El Ateneo volvió a convertirse este martes en uno de los grandes puntos de encuentro de la música cántabra con la celebración de una nueva edición de los Premios Sesión Vermú en Santander, un evento que reunió en el Ateneo de la ciudad a artistas, bandas, productores y amantes de la cultura llegados de distintos puntos de la región. Hablaremos también de la nominación de Salvaje Diablo, uno de los discos revelación del año y con una temática fuerte sobre el daño que hacen las drogas, además de que cuenta con la participación de algunas viejas leyendas de la región.

Sesión Vermú y la mezcla de estilos diversos de la música cántabra actual
Uno de los aspectos más destacados de la gala fue precisamente la enorme variedad de estilos, trayectorias y generaciones representadas sobre el escenario y entre los nominados.

La cita dejó una fotografía muy significativa de la música en Cantabria: desde figuras históricas y veteranos del folk y la canción de autor como Marcos Bárcena, considerado por muchos un auténtico “veterano de Vietnam” de la escena musical cántabra por sus décadas de carrera y experiencia, hasta artistas jóvenes y nuevas generaciones que empiezan a abrirse camino dentro de sonidos mucho más actuales y urbanos.
Esa mezcla entre tradición y renovación fue una de las grandes protagonistas de la noche. En apenas unas horas convivieron propuestas ligadas al folk, el rock clásico, el indie, la electrónica o las nuevas corrientes musicales que están creciendo con fuerza entre los artistas más jóvenes de la comunidad. Muchos asistentes destacaron precisamente que los Premios Sesión Vermú han conseguido algo poco habitual: juntar en un mismo espacio a músicos de épocas y públicos completamente distintos. La gala volvió a servir también como escaparate del buen momento que vive la escena musical cántabra. Durante los últimos años han ido apareciendo nuevos proyectos, bandas emergentes y propuestas independientes que están dando visibilidad a una generación mucho más diversa y abierta musicalmente. Frente a ellos, artistas veteranos continúan manteniendo vivo el legado de décadas anteriores y siguen siendo referentes para muchos músicos jóvenes.

El ambiente durante toda la jornada fue muy participativo y dejó claro que el evento ya se ha consolidado como una de las grandes citas culturales de Cantabria. Más allá de los premios y reconocimientos, el encuentro sirvió para reunir a varias generaciones de músicos que representan formas muy distintas de entender la música, pero que comparten el mismo objetivo: seguir impulsando la cultura y la escena artística de la región.
Muchos asistentes coincidieron además en que esa convivencia entre experiencia y juventud es precisamente lo que hace especiales a los Premios Sisión Vermú. Ver compartir protagonismo a nombres históricos de la música cántabra junto a artistas que apenas comienzan su trayectoria dejó una de las imágenes más simbólicas de la noche y confirmó el carácter abierto, plural y cada vez más consolidado del evento.
Marcos Bárcena es uno de los músicos más importantes del folk cántabro contemporáneo
Marcos Bárcena es uno de los músicos más importantes del folk cántabro contemporáneo y lleva activo desde finales de los años 70 y principios de los 80. Nacido en Torrelavega, gran parte de su carrera ha estado vinculada a la recuperación y modernización de la música tradicional de Cantabria.
Su grupo más conocido fue Luétiga, formación creada en los años 80 y considerada una de las bandas clave del folk del norte de España. El grupo mezclaba música tradicional cántabra con influencias celtas y acústicas, utilizando instrumentos como bouzouki, zanfoña, whistles, gaitas o violines. Luétiga publicó discos muy influyentes dentro del folk regional como:
“Luétiga”
“La última jila”
“A lo profundo”
“De fuegos y fronteras”
Muchas de sus canciones se convirtieron en himnos dentro de la música folk cántabra y ayudaron a popularizar sonidos tradicionales entre gente joven en los años 90 y 2000.
Tras esa etapa, Bárcena impulsó Atlántica, un proyecto más centrado en la música celta y atlántica, con influencias irlandesas, bretonas y escocesas. Con Atlántica realizó numerosos conciertos y festivales especializados tanto dentro como fuera de Cantabria.
También formó parte de proyectos como:
Cahórnega
Tempvs
Vientu Sur
Ringorrango
Marcos Bárcena fue uno de los responsables de que el folk cántabro tuviera una identidad propia
Además de tocar en directo durante décadas, ha trabajado en recopilaciones de música tradicional cántabra y en la recuperación de romances y canciones populares del norte peninsular. Como instrumentista domina guitarra acústica, bouzouki irlandés, mandolina, whistles y percusiones tradicionales. Esa mezcla de instrumentos fue una de las señas de identidad de sus grupos. Durante su carrera ha participado en festivales folk importantes de España y ha compartido escenario con artistas nacionales e internacionales ligados a la música celta y de raíz. Otro dato importante es que Marcos Bárcena fue uno de los responsables de que el folk cántabro tuviera una identidad propia diferenciada del folk asturiano o gallego. Su trabajo ayudó a dar protagonismo a canciones montañesas, ritmos tradicionales cántabros y elementos culturales propios de Cantabria.
En los últimos años ha seguido muy activo actuando en teatros, festivales culturales y eventos folk, además de colaborar con músicos jóvenes de Cantabria. Dentro de la escena musical regional está considerado una figura histórica y uno de los músicos con más trayectoria continuada de toda la comunidad.
“Salvaje Diablo” se ha convertido en uno de los proyectos musicales más llamativos surgidos recientemente en Cantabria por su mezcla de rock, mensaje social y colaboración entre músicos de generaciones muy distintas. El disco, publicado a finales de 2025, gira alrededor de un concepto muy concreto: las adicciones y el proceso destructivo que vive una persona atrapada por las drogas.

Músicos brillantes de Cantabria como Nacho García Álvarez, Rubén y Bambax
El trabajo está estructurado como una especie de viaje narrativo dividido en varias canciones que representan distintas fases de la adicción: el primer contacto, la caída, la recaída, la aceptación y el intento de recuperación. Musicalmente mezcla hard rock, metal melódico y elementos más atmosféricos, alejándose bastante del folk habitual con el que muchos relacionan a algunos de sus colaboradores. En la imagen, músicos brillantes de Cantabria como Nacho García Álvarez, Rubén y Bambax.

Uno de los nombres que más sorprendió dentro del proyecto fue precisamente el de Marcos Bárcena. El músico cántabro participa en varios temas aportando whistle y gaita eléctrica, algo poco habitual dentro de un disco de rock duro y que le da una personalidad bastante distinta al sonido general del álbum. Entre las canciones más comentadas aparece “En Llamas (Adicción)”, donde también colaboran músicos de la banda cántabra Emboque. El tema se convirtió rápidamente en una de las piezas centrales del disco por su sonido más agresivo y por la manera directa en la que habla de la dependencia y la autodestrucción.

Detrás de “Salvaje Diablo” también existe una intención claramente social. Varias de las personas implicadas explicaron que el proyecto busca llamar la atención sobre la normalización del consumo de drogas, especialmente entre jóvenes, y sobre cómo determinadas sustancias han pasado a verse con demasiada naturalidad en ambientes nocturnos y festivos.
“Salvaje Diablo” supone una colaboración poco habitual entre folk cántabro y hard rock y metal
El disco llamó bastante la atención dentro de la escena cántabra precisamente por reunir perfiles muy distintos: músicos veteranos como Marcos Bárcena, artistas relacionados con el rock regional, DJs y colaboradores procedentes de escenas completamente diferentes. Esa mezcla generacional y estilística terminó siendo una de las señas de identidad del proyecto. Además, “Salvaje Diablo” supuso una colaboración poco habitual entre músicos vinculados tradicionalmente al folk cántabro y artistas más cercanos al hard rock y al metal. El resultado fue un álbum bastante oscuro en cuanto a temática, pero muy variado musicalmente, con presencia de guitarras contundentes, elementos celtas y letras centradas en problemas sociales muy actuales.
Uno de los nombres clave detrás del proyecto “Salvaje Diablo” es Jonny Glez, productor cántabro que en los últimos años ha ido ganando peso dentro de la escena alternativa regional gracias a su capacidad para mezclar estilos muy distintos y construir producciones con un sonido mucho más moderno y contundente que el habitual en muchos grupos locales.
En “Salvaje Diablo”, Jonny Glez asumió gran parte del trabajo de producción musical

En “Salvaje Diablo”, Jonny Glez asumió gran parte del trabajo de producción musical, dando cohesión a un disco donde convivían músicos procedentes del rock, el metal, el folk y sonidos mucho más experimentales. Uno de los mayores méritos del álbum fue precisamente conseguir que colaboraciones aparentemente imposibles terminaran funcionando dentro de un mismo concepto musical. Su producción apostó por un sonido muy oscuro y cinematográfico, con guitarras pesadas, atmósferas densas y una mezcla bastante agresiva, pero dejando también espacio a instrumentos menos habituales dentro del hard rock, como whistles, gaitas eléctricas o elementos de raíz celta aportados por músicos como Marcos Bárcena.
Dentro de la escena cántabra, Jonny Glez lleva tiempo siendo conocido por su implicación en proyectos alternativos y por trabajar especialmente con bandas que buscan escapar del sonido más comercial. Muchos músicos destacan de él su capacidad para detectar personalidad en cada grupo y potenciarla sin hacer que todos los proyectos suenen iguales. En “Salvaje Diablo” también fue importante su visión conceptual. El disco no se planteó simplemente como una colección de canciones, sino como una historia continua sobre las adicciones, la autodestrucción y los excesos. Esa idea narrativa fue una de las obsesiones de la producción desde el principio, buscando que el álbum tuviera una identidad propia tanto musical como visual.
Otro aspecto que llamó la atención fue la mezcla generacional conseguida en el proyecto. Jonny Glez reunió a músicos veteranos de la escena cántabra con artistas mucho más jóvenes y ligados a sonidos modernos, creando una combinación bastante poco habitual en Cantabria. Esa mezcla ayudó a que el disco tuviera repercusión fuera del circuito habitual del folk o del rock regional.
Además del sonido, también cuidó mucho la parte estética y audiovisual del proyecto, apostando por una imagen muy marcada, oscura y casi cinematográfica, alejada de la estética tradicional que suele acompañar a muchos discos regionales. Precisamente esa ambición visual y sonora es una de las cosas que más destacaron quienes siguieron de cerca el lanzamiento del álbum. Para muchos músicos cántabros, Jonny Glez representa además una nueva generación de productores regionales que intentan profesionalizar más la escena local y acercar las producciones hechas en Cantabria a estándares mucho más competitivos a nivel nacional.




























