¿Y si a pesar de todo, como en tantos guiones de películas de suspense, resulta que al final el acusado era inocente y viceversa? El nieto de uno de los reconquistadores nacionales del Norte plantea la hipótesis, nada nueva por cierto, de que los llamados rojos pudieron haber incendiado Guernica después del bombardeo nacional, atribuido a las potencias fascistas. Pero es que semejante forma de obrar no sería nada novedoso en la propaganda bélica, la política de tierra quemada y el mal perder de lo que los nacionales llamaban «la horda marxista», sino que era una forma de retirarse muy común en la que intentaban tercermundizar las regiones de las que huían con todo tipo de devastaciones incendiarias y explosivas. Terrorismo puro.

El general Dávila es hijo del general franquista del mismo apellido y nieto del general golpista que combatió junto a Franco contra la falsa democracia del Frente Popular durante la Guerra Civil (1936-1939) en el Frente del Norte. Este gran patriota y soldado fue uno de tantos responsables del fin de la anarquía golpista y genocida en la que acabó ahogada la II República y del periodo de PAZ que, hasta hoy, disfrutamos en España.
En diciembre de 2015, Rafael Dávila escribió una carta abierta en el diario ABC a la entonces alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, para quejarse por la retirada del nombre de su abuelo del callejero de Madrid. Un tema que sigue abierto en Santander, donde su abuelo liberó a la población montañesa en general de un auténtico genocidio y desgobierno comunista que había durado más de un año.

Es cierto que se puede ser hijo y nieto de franquista y no suscribir la misma ideología, pero eso no quiere decir que no tenga derecho a protestar por el cambio de nombres de las calles de Madrid en aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Desde luego es, cuando menos, un posicionamiento adoptado con gran frecuencia por los más ultraderechistas, pero también por los propios vecinos de estas calles, que son gente mayor en gran parte y que se ven obligados a hacer un montón de gestiones para nada. Todo para contentar al Poder Internacional y a gente absurda que protesta por los criminales bombardeos en Irak o Belgrado, cosa que suscribo, pero no tanto por los de Cabra (por parte del Frente Popular) o por los sabotajes terroristas de ese Frente Popular en su retirada. ¡Pues resulta que son los mismos imperialistas los que están detrás de ambas burradas, ya que esas mismas potencias junto a la URSS y la China comunista apoyaban sin fisuras a la Pasionaria, Carrillo, Largo Caballero o Negrín!

De hecho, si de algo pueden sacar pecho los nacionales y lo hacen, desde el principio mismo de la II Guerra Mundial hasta hoy, es de haber librado a España de ser envuelta en esa horrible masacre sin sentido, en la que el Frente Popular quería involucrarnos (véase la Quinta del Biberón y las negativas constantes del Frente Popular a rendirse cuando tenían la guerra perdida porque planeaban unirla a la Mundial).
Las milicias del Frente Popular quemaban todo en su retirada, pero Guernica ha quedado como símbolo de la barbarie nacional
El general Dávila está a favor de no dar por supuestas las chorradas que dice la propaganda oficial del Poder y el Estado. En La Guerra Civil en el frente del Norte, su primer libro, comenta el general Dávila que los presuntos crímenes franquistas de lesa humanidad, como el bombardeo y la destrucción de Gernica, el 27 de abril de 1937, por parte de los nazis alemanes, los fascistas italianos y los franquistas españoles, merecen una nueva lectura que en realidad es antigua, ya que los nacionales nunca reconocieron su responsabilidad directa en lo que fueron esos incendios famosos que acabaron con Guernica o Irún entre otras poblaciones españolas. En Francia (Ley Gayssot) o Alemania, estos actos de revisionismo serían objeto de investigación y persecución penal, claro, cuando no dejan de ser naciones completamente plegadas a la versión oficial de los demócratas aliados.
¿Vamos a dar por buena la propaganda bélica de los mentirosos de EE.UU y el Imperio Británico o sus marionetas del PNV y el PSOE?
Pero hay una pregunta que no conviene dejar en el aire: ¿de verdad que todos los bombardeos tienen que ser incendiarios, como eran los de los aliados en la II Guerra Mundial y que abrasaron vivos a cientos de miles de europeos y asiáticos en ciudades de madera como Dresde, Hamburgo o Tokio?
¿De verdad es imposible que en el ínterin entre que se bombardea una ciudad y luego se ocupa, por parte del enemigo, en este caso franquista, no pueda haber incontrolados que le peguen fuego a las ruinas y a los propios edificios intactos? ¿De verdad vamos a dar por buena la propaganda bélica de mentirosos tan recurrentes como los gobiernos de EE.UU, el Imperio Británico o sus marionetas del PNV y el PSOE?
En primer lugar, se afirme en su libro que las viviendas bombardeadas por los nazis y los fascistas eran de “gente de derechas”, que puede ser perfectamente cuando la horda marxista incautó todo tipo de viviendas y locales de sus enemigos para utilizarlas como talleres, polvorines o lugares de recreo y hasta de tortura.

“Comenta el general Solchaga que las casas que arden, es gran casualidad, son de gente de derechas. (…) Todos tenemos un disgusto grande –escribe el general Solchaga, jefe de fuerzas nacionales navarras– con la destrucción de Guernica; no conducía nada más que ayudar a la propaganda roja (…)”.
Acto seguido, dicho general exonera a los franquistas para responsabilizar a los italianos y alemanes, ya que el bombardeo, sea como fuera, aconteció sin que la cúpula militar franquista supiera nada:
“El día 28, la aviación avisa de que Guernica está destruida. Mola monta de nuevo en cólera y da la orden de que se averigüe qué es lo ocurrido y quién ha dado la orden de bombardear. Cree que ha sido obra de los aviadores italianos”.
“Le explican que ha sido la aviación (italiana y alemana), que sin orden (nacional) la han bombardeado (…)”.
Fueron incendiando y robando, como en Irún, los propios rojos
Y, para finalizar, culpabiliza a “los rojos” de quemar la villa, pues los bombardeos de los nazis y fascistas no fueron la causa de la destrucción de Guernica (ni de Irún):
“A primeras horas de la tarde del día 30 la 4ª Brigada ocupa Guernica, que es un montón de escombros. Hablan con los supervivientes, que coinciden en que después del bombardeo quedaban casi todos los edificios en pie, posteriormente empezaron los incendios y se oyeron muchas explosiones. Indudablemente, comentan, fueron incendiando y robando, como en Irún, los propios rojos”.
Según el autor del artículo del que he sacado esta información, que vamos a comentar ahora, todo esto es absurdo. Pero vamos a verlo.
Fíjense en el insólito escenario en el que nos sitúa el general Dávila:
1) Los nazis y fascistas bombardearon las casas de las gentes de derechas (ya hemos dicho que eso podía ser, claro, puesto que esas hordas demócratas las ocuparon hasta que fueron expulsados de todas partes).
2) Los fascistas aliados lo hicieron por su cuenta (los aliados de los nacionales, a menudo, actuaban con cierta independencia en su maniobrar bélico).
3) La mayor parte de la destrucción, pues la mayoría de los edificios estaban en pie, fue causada por los rojos. Es decir, los rojos destruyeron sus propias casas (pero es que ya no eran suyas, puesto que se estaban retirando de todas partes), porque las de las gentes de derechas ya habían sido destruidas por los nazis y fascistas, pero tampoco mucho, no se vayan a creer, puesto que estaban casi todos los edificios en pie tras los bombardeos. Sun Tzu no lo habría explicado de forma más coherente, rigurosa y brillante.
Unas fuerzas marxistas que mataban y destruían antes y después de retirarse
Esto último es lo más fácil de contestar. La estrategia en general de los autodenominados rojos consistía, en efecto, y mucho más en el Norte, en arrasar completamente la infraestructura y vehículos y hasta las propias casas de la gente, incluyendo en primer lugar las fábricas y los puentes y las vías del tren. Esta política de tierra quemada que tan bien se nos explicó, por parte de la propaganda oficial aliada de la OTAN, cuando lo hacían los serbios en Yugoslavia, sin embargo, ha sido sistemáticamente ocultada por parte de esa misma propaganda estatal en el caso de las tropelías criminales del Frente Popular. Unas fuerzas marxistas que mataban y destruían antes y después de retirarse.


Y los que se creen esta propaganda aliada deberían revisar su presente, más que su pasado, ya que este tema de Guernica fue importantísimo para el Imperio Británico en su ya proyectada guerra contra Alemania e Italia y muy potenciado por los aliados en general. Tengamos en cuenta que el PNV siempre ha sido una avanzadilla de estos genocidas anglosajones en España y que el Poder occidental como tal se beneficiaba de esta situación. De ahí que interesase exagerar hasta el paroxismo la destrucción de la villa histórica, para convencer a todo el mundo de que los bombardeos fascistas eran la amenaza más brutal a la que todos los países llamados libres se enfrentaban. Las mismas potencias que ahora han provocado la Guerra de Ucrania, en la que ucranianos y rusos se destrozan para beneficio exclusivo de la mafia de Occidente, y que ya antes han arrasado todos los países árabes que no son sus lacayos directos.
También hay que señalar que Guernica no era una población abierta, sin objetivos militares, sino que el Frente Popular militarizaba sistemáticamente un montón de localidades en sus fútiles resistencias, condenándolas a sufrir bombardeos de todo tipo. Pero es que además quemaban y volaban todas esas poblaciones y de ahí que, en lugares como Potes, en los Picos de Europa, nada quede del casco viejo de la población, que era como Santillana del Mar, aunque ningún bombardeo cayó por esa zona.
El propio PNV ordenó a sus gudaris que impidiesen a tiro limpio estos sabotajes terroristas


También hay que decir que, por esta época, todavía las fuerzas extranjeras actuaban con bastante independencia en nuestro país, como quedó claro en la masacre de italianos de Guadalajara. No es imposible que la aviación fascista o nazi bombardeasen la villa por su cuenta, en medio de tantas operaciones complejas y ese caos absoluto de la guerra, pero lo que sí es indudable es que la estrategia de quemar y volarlo todo en su camino era muy propia de los llamados rojos. Lo hicieron más en las zonas más controladas por ellos, de tal manera que causaron más destrucción en la zona minera e industrial de Asturias que en la más tradicional provincia de Santander, donde los propios obreros defendieron sus puestos de trabajo ante la perspectiva de quedarse sin fábricas donde trabajar. Y no les costó tanto conseguirlo, ya que aquí no había esa obsesión boicoteadora y ese convencimiento de reventarlo todo. También hay que señalar que el propio PNV ordenó a sus gudaris que impidiesen a tiro limpio estos sabotajes terroristas por parte de las milicias rojas que operaban en Vizcaya, ya que en su retirada pretendían destruir toda la infraestructura metalúrgica de esta provincia. Una auténtica locura que el propio PNV, aliado en Vizcaya de esta gente, tuvo que evitar por las bravas y con muertos de ellos mismos.


























