El amor también puede aparecer en el metro. Aquí os damos algunos trucos para la vida diaria, para que podáis sobrevivir en un entorno en el que las relaciones profesionales y personales son cada vez más complicadas. Ya pareciera que vamos a tener que hacer el amor con la inteligencia artificial si uno va a cualquier feria empresarial y ve cómo está el tema.
Pero siempre hay gente que resiste. Románticos de toda la vida. Y eso os venimos a contar ahora.
Resulta que al acabar Fitur, sin venir a cuento, un simpático aventurero del amor se abalanzó sobre una bella viajera a la que vio sentada en un banco en una estación. Su estrategia fue directa y no se entretuvo por las ramas.

¿Nos conocemos?
No te estoy diciendo que nos conocemos. Te estoy diciendo que si nos conocemos
Ella se quedó un poco pillada porque, claro, si vienes de una feria donde hay miles de personas, pues claro que puedes haber conocido y no recordar a esa persona. Por esto se quedó un poco en plan: no te conozco. Momento en el que este joven usó su desparpajo de gigoló para decir:
No te estoy diciendo que nos conocemos. Te estoy diciendo que si nos conocemos.
Todos los que estábamos alrededor nos quedamos un poco pillados con el tema. Yo mismo estaba sentado al lado de esta muchacha y me pareció muy curioso y divertido el tema.
Lamentablemente, el metro estaba a punto de partir y parecía que les iba a separar para siempre, pero el tío recorrió a un truco más viejo que el mundo y se intercambiaron tarjetas en el último segundo. Todavía quedaba una oportunidad cuando, como dice la canción, es hora punta en el metro.
Este tío es un crack. Todos deberíamos aprender de él.
Yo venía a una feria por temas de trabajo. Acabo de dejar hace pocos meses una relación larguísima y no estoy ahora para estas cosas, pero la verdad es que me ha hecho gracia. Además, me están pasando cosas de éstas últimamente. Pero la verdad es que ya estoy enamorada de otro chico. Es mi novio, que siempre me dice que soy una optimista. Bueno. ¡En realidad, todavía no es mi novio!
La cooperativa Hope Nature surge con el objetivo de elaborar vinagres vivos
La bella señorita de la que estamos hablando también nos quiere contar lo que hace, en su empresa familiar, que yo pienso que es muy interesante. Por esto cambiamos de tercio y comentamos con ella las bondades de la despensa de toda la vida y la producción de alimentos en el campo. Sin aditivos ni conservantes ni nada.
El vinagre es el mejor conservante que hay. Rara vez se desarrollan bacterias nocivas en él.

La cooperativa Hope Nature surge con el objetivo de elaborar vinagres vivos, artesanales y con un enfoque innovador, a partir de una idea que nació directamente del contacto con el entorno rural. Constituida en enero de este mismo año, la iniciativa se mueve dentro del ámbito de la alimentación y de los productos vinculados a ella, y tiene su origen en la inquietud y la experiencia con los fermentos de una de sus socias fundadoras, responsable también del área de producción. Criada en una familia ligada al pastoreo, Josefina Navarro aprendió desde pequeña a trabajar con procesos de fermentación, elaborando quesos y otros derivados de forma tradicional.
Josefina y su hija, Marian Arcega, gerente de Hope Nature, viven rodeadas de campos y montañas. Fue precisamente en ese contexto, durante las tareas cotidianas del campo, cuando comenzó a tomar forma la idea que hoy sostiene la cooperativa. La imagen repetida de frutas que se perdían por quedar en los árboles o caer al suelo fue el detonante. A partir de ahí decidieron unir dos conceptos clave: el conocimiento sobre fermentación y la necesidad de reducir el desperdicio alimentario. El vinagre se convirtió en el vehículo perfecto, ya que permite conservar las propiedades de la materia prima a lo largo del tiempo y actúa además como una fuente natural de probióticos, tal y como explica Marian.

HOPE NATURE
¿Por qué una cabra como icono?
La cabra representa nuestras raíces de pueblo y huerta en los montes de Valencia. Venimos de una familia de pastores que vivían en pueblos, donde siempre se han hecho las cosas en casa, Pepa desde niña hacía los quesos de su familia, trabajaba la leche y sus derivados y se hizo experta en las fermentaciones de los alimentos. Pepa nació, creció y se formó con los fermentos naturales que ahora mismo son la base misma de nuestra empresa, familiar y de toda la vida.
¿Cuántos amores te han durado 15 años? No muchos, ¿verdad? Pues esto es lo que puede durar el amor en cuanto a la preparación de un producto natural se refiere. Un producto de pueblo y de huerta auténtico, como el que tomaban cada día nuestros antepasados.

El propósito de Hope Nature es claro: producir vinagres vivos, sin filtrar ni pasteurizar, elaborados de manera artesanal y sin aditivos artificiales. Se trata de productos obtenidos a partir de frutas y verduras que conservan sus bacterias activas y, con ello, todas sus cualidades originales. Este enfoque respetuoso con el proceso natural es uno de los elementos que definen la identidad de la cooperativa.
Vinagres de alcachofa, kombucha y caqui,
La actividad de Hope Nature no se limita únicamente a la venta del producto, sino que también incluye un servicio de atención posterior al cliente, con garantías claras para el consumidor. Además, han implantado un sistema de retorno de envases que permite reutilizarlos, fomentando así los principios de reducir, reutilizar y reciclar. Este planteamiento convierte el proyecto en una propuesta empresarial sostenible y coherente con sus valores medioambientales.
Actualmente elaboran vinagres de alcachofa, kombucha y caqui, que se comercializan tanto mediante venta directa al consumidor final como a empresas, principalmente a través de las redes sociales. Los formatos disponibles son de 50 y 250 mililitros, y todos los productos siguen un proceso de fermentación completamente natural de seis meses. Esa elaboración sin intervención industrial se aprecia incluso en el propio envase, donde es visible el poso característico del vinagre vivo. Los restos generados durante el proceso se destinan al compostaje y vuelven al campo como abono, cerrando así el ciclo de aprovechamiento de la materia prima.
Con sabores frescos, originales y ricos en probióticos naturales, los vinagres de Hope Nature dan una segunda oportunidad a alimentos que no encajan en los estándares estéticos de las grandes superficies. El proyecto se apoya en principios de agroecología y alimentación saludable, defendiendo una agricultura regenerativa que apuesta por la biodiversidad y el respeto al entorno. Tal y como señala Marian, todo forma parte de un mismo equilibrio entre producción, consumo consciente y cuidado del medio ambiente.
El eje central que sostiene el proyecto sigue siendo la lucha contra el desperdicio alimentario
La participación en el Programa Llamp ha supuesto un impulso importante para la cooperativa. Según explican desde Hope Nature, el acompañamiento recibido les ha permitido acceder a recursos y experiencias que difícilmente habrían alcanzado por su cuenta, gracias a un asesoramiento cercano y enriquecedor. El eje central que sostiene el proyecto sigue siendo la lucha contra el desperdicio alimentario y la búsqueda de un impacto ambiental prácticamente nulo.
A través de sus vinagres, Hope Nature ha logrado unir tradición y creatividad, promoviendo hábitos alimentarios más saludables y una forma de consumo responsable. Desde la cooperativa destacan que la verdadera diferencia frente a otros productos del mercado reside en el respeto absoluto por la materia prima y en una elaboración artesanal que pone en valor sus propiedades naturales. Con un firme compromiso con el producto local, la sostenibilidad y la artesanía, Hope Nature avanza de la mano de dos mujeres emprendedoras, madre e hija, que han transformado una preocupación cotidiana en un proyecto con sentido y proyección.






























