Hace casi cuarenta millones de años, unos extraños mamíferos atávicos se paseaban por las tierras más lejanas del planeta sin que nadie pudiera imaginarse al contemplarlos que estos primitivos cuadrúpedos darían lugar a una fauna tan variada y perfeccionada que en buena parte ni siquiera viviría más en el medio terrestre.
Es la historia de dos hermanos que decidieron separarse un día y seguir caminos completamente diferentes. Mientras uno ejemplares de esa especie se concentraban cada vez más en pasar más y más tiempo a remojo, buscando los recursos alimenticios en el agua y olvidándose al final de la tierra de la que procedían, otros ejemplares mostraron un plan de comportamiento completamente diferente. Persistieron con su vida habitual y siguieron buscándose la vida en el medio terrestre en el que siempre habían deambulado con mejor o peor suerte.
La cuestión es que el primer grupo dejó de frecuentar la costa desde la que se internaban en el agua cada vez más hasta llegar un momento en el que apenas recalaban en ninguna costa en absoluto y terminaron sus patas en aletas, con lo que evidentemente fueron focas al término de unos cuantos millones de años. Mientras tanto, sus parientes más conservadores que siguieron prefiriendo la tierra por encima de todo terminaron convirtiéndose en osos, siendo una de las especies de osos (los polares) que hoy conocemos la peor pesadilla de sus lejanas parientes: las focas.

Así fue como a pesar de que parecía que la vida iba a ser más fácil en el agua, con muchos mayores recursos a disposición y a lo mejor menos peligros, resultó no ser así. El agua marina estaba superpoblada también de depredadores que podían devorar en cualquier momento a estos recién llegados e inclusive hubo una especie de focas, como la foca leopardo, que devora a sus hermanas focas como una parte importantísima de su dieta y que también desciende de todo este tronco en común. Y, por supuesto, cuando las focas se asoman a tierra firme, son depredadas por sus primos lejanos, los osos polares.
El lejano parentesco entre el oso polar y la foca
El oso polar y la foca parecen dos animales completamente distintos, pero tienen algo en común que resulta bastante curioso: ambos descienden de antepasados comunes. Aquel animal ancestral de ambos vivió hace decenas de millones de años, mucho antes de que existieran los osos polares y las focas tal y como los conocemos, y probablemente tenía el aspecto de un pequeño mamífero carnívoro terrestre que no se parecía especialmente a ninguno de los dos. A partir de aquellas poblaciones antiguas comenzaron a producirse diferentes ramas evolutivas. No hubo un momento concreto en el que un animal se convirtiera en «el antepasado de las focas» y otro en «el antepasado de los osos». Lo que ocurrió fue mucho más lento. Algunas poblaciones quedaron separadas geográficamente o empezaron a explotar ambientes diferentes, y las diferencias que aparecían entre ellas fueron acumulándose generación tras generación.
En una de esas líneas evolutivas, algunos animales comenzaron a aprovechar cada vez más los recursos que encontraban en el agua. Al principio seguirían siendo animales principalmente terrestres, pero entrar en el agua para conseguir alimento podía proporcionarles una ventaja. Los individuos que nadaban algo mejor, que podían permanecer más tiempo en el agua o que estaban mejor preparados para capturar presas acuáticas podían tener más posibilidades de sobrevivir y reproducirse. Durante millones de años, esa presión fue haciendo que sus descendientes estuvieran cada vez más adaptados al medio acuático.
De esta manera surgió el linaje que terminaría dando lugar a los pinnípedos, el grupo que actualmente incluye a las focas, las morsas y los leones marinos. La transformación fue enorme: aquellos antiguos carnívoros terrestres acabaron convirtiéndose en animales con cuerpos diseñados para nadar, capaces de pasar gran parte de su vida en el mar y de alimentarse de otros animales acuáticos. Mientras tanto, otras poblaciones relacionadas siguieron un camino completamente diferente. Permanecieron ligadas principalmente a los ecosistemas terrestres y, con el paso de millones de años, evolucionaron hacia el linaje de los osos. Muchísimo después apareció el oso polar, que se especializó en las condiciones extremas del Ártico y desarrolló las características que conocemos actualmente.
Y aquí aparece una de las ironías más curiosas de toda esta historia evolutiva: el oso polar se alimenta precisamente de focas. Es decir, dos animales que están unidos por un antepasado común muy antiguo terminaron siguiendo caminos completamente diferentes y, millones de años después, uno de ellos se convirtió en uno de los principales depredadores del otro.
Lo más interesante es que aquel antepasado común no era ni una foca primitiva ni un pequeño oso polar. Era un animal mucho más antiguo y bastante diferente. La evolución fue separando progresivamente sus descendientes en distintas ramas, y cada una fue respondiendo a las condiciones de su propio entorno. Una terminó especializándose en la vida acuática y otra permaneció vinculada a la tierra. Por eso, cuando hoy vemos a un oso polar esperando sobre el hielo para capturar una foca, estamos viendo el resultado final de una historia que comenzó millones de años antes. Dos animales que comparten una historia evolutiva común acabaron convirtiéndose en especies completamente diferentes y, de forma bastante paradójica, uno terminó cazando al otro. Esa es quizá una de las mejores formas de entender hasta qué punto puede cambiar la vida cuando se le da a la evolución millones de años para actuar.
Por si fuera poco, la foca leopardo también pertenece al mismo gran linaje evolutivo que conecta a las focas con los osos, aunque hay que hacer una precisión: no podemos decir que la foca leopardo descienda directamente de Parictis, el animal del Eoceno que mencionábamos antes. Parictis vivió hace unos 38 millones de años y está relacionado con los primeros osos. Los pinnípedos —el grupo al que pertenecen las focas, incluida la foca leopardo— evolucionaron a partir de antiguos carnívoros arctoideos relacionados con el linaje de los osos. Por tanto, la foca leopardo y los osos comparten antepasados mucho más antiguos, aunque Parictis no sea necesariamente ese antepasado común directo.
Y esto hace todavía más curiosa la historia: el oso polar y la foca leopardo son parientes evolutivos lejanos, pero hoy pertenecen a ecosistemas donde pueden ocupar papeles de depredador respecto a otros animales con los que tienen genealogía en común. La foca leopardo puede matar y alimentarse de otras focas, mientras que el oso polar caza principalmente focas en el Ártico. En otras palabras, aquel antiguo carnívoro terrestre del Eoceno se encuentra muy atrás en el árbol evolutivo de estos animales. De aquellas antiguas ramas surgieron, por caminos diferentes, los osos por un lado y los pinnípedos por otro; y dentro de estos últimos aparecieron posteriormente las distintas familias de focas, entre ellas la foca leopardo.


























