Ante las tristezas y frustraciones de este mundo cabe recordar que Dios no nos ha prometido hacernos felices en esta vida, sino en la otra, tal y como le recordó la Virgen de Lourdes a su favorita: la pastorcita Bernardette, pobre y enferma e ignorante donde las hubiera. Numerosas evidencias testimoniales y hasta PRUEBAS CIENTÍFICAS (como los milagros o el torrente que brotó de la nada en la gruta) nos confirman que realmente la Virgen se apareció a esta chiquilla en una cueva en la ribera del río de Lourdes. Pero, ¿cuál es el sentido de todo aquello? ¿Qué significan de verdad las apariciones de Lourdes?
En primer lugar, y para que empecemos a entender un poco la situación desde ANTES de que la Virgen se apareciera en la gruta, es necesario saber que toda esta zona pirenaica estaba pasando por enormes dificultades. La ruina económica del campo, provocada por la Revolución Industrial, se cebaba en los molinos de toda la vida de los cuales vivían familias enteras, como era el caso de Bernardette. Pero lo peor fueron las plagas terribles que mataron a tanta gente y, en concreto, a los más pequeños. Pensemos que solamente uno de los 8 hermanos de Bernardita tuvo descendencia que sobrevivió para dar nietos a los padres de la santa: los demás hermanos murieron niños (4 de los 8 hermanos) y hasta hubo una hermana de Bernardita (la que fue con ella a la gruta) que perdió a sus 6 hijos siendo unas criaturas.

¡Cuántas lágrimas al borde de las cunas y camitas donde los más pequeños agonizaban cuando apenas habían empezado a vivir y a hacer felices a sus padres! ¡Cuánto trabajo para intentar sacar adelante a unos críos que se tenían que incorporar cuanto antes al esfuerzo común familiar por la supervivencia y que sin embargo, morían siendo apenas lactantes o cuando estaban empezando a caminar! De hecho, Bernardita sobrevivió por los pelos, siendo la mayor de los hijos de sus papás, pero quedó marcada para siempre por la enfermedad pulmonar con un asma terrible que la atacó en especial en sus años de monja hasta matarla, con 35 años, después de haber pasado crisis muy fuertes y dolorosas.
Un pueblo que nunca dejó de creer en Dios y en su amada Virgen
¿Sabéis por qué las autoridades de Lourdes no creían a Bernardita desde un principio y se mostraron tan vehementes y severos en reprimir a una adolescente a la que, sin embargo, todo el pueblo común creía y apoyaba? Porque a raíz de esas epidemias se habían multiplicado por la comarca las supersticiones más absurdas, fruto de la desesperación de un pueblo que nunca dejó de creer en Dios y en su amada Virgen:
Si rezas esta oración, o llevas esta estampita de la Milagrosa, tu hijo no morirá de enfermedad pulmonar.
La Iglesia reaccionó con firmeza ante estas manifestaciones desesperadas de la fe, que no tenían tanto que ver con la verdadera fe cristiana: nadie reza o va a Lourdes para curarse de nada y, en todo caso, no es el objetivo último de rezar nada de esto o no debería serlo. ¡Mucho menos puedes garantizar resultados con una oración o una estampita de la Virgen! Por esto luego no creyeron a Bernardita las autoridades, aunque el pueblo ingenuo y desesperado sí la siguió desde el principio: porque las desviaciones de la fe no son buenas para nada y distorsionan nuestra relación con Dios. Pero eran cosas que se hacían sin maldad, más por temor y esperanza, pero también por amor a Dios y a la Virgen. Y, sin embargo, la Virgen estaba escuchando tantas oraciones de sus fieles, bañadas en lágrimas abundantes, que subían hasta el Cielo igual que la bruma pirenaica cuando el sol empieza a calentar y seca un poco la hierba, la tierra y los huesos. Era la hora de Dios para enviar a su favorita y dar una buena dosis de esperanza y renovación de la fe en su versión correcta y por esto se manifestó, sobre todo, en el aspecto de la salud. Parecía como si Dios hubiera escuchado de nuevo los gritos de desesperación de su pueblo en Egipto.

En Lourdes se repiten los milagros y las enseñanzas y señales del Evangelio
Al contrario de lo que nuestros hermanos musulmanes o hasta protestantes cristianos puedan pensar, nuestra devoción por la Virgen no está para nada reñida con el amor y la devoción completa y total que la propia Virgen junto a nosotros siente por Dios mismo. Ella es una intercesora y en todas sus apariciones confirmadas por la Iglesia Católica se repite un mismo patrón evangélico que es ni más ni menos que la repetición pura y simple de lo que Jesús y ella misma hacen en tantas anécdotas maravillosas del Evangelio.
Para empezar, el tema de los milagros está íntimamente relacionado desde un principio con la propia Virgen María, ya que el primer milagro del que tenemos constancia y que es la conversión del agua en vino en las bodas de Caná ocurre con ella como intercesora y hasta promotora del mismo, ya que se ve que insiste a su hijo para que no falte el vino en la celebración. Y esto también es importante decirlo porque el vino tiene un significado único y maravilloso en toda la historia de Jesús, incluso antes de llegar al final de su historia terrena y convertirse en su sangre: el vino es la sangre de todas las fiestas y de todas las celebraciones y nunca puede faltar, en especial cuando estamos en la más grande fiesta que significa el haber tenido a Dios entre nosotros en sus días de vida terrena y poderlo rememorar en la misa. Estamos de fiesta y el vino nos aporta ese toque extra de alegría.
Las curaciones milagrosas ocurren en Lourdes son tan verídicas como que la Ciencia las ha confirmado como inexplicables
La Virgen no quiere que se nos acabe la alegría y por esto le pide a Jesús que haga ese milagro. La alegría es parte importantísima de la vida y Dios es alegría y amor y el vino es un elemento muy importante para simbolizar todo eso. De hecho, una anécdota poco conocida de la Última Cena o ocurre cuando Jesús hace notar a sus discípulos que será la última vez que pruebe el vino, lo que quiere decir que la fiesta se ha terminado por el momento y que ya toca el amargo trago de luchar y sufrir y dar la vida.
También las curaciones milagrosas que ocurren en Lourdes, y que son tan verídicas como que la Ciencia las ha confirmado como inexplicables, no recuerdan a las curaciones que realizó Jesús en persona cuando es Él el que está curando en Lourdes también. Es decir: la Virgen no está usurpando ningún papel que no le corresponda al igual que tampoco Bernardette lo hace. La Virgen es una intermediaria entre nosotros y el Cielo y Bernardita es asímismo la transmisora entre la Virgen y nosotros. Una situación que queda especialmente clara cuando la vidente avisa a sus acompañantes a la gruta, en la segunda aparición:
Querat lo! (¡Ahí está!).
Y añadió:
Os mira y sonríe.
Esto será una constante en las apariciones de Lourdes: la señora se aparece solamente a Bernardita, pero Ella sí y está mirando con una gran ternura a todos y cada uno de los asistentes a su santuario silvestre.

La Virgen nos avisa de los peligros y nos encauza por el buen camino
También la Virgen nos avisa de los peligros y nos encauza por el buen camino. Quiere que vayan a ella en primer lugar los más marginados de la sociedad y los que sufren más, que son los pecadores y los enfermos para empezar. También nos da consuelo y nos advierte que los problemas son pasajeros y que incluso no nos ha prometido la felicidad plena en esta vida sino en la siguiente. Todo esto nos ayuda a vivir mejor la fe y a tener más confianza y a ver mejores el camino que tenemos que seguir, qué es el camino de Dios y, en concreto, tras los pasos de Jesús.

Cuando se dice que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida y que solamente la salvación llegará por medio de El, esto no significa solamente un favoritismo de nuestro Dios Padre por su predilecto, sino que es más que nada para hacernos un favor a los mortales. Porque se da por hecho que si seguimos los pasos de Jesús nos salvaremos inmediatamente y seremos felices durante todo el camino, llenos de verdad y de vida. Es por eso que cuando San Juan Bautista estaba bautizando a su primo en el río Jordán sonó la voz de Dios desde lo alto:
Éste es mi hijo. Mi predilecto. Escuchadlo.
Y no nos está dando una orden. Nos está dando un consejo por nuestra propio bien, igual que hacen todos los buenos padres del mundo con sus hijos. porque nosotros también somos sus hijos y nos ama, pero nos ha antepuesto a un hermano mayor que es mucho más que eso para que nos lleve por el mejor camino y no nos perdamos.
La disciplina como virtud en la Virgen y en Bernardita
Una situación que se repite cuando algunos años después dirá la Virgen a los servidores de la boda de Caná:
Haced lo que Él os diga.
Una sumisión de la Virgen a Dios que dura mucho más tiempo de lo que aparece en la Biblia porque se renueva en las apariciones marianas, en las que además hay seres humanos implicados, como los discípulos en su día, los que seguían a Jesús. Y Bernardita es una seguidora más de Jesús y nada más. Y nada menos. Como así lo hizo constar cuando ya a punto de morir, en el Convento de Nevers, le confesó a una hermana:
¿Ves esa escoba de allí? Cuando la necesitas la utilizas y luego la dejas otra vez en su sitio, ¿no es cierto? Pues lo mismo hizo Nuestra Señora conmigo: me utilizó para una misión y luego me volvió a dejar en mi lugar.
Pero esto no era una queja ni mucho menos. Al contrario: era el reconocimiento de que la habían utilizado para algo muy bueno que a ella misma le había cambiado la vida para siempre. Es una jerarquía de amor y de verdad que funciona perfectamente y sin obligar a nadie a hacer nada. La Virgen es la esclava del Señor y Bernardita también lo es, diciéndole a Jesús en sus oraciones en el lecho de muerte:
Soy toda tuya.
Unas pruebas impresionantes para una niña de 14 años, analfabeta y de una familia marcada por la miseria y hasta por la sospecha
Una actitud de obediencia y fidelidad que se mantuvo en medio de unas pruebas impresionantes para una niña de 14 años, analfabeta y de una familia marcada por la miseria y hasta por la sospecha, ya que su padre había pasado por la cárcel sin haberlo merecido. Recordemos que las más altas autoridades eclesiásticas y, sobre todo, las civiles, la sometieron a unos interrogatorios durísimos (también a su pobre madre) en los que ella se mantuvo firme y solamente lloró al considerar que su familia estaba sufriendo por ese deber sobrenatural que la Virgen le había impuesto. Y siempre dejó claro que volvería a la gruta todas las veces que fuera necesario y que si intentaban detenerla o encerrarla igual intentaría escaparse para acudir con toda la puntualidad a su cita con la hermosa señora.
El obispo de Tarbes no pudo disimular la emoción que tanto a él como a otros eclesiásticos presentes les embargo cuando la niña volvió a repetir en su presencia el gesto de la Virgen al confirmar las palabras del Papa:
Yo soy la Inmaculada Concepción.
Era la confirmación por parte de la Virgen del dogma sobre la Inmaculada que habia promulgado el Papa solamente 4 años antes, tal y como si Dios estuviera manteniendo un diálogo vivo y actualizado con su Iglesia, formada por hombres y dirigida por el Santo Padre. Y el Obispo de Tarbes se rindió al cúmulo de evidencias de las que tanto él como el párroco de Lourdes, el padre Peyramale, se habían reído en su momento, sin querer hacer daño, pero por haber considerado en un principio que todo era una alucinación o cualquier situación falsa.
¿Han oído ustedes a esta niña?
Dijo textualmente el anciano obispo que las apariciones eran auténticas porque las curaciones milagrosas lo eran y se veía el dedo de Dios en todo, pero esto es mucho más que el reconocimiento mismo de las apariciones y los milagros: Dios existe y nos ama y quiere que seamos felices, en esta vida y, sobre todo, en la de después.



























