La inexplicable negligencia del caso de la desaparición de Francisca Cadenas en Extremadura es para llevarse las manos a la cabeza. ¿Es posible que los hijos de esta señora señalasen desde un principio a unos potenciales responsables de la desaparición y que la Guardia Civil allanase la vivienda en cuestión sin que se pudiera sacar ninguna evidencia de lo que había enterrado en el patio? Mientras nos entretenemos con debates absurdos sobre presuntos servicios públicos que el Estado no tiene por qué suministrar a cambio de robarnos prácticamente la totalidad de lo que ganamos, lo que en realidad tiene que hacer el Estado, que es garantizarnos nuestra paz y nuestra seguridad, pues resulta que no les sale bien.
Hasta el más idiota sabe que cuando se produce una desaparición lo primero que hay que hacer es empezar desde el último oficio en el que fue vista la persona hacia adelante y tratar de hacer una labor de información e inteligencia que tiene que ser intensiva en las primeras horas o minutos después de detectarse la desaparición de esa persona. No es lo que ha sucedido precisamente en el caso de Francisca Cadenas, tal y como sus hijos se han empeñado en repetir durante años. Y no es que les hayan hecho demasiado caso en todo este tiempo. Pasadas las fundamentales horas o minutos iniciales se pierde tal cantidad de información y de pistas y de datos que ya es muy difícil trabajar sobre ese caso por mucho que se ponga con ello la UCO o quien sea.
La UCO son además medio millar de hombres y mujeres muy preparados pero que resultan muy escasos para la enorme cantidad de casos abiertos que tienen mientras siguen llegando más. Son el personal más experto y son la élite de la policía a nivel mundial, sin exageraciones, pero carecen del personal y de los medios que harían falta para su importantísima tarea. Y esto no es porque sí. Ni Zapatero ni Rajoy ni ningún presidente del Gobierno va a permitir nunca, ni tampoco el jefe del Estado, que una unidad tan profesional y se encuentre mínimamente desahogada en tiempo y recursos como para afrontar una investigación que les afecte a ellos y a sus partiditos y sus trapisondas.
Eso y no ninguna otra razón es lo que ha pesado sobre las noches sin dormir y la muerte en vida que ha supuesto para esta familia extremeña el hecho de no saber qué había pasado con su madre, aunque lógicamente se lo podían imaginar.
En esas horas en las que no se entra en ningún domicilio sospechoso del pueblo es cuando los que hicieron desaparecer a mi madre tuvieron todo el tiempo del mundo para realizar esa tarea. Se tardó muchísimo en actuar y la unidad local de la Guardia Civil es pequeña y tiene mucho trabajo. También os digo que el denominador en común de todas las personas que fueron investigadas en su día es que ya no viven en el pueblo. Una situación muy sospechosa si lo piensas bien. Y al parecer la sospechas se han confirmado después de nueve años de angustia sin sentido y sin razón. Por qué no se les apretó más las tuercas a estas personas mucho antes para evitarle a la familia toda esta innecesaria angustia durante tanto tiempo mientras ya se hacían a la idea de que el caso iba a quedar impune y sin establecer y con el cuerpo sin descubrirse jamás?
Queda también por saber lo más importante: por qué matar a una persona común y sencilla y que no se metía con nadie como esta ama de casa, la cual parecería ser la última potencial víctima de ninguna situación violenta. No tiene mucho sentido a priori hasta que nos expliquen alguna posible razón.



























