Visitamos el cementerio de Maliaño, en las afueras de Santander. Hace ya un milenio este lugar se empezó a utilizar como lugar de descanso para los difuntos. El cementerio medieval, dispuesto alrededor de la iglesia, estuvo en uso durante varios siglos. El elemento más característico son las «tumbas de lajas», cofres de piedra usados como lugar de sepultura.
Como es habitual con este tipo de cementerios, las tumbas se disponen en torno a la iglesia. Las tumbas más antiguas fechadas por Carbono 14 se remontan a los inicios del siglo XII, aunque puede haber algunas más antiguas.
Básicamente, esta necrópolis posee dos tipos de enterramientos: los elaborados a base de lajas de piedra, y los que simplemente emplean una fosa excavada en la tierra para depositar al difunto.
Las tumbas se orientan hacia el Este, mirando el difunto hacia Jerusalén en espera de la resurrección de los muertos anunciada por el cristianismo. El cadáver se disponía hacia arriba. En las tumbas de lajas, datadas por Carbono 14 en los siglos XII y XIII, los cuerpos se disponen con los brazos paralelos al cuerpo, mientras que en las de fosa, características de los siglos XIII al XV, los brazos se cruzaban sobre la pelvis o el pecho.
En la Edad Moderna, la orientación de los difuntos varía, deja de ser hacia el Este, y aparecen algunas orientadas hacia el Norte. Estas tumbas, de los siglos XVI y XVII, poseen ataúdes de madera.
El cementerio que rodeaba la iglesia de San Juan dejó de usarse probablemente, durante el siglo XVII, momento en que se hace habitual emplear el interior de los templos como lugar de enterramiento.
La marisma ocupaba de siempre una buena parte de la Bahía de Santander

La marisma ocupaba de siempre una buena parte de la Bahía de Santander, que ha sido progresivamente desecada y urbanizada.
























