
Se rompió el asta del dalle,
la pizarra se perdió,
la colodra pierde el agua,
con qué voy a segar yo.
📷 Segadores del valle de Piélagos
Los orígenes del poblamiento en el Bajo Pas: Oruña
A finales del otoño del año 816, durante el reinado de Alfonso II de Asturias —bisnieto del duque Pedro de Cantabria—, el conde Gundesindo otorgó su testamento. En este documento confirmó diversas donaciones, entre las que figura una referencia de gran importancia para conocer los primeros testimonios escritos sobre Oruña:
«… et villa que dicunt Erunia cum suo monasterio sancte Eulalie…»
El propio Gundesindo afirma que estos bienes procedían de la herencia recibida de sus padres y abuelos, lo que demuestra que su familia estaba asentada desde generaciones anteriores en estos territorios. Entre esas posesiones se encontraban lugares pertenecientes al actual municipio de Piélagos y a la cuenca baja del río Pas.

Los especialistas identifican la antigua Erunia con la actual Oruña, cuya iglesia parroquial está dedicada a Santa Eulalia de Mérida. No se sabe con certeza si el templo primitivo ocupaba el mismo emplazamiento que la iglesia actual, situada en el barrio de La Lastra sobre un promontorio de roca caliza y arenisca que domina el río Pas. Resulta significativo que la ladera septentrional de ese cerro, donde existió una pequeña cantera, fuese conocida hasta hace pocas décadas como la Cantera de Santa Olalla —forma tradicional de Santa Eulalia—, un topónimo que terminó desapareciendo al imponerse el nombre genérico de La Lastra.
A partir de estos datos resulta razonable plantear que, desde época altomedieval, el entorno de la iglesia fue convirtiéndose en el núcleo alrededor del cual se desarrolló el asentamiento que, con el paso de los siglos, daría lugar a la población de Oruña tal y como hoy se conoce. Como ocurrió en muchos otros lugares de la Cornisa Cantábrica, el edificio religioso actuó como punto de referencia espiritual, social y administrativo, favoreciendo la consolidación de un hábitat estable.
La primera referencia conocida a este testamento aparece en la obra ‘Soledad Laureada’, tomo VI, página 576, de Gregorio Argáiz (1602-1678). Posteriormente fue transcrito, tanto en latín como en romance, en la ‘Chronica de los principes de Asturias y Cantabria’, publicada por el religioso natural de Arce, fray Francisco Sota en 1681.
Según explica el propio Sota en la página 437 de su obra, el documento original se conservaba en el archivo del monasterio de Oña, escrito en un pergamino suelto depositado en el cajón correspondiente a Liencres (letra L). Asimismo, existía una copia incorporada al Becerro de dicho archivo, conocido como Libro de la Regla, en el folio 72, página segunda.
Más adelante, el erudito Liciniano Sáez (1737-1809) realizó una nueva copia, conservada inicialmente en el Monasterio de Silos con la signatura nº 10, folios 23-24. En la actualidad, ese ejemplar se encuentra catalogado como B. 290, nº 2B en el Instituto de Historia de la Academia de Ciencias de San Petersburgo (Rusia). El documento fue finalmente editado por Justo Pérez de Úrbel en Historia del Condado de Castilla, tomo III, Centro de Estudios Medievales (CSIC), Madrid, 1944, dentro del Apéndice I, Colección de Documentos Castellanos, documento nº 10, páginas 1040-1043.

Panorámica parcial de Arce y Oruña con la iglesia de Santa Eulalia al fondo. Fotografía realizada en 1903.

























