¿Hubo un chantaje contra el Banco Santander y Botín que los obligó a vender su sede de Azca en Madrid? Los Botín no ascendieron la escalera del poder, financiero y político (¿alguien piensa que están separados?), sin incurrir en algunos tropiezos importantes que incluso han trascendido a la opinión pública. Sin embargo, como dice el autor Mikel Amigot, cuando se encontraban con que habían pisado alguna trampa o habían dado algún paso en falso, tanto en el mundo de los negocios como de la política o de la mafia (como vamos a ver ahora), no dudaban mucho tiempo en desechar esa senda equivocada y rectificar cuanto antes, minimizando los daños recibidos y cancelando los que podrían venir todavía. Veamos lo que dice Mikel Amigot en su maravilloso libro sobre los Botín:
Así ocurrió en su incursión en el mundo de la industria, saldada con un sonoro fracaso. En cuanto vislumbraban un peligro, rectificaban su actuación. Uno de los episodios más dramáticos, que nunca saltó a la luz pública, fue la venta en diciembre de 1986 del edificio emblemático del Banco Santander en Madrid, la Torre Negra, en el complejo Azca.
El patriarca Botín, abrumado por las circunstancias, cedió la propiedad de la Torre Negra
El financiero italiano Giancarlo Parretti, procesado en medio mundo por fraudes y delitos fiscales y relacionado por muchos con la Mafia, se presentó en el despacho madrileño de don Emilio. Acudía con la intención de obtener la propiedad de la Torre Negra, un edificio de treinta y cinco mil metros cuadrados y diecinueve plantas. Al parecer, Giancarlo Parretti le presionó con hacer públicos determinados informes que tenía sobre el banco. El patriarca Botín, abrumado por las circunstancias, cedió la propiedad de la Torre Negra por una cantidad cercana a los diez mil millones de pesetas. Obviamente, Parretti disponía de antemano de un comprador en la sombra, la sociedad suiza BTK.
Don Emilio, que estaba en vísperas de su jubilación como presidente del Banco Santander, ocultó los términos de esta conversación y se limitó a explicar a sus íntimos que la transacción se debía a que la cifra de compra era muy «buena». «Es como si alguien me da cien por una corbata que me ha costado diez», explicaba ufano. «No dudo ni un segundo en venderla.» A más de un consejero del banco no le satisfizo la explicación. Por más que asintieran, pocos podían entender cómo el banco se había desprendido de su sede; resultaba algo insólito, máxime en un momento en que empezaba a vislumbrarse en España el boom inmobiliario.
¿Una operación que fue presentada como un éxito cuando era un más que presunto chantaje?
Inmediatamente después de la compra, la mencionada firma suiza tuvo que ceder en régimen de alquiler el edificio al propio Banco Santander, que no disponía en Madrid de otra propiedad donde albergar conjuntamente todos aquellos servicios. Esta salida in extremis fue presentada a la opinión pública como una brillante operación de lease-back. «Don Emilio se retira de la presidencia con otra de sus geniales operaciones», dijeron los periódicos.
Cinco años después, en julio de 1991, la prensa especializada publicó una aséptica notita donde se daba cuenta de que «el Banco Santander recompra a Prima el 90 por ciento de la Torre Negra por trece mil cuatrocientos treinta y un millones de pesetas». El hecho pasó desapercibido. Prima, inmobiliaria de KIO que había adquirido el inmueble a BTK, cedía ahora la Torre Negra a los Botín. Se trataba de un amplio acuerdo que incluía también la compra de la sede original del Banco Santander en Madrid, en Alcalá 37. Los banqueros cántabros habían perdido al vender la Torre Negra alrededor de tres mil quinientos millones de pesetas. Un malhadado día de 1986 Parretti se les había cruzado en el camino, y ellos, fieles a su idea de enriquecerse peseta a peseta y sin correr ningún riesgo, prefirieron perder entonces un dinero que más tarde ganarían.


























