La plaga de hurtos en Santander es un problema de impunidad estatal que pagamos todos. Que nadie lo dude: no son personas hambrientas y necesitadas los que hacen estas cosas. En un primer caso que os iba a contar, unos jóvenes grabaron en directo como cierto personaje salía corriendo con productos del Lupa sin pagar en la cuesta de Acevedos. Y apenas me iba a sentar para escribir sobre este tema cuando en menos de 24 horas me topo con la imagen de la portada: unos policías atendiendo a una trabajadora de Lupa que sin duda alguna ha tenido (es aburrido ya el tema) algún tipo de experiencia de este tipo en la tienda que está allí mismo, junto a Cuatro Caminos.

Evita los problemas de seguridad con una mejor gestión integral de tu negocio.
En el vídeo que os comentaba en el primer caso se ve al delincuente con la cara pixelada, porque los delincuentes son los únicos que tienen verdaderos derechos aquí, pero suponemos que la policía ya cuenta con el careto de este individuo cuyas fechorías siempre tenemos que pagar los demás. Porque el aumento de las ocupaciones y de la delincuencia y de todo esto al final encarece la producción y la venta y los alquileres de absolutamente todo y nos toca pagarlo a los idiotas que cumplimos las normas y nos portamos como Dios manda.
Como nos dice un trabajador de una cadena de supermercados locales, frecuentemente saqueados por estos chorizos:
En parte, la pérdida al final repercute en todos. Por eso tendría que hacer un rechazo social total con el lumpen que roba en los negocios locales

Se nos pretende convencer de que el crimen y el tener la cara más dura que el asfalto puede ser justificado
Digo esto último porque hay mucha gente que intenta justificar lo injustificable, aunque cada vez somos más los que nos damos cuenta del tremendo problema que tenemos en esta sociedad idiotizada en la que se nos pretende convencer de que el crimen y el tener la cara más dura que el asfalto puede ser justificado de ninguna manera. Ya estamos viendo cómo la falsa protesta de todos esos inconscientes «espontáneos» (con el permiso estatal correspondiente), que dicen que les tienen que regalar una vivienda o ponérsela al precio que ellos quieran, no está siendo seguida por una gran mayoría de la población que no se cree ya esos cuentos bolcheviques de Las mil y una noches. Cuanto más se regule un mercado más difícil será comprar ni alquilar nada y más caro y más complicado y más todo, que ya lo es, por culpa de estas «medidas protectoras y reguladoras».
La impunidad frente a tantas situaciones ilícitas es la norma y el caldo de cultivo en el que se desarrolla la plaga de la delincuencia y ocurre que si no se corta este mal de raíz en las cosas pequeñas los criminales rara vez cambian por sí mismos y pueden incluso escalar a delitos mucho más graves. Es lo que se llama una carrera delictiva, de la cual tenemos un ejemplo muy olvidado y muy curioso en una persona que se llamaba Primitivo y que era un reputado chorizo y hasta asesino y escapista profesional de las cárceles españolas en el siglo XIX. Como nadie le paró los pies a tiempo se pasó la vida entera cometiendo delitos e incluso llegando a matar a un pobre trabajador en una riña tabernera. Fue tan larga su trayectoria delincuencial que empezó cuando era un muchacho y mucho antes de la explosión del Machichaco en Santander y terminó siendo ya el hombre muy mayor y ya en pleno Franquismo.
Una gran parte de estos elementos están adictos al alcohol o a las drogas o al juego o a cualquier cosa menos a llevar una vida normal
Pero es una de tantas historias que nos demuestran que de toda la vida el crimen ha sido un problema que se debe afrontar desde los inicios de esta carrera criminal y sobre todo centrándose en las personas más jóvenes que tienen toda una vida por delante que no pueden dedicar a perjudicar a los demás. En la actual sensación de inseguridad ciudadana total y donde se considera normal la ocupación de viviendas o cualquier tipo de estafas y perjuicios que se causan a diario no podemos permitir que esta plaga delictiva siga descontrolada y siempre con ese concepto de impunidad en el ambiente. Es que es lógico que se lancen a cometer todo tipo de tropelías cuando además una gran parte de estos elementos están adictos al alcohol o a las drogas o al juego o a cualquier cosa menos a llevar una vida normal y ordenada y de trabajo y de responsabilidad.
Y esto no tiene nada que ver con ninguna inmigración como tal, sino con la gestión de un montón de situaciones y de los inmigrantes son estos son los que quieren que haya un control efectivo de la delincuencia y de esta anarquía criminal que reina en nuestra sociedad actual.

Es una escena recurrente y cada vez más aburrida por su repetición en todas partes y en concreto en Santander, ciudad antaño segura y tranquila que por desgracia está degenerando rápidamente. Todo por culpa de unas autoridades que solamente se preocupan de controlarnos fiscalmente a los que hacemos las cosas bien y empezando por un ayuntamiento rapiñador al que no le interesa que la calle esté limpia y transitable en todos los aspectos. Con una sensación de inseguridad y de impunidad en el ambiente que favorecen el inicio y el desarrollo de muchas carreras delincuenciales de muchas personas que no tienen otra cosa que hacer durante el día que drogarse y beber y robar todo lo que puedan si es que no cometen delitos más graves.
Un psicólogo en Torrelavega nos comenta su visión del problema de fondo en las adicciones
Las adicciones pueden llegar a convertirse en uno de los problemas más difíciles de afrontar tanto para la persona que las padece como para su entorno más cercano. Aunque habitualmente se relacionan con el consumo de alcohol o drogas, existen también adicciones vinculadas a determinadas conductas, como el juego, las compras, internet, el teléfono móvil u otras actividades que terminan ocupando un espacio excesivo en la vida cotidiana. Desde la perspectiva de un psicólogo en Torrelavega como Ricardo, comprender los mecanismos que hay detrás de una adicción es fundamental para dejar de verla únicamente como una falta de voluntad y empezar a abordarla como un problema que puede necesitar atención profesional.
Uno de los principales efectos de las adicciones es la pérdida progresiva de control. Al principio, la persona puede considerar que consume una sustancia o realiza determinada actividad porque quiere, porque le proporciona placer o porque le ayuda a desconectar de los problemas cotidianos. Sin embargo, con el tiempo puede aparecer una necesidad cada vez mayor de repetir esa conducta, incluso cuando empiezan a surgir consecuencias negativas. La persona puede intentar reducir el consumo o dejar de realizar determinada actividad y descubrir que le resulta mucho más complicado de lo que esperaba. Esa sensación de no poder controlar algo que inicialmente parecía voluntario puede generar frustración, culpa, ansiedad y una importante pérdida de autoestima.
Psicólogo en Torrelavega nos cuenta las consecuencias psicológicas de una adicción
Las repercusiones psicológicas pueden ser especialmente importantes. Una persona atrapada en una conducta adictiva puede comenzar a pensar constantemente en cuándo volverá a consumir, jugar, comprar, utilizar el móvil o realizar aquello que se ha convertido en el centro de su comportamiento. Poco a poco, otras actividades que anteriormente proporcionaban satisfacción pueden perder interés y la vida comienza a organizarse alrededor de la adicción. También pueden aparecer cambios de humor, irritabilidad, ansiedad, sentimientos de culpa, aislamiento y dificultades para concentrarse. En algunos casos, la persona utiliza la propia conducta adictiva como una forma de escapar temporalmente de emociones desagradables, preocupaciones o conflictos personales. El problema es que ese alivio suele ser temporal y puede terminar generando un círculo difícil de romper: aparece malestar, se recurre a la conducta adictiva para aliviarlo, posteriormente aparecen nuevas consecuencias negativas y esas consecuencias generan todavía más malestar.
Ricardo es un psicólogo en Torrelavega. Nos cuenta que se puede abordar precisamente esa relación entre las emociones, los pensamientos y las conductas que mantienen el problema. No se trata únicamente de intentar eliminar una conducta de manera aislada, sino de comprender qué está ocurriendo y desarrollar recursos diferentes para afrontar las situaciones que anteriormente desencadenaban el comportamiento adictivo.
Como suele suceder, el Ayuntamiento le echa la culpa a la Delegación del Gobierno y viceversa
Como suele suceder, el Ayuntamiento le echa la culpa a la Delegación del Gobierno y viceversa y se pasan la vida acusándose unos a otros y pasándose la pelota mientras sospechosamente se ponen de acuerdo para saquear a mansalva al ciudadano español que sí que trabaja y que cumple las normas de convivencia y aporta a la sociedad. Para esto sirve tener tantas administraciones: no para dar mejor servicio y más cercano al ciudadano, como ellos dicen, sino para tener más justificación para robarnos más por medio de sus malditos impuestos y sanciones mientras hay personas que viven completamente al margen de la ley y de todo y nosotros tenemos que aguantarles porque es lo que hay: ocupas y delincuentes en general y gente que ocupa literalmente la calle para cualquier fin que no sea el estar transitando, que es para lo que está la calle realmente.
La calle no es un sitio en el que vivir y dormir y emborracharse y montar asambleas de perroflautas ni tampoco es el cuartel general de bandas de chorizos indocumentados que se dedican a mangar lo que pueden y luego revenderlo por ahí para gastárselo en drogas y alcohol. Y de paso también se dan una vuelta por las parroquias del centro a ver si pueden robar a alguien más y meter la mano hasta en el cepillo de los pobres.
Auténtico incivismo por parte de personas que viven literalmente en campamentos urbanos
Por si fuera poco, el ambiente generalizado que hay de auténtico incivismo por parte de personas que viven literalmente en campamentos urbanos que montan por cualquier sitio sin que nadie les indique lo contrario es impresionante. Las personas en situación de calle no necesitan vivir en la calle para estar felices y contentas y no es ninguna forma de ayudarles el darles dinero ni el permitirles dormir en donde quieran y hacer lo que les dé la gana en los espacios públicos. Y lo mismo se puede decir de esas personas tan originales que cada cierto tiempo salen a hacer protestas que pueden ser permanentes en el caso de campamentos supuestamente espontáneos e improvisados. La sensación general que deja todo esto es que todo el mundo podemos hacer lo que nos dé la gana y cuando nos dé la gana siempre que caigamos simpáticos al poder de alguna forma, pero precisamente porque son espacios públicos y son de todos nadie puede monopolizarlos y mucho menos de forma permanente sin pedir ningún tipo de permiso y haciendo lo que les da la gana en todo momento.
En este ambiente generalizado de lumpen y hábitos tóxicos y utilización incorrecta de lo que no es de uno mismo se ve alentada la delincuencia común que sufrimos todos los días en todas partes. Siempre con ese mantra de que el que roba lo hace para poder sobrevivir además el que es robado se lo merece porque es un capitalista o porque es una cadena de supermercados o por cualquier otra falacia de éstas. Pero lo que está demostradísimo es que existe una verdadera mafia organizada de hurtos de todo tipo de productos que luego se venden en el mercado negro, con el correspondiente beneficio monetario para los supuestos «pobres» ladrones que realizan estas faenas casi impunemente.
Una adicción también afecta a la familia
Los efectos de una adicción rara vez quedan limitados exclusivamente a la persona que la padece. Las relaciones familiares pueden deteriorarse progresivamente cuando aparecen discusiones, mentiras, ocultación de información, problemas económicos, incumplimiento de responsabilidades o cambios importantes en la personalidad y en el comportamiento. Las personas cercanas pueden sentirse preocupadas, impotentes o incluso responsables de una situación que en realidad necesita ser abordada desde una perspectiva profesional.

La convivencia puede hacerse especialmente complicada cuando la familia intenta ayudar pero no sabe cómo hacerlo. En ocasiones se producen enfrentamientos constantes y, en otras, los familiares terminan justificando determinados comportamientos con la intención de proteger a la persona afectada. Por este motivo, la intervención psicológica puede ser útil no solamente para quien presenta la adicción, sino también para orientar a su entorno sobre la manera más adecuada de afrontar el problema.
Las adicciones pueden afectar al trabajo y a la vida social
Otro de los efectos frecuentes es el deterioro progresivo de diferentes áreas de la vida. Las dificultades para concentrarse, la falta de descanso, los cambios de horarios o la preocupación constante por la conducta adictiva pueden terminar afectando al rendimiento académico o laboral. En determinadas situaciones también pueden aparecer problemas económicos, especialmente cuando existe una adicción relacionada con el juego o las compras.
La vida social también puede reducirse considerablemente. La persona puede comenzar a evitar determinadas situaciones para poder mantener su conducta o puede alejarse de familiares y amigos porque siente vergüenza, porque intenta ocultar lo que está sucediendo o porque las relaciones han comenzado a deteriorarse. De esta manera, el aislamiento puede convertirse en otro elemento que mantiene el problema y dificulta todavía más la recuperación.
Pedir ayuda no significa haber fracasado
Uno de los aspectos que más puede retrasar la búsqueda de ayuda es pensar que acudir a un profesional significa reconocer una debilidad. Sin embargo, pedir ayuda cuando una conducta está empezando a escapar al control es precisamente una forma de recuperar capacidad de decisión. Cuanto antes se identifica el problema, más posibilidades existen de trabajar sobre los factores que lo están manteniendo antes de que las consecuencias se extiendan a otras áreas de la vida.
El trabajo de un psicólogo en Torrelavega especializado en este tipo de dificultades puede comenzar con una evaluación individualizada para conocer qué está ocurriendo, desde cuándo existe el problema, qué situaciones lo desencadenan y qué consecuencias está teniendo. A partir de ahí, se pueden establecer estrategias orientadas a modificar los patrones de comportamiento, aprender a gestionar las emociones y prevenir situaciones de recaída.
Cada adicción tiene detrás una historia diferente
No todas las personas desarrollan una adicción por las mismas razones ni todas necesitan exactamente el mismo tratamiento. Puede haber personas que recurran a determinadas sustancias o conductas para afrontar ansiedad, estrés, soledad o problemas personales, mientras que en otros casos pueden existir factores relacionados con el entorno, los hábitos adquiridos o determinadas experiencias vitales. Por eso resulta importante evitar explicaciones demasiado simples.
Ricardo destaca precisamente la importancia de analizar cada situación de manera individual. Detrás de una conducta aparentemente similar pueden existir necesidades emocionales completamente diferentes, y conocerlas permite plantear un proceso de intervención más ajustado a la persona. El objetivo no es únicamente conseguir que desaparezca una conducta problemática, sino favorecer que la persona pueda recuperar progresivamente su autonomía, sus relaciones y aquellas actividades que había ido dejando de lado.
Las adicciones pueden tener consecuencias importantes, pero pedir ayuda a tiempo puede marcar una diferencia considerable. Reconocer que existe un problema, hablar de él sin miedo y contar con el acompañamiento adecuado son pasos fundamentales para comenzar un proceso de cambio. La intervención de un profesional puede proporcionar un espacio seguro para comprender lo que está sucediendo y desarrollar herramientas que permitan recuperar el control sobre la propia vida.
Una historia de violencia de 2020, ya que no estamos ante un problema nuevo

Un joven de 22 años fue detenido por agentes de la Policía Nacional después de protagonizar un atraco en el supermercado Lupa situado en la calle Cisneros de Santander. El arresto no resultó sencillo, ya que el sospechoso reaccionó con una fuerte resistencia cuando fue localizado por los agentes y llegó a sacar un cuchillo durante el forcejeo. Tres policías resultaron heridos antes de que pudieran reducirlo y hacerse con el arma que llevaba consigo. Los hechos se produjeron este miércoles, día 12, cuando P.M.S.C. accedió al establecimiento y se dirigió hacia una de las trabajadoras de las cajas. Según la información facilitada por la Policía Nacional, el joven llevaba un cuchillo de cocina y amenazó con él a la empleada para exigirle que le entregara el dinero disponible en la caja registradora. La cajera se negó a cumplir sus exigencias y el individuo decidió entonces adentrarse en el supermercado.
Una vez en el interior, en lugar de conseguir el dinero que pretendía llevarse, el joven cogió varios productos, entre ellos un paquete de chicles y una caja de latas de cerveza. Poco después abandonó rápidamente el establecimiento y comenzó a alejarse del lugar, mientras la trabajadora daba la voz de alarma y comunicaba a los responsables de seguridad lo que acababa de suceder. La alerta llegó rápidamente al Cimacc, el Centro Inteligente de Mando, Comunicación y Control de la Policía Nacional, desde donde se movilizó a varias patrullas para tratar de localizar al responsable del robo. Cuando los agentes llegaron al supermercado, pudieron recoger el testimonio de la cajera, que todavía se encontraba muy alterada por lo ocurrido. La empleada proporcionó a los policías una descripción del joven, que fue transmitida inmediatamente al resto de las unidades desplegadas por la zona.
La resistencia que ofreció durante el arresto provocó lesiones a tres agentes
Poco después, una patrulla localizó en las inmediaciones a un hombre que coincidía con las características facilitadas por la trabajadora. Además, llevaba consigo un pack de cerveza, lo que reforzó las sospechas de los agentes. Uno de los policías se aproximó al individuo y le ordenó que se detuviera, pero el joven ignoró la indicación y continuó con su actitud de huida. La situación se complicó cuando el sospechoso introdujo una de sus manos en el bolsillo de la cazadora. Los agentes sabían que el autor del atraco podía llevar un arma blanca, por lo que uno de los policías actuó rápidamente para impedir que pudiera utilizarla. El joven intentó resistirse y ambos terminaron en el suelo, iniciándose un intenso forcejeo.
Durante el enfrentamiento, el detenido consiguió empuñar el cuchillo que llevaba oculto en la cazadora, aumentando el riesgo para los agentes. Finalmente, gracias a la intervención del policía, fue posible arrebatarle el arma y reducir al sospechoso. La resistencia que ofreció durante el arresto provocó lesiones a tres de los agentes que participaron en la intervención. El joven, de 22 años, fue finalmente detenido y puesto a disposición de la Policía Nacional, que se hizo cargo de las correspondientes diligencias por los hechos ocurridos en el supermercado de la calle Cisneros. El cuchillo utilizado durante el incidente también fue intervenido por los agentes como parte de las actuaciones posteriores al arresto.


























