Un santanderino curioso, Mauricio Porcelli, ha estado durante años recopilando datos sobre crímenes y tragedias impactantes en la ciudad de Santander en esa época apasionante que coincide con el culmen socioeconómico de nuestra ciudad, precisamente en la época de la tragedia del Machichaco. Una de las asistentes se preguntaba por qué tantos crímenes en una ciudad tan pequeña y provinciana, pero es que estamos hablando de muchos años de estudio de estos sucesos y además en una ciudad portuaria que tenía mucha actividad y que era mucho más importante en el mundo de lo que es hoy. Esto es un contenido que nos ofrece una empresa de atención a domicilio en Santander, ADomicilio.

Las calles de Santander están construidas sobre un cementerio de víctimas violentas
Es uno de los hombres más peligrosos de Santander, con cientos de asesinatos entre sus manos. Como es una persona que quiere mucho a su terruño, Mauricio Porcelli concentra a sus víctimas en nuestra amada región montañesa, aunque afirma que no quiere parecerse a ninguno de los protagonistas de sus historias: ni víctimas ni victimarios. Por lo menos, quiero decir, no en sus tristes historias.

Las calles de Santander están construidas sobre un cementerio de víctimas violentas de tantas reyertas, asesinatos pasionales de todo tipo, crímenes políticos y todo tipo de situaciones muy indeseadas y muy indeseables.
Pero no sólo eso. ¿Sabías que hay un promontorio en El Sardinero que está formado por la acumulación de escombros provenientes de los edificios derruidos en el incendio del cuarenta y uno? ¿Sabías que no lejos de ese lugar hay una placita muy chiquitita con un monumento a San Roque y una cruz que señalan precisamente el lugar en el que se encontraba el altar de una ermita dedicada a este santo? Es por ello que no lejos de esta zona tenemos la parroquia de San Roque, ese santo que probablemente nunca existió, pero que goza de tanta devoción en tantos lugares de España por su relación con el Camino de Santiago y con las plagas.
Hubo varias plagas muy dañinas en Santander. El cólera hizo mucho daño en el siglo XIX y el miedo que había en la ciudad motivó el traslado del cementerio de la calle Alta, donde ahora está un parking y donde estuvo la cárcel provincial, precisamente porque la gente no quería vivir cerca de los muertos. Es por ello que hay una cuesta que ahora se quiere volver a llamar Cuesta de las Ánimas. Porque por ahí subían los féretros para enterrar a la gente en este cementerio de una calle Alta que entonces se llamaba calzadas altas y que dominaba igual que hoy la ciudad a sus pies.




Un episodio de violencia de género muy grave junto al propio Palacio de la Magdalena
Tuvimos un episodio de violencia de género muy grave junto al propio Palacio de la Magdalena cuando un arquitecto que vino a residir un tiempo a una casita que aún existe, junto al faro de la Cerda, perpetró un horrible asesinato. La víctima era su propia esposa, con la que tenía varios hijos y que acababa de dar a luz a otro cuando, después de maltratarla durante años, la estranguló una mañana y luego pretendió que había sido un suicidio. Afortunadamente, las investigaciones de un periodista de la época permitieron demostrar esta falsedad y fue condenado a cadena perpetua, aunque pudo haber sido ajusticiado según el Código Penal de esos tiempos. Al final, salió en libertad no tantos años después, volvió a casarse y se fue a América, donde se le pierde completamente el rastro.
Guías del misterio en Santander con historias reales de crímenes
En el corazón de esta capital, algunos guías turísticos ofrecen rutas nocturnas del misterio en Santander donde los visitantes recorren lugares históricos envueltos en leyendas de crímenes y tragedias. Estas rutas suelen incluir el casco antiguo y la Catedral de Santander, que es un lugar cargado de historia donde se dice que han ocurrido sucesos extraños e inexplicables. Los guías narran crímenes sin resolver de siglos pasados y episodios de oscuras rivalidades que alguna vez sacudieron la ciudad. Este recorrido invita a los participantes a sumergirse en el misterio y la intriga, y es ideal para quienes disfrutan de las historias paranormales o el lado menos conocido de la ciudad. Historias de marineros que nunca regresaron de sus jornadas y leyendas sobre personas que se aventuraron en determinados barrios y nunca fueron vistas con vida nuevamente.
Santander tiene una historia rica en eventos trágicos y crímenes pasionales. Durante el recorrido por sus callejones y tabernas, podemos compartir relatos de episodios oscuros que implican a marineros y pescadores, quienes a menudo llevaban una vida dura y peligrosa.

En las narraciones se entrelazan historias reales de peleas, traiciones y disputas mortales, que en su tiempo llenaron de horror a la comunidad. Es un recorrido que muestra la vida cotidiana del barrio en épocas anteriores y que permite entender cómo la dureza de las circunstancias podía llevar a estos desenlaces fatales. Algunos de los palacetes antiguos de Santander, situados en las zonas residenciales más exclusivas de toda la vida, también están rodeados de historias de misterio. Estos tours narran leyendas urbanas de Santander sobre viejas familias santanderinas involucradas en crímenes y escándalos. Estas historias revelan aspectos poco conocidos sobre la vida de la aristocracia de la época, así como secretos familiares, envidias y traiciones que llevaron a enfrentamientos y, en algunos casos, a trágicos desenlaces. Este recorrido es ideal para quienes disfrutan de las intrigas y el misterio que encierran estas antiguas mansiones.

El mapa del Santander de antes del incendio donde se señala uno de los peores tugurios que haya jamás existido en la ciudad: el infausto Club de Billares, apodado por los crímenes que ocurrieron aquí «el Huerto del Francés».
Una madre que entró en depresión porque no sabía nada de su hijo perdido
Uno de los crímenes más impactantes tiene que ver con el asesinato de dos bebés y su madre en pleno centro de Santander. El padre de familia había venido a la ciudad para examinarse para el escalafón de la Marina Mercante y se encontraba alojado en un hotel por la zona de vinos de Santander, pero al regresar a casa después de un recado se encontró con que no le abrían y le pareció raro, especialmente cuando se oían ruidos dentro del alojamiento. Con la ayuda de un vecino pudo acceder a la vivienda por el patio y se encontró la escena dantesca de dos bebés y su madre muertos, por mano de ella misma, que no podía soportar el no tener noticias de su hijo mayor, el cual se encontraba viviendo con otra familia en otra localidad de España. Curiosamente, aunque ella le daba por muerto, justamente ese día llegó una carta en la que ese hijo al que echaba en falta y del que no sabía nada le aseguraba que estaba perfectamente. Y es que el problema de esos tiempos es que tampoco había una gran abundancia de psicólogos ni psiquiatras ni se le daba tanta importancia como hoy en día a esos estados de ansiedad y depresión que a veces son difíciles de reprimir.
Empresa de atención a domicilio en Santander
Adomicilio es una empresa especializada en servicios de atención a domicilio en Santander, comprometida con ofrecer cuidados personalizados a personas que necesitan apoyo en su vida diaria.

Su misión es mejorar la calidad de vida de sus clientes y sus familias, proporcionando un acompañamiento integral basado en profesionalismo, empatía y confianza. La empresa se distingue por su enfoque humano y adaptado a las necesidades de cada cliente. Ya sea para el cuidado de personas mayores, personas con movilidad reducida, o aquellos que requieren ayuda temporal por una enfermedad o accidente, ADomicilio diseña planes de atención individualizados. Estos incluyen servicios como la ayuda en tareas domésticas, acompañamiento en actividades diarias, recordatorio de medicación, asistencia en la higiene personal y apoyo emocional.

Un equipo de profesionales capacitados y con experiencia en el ámbito del cuidado garantiza que cada intervención sea de alta calidad. Además, ADomicilio pone especial énfasis en la selección de su personal, el cual es sometido a rigurosos procesos de formación continua para mantenerse al día con las mejores prácticas en atención domiciliaria.

¿Sabías que el trazado circular de la antigua plaza de toros de Santander sigue existiendo?
Justo al lado del escenario de este crimen se encuentra una zona de bares con la calle que fue del bar Zeppelin, que aún tiene un trazado curvo al que puede que no le demos importancia, pero que viene de que aquí se encontraba la antigua plaza de toros de Santander. La que hubo antes de que se estrenara a finales del siglo XIX la que aún hoy conocemos, en el barrio de Cuatro Caminos. Y no muy lejos de aquí, en las cercanías de lo que ahora es la biblioteca de Puerto Chico, dos fogoneros de la antigua fábrica de gas de lo que ahora es la cuesta del gas la emprendieron a tiros entre ellos mismos en un duelo a muerte que acabó con uno de ellos muerto. El superviviente estuvo a punto de borrarse la tapa de los sesos después de ver a su compañero y enemigo caído frente a él, tal vez por la pena consiguiente de cárcel que le iba a caer, pero un pariente acudió rápidamente a quitarle la pistola y evitar ese fatal desenlace.
Los raqueros eran delincuentes juveniles y potenciales víctimas de la trata homosexual
También se habló en esta quedada urbana por Santander sobre las aventuras de los raqueros, un relato dulcificado al máximo por la historiografía oficial, como yo también opino que fue y que ha sido siempre. Una historia de huérfanos, chicos descontrolados que se convertían en pandilleros y delincuentes y que eran protagonistas de muchísimos robos y persecuciones por la ciudad. Eran también inquilinos habituales de la cárcel de Santander, que el famoso poeta José del Río Sanz definía como una universidad de delincuentes, ya que juntaban a verdaderos veteranos del crimen y meretrices con chicos y chicas muy jóvenes que apenas habían hecho algún hurto o cosa parecida.

Una situación lamentable que yo quiero añadir de mi propia cosecha es que es muy probable que la trata de blancos o de chicos jóvenes para la prostitución masculina se nutriera de esas filas desheredadas de los famosos raqueros, que al igual que las chicas que eran víctimas de la trata se convertían en el objetivo del depravado de negocio de la trata de chicos jóvenes. Una situación lamentable que puso de manifiesto mi antepasado Teodosio Ruiz González, protagonista de mi libro de Los cuatro naufragios del capitán. Un valiente y adelantado a su época que denunció públicamente la corrupción municipal y policial en torno a la trata de blancas y también en torno a esta prostitución masculina homosexual que exigía de esos chiquillos y que acababa muy mal para ellos, evidentemente, por las graves enfermedades de transmisión sexual que eran típicas y que siguen siendo lo del negocio horrible y tabú de la prostitución homosexual masculina.
Como nota positiva de estos delincuentes juveniles hay que decir también que varios de ellos se hicieron célebres y fueron condecorados por haber ayudado a muchas víctimas de la explosión del Machichaco a los que fueron a rescatar en una trainera. Un hecho glorioso para ellos que no impidió que siguieran ejerciendo una carrera criminal que muchas veces no terminaba nunca. ¿Será el tema de los raqueros una constante en la historia de Santander hasta enlazar con los famosos kies santanderinos de los años 80 o 90?

La cercanía y el compromiso son valores fundamentales de ADomicilio, lo que les ha permitido ganarse la confianza de muchas familias en Santander. Al elegir esta empresa, los clientes contratan un servicio y también la tranquilidad y seguridad al saber que sus seres queridos están en buenas manos. ADomicilio está comprometida con marcar una diferencia positiva en la comunidad, ofreciendo soluciones adaptadas que faciliten la vida diaria y fomenten la autonomía y bienestar de quienes más lo necesitan.
Agentes de policía que eran reclutados entre los peores delincuentes y canallas
Curiosamente, por aquellos días, tal vez por la propia dinámica de la corrupción policial y política de esos momentos, los agentes de policía eran reclutados entre este tipo de delincuentes juveniles, que con la edad llegaban a ser muy experimentados. Unos personajes veteranos de la delincuencia y de la violencia a los que les daban uniforme y una placa y que lógicamente convertían los cuerpos de seguridad ciudadana de España en una componenda corrupta en la que se explotaba directamente la trata de blancas y de blancos, además del juego y hasta los robos en negocios y domicilios.
En ese ambiente de inseguridad y de vicio total que se cebaba en una ciudad portuaria tan importante como Santander no era raro que se produjeran los famosos crímenes del juego en nuestras calles.

Esos crímenes del juego consistían en todo tipo de estafas y atracos a los usuarios de las timbas ilegales, una de las cuales terminaban con el ingenuo a desplumar asesinado. Así nos relataba Mauricio, este experto en crímenes de Santander, cómo un acaudalado visitante palentino llegó a Santander y perdió absolutamente todo su dinero jugando a las cartas. También perdió hasta el reloj y salió muy cabreado de la zona de juegos ilegales, pero de alguna forma le convencieron para volver y le dijeron que le iban a enseñar a jugar mejor y a colocarse al lado del crupier. El palentino siguió estos amables consejos y terminó ganando más dinero del que había perdido primero, pero la última jugada le salió carísima porque terminó flotando en las aguas de Puerto Chico. Una curiosidad es que pudo encontrarse su cadáver gracias a que tenía una pierna más larga que la otra y le habían corregido este defecto con una prótesis de corcho que ayudó a este cadáver a flotar mejor. Eso sí, como se puede imaginar el lector, del dinero nunca más se supo.
Asesinatos pasionales a puñalada limpia en Santander

También hubo un acaudalado ciudadano de Santander que se dedicaba a los negocios de la pesca y que era muy odiado en esos ambientes porque quería monopolizar ese gremio de los pescaderos, pero además abusaba bastante de su situación económica y cometió el mortal error de meterse con la mujer del marino equivocado. Un hombre herido en su honor que reaccionó con la máxima violencia y la apuñaló delante de todo el mundo en la calle Bonifaz, precisamente el mismo día en que este acaudalado santanderino había ido a arreglar el panteón de su familia en Ciriego. ¡Qué poco imaginaba el pobre hombre que pronto estaría allí metido con junto a sus antepasados!
Este especialista en crímenes de Santander, Mauricio, nos cuenta que todas las calles de Santander tienen sangre en sus aceras que se ha secado hace mucho tiempo, pero asegura que hay muchas historias por contar todavía. Y una de las más curiosas que contó el otro día era que el actual emplazamiento de la zona vieja del Ayuntamiento de Santander era un cementerio que se encontraba junto a la iglesia conventual de los franciscanos, sita en la zona nueva del Ayuntamiento, y que en ese camposanto salían los muertos de sus tumbas cada vez que la marea los empujaba para arriba. ¡Imagínate la gracia que les tenía que hacer a los supersticiosos santanderinos de la época ver en directo ese tipo de Poltergeist!
Estos tours, ideales para los interesados en el misterio y la historia, permiten conocer esta ciudad desde una perspectiva diferente, mezclando la historia real con relatos de crímenes que han quedado en la memoria popular.

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El juego estaba prohibido por ley, pero eso no impedía que numerosos ludópatas arriesgaran su poco dinero
Cómo se producían estos crímenes es una cosa que también Mauricio nos explica con toda la naturalidad del mundo y poniéndose completamente en el contexto de la época, no tan lejana, en la que ocurrían estas atrocidades. Resulta que, después de trabajar como auténticos burros en fábricas, talleres o en el campo, muchas personas intentaban relajarse jugando a las cartas en el bar y bebiendo vino. Era una forma de entretenimiento habitual en una sociedad con pocas alternativas de ocio. En ese ambiente surgían discusiones por apuestas, comentarios mal interpretados o simples cuestiones de orgullo. Bastaba con que alguien se sintiera ofendido para que el conflicto escalara rápidamente.
El gran problema era que casi todo el mundo iba armado. Quien no llevaba una pistola o una escopeta, llevaba una navaja, un machete o cualquier objeto capaz de convertirse en un arma mortal. Lo más frecuente era que las disputas acabaran a puñaladas. Más de uno terminaba con heridas espantosas y, en ocasiones, con las tripas fuera. Aunque los médicos de la época intentaban recolocar los órganos y coser las heridas, la peritonitis era casi inevitable debido a las infecciones. La muerte llegaba muchas veces después de días de sufrimiento insoportable. A esta terrible situación se la conocía popularmente como el cólico miserere.
Estos tiempos a caballo entre los siglos XIX y XX también fueron los últimos que permitieron vivir aventuras románticas de verdad, en contacto con la más salvaje naturaleza y en territorios con fronteras por delimitar. Es por ello que los relatos como Moby Dick o los de Alejandro Dumas florecieron en tan romancesco periodo.

Las apuestas eran otro de los grandes problemas sociales. El juego estaba prohibido por ley, pero eso no impedía que numerosos ludópatas arriesgaran el poco dinero que conseguían ganar trabajando de sol a sol. Muchos llegaban a apostar hasta la ropa que llevaban puesta, dejando a sus familias en situaciones de auténtica miseria. De esas pérdidas nacían deudas difíciles de pagar, y alrededor de ellas aparecían usureros y cobradores que, como sigue ocurriendo hoy en ciertos ambientes, utilizaban la intimidación y la violencia para recuperar su dinero. Estamos hablando de una época en la que apenas existían distracciones más allá de las tabernas, las partidas de cartas y las apuestas. Los jornaleros y obreros podían tardar semanas en reunir unas pocas pesetas y, sin embargo, perderlas en una sola noche. Aquella frustración alimentaba un círculo constante de violencia, pobreza y delincuencia.
El mayor suceso ocurrido en Santander durante el siglo XX tiene nombre propio: Teodosio Ruiz González

La policía tampoco era precisamente un ejemplo de rectitud. Muchos agentes procedían de ambientes muy duros y algunos incluso habían tenido relación previa con el mundo del delito. Conocían perfectamente los métodos de los criminales, pero en ocasiones compartían también sus vicios y malas costumbres. La corrupción estaba muy extendida y no era raro que determinados policías participaran en tramas delictivas o protegieran a delincuentes a cambio de favores o dinero. En algunos casos llegaban a comportarse de manera incluso más despiadada que los propios criminales profesionales.
Todo esto sucedía en un Santander decimonónico que giraba en torno a la corte veraniega de Alfonso XIII. Mientras el rey disfrutaba de paseos en barco y de los privilegios de la alta sociedad, a su alrededor se desarrollaba una realidad mucho más oscura, marcada por la pobreza, la violencia y la inseguridad. Como ocurre en cualquier época, la delincuencia se extendía por todos los estratos sociales y, en ocasiones, también alcanzaba a quienes ocupaban las posiciones más elevadas. Un ejemplo de ello fue el grave atentado que sufrió Alfonso XIII el día de su boda con la princesa Victoria Eugenia. Aquel intento de asesinato causó numerosas víctimas inocentes y acabó también con la vida de varios de los caballos que tiraban de la carroza real. El impacto del atentado fue enorme en toda España y coincidió cronológicamente con algunos de los sucesos criminales más célebres de comienzos del siglo XX. Entre ellos destaca el conocido como el tiroteo del Huerto del Francés, en Santander, considerado por muchos como el mayor suceso ocurrido en Santander durante el siglo XX y en el que estuvo implicado Teodosio Ruiz González.
El proceso judicial derivado de aquellos hechos santanderinos (el tiroteo del Club de Billares o Huerto del Francés) se desarrolló precisamente en una época marcada por la conmoción provocada por el atentado contra los reyes, contribuyendo a crear un ambiente social cargado de tensión, miedo e incertidumbre. Al observar hoy aquellos acontecimientos resulta fácil comprender hasta qué punto la violencia formaba parte de la vida cotidiana. Las armas estaban presentes en todas partes, las disputas se resolvían con frecuencia mediante la fuerza y las instituciones encargadas de mantener el orden no siempre actuaban de forma ejemplar. Era un mundo muy distinto al actual, pero también sorprendentemente cercano en algunos aspectos, donde las pasiones humanas, la ambición, el orgullo y la desesperación seguían provocando tragedias que todavía hoy llaman poderosamente nuestra atención.



























