – La crucifixión de Oviedo

El 14 de octubre de 1936, durante la Guerra Civil Española, Manuel del Rey Cueto, de 29 años y vecino de Oviedo, defensor de la ciudad y sargento voluntario del Regimiento de Infantería Milán n.º 32, fue capturado por fuerzas gubernamental. Según los relatos históricos, su detención y ejecución tuvieron un marcado carácter ejemplarizante: se habría llevado a cabo con el objetivo de intimidar a los defensores de la ciudad.
Según la documentación de la Causa General, los agresores habrían sometido a Manuel del Rey Cueto a torturas antes de su muerte, y su cuerpo fue hallado crucificado el 21 de octubre de 1936, tras la entrada de las columnas gallegas que restablecieron el control de Oviedo. Este episodio se convirtió en un símbolo de resistencia para la ciudad sitiada, que, con unas fuerzas muy inferiores frente a los sitiadores, resistió ante bombas, hambre y frío, manteniendo su espíritu intacto.
El sacrificio de Manuel del Rey Cueto y el dolor de su familia, especialmente de su madre Ángela, reflejan la brutalidad de aquel periodo, así como la firmeza de quienes defendieron la ciudad. Este episodio se conserva en la memoria histórica como testimonio de los conflictos y sufrimientos de la Guerra Civil Española.
Imagen: féretro escoltado por cinco soldados; sobre un gran mantón que cubre el soporte del féretro, el sable, la gorra y un crucifijo; a ambos lados, armas dispuestas en trípodes, candelabros, y al fondo, banderas de España y de La Falange junto a otro crucifijo.
Fuente: Florentino López Fernández “Floro”, Museo del Pueblo de Asturias.
20-2-1938 REGIÓN 3 EL BOMBARDEO del HOSPITAL de OVIEDO
LOS HERIDOS FUERON EVACUADOS A LAS IGLESIAS EL PERSONAL DEL HOSPITAL CIVIL, PROPUESTO PARA UNA RECOMPENSA
¡El bombardeo del Hospital! bajo tan rudo, transportaban a los soldados a los pisos inferior basados en muchos de camillas, ofensiva sobre Oviedo, en el ataque brutal y sistemático al que no podía destruirlo, con el violento movimiento de estos traslados. La metralla seguía lloviendo en las salas, aumentando el fin de desmoralizar a un pueblo que había dado muestras de una admirable entereza. —El día 23 de febrero, cuando la ofensiva estaba en su momento más duro, varias baterías lanzaron durante horas su metralla sobre el edificio que albergaba más de dos mil heridos. El instinto salvaje fracasó y aún fue mayor por los que intentaban evacuar al mundo de los hospitales civiles de sus regularidades. Hoy las ruinas ennegrecidas del edificio inmenso muestran el refinamiento bárbaro de un enemigo que pretendía la victoria con el sacrificio total de la humanidad y de las leyes de la guerra.
EL BOMBARDEO
Tres días de incesante ataque artillero, tres días en los cuales hordas inmensas se habían lanzado sobre la población indefensa, fueron tiempo más que suficiente para que el Hospital se llenase de heridos. La insuficiencia de las salas hacía imposible un traslado sobre colchones y aún sobre simples mantas los menos graves. Sería la media mañana del 23, cuando cayó dentro de una sala el primer obús. Pronto fue seguido de otro a punta de otra sección sobre aquella edificación enorme, y pronto un tercio o cuatro las baterías que vomitaban sobre el Hospital su metralla.
METRALLA EN LOS QUIRÓFANOS
No era esta la primera vez que los rojos habían dejado el Hospital bajo el fuego. Ya en los primeros días de la ofensiva hubo ataques similares, pero esta vez fue más intenso. Las fuerzas más próximas lanzaron metralla con fuego de bombardeo y de artillería. La metralla obligó a suspender las operaciones iniciadas. No obstante, un joven herido, continuó dando su sangre para los soldados heridos, hasta que la transfusión —de 500 gramos— fue concluida. La confusión, el horror en la calle, el hospital convertido en objetivo de los ataques enemigos, fueron enormes. Los mil impactos para detener la metralla fueron insuficientes. Los heridos intentaban refugiarse en los ángulos, mientras los graves se veían obligados a permanecer en sus camas, esperando con esperanza o con resignación una muerte que parecía próxima. A la evacuación se comenzó a pensar cuando no hubo orden de evacuar el Hospital y los heridos graves, que fueron trasladados en brazos a las iglesias.
LA EVACUACIÓN
El presidente de la Diputación, que desde el primer momento estuvo en el sector del Hospital dando muestras de admirable heroísmo, procuraba, juntamente con el comandante médico señor Sáenz de la Maza, poner orden en aquel terrible caos de espanto y de muerte. La situación se hacía tan crítica, por la ofensiva que se desarrollaba a lo largo de la carretera de Oviedo, que se decidió evacuar el hospital. Hasta bien mediada la tarde no se recibió del Mando de la Plaza la orden de evacuación. Tal fue el heroísmo y la abnegación del personal del Hospital que, aún sin medios de transporte, se procedió a evacuar a los heridos graves.
EN LAS IGLESIAS
Comenzó al caer de la tarde la trágica evacuación, bajo una lluvia de fuego intenso. Todos los hospitales estaban llenos y hubo que utilizar las iglesias para albergar a los heridos. La evacuación se realizó con orden admirable. Santa Cruz, el Marayán, San Isidoro, las iglesias cercanas al Hospital fueron recibiendo a los heridos. No había camillas suficientes, y muchos de ellos fueron transportados en puertas arrancadas de las iglesias. La población ovetense dio una prueba admirable de espíritu cristiano y de heroísmo. Mujeres, ancianos, niños, todos acudían con mantas, colchones y alimentos.
ESCENAS DE HORROR
La noche fue espantosa. Los heridos, amontonados, gemían en las iglesias. Faltaba ropa de abrigo y el frío era intenso. Precipitadamente se organizó un servicio de donativos. A las doce de la noche se habían recogido ochocientos colchones y mantas. Otras escenas semejantes se desarrollaron en el Convento de las Salesas. Repicaban las campanas pidiendo auxilio. Los heridos, refugiados en los sótanos, veían cómo el fuego caía a su alrededor.
COLOFÓN
Así fue el bombardeo y la evacuación del Hospital de Oviedo, uno de los más trágicos episodios de la guerra que se desarrolla dentro de nuestra ciudad.
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Imagen. BNE 12-10-1937 Oviedo soldados que guarnecen las posiciones del monte Naranco.
Color: Caiman98
Fuente : Oviedo Invicta y Heroica .


Columna nacional descansando en su avance hacia Pajares.
Fuente : J.Salador
El «Bilbao-1932», una auténtica joya histórica blindada de la automoción militar española, la cual forma parte y puede ser admirada dentro de la colección museográfica del PCMVR nº1 en Torrejón de Ardoz.


Bilbao. El puente del Arenal, en el cual se aprecian los sacos
en las huecos de las ventanas ,en el edificio de la Bilbaína y en la casa de los Maza. Año de 1937.
1ª Vuelta Ciclista a España (Año 1935) – 3ª Etapa Santander – Bilbao (199 kms) – El grupo de escapados subiendo Saltacaballos (Cantabria). El belga Gustaaf Deloor fue el vencedor de la etapa y de la general final

























