¿Nos están tomando el pelo con la reintroducción del urogallo en España? Entrevistamos a un cazador que fue a Bielorrusia hace años para cobrarse esta disputada pieza y lo hacemos desde una premisa que tal vez muchos compartáis: mejor será un cazador responsable para la conservación de las especies que un millar de ecologistas urbanos falsos y unas instituciones que a lo mejor, como poco, si somos malpensados, pueden distraer una parte de estos fondos destinados a proyectos idealistas fallidos para conservar mucho mejor las propias economías personales de algunas personas. También hablaremos de cómo los cerramientos de montes en Cantabria y otras regiones pueden ayudar a crear santuarios para especies salvajes, igual que se hace para proteger al ganado.
Un cazador llamado Tomás nos cuenta su visión del asunto.
Suena que alguien se lleva pasta con estas cosas, sí. El urogallo es una especie que ya no encaja ya en el biotipo ni en el clima cantábrico. ¿Pero se empeñan en rescatarlo para que vuelva a desaparecer? Jabalíes y falta de nieve: una combinación terrible para esta especie. Ya sólo quedan en el norte de Europa y Rusia y será por algo. Yo lo estuve cazando en Bielorrusia hace años y acabará desapareciendo en 200 años más. Pasa como con los mamuts o los dinosaurios: su tiempo pasó en esta parte del mundo.
Reducción de la nieve, depredadores oportunistas y la expansión del jabalí: un cóctel mortal para el urogallo
Desconozco los detalles concretos del asunto porque no he seguido el tema. Pero sí da la sensación de que alrededor de algunos proyectos de conservación siempre acaba moviéndose mucho dinero público y resultados más que discutibles. El problema del urogallo cantábrico no es precisamente nuevo. Lleva décadas en declive y, aunque la pérdida de hábitat ha influido, también parece evidente que las condiciones actuales ya no son las mismas que cuando la especie era abundante en un clima de tipo boreal (típico del Este y Norte de Europa, pero no más de aquí). El aumento de las temperaturas, la reducción de los periodos de nieve, la presión de depredadores oportunistas y la expansión descontrolada del jabalí, que consume huevos y altera el hábitat, juegan claramente en su contra.

Bisontes y urogallos están siendo reintroducidos, a veces a golpes, cuando su tiempo tal vez ya pasó en algunos casos. ¿Serán capaces de clonar al león cavernario y soltarlos también por manadas?
A veces da la impresión de que se intenta recuperar una situación ecológica que ya no existe. El urogallo es una especie muy ligada a bosques maduros y a condiciones climáticas más frías. No es casualidad que las poblaciones más estables se encuentren hoy en Escandinavia y grandes zonas de Rusia, donde esas condiciones siguen siendo mucho más favorables porque el clima boreal del que depende el urogallo sigue existiendo. Otra cosa pueden ser los bisontes europeos, que son otra especie boreal como otras que se extinguieron en la más reciente Prehistoria: leones y osos cavernarios, renos, castores, etc. Pero es que el bisonte es más fácil que sobreviva en un ambiente hostil de depredación y vegetación no ideal o falta de nieve en el que el urogallo, por ser una especie más delicada por sus circunstancias, lo tiene mucho más complicado.

Yo llegué a cazarlo en Bielorrusia hace años y allí era algo relativamente normal, ya que allí sí tiene la especie sus santuarios y toda una economía de familias enteras que dependen para su supervivencia de la supervivencia del urogallo en números suficientes. En cambio, siquiera poder conservarlo en la Cordillera Cantábrica cada vez parece más una lucha contra la realidad. Ojalá me equivoque, pero tengo la sensación de que estamos asistiendo a los últimos capítulos de la especie en esta parte de Europa. Igual que ocurrió con otras especies que dominaron determinadas épocas y territorios, los cambios ambientales acaban imponiéndose más que el propio ser humano. Quizá no desaparezca del planeta, pero sí puede terminar desapareciendo de buena parte del sur de Europa si las tendencias actuales continúan.
Eso sí, por rigor, conviene matizar una cosa: afirmar que el urogallo «acabará desapareciendo en 200 años» es más que una especulación por todo lo que hemos comentado, aunque esperemos que sea incierto. Porque lo que sí respaldan los estudios es que la población cantábrica está en situación crítica y que el cambio climático está reduciendo la idoneidad de su hábitat. No obstante, sigue habiendo debate científico sobre hasta qué punto la gestión del bosque, la depredación o la fragmentación del territorio son los factores más determinantes o el propio cambio del clima desde boreal a Mediterráneo en el Norte de la Península.
La opinión de un especialista en vallados de protección para espacios naturales en Cantabria
Carlos Osma, especialista en cerramientos cinegéticos y vallados de protección para espacios naturales en Cantabria, considera que la reintroducción de especies amenazadas como el urogallo cantábrico debería estudiarse desde una perspectiva práctica y basada en los resultados obtenidos en otros programas de conservación. En su opinión, liberar ejemplares en zonas donde continúan existiendo las mismas amenazas que provocaron su declive histórico puede reducir notablemente las posibilidades de éxito de cualquier iniciativa.
Incluso espécies autóctonas como el jabalí o el ciervo pueden convertirse en invasoras, de alguna manera, cuando carecen de depredadores naturales y no son cazadas para reducir unos números bestiales que transforman estas poblaciones en plagas. Y luego vienen los disgustos cuando estas cosas pasan. Por esto es fundamental una estrategia de verdad que salve a la flora y fauna autóctonas, incluso de los propios depredadores naturales.
Según explica, uno de los principales problemas para muchas especies vulnerables es la elevada presión que ejercen depredadores oportunistas como zorros, jabalíes, garduñas o determinados córvidos sobre huevos, pollos y ejemplares jóvenes. En el caso concreto del urogallo, la depredación sobre nidos puede tener un impacto muy importante en poblaciones que ya cuentan con muy pocos individuos reproductores. Por ello, Osma plantea que una de las alternativas que merecerían ser evaluadas por científicos y administraciones sería la creación de grandes santuarios naturales vallados, diseñados específicamente para la conservación. Estos espacios no tendrían como objetivo aislar completamente a las especies, sino ofrecer áreas seguras donde las poblaciones pudieran recuperarse durante varias generaciones antes de plantear una expansión hacia territorios abiertos.
El experto señala que este modelo ya ha sido utilizado en diferentes lugares del mundo para proteger especies amenazadas frente a depredadores introducidos o frente a una presión excesiva de fauna generalista. A su juicio, cuando una población se encuentra al borde de la desaparición, resulta razonable valorar medidas excepcionales que permitan incrementar la supervivencia de los ejemplares más jóvenes.
Especialistas en cerramientos de montes en Cantabria
Carlos Osma también recuerda que el problema no se limita al urogallo. Otras especies de aves que nidifican en el suelo, así como pequeños mamíferos y determinados anfibios, sufren dificultades similares cuando coinciden densidades elevadas de depredadores y alteraciones del hábitat. Por ese motivo, considera que los cerramientos de conservación podrían convertirse en una herramienta complementaria dentro de estrategias más amplias que incluyan restauración forestal, mejora del hábitat, control de especies invasoras y seguimiento científico continuado.
No obstante, el especialista advierte de que cualquier proyecto de este tipo debe diseñarse cuidadosamente para evitar efectos negativos sobre el ecosistema. Los vallados tendrían que permitir el movimiento de determinadas especies, minimizar el impacto paisajístico y someterse a evaluaciones ambientales rigurosas. Además, insiste en que un santuario vallado no debe entenderse como una solución definitiva, sino como un recurso temporal para ayudar a recuperar poblaciones extremadamente frágiles.
Carlos Osma cree que la conservación de especies amenazadas exige combinar el conocimiento científico con soluciones técnicas eficaces. Desde su experiencia en cerramientos de montes en Cantabria, sostiene que los santuarios vallados libres de depredadores podrían convertirse en una herramienta interesante para aumentar las probabilidades de éxito de programas de reintroducción del urogallo y de otras especies que actualmente atraviesan una situación crítica.





























