Otra noticia que parece sacada de una misión de Grand Theft Auto, pero que es real y se hizo sorprendentemente real en Santander. Hay sucesos que, por la combinación de circunstancias que los rodean, parecen escritos para formar parte de una misión de Grand Theft Auto o incluso de la famosa película de El fugitivo. La noticia ocurrida en Santander tiene precisamente ese punto de surrealismo que hace que resulte inevitable acordarse de los videojuegos de Rockstar: un conductor de ambulancia habría golpeado a un motorista, se habría dado a la fuga y posteriormente habría intentado escapar de los agentes a pie. Según la información difundida por la Policía Local y recogida por este periódico, los hechos se produjeron alrededor de las 22.40 horas en la calle Benito Madariaga, después de que la ambulancia golpeara a una motocicleta que estaba saliendo de un estacionamiento y su conductor terminara cayendo al suelo. El conductor de la ambulancia continuó la marcha y fue localizado posteriormente en la calle Vargas, donde abandonó el vehículo y emprendió la huida a pie hasta que finalmente fue alcanzado en la calle Burgos.

Lo que hace que la historia tenga todavía más elementos propios de una secuencia de videojuego es lo que ocurrió después. Según la información publicada, el hombre, de 30 años, habría ofrecido una fuerte resistencia durante su detención, llegando a lanzar manotazos y codazos contra los agentes. También se habría negado reiteradamente a someterse a la prueba de alcoholemia. Finalmente, ya en dependencias policiales, habría dado una tasa de alcohol superior en más del triple a la permitida y habría dado positivo en cocaína y cannabis. La Policía Local procedió a su detención por presuntos delitos relacionados con la resistencia a los agentes y contra la seguridad vial. La diferencia fundamental con un videojuego, evidentemente, es que aquí no estamos ante una misión ficticia ni ante una situación diseñada para entretener al jugador, sino ante un incidente real en el que hubo un motorista que terminó en el suelo y en el que las consecuencias pueden ser mucho más serias que perder una partida.
Un imitador de la espectacular fuga de Richard Kimble en El fugitivo
Para quienes no recuerden la película, El fugitivo cuenta la historia trágica del doctor Richard Kimble, un prestigioso médico que es acusado injustamente del asesinato de su esposa. Después de ser condenado, consigue escapar de la custodia policial y comienza una desesperada búsqueda del verdadero asesino mientras intenta evitar que las autoridades vuelvan a capturarlo. La película, protagonizada por Harrison Ford, contiene una de las grandes secuencias de persecución del cine de los años noventa: el accidente ferroviario que permite a Kimble escapar.

La comparación con la película El fugitivo aporta otras coincidencias curiosas: la ambulancia como vehículo de huida y de misiones espontáneas. En el videojuego, el jugador puede utilizarla para huir, pero luego resulta que aunque seas un delincuente puedes curar a la gente. En la película, el vehículo está relacionado con la necesidad del protagonista de escapar de quienes lo persiguen y, de paso, cura a un paciente en el hospital antes de desaparecer.
El tren en el que viaja como preso termina involucrado en un espectacular accidente. La colisión provoca el descarrilamiento y el caos, y Kimble aprovecha la situación para escapar. La escena fue rodada utilizando locomotoras, vagones y vehículos preparados específicamente para la producción, consiguiendo que el resultado pareciera un accidente ferroviario de enormes dimensiones. Lo curioso es que, cuando terminó el rodaje, los responsables de la película descubrieron que resultaba más sencillo y barato dejar allí los restos utilizados para la filmación que desmontarlos y retirarlos. Y así, lo que originalmente era simplemente un enorme decorado cinematográfico terminó convirtiéndose en una especie de monumento accidental a El fugitivo.
De decorado cinematográfico a atracción turística
Con el paso del tiempo, los restos del accidente empezaron a llamar la atención de las personas que circulaban por la zona. Lo que para el equipo de rodaje había sido material utilizado para crear una escena espectacular pasó a formar parte del paisaje de Sylva y Dillsboro. Actualmente, personas interesadas en la película se acercan hasta la zona para contemplar los restos de aquel famoso accidente ferroviario. Es una de esas situaciones curiosas en las que el cine termina dejando una huella física muy concreta en el lugar donde se rodó una película. Los restos pueden contemplarse desde Haywood Road, mirando hacia la zona situada junto al río. También existe otra posibilidad mucho más cinematográfica: realizar la excursión por el río Tuckasegee que ofrece Great Smoky Mountains Railroad, desde donde es posible observar el escenario desde otra perspectiva. La propia localización se encuentra en 973 Haywood Road, Sylva, y las coordenadas indicadas para el lugar son 35.370059, -83.263364.

Cuando robar una ambulancia se convertía en una misión en el GTA
Los jugadores de Grand Theft Auto de varias generaciones conocen perfectamente una de las actividades secundarias más peculiares de la saga: las misiones de paramédico. En determinados títulos bastaba con hacerse con una ambulancia y comenzar el trabajo para que el vehículo dejara de ser simplemente un medio de transporte y se convirtiera en una herramienta de juego. El jugador tenía que recorrer la ciudad recogiendo personas heridas y trasladándolas hasta un hospital dentro de un tiempo determinado. La dificultad aumentaba progresivamente y cada nivel exigía transportar a más pacientes, realizar más desplazamientos y desenvolverse en un tráfico cada vez más complicado.
Probablemente uno de los aspectos más llamativos del caso es que, si alguien escribiera una escena de ficción con todos estos elementos juntos, podría parecer exagerada. Una ambulancia golpea una motocicleta, el conductor se marcha, abandona el vehículo, huye corriendo cuando los agentes lo localizan, ofrece resistencia y, finalmente, las pruebas revelan alcohol y drogas.

Aquello producía una de esas contradicciones tan características de GTA. El mismo juego en el que el jugador podía cometer todo tipo de delitos también podía plantearle una actividad en la que tenía que ponerse al volante de una ambulancia y tratar de salvar vidas. El objetivo era sencillo en apariencia: llegar hasta el herido, recogerlo y llevarlo al hospital antes de que se acabara el tiempo. Pero cualquiera que haya jugado sabe que aquello podía convertirse rápidamente en una auténtica locura. El jugador podía atravesar la ciudad a toda velocidad, subirse a una acera, chocar contra otros vehículos, tomar atajos imposibles y hacer todo lo necesario para conseguir que la ambulancia llegara a su destino.

En GTA, conducir una ambulancia como un auténtico kamikaze forma parte de la ficción y de las reglas del juego; en la carretera real, una conducta así puede poner en peligro directamente la vida real de otras personas. Lo que para el videojuego es una mecánica destinada a generar tensión y diversión, fuera de la pantalla se convierte en una cuestión de seguridad vial y responsabilidad.
La ambulancia como protagonista de una misión
Las misiones de ambulancia tenían además una característica que las diferenciaba de muchas otras actividades de GTA: obligaban al jugador a utilizar el propio mapa de una manera completamente distinta. De repente, las calles que normalmente servían para escapar de la policía o desplazarse hasta el siguiente objetivo adquirían una función nueva. Había que conocer los barrios, encontrar rutas rápidas, anticiparse al tráfico y calcular el tiempo necesario para llegar hasta los diferentes pacientes.
La ambulancia se convertía así en una especie de reloj con ruedas. Cada llamada suponía un nuevo desplazamiento y cada segundo contaba. El jugador tenía que recoger al paciente y regresar al hospital sin que el vehículo sufriera demasiado daño y sin que se agotara el tiempo. Conforme avanzaban los niveles, la situación se complicaba y lo que inicialmente parecía una tarea sencilla podía convertirse en una auténtica prueba de habilidad.
Incluso existe una ironía interesante en el propio diseño de estas misiones: para conseguir salvar a los pacientes en GTA, el jugador tenía que conducir de una manera que en la vida real sería completamente inaceptable. El juego necesitaba crear tensión y dificultad, por lo que premiaba la velocidad y la capacidad de encontrar rutas alternativas. En el mundo real, una ambulancia también necesita llegar rápidamente a su destino, pero esa rapidez está sometida a normas, protocolos, formación y responsabilidad. No se trata simplemente de conducir más rápido que los demás.
Si Rockstar diseñó una misión con esta misma estructura. El jugador encontraría una ambulancia, subiría al vehículo y recibiría inmediatamente un objetivo en pantalla. Tendría que acudir a un punto determinado, recoger a un herido y llevarlo al hospital.

A partir de ahí comenzaría la habitual carrera contrarreloj: tráfico, obstáculos, vehículos que se cruzan, calles estrechas y un contador que va descendiendo. Pero imaginemos que, en lugar de completar la misión, el jugador golpeara una motocicleta, abandonara la ambulancia, saliera corriendo y terminara enfrentándose a la policía. En el universo de GTA, probablemente aparecerían las estrellas de búsqueda y comenzaría otra misión completamente distinta: escapar de los agentes. La vida real, sin embargo, no convierte automáticamente una situación peligrosa en una nueva misión con una recompensa al final. Y eso es lo que hace tan extraña esta noticia: parece que alguien hubiera mezclado dos tipos diferentes de misiones de GTA. Primero aparece la ambulancia, después el accidente, posteriormente la huida y finalmente la persecución policial. La única diferencia —y es una diferencia enorme— es que aquí no había un mando en manos de un jugador ni un mundo virtual preparado para absorber las consecuencias.
De GTA a El fugitivo: cuando una ambulancia se convierte en vehículo de escape

Una coincidencia cinematográfica todavía más curiosa
La noticia del conductor de una ambulancia detenido en Santander después de un accidente y una posterior huida también recuerda inevitablemente a una de las escenas más conocidas de El fugitivo, la película de 1993 protagonizada por Harrison Ford. En ella, el doctor Richard Kimble, después de convertirse injustamente en sospechoso del asesinato de su esposa, se encuentra perseguido por las autoridades y necesita escapar para continuar buscando al verdadero responsable. En uno de los momentos más recordados de su huida, Kimble termina utilizando una ambulancia como medio de escape.
La comparación resulta especialmente curiosa porque en los tres casos aparece el mismo elemento: una ambulancia que deja de cumplir temporalmente su función habitual y pasa a formar parte de una situación de persecución y huida. Evidentemente, las circunstancias son completamente diferentes. En El fugitivo estamos ante una obra de ficción y Kimble es un hombre que intenta demostrar su inocencia; en GTA se trata de una mecánica de videojuego; mientras que el caso de Santander es un suceso real investigado por la Policía Local. Pero precisamente esa coincidencia convierte la noticia en una situación que parece reunir elementos de una película y de un videojuego.
La famosa huida de El fugitivo
En El fugitivo, Richard Kimble se encuentra en una situación desesperada. Después de escapar de la custodia policial, tiene que moverse por la ciudad sin ser localizado mientras intenta reconstruir lo sucedido y encontrar pruebas que permitan demostrar quién asesinó realmente a su esposa. La película convierte la huida en una sucesión de desplazamientos improvisados, escondites y cambios de identidad. La utilización de una ambulancia encaja perfectamente con esa lógica. Para alguien que está siendo perseguido, un vehículo sanitario puede convertirse en un medio particularmente útil para abandonar una zona sin llamar inmediatamente la atención, especialmente dentro del contexto de una película en la que el protagonista necesita desaparecer entre el movimiento habitual de una gran ciudad. La ambulancia deja así de ser simplemente un vehículo sanitario y se convierte, durante unos instantes, en una pieza más de la persecución.

La escena funciona cinematográficamente porque altera completamente el significado habitual del vehículo. El espectador está acostumbrado a asociar una ambulancia con una emergencia médica, un hospital y personal sanitario. De repente, la película utiliza ese mismo vehículo dentro de una persecución. Esa transformación es muy parecida a lo que ocurre en GTA, donde un vehículo que normalmente tendría una función concreta dentro de la ciudad puede convertirse en una herramienta para el jugador.
La diferencia fundamental con el caso de Santander
La comparación con la noticia de Santander tiene, sin embargo, un límite muy importante. En El fugitivo, la utilización de la ambulancia forma parte de una trama de ficción en la que el protagonista intenta escapar de una persecución policial mientras trata de demostrar que es inocente. No existe un accidente real ni una persona ajena a la historia que pueda resultar herida como consecuencia de la escena.
En Santander, según la información publicada por Ifomo, la situación fue completamente distinta: una ambulancia habría golpeado a una motocicleta que estaba saliendo de un estacionamiento, provocando la caída del motorista, y posteriormente el conductor habría abandonado el lugar. Los agentes terminaron localizándolo y deteniéndolo después de una persecución a pie. Posteriormente, según la misma información, dio positivo en alcohol y en cocaína y cannabis.
Por eso la comparación funciona como referencia cinematográfica, pero no como una equiparación de las situaciones. El protagonista de El fugitivo utiliza una ambulancia dentro de una situación extrema de ficción; el episodio de Santander tuvo consecuencias reales y está relacionado con una investigación policial.

Tres ambulancias robadas y tres historias completamente diferentes
Lo curioso es que podemos establecer una especie de triángulo entre la noticia, la película y el videojuego. En GTA, la ambulancia es un vehículo que el jugador puede utilizar para iniciar las misiones de paramédico. En El fugitivo, una ambulancia se convierte en un recurso para escapar durante una persecución. Y en Santander, una ambulancia aparece en el centro de un suceso real que terminó con un accidente, una fuga y una detención.
Es casi como si fueran tres versiones del mismo elemento narrativo. En el videojuego, la ambulancia sirve para realizar misiones; en el cine, para escapar; y en la realidad, su utilización indebida puede provocar precisamente aquello que una ambulancia está destinada a evitar: que alguien termine necesitando asistencia médica.
Esta coincidencia explica por qué la noticia puede provocar inmediatamente la asociación con la cultura popular. No es simplemente que haya una ambulancia involucrada en un accidente. Es que después aparecen otros elementos que reconocemos perfectamente del cine y los videojuegos: una fuga, una persecución policial, un vehículo abandonado y un sospechoso que intenta escapar a pie.
La ambulancia como símbolo de una persecución
Tanto El fugitivo como GTA entienden muy bien algo que también ocurre en el cine de acción: un vehículo reconocible puede convertirse en un recurso narrativo extraordinariamente potente. Una ambulancia no necesita ninguna explicación para que el espectador sepa inmediatamente qué representa. Cuando aparecen las luces, las sirenas y el característico vehículo blanco, sabemos que hay una emergencia.
Precisamente por eso resulta tan efectivo utilizarla al revés. En El fugitivo, el vehículo sanitario deja momentáneamente de representar la asistencia médica para convertirse en parte de la huida. En GTA, deja de ser un simple elemento del tráfico urbano para convertirse en el punto de partida de una actividad secundaria. Y en una noticia como la de Santander, esa inversión resulta todavía más chocante porque estamos viendo un vehículo asociado a la emergencia sanitaria involucrado en una situación que, por sus circunstancias, podría perfectamente formar parte del guion de un thriller.

En una película de acción, esa sucesión de acontecimientos podría ser el comienzo de una persecución mucho más larga. En El fugitivo, precisamente, la utilización de una ambulancia forma parte de una trama en la que cada desplazamiento del protagonista tiene como objetivo mantenerse con vida y evitar ser capturado mientras investiga el crimen que se le atribuye. La diferencia es que allí todo está construido para provocar tensión en el espectador. En Santander, en cambio, no había guion ni especialistas ni posibilidad de repetir la escena si algo salía mal.
Y quizá ahí esté la ironía más grande de todas: la realidad puede producir situaciones que parecen sacadas de una película, pero las consecuencias reales son mucho menos divertidas que las de una pantalla de cine.
De Richard Kimble a una persecución real
En el caso de Santander, según la información difundida, el conductor no llegó a protagonizar una persecución cinematográfica con la ambulancia propiamente dicha. Fue localizado después y, al salir del vehículo, emprendió la huida a pie. Pero el simple hecho de que una ambulancia esté en el centro de una secuencia que incluye accidente, abandono del vehículo, fuga y persecución policial hace que la comparación con El fugitivo resulte especialmente inevitable.
Así, si GTA aporta el recuerdo de aquellas misiones en las que una ambulancia podía convertirse en protagonista de una actividad contrarreloj y El fugitivo aporta la imagen del vehículo sanitario utilizado dentro de una huida, el suceso de Santander reúne algunos de esos ingredientes en el mundo real.
Por suerte o por desgracia, en la vida real no hay puntos, no hay pantalla de «misión completada» y, sobre todo, no existe un botón para reiniciar la partida.
El Fugitivo: un accidente que no desapareció cuando terminó la película
Lo verdaderamente peculiar de esta localización es que no estamos simplemente ante un lugar donde se rodó una escena. En muchas películas, una vez terminado el rodaje, los decorados desaparecen, las calles recuperan su aspecto normal y los vehículos utilizados regresan a los almacenes de la productora.

Aquí sucedió exactamente lo contrario. La producción creó un accidente ferroviario ficticio y, una vez terminado el rodaje, el escenario permaneció físicamente en el lugar. De esta manera, cualquier persona que visite la zona años después puede encontrarse con algo que parece una catástrofe ferroviaria congelada en el tiempo. Eso convierte la localización en algo particularmente interesante para los aficionados al cine. No hace falta imaginar cómo era el escenario durante el rodaje porque una parte importante de él continúa allí. Las locomotoras, los restos de los autobuses y la disposición general del accidente permiten hacerse una idea bastante aproximada de la magnitud de la secuencia.
Una escena de cine que todavía puede visitarse
La localización de Sylva constituye, en definitiva, uno de esos ejemplos extraordinarios en los que Hollywood deja una huella permanente en el paisaje. El accidente ferroviario de El fugitivo fue concebido para durar unos minutos en la pantalla, pero los restos utilizados para construirlo terminaron sobreviviendo durante muchos años en Carolina del Norte. Quien conozca la película puede contemplar allí las locomotoras y los restos de los vehículos y reconocer el escenario de la espectacular fuga de Richard Kimble. Quien no la haya visto probablemente se preguntará inicialmente qué clase de accidente pudo provocar semejante desastre.
Y quizá esa sea la mejor prueba de que el trabajo de los responsables de efectos y producción consiguió su objetivo: crear un accidente ficticio tan convincente que, décadas después, sus restos siguen pareciendo el escenario de una tragedia real.



























