¿Quieres apuntarte a esta aventura que dirigirá Michael Boor, a ser posible acompañado de Lobo Estepario y otros compañeros? En el 623191492 te puedes ir apuntando y así vamos organizando esta experiencia, en la cual se pretende vivaquear sobre el terreno y recorrer un montón de lugares preciosos, aparte de recordar estas grandes batallas.


Recorreremos, de hecho, la larga ruta de 80 kms de fortificaciones y pueblos que fueron atacados, defendidos y destruidos, poniendo atención en todos los sitios curiosos que jalonan la ruta. Y dormiremos en estos mismos lugares, rememorando las hazañas de nuestros antepasados en la Guerra Civil.
En esta ruta encontrarás:
Cascadas y miradores espectaculares.




Necrópolis y dólmenes de tiempos muy remotos.


Pueblos olvidados y curiosos con rastros de la Guerra Civil en estas tierras. Más adelante, en este artículo, describiremos los enfrentamientos, las aventuras y los padecimientos de estos antepasados y con todo lujo de detalles.


La fauna y flora más salvajes de Europa Occidental.


Pasajes de la Historia más épica de España.



⚔️ Una guerra de desgaste en Las Merindades de Burgos
Las columnas se concebían para acciones rápidas, pensadas para un conflicto breve. Se esperaba de ellas audacia, decisiones fulminantes y capacidad para arrebatar terreno al enemigo. Sin embargo, la realidad fue distinta: buena parte de la tropa estaba compuesta por jóvenes apenas formados y hombres mayores, y el armamento disponible no siempre era el adecuado. Aquella supuesta guerra de movimientos derivó, en el norte burgalés, en una sucesión de choques breves, tiros intermitentes, pequeñas escaramuzas y bombardeos, con una atmósfera más cercana a una guerra de trincheras que a los combates relámpago que se pretendían.

La responsabilidad de estas fuerzas nacionales era frenar a las tropas frentepopulistas si trataban de avanzar hacia Burgos, capital del bando franquista, o hacia el propio valle del Ebro, aunque la realidad era que el Ejército del Norte «de la República» era tan caótico y falto de motivación y conducción que parece evidente que nunca soñaron semejantes sueños. ¡Bastante tenían con mantenerse en una absurda actitud defensiva mientras los nacionales se preparaban por todas partes para iniciar un asalto total en todos esos frentes del Norte! Pero en un principio de esta historia, los meses de septiembre, octubre y noviembre de 1936, cuando el Ejército Nacional estaba tan centrado en Madrid y otros frentes más prioritarios, estos páramos solitarios de Burgos fueron escenario de presiones y tanteos, aunque la ofensiva más significativa se produjo a finales de noviembre y en diciembre.
Entre los días 22 y 24 de noviembre, una operación complementaria al ataque de Villarreal intentó penetrar por Las Merindades con la intención de abrir camino hacia Vitoria y el Ebro y, así, separar Navarra del territorio controlado por los nacionales. Una auténtica utopía si uno considera los desastrosos golpes de mano del Frente Popular del Norte en esta zona solitaria, mal defendida por unos pocos cientos de falangistas y asimilados nacionales. No fue el único intento. Poblaciones como Cilleruelo de Bricia, Lorilla, Espinosa de Bricia o Sargentes de Lora sufrieron ataques y sitios especialmente repetitivos y duros, con grandes masas de milicianos apoyados por cañones, morteros y aviación. Incluso se llegaron a utilizar proyectiles con gases tóxicos, sin que los nacionales tuvieran a mano nada para protegerse de semejante guerra química (estos gases eran de origen británico). Todo esto fue una lucha que conllevó meses de ataques continuos por parte del Frente Popular, firmemente asentado en esta zona del Sur de la Provincia de Santander.

Sin embargo, los frentepopulistas no consiguieron sobrepasar las defensas al mando del ya Coronel Sagardía, que acudía de posición en posición —algunas casi sitiadas— para sostener la moral y organizar la resistencia. El cumplimiento de su misión desencadenó elogios propagandísticos, lo que en la posguerra se materializó en monumentos dedicados a su unidad.

La defensa de los páramos de Burgos por la Columna Sagardía, eminentemente falangista
Para comentar la heroicidad de los falangistas donostiarras, navarros y riojanos, reforzados luego por camaradas palentinos y de unidades de Burgos, me sirven las palabras del propio José Antonio Primo de Rivera, ante el panorama de unas elecciones crapulosas y sucias que fueron el origen de todo el drama de la Guerra.
Yo creo que está alzada la bandera. Ahora vamos a defenderla alegremente, poéticamente. Porque hay algunos que, frente a la marcha de la revolución, creen que para aunar voluntades conviene ofrecer las soluciones más tibias.


Creen que se debe ocultar en la propaganda todo lo que pueda despertar una emoción o señalar una actitud enérgica y extrema. ¡Qué equivocación! A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete
En un movimiento poético, nosotros levantaremos este fervoroso afán de España; nosotros nos sacrificaremos; nosotros renunciaremos, y de nosotros será el triunfo, triunfo que –¿para qué os lo voy a decir?– no vamos a lograr en las elecciones próximas. En estas elecciones votad lo que os parezca menos malo. Pero no saldrá de ahí vuestra España, ni está ahí nuestro marco.


Ésa es una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa. No está ahí nuestro sitio. Yo creo, sí, que soy candidato; pero lo soy sin fe y sin respeto. Y esto lo digo ahora, cuando ello puede hacer que se me retraigan todos los votos. No me importa nada. Nosotros no vamos a ir a disputar a los habituales los restos desabridos de un banquete sucio.
Nuestro sitio está fuera, aunque tal vez transitemos, de paso, por el otro. Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto, las estrellas. Que sigan los demás con sus festines. Nosotros, fuera, en vigilancia tensa, fervorosa y segura, ya presentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas.

🧭La Línea de Frente en Las Merindades (1936-1937)
Cuando llegan las vacaciones y los pueblos vuelven a llenarse de vida, muchos aprovechan para pasear por los montes. En Las Merindades, caminar no es solo disfrutar del paisaje: es también una oportunidad para mirar atrás y comprender la presión y el miedo con los que convivieron quienes habitaron esta tierra durante los 13 meses en los que el norte de la comarca se mantuvo en plena zona de frente.
Este post está pensado como una guía divulgativa para asomarse a ese pasado. La zona oeste ha sido estudiada con más profundidad, pero el centro y este —desde el Valle de Mena hasta la Merindad de Valdeporres— aún guardan rincones poco explorados. Si decides acercarte, recuerda: observa, fotografía y comparte conocimiento, pero no alteres los restos; la investigación corresponde a profesionales, especialmente a las arqueólogas que trabajan sobre el terreno.

¿Qué fue el Frente Norte?
A partir de septiembre de 1936, se comenzó a utilizar el término Frente Norte para nombrar lo que sucedía en esta región. En Las Merindades puede dividirse en tres áreas principales:
- Frente Oeste: zona del Escudo y Arija.
- Frente Centro: cordal de los montes de Somo y Portillo de la Sía.
- Frente Este: desde el puerto de Los Tornos hasta el Valle de Mena.
Cada tramo conserva huellas que hoy siguen visibles y que, al recorrerlas, permiten leer la historia con los pies.

🌲 ZONA OESTE: batallas, pueblos divididos y huellas visibles
Mientras Arija y Alfoz de Santa Gadea permanecieron en manos frentepopulistas, el Valle de Valdebezana quedó dividido. Algunos pueblos —como Quintanaentello, Riaño, Virtus o San Vicente de Villamezán— siguieron bajo control frentepopulista hasta agosto de 1937. Otros, como Barrio, Paradores o Campino, estuvieron bajo dominio nacional. El municipio de Bricia fue otro ejemplo de territorio partido: la franja paramera quedó en manos nacionales, mientras que los frentepopulistas controlaron Montejo de Bricia, la zona de Lomas de Villamediana y el puerto de Carrales.
En este sector se desarrollaron algunos de los enfrentamientos más duros. El páramo de Bricia fue escenario de combates intensos, afectando a pueblos como Barrio, Cilleruelo o Espinosa de Bricia, ventana natural hacia el Alfoz y paso hacia los montes de Carrales y Santander. Espinosa de Bricia —estratégicamente complicada por su ubicación más baja— fue defendida con firmeza por fuerzas frentepopulistas para frenar a las tropas nacionales, pese a perder Cilleruelo de Bricia. La destrucción de ambos pueblos todavía es testimonio mudo de aquella lucha.
Entre los restos más impactantes destacan:
- Torres de Arriba, totalmente arrasado por los bombardeos.
- El campanario de la iglesia de Barrio de Bricia, con muros aún marcados por impactos de bala.
- Los refugios antiaéreos de Virtus, excavados en taludes de arenisca y situados a escasos metros de las viviendas.
En el puerto de Carrales también se vivieron combates determinantes. Allí se articuló una línea defensiva hacia el sur, bordeando la meseta hasta asomarse al Ebro. Se pueden observar trincheras excavadas en roca, especialmente en el alto del Castro, frente a la fortaleza nacional de Marul. Las posiciones frentepopulistas incluían un sistema de barracones-búnker en la zona de Hoyos, construcciones en piedra y cemento que recuerdan a los antiguos blocaos.

El sector de Soncillo es hoy el mejor documentado, gracias a trabajos como los de Miguel Ángel Fraile o el blog “Crónicas a pie de fosa”. Desde el collado de Matanela, el frente avanzaba por las cumbres de Las Canteras, Somaido y La Paradia, extendiéndose hasta la Peña Estirada del Monte Mojo, frente al cerro de La Maza —en manos nacionales—, un punto casi inexpugnable. El complejo defensivo más destacado es el del puerto del Escudo, seguido por otros como Quintanaentello o Pozazal.
El estado de conservación de las estructuras varía: las trincheras excavadas en roca han sobrevivido mejor; en cambio, las situadas en altura han sufrido la erosión de nieve y viento. Todavía pueden verse huellas de metralla, restos de refugios sin techo y ampliaciones para artillería.
En la zona de La Maza —1.165 metros de altitud— se ubicaron baterías italianas que bombardearon la estación de Robredo de Las Pueblas y la carretera del Escudo. El acceso, hoy, se realiza desde San Martín de las Ollas, por pista forestal.
También destaca la zona de Arreba, en el Valle de Manzanedo, donde aún se conservan parapetos y fortines, documentados por la labor de investigación local.
El conocido informe Brusiloff señalaba que las fortificaciones nacionales eran técnicamente superiores: estructuras tipo blocao, colocadas a distancia para garantizar fuego cruzado y fabricadas con materiales resistentes. Las defensas frentepopulistas, por el contrario, eran más básicas: trincheras y alambradas sin fortificación posterior, lo que hacía depender gran parte de su resistencia de la rotación de milicianos desde los pueblos cercanos.

🏔️ZONA CENTRO: montes abruptos y un frente que dividió municipios
En Valdeporres, Sotoscueva y Espinosa el relieve es mucho más escarpado y el frente se asentó en zonas altas. En los montes de Somo se ubicaron fuerzas frentepopulistas, con trincheras visibles bajo Nevero Polluelo y en los Pozos de Guzmantará. Desde ese punto, controlaban Espinosa y protegían la entrada situada en el puerto de Estacas.
En la vertiente opuesta, sobre las peñas, se situaron posiciones nacionales. Restos visibles incluyen parapetos y zonas de artillería, como el emplazamiento detrás de Hornillalatorre o el llamado “prado de los cañones”, donde se instaló artillería italiana.
Durante casi un año, el municipio de Espinosa quedó partido: la villa y poblaciones como Para o Santa Olalla bajo control nacional, mientras que la mayor parte del término municipal continuó en manos frentepopulistas. El intercambio de fuego entre el “Mirador” y la iglesia de Espinosa fue uno de los episodios más recordados de este frente.
Del lado cántabro, Las Machorras, la Vega de Pas y Yera también fueron zonas frentepopulistas, con trincheras destinadas a cortar el paso por carretera y controlar el puerto.

🪨 ZONA ESTE: Villasante como barrera inmóvil
La zona oriental del frente atravesó los principales núcleos de la Merindad de Montija, donde el pueblo de Villasante actuó como barrera estratégica. Agüera, Noceco, Bercedo, San Pelayo y el propio Villasante permanecieron frentepopulistas, mientras que la artillería nacional se situaba en puntos dominantes como el monte Cuestaedo.
Lo más característico de este sector es que el frente apenas avanzó: pese a los bombardeos, ni nacionales ni frentepopulistas lograron romper la línea. Aún pueden visitarse restos de trincheras en Noceco y Villasante, así como un búnker construido en hormigón armado.
Uno de los rincones más singulares es el parapeto del monte “La Cotorra”, cerca del puente de Pienza. Esta estructura de observación —cuyo techo fue demolido tras la guerra para recuperar el metal— ofrece una vista privilegiada hacia El Crucero y el sur de la comarca.
En Bercedo, el antiguo chalet de Espejel alojó el cuartel general frentepopulista; la población también se refugió en el Molino de Bercedo, conectado con una cueva de más de dos kilómetros. Cerca del puente del tren de La Robla se ha señalado la posible existencia de una fosa común, una muestra más de la huella humana que aún late bajo la superficie.
Hacia el este, en Los Tornos, puede visitarse un recinto fortificado con varias trincheras, y en el Alto de la Magdalena quedan restos de una caseta-refugio. Toda esta franja oriental se apoyaba en la geografía —Sierra de la Peña, Sierra Salvada, Orduña— que ofrecía muros naturales para la defensa.
Nieve, viento y niebla hicieron la vida imposible a ambos ejércitos

Curioso sello emitido en Septiembre de 1936, comenzada ya la Guerra Civil, por parte del bando sublevado, también conocido como bando nacional. El Alto Mando del Ejército del Norte, la restaurada VI Región Militar, impulsó la emisión de un conjunto de sellos, con un valor de 10 céntimos, destinados a recaudar fondos para dotar a las tropas de ropa de abrigo con la que resistir el duro invierno que se avecinaba. Los trabajos de impresión fueron realizados por el taller Hija de B. Fournier, de Burgos, por el procedimiento de litografía.
La VI Región Militar tiene su origen en la Capitanía General de Burgos, a la que se agregan la Capitanía General de Navarra y la de Guipúzcoa, que comprendía las tres provincias Vascongadas. Tras la proclamación de la Segunda República, un decreto gubernamental disolvió las regiones militares y las sustituyó por las Divisiones Orgánicas. En julio de 1936, desempeñaba la jefatura de la VI División Orgánica el general Domingo Batet Mestres. Ya iniciada la guerra civil española, un decreto del Bando sublevado disolvió la VI División Orgánica y restableció la antigua Sexta Región Militar, al mando del general José López-Pinto Berizo. A la VI Región se asigna el VI Cuerpo de Ejército con dos divisiones: la 61.ª (Burgos) y la 62.ª (Pamplona).
🏛️ De Burgos a Santander y Alcalá de Henares y pasando por Cataluña con la 62 División.
En la ofensiva del Escudo, su división avanzó por los puertos de Los Tornos, La Sía y Estacas de Trueba con dirección hacia Santander. En la retaguardia, se atribuye a Sagardía participación en episodios represivos sobre población civil: fusilamientos en el kilómetro 14 de la carretera de Covanera o ejecuciones en la Torca Palomera, en Mozuelos de Sedano. Después de la campaña burgalesa, se desplazó con su columna a distintos escenarios: Santander, Asturias, Aragón, y más tarde al Pirineo catalán en 1938, donde ciertas fuentes lo vinculan con la ejecución de 67 personas en Sort (Pallars Sobirà), episodio que le valió el sobrenombre de “Carnicero de Pallars” en determinados círculos, pero no me consta que nada de eso tenga una vinculación clara y directa con un General de Artillería que estaba a otras cuestiones que poco tenían que ver con una represión política.


El 30 de marzo de 1939, Sagardía tomó Alcalá de Henares tras casi tres años de resistencia frentepopulista. Durante la contienda, fue ascendido a General y recibió múltiples condecoraciones. En 1940 viajó a Berlín junto a Serrano Suñer para tratar la postura de neutralidad española respecto a la Segunda Guerra Mundial. Ese mismo año recibió en San Sebastián al dirigente nazi Heinrich Himmler. También fue Inspector General de la Policía Armada y de Tránsito, y Gobernador Militar en Cartagena.
👉 El General Sagardía y su papel en la guerra
Al estallar el conflicto, el general Mola, desde Pamplona, le contactó a Sagardía para confiarle una tarea clave: debía trasladar un mensaje a las guarniciones del cuartel de Loyola, en San Sebastián, con el fin de obtener su apoyo al alzamiento militar. Durante este momento, su rango fue elevado a teniente coronel —aunque el ABC de 1956 asegura que se le concedió directamente el grado de coronel—, ascenso que habría obtenido de seguir en activo. Tras fracasar la intentona golpista en San Sebastián y cruzar la sierra de Aralar regresó a Pamplona, donde fue designado segundo jefe de las fuerzas encargadas de tomar Guipúzcoa. Dos meses después, este territorio ya se encontraba controlado por los nacionales.
Fue entonces cuando recibió la misión que marcaría su nombre en la historia militar del norte: organizar una fuerza compuesta por voluntarios navarros, riojanos y vascos para combatir en el norte de Burgos. Así nació la columna que llevaría su apellido, posteriormente denominada oficialmente 62.ª División, formada —según las fuentes— por entre 750 y 775 efectivos procedentes de milicias falangistas y requetés, reunidos tras la liberación de Pamplona. Una vez desplazados a su zona de operaciones, se incorporaron también voluntarios procedentes de Las Merindades: el Tercio de Santa Gadea pasó a integrar la División. La Columna Sagardía logró mantener bajo control un frente de más de 80 kilómetros, desde Villarcayo hasta la meseta de La Lora, defendiendo posiciones en territorio burgalés.
Escalada del Ebro: cuartel general de Sagardía y pueblo materno de Azaña

Esto es una anécdota muy curiosa, pues el que fuera Ministro de Defensa del Frente Popular y presidente sin atribuciones reales, tras la espantada de Alcalá Zamora, el señor Manuel Azaña, desciende directamente del pueblo de Escalada en el que Sagardía estableció su cuartel general y uno de los principales focos defensivos de su extenso frente a defender.
Manuel Azaña vino al mundo en el seno de una familia acomodada, con relevancia tanto en la vida política como en el ámbito cultural de Alcalá de Henares. Al inscribirse su nacimiento en el registro civil, recibió el nombre completo de «Manuel María Nicanor Federico Azaña Díaz-Gallo». No obstante, tiempo más tarde este nombre fue rectificado a petición de su abuela, eliminándose el apellido «Gallo», pues consideraba que ese linaje, antaño respetado, había perdido su honor al quedar vinculado a ideales republicanos.
Su padre, Esteban Azaña Catarinéu, era propietario y provenía de una familia de notarios y funcionarios municipales. Además de dedicarse a los asuntos jurídicos-administrativos, tuvo activa participación en la política local, llegando a ocupar la alcaldía. También fue autor de una obra en dos tomos titulada Historia de Alcalá de Henares, publicada entre 1882 y 1883. Por parte de su madre, María Josefina Díaz-Gallo Muguruza —dedicada al cuidado del hogar—, procedía de una familia de origen noble, conocida en el comercio y originaria del pueblo burgalés de Escalada.
El nombre «Manuel» le fue puesto en honor a su abuelo materno, Manuel Díaz-Gallo, cuyos apellidos de nacimiento fueron Díaz y Gallo-Alcántara, y que mantenía parentesco con el conde de Liniers. Este abuelo estaba casado con María Josefa Muguruza, abuela materna del futuro presidente. Sus abuelos paternos fueron Gregorio Azaña y Concepción Catarinéu. Además, el padrino de bodas de sus padres fue una figura destacada de la política española: Antonio Cánovas del Castillo.
Manuel era el segundo de cuatro hijos —sus hermanos se llamaban Gregorio, Josefa y Carlos—. En su niñez, además de la influencia directa de sus progenitores y especialmente tras la temprana pérdida de estos, jugaron un papel protector y formativo su tío materno, Félix Díaz-Gallo, quien ejerció cierta influencia en su desarrollo intelectual, y su abuela paterna, Concepción Catarinéu, muy presente en su cuidado y educación.
📚Del Alto Ebro a las Fuentes del Llobregat. 32 meses de guerra en la 62 División
En 1940 vio la luz el libro Del Alto Ebro a las Fuentes del Llobregat. Treinta y dos meses de guerra en la 62 División, concebido como tributo a sus combatientes. Sagardía explicaba: «Les prometí a mis muchachos dos cosas para realizarlas al final de la guerra: un monumento y un libro. El monumento ya está elevado en tierras de La Lora, tan pródigamente regadas con su sangre. El libro es éste que he trazado con mis recuerdos». La obra fue publicada por la Editorial Nacional y hoy constituye una de las pocas narraciones militares sobre la Guerra Civil en Las Merindades. Contenía mapas detallados, ilustraciones en blanco y negro y color —obra de artistas como Farré, Lagarda, Moisés y Viladomat— y tuvo un precio original de 20 pesetas.

La enciclopedia digital Auñamendi —habitualmente asociada a una óptica nacionalista vasca— recoge que Antonio Sagardía Ramos fue un general del ejército español “de origen vasco”; sin embargo, su nacimiento tuvo lugar en Zaragoza el 5 de septiembre de 1879. El diario ABC, en una publicación del año 1956, lo definía como navarro. Ante tanta etiqueta, quizá lo más correcto sea considerarlo aragonés, aunque este aspecto parece ser tema de debate entre quienes disfrutan adjudicando identidades como si fueran dogma.
Volviendo a su biografía, Sagardía inició su formación castrense en la Academia de Artillería en 1898 y alcanzó el grado de comandante en 1921. No perteneció a la corriente de militares conocidos como “africanistas”; su carrera estuvo más vinculada al ámbito académico y científico, lo que encaja con el perfil de los artilleros, formados en matemáticas y física. Para el 17 de julio de 1936 ya se hallaba retirado, tras acogerse tempranamente a la conocida «ley Azaña», que permitía pasar a la reserva a quienes no juraran la recién instaurada República. En ese periodo residía en Francia.
Sagardía falleció en Madrid el 16 de enero de 1962. Ese mismo año, el Ayuntamiento de San Sebastián adoptó un acuerdo municipal para bautizar una arboleda como “Parque de la Columna Sagardía”, con el fin de perpetuar el recuerdo de quienes allí aprendieron el uso de las armas para la llamada “Guerra de la Liberación”. De hecho, una gran parte de sus tropas iniciales y los refuerzos que recibió sobre la marcha eran guipuzcoanos de San Sebastián.
Décadas antes, los terrenos meridionales de San Sebastián —como el actual Parque de Álava y zonas de Amara Nuevo— eran marismas. Tras la canalización del Urumea, el lugar se utilizó como campo de prácticas militares. Cuatro años después de la muerte de Franco, el recinto pasó a denominarse Parque de Álava “en homenaje a la provincia de Álava”, alineada con los sublevados durante la contienda.
La relación entre Sagardía y San Sebastián nunca se diluyó. En 1956, Franco le impuso la Palma de Plata Individual en la ciudad. La Columna incluso tiene dedicada una calle en Santander.
🦅Monumentos a la discreta Columna Sagardía

El denominado Monumento a la 62.ª División se encuentra junto a la carretera N-623, en un paisaje árido donde hoy permanece deteriorado, grafiteado y casi ignorado, aunque continúa impresionando por su envergadura. Construido en mármol, pretendía representar un águila, aunque su diseño inacabado dificulta apreciarlo. Circulan relatos que aseguran que dentro habría una caja metálica con diarios y planos de operaciones, una leyenda que aporta un halo romántico al lugar.
No fue un caso aislado: la posguerra prolífica en homenajes generó numerosas lápidas y estructuras. En Las Merindades existe también un monumento al general Mola (inaugurado en 1939), otro dedicado a los italianos —erróneamente ubicado en Cantabria por algunas publicaciones— y el monumento a la Cuarta Bandera de Falange de Palencia.
El monumento no es un homenaje al general Sagardía, sino una ofrenda de éste a las tropas que junto a él combatieron durante tan largos y duros meses en los que muchos no vivieron para contarlo.
El acceso al monumento Sagardía está formado por dos columnas y unos escalones que llevan hasta la zona superior. En la base aparecen grabadas las unidades integrantes de la División 62.ª y los nombres de los constructores. Su estética encaja en el estilo monumental fascista de la época. Un ejemplo más conservado está en Bilbao: el edificio de la Agencia Tributaria en la plaza Moyúa, junto al Hotel Carlton, con un águila de San Juan tallada en su parte alta. El monumento burgalés, en cambio, está hoy en ruina.

Entre las inscripciones aparecen:
Al Mando de la 62 División General Sagardía.
1º Bandera de F.E.T. Tercio de Santa Gadea.
1º Bandera de Palencia 5º Bandera de F.E.T.
6º Bandera de F.E.T.
7º Bandera de F.E.T.
15º Bandera de la legión.
8º Batallón San Marcial.
9º Batallón San Marcial.
61º Batallón San Marcial.
5º Batallón Bailen.
6º Batallón Bailen.
6º Batallón América.
Batallón “C” Melilla.
Batallón “B” Ceriñola.
5º Batallón Zamora.
8º batallón Burgos.
23º Batallón Zaragoza.
1º Batallón San Fernando.
11ª Batería del ligero grupo de artillería de montaña de la brigada mixta de Asturias.
7º Batería del 2º regimiento de Montaña.
24º Batería del 13º Regimiento Ligero de Artillería Grupo “C” Schneider.
4º Grupo legionario.
14ª Batería de Morteros del Regimiento Nº 6.
27ª Batería del 11º Regimiento Ligero Zapadores Transmisiones Automóviles Intendencia-Sanidad-Veterinaria.
6º y 8º Escuadrón de Caballería del Regimiento Español Nº5.
A la Izquierda:
Muertos de la 62 División: Por la España Tradicional Y el Imperio que soñasteis. En vuestra guardia eterna de Luz de Amor y de Paz guiad los destinos de la Patria con el ejemplo de Fortaleza y de sacrificio que alimenta en vuestra sangre De héroes.
Los responsables técnicos de la obra también figuran:
Proyectó este Monumento: Eduardo Olasagasti, arquitecto.
Dirigió su construcción: José Antonio Olano, arquitecto.
Constructor ALTUNA San Sebastián
La figura de Antonio Sagardía Ramos oscila entre el reconocimiento militar y el recuerdo de episodios de enorme violencia. Su nombre permanece vinculado tanto a Las Merindades como a San Sebastián, y el paisaje aún conserva monumentos que recuerdan un capítulo duro y complejo de la historia española, hoy en decadencia física pero cargado de significados para quienes buscan comprender aquel tiempo.


Casi un año de batallas en los Páramos de Burgos con la Columna Sagardía
La Columna Sagardía tuvo que hacer frente a muchísimas penalidades desde el primer día de su llegada a estos angostos valles y páramos. En primer lugar, se podría indicar, como hace el propio General, el problema que suponía para unos muchachos que eran en su mayor parte de San Sebastián, zona costera de clima templado, el afrontar temperaturas glaciales en un páramo a mil cien metros de altitud por donde el viento azotaba a todas horas y una niebla que calaba hasta el tuétano se introducía hasta por debajo de los capotes gruesos de estos esforzados soldados. No en vano se tuvo que hacer una colecta popular para proveer de abrigos a estos bravos guerreros que en gran parte se enfrentaron contra tropas más aclimatadas a esas inclemencias de la montaña.
Llama la atención que, durante la anarquía que reinaba en esos primeros días de guerra civil, los rojos que dominaban los valles septentrionales, como el de Polientes, no fueron capaces de montar ninguna ofensiva eficaz para tomar esas lomas tan fundamentales para el control de todo el norte de España. Fue una constante en el ejército del Frente Popular el no tomar la iniciativa en un frente en el que eran clarísimamente superiores y dejarse de tantos tanteos y asaltos mal planificados que siempre se quedaban a medio camino.

Esa guerra romántica en la que la iniciativa personal todavía servía y mucho
Vamos a relatar aquí brevemente algunos de los episodios más dramáticos y heroicos de una lucha fratricida en la que la columna Sagardía realizó esa guerra romántica en la cual la iniciativa personal todavía servía y mucho, al margen de cualquier tipo de orden que pudiera llegar de una capital burgalesa que estaba demasiado lejos como para contar con ella más que para pedir refuerzos. De hecho, los pocos refuerzos que se mandaban eran claramente insuficientes y en Burgos lo sabían muy bien, por lo que la confianza que depositaron en la Columna Sagardia fue increíble. De hecho, el general Álvarez Arenas quiso entrevistarse personalmente con el propio Sagardía en uno de sus montañosos bastiones y celebraron una reunión entre compañeros a la luz de un candil. En esas condiciones medievales le aseguró Sagardía a su camarada que el enemigo no tomaría jamás los páramos, cuya pérdida significaría para el Ejército Nacional una auténtica emergencia además de un descrédito, por estar Burgos a solamente cuarenta km de camino llano y recto. Allí mismo se encontraba el propio jefe del Estado y Generalísimo de esos ejércitos que, sin embargo, no apareció inquietarse demasiado por las pequeñas acciones de ambos bandos en esta zona tan curiosa de nuestra geografía.

Los hijos de la noche eran guerrilleros nacionales espontáneos de la zona
Mucho antes de que la columna Sagardia se apoderase de esa zona y asegurarse a los vecinos que no serían abandonados, en esas semanas de auténtica anarquía, en el otoño del treinta y seis, una banda de curiosos guerrilleros de la zona se dedicaba a hostigar constantemente a las fuerzas rojas que reinaban en Polientes. Se hacían llamar los hijos de la noche y fueron muy eficaces en distraer durante todo ese tiempo a unas fuerzas muy superiores que parecían siempre más entretenidas en efectuar una revolución represiva en la retaguardia que en avanzar y tomar posiciones fundamentales, como luego pagarían con abundante sangre de sus propias fuerzas.
A estos hijos de la noche los mandaba un guerrillero de tipo clásico y habían bordado una luna creciente en su bandera para representar mejor su forma de actuar, con golpes de mano nocturnos, que realizaban con un armamento absurdo que más parecía del siglo XIX. Pero estos curiosos guerrilleros parecieron desvanecerse cuando apareció por allí la columna Sagardía y desaparecieron de la historia como habían venido a ella.
La Columna Sagardía en la imposible defensa de los páramos de la Lora
El propio general Sagardía contaba en sus memorias el problema que se le presentaban para su defensa los páramos de la Lora y con semejantes efectivos:
Mi columna se componía en aquel periodo de 750 hombres, es decir, un batallón, y tenía que cubrir desde Revilla de Pomar hasta el pueblo de Bricia. Ochenta km. La línea seguía desde Revilla de Pomar a Lorilla, de Lorilla a Sargentes, de Sargentes a Quintanilla de Escalada, Escalada, Orbaneja del Castillo, Espinosa de Bricia, Cilleruelo de Bricia, Barrio de Bricia, Paradores y Bricia. En este punto terminaba nuestra línea en aquel tiempo se guarnecieron los pueblos con pequeños destacamentos y en los primeros días yo me dediqué a recorrerlos diariamente. Recorridos que me servían para estudiar el terreno, conocimiento que me fue de gran utilidad para las luchas venideras.

Ambos bandos necesitaban dominar Lorilla
Lorilla fue una de las poblaciones fundamentales en toda esta epopeya. Desde esta altitud se domina el valle de Polientes donde los rojos se habían hecho muy fuertes. Una zona famosa por sus patatas. Desde esta posición empezó el general Sagardía a intentar presionar al enemigo con sus escasas fuerzas y hasta hubo una operación de comandos en la cual se cruzó el Ebro, todavía un pequeño río en esta zona, para cortar la carretera al enemigo mediante la voladura de una alcantarilla de la misma. Esa misma noche hubo dos camiones blindados del enemigo que intentaron pasar por ahí con las luces apagadas y se cayeron por la hendidura de la voladura que se había realizado sin tener bajas. Y así fue que los mismos soldados que habían realizado esta hazaña regresaron a por el botín que no fue otra cosa que café y azúcar.
El primero de noviembre de 1936 se realizó una ofensiva por parte de los rojos para tomar el pueblo de Olleros y luego Sobrepenilla, pero fracasaron en los dos lugares. No mucho después le llegaron algunos cañones a Sagardía, tan necesarios para una columna que no tenía ningún otro apoyo de ningún tipo y que, por no tener, carecían hasta de granadas, llamadas bombas de mano por aquel tiempo, y que era un tipo de armamento tan eficaz en nuestra contienda civil. En todas estas operaciones jugó, como siempre, un papel destacado la niebla, y el propio general Sagardía afirma haber combatido con el enemigo sin que ninguno de los dos bandos hubiera llegado a ver siquiera a su oponente. Incluso se reportaron muchos casos dramáticos de soldados que desfallecían, perdidos en la niebla, sin ser capaces de regresar al punto de partida y aislados de sus compañeros.
Los pajares de estos pueblos humildes de montaña servían para dormir envueltos en mantas y nadie profirió jamás una queja. El ambiente era falangista y, por tanto, muy revolucionario y patriótico. Como decía Millán Astray: amamos a la Patria y el sacrificio. El sacrificio es lo contrario del beneficio.
La destrucción de Cilleruelo de Bricia: un ataque sorpresa que terminó en desastre para los nacionales
La importancia estratégica de la Lora empezó a ser comprendida por el enemigo demasiado tarde, cuando ya las fuerzas nacionales se habían asentado en sus posiciones y todos sabían que no iba a ser fácil desalojar a estas tropas de allí. Entre los pueblos importantes estaba Cilleruelo de Bricia, Situado en un alto en la carretera entre Burgos y Santander, Cilleruelo se perfilaba como un observatorio y punto de apoyo magnífico, por lo que la atención del Ejército Rojo se dirigió inmediatamente hacia allí. En este pueblo había solamente nueve falangistas de Burgos que más tarde fueron reforzados con 107 voluntarios a los que dirigía un alférez ya retirado. Y esto podría parecer una gran fuerza para un pueblo perdido del frente, pero como luego veremos no fue así.

El frío era intenso cuando el General se instaló a su cuartel general, situado por entonces en Lorilla. Y cuando se encontraba inspeccionando las posiciones llegó a un enlace a caballo para darle una noticia trágica: los rojos habían entrado en Cilleruelo de Bricia y habían matado a la guarnición y avanzaban ahora para tomar la carretera. Este jinete había sido enviado desde el barrio de Bricia, pueblo cercano a Cilleruelo, cambiando caballos en escalada y Sargentes para hacer un recorrido alocado de 60 kilómetros en cinco horas.
Ni siquiera tenían un teléfono directo para comunicarse con Burgos
Todo ese tiempo se había perdido para ayudar a los compañeros y civiles de Cilleruelo de Bricia, que estarían soportando por entonces un feroz ataque que a lo mejor ya había culminado con éxito. Y lo peor de todo es que ni siquiera tenían un teléfono directo para comunicarse con Burgos (los trabajadores de la Telefónica que acudieron a la zona desaparecieron en la carretera) ni tampoco hombres para realizar ninguna operación de rescate. Por eso se usaron los escasos vehículos ligeros y la camioneta con que contaban para llevar unos cuantos enlaces y comunicar desde el pueblo de Masa a Burgos la noticia con un pedido urgente de fuerzas.
Al dominar el pueblo de Escalada, sobre las cuatro de la tarde, se encontraron con un espectáculo impresionante en la carretera, pues por allí venía corriendo una masa de mujeres y niños y viejos con ganados y carretas con colchones y enseres. Muchas mujeres venían descalzas y llorando y pidiendo que las salvasen. Era el drama de un pueblo en huida, alocado y sin rumbo. Pobres gentes que llevaban retratado en sus semblantes el espanto de lo visto y de lo presentido. Como veremos más adelante, al constatar las barbaridades que realizaron los frentepopulistas en el lugar de Cilleruelo de Bricia, esos civiles tenían razones para salir espantados de allí y tener muchísimo miedo.

Por el camino se encontraron con la guarnición de Espinosa de Bricia, que eran voluntarios sin encuadrar y sin formación. Estas fuerzas habían huido de su puesto por el miedo que les supuso la entrada de los rojos en Cilleruelo y la huida de la población, que les había contado lo que estaba sucediendo por allí. Pero el General Sagardía acusaba en aquel momento de esa falta de medios completa y de información que no le permitía trazar ningún plan. Lo único que vieron a lo lejos eran las imponentes llamaradas de un pueblo que parecía arder por completo mientras al fondo caía lluvia y nieve. Y la niebla lo invadía todo también, como es costumbre en esta zona de páramos.
El enigma de Cilleruelo de Bricia: ¿por qué los rojos no tomaron la carretera?
Aquí viene uno de los misterios de esta situación y su respuesta. Resulta que desde la iglesia y las casas próximas a la misma hacían fuego a los nacionales que llegaban con el general, al rescate, y que no contaban con suficientes refuerzos para tomar el pueblo de ninguna manera. Por esto se decidió que había que resistir e impedir que los rojos tomasen la carretera, pero éste era un enigma para el general, porque no se entendía cómo habiendo tomado ellos mismos el pueblo no habían avanzado para hacer lo mismo con esa carretera tan importante que discurría a los pies de los páramos. Al día siguiente resolvieron el misterio cuando resultó que esa fuerza frentepopulista de descerebrados habían perdido el tiempo en cometer crímenes de los más horribles que en esa guerra se habían conocido.

Pero todavía no había llegado ese momento de entrar en el pueblo y constatar semejantes barbaridades, aunque los refuerzos que llegaban a marchas forzadas desde Burgos les permitieron sostener la lucha, durante la noche, contra los frentepopulistas, en esa gran desventaja presente. Que ya al día siguiente se tomarían nuevas decisiones.
Y lo que se decidió fue asaltar Cilleruelo de Bricia desde varias direcciones en un combate sin bombas de mano para los nacionales que terminó con una pelea al arma blanca. Y de nuevo se vio aquí la falta de profesionalidad de los mandos del Frente Popular, a los que no se les ocurrió que había que tomar la loma vecina por la que ahora estaban siendo atacados y que se habían conformado con atrincherarse en el pueblo de mala manera. Todo eso se tradujo en bajas innecesarias, como fue norma común en el comportamiento de las fuerzas llamadas republicanas durante todo el conflicto: malas decisiones y mala conducción que pagaban las tropas de primera línea, desperdiciando una sangre y unos recursos de los que parecía que siempre estaban sobrados. Y, por supuesto, perdiendo siempre un tiempo precioso que en la guerra nunca vuelve. Tiempo que a menudo desperdiciaban en buscar facciosos y enemigos por todas partes en lugar de planificar y ejecutar planes militares como era debido.

Centinelas dormidos y crímenes de guerra en Cilleruelo de Bricia
Las burradas que habían realizado los conquistadores de Cilleruelo de Bricia estaban a la vista.
En una explanada que hay dentro del pueblo estaban los restos de unos cuantos de los nuestros, que habían sufrido los más horribles martirios y mutilaciones. Todavía humeaba la hoguera en cuyas brasas los habían quemado lentamente. Otros habían sido arrostrados a la cola de un caballo y uno aparecía con la cabeza cortada. Ni siquiera a las mujeres ni a los viejos respetaron. Cuadro o horripilante y truculento al que no puede llegar ni siquiera una imaginación pervertida y yo no he presenciado otro parecido a lo largo de la Guerra.
Pero no les fue bien a los frentepopulistas en Cilleruelo, a pesar de todo. Y eso que tenían a su favor que gentes de la zona les habían informado de que los nacionales tenían poca tropa en el pueblo, y ni siquiera los refuerzos de 107 soldados más (que no conocían) les impidieron la más fácil entrada a estos atacantes cuando se encontraron con que los centinelas de guardia estaban dormidos. Por eso pudieron meterse los frentepopulistas en Cilleruelo de Bricia sin disparar un solo tiro y recorrer esas calles silenciosas hasta ocupar la localidad completa.
La primera noticia que tuvieron los nuestros fue escuchar los gritos de “¡Viva Rusia!” El oficial, al oírlos, creyéndose perdido, se suicidó, abandonando a su suerte a sus hombres. El capellán, alocado, huyó del pueblo seguido por unos cuantos. Algunos de estos despistados se metieron en el campo rojo y fueron asesinados. Otros, los menos, se defendieron desde sus casas, salvándose bastantes. Muchos murieron abrasados al quemar los rojos las casas desde donde luchaban.

Un joven ruso al frente de los asaltos a Cilleruelo de Bricia
En la escuela había yo dejado cuarenta hombres, de los cuales 31 huyeron y quedaron sólo nueve de los que ocho salvaron su vida y también el honor de todos. Estos nueve eran navarros de Fitero y uno era un muchacho de 16 años. No quisieron rendirse y con un tesón admirable aguantaron asalto tras asalto. Los rojos llegaron hasta a romper la puerta, pero del umbral no pasaron. Estos pocos falangistas hicieron a los rojos muchas bajas. En uno de los últimos asaltos se puso al frente el que los mandaba, un joven ruso que quedó tendido con un balazo que le entró por la boca.
Ese mediodía llegó la aviación roja, un apoyo del que no disponían los nacionales en aquellos largos meses y que fue bastante molesto durante toda esta campaña para los defensores de estos paramos.

El día 25 de noviembre, cumpliendo órdenes de la División, se entra en la comarca de Zamanzas y se toma un par de pueblos sin resistencia. El día 26 se intenta descongestionar el pueblo de Espinosa de Bricia y para ello se obligó al enemigo a huir por el barranco de Las Brujas hasta sus posiciones en el valle contiguo. Pero de nuevo salía siempre a la luz el problema de la escasez de hombres y recursos de la Columna Sagardia, que no podía mantenerse en las zonas que ocupaba y a menudo tenía que volver sobre sus pasos para hacerse fuertes en posiciones que sí podían defender de alguna manera. En ésas estaban cuando dos batallones enemigos volvieron a subir hacia la Lora desde el barranco de las Brujas, pues los del Frente Popular estaban muy necesitados de sobrepasar a las fuerzas defensoras y desalojarlos de una vez de los Páramos.
Una centuria de Falange de San Sebastián tuvo que emplearse en el combate nada más llegar a esta conflictiva zona de Espinosa de Bricia. También hay que reseñar que por aquellos días llevaba muy poco tiempo muerto el fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, aunque esta salvajada fue conocida en el bando nacional muy poco a poco, puesto que los verdugos no debían tener muchas ganas de confirmarla. Pero el General Sagardía representaba muy bien esa mezcla de tradición y eficacia e idealismo que caracterizaba al Ejército Nacional y se convirtió en una especie de patriarca ideal para sus hombres, que no necesitaban a nadie más como referente.

Los nacionales se preparan para aguantar mientras se prepara el asalto general contra el Norte
Como el enemigo se movía con insistencia por el sector de los páramos de Bricia, trasladé mi puesto de mando a Escalada (el pueblo de la familia materna de Manuel Azaña, curiosamente, de donde era también originario mi bisabuelo).
La niebla jugaba también a favor de determinadas osadías. En la madrugada del 3 de diciembre, por ejemplo, los frente-populistas avanzaron entre Sargentes y Quintanilla de Escalada. Y se infiltraron por caminos de cabras que solamente conocían los pastores, muchos de los cuales estaban con ese bando, y se llegaron hasta el pueblo de retaguardia de San Felices, en la carretera entre Burgos y Santander. Allí cometieron algunos asesinatos y avanzaron hacia las posiciones nacionales y llegaron hasta el pueblo de Valdelateja, cercano a Quintanilla de Escalada, donde había fuerzas del General Sagardía.
En estos combates se dieron hechos heroicos y curiosos como el de un soldado herido que rechazó toda ayuda para que llevasen a otro a curar mientras él se iba a ir arrastrando hasta las líneas propias. O la gesta de un oficial que se lanzó al asalto el primero de todos, al frente de sus hombres, para caer herido y luego, viéndose rodeado de otros caídos como él, porque sólo dos de sus hombres sobrevivieron para ser hechos prisioneros, antes que sufrir a manos de tan crueles enemigos se pegó un tiro. También hubo un contraataque nacional que se suspendió por miedo a que esos hombres se perdieron en la niebla que estaba extendiéndose por todas partes y que era un peligro real, porque no sabías ni por dónde pisabas.
El general Sagardia dirigía los movimientos de sus tropas desde Escalada, en esta ocasión. Solamente disponía de 25 hombres que avanzaron por los riscos con su general, codo con codo para no perderse en la niebla y la oscuridad. Y el plan funcionó porque el enemigo vio su línea de comunicación amenazada y se replegó, recuperándose además a esos dos prisioneros que los nacionales habían perdido por la mañana. Los supervivientes de esa fuerza cuyo oficial se había suicidado en el campo de batalla para no ser torturado por el enemigo.

Descubrimos a muchos perdidos o muertos por inanición en aquel desierto de piedra
La niebla duró muchos días y en nuestras marchas de exploración por la Lora descubrimos a muchos perdidos o muertos por inanición en aquel desierto de piedra. La carretera de Burgos a Santander, en el trozo comprendido entre San Felices y Quintanilla, fue una pesadilla para todos. Nadie sabía al pasarla si no tendría algún encuentro desagradable.
Fue en esta ocasión cuando dos empleados de la Telefónica desaparecieron y dejaron su coche abandonado en la carretera. Como reconocía el general Sagardia, estos golpes de mano eran muy difíciles de evitar mientras no tuvieran más fuerzas para dedicarlas a patrullas de vigilancia en la carretera, por la cual se estaba luchando en esta ocasión. En estos combates ,los frente-populistas volvieron a tener muchas bajas, que pudieron retirar con facilidad por tener su línea de comunicación libre.
Y ya desde estos días de principios de diciembre se hizo habitual la presencia de la aviación frente al oculista en los páramos de la Lora. Pero al General Sagardía le preocupa la escasez de efectivos con los que cuenta todo el tiempo. Incluso se sorprendía de lo bien que le estaba haciendo las cosas hasta entonces, pues todos estos escarceos armados se habían saldado con una victoria global de los nacionales, por ser los frente-populistas incapaces de avanzar y tomar alguna posición decisiva.
Más realistas que los frentes-populistas, las tropas del general Sagardia deciden evacuar la zona entre Olleros y Sobrepenilla y Montecillo, por no empezar de momento los nacionales un avance por allí definitivo para tomar el valle de Valderredible y para recuperar algunos cientos de soldados para otros esfuerzos más urgentes.
Al anochecer fui a Lorilla. Nevaba copiosamente y todo parecía envuelto en una blancura espesa que daba al poblado y a sus tierras una desoladora tristeza.
En esas circunstancias se realizó la evacuación de estos pueblos, con grandes precauciones para que nadie de los mismos fuera a avisar al enemigo. Porque no hay que dar por supuesto que toda la población de la zona era afecta a los nacionales ni mucho menos, empezando por los pastores. Por su parte, las fuerzas adversarias tardaron dos días en entrar en esos pueblos evacuados y llevarse lo poco que los vecinos habían dejado en sus casas mientras que las fuerzas nacionales tenían grandes problemas para calentar y albergar a esta población civil, que habían sacado de estos pueblos fronterizos por la fuerza y por su propio bien, ya que no podían defender sus casas.
Al aumentar poco a poco las fuerzas de las que disponía se animó Sagardía a fortificar Espinosa de Bricia y Cilleruelo. Por su parte, el mando de la división estaba poniendo más atención en la Lora, puesto que la capital de los nacionales estaba demasiado cercana para que no inquietase a todos lo que pasaba en esas tierras. Es entonces cuando el general Álvarez Arenas, por la influencia del jefe del Estado Mayor de la División, quiso entrevistarse con sagardía y salió contagiado del entusiasta optimismo de este protagonista absoluto de nuestra historia, Sagardía, quien le aseguró que el enemigo no traspasaría esos páramos en dirección hacia Burgos.

Los nacionales se repliegan para concentrar fuerzas y los rojos se disponen a atacar
El Valle de Zamanzas daba a los nacionales perspectivas de atacar a las fuerzas frente populistas que estaban en el valle de Valderredible, pero en esos días se enteraron de que desde San Martín de Elines se pretendía atacarles a ellos en dos posibles direcciones. Para prepararse para la defensa, Sagardía concentró sus mejores fuerzas disponibles en Escalada, precisamente el pueblo originario de la familia materna de Manuel Azaña, por ser el sitio central desde el que se podía defender las líneas nacionales ante cualquier posible ataque desde Valderredible.
En esta ocasión, el ataque frente-populista fue bastante decidido, pues se presentaron jinetes ante el general Sagardía para comunicarle que el enemigo estaba delante de Espinosa con grandes fuerzas y que otras unidades frente-populistas habían cruzado la carretera de Santander a Burgos para que no pudieran ir en socorro de ese pueblo sitiado y otros lugares de los páramos de Bricia. Como se pudo saber por la documentación militar incautada más tarde en Santander, voluntarios de la FAI y de la CNT con mejor armamento que los nacionales llevarían el peso de ese combate.
La iglesia de Espinosa de Bricia que se convirtió en el Alcázar de Toledo burgalés
Enfrente tenían solamente sesenta falangistas riojanos mandados por una alférez y ocho soldados con una ametralladora del Batallón de San Marcial con su propio alférez. Bajo la cobertura de la niebla avanzaron los rojos con gran eficacia y los nacionales encerraron a los civiles en la Iglesia para que no sufrieran daños, pero enseguida fueron ellos también a refugiarse allí, sin dejar de luchar en ningún momento. La Iglesia que estaba en el centro del pueblo quedó por tanto aislada por los frente-populistas que habían tomado el resto de la población y que tiraban bombas de mano y líquidos inflamables hasta al tejado del templo. Y quemaron otras casas vecinas para ayudar a los que resistían a pensarselo mejor y rendirse. Pero lo peor para los nacionales era que no tenían agua ni víveres y los niños refugiados allí se bebieron hasta el agua de las pilas.

Estos falangistas riojanos se batieron heroicamente esperando que yo les salvaría, pues sabían por experiencia que ya no abandonaba a mis hombres. Ese día la niebla impedía ver y oíamos el ruido seco y nervioso de las ametralladoras y fusiles cortado de cuando en cuando por las explosiones de la artillería. El teléfono, rotos sus hilos, estaba mudo. El drama se desarrollaba detrás de un telón de niebla que ocultaba el terreno del combate. Por fin, a las 10 de la mañana, el sol fue venciéndola y en unos momentos vimos todo el campo hasta donde alcanzaba el horizonte. Al pueblo destinosa lo tapaba la loma llamada de las encinas, pero al cielo veíamos elevarse llamas y resplandores de incendio. El ruido de la fusilería nos indicaba que había resistencia y que para los rojos no era presa fácil.
Mis hombres se habían ido curtiendo en la lucha desde los primeros días de la guerra y no se entregaban sin antes morir.
Disparos de fusil y explosiones de bombas de mano: era Espinosa, que resistía
¿Conocéis la emblemática y preciosa población de Orbaneja del Castillo? Pues se convirtió de repente en el eje de esta lucha entre pueblos, como base para los nacionales de cara a sus ataques de liberación de Espinosa de Bricia.
La noche se había echado encima. El combate se suspendió. Pero a poco cesó el fuego de fusilería y sólo a lo lejos se oían disparos sueltos de fusil y explosiones de bombas de mano. Era Espinosa, que resistía.

Esa noche fue de mucha incertidumbre para un general que acababa de alcanzar el éxito de haber librado la carretera y comunicado otra vez los pueblos de Bricia y barrio y paradores y Campino, pero que estaba inquieto por la suerte de los camaradas que seguían combatiendo en Espinosa. La niebla lo rodeaba todo.
Desde el flanco derecho donde me encontraba veíamos perfectamente el pueblo. En lo alto de la torre de la iglesia se distinguía nuestra bandera y penachos de humo que se elevaban al cielo sereno de Castilla. Eran las cuatro de la tarde y todavía el combate no estaba decidido. Yo calculaba que, si antes de hacerse de noche no llegábamos al pueblo Espinosa, no podrían resistir más. Las explosiones de la artillería enemiga las veíamos destrozar la Iglesia. Los batallones iban concentrando en la proximidad del pueblo para impedir nuestro avance. Había que tomar una decisión rápida y la única posible era el ataque a fondo y costase lo que costase llegar a Espinosa. Eso se hizo.
Los frente-populistas se retiraron sorprendidos y se llevaron sus heridos a otros pueblos de su retaguardia. Y así llegaron a la iglesia donde estaban sin víveres ni municiones los defensores heroicos.
Los lamentos de los niños se mezclaban con los ruidos de las explosiones de la artillería y bombas de mano. El humo del incendio y todo hacía que el cuadro tomase tintes trágicos, estampa de la raza que en el curso de la historia se ha repetido tantas veces. Al pie de los altares se hacinaban nuestros heridos. Sin material de cura, aguantaban sus dolores para no aumentar la confusión. En un rincón, los muertos hacían su guardia eterna.
A los defensores les dio mucho ánimo el ver el caballo blanco de su general a lo lejos
Un apuntador de ametralladora estuvo siempre disparando desde lo alto de la torre de la iglesia, aunque hubo que reemplazar varias veces esa posición cuando el que estaba era dado de baja. A los defensores les dio mucho ánimo el ver el caballo blanco de su general a lo lejos y por eso siguieron resistiendo, aunque el fin de Espinosa de Bricia iba a ser todavía más oscuro más adelante.
Una vez libertado el pueblo, enterrados los muertos evacuados los heridos, Espinosa volvió a su vida de trabajo y silencio. Otras pruebas duras les esperaban que terminaron, unos meses más tarde, con la destrucción del pueblo. Los prisioneros nos confirmaron que el ataque lo habían efectuado 4.500 hombres con cuatro baterías de artillería y secciones de mortero.
Parecía como si el Frente Popular quisiera tantear todas las posiciones de los páramos sin conseguir ningún éxito reseñable en ninguna por su falta de compromiso en los asaltos. Prácticamente no hubo una sola localidad de toda esta línea defensiva nacional que no quedase destruida por los combates intensos. En un momento dado, los frente-populistas atacaron la zona de Bricia y Paradores y Castro de Bricia, siempre buscando un punto débil en el dispositivo defensivo nacional que les permitiera traspasar esa línea de defensa y apoderarse de la carretera de Burgos a Santander.
La relativa calma antes del doble ataque a Lorilla y Sargentes y el asedio a Espinosa
Paradores debe su nombre a ser una antigua parada de diligencias donde se reforzaban los tiros para subir el puerto de Carrales. Un lugar muy difícil de defender y a la vez el único sitio por donde los tanques podían pasar a la Lora. También era la soldadura entre los pueblos de Bricia y Barrio de Bricia. En esos duros días de invierno había que trabajar de noche y esto significaba pasar un frío glacial. Un viento helador venía por el boquete de los Carrales, pero esto no impidió a los nacionales fortificar la zona para impedir un posible asalto con tanques incluidos por parte del enemigo.
Tan bien se realizaron estos trabajos de atrincheramiento que las bajas fueron muy pequeñas a pesar de haber sido barridos constantemente por ametralladoras y aviación y cañones y morteros. En esos tiempos, además, parecía que el invierno había enfriado bastante las ganas de pelear de los del Frente Popular y hubo una relativa calma entre el día de Nochebuena hasta a finales de marzo, cuando se produce la liberación de Lorilla, que el general Sagardía consideraba como la culminación de esa campaña desesperada de defensa de esos páramos. Pero de esto hablaremos enseguida, ya que fue uno de los dos últimos asaltos generales a esta línea defensiva invencible.

¡Cuántos cayeron calladamente cuando los partes anunciaban «sin novedades dignas de mención»!
¡Cuántos cayeron calladamente cuando los partes anunciaban «sin novedades dignas de mención»! ¡Cuánto esfuerzo y sufrimiento en el clima inhóspito de la Lora: hielo, nieve, viento, la soledad espantosa de aquel desierto de piedra! Lentamente se daba consistencia a nuestra línea, pero siempre quedaban huecos de quince a veinte kilómetros sin nada. La tierra que era del enemigo y nuestra: de Revilla a Lorilla, de Lorilla a Sargentes y de Orbaneja a Espinosa, tres vacíos para una pesadilla constante.
Los rojos siguieron intentando tomar Lorilla como un sitio fundamental para el dominio de esta región de los páramos. Desde este observatorio privilegiado se domina la Lora misma, a la cual pertenece, así como gran parte del valle de Valderredible y también se puede ver desde aquí la carretera que comunica Reinosa con Corconte, donde está la famosa pirámide de los italianos y que era una población de gran importancia para los comunicaciones de los rojos y para llevar fuerzas de un sector a otro. Por eso los rojos llamaban a Lorilla la Alcahueta, ya que eran fácilmente observados por los nacionales desde aquí y en una gran extensión de terreno.
Tal vez por la tranquilidad que reinaba por aquellos meses en ese frente se decidió trasladar al general Sagardía al frente de Vizcaya para que estudiara los sectores por los que se pensaba romper la línea enemiga. Pero el Frente Popular sabía muy bien que se preparaba una ofensiva tremenda sobre ese frente de Vizcaya y prepararon la suya propia sobre los páramos de Burgos. El punto más cercano a Burgos desde la zona roja era precisamente la Lora, siendo además un momento en el que la situación era favorable para conquistarla. Y para ello emplearon una ruta de carros que subía desde el pueblo de Rocamundo, el cual fue convertido en carretera por los milicianos.
Bajo la cobertura de la niebla comenzó la ofensiva definitiva sobre la Lora
El 29 de febrero y bajo la cobertura de la niebla comenzó esta ofensiva definitiva sobre la Lora con un ataque intenso al pueblo de Lorilla. Esta vez, el Ejército Popular habían aprendido que no debían hacer el ataque de forma frontal, como en otras desastrosas ocasiones, sino bajo la cobertura de ondulaciones del terreno que permitieron la aproximación impune de nueve batallones que se lanzaron al asalto después de una preparación de artillería de gran intensidad. Las escasas fuerzas nacionales del Batallón de San Marcial y una sección de caballería y se encontraron de pronto con un ataque que les estaba aislando del exterior. El alférez de caballería Vizcaya pudo salir del pueblo sin ser visto por el enemigo y comunicar en Basconcillo del Tozo, a 10 km de Lorilla, la tremenda situación en la que se encontraban. Y los refuerzos que llegaron pudieron apenas meterse en la población asediada antes de quedar incomunicados también. Incluso se inutilizaron los cañones porque no podían emplearlos en esas condiciones en que se encontraban, impidiendo así que el enemigo pudiera apoderarse de ellos y repararlos (la Naval se encontraba a pocos kilómetros en camión, en Reinosa)
Tanto Lorilla como Sargentes quedaron sitiados mientras el general Sagardía volvía al frente desde Vizcaya y se encontraba con la situación típica de no saber lo que estaba pasando, en este caso porque ya era de noche. Y como siempre no tenía fuerzas suficientes para hacer nada, pero el sonido de la batalla tan dura que llegaba desde Lorilla le impulsó a cometer una temeridad en un general moderno y se metió en el pueblo sitiado a uña de caballo.
La situación de las fuerzas cercadas era en aquellos momentos de lo más trágica. Se habían agotado los medicamentos y el material de cura. Los muertos estaban sin enterrar y escaseaban las municiones y los víveres. La batería de artillería, con las piezas abandonadas en la única calle del pueblo, no podía disparar. Los aviones rojos disparaban a la artillería en movimiento que discurría por las cercanías de la batalla.
Hasta las mujeres acarreaban municiones a los puestos y servían de enlaces a caballo
Era incalculable el número de bombas de cañón y aviación y mortero que caían sobre el pueblo. En un momento dado pudimos meter en la orilla ambulancias para evacuar heridos, víveres y municiones. Se enterraron los muertos y se relevó la guarnición que estaba agotada de cansancio habían resistido seis días de ataques sucesivos, día y noche, sin apenas tener un momento de respiro. Lorilla, pueblo humilde perdido en medio de los páramos de la Lora, aislado de todo el mundo, quedó casi destruido. Los vecinos ayudaron a la tropa con valor y decisión. Aquí, al igual que en Espinosa y Cilleruelo, todos fueron héroes. Hasta las mujeres acarreaban municiones a los puestos de combate y más de una me sirvió de enlace, marchando a caballo por sitios peligrosos, sin temor a las balas ni a encontrarse con el enemigo. Grave lección para los españoles de vida fácil y altísimo ejemplo el de estas gentes que, en defensa de su pobreza, llegaron a los límites de la epopeya.
Perdida la iniciativa en Lorilla, las fuerzas del Frente Popular continuaron su ofensiva sobre la población de Sargentes de Lora. Su objetivo principal era siempre tomar la carretera de Santander a Burgos, pero las fuerzas nacionales no se lo permitieron, a pesar de que no tenían tanta facilidad de reponer sus bajas. Porque la guerra de los Páramos era de desgaste, sí, pero los dos bandos no tenían igualdad en este sentido ni en ninguno.

También hubo sangrientos combates por la llamada Loma de la Muerte, pero el Frente Popular cometió un grave error táctico a juicio del General Sagardía y de nuevo desaprovecharon la oportunidad que tuvieron en ese momento de cortar la carretera de Burgos a Santander y aislar completamente A Sargentes.
Hay que tener en cuenta que las posiciones eran importantes porque podían convertirse en defensas para los nacionales o puntos de ataque para continuar una progresión más profunda por tierras enemigas por parte del Frente Popular. Por eso se defendían con uñas y dientes los de Sagardía, en todas estas posiciones donde además no podían dejar abandonados a compañeros y civiles.
La desproporción de fuerzas era evidente cuando en la ofensiva de Sargentes atacaron de 14 a 16 batallones de infantería con 4 baterías de artillería y mortero. Como defensa frente a esta gran masa de fuerzas tenían los nacionales una decena de compañías y una sola batería con otra de refuerzo que llegó más tarde. Semejante distracción de fuerzas para objetivos tan pequeños que no se conseguían y con unas pérdidas horrendas para el atacante, parecía pronosticar el grave desenlace de ese ejército del norte del Frente Popular, que estaba a pocas semanas de desaparecer completamente.

Refinitivo ataque contra Espinosa de Bricia para cortar la carretera de Burgos a Santander
La zona de Espinosa y Barrio de Bricia fue la siguiente área en recibir el brutal ataque del Frente Popular en estas tierras tan despobladas. Cilleruelo de Bricia se defendió muy bien esta vez, así como Bricia, pero Espinosa de Bricia mostraba una dificultad para su defensa abrumadora. Y la centuria de la 6a Bandera de Falange que había defendido este pueblo tan bien, en los ataques de diciembre de 1936, esta vez no pudo hacer el milagro de nuevo.
Espinosa de Bricia acababa de caer en poder del enemigo. ¿Qué había pasado?
También pasaba a menudo que los frentepopulistas no se enteraban de que los nacionales habían evacuado tal o cual pueblo, siempre llevándose a la población civil, por no querer exponerlos a la clase de criminales que mandaban en ese bando. Y no pocas veces les ocurrió que ocupaban pueblos abandonados hasta dos días después de que sus defensores se hubieran largado de allí, incapaces de proteger ciertas posiciones. Y eso que estas retiradas necesarias, en algunas ocasiones, se realizaban en pleno combate, llevándose los defensores los cuerpos de sus heridos como podían, pero es que el Frente Popular adolecía todo el tiempo de conducción. Eran ataque descerebrados y a por todas, pero sin planificar bien las cosas ni analizar todas las circunstancias militares como sí hacía Sagardía. Así ocurrió cuando los frentepopulistas atacaron Espinosa de Bricia con un enorme contingente.
La artillería, compuesta por las dos baterías citadas anteriormente, más una que había llegado de 105 de montaña, la coloqué cerca de Campino, y ya cuando la noche empezaba me retiré a mi puesto de mando de Escalada, a redactar la orden para el ataque del día siguiente. Enviada ésta a las diversas unidades y estando despachando todas las disposiciones para los servicios, cerca de la medianoche el teléfono me llama angustioso para decirme que Espinosa de Bricia acababa de caer en poder del enemigo. ¿Qué había pasado?

Al retirarme de la línea de fuego por la tarde, el pueblo se sostenía valientemente. El enemigo había cesado en su fuego. También él tenía que descansar, después de cuatro días de ataques incesantes; así es que la noticia me llenó de confusión. Marché inmediatamente a Campino y allí me confirmaron la noticia, traída desde Cilleruelo. Por lo visto, la guarnición, muy diezmada y en un estado de fatiga grande, se había replegado sobre Cilleruelo.
Los heridos y enfermos fueron evacuados entre los batallones enemigos y a hombros
El enemigo mismo no se dio cuenta de la retirada, pasando los nuestros entre los batallones que sitiaban Espinosa. Los heridos y enfermos fueron evacuados, unos en camillas y otros a hombros de sus compañeros. La situación táctica había cambiado, Mi primera decisión fue cambiar de asentamientos la artillería. Libre el enemigo de Espinosa, los batallones que tenían sitiando al pueblo quedaban en libertad para atacar por el sur de Cilleruelo hacia la carretera. Era una temeridad tener la artillería tan cerca. Inmediatamente se empezó el traslado de las tres baterías, que hubo que asentarlas en las lomas al norte del pueblo de Turzo; así, aunque el enemigo llegase a la carretera, la artillería quedaba a salvo; esta suposición yo nunca creí que llegase, pero la prudencia hace que se pasen todas las probabilidades.
También a las fuerzas hubo que cambiar la hora del ataque; pues aun suponiendo que a la artillería la consiguiéramos asentar para antes del amanecer, hora que se había fijado para el ataque, era necesario preparar los datos de tiro con precisión, no bastando hacerlo por el plano, teniendo en cuenta que las tropas nuestras y las del enemigo iban a llegar al contacto, para lo cual era necesario esperar a la luz del día. Marché con las baterías a enseñarles las posiciones nuevas, que yo conocía perfectamente, dejando al Comandante Belloso la orden, modificada en el sentido de que no iniciase el ataque hasta que yo le diese la orden, que sería cuando la artillería estuviese dispuesta».
Esto ocurrió sobre el 5 de mayo de 1937. Casi un año entero de aventuras en escasez y con no poca improvisación, aunque ya sin soportar las inclemencias del invierno en esta zona.
Esta vez traían los frente-populistas un objetivo realista por el que estaban dispuestos a luchar y que merecía mucho la pena. Su objetivo fundamental era cortar la carretera de Burgos a Santander y esto intentaron durante todas estas ofensivas fracasadas de las que os estamos hablando aquí. Para conseguirlo se querían apoderar de una loma llamada de las Encinas, para lo cual enterraron vivos a cañonazos a los defensores nacionales que se les interponían y que murieron en la trinchera, con sus armas en la mano, mientras que los atacantes dejaron 800 muertos en el empeño. Una auténtica barbaridad de costo para tomar semejante posición, pero esto les permitía seguir progresando por las cercanías y rodeando todavía más Espinosa, que intentaban tomar de forma definitiva después de tantos asaltos infructuosos.

Adiós para siempre, mi Teniente Coronel
La escasez de fuerzas nacionales hacía imposible que se pudiera hacer un contraataque, pero llegaron fuerzas de una Bandera de Falange de Palencia y con esta fuerza tan limitada se efectuó al día siguiente la operación de reconquista de la Loma de las Encinas. Fue en ese momento cuando un enlace del General Sagardia murió, en un recorrido de avanzada por el frente junto a su superior, por una bala que le entró por la espalda hasta el corazón. ¿Le había salvado la vida a su jefe?
Lentamente, aquel mocetón Navarro, que desde el principio de la campaña no se apartaba de mí ni un instante, cayó para siempre. Aún tuvo fuerzas para decirme: “adiós para siempre, mi Teniente Coronel”. Su cadáver fue llevado a su pueblo natal de Cabanillas. Ya había llegado la bandera de Palencia con una representación magnífica. Hombres de Castilla, enjutos, fuertes y con deseos de pelear. Mandados por el comandante Belloso, se les llevó al cercano pueblo de Campino, donde se alojaron.
El comandante Belloso, antes mencionado, moriría también, poco después, en un impaciente impetuoso ataque de estos falangistas palentinos, que no quisieron ni esperar a la artillería para empezar un asalto que tuvo la mala suerte de encontrarse por el camino con otro que venía hacia ellos, por parte de voluntarios de la FAI. Y al frente de sus hombres murieron los jefes de esta unidad falangista, dejando huérfanos a sus muchachos.
Un encuentro sangriento entre tropas valientes
Al verme llegar, estos heroicos muchachos de la bandera de Palencia, sin oficiales, vinieron hacia mí llorando y pidiendo vengar a su comandante, a quien tanto querían, y a sus oficiales, los cuales habían dado su vida por la Patria. El combate continuó. No olvidaré jamás aquella mañana luminosa. La brisa movía los revueltos cabellos de los oficiales tendidos delante de mí. Pasaban los heridos a pie, ayudándose unos a otros, cubiertos de sangre.

Se acercaban a ver a sus oficiales muertos, lanzando imprecaciones y gritando venganza. Cuatro prisioneros que yo estaba interrogando tuve que cubrirlos con mi cuerpo porque en su desesperación querían matarlos. Los médicos no podían curar a tantos y todos querían ser los primeros en curarse para volver al combate, que hacían metros de este cuadro llegaba a su fase culminante. Mediada la mañana el combate fue languideciendo y poco a poco terminó por agotamiento de los dos bandos. La Bandera de Palencia había pagado caro su heroísmo, pero los dos batallones rojos quedaron deshechos. Unos y otros nos dedicamos a retirar nuestros muertos y heridos. El combate había sido bien sangriento, como sucede siempre en los de encuentro cuando las tropas son valientes.
Y es que hay que tener en cuenta que ambas fuerzas habían encontrado atacando a la vez como dos trenes que se chocan de frente.
El terreno quedó empapado en sangre y dolor de una juventud
En los combates de estos cinco primeros días de mayo tuvo el enemigo 1.800 muertos. Los rojos se atribuyeron como una victoria al resultado del combate del 5 de mayo, publicando su en su prensa que el General Mola había sido derrotado cerca de Burgos. No, no fue una victoria para ellos: las líneas quedaron igual que antes del combate, con la sola diferencia de que el terreno comprendido entre ellas quedó empapado en sangre y dolor de una juventud que su destino trágico les hacía enfrentarse, unos para salvar a España y otros para hundirla.

Todas estas ofensivas que os estamos contando terminaron en desastres verdaderos para un Frente Popular que no contaba a sus muertos, sino que más bien soñaba con alcanzar un objetivo que se estrellaba de forma constante en esos páramos infernales en los que todos los que allí luchaban sufrieron muchísimo y de los cuales muchos no lograron salir jamás. De nuevo volvieron a atacar Cilleruelo de Bricia con infantería y artillería y aviación, quedando el pueblo definitivamente destruido. Pero lo hacían porque habían tomado previamente Espinosa y tenían más facilidad para atacar esta población, pero siempre era todo a base de poner muchísimos muertos y heridos sobre un mapa de los páramos de Burgos que ya estaba teñido de sangre. Y era sangre mucho más roja de lo normal, por desgracia para los políticos del Frente Popular y mucha más para las familias de estos milicianos, que pocos triunfos verdaderos pudieron celebrar en este año largo de combates en las montañas.
Hasta el día 17 de mayo los rojos no cesaron en su empeño y unas veces a Cilleruelo, otras veces a barrio de Bricia y otras veces a los dos a la vez lanzaban sus ataques. Había que descongestionar el frente de Vizcaya y había que llegar a Burgos: era su obsesión, pero los hombres de mi columna desbarataron sus planes.
El pueblo de Espinosa de Bricia había sido tres veces perdido y rescatado, lo que lo convierte en el auténtico Belchite burgalés, sin desprecio de la barbárica destrucción que afectó a Cilleruelo o a Lorilla entre otras poblaciones completamente devastadas.

Cerca de Cilleruelo hay una zanja larga cubierta de tierra: en ella reposan tres mil muertos del enemigo.
Ése fue el precio con el que pagaron los milicianos del Frente Popular la toma de Espinosa y esos infructuosos ataques a Cilleruelo y Barrio de Bricia.
Ataques químicos en Cilleruelo de Bricia
Y aquí viene ahora una anécdota que parece sacada de una historia de la Primera Guerra Mundial y que demuestra la desesperación del Frente Popular por no poder con esas mal dotadas centurias de falangistas. Resulta que, en un momento dado, en medio de un gran fuego de artillería por parte de los frente-populistas, los nacionales empezaron a encontrar muy mal. Mostraban síntomas de intoxicación y todo se debía a los proyectiles rojos que traían gases en su interior. Como no había ninguna medida para afrontar la guerra química en este frente se ordenó que los soldados se dispersasen lo más que pudieran. Se trataba de un material químico fabricado en Inglaterra. Durante dos días más hubo proyectiles con gases en este frente de Cilleruelo donde ninguna barbaridad faltó. Recordemos que Cilleruelo de Bricia fue escenario de las mayores atrocidades y torturas rememoradas por Sagardía, donde el triunfante enemigo había celebrado la toma del pueblo quemando vivos a sus adversarios y arrastrándolos con caballos y decapitándolos.
El general Sagardía acusaba la desventaja de la inferioridad de su artillería en todos los aspectos y de lo difícil que era emplazarla, pues disponían de mejores observatorios y también de un servicio de espionaje que en esta guerra civil y de pueblos era imposible de evitar.
El Frente del Norte ante su final inexorable con la Batalla de Santander
Siempre hay una vez que es la última y todos estos asaltos infructuosos también tenían que llegar algún día a su final, aunque no sin cobrarse el saldo lamentable de muchísimos miles de muertos y heridos que son el auténtico balance de una guerra que fue al final perdida por todos los españoles. Porque nadie nos podrá devolver jamás lo que se tuvo que sacrificar en semejantes circunstancias tan dramáticas. Pensemos en los miles de combatientes y también en los civiles que se vieron atrapados dos fuegos durante tantísimos meses de constantes ataques y defensas desesperadas. Cada una de estas personas tenía una familia que lo echaba de menos en su casa y el sufrimiento que tuvieron que pasar todos los soldados y también los no combatientes durante todo el conflicto fue tremendo. Las inclemencias de un tiempo terrible en una de las regiones más frías del país acompañaron durante toda esta aventura a todos los implicados y puede decirse que unos y otros sufrieron por igual todas estas circunstancias, aunque los auto titulados rojos pagaron un precio altísimo en sangre.
La batalla continua por los páramos de Burgos fue una decisiva victoria del Ejército Nacional
En términos estratégicos, la batalla continua por los páramos de Burgos fue una clarísima y decisiva victoria del Ejército Nacional, que estuvo todo el tiempo a la defensiva porque no podía hacer nada más en esos momentos. La verdad es que las fuerzas llamadas republicanas no pudieron conseguir ninguno de sus objetivos y todos sus asaltos contra estas poblaciones montañosas resultaron en un fracaso tras otro, con la correspondiente pérdida de recursos y hombres y la desmoralización de las propias fuerzas. Porque todo el mundo podía ver que el objetivo de tomar o cuando menos hostigar la carretera de Santander a Burgos no se estaba consiguiendo en absoluto.
Los nacionales consiguieron contener al enemigo al norte de las montañas cantábricas y mantener bajo su control directo la carretera de Santander a Burgos, durante todo este tiempo, aunque fuera a costa de perder y volver a perder posiciones que eran indefendibles en realidad. Por lo tanto, no es de extrañar el rápido ascenso en el escalafón y durante toda la campaña del General Sagardia, quien fue un gran estratega a parte de un heroico jefe militar que recorrió mil veces unas poblaciones amenazadísimas e incluso estuvo en primera línea en todos los combates que le tocó dirigir. Es sin duda el gran personaje de esta historia y creo que es de justicia reconocerle quitó y la eficacia y también el compromiso que tuvo desde el primer momento con sus hombres y con su deber. Nunca dio ninguna posición por perdida y desde luego no cuando había tropas y civiles en su interior a los que debía proteger.

Como podemos ver en esta imagen, el corredor ferroviario y por carretera entre la Meseta y Santander conectaba una importante ruta económica para nuestro país. De hecho, apenas acabada la guerra se utilizaron las cuadras para el cambio de tiro de las carretas que subían el puerto de Carrales para meter ahí los camiones que hacían la misma ruta, crucial para los intercambios comerciales y de todo tipo entre la costa cantábrica y la provincia de Burgos y otros territorios de la Meseta. Por esto el Frente Popular se tomó muy en serio y actuaron con bastante eficacia en controlar esa ruta desde un principio de la guerra y evitando que los nacionales se hicieran fuertes en la provincia de Santander y condenasen al fracaso la revolución asturiana y la independencia de facto de Vizcaya, con su propia República funcionando por su parte.
La zona de combates aquí mencionada está justamente a la izquierda de donde se puede leer BURGOS en este mapa:

Una de las dudas que me quedan sobre el maravilloso y heroico comportamiento de las fuerzas nacionales es el por qué no evacuar una frontera tan disputada. Porque mantener a la población civil en el mismo sitio donde tienes destacamentos armados porque sabes que te van a atacar en cualquier momento para mí no tiene sentido, aunque supongo que estos sufridos habitantes de la Montaña preferían lo malo conocido en su terruño que lo bueno conocer en quién sabe dónde. De hecho, las tropas nacionales los evacuaron cuando no podían siquiera intentar protegerlos, mientras que las huidas de la población civil aterrorizada se producían cuando los bárbaros atacantes se dedicaban a hacer de las suyas en sus propios pueblos.
La humanidad del General Sagardia queda de manifiesto en sus actuaciones y en las manifestaciones que él mismo realiza en su propio libro de memorias, incluso valorando el valor del ejército enemigo y también compadeciéndose de tantísimas muertes entre sus filas, que no se le pueden achacar a él como general adversario, sino a la caterva de inútiles que no fueron capaces de utilizar tan excelente mano de obra y tantos recursos para conquistar cuatro pueblos mal defendidos.
Con las fuerzas que tenían a su disposición, los gerifaltes del Frente Popular tenían que haber llegado a Burgos sin despeinarse demasiado después de haber arrollado a las fuerzas contrarias, que carecían hasta de bombas de mano en un principio y que contaban con escasísimos cañones y con ninguna aviación para ese frente. Y desde luego que tenían que haber tomado la carretera de Burgos a Santander sin ningún problema, a pesar del valor temerario desplegado por los nacionales, como el propio Indalecio Prieto afirmó en su propio discurso en los comienzos de la Guerra, avisando al enemigo de que por mucho derroche de valor que quisieran aplicar les iba a ir muy mal por los inmensos recursos de los que disponía el Estado del que se habían apoderado por la fuerza, como ya intentaron en el año 34.

Turzo y las tierras del Alto Ebro: un lugar de la España resignada

Creo que viene bien recordar la magnífica prosa de un catalán, Eduardo Tarrero de Pablo, descendiente de estas tierras mágicas del Alto Ebro, sobre lo que era la vida en estas soledades llenas de leyendas:
Mirad todo con pasión y conservadlo siempre en vuestras retinas, en vuestra mirada y en vuestro recuerdo, pero, sobre todo, en vuestros corazones. La preparación y la amplitud de miras que os habrá dado el monte, el río, los caminos largos e intrincados, la naturaleza, el respeto al equilibrio ecológico, la victoria sobre pequeñas dificultades, los horizontes latos, los cielos azules y límpidos, las noches de paz y calma, los sueños reparadores, la cantimplora de agua siempre en la mochila para el posible refrigerio ante la inesperada dificultad o demora, os situarán en inmejorables condiciones no sólo de realizaros y ser felices sino, sobre todo, de ser útiles a los demás y transformar el mundo. Otros no habrán tenido ese privilegio.


En estos tiempos del crepúsculo de las ideologías no hay que avergonzarse de la maravillosa y elemental de amar a los demás. En el camino hacia ese objetivo no se acaba de llegar nunca. La meta es el camino, como dice un proverbio. El día de mañana, cuando estéis abatidos por cualquiera de las muchas vicisitudes que nos asaltan en la vida, salid a cualquier aire libre y mirad un momento a la Luna como cuando erais pequeños.
¿Os acordáis de aquella luna roja de Turzo que llevaba dibujado en su esfera brillante el mapa mundi en sombras de un mundo misterioso? Redonda y roja como una gran cereza suspendida del árbol del firmamento, sobrecogedora. Reflejo de lobos y fauces en libertad. Pues contemplar por algún instante esa luna bajo la cual hicieron historias forzada tantas generaciones. Y ya podéis ir a lo vuestro. Entonces ya estaréis preparados para la lucha.


Y regresamos exhalando la fragancia del sotobosque, de la aulaga, del espliego, de la manzanilla, del tomillo y de los enebros. En definitiva, los efluvios misteriosos de una tierra sagrada.
Reclamar la gloria de la heroica y eficaz Columna Sagardía en los Páramos de Burgos
Dijo Quevedo del Duque de Osuna estos hermosos versos después de que este aristócrata para el que había trabajado pasara a mejor vida:
Faltar pudo su patria al grande Osuna, pero no a su defensa sus hazañas; diéronle muerte y cárcel las Españas, de quien él hizo esclava la fortuna.
Esto exactamente se podría decir también de tantos patriotas que han dado su vida por nuestro país y que luego han sido no solamente queridos o muertos o ninguneados, sino además insultados, inclusive por la peor escoria social que hemos podido ver en los últimos años en nuestro país.

Me pregunto quiénes serán algunos personajillos a los que nadie conoce realmente y reconocen ningún mérito para estar criticando y opinando sobre personas que fueron héroes y que dieron todo por los demás.
Lo primero de todo es darse cuenta de quiénes son estas cucarachas que nunca han hecho nada por la patria ni por nadie y de quiénes están hablando exactamente. En el caso de los críticos, entre comillas, con la llamada columna Sagardía y sus hazañas, pienso que vale mucho más ceñirse a lo que hicieron esos valientes y al enorme sacrificio que enfrentaron antes que estar leyendo por todas partes los lloros inconexos y el mal perder de gente que ni siquiera estuvieron en esta situación.
La Columna Sagardía no era más que un pequeñísimo contingente de hombres valientes y mal dotados
Voceros del verdadero Poder internacional, se rasgan las vestiduras hablando de supuestas matanzas solamente de un bando. Y todo para engordar un señuelo de propaganda con el que no pueden de ninguna manera ocultar el heroísmo y el acto generoso de dar tu vida por un ideal y, además, en unas condiciones completamente heroicas. Porque la Columna Sagardía no era más que un pequeñísimo contingente de hombres mal dotados para esa guerra tan moderna que fue la Guerra Civil, sin apenas medios, que en cualquier momento podrían ser arrollados por una muy superior masa de hombres y medios, como eran las fuerzas del llamado Ejército del Norte del Frente Popular.
Es decir. Piense lo que piense usted sobre esta o la otra ideología o sobre un bando o el otro, da igual, porque la machada y la heroicidad son innegables y por eso estos hombres se ganaron su espacio en la Historia y además lo firmaron con su propia sangre. No con un comentario anónimo en redes o un artículo propagandístico que pretende justificar la matanza de tantos españoles, tantas generaciones después, cuando los que la realizan gozan de la bendición de ese Poder internacional tan oscuro, tan innombrable, pero que existe y, de hecho, tenía sus favoritos en la Guerra Civil Española. Porque la Verdad y el Patriotismo verdadero tiene poco que ver con un atajo de políticos corruptos que se dedican a distraer al populacho con nombres de calles y monumentos abandonados que, como es lógico, quieren cambiar para que el pueblo español no tenga ninguna referencia histórica próxima de lo que es de verdad una nación soberana y la defensa a ultranza de unos valores.
🧱El monumento a la Columna Sagardía es lo único que queda en pie después de generaciones de olvido🧱
El monumento a la Columna Sagardía es prácticamente lo único que queda en pie después de tantas generaciones de olvido y hasta de agravios que no tienen ninguna justificación más allá que la corrupción y la traición constante de este presente régimen, que no tiene nada más que ofrecer a los españoles que un revisionismo histórico absurdo que a casi nadie le interesa y que en realidad está concentrando un rechazo cada vez más marcado por parte de una mayoría que ya no se cree esa versión oficial de que perdieron los buenísimos y de que los que ganaron eran los mayores hijos de Satanás.
Pero a los políticos no les importa cómo esté el pulso en la calle. Y lo único que les importa es su corrupción y recibir órdenes de la gentuza que les maneja y luego taparlo todo con una cursi pantomima legal que es tan legal como el último gobierno que hubo en la Segunda República. Un circo abusivo de leyes que quieren influir en la ciencia histórica para que nadie pueda opinar ni demostrar nada que vaya en contra de la versión oficial. ¿Por qué tanto interés en monopolizar la explicación de la Guerra Civil si tienen tan claro que ganaron los buenos y que los otros eran malísimos? Esa democracia, pero luego nos tienen que estar explicando por todas partes lo que tenemos que pensar y cómo tenemos que actuar.
Esa gentuza no tiene que opinar nada ni que decir nada ni mucho menos obligarnos a nosotros a nada. Bastante es que nos están robando todos los días como para que luego encima vengan a contarnos películas de ninguna guerra que además ni les importa ni entienden ni les interesa ni lo más mínimo. Y todo ello empezando por el supuesto fascista Abascal que ni es fascista ni es nada más que otro canta mañanas que tampoco debería pronunciarse en este tema ni en un sentido ni en otro. Más respeto por los que de verdad dieron su vida por España es lo que deberíamos tener y no permitir que este tipo de elementos sin oficio ni beneficio estén todo el día dándonos la chapa con temas que no les interesan en absoluto.



























