La verdadera historia real de Crónica de una muerte anunciada en el sofocante calor de un pueblo del Caribe colombiano. Una historia real que durante muchísimos años permaneció oculta, precisamente por la endogamia del patriarcado americano que, en una grandísima parte, es heredero directo del que proviene de la Madre Patria (España). La propia madre del autor, Gabo, que asistió a esa verdadera boda desgraciada, quiso mantener el secreto de semejante escándalo sexual y nupcial y hasta criminal, en su pueblo de Sucre, hasta su misma muerte. Y sólo cuando la mamá de Gabriel García Márquez fallece puede el autor ponerse manos a la obra y publicar este clásico basado en la realidad.
La religión es tratada en el relato como parte de esa losa de patriarcado que tanto pesa sobre los protagonistas y su entorno. Como si Cristo mismo o su Iglesia tuvieran la culpa de nada de lo que sucede en esta historia de locura, que no es otra cosa que un simple desliz sexual seguido de un asesinato irracional y brutal. ¿Se olvida Gabo de que Cristo es el mismo que fue tan suave, comprensivo y cariñoso (y protector) con tantas mujeres y, en especial, con las que eran señaladas como pecadoras?

También la familia de Ángela Vicario, la que provoca el asesinato del protagonista por su imperdonable desliz sexual, intenta mantener en secreto lo que les ha sucedido: la niña ha sido desflorada antes de casarse, sí, pero eso no es lo peor. Eso podría ocultarse de alguna manera en la asamblea discreta y cerrada de las mujeres de la casa, pero desgraciadamente la chica fue devuelta a su casa y eso era ya un escándalo imposible de ocultar a todo el pueblo: es decir, que es la fama de la familia lo que está en juego y no tanto la virginidad de nadie. Es el qué van a decir de nosotros que tanto espanta a tantas personas.
Por eso se dice en el relato que el honor no espera. La venganza pasional debe ser en corto, en caliente. Sin lugar para las dudas o los aplazamientos.
La culpa era de la gente, que delataba y señalaba con el dedo.


Ángela Vicario es la pecadora Eva que hace caer a Santiago Nasar, el Adán colombiano. Y es un pecado mortal que sólo con muerte se puede pagar. De lo contrario, toda la familia cargará con el deshonor de lo que ella hizo, pero el culpable de todo se busca afuera (y también la solución, que es obligarle a casarse con la moza).
La honra es el amor, se dice en el libro, y no es ninguna cursilada. El amor a nosotros mismos, nuestra autoestima, que se basa en lo que pasa en nuestra familia y en la proyección exterior de dicho hogar. Es el concepto del honor de la familia y el municipio tradicionales de la Europa Latina. Y es que el relato también es cautivador por toda esa atmósfera de pueblo de toda la vida que podría darse, también, en cualquier zona de la España más o menos profunda, pero además con ese encanto extra que supone el que sea un ambiente tropical. Exótico.
Nuestro amado país hermano de Colombia, que tiene todo lo que una persona puede desear, en especial si eres joven, como son los tres protagonistas. Con esa alegría de vivir que representa la llegada al pueblo de Bayardo San Román, un despreocupado joven en busca de una vida nueva en la que conocer a una buena moza y un pueblo en el que establecerse. Todo ello sin reparar en gastos, dado que el hombre viene a dar a tan aislado lugar sin ocultar un evidente desahogo económico. Dando por supuesto que encontrará a la mujer que se le antoja y que nada se interpondrá en su camino.
Alegría de vivir que también estaba muy bien representada en la protagonista trágica del cuento, este cuento que como veremos es muy real: Ángela Vicario.
«Ángela… Tiene el nombre bien puesto».
“Ningún lugar de la vida es más triste que una cama vacía”.

Y también tenemos a Santiago Nasar, el verdadero protagonista, cuya participación en la historia ya comienza con un adelanto de su desgraciado fin. Ese fin temprano que supone morir joven cuando uno lo tiene todo por delante: salud, una posición económica desahogada, atractivo físico y, sobre todo, la juventud que todo lo espera.
Santiago Nasar no había nacido para sufrir.

Gabriel García Márquez se basa en ese mismo escándalo y asesinato en su propio pueblo
Los detalles absurdos que forman el variopinto paisaje de la obra, enriquecedores desde el punto de vista literario, al más puro estilo Tarantino, son otro de los puntos fuertes del libro y de la película, pues sirven de adorno y le dan sabor a una historia que en el fondo es bastante más normal de lo que parece. Bastante más común, por desgracia, de lo que podemos pensar, y además ha sido así por generaciones. De hecho, esta novela de Gabriel García Márquez se basa en ese mismo escándalo y asesinato pasional en su propio pueblo.
Lo curioso de la historia es que, en este caso, cosa rara, los que se dejan llevar por la pasión no son tanto los amantes en sí, sino los familiares y, en concreto, los hermanos de la muchacha, que se dan una prisa tremenda en coger unos cuchillos y llevarse por delante a quien había avergonzado para siempre a su hogar para siempre.
Para siempre.

Por lo tanto, la venganza resultante debía lavar esa infamia y hacerlo también para siempre.
La verdad es que la película que tenemos disponible en Youtube es también una pasada. Bajo mi punto de vista, estamos ante un verdadero libro llevado al cine, sin perder apenas nada de su esencia por el camino. Todo lo contrario. Además, bastante divertido ver a estos guapos actores italianos hablando el español a su manera. Y no lo hacen mal, la verdad.
Los gallos cantaban en el corral, anunciando la muerte que se acercaba. Una frase que encaja perfectamente con la tradición supersticiosa romana de España y Colombia, con sus gallinas sagradas, que servían para adivinar el futuro.
La madre de Gabriel García Márquez le pidió a su hijo que no publicase nada hasta que ella hubiera fallecido
Y luego está la protagonista femenina, Angela Vicario, que representa también un montón de estas cosas buenas de la vida, como la belleza y el amor, pero desde el ángulo diferente de la posición de una mujer joven de esa época. Porque hay una diferencia fundamental entre unos y otras que se marca, sobre todo, por el evento fundamental que define la obra y que es la virginidad femenina unida al honor familiar. De hecho, la madre de Gabriel García Márquez le pidió a su hijo que no publicase nada de esta historia hasta que ella hubiera fallecido. Tal debía ser el calibre del escándalo que produjo esta historia verdadera en su pueblo y tal era también y seguirá siendo en gran parte el tabú que supone todo lo que es la reputación de una mujer en un pueblo pequeño.
La verdad es que estamos ante un cuento único porque está basado en hechos reales, que es lo que a mí más me gusta de estas cosas, pero es una historia que brilla por sí misma. Y es que a la fuerza que tiene ya de por sí esta historia tan potente, tan pasional, se une la pluma de uno de los mejores escritores del siglo XX, así como el propio ambiente especial que se crea en una zona rural colombiana. Con todo ese encanto bucólico de un lugar provinciano, un tanto aislado del resto del mundo, en el que parece que sólo el río por el que se mueve el barco de vapor es capaz de romper un poco la monotonía de este sitio. Río por el que llega Bayardo San Román con su misterio. Por donde viene el Obispo, que ni se digna en pisar el pueblo y alterar siquiera un poco ese aburrimiento local. Una tranquilidad y paz que se ven rotas de pronto por la brutalidad de una muerte que no pudo ser más anunciada, a pesar de que la vieja criada de Santiago Nasar despreciase la primera de todas las amenazas que dos jóvenes borrachos repetían por todas partes:
No hay borracho que se coma su propia mierda.

Ese ambiente rural y encantador de un pueblecito de Colombia que está en mitad de la nada
Gabriel García Márquez demuestra aquí su maestría como escritor al resumir, en muy pocas palabras, sentimientos y situaciones que son muy de una profundidad mucho mayor que sus escuetos párrafos. La verdad es que son frases muy potentes que hacen que sea un libro corto, una historia bien resumida, sin dejar de insistir en los aspectos más dramáticos de la historia y sin dejar, tampoco, de dibujar un marco tan especial que representa muy bien ese ambiente rural y encantador de un pueblecito de Colombia que está en mitad de la nada.

La mentalidad patriarcal, rural y ensimismada, en la que los vínculos familiares e incluso entre familias distintas, por medio de unos novios, salen a la luz todo el rato y en especial en momentos de peligro. Como cuando el futuro suegro de Santiago Nasar le advierte de las opciones que tiene:
Tú sabrás si ellos tienen razón, o no (…) Pero, en todo caso, ahora no te quedan sino dos caminos: o te escondes aquí, que es tu casa, o sales con mi rifle.
Es decir: lo de menos era que el novio de su hija hubiera estado con otra y la hubiera desflorado, mientras mantenía una relación formal con su niña. Lo importante era que el que iba a ser su yerno saliera bien parado de un mal paso. Es decir: al igual que las mujeres intentan ocultar lo ocurrido (la niña perdió la virginidad) frente al mundo exterior, e incluso tratan juntas de colársela al novio (Bayardo), en la noche de bodas, los hombres resuelven por su parte sus propios temas y a su manera. Porque mientras ellas intentan que no se note una mancha imborrable en el honor de la familia, los hombres se dedican a lavar dicha afrenta por las bravas (los hermanos Vicario) o defenderse de semejante amenaza (Santiago y su suegro).
Ante Dios y ante los hombres… Fue un asunto de honor (Pablo Vicario).
Por la parte que me toca, me pareció un acierto que se nos obligara a leer este libro en el instituto. Mucho mejor que otros que nos hacían leer en la época de Aznar y que eran auténticos homenajes a la ley de Memoria histérica de Zapatero. Colombia es pasión y este libro está lleno de pasiones de todo tipo. Es un libro ideal para la gente joven que está en la edad lógica para sentir este tipo de impulsos y dejarse llevar por las emociones más fuertes. La verdad es que es una historia que no deja indiferente a nadie.
«Tenía una reputación muy bien ganada de intérprete certera de los sueños ajenos, siempre que se los contaran en ayunas, pero no había advertido ningún augurio aciago en esos dos sueños de su hijo, ni en los otros sueños con árboles que él le había contado en las mañanas que precedieron a su muerte».

La ideología comunista de Gabriel García Márquez queda patente en Crónica de una muerte anunciada
Esto es así por comentarios concretos y situaciones en las que la Iglesia queda retratada de forma un poco negativa, para empezar. Y en otro comentario, que pretende ser chistoso, unos lugareños se preguntan que por qué habría que matar a Santiago Nasar si hay tantos ricos que merecen morir primero. El obispo, por ejemplo, ni siquiera se digna a poner el pie en el pueblo cuando está en medio de su tránsito por el río para visitar su diócesis. Y el cura del pueblo ignora a los constantes avisos que predijeron de forma insistente la muerte violenta de Santiago Nasar.
Las diferencias sociales de lo que en nuestro país sería considerado como la España de los señoritos están también muy presentes a lo largo de toda la obra. El propio protagonista se dedica a ligar de una forma muy soberbia con su joven chica del servicio, la cual se sabía destinada a la cama de su jefe. Y hay un evidente rencor en las palabras de la madre de esta muchacha, otra asistenta del hogar de Santiago Nasar: sin lugar a la duda, ella misma se vio que pasó también por la cama del padre de Santiago en otro tiempo.
Santiago Nasar la agarró por la muñeca cuando ella iba a recibirle el tazón vacío, —ya estás en tiempo, de desbravar —le dijo.
La esencia misma del patriarcado de toda la vida: el hombre de la casa es el que manda y cuanto más arriba se encuentre en la jerarquía, al final, a más mujeres y a más hombres también podrá dirigir a su voluntad.

También el amor se aprende
Esta frase es muy significativa de lo que es un matrimonio y, sobre todo, cuando hay presiones para realizarlo. ¿Desde cuándo uno se tiene que casar y luego empezar a amar después? Pues esta insensatez que no tiene sentido antes era muy típica. En este libro no se están contando nada que no haya ocurrido millones de veces y siga ocurriendo por todo el mundo.
El honor no espera
En esta sentencia se resume lo que es el concepto tradicional del honor, que no permite que la venganza se sirva fría cuando el desafuero está caliente. Lo más curioso es que en este caso se trata de un consejo que les da una mujer a los dos ultrajados hermanos, lo que choca bastante con el resto de personas que intentan desanimarlos de seguir adelante con su impulso homicida y también con el hecho de que sea una señora quién les dice esto.
Son perfectas, se la oía decir con frecuencia. Cualquier hombre será feliz con ellas, porque han sido criadas para sufrir.
En esta sencilla frase también se resume muy bien las tradicionales que se esperaban de toda mujer. Que fuera una buena mujer de lade casa, paciente y sufridora, que supiera aguantar a su esposo y en general la infelicidad y la resignación de una vida que se presuponía no fácil.
¡Ese día me di cuenta de lo solas que estamos las mujeres en el mundo!
La soledad de la mujer queda patente en el caso de Ángela Vicario, que queda completamente ultrajada y abandonada después de haber sido obligada a seguir adelante con un matrimonio que en realidad ella no quería tanto. Un despropósito total en el que la mujer protagonista es víctima siempre, se mide por donde se mire.
Esperó en vano una respuesta. Al cabo de dos meses, cansada de esperar, le mandó otra carta en el mismo estilo sesgado de la anterior, cuyo único propósito parecía ser reprocharle su falta de cortesía. Seis meses después había escrito seis cartas sin respuestas, pero se conformó con la comprobación de que él las estaba recibiendo.
El drama total que supone la ruptura tan brusca de un matrimonio, de una relación, queda bien representado en esta trama que lleva semejante problemón hasta un extremo total. Y todo esto está basado en el hecho real de que Bayardo San Román y Ángela Vicario y vivieron este romance que terminó en sangre. Pero la paradoja más curiosa de esta historia es que ellos continuaron manteniendo una amistad con derecho a todo durante muchos años, de forma chocante, haber dejado por el camino la vida de un inocente.
Una historia rocambolesca que terminó cuando el verdadero Bayardo San Román acudió a presentar sus últimos respetos a su malogrado amor y le espetó una frase, ante su recién cavada tumba:
Paz en tu vida.
Gabriel García Márquez se vio demandado por el verdadero Bayardo San Román
Es interesante remarcar que tan real es esta historia que Gabriel García Márquez se vio demandado por el verdadero Bayardo San Román, su antiguo amigo de la infancia, por no haber compartido con él ni un céntimo de los ingresos que directa o indirectamente le ha supuesto a este gran escritor el éxito de esta obra. Sin embargo, este hombre, ya mayor, se vio en la tesitura de desistir ante los costos que le suponía continuar con un litigio tan costoso contra ella está el Premio Nobel.






























