No podemos proteger a los ciudadanos como nos gustaría porque no tenemos gente. Los policías nacionales de Torrelavega están hartos del abandono que sufren en cuanto a falta de medios para prevenir y combatir el crimen. ¿Cómo van a poder realizar su misión si son insuficientes? Y luego nos quejaremos de que hay una violación por aquí y una ocupación por allá o carteras que vuelan literalmente en los mercadillos por la falta total de efectivos policiales para proteger a los ciudadanos. Al final uno duerme con la conciencia tranquila porque cada uno de nuestros compañeros hace lo que puede, pero es una situación que trasciende a nuestro equipo de trabajo.

Llegas a tu destino muy motivado para hacer las cosas bien, pero enseguida te das cuenta de que no puedes hacer tanto como te gustaría y es una sensación que se comparte en cualquier comisaría que tenga que enfrentarse a una intensidad criminal como la que podemos tener en Torrelavega. La triste realidad es que no podemos proteger a los ciudadanos como nos gustaría porque no tenemos gente y no nos mandan la gente suficiente.
La inseguridad en Torrelavega no solamente preocupa a los ciudadanos que día a día la sufren de alguna manera. Aunque sólo sea pasando cierto miedo al transitar por ciertas zonas de una ciudad que hasta hace no tanto era un referente de calidad de vida y bienestar. y es que también los propios agentes de la Policía Nacional a los que se les ha encomendado la seguridad de los torrelaveguenses están preocupados y con razón ante su falta de efectivos, que no les permite de ninguna manera prevenir ningún crimen y tienen que estar siempre intentando más controlar una situación que se les va de las manos.
¿Dos coches de Policía Nacional para todo Torrelavega?
Hay muchas cosas que queremos hacer, pero la falta de efectivos te lo impide. Solamente en mi unidad hay una falta de personal muy grande. Y cuando vienen refuerzos los tienen que traer de sitios donde tampoco sobra la gente. Hay operativos que estaría muy bien realizar para impedir conductas criminales que son muy recurrentes y que además serán siempre en las mismas circunstancias y zonas y hasta en los mismos días, pero con qué personal podemos contar si no tenemos. Cada día podemos sacar un par de coches patrulla a la calle y se acabó.
Pero la realidad es que la inseguridad en la capital del Besaya no empezó ayer tampoco. En realidad, es un problema persistente que se ha cronificado, como en tantas zonas de nuestro país.
La cuestión es que no tenemos gente suficiente para gestionar lo que supone una zona como Torrelavega y sus alrededores y adelantarnos y en especial a los grupos criminales organizados que están instalados en esta zona. Hay auténticos clanes que se disputan el territorio en el que están traficando y haciendo sus cosas y de hecho hay situaciones muy graves cada dos por tres. Tiroteos y cosas así. Y siempre son los mismos.
Lo único positivo es que los ajustes de cuentas suelen realizarse entre ellos, pero muy a menudo pensamos entre los compañeros lo que tiene que ser vivir en una zona de éstas y tener que estar aguantando esta violencia tan extrema cada dos por tres. Es que no es normal.

¿Crees que personajes como el delegado del Gobierno deberían implicarse más como es su obligación?
Estamos hablando de cuerpos jerárquicos y nosotros no tenemos la capacidad de influir en ninguna manera en esas personas. Yo supongo que los jefes nuestros sí hablarán con estos políticos, pero no sirve de mucho porque tampoco nos hacen mucho caso en general y además ellos también son unos mandados. Es que es un problema estructural de toda España la falta de efectivos. Solamente se acuerdan de nosotros cuando llegan épocas de fiestas y entonces sí que nos mandan algunos refuerzos más de lo normal, pero sigue siendo todo insuficiente si tenemos en cuenta que tenemos varias unidades que atender con un centenar de compañeros que no damos abasto.
¿Por qué el tema de la falta de personal en la Policía Nacional en Torrelavega no se acaba de solucionar?
Eso habría que preguntárselo a los que tienen capacidad de cambiar las cosas y no lo hacen. Pero no hay duda de que los compañeros y los ciudadanos somos conscientes de que hay un gravísimo problema de inseguridad ciudadana en Torrelavega. Es imposible tapar algo tan gordo y tan constante. De vez en cuando te llevas alguna satisfacción cuando ves que realmente has podido ayudar a un ciudadano. Un problema recurrente son los robos de carteras en los mercadillos. Ojalá pudiéramos hacer mucho más de lo que hacemos, pero vuelvo y repito: si no tenemos gente suficiente no es un problema de la dotación de Torrelavega como tal, que sufrimos como los ciudadanos o más estas estrecheces. Son otras personas las que tienen que hacer algo al respecto y ponerse de la mano en el pecho y cumplir con sus obligaciones con la ciudadanía.
En los mercadillos de Torrelavega las carteras vuelan
Estamos hablando de los mercadillos que se sitúan todas las semanas en Torrelavega y sus alrededores. Una auténtica llamada a la acción para las organizaciones de carteristas que actúan a pesar de que hagamos actos de presencia por estas zonas.
También me impresionó bastante la cantidad de droga que mueven los taxistas en Santander. Es otro tema del que poco se habla, pero que está ahí también y que mucha gente conoce porque de alguna forma están involucrados en los trapicheos de droga. Y cuando llegan ocasiones especiales como el ascenso del Racing tenemos que estar atendiendo esa avalancha humana sin dejar descuidados otros puntos del territorio que nos han encomendado y luego se producen los inevitables robos en otras partes mientras estamos distraídos con la prevención de tumultos y posibles delitos en estas celebraciones.
Esto último de los taxis con droga, yo creo, empezó a ser más habitual con la crisis del 2008. Porque yo recuerdo estar en Mallorca en una fiesta y ver llegar a un taxista a esa casa como si fuera la cosa más normal del mundo con su cargamento de drogas.
Sí, eso puede ser. Y tiene la lógica de que, claro, son personas que se mueven todo el rato con los coches por todas partes y no resultan tan sospechosas como cualquier vehículo normal. Y los propios delincuentes que trafican a menudo muestran un aspecto y unos vehículos que llaman más la atención de nosotros.
¿Qué podemos hacer los ciudadano para ayudar a la policía en una situación tan límite como la que estamos viviendo?
Hay muchas cosas que puedo hacer la ciudadanía para ayudarnos. La colaboración ciudadana siempre es importante para alertarnos de situaciones que no siempre son conocidas por nosotros. Cualquier maltrato o situación sospechosa debe hacer que nuestras alertas salten. Cualquier actitud que llame nuestra atención para mal. Una posible ocupación o cualquier intento de cometer cualquier delito o abuso puede ser reportado en cualquier momento. Y nos viene bien, también, en situaciones como lo que ocurrió con la pasarela de Santander, en la que murieron estos pobres chicos: la insistencia de un ciudadano anónimo pudo haber salvado a estas personas y eso es muy loable, a pesar de que todo el sistema completo haya fallado en la prevención de semejante catástrofe. pero ese ciudadano ha cumplido el deber y no debe sentirse mal para nada. Otra situación que nos hace mucho daño es la tolerancia con determinados comportamientos nocivos hacia la policía, como el ayudar o animar a los delincuentes en un momento en el que estamos practicando una detención o interrogando a un sospechoso o haciendo cualquier labor de nuestro trabajo habitual. La gente tiene que pensar que estamos trabajando para ellos. Para evitar todo tipo de abusos y violaciones y agresiones o incluso de ocupaciones de viviendas que no suelen terminar nada bien, ya que las mafias que se dedican a hacer estas cosas utilizan luego estos pisos o casas para realizar todo tipo de actividades ilícitas que a veces son realmente escandalosas y producen un gran malestar en los vecinos honrados de ese barrio.
¿Estamos como en el Nueva York de Ghost, donde pueden matarte en cualquier esquina?

Por la conversación que mantuve con estos policías sobre la inseguridad en Torrelavega llegamos a la conclusión de que haría falta un refuerzo en la plantilla que podría ser del doble de lo que hay ahora mismo. ¿Por qué no? Sale mucho más caro en todos los aspectos el mantener a la Policía Nacional y a otros cuerpos de seguridad del Estado con las manos atadas por falta de efectivos.
La prevención del crimen también debería ser una prioridad que ahora mismo es inimaginable si no se puede atender ni siquiera lo que hay desde una posición de respuesta y de mera presencia policial. Es decir: ¿cómo vamos a pasar a la ofensiva contra el crimen sin ni siquiera podemos atender como es debido lo que hay? Es materialmente imposible.
Preocupación por los tiroteos recientes en Torrelavega
Torrelavega ha vivido en los últimos meses una sucesión de episodios con armas de fuego que ha generado preocupación entre vecinos, comerciantes y familias de distintos barrios. Aunque cada caso tiene sus propias circunstancias y no todos responden al mismo patrón, la acumulación de sucesos en un periodo relativamente corto ha situado el debate sobre la seguridad ciudadana en el centro de muchas conversaciones. La aparición de heridos por disparos, investigaciones policiales abiertas, detenciones y operaciones relacionadas con armas ha alimentado la sensación de que algo está cambiando en una ciudad tradicionalmente acostumbrada a otro tipo de problemas urbanos, pero no a una reiteración tan visible de tiroteos.
Uno de los episodios más recientes se produjo en la calle Padre Rábago, donde un hombre resultó herido por arma de fuego en un brazo. La víctima tuvo que ser trasladada al Hospital de Sierrallana mientras la Policía trataba de reconstruir lo ocurrido a partir de testimonios, cámaras de seguridad y otros indicios recogidos en la zona. El suceso volvió a poner sobre la mesa una pregunta que muchos vecinos se hacen desde hace tiempo: si estos hechos son casos aislados o si responden a un clima de mayor tensión en determinados entornos de la ciudad.
Otro caso especialmente grave tuvo lugar en una vivienda del barrio Covadonga, donde una mujer fue localizada con una herida de bala en la espalda. La intervención policial se produjo tras un aviso vecinal, y la víctima fue trasladada a un centro hospitalario en estado delicado. La investigación se orientó hacia el entorno más próximo de la mujer y llegó a contemplar la posibilidad de que se tratara de un caso de violencia machista. Este episodio causó una fuerte conmoción no solo por la gravedad de las lesiones, sino también por el lugar en el que ocurrió: una vivienda particular, un espacio que debería representar seguridad y protección, pero que acabó convertido en escenario de una agresión extrema.
Esto es como en el Detroit de Rocobop, donde los policías eran carne de cañón

Meses antes, el barrio de La Inmobiliaria también había sido escenario de un tiroteo que dejó a un hombre herido de bala. El suceso derivó posteriormente en la detención de dos personas presuntamente relacionadas con los hechos. La víctima tuvo que ser ingresada en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, lo que da una idea de la gravedad del incidente. La Inmobiliaria es una zona muy conocida de Torrelavega, con una vida vecinal intensa y una identidad propia, por lo que la noticia provocó inquietud entre quienes residen o trabajan allí. La presencia de disparos en un barrio urbano, con calles transitadas y viviendas próximas, aumenta inevitablemente la percepción de riesgo.
También se investigó otro episodio en la zona de Sniace, donde se produjeron disparos sin que constaran heridos. Aunque en este caso no hubo víctimas, el hecho de que se registrara un nuevo incidente con arma de fuego contribuyó a reforzar la sensación de repetición. Durante las actuaciones policiales se produjo la detención de un hombre que tenía una orden judicial pendiente, aunque posteriormente quedó en libertad. Este tipo de sucesos, incluso cuando no dejan heridos, tienen un impacto evidente en la tranquilidad de la población, porque introducen la idea de que las armas pueden aparecer en conflictos que se desarrollan en espacios cotidianos.
Uno de los casos que más alarma generó fue el ocurrido en Campuzano, donde una joven de 19 años resultó herida por un disparo contra una vivienda. La edad de la víctima y el hecho de que el disparo se dirigiera hacia una casa aumentaron la preocupación social. No se trataba únicamente de una pelea en la calle ni de un enfrentamiento puntual en un lugar apartado, sino de un ataque que alcanzó el ámbito doméstico y afectó a una persona muy joven. Posteriormente se produjeron detenciones relacionadas con este suceso, y algunos de los implicados ingresaron en prisión por orden judicial.
La sucesión de casos en Campuzano, La Inmobiliaria, Sniace, Covadonga y Padre Rábago dibuja un mapa de incidentes repartidos por diferentes puntos de Torrelavega. No se concentran todos en una única calle ni en un único entorno, lo que hace que la preocupación se extienda de forma más general. Para muchos vecinos, el problema no es solo el hecho concreto de cada tiroteo, sino la sensación de que se han producido demasiados episodios en poco tiempo. Cuando una ciudad encadena varios sucesos con armas de fuego, la percepción pública cambia, incluso aunque las investigaciones policiales determinen que no todos los casos están relacionados entre sí.

Este tipo de ataques genera una alarma especial porque rompe la idea de que el hogar es un espacio protegido
La seguridad ciudadana no depende únicamente de las estadísticas oficiales, sino también de cómo vive la población su día a día. Una persona puede seguir haciendo vida normal, llevar a sus hijos al colegio, abrir su comercio o regresar a casa por la noche, pero si en su entorno se habla con frecuencia de disparos, heridos y detenciones, la sensación de tranquilidad se resiente. Y no son leyendas urbanas. Los tiroteos tienen un efecto psicológico muy fuerte porque rompen una frontera simbólica: la de pensar que las armas de fuego son algo lejano, propio de otros lugares o de contextos excepcionales. En Torrelavega, estos episodios han provocado conversaciones recurrentes sobre la necesidad de reforzar la vigilancia, mejorar la prevención y actuar sobre los focos de conflictividad antes de que los problemas escalen. La respuesta policial es fundamental cuando se produce un suceso, pero la prevención también requiere una mirada más amplia. Detrás de algunos episodios puede haber conflictos personales, ajustes de cuentas, violencia en el ámbito familiar, disputas vinculadas a actividades delictivas o situaciones de marginalidad. Cada caso exige una investigación concreta, pero la acumulación de incidentes obliga a constatar que existen factores comunes que estén favoreciendo el uso de armas.
El episodio de Campuzano, por su parte, plantea la gravedad de los disparos contra viviendas. Cuando un proyectil alcanza una casa, el peligro se extiende a personas que pueden no tener ninguna relación directa con el conflicto. Vecinos, familiares, menores o personas que simplemente se encuentran dentro del inmueble pueden convertirse en víctimas. Este tipo de ataques genera una alarma especialmente intensa porque rompe la idea de que el hogar es un espacio protegido frente a la violencia exterior.
El tiroteo de La Inmobiliaria y el incidente de Sniace muestran otra cara del problema: la posibilidad de que determinados enfrentamientos se desarrollen en espacios urbanos o zonas próximas a áreas residenciales e industriales. En una ciudad como Torrelavega, donde los barrios están conectados entre sí y donde muchas zonas combinan viviendas, comercios, naves y espacios de tránsito, cualquier incidente con armas puede tener consecuencias imprevisibles. Un disparo no afecta sólo a quienes participan en el conflicto; afecta también a todo el entorno.
En los alrededores de Torrelavega también se han registrado sucesos graves con armas de fuego
La existencia de detenciones en algunos de estos casos demuestra que las investigaciones han avanzado y que las fuerzas de seguridad han actuado sobre determinados sospechosos. Sin embargo, para la ciudadanía, las detenciones no siempre bastan para recuperar la tranquilidad de inmediato. La sensación de inseguridad se construye rápido y tarda más en desaparecer.
En los alrededores de Torrelavega también se han registrado sucesos graves con armas de fuego, como el ocurrido en Hinojedo, en el municipio de Suances, donde un hombre mató presuntamente a su madre y después se quitó la vida. Aunque este caso no encaja exactamente en la categoría de tiroteo urbano, sí forma parte de un contexto más amplio de preocupación por la presencia de armas en episodios violentos. Su gravedad conmocionó al entorno y llevó a decretar jornadas de luto en el municipio. La conexión entre armas, drogas y violencia es una de las cuestiones que más inquieta a las autoridades, porque puede aumentar la peligrosidad de conflictos que, de otro modo, quizá no pasarían de amenazas o agresiones menores.
La prevención no consiste únicamente en más patrullas, aunque la presencia policial puede ser necesaria en determinados momentos. También implica trabajo social, mediación, seguimiento de personas reincidentes, coordinación entre administraciones, atención a víctimas y una actuación rápida ante amenazas previas. Y, sobre todo, leyes mucho más duras con los delincuentes y violentos. Muchos episodios violentos como éstos no aparecen de la nada; a menudo vienen precedidos de conflictos, denuncias, advertencias o señales que, si se detectan a tiempo, pueden evitar daños mayores. En este contexto, los vecinos reclaman sobre todo tranquilidad. No se trata sólo de pedir castigos cuando el daño ya está hecho, sino de recuperar la confianza en que la vida cotidiana puede desarrollarse sin miedo. Esa confianza se construye con hechos: investigaciones eficaces, presencia institucional, transparencia, prevención y una respuesta judicial proporcionada. Cuando se producen disparos en una ciudad, la ciudadanía necesita saber que no se está normalizando esta barbarie.

Los tiroteos registrados en Torrelavega y su entorno y la incapacidad del Delegado del Gobierno para hacer nada
Torrelavega sigue siendo una ciudad con una fuerte vida de barrio, con comercio, actividad social, familias, trabajadores y una identidad muy marcada dentro de Cantabria. Precisamente por eso, los tiroteos recientes resultan tan chocantes. No encajan con la imagen que muchos vecinos tienen de su propio entorno. Esa distancia entre la vida cotidiana y la violencia armada es la que genera inquietud: la sensación de que algo que antes parecía ajeno ha empezado a aparecer demasiado cerca. El reto ahora es evitar que estos episodios de tiroteos en Torrelavega se conviertan en una dinámica repetida. Para ello es imprescindible que cada investigación llegue hasta el final, que se identifique a los responsables, que se esclarezca el origen de las armas utilizadas y que se actúe sobre los entornos donde puedan estar gestándose nuevos conflictos. La seguridad no se recupera solo con declaraciones, sino con continuidad, coordinación y resultados visibles.
Los tiroteos registrados en Torrelavega y su entorno no deben servir para alimentar una imagen fatalista de la ciudad, pero sí para exigir una respuesta seria. La repetición de sucesos con armas de fuego es un aviso que no conviene minimizar. Cada herido, cada disparo contra una vivienda y cada intervención policial relacionada con armas recuerda que la convivencia puede deteriorarse si no se actúa a tiempo. Torrelavega necesita preservar su normalidad, proteger a sus vecinos y evitar que la violencia armada gane espacio en sus calles, sus barrios o sus viviendas.

































