Hablaremos de los asesinos multirreincidentes a los que la Justicia permitió volver a las andadas. Como de costumbre, autoridades determinadas permitieron en todos estos casos que esta ristra de personajes provocasen más víctimas. ¿Hasta qué punto es defendible que dichas autoridades se pueden equivocar cuando están dejando en la calle a auténticos desgraciados incorregibles y sin darles ninguna oportunidad para pensárselo mejor todo en la cárcel y con tratamiento?

Al tarado le gustó verse en la tele con seudónimo del asesino de la baraja
Uno de los más graves problemas que tiene nuestro sistema judicial español es la multireincidencia. Cuando tú no cortas en seco de determinados comportamientos antisociales estás favoreciendo que estas personas inadaptadas y peligrosas busquen nuevas víctimas y las encuentren en cualquier momento. Y esto fue exactamente lo que le sucedió, por ejemplo, a las víctimas de uno de los asesinos en serie más letales de la historia de España y en tiempos muy recientes.
Nos situamos en la crisis del Prestige que hace ya más de 20 años. Numerosos destacamentos militares han acudido a la zona de Galicia para ayudar con las tareas de limpieza. El día de la despedida de uno de estos destacamentos, mientras formaban en un patio de un instituto, resulta que uno de los soldados se empieza a comportar de manera extraña. El tipo era un auténtico perturbado y además consumía diversas drogas, aunque de puertas para afuera no daba la impresión de ser ningún personaje peligroso.
El Ejército lo licenció sin más a cambio de no ir más allá con su agresión contra una mujer
Los compañeros de la formación le llaman la atención y le advierten de que puede sufrir consecuencias si sigue comportándose así cuando están todos formando, pero él insiste en que se encuentra ya cansado de estar fuera de Madrid y dice que quiere volver y que le da igual todo. Su locura llega al culmen cuando en un momento dado sale corriendo y sus compañeros, al ver que empieza a liarla en un coche próximo, en el que agrede a una mujer, corren hacia él para intentar retenerlo y reducirlo. El muy tarado pretendía rodar el coche allí mismo y delante de todo el mundo y largarse a Madrid sin considerar siquiera que en la parte de atrás viajaba el hijo de esa mujer a la que acababa de sacar del coche a golpes.
Las autoridades militares le ofrecieron un trato demasiado benigno si uno considera lo que sucedió a continuación. Ni más ni menos que la libertad sin cargos si aceptaba ser baja en el Ejército de inmediato, trato que él firmó sin dudar. Algunos días después de esto, por desgracia, un padre era ajusticiado de forma brutal con una pistola, en un portal, delante de su hijo. Y la prensa se hacía eco de que un posible asesino en serie podría estar comenzando su actividad psicopática porque se había encontrado un naipe junto a la víctima. Sin embargo, se trataba de una carta de la baraja que estaba ahí por casualidad, pero al asesino le gustó verse en la tele con seudónimo del asesino de la baraja y siguió cometiendo tropelías homicidas durante mucho tiempo más hasta que, un buen día, confesó ser el asesino en un momento de borrachera en un bar.
Esos policías se pusieron en alerta inmediatamente y le pidieron a ese compañero que retuviera a toda costa al tarado
El policía que estaba escuchando semejantes declaraciones no se podía creer que tuviera delante al buscadísimo asesino de la baraja, pero ante la insistencia de este personaje decidió llamar a compañeros especializados y darles algunos datos, como el detalle de que había unas marcas que él hacía en las cartas antes de dejarlas en el suelo junto a las víctimas. Una información que no había trascendido a la prensa, por lo que esos policías se pusieron en alerta inmediatamente y le pidieron a ese compañero que retuviera a toda costa al tarado hasta que ellos llegaran para detenerlo. De lo contrario, quién sabe cuántas más víctimas hubiera podido causar aún este perturbado mental al que una autoridad militar decidió dejar en la calle y sin cargos después de haber agredido con tanta violencia a una mujer y con ese estado de locura en el que todo el mundo sabía que se encontraba cuando servía en el Ejército, ni más ni menos, con armamento peligrosísimo entre sus manos.
Embistió con un vehículo robado a un Ertzaintza que estaba de servicio en un control de carreteras
Hay también otro caso que ha llamado mi atención últimamente y que es el de un joven inadaptado social y delincuente, que hace ya también algunos años protagonizó una de las situaciones más dramáticas que se recuerdan en Vizcaya, cuando embistió con un vehículo robado a un Ertzaintza que estaba de servicio en un control de carreteras. Se da la circunstancia de que este desalmado lo arrastró durante muchos metros mientras los compañeros de la víctima disparaban sus armas contra ese vehículo robado en el que viajaba este personaje junto a su novia.
Se decía en las redes sociales que si este hombre era gitano, pero parece ser que no lo era. La propia chica que iba con él en el vehículo y que sufrió también impactos de bala, que le han dejado en un estado de minusvalía de por vida, comentaba, en ese hilo del Facebook abierto por el reportero Luis Calabor, que no admitiría juicios de nadie si ella misma no había sido nunca enjuiciada y que había rehecho su vida de forma dificultosa después de esa situación tan dramática. También se comentaba que había recibido una indemnización de unos 50 millones de pesetas por los disparos que recibió y que en realidad sí estaban justificados por el brutal atentado que estaba sufriendo uno de los compañeros y que fatalmente murió, después de haber sido atropellado y arrastrado por muchos metros por este animal de bellota.

Esa misma mañana había protagonizado otro incidente bastante violento en la zona de Otxarkoaga en Bilbao
Pero es que se da una circunstancia todavía más dramática, porque parece ser que esa misma mañana había protagonizado otro incidente bastante violento en la zona de Otxarkoaga en Bilbao. Otro hecho delictivo que terminó con este personaje siendo perseguido por la policía y detenido y puesto de inmediato en libertad para que al día siguiente pudiera hacer semejante burrada a una persona que simplemente estaba trabajando y protegiéndonos, precisamente, de elementos descontrolados como él. De nuevo vemos como una decisión judicial dejaba a los pies de los caballos a la propia policía, para empezar, que son a menudo los más expuestos a este tipo de sujetos y inadaptados e inadaptables.

Si no hubiese aparecido el señor con el perro, el fugado hubiera aparecido muerto días después
Una persona que conoce el caso nos lo comentaba directamente:
El sujeto estaba con su amiga en un camino arbolado a donde iban a pincharse. Entró un coche patrulla e intentaron embestirles y tirarles a un riachuelo. Un agente salió del coche y disparó contra las ruedas. Los dos salieron corriendo, a la chica la detuvieron y él escapó reptando por los matorrales, donde se quedó enganchado entre pinchos y raíces. Entretanto, se evitó que pasará gente mientras se le buscaba. Y hasta allí subieron muchas dotaciones de Policía Municipal. Al final se levantó el dispositivo en la creencia de que escapó, pero al dejar entrar a todo el mundo otra vez, un perro que llevaba un señor se puso en posición de alerta. Como si hubiese olido algo. Y apuntaba con su mirada el lugar. El señor gritó a la policía y descubrieron al individuo. Se tuvo que llamar a los bomberos y con una escalera, apoyándola sobre los jaros, se pudieron aproximar y con la ayuda de una navaja cortaron los jaros y liberaron al pavo. Seguramente, si no hubiese aparecido el señor con el perro, el fugado hubiera aparecido muerto días después. Qué pena que no hubiera sido así (pues el pobre Ertzaintza seguiría vivo y la novia del tipo no iría en silla de ruedas).
























