El aeropuerto de Santander es de los pocos del mundo en los cuales, apenas te bajas del avión, a menos de 5 minutos te puedes encontrar un pedazo interesante de nuestro pasado romano y medieval y todo dentro de un cementerio en el que los difuntos comparten última morada con sus antepasados de hace cientos de años. Una necrópolis situada dentro del terreno de una iglesia medieval que se vino abajo por la explosión del Machichaco, a finales del siglo XIX, en la otra punta de la Bahía de Santnader, la cual estaba cimentada sobre los restos de las termas romanas de Maliaño. Una localidad que debe su nombre a un tal Manlio, que en su día fue el magnate local que poseía el dominio de estas tierras fértiles, en lo que ahora se conoce como las afueras de Santander, donde se encuentra el aeropuerto y unos polígonos y áreas comerciales y residenciales extensas.

Visitamos el cementerio de Maliaño, en las afueras de Santander. Hace ya un milenio que este lugar se empezó a utilizar como lugar de descanso para los difuntos. El cementerio medieval, dispuesto alrededor de la iglesia, estuvo en uso durante varios siglos y hoy mismo mantiene su función. El elemento más característico son las «tumbas de lajas», que son esos cofres de piedra usados como lugar de sepultura.
Antes de ese uso, como muestran los antiguos cimientos de la necrópolis y la iglesia cristiana, aquí se relajaba la población del periodo romano que habitaba esta zona de fértiles marismas de la Bahía. Las termas de Maliaño, que nos reciben apenas descendemos del avión en Parayas.

Las tumbas se orientan hacia Jerusalén, en espera de la resurrección de los muertos
Como se dice en la tradicional canción de misa: ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.

Como es habitual con este tipo de cementerios, las tumbas se disponen en torno a la iglesia. La salvación era el tesoro más buscado y cuanto más cerca del altar, pensaban ellos, más cercanos estarían al Señor y el Paraíso en esa otra vida. Es por ello que tenemos ejemplos de tantos cementerios incrustados literalmente en las iglesias, práctica que fue a menos después de la Peste Negra y las plagas posteriores.
En la imagen, un cementerio medieval castellano junto a una colegiata.
Las tumbas más antiguas fechadas por Carbono 14 se remontan a los inicios del siglo XII, aunque puede haber algunas más antiguas. Básicamente, esta necrópolis posee dos tipos de enterramientos: los elaborados a base de lajas de piedra, y los que simplemente emplean una fosa excavada en la tierra para depositar al difunto. Las tumbas se orientan hacia el Este, mirando el difunto hacia Jerusalén en espera de la resurrección de los muertos anunciada por el cristianismo. El cadáver se disponía hacia arriba. En las tumbas de lajas, datadas por Carbono 14 en los siglos XII y XIII, los cuerpos se disponen con los brazos paralelos al cuerpo, mientras que en las de fosa, características de los siglos XIII al XV, los brazos se cruzaban sobre la pelvis o el pecho.
En la Edad Moderna, la orientación de los difuntos varía, deja de ser hacia el Este, y aparecen algunas orientadas hacia el Norte. Estas tumbas, de los siglos XVI y XVII, poseen ataúdes de madera. El cementerio que rodeaba la iglesia de San Juan dejó de usarse probablemente, durante el siglo XVII, momento en que se hace habitual emplear el interior de los templos como lugar de enterramiento.
La marisma ocupaba de siempre una buena parte de la Bahía de Santander

La marisma ocupaba de siempre una buena parte de la Bahía de Santander, que ha sido progresivamente desecada y urbanizada.



























