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Home Cultura Historia

Los amigos y enemigos de Teodosio Ruiz González y el Santander de su tiempo

by Redacción
07/10/2026
in Historia, Los cuatro naufragios del Capitán, Santander, Seguridad, Sucesos
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Una calle para Teodosio Ruiz González, alias Piloto
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Escándalos nocturnos y alcoholismo en el Santander del Machichaco

Escándalos de la noche
Durante toda la noche de ayer, como domingo y siguiendo la costumbre, fueron desfilando por la prevención varios borrachos y familias mal avenidas á consecuencia del vino. También, y en distintos puntos de la población, se promovieron algunos escándalos, durmiendo en la prevención los promovedores.

Por orden del señor Gobernador ingresaron ayer en la cárcel tres individuos por blasfemar del Santo nombre de Dios.

Han sido denunciados, según consta en el libro de la guardia municipal:
Los niños Evaristo Gómez, su hermano José y Gustavo Lavín, por haber tirado al pelo y á la cara excremento de ganado vacuno á la joven Ángela Camargo.
Daniel Ortiz Bustamante, por pegar un fuerte golpe en la cabeza á Manuel Peña, haciéndole rodar por el suelo y causarle una herida, de la que fué curado en la casa de socorro.

Prostitución clandestina en Santander en el siglo XIX

Hay también en el periódico una sección titulada «Casas clandestinas», en la que se da cuenta, con el pretexto de denunciarlas, de todas las mancebías disfrazadas que funcionaban en Santander. Un ejemplo de esta miscelánea periodística:

«¿No es en la tasca de “El Cuervo”, esquina a Garmendia, donde se admiten citas? Es en la calle de Somorrostro, 2, segundo, izquierda, en cuya casa, el dueño del establecimiento, admite la prostitución clandestina, a causa de haber sido expulsado por el dueño del primer piso en que antes habitaba, contiguo al establecimiento. Y al que no quiere caldo, taza y media…»

Todos los números son iguales, con pocas variantes, pues todos tratan los mismos temas, con semejante léxico. ¡Y esto se estuvo publicando durante más de dos años, entre el regocijo del público, que paladeaba como plato exquisito aquel cúmulo de obscenas atrocidades!

El auge de las casas de lenocinio clandestinas en el Santander de Pick

Surgieron como setas por todas partes en el interior de la propia ciudad, lo que motivaba quejas insistentes de vecinos que pedían el exilio de estas casas de escándalo a las afueras de Santander. Incluso podemos decir dónde se encontraban estos burdeles más o menos clandestinos:

Calle Ruamayor 19, donde la dueña fue multada por faltar al respeto a la autoridad.

Calle Ruamayor 21: multadas la encargada y dos pupilas de la casa de lenocinio por faltar á la decencia pública y desobediencia á los agentes de vigilancia.

Calle Ruamenor.

Calle del Arrabal: en una de las primeras bodegas, una mujer que ejerció en la Cuesta de Garmendia produce constantes escándalos.

Calle del Arrabal 23: escándalos todas las noches.

Calle del Arcillero: se detuvo aquí a un ladrón al que buscaba la Policía.

Cuesta de Garmendia 11: se echó a honrados inquilinos para montar allí un prostíbulo.

Cuesta de Gibaja: en una casa de lenocinio de esta calle se tirotearon unos toreros.

Calle Peñas Redondas 1, segundo piso balcón, (y otro piso más que era un tercero): dos mozas se tiraron por la ventana de los respectivos burdeles donde estaban, en episodios distintos,

Cuesta del Hospital

Calle Vargas

Calle Peñaherbosa


Algunos vecinos de la Cuesta de Garmendia nos ruegan que llamemos la atención de quien corresponda sobre el hecho de que el dueño de la casa número 11 de dicha calle haya despedido á todos sus inquilinos, gentes honradas, para arrendar los pisos á una mujer que piensa establecer allí una casa de lenocinio. El hecho de estar esa casa muy próxima á un colegio, ¿no sería motivo bastante para que el Gobernador impidiese que en la citada casa se estableciese el aludido repugnante comercio?

Conservación del orden y vigilancia en cuanto a la prostitución clandestina en Santander se refiere:

«No sabemos si los guardias destinados á la conservación del orden y vigilancia de las casas de lenocinio cumplirán debidamente con los mandatos de sus superiores; pero lo que sí sabemos y desearíamos que se evitase es que esas desgraciadas mujeres estuvieran, como están la mayor parte del día, como un muestrario en los balcones llamando la atención de los transeúntes, cuando no en grandes conversaciones y jaranas en la vía pública, como sucedió antes de ayer por la tarde en la Cuesta de Gibaja, según nos dicen. El señor Alcalde haría muy bien poniendo correctivo á los que lo necesiten.»

Escándalos gordos junto a las casas de lenocinio:

«Si resucitaran nuestros padres, ellos que habían de ser sorprendidos á la vista de las mejoras urbanas y de las reformas materiales, más sorprendidos quedarían cuando se enteraran de lo que ahora sucede en su honrada ciudad, de que se promueven escándalos gordos cada media hora y de que se apuñalan las gentes dos veces á la semana, ni más ni menos que en ese Madrid que horroriza á las viejas, á la puerta de la taberna, á la salida de las casas de lenocinio, un poco más cerca ó más lejos de los cafés cantantes.»

Medida que se impone para poner límites a la prostitución clandestina en Santander en el siglo XIX


A empeño de honra deben tomar los que por el puesto que ocupan y por lo que representan, que el mal ejemplo no se perpetúe y que el escándalo cese. A las excitaciones de la prensa local ha respondido, con buena fé completa, nuestro Gobernador ordenando la persecución y caza de las palomas de bajo vuelo, consiguiendo la emigración de muchas de ellas. Esta medida ha reducido su número; pero el ejemplo continúa en pié, es decir, que aun pululan de día como de noche las vendedoras de amor físico, y no es raro ni extraño hallarlas en determinados cafés apurando copas de aguardiente ó botellas de vino; es tanto hacen su leva. Sabido es el lenguaje que usan esas desgraciadas; sus frecuentes disputas que á veces degeneran en riñas, no pocas de desenlace trágico. Sus más que desenvueltos ademanes, y su cínico desceco para todo, ahuyentan de su paso no solamente á la honesta joven y á la honrada madre de familia y á la ignorante niña, sino también á todo hombre que en algo se estime. Pudiera pasar, ya que ese mal se aprecia como necesario, acaso por pagar contribución, que esas individuas tendieran el vuelo por esas calles santanderinas de la una de la noche hasta el amanecer; pero lo que no puede ser, ni debe, es que se las permita habitar en el centro de la población, en calles donde son constantemente vistas y sentidas por los niños de ambos sexos que á las escuelas próximas concurren. Frecuentemente cantan, y la obscenidad de sus cantares no trasciende á la calle, es cierto; pero en cambio los que en las colindantes casas habitan los sienten partir del interior, de las cocinas, y no es esto nada grato para el padre que procura inculcar en el alma de sus hijas los preceptos de la más sana moral.

Ruamayor, Ruamenor, Cuesta del Hospital, calles céntricas son; en ellas habitan personas tan dignas, tan honradas, tan decentes como las que más, y en esas calles no escasean casas en que moran hembras de vida airada.

Natural es que esas mujeres se exhiban ya en los balcones, ya en los dinteles de las puertas, ya en sus nocturnas y diurnas salidas; y el escándalo de las personas timoratas subsiste. Que esto tiene fácil remedio sábemoslo todos, bastaría, para ponérselo al mal ejemplo, con que quisiera la autoridad de la provincia secundada por los propietarios, algunos de los qué, más atentos al bolsillo que á la propia conciencia y á la moralidad, no vacilan en alquilar sus casas á mujeres cuyo contacto pudiera ser principio de corrupción en los propios, como lo es en los ajenos. Nosotros, para quienes la moralidad está sobre todos los intereses y conveniencias, á ser jefes de una provincia procuraríamos que las casas de lenocinio se establecieran en los arrabales de la población, ya que la ley las ampara y el fisco las explota. El señor Díaz Merry que tantas pruebas ha dado, en el poco tiempo que hace está entre nosotros, de interés por el mejoramiento moral, material é intelectual de Santander, haría un verdadero acto meritorio llevando á la práctica lo que dejamos expuesto; esto es: la traslación á los arrabales de Santander de las mancebías públicas, ya que por desconocer su existencia no se pueda hacer lo mismo con las secretas. Y en este asunto, creemos ser intérpretes de los pensamientos de todo el vecindario honrado.

Campaña moralizadora en Santander


En algunos de nuestros últimos números denunciamos al señor gobernador civil la existencia de gente sospechosa en una casa situada en la calle de Vargas y en otra de la de Peña-Herbosa. Nuestras denuncias fueron atendidas por la autoridad, habiéndose corregido y castigado á los que, turbando la tranquilidad de honrados vecinos, escandalizaban y cometían faltas de moralidad y decencia. Suponiendo nosotros, dados estos antecedentes, que la primera autoridad de la provincia está resuelta á impedir que en casas de honrada vecindad habiten personas de sospechosa conducta, nos apresuramos á hacernos eco de las quejas que vienen formulando algunos vecinos de la calle del Arrabal. Dicen ellos que en una de las primeras bodegas de esta calle habita una mujer que hasta ahora ha estado en una casa de lenocinio de la Cuesta de Garmendia. Las molestias que produce y los escándalos que origina no son para dichos y tan quejosos están de ella los que por allí viven, que suplican encarecidamente á la autoridad haga cuanto pueda y esté de su parte para que sea desalojado por esa mujer el local antes dicho. Pero no se quejan de esto solamente los que habitan en la calle del Arrabal. Quéjanse también de que la casa número veintitantos se haya convertido en un petit Brillante, pues tal cosa supondrían, dicen ellos, los que á altas horas de la noche pasen por cerca de aquella casa. Como quiera que los escándalos que esas… personas sospechosas—y tan sospechosas—vienen dando no llegan, al parecer, á oídos de los guardias que vigilan la calle del Arrabal, es necesario, á nuestro juicio, que los activos jefes de vigilancia tomen cartas en el asunto y hagan que las tales gentes «ahuequen» lo más pronto posible de aquellos locales. Esperamos que el señor Gobernador dictará las oportunas órdenes y hará cuanto pueda y esté de su parte para que la honrada vecindad de dicha calle no se encuentre molestada por esa… gente de mal vivir, tan perturbadora y escandalosa.

Trata de blancas y blancos (menores) en Santander: la mayor vergüenza de la belle époque

El Juzgado de Instrucción ordenó antes de ayer que fuera cerrada una casa de lenocinio por haber sido encontrada en ella una joven de trece años que había sido llevada allí por engaños.

«Un periódico de Bilbao da cuenta de la siguiente infamia:
Una distinguida señorita de Valladolid, de diez y ocho años abandonó el colegio donde se hallaba y con dos amigas suyas se trasladó á Santander, no se sabe si por impulsos de su propia voluntad ó de la de alguien.
Allí fué seducida y abandonada en una casa de lenocinio.
Bilbao, Santander, Pamplona y Valladolid, tienen establecido comercio de mujeres, haciendo frecuentes operaciones, cambios, compras y ventas de desgraciadas muchachas, y a esto se debe que la señorita fuera á Bilbao, poco tiempo hace á otra casa análoga.

En esa casa de Bilbao la encontró un hombre honrado, oyó de sus labios las desventuras que había sufrido desde su salida de Valladolid, y escribió á la madre de la muchacha. El Gobernador de Valladolid telegrafió al de Vizcaya, pero cuando la policía de Bilbao se presentó en la casa en cuestión, ya no estaba allí la joven: había sido objeto de una venta y enviada de nuevo a Santander. Al Gobernador de aquella provincia se ha telegrafiado para que averigüe su paradero y la ampare, poniéndola á disposición de su familia. De seguro será descubierto si los gobernadores y la policía tienen interés en ello; porque la resistencia que las tratantes de mujeres blancas oponen á la autoridad, se vence fácilmente con multas de 500 pesetas y algunos días de cárcel, como hizo el gobernador de Vizcaya con el ama de la casa de Bilbao; pero entretanto y después, seguirá la horrible trata, mil veces más infame que la de negros, á despecho de la moral y de la ley.»

Robos y desmanes producidos por la prostitución en Santander en el siglo XIX

Este tipo de hechos desgraciados, unidos a la ya de por sí desgraciada prostitución, no eran exclusivos del alegre y próspero Santander del siglo XIX y aquí os ponemos algunos ejemplos que trascendieron en la prensa local montañesa.

Según leemos en los periódicos de Sevilla, la noche del domingo un soldado del regimiento de Extremadura penetró en una casa de lenocinio de la calle Muro de las Catalinas, y como tratara de hacer gastos sin llevar dinero alguno, no pudiéndolo conseguir, promovió grande escándalo que dió por resultado el que le arrojaran de la mencionada casa. Ya en la calle el soldado, quiso vengar en alguien las ofensas que dentro de la referida casa se le hicieran, y acercándose á una de las ventanas llamó, para hablarla, á una joven pupila y cuando la tuvo á su alcance, sin otras palabras, la asestó una puñalada en el cuello que le produjo gravísima herida, después de lo cual emprendió la fuga precipitadamente. La infeliz Dolores Medina Jiménez, que así se llama la víctima, fué auxiliada por el ama de la casa y varios transeuntes, trasladándola éstos inmediatamente á la Casa de socorro, donde se le practicó la primera cura, pasando después á su domicilio en un carruaje. La herida tiene 14 centímetros de extensión y ha sido calificada por los médicos de bastante gravedad.

Reyerta en una casa de prostitución en Bilbao:

«En una casa de lenocinio de Bilbao ocurrió una reyerta entre varios jóvenes. Acudieron los serenos, resultando tres heridos.»

Julia Baeza, pupila de una casa de lenocinio que practicaba estafas:

«La detención de la joven Julia Baeza, pupila de una casa de lenocinio sita en la calle de la Gorguera, está relacionada con este asunto del modo siguiente:
A las cinco de la tarde, poco antes de descubrirse el desfalco, un empleado en el negociado de cuentas corrientes, de apellido Rojas, pidió permiso para retirarse, y concedido que le fué, se encaminó á la citada casa non sancta. Interrogado, manifestó sin reticencias el lugar donde había empleado el tiempo que mediaba desde su salida de la oficina hasta entonces, y el juzgado se trasladó á la casa de lenocinio inmediatamente. La joven Julia Baeza negó que allí hubiera estado el joven Rojas, y menos con ella.»

Reyerta a tiros de unos toreros en una casa de lenocinio en Santander


«En una casa de lenocinio de la Cuesta de Gibaja suscitaron una reyerta hoy, á las tres de la madrugada, unos toreros que llegaron ayer de Méjico en el vapor «Antonio López». Uno de los toreros hizo dos disparos de revólver sin que, afortunadamente, hiriera á nadie. Uno de los contendientes, que sufrió una contusión en un pie, fué curado en la Casa de socorro y desde allí se trasladó á su domicilio. Los otros dos fueron conducidos á la prevención por un sereno que acudió á las voces que, pidiendo auxilio, daban las pupilas de la casa.»

Ante la Sección primera se vió ayer en juicio oral la causa instruída en este Juzgado contra Amada Inisterra Izquierdo, acusada de haber sustraído de una cartera 3.840 reales en billetes del Banco, propiedad de Dolores Sisniega, de cuya casa de lenocinio estaba aquélla encargada y en tal concepto guardaba las llaves. El señor Abogado fiscal pidió se impusiera á la sumariada, por haber mediado grave abuso de confianza, la pena de cinco años y seis meses de prisión é indemnización de la cantidad sustraída. La defensa interesó la absolución por no resultar probada la preexistencia de aquella cantidad, y mucho menos que la Amada la sustrajera.

En juicio oral y público se vió ayer ante la sección segunda la causa instruida en el juzgado de esta ciudad, contra Eugenio Santa Cruz Martínez, sobre hurto de un reloj de oro, tasado en 75 pesetas, en una casa de lenocinio, á la pupila María Lucientes, la noche del 6 al 7 de Febrero último. El señor abogado fiscal sustituto pidió se condenara al sumariado á la multa de 125 pesetas y devolución del reloj á su dueña. La defensa alegó que su patrocinado no tuvo intención de hurtar el reloj sino de bromearse, y que en consecuencia los hechos no constituyen delito y debe ser absuelto el Santa Cruz.

Por la Sección segunda se ha dictado sentencia en causa del Juzgado de Reinosa, contra María González Fernández, Andrea Josefa Espinosa y Arroba y María García del Barrio Rodríguez, condenándose á la primera, como autora de tres delitos de hurto doméstico y, por ser menor de 18 años, á dos meses y un día de arresto mayor por cada uno de ellos, á la segunda como autora también de dos delitos de igual clase y ser menor de 15 años á la multa de 125 pesetas por cada delito y absolviéndose á la tercera por falta de acusación contra ella.

El presunto autor fue detenido en una casa de lenocinio en Santander


«El presunto autor del robo estaba en una casa de lenocinio de la calle del Arcillero y se le ocuparon 19 pesetas y 40 céntimos, un reloj y cadena de níkel y una navaja de muelles (…), sin que por el momento fuera posible arrancarle ninguna confesión de haber cometido el delito que se perseguía, hasta que por averiguaciones practicadas en la casa donde fué preso se supo que la dueña de ella le había cambiado por billetes de Banco algunas cantidades en plata…»

Suceso extraño: una moza se arroja por el balcón en el centro de Santander


Anoche, á las nueve y media próximamente, una pupila de una casa de lenocinio situada en la calle de Peñaredondas, número 1, se arrojó a dicha vía desde un balcón del segundo piso. Varios vecinos la recogieron y en una silla fué llevada á la Casa de socorro, donde fue reconocida y curada de primera intención por el médico de guardia. Presentaba la dislocación del brazo izquierdo por el codo y la fractura del húmero del mismo lado. Á las preguntas que se la dirigieron acerca de cuál fue el móvil que la impulsó á tomar tan desesperada determinación, contestó que lo había hecho por no poder aguantar los malos tratamientos que se la daban. Esto mismo dijo al Juez señor Gómez Calderón…

Sin embargo, algunas mujeres de la misma casa y otras que llegaron después, aseguraban que la individua en cuestión había querido fugarse de la casa, en la cual debía algunos duros, pues hacía pocos días que se hallaba allí de nuevo después de haber vivido anteriormente algún tiempo en dicha casa. También dijeron que antes de arrojarse había tirado a la calle un lío de ropa que recogió un muchacho que la esperaba. La desdichada, que se llama Josefa López y tiene 19 años, fue conducida al hospital de San Rafael en coche. Al salir de la Casa de socorro se reunió en la calle de la Compañía un gran grupo de gente, entre la que se discutía los motivos de tan extraño suceso.

Es un relato bastante revelador: primero recoge la versión de la joven (que se lanzó por los malos tratos), y después la contrapone con la versión de las mujeres de la casa, que afirman que intentaba huir porque debía dinero. Esa estructura de presentar versiones contrapuestas es típica de la prensa de la época.

Y no fue la única, por desgracia. María Rodríguez fue otra moza en esta tremenda situación y que se arrojó una noche por una ventana. ¡Y en la misma zona de Peñas Redondas!

«A las cinco de la madrugada de ayer, una joven de 18 años, llamada María Rodríguez, pupila de una casa de lenocinio en la calle de Peñas Redondas, se arrojó á la calle desde la ventana de un tercer piso, produciéndose una fractura en el tercio inferior de la pierna izquierda y gran contusión en la región lumbar. Fue trasladada á la Casa de socorro y desde allí al Hospital de San Rafael.»

Multas y clausura de casas de prostitución en el Santander del siglo XIX

El señor Gobernador civil ha multado en 45 pesetas á una mujer de la vida pública, por escándalo y blasfemias. También ha multado en diez pesetas á la dueña de una casa de lenocinio por tocar en su casa el piano á deshora de la noche escandalizando el vecindario, y en otras diez á otras dos mujeres de la misma clase por salir á la calle y llamar la atención del público.

El señor gobernador civil ha multado con 25 pesetas á cada una de las individuas Ángela Herrera y Valentina Gutiérrez, por faltar á la moral y á la decencia pública. Igualmente han sido multadas la encargada y dos pupilas de la casa de lenocinio sita en la calle de Ruamayor número 21, llamadas Sara Anan, María Fernández y Rosario Mateo, por faltar á la decencia pública y desobediencia á los agentes de vigilancia.

El Gobernador impuso ayer 50 pesetas de multa á la dueña de una casa de lenocinio, y está dispuesto á castigar con el mayor rigor a las empleadas que tiene a su cargo a la sección de higiene si no se cumplen sus órdenes.

El señor gobernador civil ha impuesto la multa de 200 pesetas á Dolores Sieniega, ama de una casa de lenocinio que hay en la calle de Peñas Redondas.

El señor gobernador civil ha impuesto la multa de cincuenta pesetas á la dueña de una casa de lenocinio situada en la calle de Ruamenor, por producir escándalo á deshora de la noche.

También fué multada en 25 pesetas la dueña de una casa de lenocinio, por infracción del reglamento de higiene.

Se ha dispuesto por el Gobernador de la provincia que ingrese en la cárcel pública una dueña de una casa de lenocinio por haber sido repetidamente castigada por escándalos, y que por tránsito de la guardia civil sea conducida al pueblo de su naturaleza.

El señor gobernador civil interino, ha multado en 50 pesetas á Natividad Rodríguez, ama de la casa de lenocinio en Ruamayor, número 19, por falta de respeto y desobediencia á los agentes de la autoridad. También ha multado en 50 pesetas á Isabel Díaz García, por faltas á la moral y á la decencia pública.

La dueña de la casa de lenocinio cerrada por disposición judicial ingresó ayer en la cárcel, después de declarar largamente ante el Juez de instrucción.

En la carpeta de la prensa del Gobierno civil encontramos ayer la siguiente nota: «El Gobernador civil ha impuesto ayer una multa de cincuenta pesetas á una dueña de casas de lenocinio por faltas cometidas, y está decidido a proceder contra los empleados que tienen á su cargo el servicio de higiene y que no cumplan con todo rigor las órdenes que se les dan.»»

Cierre de casas de lenocinio en Santander y exilio de las meretrices


El Gobernador civil señor Manzano, consecuente con su idea de reprimir con mano fuerte los escándalos que producen constantemente ciertas desgraciadas mujeres, ha ordenado que se cierre una casa de lenocinio que tenía una desgraciada llamada Hermelinda Gómez; y para evitar que siga ejerciendo su infame tráfico en esta población, ha dispuesto que salga de la ciudad en el término de tres días.

El señor Gobernador civil ha mandado clausurar inmediatamente una casa de lenocinio por no reunir condiciones ni aun de higiene privada.

Anoche se ha acercado á nuestra redacción una comisión de vecinos de la calle del Arrabal, rogándonos llamemos la atención de las autoridades acerca de los escándalos que diariamente se repiten todas las noches en mencionada calle y que tienen su origen en la casa número 23, donde se halla establecida una casa de las llamadas de lenocinio.

Declaración de las dueñas de las casas de lenocinio

«Anteanoche comparecieron en las oficinas de la diputación provincial, y ante el delegado del gobierno señor La Paliza, las dueñas de las casas de lenocinio á fin de declarar acerca de las denuncias hechas en las columnas de El Manifiesto.
Les fué leído cuanto hemos escrito sobre este particular en los artículos «Consulta» é «Inventario curioso», declarando aquellas ser verdad en todas sus partes cuanto afirma este periódico, y añadieron algunos otros detalles que, por repugnantes, nos abstenemos de expresar aquí, y que corroboran nuestras aserciones de que, durante el último período de mando zabalesco, hasta la prostitución era considerada como una granjería ú objeto de comercio por aquellos inolvidables funcionarios.
¡Buena lección, la que las mujeres públicas dan, denunciando ese asqueroso y nefando comercio, á los hombres públicos, que nos vienen llamando difamadores! En verdad que aquellas han demostrado superar en mucho á éstos, en vergüenza y dignidad.»

Sigue imponiendo multas el señor Gobernador á los infractores de las ordenanzas municipales y gubernativas.
El viernes fué multado en la cantidad de 50 pesetas el dueño del conocido Café América, sito en la calle de Cuesta, don Antonio García y Cazorla, por tener gente en el local á deshora de la noche. También fué multada en 25 pesetas la dueña de una casa de lenocinio, por infracción del reglamento de higiene.

La isla de Jauja (un trozo de la Calle de la Justa)


«Puede llamarse así al trozo de la calle de la Justa que media entre el callejón del Perro y la calle de la Flor. Además del gran número de casas de mal vivir y de la más baja estofa que allí existen, ha venido á aumentar el constante peligro de los vecinos una taberna que se ha establecido, y que ostenta en la muestra el pomposo título de Academia de Baco.
En este templo mitológico, se reúne una clase de gente que, además de tener en jaque continuo á los agentes de la autoridad, suele formar tertulia en dicho establecimiento con una parroquia que hizo célebre en su tiempo á la taberna de Pepa la Chamberilera.
El dueño de la tienda está preso en la actualidad por mor de un relojillo, cuya fuga no se ha puesto bien en claro.
Esta madrugada, á la una, el señor Betegón, con el secretario de la tenencia de alcaldía, el alcalde de barrio, señor Colao, el inspector de noche y tres parejas de guardias de policía urbana, giró una detenida visita á la taberna, practicando en ella un minucioso registro, y haciendo entender al encargado la conveniencia de mudarse á otro distrito, por estar decidido á no consentir establecimientos de esta clase en el suyo. Después visitó el señor Botegón las casas de lenocinio, imponiendo varias multas á las dueñas de las mismas y deteniendo en una á un sujeto llamado Antonio Gadea, el cual negó su domicilio y titubeó al dar su nombre.»

Rumores
«Según se decía en todos los corros, el ama de llaves no tenía los mejores antecedentes. Nosotros nos abstendremos de repetir cuanto respecto á ella se habló y se aseguró en el lugar del suceso.
Alguien de los que había por allí dijo que en el Juzgado se había despertado la sospecha de que la caja se hubiese abierto con anterioridad, pues el móvil del crimen parece seguramente el robo.
Nada más podemos decir por hoy á nuestros lectores, á quien tendremos al corriente de lo que en este asunto ocurra.
Una de las cosas que más lamentaba todo el mundo en el lugar del suceso (sin pretender relacionar una cosa con otra), era la existencia de las casas de lenocinio que infestaban la desdichada calle de la Justa.»

Un muerto sin identificar

«Esta mañana se ha presentado en el Gobierno una mujer que durante mucho tiempo tuvo en Madrid una casa de lenocinio, diciendo que había visto el retrato del muerto, reconociendo en él á un sobrino suyo llamado José López que hace quince ó veinte días desapareció de su casa. Esta mujer habló con el señor Aguilera, quien le enseñó una fotografía de cuerpo entero del cadáver, y afirmó entonces que, en efecto, era el de su referido sobrino. Fué tal la impresión que en este momento recibió, que presa de un síncope cayó al suelo desmayada. Repuesta del desmayo, dió largos detalles de su sobrino. Dijo que era un joven muy afeminado y se le conocía por el apodo de La Dorada. Con estos antecedentes, el Gobernador envió á algunos policías á determinadas casas donde pudieran haber conocido á La Dorada, y, en efecto, poco después fué hallado dicho joven en una casa de lenocinio de la calle del Pozo.»

Barateros y otros tramposos y abusos del juego

Dar el pego en Santander

El venezolano tomó los tres francos, y creyendo que los demás son tontos en este mundo, se propuso dar el pego á un prestamista, vendiéndole la papeleta.

No concibió cosa mejor que agregar unos ceros al número que figuraba como precio del empeño; pero se le ocurrió tanto la mano que le agregó cinco ceros, por lo cual su chaleco valía lo menos 300.000 francos.

—Se la doy á usted por su precio, dijo al prestamista, y eso que vale mucho más.

—Aguarde usted un momento, que voy á por los cambios, dijo al prestamista, volviendo luego éste con una pareja de la policía, que detuvo al feliz propietario de un chaleco de 300.000 francos.

El juez requirió a la guardia civil para sorprender una partida de juego en Reinosa

La guardia civil de Reinosa comunica que en la madrugada del domingo último el juez de instrucción de aquel partido requirió el auxilio de la guardia civil para sorprender una partida de juego que funcionaba en el segundo piso del café de El Ebro.

El jefe de la línea dispuso las fuerzas convenientemente y poco después el juez, el teniente, el sargento y el cabo-comandante del puesto, convencidos, después de varias diligencias, de que se jugaba, se dirigieron al café, donde momentos antes habían sostenido una disputa, por cuestiones del juego, un maestro de escuela y el banquero.

Subieron el juez y sus acompañantes al segundo piso de la casa, y al pretender entrar los que había dentro cerraron la puerta. El juez llamó repetidas veces, y como no fué obedecido mandó descerrajar la puerta. Entraron y encontraron en una habitación á 22 sujetos, que por orden del juez fueron cacheados y conducidos á la cárcel.

En el momento de la sorpresa fueron hallados los detenidos alrededor de una mesa de juego, sobre la que se encontraron varias barajas y una bolita de cera. Al ser registrados los «puntos» se les encontró nueve navajas, dos tijeras y una plaquita de hierro que, con la cera, se utiliza para dar el pego. También les fueron ocupadas 2.031 pesetas y dos monedas de oro.

Los jugadores quedaron en la cárcel á disposición del Juzgado.

El Café América: donde la inmoralidad tiene su más alto asiento

En conjunto, estas noticias muestran que el Café América fue uno de los establecimientos más conflictivos y populares del Santander de finales del siglo XIX y comienzos del XX, apareciendo con frecuencia en la prensa por sus divertidos bailes de carnaval, las riñas, los altercados con marineros, las intervenciones policiales, las multas y otros sucesos pintorescos de toda clase.

En el Café América lo mismo que en el Teatro. Desanimación, falta de buen gusto en los trajes, máscaras mudas.
Y eso que lo mismo el señor Sobarzo en el coliseo, alumbrado con dos magníficos arcos voltaicos, además de las lámparas, que la sociedad Esmeralda en el café América, han desplegado todas sus aptitudes y su buen gusto para que resultaran los bailes brillantísimos.
Se espera, no obstante, que el de las flores, que se verificará en el Teatro mañana martes, será muy concurrido y espléndido.

Protesta contra la conducta del Senado norteamericano

Como protesta contra la conducta del Senado norteamericano, el dueño del café América ha sustituido el nombre de su establecimiento por el de «Café Español» y ha hecho pintar los faroles con los colores nacionales.

Anteanoche en el café América, un joven abofeteó á un guardia de orden público y le desgarró el uniforme que vestía.
Ignoramos cómo se habrá arreglado este asunto, pero sabemos positivamente que ayer por la tarde, el joven en cuestión paseaba libremente por las calles más concurridas.

Pero esta agresión no debió de ser para tanto cuando fue liberado de seguido (o tal vez es que puso algún billete en algún bolsillo importante):

Ayer fué puesto á disposición del Juzgado el joven que la noche del jueves promovió en el café América un escándalo de que dimos cuenta en nuestro número anterior. Según informes que ayer pudimos recoger, el joven citado, que por cierto no se hallaba completamente sereno, no hizo más que romper el uniforme á un guardia de orden público que intentó sacarle fuera del establecimiento. El Juzgado, en vista de la poca gravedad del delito, le puso en libertad poco después de efectuarse la detención.

Versos satíricos sobre una pelea con unos franceses en Santander

En el café América
hubo el otro día
un combate en regla,
una lid reñida,
entre unos franceses
de sangre bravía
y unos cuantos mozos
que les agredían.
Botellas y bancos
y mesas y sillas
sirvieron de armas
ofen-defensivas,
y hubo contusiones
y algunas heridas,
siendo de socorro
la Casa precisa.
Para que la gente,
que es olvidadiza,
recuerde el combate
librado ese día,
del café á la puerta
el dueño debía
¡poner una lápida
conmemorativa!
Amadís.

Reyerta en el Café América de Santander

Ayer se originó en el café América un fuerte escándalo, con la correspondiente reyerta entre los mozos del establecimiento y algunos franceses de la tripulación del «Chateau-Laffite» que, después de haber desocupado algunos frascos de ginebra, se negaron á pagar y la emprendieron á golpes con los mozos, rompiendo todas, ó casi todas las botellas del mostrador. De la contienda resultó herido uno de los mozos en una mano, con uno de los vidrios rotos, y dos de los franceses de heridas en la cabeza, también producidas con los cascos de las botellas.
Intervinieron los guardias, condujeron á la Casa de socorro á españoles y franceses y allí fue el nuevo jefe de la guardia municipal, disponiendo se diera aviso al señor Cónsul francés para que tuviera conocimiento de lo sucedido y dispusiera lo que fuera conveniente; pero al practicarles la cura ocurrieron lances muy cómicos, pues los franceses insultaban en su lengua al médico de guardia y á los practicantes, intentando pegarles; y cuando al más recalcitrante de ellos se le puso la camisa de fuerza, pues no era posible curarle de otro modo, hizo un gran esfuerzo, se arrancó los vendajes antes de quedar del todo sujeto y una vez trincado empezó á cantar con estentórea voz la «Marsellesa».
La desesperación de los que les curaban, contrastando con su monumental borrachera, dio, como decimos, motivo para lances sumamente graciosos.

Anteanoche á las diez, dos mujeres y un hombre que entraron en el café América, fueron insultados por un camarero del mismo y por una joven llamada Dolores Andualle, con quien aquél sostiene relaciones amorosas. En vista de esto los insultados salieron á la calle, á donde les siguieron el camarero y su amante, la cual infirió á una de las mujeres una herida en la cabeza, armándose con tal motivo una verdadera batalla en la que todos tomaron parte y que dio por resultado que dos de las contendientes fuesen curadas de algunas heridas leves en la Casa de socorro, y los demás á la prevención.

Anoche á las doce y media fueron conducidos al Principal cuatro individuos, de oficio cocheros, por haber promovido un alboroto en el nuevo café América.

El Café Brillante: uno de los locales de pelo en pecho

Las noticias de la época muestran que el Café Brillante fue un establecimiento muy popular en el Santander de la época, donde se celebraban espectáculos y actuaciones musicales, pero también aparece con frecuencia en la prensa por altercados, robos, escándalos y varias sanciones impuestas por las autoridades debido al horario de cierre y al orden público.

Multa por escándalo
El señor Gobernador ha multado en cinco pesetas á seis individuos que anteanoche promovieron un tremendo escándalo en el café Brillante.

Robo a un licenciado del ejército
Por un agente de orden público fue capturado y puesto á disposición del Juzgado de instrucción un individuo que en la noche de anteayer, hallándose en el café Brillante con un licenciado del ejército de Cuba, robó á este un reloj, y le llevó después al muelle de Maliaño donde pretendió robarle también el dinero que llevaba. Dicho licenciado disparó un tiro sobre su buen amigo, con el cual logró amedrentarlo, y hacerlo desistir de su propósito.

Escándalo frente al Café Brillante
Un escándalo á que ayer nos referíamos, y que dió lugar á algunas detenciones, ocurrió frente al café Brillante, y no en ese establecimiento.

Escándalo dentro del Café Brillante
A las once y media de anoche se produjo un escándalo en el Café Brillante, siendo detenido el promovedor.

Comentario crítico sobre el Café Brillante
…pero á la doctrisa de calle Puente contra el «café brillantes», bien puestas café y hacen humos cuantos se antojan, y estropean fachadas, y molestan vecinos y nadie denuncia…
…que ya está, ya comprenderá cuál quiero decir, «café brillante», que brillar ya brilla, porque foco es pero de inmundicias en medio población…
…forasteros que vienes Santander todos tachan que casi primero «café brillante» encuentran que otras cosas mejores…
(Se trata de un artículo satírico donde un personaje critica el humo, la suciedad y las molestias ocasionadas por el establecimiento).

Mujer encerrada en una fonda detrás del Café Brillante


En una fonda de bebidas que hay detrás del café Brillante quedó anteanoche, con conocimiento de la dueña del establecimiento, encerrada una pobre mujer á quien se conoce en Santander por la Muda.
En la creencia de que se quedaba ésta sola, se cerró la tienda; pero á altas horas de la madrugada el sereno parece que oyó voces dentro del local, y, según después se ha sabido, procedían de que con la muda quedó un parroquiano que estaba completamente ebrio, y de cuya presencia en el local al cerrar la puerta nadie se había percibido. Los dueños de la taberna dice que ha notado la pérdida de un reloj.

Multa por cerrar tarde y por los espectáculos
Se ha impuesto una multa de veinticinco pesetas al dueño del café Brillante por cerrar después de las doce de la noche y por los escándalos que se promueven durante los espectáculos.

Multa por tener clientes de madrugada
El gobernador civil ha impuesto ayer varias multas á mujeres de mal vivir y á algunos individuos por blasfemos.
También ha multado en 50 pesetas al dueño del café Brillante por tener gente dentro á deshora de la noche.

Multa a seis individuos por un escándalo
El señor Gobernador ha multado en cinco pesetas á seis individuos que anteanoche promovieron un tremendo escándalo en el café Brillante.

Actuación artística en el Café Brillante
Hoy debutará por primera vez el célebre cantador Juan Ríos (el Canario chico).

El desembarco del Martinillo en el Gran Casino del Sardinero y la derrota de dos chulos andaluces

Nos lo cuenta Pick:

Era hacia el año 1905. Sangraba todavía el drama colonial, que en Santander había tenido repercusiones dolorosas. Y un día de verano, un hombre pequeño, cuadrado, de rostro enérgico y duro, moreno, casi negro, con prueba de su estirpe criolla, pobremente vestido, se presentó en el antiguo Casino del Sardinero, y preguntó por el gerente, que era don José Pardo y Pardo, un comandante de artillería, en situación de excedente, y que se había dedicado a los negocios en nuestro pueblo.

Un Comandante de Artillería sometido por un matón

Don José Pardo, no era una ursulina precisamente. Por su carrera, por su vida en cuarteles y campamentos, por su natural impulsivo y enérgico, era lo menos indicado para dejarse intimidar por un matón. Y el hombre que le iba a ver le habló de este modo:

—¿Usted no me conoce…?

—¡No tengo el gusto…!

—Pues soy «el Martinillo». Haga usted memoria. Los periódicos han hablado mucho de mí, hace algunos días. ¡Recuerde usted! ¡«Martinillo», el del Colonial de Madrid…!

Don José Pardo recordó. En el Colonial de Madrid, en cuyos salones funcionaba una famosa timba, se había presentado una noche un hombre que se hacía llamar «el Martinillo», y había desalojado la sala a tiros. Había sido un escándalo de los que hacen época. Por aquel hecho, el hasta entonces desconocido «Martinillo» había ganado la celebridad.

—¡Ah, sí, creo recordarle! ¿Usted dirá en qué puedo servirle…!

Y el héroe de la Puerta del Sol, muy cortésmente y evitando con gran delicadeza toda palabra ociosa, le explicó que había llegado a Santander en una lamentable situación. Y como sabía que la Empresa del Casino estaba compuesta por señores serios y respetables, celosos del buen nombre y de la paz de su establecimiento, acudía a ella seguro de que le tenderían su mano protectora.

El bizarro comandante de artillería comprendió enseguida, pues se trataba de un hombre avisado, el ultimátum que iba envuelto en aquella declaración. Pero no queriendo rendirse, y para ganar tiempo, contestó con suaves evasivas:

—Sí; yo querría servirle a usted. Pero tengo que consultar. En realidad, yo aquí no soy nadie. Vuelva usted dentro de unos días.

—¿De cuántos…?

—¡Hombre!: de dos; de tres. Pasado mañana…

—¡Hasta pasado mañana, señor…!

Licenciados del presidio para espantar a los chantajistas inoportunos

Cuando se retiró el aventurero, el gerente del Gran Casino llamó a su despacho a los «Cívicos». Eran éstos, dos andaluces, maños y licenciados del presidio. El Casino les tenía a su servicio para espantar a los chantajistas inoportunos. En dos palabras, les puso al corriente de la situación:

—«El Martinillo» ha estado aquí…

—¿El del Madrid…?

—Sí; el del Colonial. Viene «por tela». Yo le he dicho que vuelva pasado mañana. ¿Qué os parece a vosotros…?

—Pues que vuelva. Eso es cosa nuestra…

—¿No hay más que hablar…?

—¡Nada más, don José…!

En efecto, a los dos días, conforme a lo anunciado, don Diego Martín hacía su entrada solemne en el Casino del Sardinero. Los dos «Cívicos», a la puerta, le vieron entrar recelosos. Uno de ellos quiso interponerse, pero Martín, de un empellón, le echó a un lado, y siguió adelante. Los hermanos se consultaron en breves palabras.

—¿Qué hacemos…?

—¡Vamos a ver a don José…!

Y en el despacho entraron. Con voz trémula, le expusieron el caso.

—¡Mire usted! Ese hombre viene dispuesto a todo. Si usted quiere, le tumbamos, pero acaso esto no le convenga a la Empresa. Sería un escándalo. Hablando con él, todo se podría arreglar…

—¡Está bien! ¡Iros!

Instantes después, don José Pardo y Pardo y don Diego Martín Veloz conferenciaban nuevamente. El segundo salía luego con rostro satisfecho, y desde entonces, ninguna nueva visita inoportuna volvió a turbar el plácido negocio de la ruleta veraniega. Los croupiers, seguían diciendo con su voz nasal y cosmopolita:

—¡Hagan juego, señores! ¡No va más…!

Y «el Martinillo», en la terraza de los cafés del muelle, se fumaba unos espléndidos carunchos, con la vista puesta en la lejanía. Era un conquistador que acababa de poner su planta firme en Santander. Maduraba los proyectos futuros, su señorío y sojuzgamiento de la ciudad.

El «Huerto del Francés»: el Al Capone de Santander y dos trileros profesionales

Ricardo Pellón («Colindres»), era un trasmerano más fino que una anguila. No sabemos por qué, esa noble comarca de Trasmiera conocida con el nombre de las Siete Villas da, desde hace tiempo, una clase de flamencos que dejan en pañales a los andaluces de solera. Gente viva para los negocios; pronta a la juerga; desprendida y rumbosa cuando se ofrece la ocasión, y valiente como el que más cuando hay que dar el pecho, hemos conocido muchos trasmeranos «de banderas». Nacidos en Meruelo, en Ajo o en Castillo Arnuero, podían pasar en cualquier parte, para quien no les conociera, como hijos auténticos de Sanlúcar de Estepona. Hasta toreaban, cuando llegaba el caso, becerros y toretes con sal y hechuras. Uno de estos trasmeranos andaluizados era, por aquellos años que estamos historiando, el popularísimo Ricardo Pellón, más conocido por «Colindres».

Su profesión era la de camarero. En casinos, cafés y barcos, pasó su infancia y parte de su juventud, doctorándose en todas las asignaturas de esa difícil carrera que es la vida, cuando hay que ganarla con el arrojo o el ingenio, en lucha obstinada con la pobreza.

Durante algún tiempo estuvo de mozo en la sala de juego del Club de Regatas. Todos los días se hacían allí diferencias de miles de duros. Las propinas eran abundantes, y «Colindres» se acostumbró a no dar importancia al dinero. Además, aquella timba de aspecto tan correcto, a la que asistían autoridades y personas del más alto relieve social, constituía una escuela perfecta del tahúr. Varias veces se hicieron cambios de barajas que llegaban precintadas de las fábricas, y que se escamoteaban en plena estación del ferrocarril o en el trayecto de ésta al Club, sustituyéndolas por otras preparadas, para con ellas poder actuar sobre seguro.

Allí conoció también «Colindres» a Guardiola, que era el tirador del pego más célebre que ha habido en España. Un hombre de unas manos tan milagrosas, que sacaba siempre del paquete de naipes, barajásele como se quisiera, la carta que le convenía. Guardiola vino contratado a Santander por una empresa de juego, para tirar el pego a uno de nuestros señoritos, fabulosamente rico en aquellos tiempos, y que se jugaba su fortuna sin haberla heredado todavía, pues vivían sus padres, como si los billetes de Banco fuesen papel de estraza. En efecto: en poco menos de un mes de tirarle contrarias, el mago del naipe dejó a nuestro «pobre-rico» heredero, poco menos que en la indigencia.

Alentado con estos ejemplos y fortalecido con tales enseñanzas, Ricardo Pellón no tardó en dejar los oficios subalternos y en lanzarse a volar por cuenta propia. Después de varios tanteos, estableció un Club de billares en la calle de San Francisco. Fue el primitivo «Huerto del Francés».

Hay que advertir que por aquellos días había ocurrido en la provincia de Sevilla el famoso crimen del francés Aldije, que mataba en su huerto, para robarlos, a los incautos que atraía con el espejuelo de una ruleta. En todas partes se hablaba del «Huerto del Francés», y así, cuando se establecieron en nuestro pueblo estos negocios turbios, en que el juego figuraba como elemento principal, «Huertos del Francés» se llamaron. El establecido por «Colindres» en la calle de San Francisco recibió también este nombre.

La «timba» quedó instalada en el piso primero. Se jugaba al monte y al «chacarrata»

Se hallaba situado en unas casas que ya no existen, en el principio de la calle, frente a la iglesia de San Francisco. Precisamente, donde hoy tiene sus despachos «El Águila». Eran unas casas viejísimas, de dos pisos, probablemente las más antiguas de la calle. La «timba» quedó instalada en el piso primero. Se jugaba al monte y al «chacarrata», y la clientela la constituían estudiantes de pocos años; dependientes de comercio y oficinas, y muchos marinos, porque en Santander entonces estaba muy boyante la navegación, y abundaban los pilotos y maquinistas de barco, con dinero fresco, que frecuentaban toda esta clase de garitos.

El negocio era bueno, y sin grandes complicaciones, porque «Colindres», con su sagacidad trasmerana, había comprendido que el medio infalible de acabar con la polilla de matones, barateros y pronosticadores que cae sobre esta clase de establecimientos, era conceder el monopolio a uno solo, que cobraría por todos y se encargaría de alejar a los demás. Después de mucho pensarlo, se fijó en Diego Martín, recién llegado al pueblo, y que ya se había hecho temer y respetar por todos sus rivales. Diego estaba vacante en aquellos momentos, pues sin inteligencia con Teodosio, de que hemos hablado al referirnos a la explotación del «Dominó eléctrico», había terminado. No eran hombres hechos para vivir juntos; el uno, espectacular, escandaloso, impulsivo; el otro, prudente, razonador, callado e implacable. Sólo coincidían en que uno y otro aspiraban al dominio absoluto. Tenían que chocar, y chocaron.

Pronto corrió por el pueblo la especie de que el negocio de la calle de San Francisco estaba amparado por aquel cubano, de quien se contaban tantas cosas. En efecto, por las salas, se le veía fino, correcto, de mesa en mesa, mirándolo todo, y no hablando sino cuando se le invitaba, y siempre con personas que le parecieran dignas de su atención. Los busca ruidos y «los brujas», los que iban a jugar de boquilla, o a armar bronca, para que acudiese la policía, y al otro día hablasen los periódicos, no se atrevían a subir. Sabían que Diego Martín era hombre capaz de hacerles salir por una ventana sin esforzarse mucho.

Tan bien fue el negocio de la calle de San Francisco, que sus empresarios decidieron trasladarse a un piso entresuelo de la calle de Puerta la Sierra, esquina a Colón (precisamente una de las casas que acaba de derribar don Ernesto del Castillo). Era un local muy amplio, y que se arregló convenientemente.

Allí debía tener, poco después, lugar el drama (del Huerto del Francés, que como se dice aquí se encontraba en una de las casas que se tiraron abajo de forma pacífica durante la Guerra Civil).

Diego Martín Veloz: el Padrino cubano de Santander que llegó para neutralizar a Teodosio

Ya hemos dicho cómo se presentó por vez primera en Santander don Diego Martín Veloz. Digamos ahora algo de la vida anterior de este fuerte personaje de novela barojiana. Conste que lo que ahora estamos contando lo sabemos, más que por observación directa, por lo que nos dijeron algunas personas que tuvieron ocasión de tratar con él en aquellos tiempos. Una de estas personas fue el ya fallecido periodista Antonio Mur, por aquel entonces diligente y activo reportero de «La Atalaya». Mur tuvo ocasión de hablar con don Diego cuando éste se encontraba en la cárcel a consecuencia del drama llamado del «Huerto del Francés». Ganó su confianza, y él fue quien le indicó como uno de los mejores abogados para su defensa el nombre de don Juan Ruano. Sabida es la amistad que luego unió al joven político, a la sazón en los principios de su brillante carrera, y al hombre de acción que consiguió sacar absuelto en un sensacional proceso. «Martinillo», que no olvidó los favores que se le hacen, guardó siempre a Ruano una lealtad inquebrantable. Pero le conoció por Mur, que en sus visitas a la cárcel, le dio aquel nombre. Y Mur nos contó años después muchas cosas interesantes del proceso y de las personas que en él intervinieron.

Martín Veloz procedía de la isla de Cuba, donde había actuado como teniente de las milicias movilizadas entre los naturales del país para defender nuestra soberanía. Era un hombre de un valor frío e inquebrantable, y halló ocasión de distinguirse en aquella lucha al machete que tenía lugar en la manigua. Durante aquella guerra, se relacionó con muchos de los jóvenes oficiales del ejército español, que al cabo del tiempo fueron figuras destacadas en nuestra historia. Uno de los que más intimaron con él fue Páez Jaramillo, que murió siendo general, y que al ocurrir los sucesos de Santander era teniente coronel de un batallón de cazadores. A Santander vino a declarar a favor de su amigo ante la Audiencia, y de esa declaración sacó Ruano el partido que puede suponerse, conociendo su habilidad. Sobre la mesa de trabajo de Ruano, vimos durante muchos años una fotografía del de Páez, con la siguiente dedicatoria: «A don Juan José Ruano, en agradecimiento a haber salvado a mi hermano Diego Martín Veloz».

La desmovilización de las milicias a causa del tratado de paz, trajo al «Martinillo» a España, y le sumió en la vida caótica y estrafalaria de los casinos y centros de la vida alegre de Madrid. De haber continuado la lucha, probablemente hubiera llegado a general, pues tenía condiciones extraordinarias de guerrillero; una bala o el machete no cortaban su vida. Pero su destino era otro, y empujado por él llegó a Santander hacia aquel año de 1900.

Con un rápido golpe de vista, de hombre avezado a la exploración del paisaje, estudió la formación moral del pueblo en que había caído. En Santander había algo más que los valientes escandalosos de la calle de Colón y que los garitos y prostíbulos en que aquéllos imponían su ley. Era un momento de franca prosperidad para el pueblo. Los caudales repatriados de Cuba estaban creando nuestra industria, y cambiaban la fisonomía comercial de la Montaña. Corría el dinero, que se ganaba fácilmente y se gastaba con la misma facilidad.

El Unión Club y la belle époque de Santander

Eran los tiempos del Unión Club, famosos por sus bailes de máscaras, en el viejo teatro, en los que el champaña caía de los palcos como agua de lluvia. Los carnavales constituían una fiesta de una brillantez y una alegría insuperables. Se acababa de imponer la moda del confetti y de las serpentinas, y se empleaban a granel, cubriendo con una espesa alfombra las calles de la ciudad. La gente joven iba a estas fiestas con lujosos disfraces, ocupando carrozas arrastradas por piafantes corceles. Atronaban las trompetas; las estudiantinas y comparsas, algunas muy notables, ponían una nota brillante en el cuadro multicolor. Nunca, ni en los años de loca abundancia de la Guerra Europea, vivió Santander tiempos más felices y más alegres que aquéllos.

El Unión Club, recién establecido en el muelle, a causa de una disidencia del Club de Regatas, daba el tono a todas aquellas alegres expansiones. Aquel momento de la vida de nuestro pueblo puede ser conocido con el nombre del Santander del Unión Club.

Era la locura bulliciosa y pródiga de los hijos de las familias ricas que se manifestaba en todos los actos de la ciudad. En aquel pequeño local se fundieron fortunas consideradas como las más importantes del pueblo. En cierta ocasión vino el gerente de una casa francesa de Champaña a visitar a unos clientes que figuraban entre los más importantes de España. Martinillo se asombró al encontrarse con una especie de «garçonnerie» en la que se reunían unas cuantas docenas de amigos. Él esperaba hallar una sociedad como «La Bilbaína» o el Casino de Madrid.

—¿Pero no son más ustedes? —preguntó asombrado.

—Somos aún menos —le respondieron—, porque usted está viendo hoy algunos amigos forasteros que nos hacen el honor de ser hoy nuestros huéspedes.

Gobernadores corruptos que se embriagaban con mujeres medio desnudas

No era raro tampoco ver a los gobernadores en los palcos del viejo teatro, durante los bailes de Carnaval, bebiendo champagnes con mujeres medio desnudas.

Así «El Descuaje» hacía pública, en uno de sus números, una sección que titulaba «Telegrafía.—Sistema Guasinis», el siguiente parte burlesco:

«Teatro, 8, 1 madrugada.—Manolita «la Manazas», dió gracias director «Descuaje», domingo Piñata, palco gobernador, por nombramiento periódico, extremidades largas.»

La corrupción de Santander que denunciaba El Descuaje era normalizada por todo el mundo, ya que todo el mundo sabía dónde se jugaba y dónde se podía uno correr la juerga más clandestina e inmoral, pero los gobernadores mismos eran parte del problema, tal y como prosigue Pick:

La autoridad, por lo visto, no se enteraba. Los gobernadores acaso se reían también, leyendo «El Descuaje», sin duda porque sabían que mucho de lo que denunciaba era verdad. Una ola de corrupción envolvía al pueblo. Se jugaba en todas partes: los señoritos, en sus círculos —el de Recreo, el Club de Regatas, la Unión Club, y durante el verano, en el Casino del Sardinero—; la clase media y pobre, en los casinos políticos —el Conservador, el Liberal, el Gamacista—, y los estudiantes y muchachos del comercio, en garitos que surgían en el fondo de cada cafetucho, o en cualquier entresuelo habilitado toscamente para este menester. Había dos cafés cantantes —el Brillante y el América—, punto de cita nocturno de todas las mujeres de mal vivir y de los hombres de pelo en pecho. Infinidad de salones de bailes, algunos como «El Polisón», en Cuesta del Hospital, de una triste y escandalosa nombradía. Una nube de barateros de baja estofa pululaba por la ciudad —Pepe «el Barquillero», Julio Aizcorbe, etcétera—. Las daifas de mantón y dedos cargados de sortijas pasaban por las calles mal alumbradas del brazo de «sus hombres», y si algún pacífico ciudadano las tropezaba en una acera, el galán tiraba de navaja y castigaba el desacato. La Policía, y hasta los mismos gobernadores —salvo las excepciones inevitables en toda regla—, estaban complicadas en esta perversión moral. Pero las campañas de «El Descuaje», lejos de aminorar el escándalo, contribuían a aumentarlo, porque evidenciaban el desprestigio de la autoridad.

He aquí unas muestras de lo que los pacíficos y honrados vecinos de Santander —el tendero de la calle de Atarazanas; el empleado de escritorio; el obrero, y el dueño de taller— leían con fruición y avidez todos los sábados, durante aquellos años de 1904 y 1905, en las columnas de «El Descuaje», o de su substituto el «Don Preciso», que aparecía cuando aquél, por dificultades de cualquier índole, no podía salir.

Guardias urbanos de Santander: los más corruptos defensores de la Ley

El inspector don Narciso no reaccionaba contra esta campaña, por ninguno de los medios normales y dignos. Sobornaba o atemorizaba a los impresores para que el libelo no apareciese. Organizaba partidas de matachines que iban a esperar la salida de cada número en las proximidades de la calle de Colón, a fin de arrebatar los ejemplares por la violencia. Pero cuando esto ocurría, era el propio Teodosio, acompañado de toda la banda, quien salía con los periódicos bajo el brazo, desafiando a los emboscados, con su pregón. No se atrevían a acometerle. Y al número siguiente, «El Descuaje» daba noticia de la hazaña, y ello le servía para insistir en sus ataques virulentos.Tal fue la atmósfera en que se gestó el drama del «Huerto del Francés».

El inspector y sus agentes y su alianza con los tahúres, garitos y lupanares

De la Policía, tampoco había nada que temer. Como decía «El Descuaje», el inspector y sus agentes vivían en las mejores relaciones con los tahúres, explotadores de garitos y dueñas de lupanares. En todos estos establecimientos, tenían su nómina, que cobraban tan puntualmente como la del Estado. Los gobernadores no fijaban su vista en tales pequeñeces. Se estaba todavía en los tiempos en que se enviaba a los Gobiernos civiles a señores que habían venido a menos, y que aprovechaban los cinco o seis meses que por lo regular les duraba el Califafo para volver a un más. En lo político, se limitaban a servir puntualmente al cacique a quien venían consignados. La piedra de toque eran las elecciones. El gobernador que las ganaba, fuera como fuese, demostraba su idoneidad. Si las perdía, se le relevaba, y podía decir que había acabado su carrera. En lo moral, hacían la vista gorda a los inspectores, y sin duda repartirían con éstos el botín cobrado en la prostitución y en el juego. Se cuenta de uno que se presentó en el Casino; llamó al gerente, y le rogó que le pusiese un billete a un determinado número de la ruleta.

—Mire usted —le dijo—. Yo, por mi cargo, no debo pasar a la sala. Pero ese número me obsesiona. Haga usted el favor de colocar por mí la postura, y luego, me dice si he perdido o ganado…

A los pocos momentos salió el gerente, radiante y zumbón, y entregando al Poncio un fajo de billetes, le anunció:

—¡Qué sea enhorabuena! Nada más que poner a ese número, y se dió de pleno. ¡Vaya vista que tiene usted!

Narciso Tomás: un comisario involucrado con chorizos, proxenetismo y juego ilegal

Este indeseable comisario de Santander fue criticadísimo por Teodosio Ruiz y sus amigos, consiguiendo éstos que este funcionario tan corrupto abandonase Santander. Por un tiempo, al menos.

Detención de Domingo Núñez Fernández: ¿una labor policial honesta en la carrera de Narciso Tomás?

Por el inspector de vigilancia don Narciso Tomás fue detenido Domingo Núñez Fernández, reclamado por el Gobernador civil de Madrid, que habíase quitado la barba y venía con nombre supuesto.

De un artículo titulado «La mala sombra», y dedicado todo él —¡cómo no!— a atacar al jefe de Policía:

«De aquel reyzuelo, señor y amo de vidas y haciendas de los habitantes de Santander, ya no queda más que la sombra; la mala sombra de un primer inspector venido a menos, merced a la honradísima campaña de «El Descuaje». Nuestro triunfo no puede ser moralmente de evidencia más enorme.

Ya no queda de este hombre, dentro y fuera de la Corporación que mangonea, más que un triste desprestigio, que está pidiendo a gritos la escoba de un barrendero municipal. ¿Dónde fueron aquellas arrogancias y altiveces de este dictadorzuelo, don Narciso Tomás?

¡Vedle! Camina lentamente por la calle, avergonzado por espantosos remordimientos; saluda con la cabeza humillada por entre el tumulto de las gentes, destacando su miserable insignificancia, y el principio de autoridad es, en sus manos, todo un vergonzoso padrón de ignominia…»


Primitivo San Juan: un agente de la policía secreta de Santander acusado de corrupción

Pick nos describe a este funcionario policial, sometido al comisario Narciso Tomás, que fue definitivamente depurado por sus actos, incompatibles con la aplicación policial de la Ley:

El artículo al que pertenecen estos párrafos, ¡puede clasificarse entre los doctrinales del periódico! Lo escribió, sin duda, la pluma más ágil y más docta de la banda, la del poeta bohemio Jesús Amber. Los demás redactores no se andaban con tanto floreo literario. En el mismo periódico hay otro artículo, titulado así: «La Policía cómplice. Los ladrones y los agentes. ¡Todos a presidio!» El autor de esta pieza, es seguramente, aunque no la firma, Teodosio «el Piloto». Dice, entre otras cosas:

«Tenemos en nuestro poder una noticia, una denuncia espantosa, una denuncia auténtica y de tal gravedad y trascendencia, que seguramente ha de alarmar a los espíritus que sólo de lejos contemplan nuestra obra de moralidad y saneamiento.

Se trata de una declaración inspirada desde la cárcel de Santander con motivo de un reciente robo de alhajas, con la complicidad evidentísima de un guardia de la secreta llamado Primitivo San Juan.

Nosotros hemos ido, pruebas en mano, al despacho del señor gobernador, y no estaba en el Gobierno civil a la hora en que nosotros llegábamos.

El cuerpo del delito de complicidad está en nuestro poder; en ese documento infame, el agente Primitivo cita en el café Brillante, vestido de paisano, a los interesados, para ponerse de acuerdo acerca de las declaraciones falsas que han de dar ante la justicia, y en ese documento está su firma de puño y letra…

¡Pueblo de Santander: ladrones y agentes son una misma cosa!»

Carta y renuncia de un agente de la secreta de Santander, del siglo XIX, acusado de corrupción:
Ayer se facilitaron en el Gobierno Civil a la prensa las siguientes notas:
«El Gobernador civil ha pasado al Juzgado de Instrucción del distrito del Este una carta que le fue entregada por Teodosio Ruiz, suscrita por Manuel Fernández y dirigida a un tal Joaquín, por si en ella pudiera existir materia punible y tuviera alguna complicación el agente del cuerpo de vigilancia Primitivo San Juan, de quien es la letra y firma de la nota puesta al respaldo de dicha carta.»
«El agente del cuerpo de vigilancia de esta provincia Primitivo San Juan ha presentado la renuncia de dicho cargo.»

Declaración sobre Primitivo San Juan en un juicio en el que litigaban Teodosio Ruiz y Narciso Tomás:
Primitivo San Juan, camarero de los vapores correos. Fue agente de vigilancia. Le obligaron a presentar la dimisión por un artículo que publicó contra El Descuaje. Se lo indicó el comisario Narciso Tomás, a quien contestó que no era tan culpable como él.

Jenaro Galdós: un tablajero valiente y fuerte que recibió un tiro de joven

Pick nos lo describe, matizando un poco sus aventuras violentas en enfrentamientos taberneros contra Teodosio y sus amigos:

En el «Aire de la calle» de ayer incurrimos en una injusticia involuntaria que queremos salvar. Al referirnos a las luchas que sostuvo Teodosio «el Piloto», hablábamos de los «matones» que con él contendían, y entre ellos, citábamos a Jenaro Galdós, figura conocidísima en el Santander de aquellos años. Hoy, leído serenamente el artículo, debemos advertir que Galdós no fue un «matón» en el sentido peyorativo del vocablo. Era un hombre de unas fuerzas hercúleas, valiente hasta la temeridad y corazón generoso y bueno.

Honrado trabajador, vivió toda la vida esclavo de su familia y de sus deberes. Sus luchas con Teodosio y con otros valientes de su tiempo, las sostuvo por hombría y con nobleza, pero sin apelar nunca a procedimientos «matonescos».

Fue, además, un buen amigo nuestro, y mal podríamos calificarle conscientemente con un adjetivo que le perjudicara.

Queda hecha esta espontánea aclaración.

Una aclaración buenísima que te agradecemos un montón, venerable maestro Pick, pero por mucho que digas que tu amigo Jenaro Galdós era buenísima persona, sus antecedentes penales dicen lo contrario:

La guardia civil de esta capital detuvo el domingo á Jenaro Galdós, vecino de esta capital, Gonzalo Batallón, de Campogiro, y Miguel Arteche, de Cajo, quienes en reyerta que tuvieron con Florentino Puente y los hermanos Jacinto y Clemente Callejo, vecinos de San Román, causaron á éstos varias heridas en la cabeza, de las cuales fueron curados en la Casa de socorro.

Ayer tuvo lugar el juicio oral de la causa procedente del Juzgado de esta capital, seguido contra Cipriano Maza, José Fernández, Isidoro Herrera, Ildefonso San Emeterio, Emilio Villa, José Toledo, Santiago Díaz, Jacinto Bolado, Jenaro Galdós y José Ruiz, porque con motivo de las elecciones de concejales, verificadas en esta ciudad el día 8 de noviembre de 1903, los procesados, en grupos y armados de palos, promovieron alborotos en varios colegios y, ejerciendo coacción, agredieron y causaron lesiones á Antonio Cueto, Juan Lavín, Bernabé Lavín, Pedro Bustamante, Francisco Fernández, Antonio Fernández, Fermín Cantero, Francisco Miranda, Vicente Ruiz y Ángel Herrera, habiendo desobedecido y atropellado también al guardia municipal Dietrino Ramos al pretender restablecer el orden.

También queda claro que era un gran demócrata el tal Jenaro Galdós, de éstos que se irían poniendo cada vez más de moda por sus métodos expeditivos hasta el clímax brutal de 1936. De hecho, es posible que en sus simpatías republicanas se encuentre tal vez el germen de sus desavenencias violentísimas con Teodosio, con quien se daba golpazos en cualquier momento.

Por los presos
Por extravío de las cuartillas no dimos en nuestro número anterior noticia de la colecta verificada á favor de los presos políticos, durante el banquete celebrado en honor de Lerroux.
Los señores Isidro Mateo y Emiliano Gáldos, que corrieron la bandeja, recaudaron para los presos políticos, ciudadanos Jacinto Bolado, Jenaro Galdós y José Ruiz, la cantidad de ciento treinta y cinco pesetas, veinte céntimos, que después de despedir al señor Lerroux los individuos de la Comisión, señores Quirós, Piedra, Portilla, Mateo y otros, fueron á entregar á la Cárcel.
Damos en nombre de estos presos políticos y honrados ciudadanos las más expresivas gracias á todos los que se dignaron con su desprendimiento á tan satisfactoria colecta.
Todos los buenos republicanos no deben olvidar á estos presos políticos, y los que no directamente, por medio de esta redacción pueden hacer algo en su obsequio.

Comenzaron a disputar por si tenía uno más ó menos adelantado el reloj que otro

Dos individuos, uno de ellos llamado Hipólito Villagrada, de 38 años, vecino de Torrelavega, representante de una casa de vinos de esta capital, se hallaban anoche, á la una, en un establecimiento de la calle de San Fernando, cuando comenzaron á disputar por si tenía uno más ó menos adelantado el reloj que otro. En esto intervino el tabernero y quitó el reloj al desconocido como prenda hasta que le pagaran seis reales que lo hicieron de gangas. Los dos increparon al tabernero y acabó por ponerse la cuestión en tal forma, que el desconocido, según el herido, descargó al Villagrada un palo en la cabeza produciéndole dos heridas contusas con fractura de los huesos propios de la nariz. Como esta última parte de la riña había sido ya en la calle, el agresor huyó y el herido cayó junto á la puerta del establecimiento de Jenaro Galdós, siendo auxiliado por éste. Avisado un guardia, se le condujo á la Casa de Socorro, donde fue curado, trasladándose luego á su domicilio. La guardia municipal se encargó de averiguar quién era el otro individuo que estaba en la taberna y que se supone sea el agresor.

Epidemias en barcos y cuarentenas en el lazareto sucio de La Pedrosa

Los pasajeros del vapor León XIII, que se hallan sufriendo cuarentena en el Lazareto, entre los cuales se hallan los 303 repatriados civiles, desembarcarán mañana, por haber cumplido la cuarentena.
Respecto á estos últimos, como se han dado casos, según nos dicen del Lazareto, de no resultar muchos de ellos pobres, como habían manifestado, resultando después que traían centenes y se hospedan en la fonda, se ha dado orden al director del Lazareto, señor Peláez, para que, con las facilidades que él mejor que nadie puede tener, abra una información, lo más aproximada posible, de los repatriados que se pueda comprobar son pobres con objeto de no dejarse sorprender de los que traen dinero y pidan que también se les abone el importe del medio billete que les concede las compañías ferroviarias.

Los Caballeros del Santo Sepulcro de Santander, la Sacristía y el Descuaje

Hemos querido poner en parangón el Santander de los garitos y las tabernas populares, con este otro Santander brillante y fastuoso, en que también reinaba la locura. Éste era el pueblo a que Diego Martín Veloz llegaba para enfrentarse con Teodosio Ruiz, el hombre que no había tenido miedo a nadie, según proclamaba la voz popular.

Desde su tertulia de «La Sacristía», el Piloto, cuando le hablaron por primera vez del recién llegado, comentó displicente:

—¡Ése no sabe a dónde viene! ¡Yo se lo enseñaré…!

Y su corte habitual —Gelasio, Ramón «el Manta», Emilio «el Cégato», Jesús Amber, Jesús González, Joaquín, «el Cabuérnigo» y «el Cioltas»— rieron, aprobando.

—¡Ya se iría enterando aquel «chalao» de quién era Teodosio y de lo que era Santander…!

Teodosio, «el piloto», era el personaje más importante de la ciudad

Por los tres templos de Baco discurría, en los años maravillosos de principios de siglo, Teodosio, «el piloto». Era el personaje más importante de la ciudad. Cuando pasaba por la calle, le miraban y le seguían absortos los niños. Teodosio Ruiz, hijo de una de las familias mejor acomodadas del pueblo, era un señorito flamenco y valiente. Marino de profesión, navegaba en las rutas de América. Cuando estaba en el puerto, la calle de Colón era el teatro principal de sus exhibiciones y de sus hazañas. Frecuentaba los tres cafetines, pero singularmente «La Sacristía», donde tenía su corte y su guardia negra de señoritos que se habían echado a la vida como algunas mujeres: Antoniuco Lastra, hijo de un viejo capitán de la Compañía Trasatlántica; Gelasio González; el Cabuérnigo, y otros muchos. Allí iban también los matones y bravoneles populares, que alardeaban de enfrentarse con él y no tenerle miedo: el botero Mordadillas; el tablajero Jenaro Galdós, y muchos más. Allí chocaban violentamente unos y otros muchas noches. Se acometían a botellazos y a palos; se abrían algunas cabezas, y al día siguiente comentaba asustada la timorata población:

—¡Buena la que se armó anoche en el «Kines»! ¡Teodosio y Mordadillas, «mano a mano»…!

Cercano a estos cafetines, casi encima de Rucabado, y en uno de los edificios que se han derribado también estaba el famoso «Martinillo», su «Huerto del francés» para explotar el juego. Allí fué a buscarle Teodosio, y allí se acometieron uno y otro a tiros como dos fieras. Es uno de los sucesos más resonantes de la historia de Santander. Teodosio quedó muerto, y el pueblo lloró su fin en romances y coplas, como se hace con los toreros y demás héroes.

Y aquí termina el romance de la vida y muerte de Teodosio «el Piloto», el hombre más fuerte y más bravo que, al decir del pueblo, ha habido en Santander…

El misterio de las cartas con amenazas contra Teodosio Ruiz, sólo 10 días antes de su muerte

10 días antes de morir a tiros, el 8 de enero de 1906, Teodosio Ruiz González recibió unas cartas amenazadoras e injuriosas por parte de unos personajes

CÉDULA DE CITACIÓN
El señor Juez de instrucción del distrito del Este de la ciudad de Santander, en providencia dictada en carta orden de la Superioridad, procedente de causa sobre injurias y amenazas contra Teodosio Ruiz González, tiene acordado que se cite en forma legal á los sujetos que luego se dirán para que el día nueve de febrero, á las diez, comparezcan ante la Audiencia provincial de esta ciudad para asistir á las sesiones del juicio oral; bajo apercibimiento de que si no comparecen sin justa causa que lo impida incurrirán en una multa de cinco á cincuenta pesetas.
José Fernández Toraya, vecino de Hoznayo.
Juan Gómez García, preso en el penal de Burgos.
Jacinta López, vecina de Castro Urdiales.
Avelino García, calle del Medio, comercio.
Pedro García, dependiente del Cuartelillo.
Facundo García Liaño, tabernero de Peñacastillo, y cuyo actual paradero de todos se ignora.
Y para que la citación tenga efecto, libro la presente, que se insertará en el BOLETÍN OFICIAL, en Santander á tres de enero de mil novecientos seis.—El Secretario, Jenaro Pérez.

Gelasio González y Joaquín Miera

Como es costumbre en este tipo de personajes del entorno de Teodosio, las citas en la prensa local empezaron pronto en su vida con juicios contra Gelasio González y Joaquín Miera, por atentado a un agente de la autoridad. Defensor señor Leita.

Para ser de la Cofradía de los Caballeros del Santo Sepulcro, la verdad, Gelasio tuvo una vida bastante larga, aunque puede ser que se viera obligado a exiliarse de Santander por causa de la mafia contra la que luchó a brazo partido durante años.

Esquela (El Cantábrico, 24 de junio de 1923)
Confortado con los auxilios espirituales, falleció ayer don Gelasio González Gutiérrez.
La triste noticia ha de causar mucho sentimiento, pues el finado era muy conocido y estimado en Santander, donde contaba con generales simpatías.
Alejado de la ciudad durante bastantes años por su quebrantada salud, ha regresado casi en sus últimos momentos para tener el consuelo de morir entre los suyos.
De todo corazón nos asociamos al dolor de sus deudos por esta irreparable desgracia y damos nuestro pésame a la esposa del finado, doña Antonia Vares, y a sus hijos María, Antonio y Pilar.

El fracasado periodista Jesús Amber y su vida entre agresiones y penurias laborales

Pick nos describe a este personaje:

El periódico lo dirigía Teodosio, «el Piloto». Uno de sus redactores, el que hacía las semblanzas desvergonzadas de personajes santanderinos en impecables sonetos de factura clásica, era Jesús Amber («Confetis»). Buen poeta, buen literato, espíritu fino, pero desmoralizado por la miseria en que vivía y por la lucha feroz por abrirse paso. «Confetis» fue muchos años después a América, y trabajó con éxito en La Habana y Méjico.

Desde allí, nos mandó, durante algún tiempo, obras muy estimables que daba a la rotativa. De pronto el silencio se hizo en torno suyo. ¿Ha muerto? ¿Qué nuevo avatar preside y dirige su vida? No lo sabemos. Ahora vamos a referirnos a Jesús Amber o «El Descuaje», instrumento al servicio de Teodosio, «el Piloto», en aquella pintoresca lucha entablada por la flamenguería de Santander contra el hampa exótica que vino de fuera, capitaneada por el Martinillo, y protegida por la Policía, para enseñorearse de la ciudad.


Un herido grave en una agresión tras una caricatura de El Descuaje

A consecuencia de una caricatura que apareció en el último número de El Descuaje, los hermanos Francisco y Ricardo Zaldívar tuvieron ayer tarde un encuentro en el establecimiento La Caba, del Sardinero, con el director de aquel semanario, Jesús Amber, y dos amigos que le acompañaban. Se dieron algunas bofetadas y, al salir al paseo de la Alameda, Francisco Zaldívar, pegándose con uno de los amigos, Jesús González y González, éste cayó para atrás, dándose en la cabeza tan fuerte golpe con una piedra, que le privó del sentido por algunos momentos. Fue trasladado a la Casa de Socorro, donde se le apreció una herida contusa con fractura del hueso occipital. Los hermanos Zaldívar fueron detenidos y posteriormente ingresaron en la cárcel.

En otra noticia se recuerda el suceso:

A consecuencia de los ataques dirigidos por el semanario El Descuaje contra don Ignacio Zaldívar, riñeron ayer en el Sardinero dos hijos de éste y otros dos individuos llamados Jesús Amber y Jesús González y González. Según oímos decir, Jesús González recibió un golpe que le hizo caer en tierra, causándose una fractura del hueso occipital…

Recuerdo biográfico de Emilio Carrère:
En un artículo sobre periodistas que intentaban triunfar en Madrid se dice: Hubo un Jesús Amber, que rodó de periódico en periódico y de catástrofe en catástrofe durante tres años… Es una evocación de su juventud periodística antes de regresar a Santander.

En el artículo «Literatura de El Descuaje», del poeta Pick, aparece esta valoración sobre él:

«Lo escribió, sin duda, la pluma más ágil y más docta de la banda, la del poeta bohemio Jesús Amber.» Y también se le identifica como quien redactaba los artículos más literarios y virulentos contra el inspector Narciso Tomás. Fue poeta y periodista bohemio, director o principal redactor del semanario satírico El Descuaje, y protagonizó enfrentamientos físicos derivados de las campañas del periódico y fue considerado la mejor pluma de aquella publicación.

Jesús Amber, que rodó de periódico en periódico y de catástrofe en catástrofe

Además, años después Emilio Carrère lo recordó como uno de aquellos periodistas que malvivían «de periódico en periódico y de catástrofe en catástrofe«:

Si se pudiesen recopilar todas las tristezas, todos los andrajos, todas las ambiciones que han pasado por el comedor de Próculo, podríase escribir unos interesantísimos capítulos de nuestra triste vida de ahora y si hablasen los catres del hospedaje de doña María, nos podrían contar las lamentables y grotescas divagaciones que los estómagos vacíos inspiraban á las cabezas desvariantes.
El amor de la literatura es como la embriaguez de un vino venenoso y mortal y si algunas veces nos trata como amante, generalmente es araña que estruja y vampiro que aniquila.
Muchas veces en el crak de las ilusiones los que vinieron á maravillar el mundo, se conforman con relatar las sesiones municipales en algún periódico, y se reservan sus sueñecitos de gloria, para los espacios de huelga, tras la penosa tarea del foliculario. Yo creo que en todo «reporter» hay un genio fracasado que hace noticias… porque hay que ir viviendo.
Es claro que la mayoría de los «conquistadores de Madrid» no tienen talento y éstos son los más reacios á la renunciación. Hubo un Jesús Amber, que rodó de periódico en periódico y de catástrofe en catástrofe, durante tres años. Lastimados en una redacción acordaron pagarle el viaje á su pueblo, donde estaría resguardado de todas las necesidades, y cuando se lo participaron, el pobre muchacho se desesperaba y decía entre lágrimas:
—Pero ¿qué voy á decir yo cuando vean que vuelvo sin haber luchado?
—Pues diga V. que ha llegado á la Puerta del Sol, ha retado á los transeuntes, y no ha encontrado á nadie con quien luchar—contestó Antonio Palomero.
Le convencieron, se fue y, en efecto, á los tres meses estaba otra vez en Madrid.
¡Pobres conquistadores, conquistados de antemano por la pobreza y la amargura!
Emilio Carrère

Antoniuco Lastra: un sospechoso habitual que empezó muy joven a verse involucrado en delitos

Se trataba de un joven de 19 años y guapo cuando se vio involucrado en el crimen de la Alameda, en el que un amigo suyo de apellido Roguí fue acusado de apuñalar a otro joven en Santander. Con el paso del tiempo, el protagonismo del caso quedó concentrado casi exclusivamente en Antonio Rogí. Y así el nombre de Antonio Lastra pasó a formar parte de la pequeña historia criminal de Santander, mientras que los demás procesados fueron desapareciendo poco a poco de la memoria colectiva. Aunque compareció durante todo el procedimiento, declaró ante el Tribunal y su testimonio resultó importante para la reconstrucción de los hechos, Antoniuco Lastra terminó siendo recordado únicamente como uno de los acompañantes del principal acusado del asesinato.

De todos modos, Lastra pasó por la cárcel y terminó siendo declarado pobre (y constaba que se dedicaba a profesión especial) para un litigio que tuvo lugar contra Leopoldo Linacero.

Servicio militar de Antonio Lastra, que al parecer era hijo de un capitán de la Marina Mercante:
Manifestar al Jefe de la zona militar de Santander que considere como soldado sorteable al mozo Antonio Lastra Gutiérrez, del reemplazo actual por el Ayuntamiento de dicha capital, remitiéndole filiación triplicada.

Testigo en el proceso de un notario de Santander.
Antonio Lastra, de 22 años; preso en Torrelavega cuando ingresaron en la misma cárcel Martínez Conde y Arce Muela, fué compañero de cuarto del primero. A preguntas del señor Parets, afirma que allí Martínez Conde no tenía ninguna clase de relaciones con Arce, y que nunca se hablaron palabra, ni tenían entre sí mayor intimidad que con otros presos.
Cáraves: —¿No es cierto que el testigo solía servir á Martínez Conde en la cárcel para llevar algunos recados á Arce?
—No, señor.

Detención equivocada de un sospechoso habitual. Al parecer, a este tal Antoniuco Lastra le pasó esto varias veces.
Sin duda como consecuencia del resultado de las declaraciones prestadas por ambos detenidos, el señor Trassierra, ordenó que fuera detenido un individuo apellidado Lastra. Los agentes detuvieron á eso de las nueve y media á un tal Antonio Lastra, y le condujeron al Principal en donde estaba constituido el Juzgado, pero tan pronto como estuvo en presencia del señor Trassierra, le puso en libertad por no ser él el que había mandado detener, sino otro llamado Manuel Lastra Olmo, que tiene una posada en la calle de Ruamayor. Más tarde fue detenido éste y después que prestó declaración ante el señor Trassierra, éste ordenó que ingresase en la cárcel á donde fue conducido á la una de la madrugada.

Queja tras una detención que pudo ser equivocada (según él, claro):
Anoche se presentó en nuestra redacción Antonio Lastra lamentándose de haber sido detenido sin razón que lo justificase y, antes por el contrario, cuando había sido víctima de un atropello, al que no respondió en consideración á la debilidad de la persona que le agredió. El mismo señor Lastra nos manifiesta que se han repetido ya las equivocaciones en daño suyo y que convendría á sus intereses que no continuaran. Nuestro comunicante se nos presentó con la ropa destrozada, demostrando que, en efecto, se habían ejercido violencias con él.

Señalamiento de juicio por lesiones:
Día 18.—Ídem del mismo contra Antonio Lastra, por lesiones; defensor, señor Nárdiz; procurador, señor Ruiz Gallo.

Accidente ferroviario de un tal Antonio Lastra que pudo ser él:
Romualdo García, que iba en la máquina, y el maquinista se apresuraron á socorrer á los obreros, sacando el primero del sitio en que se hallaba á Manuel Rodríguez, y levantando á Antonio Lastra, que también quedó en mala situación; de los otros cuatro obreros, tres resultaron heridos y el otro ileso.

Los barcos de Teodosio Ruiz, alias El Piloto

El Vapor Navarro: un gigante conocido por sus rescates en alta mar

Vapor Navarro — Derechos de abanderamiento

«Los Sres. D. Elías Illera é hijo, como apoderados de D. Manuel M. Anotegui, dueño del vapor Navarro, surto en este puerto, han pagado ayer por derechos de abanderamiento de dicho buque 46.384 pesetas 50 céntimos, correspondientes á 3.710’76 toneladas.»

«El guardia municipal de punto en Maliaño decomisó ayer en aquella zona un gallo y una gallina de raza inglesa que un chico, según manifestación del mismo, conducía procedentes del vapor Navarro.»

«El vapor Navarro, de la compañía La Bandera Española, ha llegado sin novedad á la Habana.»

«Harinas nacionales.—Los arribos de estas clases en la decena han sido cortos, limitándose á 1.125 sacos importados por el vapor Navarro, procedente de Santander.»

Vapor Navarro: rescate de la tripulación del Queen Victoria

«El vapor Navarro trajo á bordo al puerto de Santander el martes quince alemanes, que constituían toda la tripulación del bric-barca Queen Victoria, de la misma nacionalidad. Cuando llevaban los tripulantes doce horas mortales de luchar con la amenaza de encrespadas olas y sentían sus fuerzas desfallecidas, fueron divisados los botes por el vapor español, cuyos tripulantes y pasajeros no solamente salvaron la vida á los náufragos, sino que les auxiliaron después con todo esmero.»

Vapor Navarro — Edicto de La Habana

«…el fogonero que fue del vapor Navarro José Pérez Ponte, hijo de Manuel y Cayetana, natural de Fiopar, provincia de la Coruña, soltero, marinero y vecino de la calle de Inquisidor número 5, el cual falleció á consecuencia de una caída que sufrió á bordo del citado buque en 20 de julio de 1889…»

Siete asfixiados y un incendio en el vapor Navarro

«A bordo del vapor Navarro, de la matrícula de Bilbao, y en la travesía de los Estados-Unidos á Inglaterra, conduciendo ganado vacuno, han fallecido á consecuencia de la asfixia producida por un brasero de carbón, siete de los catorce vaqueros que custodiaban el ganado.»

«Según despacho telegráfico de la Habana, el vapor Navarro estaba ardiendo el día 9.»

«El miércoles de la presente semana entró en nuestro puerto el magnífico vapor «Navarro», de 3.710 toneladas, el cual no pudo amarrarse á las boyas de los vapores-correos por calar 26 piés, teniendo que quedar fondeado á la entrada del puerto, donde está tomando resto de carga, llegando á calar 28 piés españoles. ¿No sería posible dragar donde se hallan las boyas? Creemos que sí, y de este modo evitaríamos que magníficos buques, como lo es el Navarro, no puedan fondear en este puerto.»

Es probable que hubiera unos cuentos vapores llamados Navarro que tuvieran relación con Santander. De hecho, uno de ellos se hundió cuando Teodosio todavía no pudo haber puesto el pie en un barco como marino, en 1883.

«Un despacho recibido aquí, dice que del vapor «Navarro», que se perdió anteayer, no se han salvado más que el contramaestre, 10 marineros y cinco pasajeros de las 80 personas que iban á bordo.»

Vapor Navarro — No pudo salir del puerto

«Ayer mañana, á consecuencia de ser marea muerta y excesivo el calado del vapor Navarro, no pudo verificar este su salida de nuestro puerto, teniendo que retroceder al fondeadero de los Mártires para esperar la pleamar de hoy.»

«Hoy, a la una de la tarde, abandonará este puerto con rumbo á la Habana, el vapor-correo del mismo nombre.»

Comandancia Militar de Marina y Capitanía del Puerto de la Habana

Comandancia Militar de Marina y Capitanía del Puerto de la Habana.—Comisión Fiscal.—Don Rafael M.ª Navarro y Algarra, teniente de navío y Ayudante Fiscal de esta Comandancia.

Por el presente y término de treinta días, cito, llamo y emplazo, para que comparezcan en esta Fiscalía en día y hora hábil de despacho, á los que se consideren herederos del fogonero que fué del vapor Navarro, José Pérez Ponte, hijo de Manuel y Cayetana, natural de Fiopar, provincia de la Coruña, soltero, marinero y vecino de la calle de Inquisidor número 5, el cual falleció á consecuencia de una caída que sufrió á bordo del citado buque en 20 de julio de 1889, en la inteligencia que los herederos que se presenten han de hacerlo provistos de los documentos que lo acrediten.

Habana, 28 de julio de 1892.—El Fiscal, Rafael M.ª Navarro.

El vapor Catalina, que salió de este puerto para el de Matanzas el 24 del pasado, se ha hecho á la mar llevando un cargamento de 45,000 sacos de azúcar, 12,500 más que el mayor conocido hasta ahora, que fue el del vapor Navarro de 32,500 sacos.

El Santanderino: el barco en el que Teodosio aprendió a navegar como agregado


Ayer, con la bajamar de las cinco y media de la tarde, salió de nuestro puerto el magnífico vapor «Santanderino», que tiene 27 piés de calado.
Ayer entró en este puerto el magnífico vapor «Santanderino», de la flota que se denominaba antes de la guerra «La Bandera Española», y que ahora es conocida por la razón social, Arrótegui. Hoy saldrá para Cuba dicho hermoso buque…
Durante la pasada semana se despacharon en este puerto para América 1.063 sacos de harina por el vapor «Santanderino»…
Hoy saldrá de este puerto para Habana, el vapor «Santanderino», con carga general y nueve pasajeros.
El vapor «Santanderino», que salió anteayer de este puerto, lleva 444 toneladas de carriles para el ferrocarril de Matanzas.

El vapor Hércules: poderosos motores y viajes constantes entre Inglaterra y Gibraltar

Por las noticias que he recopilado, el vapor Hércules aparece desempeñando funciones muy variadas:

Remolcador y buque de salvamento marítimo.
Transporte de tropas españolas y askaris durante la campaña de Marruecos.
Evacuación de civiles europeos desde Tánger en momentos de inseguridad en esta zona del Magreb.
Transporte de dinero, armamento y pertrechos militares.
Protagonista de un grave accidente marítimo al hundir el buque Goodwin, con cinco víctimas mortales.
Da la impresión de que el Hércules fue un vapor muy activo en las comunicaciones entre Santander, el Estrecho y el norte de África durante aquellos años, alternando servicios civiles y militares.

Rumbo a Tetuán con tropas y pertrechos
Ha zarpado con rumbo á Tetuán el vapor Hércules, que lleva fuerzas, dinero y pertrechos.

Transporte de soldados a Larache, en Marruecos
Zarpó de Tánger para Larache el vapor Hércules con 85 soldados para evitar las fechorías del bandido Ben Kador.

Evacuación de europeos desde Tánger
Temores en Marruecos
Telegrafían de Tánger diciendo que ha zarpado de aquel puerto el vapor Hércules, llevando á su bordo gran número de europeos que huyen ante el temor de que el bandido «Vergader» intente cometer algunas de las fechorías que tiene ofrecidas.

Transporte de tropas askaris
De Marruecos
Dicen de Tánger que continúan saliendo tropas para Arzila.
Han zarpado los vapores Hércules y Ettrugui conduciendo fuerzas askaris de infantería y caballería.
También conducen provisión de fusiles, cartuchos y víveres.
Los askaris que conducía el vapor Hércules se negaban anoche á embarcarse si antes no se les daba provisiones de ropas y dinero, á lo cual se accedió.

Remolque de una balandra francesa al puerto de Santander
Remolcada por el vapor Hércules entró ayer á medio día en nuestro puerto una balandra francesa que había desarbolado la noche anterior á pocas millas del faro de Mouro.

Auxilio a un buque desmantelado
Noticias de Gibraltar
De Gibraltar dicen que á la altura del cabo Espartel se encontró un gran buque desmantelado.
En su auxilio salió el vapor Hércules, que le remolcó al puerto.
Era la fragata Pepito, de la matrícula de Montevideo, con cargamento de hierro para Barcelona.
El capitán nos dijo que en la madrugada del 30 de noviembre el temporal les desarboló por completo.

Colisión en el banco Goodwin
Barco á pique
Dicen de Londres que el vapor Hércules echó á pique al Goodwin, resultando cinco ahogados.

El Hércules, averiado en Las Quebrantas
Noticias Provinciales
El vapor Hércules, que se perdió días pasados en las Quebrantas, ha sido puesto a flote y conducido á la parrilla del muelle de las Naos, en donde se le harán las reparaciones necesarias.
Las averías que tiene son de bastante consideración.

El único remolcador capaz de auxiliar un buque
Ayer un bergantín-goleta inglés empezó á pedir auxilio.
El vapor Hércules, que era el único que podía prestar este servicio, se hallaba reparando averías en Puerto-Chico.
Mucho sentimos que para casos como los que indicamos no cuente el puerto con vapores remolcadores de fuerza necesaria.

En este barco ocurrió la tragedia del maquinista Tomás Forner, que cayó al agua durante un fuerte temporal del sur cuando iba a embarcar. A raíz de este accidente, la tripulación fue detenida e incomunicada durante varios días mientras se instruían diligencias judiciales. Entre las capturas también aparecen referencias a Gelasio González, pero corresponden a un proceso judicial y a una esquela, sin relación con el vapor Hércules.

Hoy hace tres días que se hallan detenidos é incomunicados en la cárcel pública de esta ciudad, los tripulantes del vapor Hércules, á consecuencia de la desgracia ocurrida al maquinista de dicho buque, según oportunamente dimos cuenta á nuestros lectores.

Hallazgo del cadáver del maquinista
Según oímos á varios de los presentes era Tomás Forner, maquinista del vapor Hércules, hoy Corconera núm. 5, que debió ser arrojado por el viento cuando en la noche anterior se disponía á ir á bordo.
Se le encontraron 312 reales.
El infeliz era viudo y deja una niña de tres años.

Investigación del accidente
Tomás Forner, maquinista del vapor Hércules, hoy Corconera núm. 5, que se supone víctima del huracanado Sur que estuvo reinando por la noche. La autoridad instruye el oportuno expediente en averiguación de las causas ocasionales de la desgracia.

Movimientos de tropas para controlar conatos carlistas en Vascongadas


Un periódico burgalés, hablándoles del supuesto movimiento carlista, dice lo siguiente:
«Es del dominio público que se preparan dos columnas de operaciones, compuestas de fuerzas de infantería, caballería y artillería, al mando de dos generales de brigada, para salir á maniobras. Ocuparán determinados pueblos de las Vascongadas y Navarra.
Esta noticia es objeto de muchos comentarios, relacionándose generalmente estos movimientos con las instrucciones traídas de Madrid por el general Macías, y que son resultado de las conferencias que celebró en la Corte con el ministro de la Guerra.»

El señor gobernador civil de Vizcaya ha autorizado á la «Sociedad Anónima Española de Dinamita», para remitir á esta ciudad por ferrocarril, á la consignación del representante de la «Sociedad Unión de Explosivos», quince cajas de dinamita con peso bruto de 450 kilos.

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