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Home Política Corrupción

Los amigos y enemigos de Teodosio Ruiz González y el Santander del Machichaco

by Redacción
07/11/2026
in Corrupción, Historia, Justicia, Los cuatro naufragios del Capitán, Noticias curiosas, Santander, Seguridad, Sucesos
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Una calle para Teodosio Ruiz González, alias Piloto
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Volvemos la vista al tiempo de los abuelos de nuestros abuelos. Una de las mejores épocas de la historia de Santander que, sin embargo, no estaba exenta de graves problemas y carencias. Pero fue asimismo un tiempo en el que más tarde, como nos recuerda el poeta marinero Pick, mucha gente que vivió aquello en su juventud y niñez quiso refugiarse en esos días inolvidables en los peores momentos de la ciudad y el país entero. Y así ocurrió 30 años más tarde, cuando leyeron con gran pasión los artículos de Pick que vamos a poner aquí, para evadirse de la grave situación en la que se encontraba Santander y España entera durante la maldita Guerra Civil de1936. iBienvenidos a bordo y disfruten de los testimonios reales de esas personas anónimas y maravillosas de hace 150 y más años, gracias a las cuales estamos todos aquí!

Para este viaje maravilloso iremos de la mano de Pick, el poeta y periodista marino, Capitán de la Mercante, gracias al cual podemos conocer estos tiempos gloriosos de Santander y, en particular, el combate eterno de dos valientes condenados a no entenderse: Teodosio Ruiz González, alias Piloto, y Diego Martín Veloz, alias Martinillo.

Aquí tenéis el índice de los temas a tratar por orden:

I – El Callejero del Santander de la época del Machichaco

II – Escándalos nocturnos y alcoholismo en el Santander del Machichaco

III – Los dramas de la prostitución en Santander en el siglo XIX

IV – Trata de blancas y blancos (menores) en Santander: la mayor vergüenza de la belle époque

V- Teodosio Ruiz González y los escándalos de la prostitución y de la homosexualidad masculina en Santander

VI – Barateros y otros tramposos y abusones del juego

VII – Violencia en las cárceles de Cantabria en el siglo XIX

VIII – Los principales garitos de Santander en la época del Machichaco

IX – El Café América: donde la inmoralidad tiene su más alto asiento

X – El Café Brillante: uno de los locales de pelo en pecho

XI – El desembarco del Martinillo en el Gran Casino del Sardinero y la derrota de dos chulos andaluces

XII – El «Huerto del Francés»: el Al Capone de Santander y dos trileros profesionales

XIII – Diego Martín Veloz, alias Martinillo: el Padrino cubano que llegó para neutralizar a Teodosio

XIV – El Unión Club y la belle époque de Santander, tan extrañada en la Guerra Civil

XV – Gobernadores corruptos que se embriagaban con mujeres medio desnudas

XVI – Guardias urbanos de Santander: los más corruptos defensores de la Ley

XVII – Narciso Tomás: un comisario involucrado con chorizos, proxenetismo y juego ilegal

XVIII – Los Caballeros del Santo Sepulcro de Santander, la Sacristía y el Descuaje

XIX – Teodosio, «el piloto», era el personaje más importante de la ciudad

XX – Los barcos de Teodosio Ruiz, alias El Piloto

XXI – El Vapor Navarro: un gigante conocido por sus rescates en alta mar

XXII – El Santanderino: el barco en el que Teodosio aprendió a navegar como agregado

XXIII – El vapor Hércules: poderosos motores y viajes constantes entre Inglaterra y América

I – El Callejero del Santander de la época del Machichaco

Por aquel entonces, el callejero de la ciudad era diferente, debido en gran parte al traumatismo urbanístico que supuso el incendio del 41 y, ya años antes, tuvo su influencia la actividad frenética de un alcalde del Frente Popular que tuvimos en Santander durante la Guerra Civil, el cual se dedicó a tirar muchos edificios viejos que molestaban sus proyectos de grandes avenidas. A consecuencia de todo esto y, en especial, del ensanche oportunista que siguió al incendio del 41, muchas calles de entonces desaparecieron para siempre, mientras que otras empezaron a vivir y siguen hoy en día.

Plaza de Becedo: Café Cántabro, frente a unos pabellones viejos y misérrimos, inmediatos a la iglesia de San Francisco, que se derribaron para alzar el Palacio municipal (Ayuntamiento). En esos pabellones existía otro café de mucho crédito en la población: el «Occidente». En el «Cántabro» se estaba explotando un juego de azar llamado el «Dominó eléctrico», que era objeto de coacciones para conseguir comisiones, repartidas entre policáis corruptos y el propio Teodosio Ruiz.

Esquina de Colón con Puerta la Sierra (es la zona a la derecha del Ayuntamiento según miras de frente): Taberna de Rucabado.

Calle Puerta de la Sierra: aquí estaba el Club de Billares, apodado por el pueblo el Huerto del Francés en referencia a un terrible crimen de Peñaflor, por su mala fama. En este garito tuvo lugar el tiroteo más famoso de toda la historia de Santander, al más puro estilo del Salvaje Oeste. Ocupa el piso primero de una casa sin número de la calle de Puerta la Sierra.

Calle Cuesta: Café América, donde la inmoralidad tiene su más alto asiento, según El Descuaje. Aquí recibió Teodosio una puñalada traicionera que atravesó su reloj, salvándose de puro milagro.

Plaza de los Remedios 5: Redacción de El Descuaje y probablemente la taberna de la Sacristía, en la que se reunían los Caballeros del Santo Sepulcro de Teodosio Ruiz González.

Calle Ruamayor 19, donde la dueña fue multada por faltar al respeto a la autoridad.

Calle Ruamayor 21: multadas la encargada y dos pupilas de la casa de lenocinio por faltar á la decencia pública y desobediencia á los agentes de vigilancia.

Calle Ruamenor: casas de prostitución con escándalos habituales que molestaban a los vecinos.

Calle de Rupalacio, frente a la confitería La Gaditana: un intento de feminicidio por parte de Martín Aguiar.

Plaza de Atarazanas: comerciantes varios.

Calle del Arrabal: en una de las primeras bodegas, una mujer que ejerció en la Cuesta de Garmendia produce constantes escándalos.

Calle del Arrabal 23: escándalos todas las noches.

Jacinto Bolado, tabernero de la calle de San Roque

Calle del Arcillero: se detuvo aquí a un ladrón al que buscaba la Policía.

Cuesta de Garmendia 11: se echó a honrados inquilinos para montar allí un prostíbulo, siendo además una zona próxima a un colegio.

Cuesta de Gibaja: en una casa de lenocinio de esta calle se tirotearon unos toreros.

Calle Peñas Redondas 1, segundo piso balcón, (y otro piso más que era un tercero): dos mozas se tiraron por la ventana de los respectivos burdeles donde estaban, en episodios distintos.

Calle del Peso: un prostíbulo en complicidad directa con la Policía fue denunciado por El Descuaje.

Cuesta del Hospital: casas de prostitución con escándalos habituales que molestaban a los vecinos.

Cuesta de las Ánimas: el Centro Obrero en el que se organizaban meetings de esta naturaleza.

Calle Vargas: casas de prostitución con escándalos habituales que molestaban a los vecinos.

Calle Peñaherbosa: casas de prostitución con escándalos habituales que molestaban a los vecinos.

Cuesta de la Atalaya: la taberna de Jacinto Bolado, donde también tenia sus perros y su gallera de gallos de pelea.

II – Escándalos nocturnos y alcoholismo en el Santander del Machichaco

Los escándalos de la noche eran cotidianos y no siempre salían reflejados en la prensa, pero los vecinos honestos y normales se mostraban preocupados y furiosos por la inacción de las autoridades a la hora de prevenirlos. Podían ser causados por actos inmorales de las personas involucradas en el comercio de la prostitución, en la delincuencia o en las borracheras continuas de una población entregada al vicio.

Durante toda la noche de ayer, como domingo y siguiendo la costumbre, fueron desfilando por la prevención varios borrachos y familias mal avenidas á consecuencia del vino. También, y en distintos puntos de la población, se promovieron algunos escándalos, durmiendo en la prevención los promovedores.

Por orden del señor Gobernador ingresaron ayer en la cárcel tres individuos por blasfemar del Santo nombre de Dios.

Han sido denunciados, según consta en el libro de la guardia municipal: los niños Evaristo Gómez, su hermano José y Gustavo Lavín, por haber tirado al pelo y a la cara excremento de ganado vacuno á la joven Ángela Camargo. Daniel Ortiz Bustamante, por pegar un fuerte golpe en la cabeza á Manuel Peña, haciéndole rodar por el suelo y causarle una herida, de la que fue curado en la casa de socorro.

Los borrachos eran causantes o víctimas de los episodios de violencia que se sucedían cada noche en una economía de subsistencia en donde, además, escaseaba la formación y sobraba fuerza bruta y ganas de emprenderla a golpes con el vecino.

Anoche á las siete y cuarto se armó un escándalo tremendo en la taberna que don Manuel Inguanzo tiene establecida en la calle de la Concordia. Según declaración de testigos presenciales, tres individuos pretendieron pegar á otro que estaba bebiendo en la referida taberna y que, a consecuencia de las repetidas libaciones, no se hallaba en su cabal juicio. Un hijo de éste, de dieciséis años de edad, procuró evitar que maltrataran a su padre y, viendo que no podía conseguirlo, sacó una cuchilla de zapatero que en el bolsillo llevaba e infirió con ella una leve herida incisa en la frente a uno de sus contrarios. Este fue curado en la Casa de Socorro y conducido después al Principal donde se hallaban ya los otros tres individuos que tomaron parte en la lucha. Después de prestar declaración, ingresaron todos en la Prevención.

Escándalo en la plaza de Atarazanas:

De dos escándalos da ayer parte la guardia municipal, promovidos por varias mujeres en la plaza de Atarazanas, ambos sin consecuencias.

¡Viva el rumbo! Ayer fue denunciado un vecino del Paseo de Menéndez Pelayo, por arrancar tres losas de la acera de enfrente de su casa. Dijo que eran suyas. Sí; por aquello de que lo que hay en España es de los españoles.

Comenzaron a disputar por si tenía uno más ó menos adelantado el reloj que otro

Dos individuos, uno de ellos llamado Hipólito Villagrada, de 38 años, vecino de Torrelavega, representante de una casa de vinos de esta capital, se hallaban anoche, á la una, en un establecimiento de la calle de San Fernando, cuando comenzaron á disputar por si tenía uno más ó menos adelantado el reloj que otro. En esto intervino el tabernero y quitó el reloj al desconocido como prenda hasta que le pagaran seis reales que lo hicieron de gangas. Los dos increparon al tabernero y acabó por ponerse la cuestión en tal forma, que el desconocido, según el herido, descargó al Villagrada un palo en la cabeza produciéndole dos heridas contusas con fractura de los huesos propios de la nariz. Como esta última parte de la riña había sido ya en la calle, el agresor huyó y el herido cayó junto á la puerta del establecimiento de Jenaro Galdós, siendo auxiliado por éste. Avisado un guardia, se le condujo á la Casa de Socorro, donde fue curado, trasladándose luego á su domicilio. La guardia municipal se encargó de averiguar quién era el otro individuo que estaba en la taberna y que se supone sea el agresor.

Una pelea de borrachos en Liencres acaba con un mozo muerto


Hoy tendrá lugar ante el Tribunal del Jurado, el juicio oral de la causa procedente del Juzgado de instrucción del distrito del Oeste, seguida contra Olegario Alonso Revilla, porque el 28 de mayo del año último, se reunieron en la taberna de don Arturo Muñiz Toce, vecino de Soto de la Marina, varios mozos del pueblo de Liencres, quienes pidieron vino; y como a la media hora, llegó otro grupo de mozos, de Soto, al citado establecimiento. Los de uno y otro bando, entre los cuales había antiguos resentimientos, se pusieron a cantar, aludiéndose, respectivamente, en sus canciones, diciendo uno de los del grupo de Soto, que «él cantaba al son de la guitarra si bailaban ellos» y entendiendo los de Liencres que estas palabras envolvían una provocación, empezaron a proferir frases agresivas contra los del Soto, y uno de aquéllos, llamado Manuel Revilla, desafió á Francisco Madrazo, del grupo contrario.

Salió á la calle el Manuel Revilla, y cuando se disponía á seguirlo el Madrazo, después de haberse quitado la chaqueta que llevaba puesta, se colocó en la puerta el procesado Olegario, con un cuchillo en la mano, diciendo: «Al que pase por aquí lo atravieso», y acercándose al Francisco Madrazo le dio por la espalda dos golpes con el arma que llevaba, causándole una herida en el costado derecho, parte posterior, de siete centímetros de extensión y cuatro de anchura, que le interesó la piel, tejido celular y muscular, y otra en la parte posterior del tórax de la misma extensión y anchura, que penetró trece centímetros entre el 8.º y 9.º espacio intercostal, interesando la base del pulmón derecho, hiriéndole en su totalidad, y á consecuencia de la cual falleció pocos momentos después de haberla recibido.

El Ministerio Fiscal calificó provisionalmente los hechos de un delito de homicidio, sin circunstancias, de autor á Olegario Alonso, para quien solicita la pena correspondiente. La defensa del procesado, estima que concurre en favor de su patrocinado la circunstancia atenuante de miedo insuperable, ó cuando menos la de arrebato y obcecación, solicitando su absolución ó imponerle en último término la pena de seis años y un día de prisión mayor. Juan Joaquín Sánchez Alonso y Ramón Larrosa Llojo, procesados en el Juzgado de Santoña, por quebrantamiento de condena, han sido condenados a sufrir durante nueve meses las mayores privaciones que autoricen los reglamentos y a ser destinados á los trabajos más penosos y costas.

Hay que tener en cuenta que en esa época las penas eran terribles porque los presidios eran auténticos zulos tercermundistas en los que tu vida valía bien poco y donde se te obligaba a trabajar como un negro mientras recibías un verdadero chusco de pan con un vaso de agua. Es decir: 9 meses de ese castigo equivalían, a lo mejor, a varios años de las penas actuales.

Reyerta brutal de tres contra uno acaba con el Casino de Santander destrozado

Anteayer tuvo lugar el juicio oral de la causa procedente del Juzgado de Instrucción de esta capital, seguida contra Teodosio Ruiz González, Mateo José Incera, Jacinto Bolado y Manuel Cima (éste en rebeldía), porque a las dos de la madrugada del 7 de julio del año último y con ocasión de entrar los procesados Mateo Incera, Jacinto Bolado y Manuel Cima, en el Casino Liberal de esta capital, tuvieron una cuestión con el también procesado Teodosio Ruiz y, viniéndose a las manos, el Teodosio, con un bastón de estoque, causó una lesión a Manuel Cima, que tardó en curarse hasta el mes de julio, y al Incera otra, que curó el 15 de citado mes; entre todos los procesados causaron daños en el local por la rotura de botellas, vasos y muebles, tasados en 25 pesetas. El señor Fiscal, que en sus conclusiones provisionales había calificado los hechos como constitutivos de dos delitos de lesiones, de autor de ellas al Teodosio, con la circunstancia atenuante 4.ª del artículo 9.º, y un delito de daños del que eran autores los cuatro procesados y para quienes pedía las penas correspondientes, en el acto del juicio y en vista de las pruebas en el mismo practicadas, modificó aquéllas, solicitando la absolución de Teodosio Ruiz por haber obrado en defensa propia y la de todos los procesados por no existir el delito de daños.

En la imagen, una ilustración de la Bahía de Santander de mucho antes de estos hechos, pero que ya representaba este núcleo de población pintoresco que tanto se iba a desarrollar durante el siglo XIX.

Como vemos, la noticia cuenta que Teodosio Ruiz González fue juzgado por una pelea ocurrida en el Casino Liberal. Durante el juicio, el fiscal cambió su acusación al considerar que Teodosio actuó en defensa propia y pidió su absolución, así como la de los demás acusados, por entender que no había quedado acreditado el delito de daños.

Al ser una ciudad portuaria, el alma de Santander estaba plagada de escándalos de todo tipo y tentaciones que no siempre eran positivas para nadie.

III – Los dramas de la prostitución en Santander en el siglo XIX

Hay también en el periódico una sección titulada «Casas clandestinas», en la que se da cuenta, con el pretexto de denunciarlas, de todas las mancebías disfrazadas que funcionaban en Santander. Un ejemplo de esta miscelánea periodística:

«¿No es en la tasca de “El Cuervo”, esquina a Garmendia, donde se admiten citas? Es en la calle de Somorrostro, 2, segundo, izquierda, en cuya casa, el dueño del establecimiento, admite la prostitución clandestina, a causa de haber sido expulsado por el dueño del primer piso en que antes habitaba, contiguo al establecimiento. Y al que no quiere caldo, taza y media…»

Todos los números son iguales, con pocas variantes, pues todos tratan los mismos temas, con semejante léxico. ¡Y esto se estuvo publicando durante más de dos años, entre el regocijo del público, que paladeaba como plato exquisito aquel cúmulo de obscenas atrocidades!

El auge de las casas de lenocinio clandestinas en el Santander de Pick

Los prostíbulos de toda índole surgieron como setas por todas partes en el interior de la propia ciudad, lo que motivaba quejas insistentes de vecinos que pedían el exilio de estas casas de escándalo a las afueras de Santander. Incluso podemos decir dónde se encontraban estos burdeles más o menos clandestinos y las faenas cotidianas y extraordinarias que se organizaban en su interior.

Algunos vecinos de la Cuesta de Garmendia nos ruegan que llamemos la atención de quien corresponda sobre el hecho de que el dueño de la casa número 11 de dicha calle haya despedido á todos sus inquilinos, gentes honradas, para arrendar los pisos á una mujer que piensa establecer allí una casa de lenocinio. El hecho de estar esa casa muy próxima á un colegio, ¿no sería motivo bastante para que el Gobernador impidiese que en la citada casa se estableciese el aludido repugnante comercio?

Conservación del orden y vigilancia en cuanto a la prostitución clandestina en Santander se refiere:

«No sabemos si los guardias destinados á la conservación del orden y vigilancia de las casas de lenocinio cumplirán debidamente con los mandatos de sus superiores; pero lo que sí sabemos y desearíamos que se evitase es que esas desgraciadas mujeres estuvieran, como están la mayor parte del día, como un muestrario en los balcones llamando la atención de los transeúntes, cuando no en grandes conversaciones y jaranas en la vía pública, como sucedió antes de ayer por la tarde en la Cuesta de Gibaja, según nos dicen. El señor Alcalde haría muy bien poniendo correctivo á los que lo necesiten.»

Escándalos gordos junto a las casas de lenocinio:

«Si resucitaran nuestros padres, ellos que habían de ser sorprendidos á la vista de las mejoras urbanas y de las reformas materiales, más sorprendidos quedarían cuando se enteraran de lo que ahora sucede en su honrada ciudad, de que se promueven escándalos gordos cada media hora y de que se apuñalan las gentes dos veces á la semana, ni más ni menos que en ese Madrid que horroriza á las viejas, á la puerta de la taberna, á la salida de las casas de lenocinio, un poco más cerca ó más lejos de los cafés cantantes.»

El Descuaje denuncia la complicidad de la Policía con los proxenetas y prostíbulos de Santander

Paca la Bizca y el señor Ortega debían de ser los cargos de la Policía de Santander que resultaron ascendidos o que simplemente permanecieron en sus puestos tras la muerte de Teodosio Ruiz González en el Huerto del Francés. Pepita Reyes tal vez fuera otro agente o un miembro del hampa sin relación directa con las autoridades. Y de la lectura resulta obvio que el fallecimiento de Teodosio tuvo algo que ver con estos hechos que aquí se denuncian:

EL DESCUAJE denuncia ante las autoridades un suceso que ha de producir extraordinaria expectación, y que está ligado con El Huerto del Francés y algunas autoridades, muy conocidas de esta población. Con lo dicho basta.Ya la saben el pueblo y los representantes de la ley.

Vuelve á aparecer en escena Paca la Bizca. Viene ahora precedida de un escándalo que el otro día reflejó la prensa local, y acompañada de varias vecinas de la misma casa de la calle del Peso. Los vecinos gritan: ¡Señor Ortega, esta es una casa decente; debe ser una casa decente!

Lo mismo que el portero de Pepita Reyes. Pero los señores de todas clases y categorías, suben y suben, y luego bajan y bajan… Y aquello es una casa de Tócame Roque. Y aunque los vecinos protestan, la casa sigue funcionando clandestinamente como si tal cosa. Trasladamos el parte á las autoridades, á la Junta de la Trata de Blancas, y á todos los amigos de Paca la Bizca.

Medida que se impone para poner límites a la prostitución clandestina en Santander en el siglo XIX


A empeño de honra deben tomar los que por el puesto que ocupan y por lo que representan, que el mal ejemplo no se perpetúe y que el escándalo cese. A las excitaciones de la prensa local ha respondido, con buena fé completa, nuestro Gobernador ordenando la persecución y caza de las palomas de bajo vuelo, consiguiendo la emigración de muchas de ellas. Esta medida ha reducido su número; pero el ejemplo continúa en pié, es decir, que aun pululan de día como de noche las vendedoras de amor físico, y no es raro ni extraño hallarlas en determinados cafés apurando copas de aguardiente ó botellas de vino; es tanto hacen su leva. Sabido es el lenguaje que usan esas desgraciadas; sus frecuentes disputas que á veces degeneran en riñas, no pocas de desenlace trágico. Sus más que desenvueltos ademanes, y su cínico desceco para todo, ahuyentan de su paso no solamente á la honesta joven y á la honrada madre de familia y á la ignorante niña, sino también á todo hombre que en algo se estime. Pudiera pasar, ya que ese mal se aprecia como necesario, acaso por pagar contribución, que esas individuas tendieran el vuelo por esas calles santanderinas de la una de la noche hasta el amanecer; pero lo que no puede ser, ni debe, es que se las permita habitar en el centro de la población, en calles donde son constantemente vistas y sentidas por los niños de ambos sexos que á las escuelas próximas concurren. Frecuentemente cantan, y la obscenidad de sus cantares no trasciende á la calle, es cierto; pero en cambio los que en las colindantes casas habitan los sienten partir del interior, de las cocinas, y no es esto nada grato para el padre que procura inculcar en el alma de sus hijas los preceptos de la más sana moral.

Ruamayor, Ruamenor, Cuesta del Hospital, calles céntricas son; en ellas habitan personas tan dignas, tan honradas, tan decentes como las que más, y en esas calles no escasean casas en que moran hembras de vida airada.

Natural es que esas mujeres se exhiban ya en los balcones, ya en los dinteles de las puertas, ya en sus nocturnas y diurnas salidas; y el escándalo de las personas timoratas subsiste. Que esto tiene fácil remedio sábemoslo todos, bastaría, para ponérselo al mal ejemplo, con que quisiera la autoridad de la provincia secundada por los propietarios, algunos de los qué, más atentos al bolsillo que á la propia conciencia y á la moralidad, no vacilan en alquilar sus casas á mujeres cuyo contacto pudiera ser principio de corrupción en los propios, como lo es en los ajenos. Nosotros, para quienes la moralidad está sobre todos los intereses y conveniencias, á ser jefes de una provincia procuraríamos que las casas de lenocinio se establecieran en los arrabales de la población, ya que la ley las ampara y el fisco las explota. El señor Díaz Merry que tantas pruebas ha dado, en el poco tiempo que hace está entre nosotros, de interés por el mejoramiento moral, material é intelectual de Santander, haría un verdadero acto meritorio llevando á la práctica lo que dejamos expuesto; esto es: la traslación á los arrabales de Santander de las mancebías públicas, ya que por desconocer su existencia no se pueda hacer lo mismo con las secretas. Y en este asunto, creemos ser intérpretes de los pensamientos de todo el vecindario honrado.

Campaña moralizadora en Santander


En algunos de nuestros últimos números denunciamos al señor gobernador civil la existencia de gente sospechosa en una casa situada en la calle de Vargas y en otra de la de Peña-Herbosa. Nuestras denuncias fueron atendidas por la autoridad, habiéndose corregido y castigado á los que, turbando la tranquilidad de honrados vecinos, escandalizaban y cometían faltas de moralidad y decencia. Suponiendo nosotros, dados estos antecedentes, que la primera autoridad de la provincia está resuelta á impedir que en casas de honrada vecindad habiten personas de sospechosa conducta, nos apresuramos á hacernos eco de las quejas que vienen formulando algunos vecinos de la calle del Arrabal. Dicen ellos que en una de las primeras bodegas de esta calle habita una mujer que hasta ahora ha estado en una casa de lenocinio de la Cuesta de Garmendia. Las molestias que produce y los escándalos que origina no son para dichos y tan quejosos están de ella los que por allí viven, que suplican encarecidamente á la autoridad haga cuanto pueda y esté de su parte para que sea desalojado por esa mujer el local antes dicho. Pero no se quejan de esto solamente los que habitan en la calle del Arrabal. Quéjanse también de que la casa número veintitantos se haya convertido en un petit Brillante, pues tal cosa supondrían, dicen ellos, los que á altas horas de la noche pasen por cerca de aquella casa. Como quiera que los escándalos que esas… personas sospechosas—y tan sospechosas—vienen dando no llegan, al parecer, á oídos de los guardias que vigilan la calle del Arrabal, es necesario, á nuestro juicio, que los activos jefes de vigilancia tomen cartas en el asunto y hagan que las tales gentes «ahuequen» lo más pronto posible de aquellos locales. Esperamos que el señor Gobernador dictará las oportunas órdenes y hará cuanto pueda y esté de su parte para que la honrada vecindad de dicha calle no se encuentre molestada por esa… gente de mal vivir, tan perturbadora y escandalosa.

IV – Trata de blancas y blancos (menores) en Santander: la mayor vergüenza de la belle époque

El Juzgado de Instrucción ordenó antes de ayer que fuera cerrada una casa de lenocinio por haber sido encontrada en ella una joven de trece años que había sido llevada allí por engaños.

Puede parecer una noticia surrealista, pero no era nada extraordinario a juzgar por los artículos del valiente semanario El Descuaje:

Siempre hemos aplaudido el celo inusitado que las señoras de la trata de blancas despliegan en pró de los fines laudables que persigue su caritativa asociación. Ahora bien; ó esa asociación tiene un vicio de origen que la imposibilita para el cumplimiento estricto de su misión, ó el método empleado hasta ahora es ineficaz. ¡Qué lástima de causa generosa á punto casi de fracasar! Y fracasará porque por encima de defectos naturales de constitución, están otros fundamentos que así los determinaron.

Quiero hablar de la misma complejidad del problema; quiero decir que salvo un grupo de mujeres abnegadas, las demás no prestan la debida cooperación á esta causa de reivindicación de la mujer. De más de esto ni los asilos oficiales y conventos religiosos están en paridad con el fin que estas señoras persiguen, ni las leyes en armonía con el principio educador y previsor de esta Junta de humanitarias damas de Santander.

La trata de blancas sigue igual, con su inquietante y progresivo desarrollo. La trata de blancos, también sigue lo mismo. Para las primeras, hay una sección de higiene en el gobierno civil que vive y prospera de la mayor reglamentación del número de las caídas, para los segundos, hay otro Reglamento de protección del trabajo que no se cumple casi nunca. ¡Cuánta miseria!

Hay que aclarar que se trata de prostitución de menores: eso es la trata de blancos, en esta época. La trata de niños y adolescentes para fines horrendos.

Desgraciadamente, ni siquiera las atrevidas campañas de El Descuaje conseguían frenar tanto el frenesí brutal y despiadado de estos tratantes de ganado juvenil.

Invocación a la caridad

Santander es una población rica, es una población culta y benéfica, que siempre ha dado pruebas de sus elevados sentimientos altruistas y cristianos, y es para su vecindario compromiso de honor el acabar con esa contínua perversión de niños, apenas salidos del regazo materno y lanzados por la senda del crimen. A los cristianos sentimientos del pueblo acudimos. Así como se ha formado una Junta de caritativas damas para la represión de la trata de blancas, ¿por qué no se forma una Liga para extirpar esa trata de blancos, de menores de edad á quienes la falta de freno y el criminal ejemplo de padres sin conciencia sumen en el cieno? Medios hay para evitar esto; sólo falta la decisión bastante para llevarlos á la práctica. ¿Cuáles son estos medios? De ello nos ocuparemos en artículos sucesivos, por ser esta materia á desarrollar en más de un artículo y habernos extendido demasiado en el presente.
JUAN REPORTER.

Una joven seducida y abandonada en una casa de lenocinio por una organización que funcionaba en varias provincias

Un periódico de Bilbao da cuenta de la siguiente infamia: una distinguida señorita de Valladolid, de diez y ocho años abandonó el colegio donde se hallaba y con dos amigas suyas se trasladó á Santander, no se sabe si por impulsos de su propia voluntad ó de la de alguien. Allí fue seducida y abandonada en una casa de lenocinio. Bilbao, Santander, Pamplona y Valladolid, tienen establecido comercio de mujeres, haciendo frecuentes operaciones, cambios, compras y ventas de desgraciadas muchachas, y a esto se debe que la señorita fuera á Bilbao, poco tiempo hace á otra casa análoga.

En esa casa de Bilbao la encontró un hombre honrado, oyó de sus labios las desventuras que había sufrido desde su salida de Valladolid, y escribió á la madre de la muchacha. El Gobernador de Valladolid telegrafió al de Vizcaya, pero cuando la policía de Bilbao se presentó en la casa en cuestión, ya no estaba allí la joven: había sido objeto de una venta y enviada de nuevo a Santander. Al Gobernador de aquella provincia se ha telegrafiado para que averigüe su paradero y la ampare, poniéndola á disposición de su familia. De seguro será descubierto si los gobernadores y la policía tienen interés en ello; porque la resistencia que las tratantes de mujeres blancas oponen á la autoridad, se vence fácilmente con multas de 500 pesetas y algunos días de cárcel, como hizo el gobernador de Vizcaya con el ama de la casa de Bilbao; pero entretanto y después, seguirá la horrible trata, mil veces más infame que la de negros, á despecho de la moral y de la ley.

Estas organizaciones de la trata de blancas eran no sólo interprovinciales, sino internacionales.

Entre los muchos abusos que están cometiendo los patrones de los buques que hacen el comercio entre España y Argelia, (comercio legal en algunos casos, pero que muy frecuentemente tiene por base principal ó única el contrabando á España, es muy general el traer ilegalmente á Argelia pasajeros sin el conocimiento ó la anuencia oficial de las Autoridades españolas. Así traen á criminales, á mozos sorteables y prófugos del servicio militar y á mujeres sin la debida autorizacion de sus maridos ó padres: estos pasajeros desembarcan clandestinamente y van al interior, sin que sea posible por tanto á los Cónsules el cumplir con las órdenes del Gobierno sobre estas diversas materias. Muchos vienen indocumentados ó con cédulas de vecindad sustituidas, de las que se hace un comercio; hasta se me han presentado hombres portadores de cédulas otorgadas á mujeres.
Hay patrones que especulando sobre esta trata de blancos para obtener pasajeros hacen correr la voz en España de que toda persona puede hallar á su llegada en Argelia jornales de tres á cinco francos; y multitud de infelices vienen constantemente á sufrir un cruel desengaño, los que pueden regresar; los demás, agotados sus recursos, llevan una vida precaria, duermen á la intemperie, padecen privaciones, enferman y solicitan del Cónsul auxilios y repatriaciones. En los últimos cinco meses desde Julio hasta Noviembre inclusive, han fallecido en este distrito, sin abrazar el de Orán, 251 españoles, casi en su totalidad de miserias, segun las actas de defuncion obtenidas y sin contar á los muchos cuyas actas no han podido obtenerse por falta de su identificacion de nacionalidad española.
Instituciones benéficas
En París, calificado de Babilonia moderna, centro de todas las corrupciones, donde no hay vicio sin altar ni sacerdotes que dejen de sostener el culto, cuyas concupiscencias describen magistralmente los que le conocen, entre ellos la brillante pluma de Emilio Zola, se encuentran también ejemplos de grandes virtudes é instituciones caritativas y humanitarias, en lucha perpetua con aquellos vicios y sus perniciosos resultados. Una de esas instituciones es la Asociación internacional de defensa de las Jóvenes Pobres, recientemente constituída, y cuyo generoso fin es proteger á las muchachas contra la prostitución, arrancándolas del camino del lupanar para guiarlas por el más honrado y más humano del hogar y de la familia, que haga de ellas, en su día, excelentes madres y fieles y amantes esposas, útiles á la sociedad.
El Gobierno francés presta decidida protección á tan benéfico pensamiento y votará, para que pueda realizarse, un crédito importante en proporción á los gastos que demanda.
La trata de blancos que llevan jóvenes europeas á la América del Sur; que proveen el mercado de bellezas de los caprichosos millonarios londinenses; que facilitan la corrupción de inocentes niñas, engañadas por sus infames explotadores, tendrán en la nueva institución un vigilante que no se descuidará para disputar su presa al vicio, sin perdonar medios para vencerle. Existe allí también otra no menos notable y humanitaria institución que tiene por objeto prestar auxilio á las madres y sus hijos en las seis semanas siguientes al alumbramiento, evitando á las primeras que por escasez de recursos se vean en la necesidad de dedicarse a sus quehaceres ordinarios, algunos de los cuales, por el esfuerzo físico que exigen ó la clase de trabajo que significan, producen con frecuencia alteraciones graves en la salud de la madre que redundan necesariamente en perjuicio del recién nacido.

Esta asociación, que lleva ocho años de existencia, ha prestado servicios á más de cinco mil madres, calculándose en dos mil el número de niños que le deben la existencia. Mujeres de alta posición social son las que administran y rigen la institución y contribuyen con sus valiosos donativos á sostenerla, contándose también con una pequeña cuota que satisfacen los asociados y con subvenciones de las municipalidades, como la de París, donde se halla establecida. El gremio que mayor contingente aporta á la sociedad es el de costureras y se trabaja para que los beneficios de aquélla se extiendan á todos los demás en que el trabajo de la mujer puede considerarse dañoso para las delicadas funciones de la maternidad en sus seis primeras semanas. De desear es que en nuestra ciudad de Santander la caridad crease una institución parecida á estas francesas de que damos cuenta.

Las víctimas de cuatro ó cinco mil mercaderes dedicados á la trata de blancos

Las leyes prohibitivas ó restrictivas de la emigración, existentes hoy ahí, sólo sirven para excitar el apetito de infelices, víctimas de cuatro o cinco mil mercaderes dedicados á la trata de blancos, y que esparcidos por capitales y aldeas, hacen su agosto sin que, á pesar de ser bien conocidos por las autoridades, éstas pongan coto á tan vil como denigrante comercio, consiguiéndose con eso dejar en la orfandad á sus hijos ó hermanitos, y á vastas llanuras de tierra que ya no tendrán quien las haga fructificar.
Debía ser hora de que el pueblo español prestara preferente atención á este asunto repetidas veces mostrado por emigrantes en la Argentina, Panamá, Brasil, etc., etc., víctimas de engaños que sin dinero y sin salud han vuelto, muy pocos por fatalidad, al lado de sus familias, y en cuya excursión sólo han podido advertir que la tierra de España a quien la trabaja da riquezas como las que brindan Cuba, Argentina y otros más pueblos de América.
Actitud del Gobierno es esta inexplicable, tanto más cuanto que quedándose sin población ricas regiones de España, los magnates que han sido elevados por el pueblo á los altos sitiales que ocupan y que del pueblo viven, vuelven la espalda de la indiferencia á intereses tan vitales y de mucha trascendencia en día no lejano.

Robos y desmanes producidos por la prostitución en Santander en el siglo XIX

Este tipo de hechos desgraciados, unidos a la ya de por sí desgraciada prostitución, no eran exclusivos del alegre y próspero Santander del siglo XIX y aquí os ponemos algunos ejemplos que trascendieron en la prensa local montañesa.

Según leemos en los periódicos de Sevilla, la noche del domingo un soldado del regimiento de Extremadura penetró en una casa de lenocinio de la calle Muro de las Catalinas, y como tratara de hacer gastos sin llevar dinero alguno, no pudiéndolo conseguir, promovió grande escándalo que dió por resultado el que le arrojaran de la mencionada casa. Ya en la calle el soldado, quiso vengar en alguien las ofensas que dentro de la referida casa se le hicieran, y acercándose á una de las ventanas llamó, para hablarla, á una joven pupila y cuando la tuvo á su alcance, sin otras palabras, la asestó una puñalada en el cuello que le produjo gravísima herida, después de lo cual emprendió la fuga precipitadamente. La infeliz Dolores Medina Jiménez, que así se llama la víctima, fué auxiliada por el ama de la casa y varios transeuntes, trasladándola éstos inmediatamente á la Casa de socorro, donde se le practicó la primera cura, pasando después á su domicilio en un carruaje. La herida tiene 14 centímetros de extensión y ha sido calificada por los médicos de bastante gravedad.

Reyerta en una casa de prostitución en Bilbao

«En una casa de lenocinio de Bilbao ocurrió una reyerta entre varios jóvenes. Acudieron los serenos, resultando tres heridos.»

¡Pobres serenos, que sólo intentaban cumplir con su deber! Y ahora tenemos a Julia Baeza, pupila de una casa de lenocinio que practicaba estafas:

«La detención de la joven Julia Baeza, pupila de una casa de lenocinio sita en la calle de la Gorguera, está relacionada con este asunto del modo siguiente: A las cinco de la tarde, poco antes de descubrirse el desfalco, un empleado en el negociado de cuentas corrientes, de apellido Rojas, pidió permiso para retirarse, y concedido que le fue, se encaminó á la citada casa non sancta. Interrogado, manifestó sin reticencias el lugar donde había empleado el tiempo que mediaba desde su salida de la oficina hasta entonces, y el juzgado se trasladó á la casa de lenocinio inmediatamente. La joven Julia Baeza negó que allí hubiera estado el joven Rojas, y menos con ella.»

Reyerta a tiros de unos toreros en una casa de lenocinio en Santander


«En una casa de lenocinio de la Cuesta de Gibaja suscitaron una reyerta hoy, á las tres de la madrugada, unos toreros que llegaron ayer de Méjico en el vapor «Antonio López». Uno de los toreros hizo dos disparos de revólver sin que, afortunadamente, hiriera á nadie. Uno de los contendientes, que sufrió una contusión en un pie, fué curado en la Casa de socorro y desde allí se trasladó á su domicilio. Los otros dos fueron conducidos á la prevención por un sereno que acudió á las voces que, pidiendo auxilio, daban las pupilas de la casa.»

Ante la Sección primera se vió ayer en juicio oral la causa instruída en este Juzgado contra Amada Inisterra Izquierdo, acusada de haber sustraído de una cartera 3.840 reales en billetes del Banco, propiedad de Dolores Sisniega, de cuya casa de lenocinio estaba aquélla encargada y en tal concepto guardaba las llaves. El señor Abogado fiscal pidió se impusiera á la sumariada, por haber mediado grave abuso de confianza, la pena de cinco años y seis meses de prisión é indemnización de la cantidad sustraída. La defensa interesó la absolución por no resultar probada la preexistencia de aquella cantidad, y mucho menos que la Amada la sustrajera.

En juicio oral y público se vió ayer ante la sección segunda la causa instruida en el juzgado de esta ciudad, contra Eugenio Santa Cruz Martínez, sobre hurto de un reloj de oro, tasado en 75 pesetas, en una casa de lenocinio, á la pupila María Lucientes, la noche del 6 al 7 de Febrero último. El señor abogado fiscal sustituto pidió se condenara al sumariado á la multa de 125 pesetas y devolución del reloj á su dueña. La defensa alegó que su patrocinado no tuvo intención de hurtar el reloj sino de bromearse, y que en consecuencia los hechos no constituyen delito y debe ser absuelto el Santa Cruz.

El presunto autor fue detenido en una casa de lenocinio en Santander


«El presunto autor del robo estaba en una casa de lenocinio de la calle del Arcillero y se le ocuparon 19 pesetas y 40 céntimos, un reloj y cadena de níkel y una navaja de muelles (…), sin que por el momento fuera posible arrancarle ninguna confesión de haber cometido el delito que se perseguía, hasta que por averiguaciones practicadas en la casa donde fué preso se supo que la dueña de ella le había cambiado por billetes de Banco algunas cantidades en plata…»

Por la Sección segunda se ha dictado sentencia en causa del Juzgado de Reinosa, contra María González Fernández, Andrea Josefa Espinosa y Arroba y María García del Barrio Rodríguez, condenándose á la primera, como autora de tres delitos de hurto doméstico y, por ser menor de 18 años, á dos meses y un día de arresto mayor por cada uno de ellos, á la segunda como autora también de dos delitos de igual clase y ser menor de 15 años á la multa de 125 pesetas por cada delito y absolviéndose á la tercera por falta de acusación contra ella.

Suceso extraño: una moza se arroja por el balcón en el centro de Santander


Anoche, á las nueve y media próximamente, una pupila de una casa de lenocinio situada en la calle de Peñaredondas, número 1, se arrojó a dicha vía desde un balcón del segundo piso. Varios vecinos la recogieron y en una silla fué llevada á la Casa de socorro, donde fue reconocida y curada de primera intención por el médico de guardia. Presentaba la dislocación del brazo izquierdo por el codo y la fractura del húmero del mismo lado. Á las preguntas que se la dirigieron acerca de cuál fue el móvil que la impulsó á tomar tan desesperada determinación, contestó que lo había hecho por no poder aguantar los malos tratamientos que se la daban. Esto mismo dijo al Juez señor Gómez Calderón…

Sin embargo, algunas mujeres de la misma casa y otras que llegaron después, aseguraban que la individua en cuestión había querido fugarse de la casa, en la cual debía algunos duros, pues hacía pocos días que se hallaba allí de nuevo después de haber vivido anteriormente algún tiempo en dicha casa. También dijeron que antes de arrojarse había tirado a la calle un lío de ropa que recogió un muchacho que la esperaba. La desdichada, que se llama Josefa López y tiene 19 años, fue conducida al hospital de San Rafael en coche. Al salir de la Casa de socorro se reunió en la calle de la Compañía un gran grupo de gente, entre la que se discutía los motivos de tan extraño suceso.

Es un relato bastante revelador: primero recoge la versión de la joven (que se lanzó por los malos tratos), y después la contrapone con la versión de las mujeres de la casa, que afirman que intentaba huir porque debía dinero. Esa estructura de presentar versiones contrapuestas es típica de la prensa de la época.

Y no fue la única, por desgracia. María Rodríguez fue otra moza en esta tremenda situación y que se arrojó una noche por una ventana. ¡Y en la misma zona de Peñas Redondas!

«A las cinco de la madrugada de ayer, una joven de 18 años, llamada María Rodríguez, pupila de una casa de lenocinio en la calle de Peñas Redondas, se arrojó á la calle desde la ventana de un tercer piso, produciéndose una fractura en el tercio inferior de la pierna izquierda y gran contusión en la región lumbar. Fue trasladada á la Casa de socorro y desde allí al Hospital de San Rafael.»

Multas y clausura de casas de prostitución en el Santander del siglo XIX

El señor Gobernador civil ha multado en 45 pesetas á una mujer de la vida pública, por escándalo y blasfemias. También ha multado en diez pesetas á la dueña de una casa de lenocinio por tocar en su casa el piano á deshora de la noche escandalizando el vecindario, y en otras diez á otras dos mujeres de la misma clase por salir á la calle y llamar la atención del público.

El señor gobernador civil ha multado con 25 pesetas á cada una de las individuas Ángela Herrera y Valentina Gutiérrez, por faltar á la moral y á la decencia pública. Igualmente han sido multadas la encargada y dos pupilas de la casa de lenocinio sita en la calle de Ruamayor número 21, llamadas Sara Anan, María Fernández y Rosario Mateo, por faltar á la decencia pública y desobediencia á los agentes de vigilancia.

El Gobernador impuso ayer 50 pesetas de multa á la dueña de una casa de lenocinio, y está dispuesto a castigar con el mayor rigor a las empleadas que tiene a su cargo a la sección de higiene si no se cumplen sus órdenes.

El señor gobernador civil ha impuesto la multa de 200 pesetas á Dolores Sieniega, ama de una casa de lenocinio que hay en la calle de Peñas Redondas.

El señor gobernador civil ha impuesto la multa de cincuenta pesetas á la dueña de una casa de lenocinio situada en la calle de Ruamenor, por producir escándalo á deshora de la noche.

También fué multada en 25 pesetas la dueña de una casa de lenocinio, por infracción del reglamento de higiene.

Se ha dispuesto por el Gobernador de la provincia que ingrese en la cárcel pública una dueña de una casa de lenocinio por haber sido repetidamente castigada por escándalos, y que por tránsito de la guardia civil sea conducida al pueblo de su naturaleza.

El señor gobernador civil interino, ha multado en 50 pesetas á Natividad Rodríguez, ama de la casa de lenocinio en Ruamayor, número 19, por falta de respeto y desobediencia á los agentes de la autoridad. También ha multado en 50 pesetas á Isabel Díaz García, por faltas á la moral y á la decencia pública.

La dueña de la casa de lenocinio cerrada por disposición judicial ingresó ayer en la cárcel, después de declarar largamente ante el Juez de instrucción.

En la carpeta de la prensa del Gobierno civil encontramos ayer la siguiente nota: «El Gobernador civil ha impuesto ayer una multa de cincuenta pesetas á una dueña de casas de lenocinio por faltas cometidas, y está decidido a proceder contra los empleados que tienen á su cargo el servicio de higiene y que no cumplan con todo rigor las órdenes que se les dan.»»

Cierre de casas de lenocinio en Santander y exilio de las meretrices


El Gobernador civil señor Manzano, consecuente con su idea de reprimir con mano fuerte los escándalos que producen constantemente ciertas desgraciadas mujeres, ha ordenado que se cierre una casa de lenocinio que tenía una desgraciada llamada Hermelinda Gómez; y para evitar que siga ejerciendo su infame tráfico en esta población, ha dispuesto que salga de la ciudad en el término de tres días.

El señor Gobernador civil ha mandado clausurar inmediatamente una casa de lenocinio por no reunir condiciones ni aun de higiene privada.

Anoche se ha acercado á nuestra redacción una comisión de vecinos de la calle del Arrabal, rogándonos llamemos la atención de las autoridades acerca de los escándalos que diariamente se repiten todas las noches en mencionada calle y que tienen su origen en la casa número 23, donde se halla establecida una casa de las llamadas de lenocinio.

Declaración de las dueñas de las casas de lenocinio

«Anteanoche comparecieron en las oficinas de la diputación provincial, y ante el delegado del gobierno señor La Paliza, las dueñas de las casas de lenocinio á fin de declarar acerca de las denuncias hechas en las columnas de El Manifiesto.
Les fué leído cuanto hemos escrito sobre este particular en los artículos «Consulta» é «Inventario curioso», declarando aquellas ser verdad en todas sus partes cuanto afirma este periódico, y añadieron algunos otros detalles que, por repugnantes, nos abstenemos de expresar aquí, y que corroboran nuestras aserciones de que, durante el último período de mando zabalesco, hasta la prostitución era considerada como una granjería ú objeto de comercio por aquellos inolvidables funcionarios.
¡Buena lección, la que las mujeres públicas dan, denunciando ese asqueroso y nefando comercio, á los hombres públicos, que nos vienen llamando difamadores! En verdad que aquellas han demostrado superar en mucho á éstos, en vergüenza y dignidad.»

Sigue imponiendo multas el señor Gobernador á los infractores de las ordenanzas municipales y gubernativas.
El viernes fué multado en la cantidad de 50 pesetas el dueño del conocido Café América, sito en la calle de Cuesta, don Antonio García y Cazorla, por tener gente en el local á deshora de la noche. También fué multada en 25 pesetas la dueña de una casa de lenocinio, por infracción del reglamento de higiene.

V- Teodosio Ruiz González y los escándalos de la prostitución y de la homosexualidad masculina en Santander

Mención especial merece Teodosio Ruiz González en este no menos turbio aspecto, pese a que no era precisamente de tendencia homosexial. Pero es que este adelantado a su tiempo denunciaba (con gran homofobia, es cierto) los escándalos de la prostitución y de la homosexualidad masculina en Santander. No le importaba, decía él, que se jugara a los pitos, pero cuando los protagonistas de este tema homosexual eran enemigos suyos, como en el caso de varios agentes municipales y personajes a los que vejaba a todas horas (la Colirona, Denieluca, Paca la Bizca, Pepita Reyes), sus mayores ataques consistían en insultos homófobos que hacían muchísima gracia a su público. De hecho, cuando tuvo su primer encuentro con el otro tigre que llegó a Santander para enfrentarlo, Diego Martín Veloz, uno de los temas que salió pronto a colación fue un reconocido escándalo de tipo homosexual en la Policía Local que el Comisario Narciso Tomás encubría y que Martinillo, pragmático padrino del hampa y los negocios, pasaba por alto. No en vano le recomendó a Teodosio que dejase en paz al infeliz del Comisario, que le dejase comer de su corrupción, mientras ellos dos se repartían el pastel restante en un necesario entendimiento entre capos.

Hizo Teodosio un amplio gesto entre enfado y despectivo. Alzó sus brazos de atleta por encima de su cabeza, fingiendo asombro, y acabó dejándolos caer sobre el mármol del velador, como dos mazas.

—¿Un infeliz? ¿Pero usted sabe lo de la Colirona y lo de…?

—¡Cosas de hombres…!

—Pues para que me conozca bien, le voy a decir cómo soy. No haga usted caso de lo que le digan por las tabernas cuatro gallinas, que en cuanto me ven se esconden bajo siete estados de tierra. Yo, Teodosio «el Piloto», estoy dispuesto a acabar con toda la granujería de Santander. ¿A usted le extraña? Pues así es. He vivido mucho y no me asusta nada. Me emborracho como el primero, y donde haya una «gachí» que merezca la pena, allí estoy yo. No me importa que se juegue, aunque sea a los pitos. Pero lo que no quiero es que cuatro granujas vivan de las mujeres, del juego y de los borrachos, sin dar la cara y presumiendo además de personas decentes. ¿Usted lee «El Descuaje»?

Y podríamos tener un ejemplo de prostitución masculina en Santander que en El Descuaje, sin duda con gran ímpetu homofóbico, denunciaban a su manera (la verdad es que era difícil seguir la lectura de estas denuncias públicas en un argot que sólo ellos y sus numerosos lectores de la época entendían):

Lo que hacen los toreros montañeses en el invierno. Pablo Quintanilla (a) Colitas. En el verano no pica naa, por mor de la pruensia, pues ya le conocen las empresas. Gasta coleta más grande que la del Créto, y en el invierno se dedica a esquilar a lo modernista, perros y gatos á domicilio. Para informes, dirigirse á Peñas-Redondas, 1.

La isla de Jauja (un trozo de la Calle de la Justa)


«Puede llamarse así al trozo de la calle de la Justa que media entre el callejón del Perro y la calle de la Flor. Además del gran número de casas de mal vivir y de la más baja estofa que allí existen, ha venido á aumentar el constante peligro de los vecinos una taberna que se ha establecido, y que ostenta en la muestra el pomposo título de Academia de Baco.
En este templo mitológico, se reúne una clase de gente que, además de tener en jaque continuo á los agentes de la autoridad, suele formar tertulia en dicho establecimiento con una parroquia que hizo célebre en su tiempo á la taberna de Pepa la Chamberilera.
El dueño de la tienda está preso en la actualidad por mor de un relojillo, cuya fuga no se ha puesto bien en claro.
Esta madrugada, á la una, el señor Betegón, con el secretario de la tenencia de alcaldía, el alcalde de barrio, señor Colao, el inspector de noche y tres parejas de guardias de policía urbana, giró una detenida visita á la taberna, practicando en ella un minucioso registro, y haciendo entender al encargado la conveniencia de mudarse á otro distrito, por estar decidido á no consentir establecimientos de esta clase en el suyo. Después visitó el señor Botegón las casas de lenocinio, imponiendo varias multas á las dueñas de las mismas y deteniendo en una á un sujeto llamado Antonio Gadea, el cual negó su domicilio y titubeó al dar su nombre.»

Rumores

Según se decía en todos los corros, el ama de llaves no tenía los mejores antecedentes. Nosotros nos abstendremos de repetir cuanto respecto á ella se habló y se aseguró en el lugar del suceso.
Alguien de los que había por allí dijo que en el Juzgado se había despertado la sospecha de que la caja se hubiese abierto con anterioridad, pues el móvil del crimen parece seguramente el robo.
Nada más podemos decir por hoy á nuestros lectores, á quien tendremos al corriente de lo que en este asunto ocurra.
Una de las cosas que más lamentaba todo el mundo en el lugar del suceso (sin pretender relacionar una cosa con otra), era la existencia de las casas de lenocinio que infestaban la desdichada calle de la Justa.

Un muerto sin identificar

«Esta mañana se ha presentado en el Gobierno una mujer que durante mucho tiempo tuvo en Madrid una casa de lenocinio, diciendo que había visto el retrato del muerto, reconociendo en él á un sobrino suyo llamado José López que hace quince ó veinte días desapareció de su casa. Esta mujer habló con el señor Aguilera, quien le enseñó una fotografía de cuerpo entero del cadáver, y afirmó entonces que, en efecto, era el de su referido sobrino. Fué tal la impresión que en este momento recibió, que presa de un síncope cayó al suelo desmayada. Repuesta del desmayo, dió largos detalles de su sobrino. Dijo que era un joven muy afeminado y se le conocía por el apodo de La Dorada. Con estos antecedentes, el Gobernador envió á algunos policías a determinadas casas donde pudieran haber conocido á La Dorada, y, en efecto, poco después fue hallado dicho joven en una casa de lenocinio de la calle del Pozo.»

VI – Barateros y otros tramposos y abusones del juego

La noticia que viene ahora, titulada Los guapos, refiere un modus operandi habitual en la práctica de las coacciones del cobro del barato en Santander y en todas partes. Es decir, o me pagas y me marcho o te monto el cirio y te espanto a la clientela de tu local y te arruino.

Bernardino Cobo, mayor de edad y que habita en la calle del Puente, tiene pujos de guapeza y pretende cobrar el barato allí donde se le antoja. El domingo se presentó en «La Bella Unión» y pidió «prestadas» al dueño 10 pesetas. Como el dueño se las negara, Bernardino promovió un escándalo monumental con el deliberado propósito de que los parroquianos abandonaran el local. Fue denunciado.

Como vemos, a éste no le salió bien la jugada, que a Diego Martín Veloz o Martinillo sí que le solía funcionar por ser un gatillero profesional dispuesto a llegar a las últimas consecuencias y por estar respaldado por altas instancias militares y policiales.

Pero la sociedad santanderina no deja de ser latina y, por tanto, deseosa de expresar su alegría de vivir y su humor. Y así fue que el sexto toro de una corrida local se llamaba ni más ni menos que Baratero.

El último se llamaba Baratero, era negro entrepelado. Varias chicas de Santander que se hallan á mi lado distraen el aburrimiento de la corrida cantando aires montañeses de mucho gusto. Baratero toma hasta ocho varas, ocasionando varias caídas. A los quites Fuentes. El público pide que pareen los maestros y cuando salen los chicos de Algabeño se arma una bronca mayúscula, pero cesa al tomar los palos los matadores. Toca la música. Fuentes coloca un par de frente superior, y se oye una nueva pita por negarse á parear el de la Algaba. Éste se va al toro, terminado el tercio, entre la protesta pública, rematando la faena con media caída.

Dar el pego en Santander

El venezolano tomó los tres francos, y creyendo que los demás son tontos en este mundo, se propuso dar el pego á un prestamista, vendiéndole la papeleta.

No concibió cosa mejor que agregar unos ceros al número que figuraba como precio del empeño; pero se le ocurrió tanto la mano que le agregó cinco ceros, por lo cual su chaleco valía lo menos 300.000 francos.

—Se la doy á usted por su precio, dijo al prestamista, y eso que vale mucho más.

—Aguarde usted un momento, que voy á por los cambios, dijo al prestamista, volviendo luego éste con una pareja de la policía, que detuvo al feliz propietario de un chaleco de 300.000 francos.

El juez requirió a la guardia civil para sorprender una partida de juego en Reinosa

La guardia civil de Reinosa comunica que en la madrugada del domingo último el juez de instrucción de aquel partido requirió el auxilio de la guardia civil para sorprender una partida de juego que funcionaba en el segundo piso del café de El Ebro.

El jefe de la línea dispuso las fuerzas convenientemente y poco después el juez, el teniente, el sargento y el cabo-comandante del puesto, convencidos, después de varias diligencias, de que se jugaba, se dirigieron al café, donde momentos antes habían sostenido una disputa, por cuestiones del juego, un maestro de escuela y el banquero.

Subieron el juez y sus acompañantes al segundo piso de la casa, y al pretender entrar los que había dentro cerraron la puerta. El juez llamó repetidas veces, y como no fué obedecido mandó descerrajar la puerta. Entraron y encontraron en una habitación á 22 sujetos, que por orden del juez fueron cacheados y conducidos á la cárcel.

En el momento de la sorpresa fueron hallados los detenidos alrededor de una mesa de juego, sobre la que se encontraron varias barajas y una bolita de cera. Al ser registrados los «puntos» se les encontró nueve navajas, dos tijeras y una plaquita de hierro que, con la cera, se utiliza para dar el pego. También les fueron ocupadas 2.031 pesetas y dos monedas de oro.

Los jugadores quedaron en la cárcel á disposición del Juzgado.

VII – Delincuencia común y raqueros

En un episodio vemos que un joven ratero robó en la Tabacalera y, durante su persecución, uno de los agentes de vigilancia llegó a dispararle, aunque el tiro no le alcanzó. Poco después fue detenido y conducido atado hacia la prevención, pero logró convencer a un carretero para que le cortara la cuerda y escapó de nuevo, sin que pudieran volver a capturarlo. El periódico señala que el único resultado del incidente fue la alarma causada por el disparo y critica la actuación de los vigilantes, considerando que no debieron recurrir tan rápidamente a las armas, ya que se trataba de un robo de escasa importancia cometido, además, por un muchacho.

VII – Violencia en las cárceles de Cantabria en el siglo XIX

Hace pocos días ha tenido lugar en el presidio de Santoña un lamentable suceso. Un matón, que pasó su vida en cárceles y correccionales, cobraba el barato en el de la vecina plaza fuerte, y de tal modo se había impuesto por el terror á sus compañeros de cadena, que éstos no osaban nunca contradecirle en lo más mínimo y acataban sus órdenes como debieran hacerlo con las que emanan de las autoridades legales. Nadie se había atrevido nunca á disputar su puesto al terrible «baratero»; cada individuo, que á cumplir su condena entraba en el penal, era un nuevo vasallo del señor absoluto de aquellos desgraciados. Un joven andaluz, cuyo nombre sentimos no poder comunicar á nuestros lectores, no se resignaba fácilmente al dominio del tirano y aguardaba solo una ocasión para rebelarse.

Ésta se presentó al fin; no sabemos con exactitud por qué causa, hace pocos días —el mismo en que tuvo lugar el suceso que relatamos— los dos enemigos se trabaron de palabras y acto seguido pasaron á vías de hecho.
No puede explicarse cómo, pero es lo cierto que los presidiarios, á pesar del registro que todos los días se lleva á cabo en los penales, tienen sus armas más ó menos peligrosas, mejor ó peor fabricadas, que echan al aire por menos de nada.
Los protagonistas del suceso que narramos también tenían las suyas, hechas de dos limas de grandes dimensiones, y punzantes como un cuchillo carnicero, y las sacaron muy pronto dando comienzo á una lucha cuerpo á cuerpo, cuyos detalles no transcribimos, de intento, para evitar un mal rato á nuestros lectores. Baste saber que el resultado del combate fue fatal para el «baratero» que, á los pocos minutos de lucha, cayó muerto al suelo con el cuerpo atravesado por ocho terribles puñaladas.
El matador, cegado ya por la vista de la sangre y completamente fuera de sí, retó á aquellos de sus compañeros de cadena que fueran tan valientes como el otro, pero éstos, atemorizados, huyeron de él; poco después, era desarmado y sujetado por los dependientes del penal.

Muy de sentir es que en establecimientos de esta especie se cometan crímenes como el referido, y precisamente por personas que están en ellos purgando otros iguales ó parecidos. ¿No podría conseguirse, con un poco de buena voluntad, que estas escenas no se repitieran? Creemos que sí; si los registros que se practican fueran tan escrupulosos como debieran serlo, los presidiarios no tendrían armas y no podrían, por consiguiente, satisfacer sus venganzas de tan sangriento modo.

VIII – Los principales garitos de Santander en la época del Machichaco

Me había enterado de los derribos que se están efectuando en Santander por lo que los periódicos me decían. Ayer, en una calma momentánea de mis achaques, salí de casa unos momentos, y fui a visitarlos. Me interesaban sobre todo los de la calle de Colón. Allí, en esa calle, sin carácter ninguno, y que era como una prolongación de los mercados próximos —de los cuales sólo subsiste hoy el del pescado—, se habían escrito, en el transcurso de más de medio siglo, las páginas más pintorescas y animadas de las pueblerinas de un Santander, que fué el de mi niñez precisamente. Parecía esa calle, con sus tres o cuatro establecimientos de bebidas y cafetines, todos famosos en la vida de bronce del pueblo, una «calle de muelle», como esas que en todos los puertos abren sus puertas pintarrajeadas y chillonas para colmar la sed inagotable de los tripulantes de los barcos.

¡Cuánta manzanilla se habrá bebido en el transcurso de los cincuenta años últimos en aquellas famosas tabernas, que en los tiempos recientes se habían transformado en «bares» y cafés!

La más antigua era la «de Rucabado», en la esquina misma de Colón con Puerta la Sierra. Allí iban los santanderinos típicamente castizos de los tiempos de los «Orfeones»: burguesía acomodada; pueblo en plan de enriquecerse; tablajeros que forjaban, con sus largas blusas maculadas de sangre, el futuro bienestar y el señoritismo de los suyos; comerciantes de la inmediata calle de Atarazanas; apoderados de casas comerciales y, sobre todo, marinos, capitanes, maquinistas y mayordomos de los barcos. Cuando se llegaba a la escala de Santander, las tripulaciones ya lo sabían. Por la mañana se iba a tomar el blanco, a casa de Rucabado —el blanco y los sabrosos mariscos de la pescadería próxima—. Por la noche, al «Brillante», a aquel tormentoso «Brillante» del que he oído yo decir, cuando navegaba, a viejos capitanes que acababan de conocerme: ¡Ah, usted es de Santander! Pues tiene su pueblo una gran cosa: el «Brillante».Después de Rucabado estaba el «Kines», hostal también famoso. Lo fundó un antiguo capataz de las descargas del muelle, el difunto Raba, concejal federal que fue durante muchos años de nuestro Ayuntamiento. Su nombre primitivo fué el «Kinetoskopio», como tributo a este aparato óptico que entonces, aun no inventado el cine, gozaba de la máxima popularidad. El pueblo abrevió su nombre y lo dejó reducido al «Kines». Aquí iban los señoritos del muelle, los que luego fueron «fuerzas vivas» y personas serias. Entonces los señoritos bebían manzanilla y vinos de la tierra, y les gustaba beberlos al pie de las barricas, y entre gentes de rompe y rasga. Y tras del «Kines», «La Sacristía», no menos famosa que sus antecesores. Por los tres templos de Baco discurría, en los años maravillosos de principios de siglo, Teodosio, «el piloto».

IX – El Café América: donde la inmoralidad tiene su más alto asiento

En conjunto, estas noticias muestran que el Café América fue uno de los establecimientos más conflictivos y populares del Santander de finales del siglo XIX y comienzos del XX, apareciendo con frecuencia en la prensa por sus divertidos bailes de carnaval, las riñas, los altercados con marineros, las intervenciones policiales, las multas y otros sucesos pintorescos de toda clase.

En el Café América lo mismo que en el Teatro. Desanimación, falta de buen gusto en los trajes, máscaras mudas.
Y eso que lo mismo el señor Sobarzo en el coliseo, alumbrado con dos magníficos arcos voltaicos, además de las lámparas, que la sociedad Esmeralda en el café América, han desplegado todas sus aptitudes y su buen gusto para que resultaran los bailes brillantísimos.
Se espera, no obstante, que el de las flores, que se verificará en el Teatro mañana martes, será muy concurrido y espléndido.

Protesta contra la conducta del Senado norteamericano

Como protesta contra la conducta del Senado norteamericano, el dueño del café América ha sustituido el nombre de su establecimiento por el de «Café Español» y ha hecho pintar los faroles con los colores nacionales.

Anteanoche en el café América, un joven abofeteó á un guardia de orden público y le desgarró el uniforme que vestía.
Ignoramos cómo se habrá arreglado este asunto, pero sabemos positivamente que ayer por la tarde, el joven en cuestión paseaba libremente por las calles más concurridas.

Pero esta agresión no debió de ser para tanto cuando fue liberado de seguido (o tal vez es que puso algún billete en algún bolsillo importante):

Ayer fué puesto á disposición del Juzgado el joven que la noche del jueves promovió en el café América un escándalo de que dimos cuenta en nuestro número anterior. Según informes que ayer pudimos recoger, el joven citado, que por cierto no se hallaba completamente sereno, no hizo más que romper el uniforme á un guardia de orden público que intentó sacarle fuera del establecimiento. El Juzgado, en vista de la poca gravedad del delito, le puso en libertad poco después de efectuarse la detención.

Versos satíricos sobre una pelea con unos franceses en Santander

En el café América
hubo el otro día
un combate en regla,
una lid reñida,
entre unos franceses
de sangre bravía
y unos cuantos mozos
que les agredían.
Botellas y bancos
y mesas y sillas
sirvieron de armas
ofen-defensivas,
y hubo contusiones
y algunas heridas,
siendo de socorro
la Casa precisa.
Para que la gente,
que es olvidadiza,
recuerde el combate
librado ese día,
del café á la puerta
el dueño debía
¡poner una lápida
conmemorativa!
Amadís.

Reyerta en el Café América de Santander

Ayer se originó en el café América un fuerte escándalo, con la correspondiente reyerta entre los mozos del establecimiento y algunos franceses de la tripulación del «Chateau-Laffite» que, después de haber desocupado algunos frascos de ginebra, se negaron á pagar y la emprendieron á golpes con los mozos, rompiendo todas, ó casi todas las botellas del mostrador. De la contienda resultó herido uno de los mozos en una mano, con uno de los vidrios rotos, y dos de los franceses de heridas en la cabeza, también producidas con los cascos de las botellas.
Intervinieron los guardias, condujeron á la Casa de socorro á españoles y franceses y allí fue el nuevo jefe de la guardia municipal, disponiendo se diera aviso al señor Cónsul francés para que tuviera conocimiento de lo sucedido y dispusiera lo que fuera conveniente; pero al practicarles la cura ocurrieron lances muy cómicos, pues los franceses insultaban en su lengua al médico de guardia y á los practicantes, intentando pegarles; y cuando al más recalcitrante de ellos se le puso la camisa de fuerza, pues no era posible curarle de otro modo, hizo un gran esfuerzo, se arrancó los vendajes antes de quedar del todo sujeto y una vez trincado empezó á cantar con estentórea voz la «Marsellesa».
La desesperación de los que les curaban, contrastando con su monumental borrachera, dio, como decimos, motivo para lances sumamente graciosos.

Anteanoche á las diez, dos mujeres y un hombre que entraron en el café América, fueron insultados por un camarero del mismo y por una joven llamada Dolores Andualle, con quien aquél sostiene relaciones amorosas. En vista de esto los insultados salieron á la calle, á donde les siguieron el camarero y su amante, la cual infirió á una de las mujeres una herida en la cabeza, armándose con tal motivo una verdadera batalla en la que todos tomaron parte y que dio por resultado que dos de las contendientes fuesen curadas de algunas heridas leves en la Casa de socorro, y los demás á la prevención.

Anoche á las doce y media fueron conducidos al Principal cuatro individuos, de oficio cocheros, por haber promovido un alboroto en el nuevo café América.

X – El Café Brillante: uno de los locales de pelo en pecho

Las noticias de la época muestran que el Café Brillante fue un establecimiento muy popular en el Santander de la época, donde se celebraban espectáculos y actuaciones musicales, pero también aparece con frecuencia en la prensa por altercados, robos, escándalos y varias sanciones impuestas por las autoridades debido al horario de cierre y al orden público.

Multa por escándalo
El señor Gobernador ha multado en cinco pesetas á seis individuos que anteanoche promovieron un tremendo escándalo en el café Brillante.

Robo a un licenciado del ejército
Por un agente de orden público fue capturado y puesto á disposición del Juzgado de instrucción un individuo que en la noche de anteayer, hallándose en el café Brillante con un licenciado del ejército de Cuba, robó á este un reloj, y le llevó después al muelle de Maliaño donde pretendió robarle también el dinero que llevaba. Dicho licenciado disparó un tiro sobre su buen amigo, con el cual logró amedrentarlo, y hacerlo desistir de su propósito.

Escándalo frente al Café Brillante
Un escándalo á que ayer nos referíamos, y que dió lugar á algunas detenciones, ocurrió frente al café Brillante, y no en ese establecimiento.

Escándalo dentro del Café Brillante
A las once y media de anoche se produjo un escándalo en el Café Brillante, siendo detenido el promovedor.

Comentario crítico sobre el Café Brillante
…pero á la doctrisa de calle Puente contra el «café brillantes», bien puestas café y hacen humos cuantos se antojan, y estropean fachadas, y molestan vecinos y nadie denuncia…
…que ya está, ya comprenderá cuál quiero decir, «café brillante», que brillar ya brilla, porque foco es pero de inmundicias en medio población…
…forasteros que vienes Santander todos tachan que casi primero «café brillante» encuentran que otras cosas mejores…
(Se trata de un artículo satírico donde un personaje critica el humo, la suciedad y las molestias ocasionadas por el establecimiento).

Mujer encerrada en una fonda detrás del Café Brillante


En una fonda de bebidas que hay detrás del café Brillante quedó anteanoche, con conocimiento de la dueña del establecimiento, encerrada una pobre mujer á quien se conoce en Santander por la Muda.
En la creencia de que se quedaba ésta sola, se cerró la tienda; pero á altas horas de la madrugada el sereno parece que oyó voces dentro del local, y, según después se ha sabido, procedían de que con la muda quedó un parroquiano que estaba completamente ebrio, y de cuya presencia en el local al cerrar la puerta nadie se había percibido. Los dueños de la taberna dice que ha notado la pérdida de un reloj.

Multa por cerrar tarde y por los espectáculos
Se ha impuesto una multa de veinticinco pesetas al dueño del café Brillante por cerrar después de las doce de la noche y por los escándalos que se promueven durante los espectáculos.

Multa por tener clientes de madrugada
El gobernador civil ha impuesto ayer varias multas á mujeres de mal vivir y á algunos individuos por blasfemos.
También ha multado en 50 pesetas al dueño del café Brillante por tener gente dentro á deshora de la noche.

Multa a seis individuos por un escándalo
El señor Gobernador ha multado en cinco pesetas á seis individuos que anteanoche promovieron un tremendo escándalo en el café Brillante.

Actuación artística en el Café Brillante
Hoy debutará por primera vez el célebre cantador Juan Ríos (el Canario chico).

XI – El desembarco del Martinillo en el Gran Casino del Sardinero y la derrota de dos chulos andaluces

Como de costumbre, nos lo cuenta Pick:

Era hacia el año 1905. Sangraba todavía el drama colonial, que en Santander había tenido repercusiones dolorosas. Y un día de verano, un hombre pequeño, cuadrado, de rostro enérgico y duro, moreno, casi negro, con prueba de su estirpe criolla, pobremente vestido, se presentó en el antiguo Casino del Sardinero, y preguntó por el gerente, que era don José Pardo y Pardo, un comandante de artillería, en situación de excedente, y que se había dedicado a los negocios en nuestro pueblo.

Un Comandante de Artillería sometido por un matón

Don José Pardo, no era una ursulina precisamente. Por su carrera, por su vida en cuarteles y campamentos, por su natural impulsivo y enérgico, era lo menos indicado para dejarse intimidar por un matón. Y el hombre que le iba a ver le habló de este modo:

—¿Usted no me conoce…?

—¡No tengo el gusto…!

—Pues soy «el Martinillo». Haga usted memoria. Los periódicos han hablado mucho de mí, hace algunos días. ¡Recuerde usted! ¡«Martinillo», el del Colonial de Madrid…!

Don José Pardo recordó. En el Colonial de Madrid, en cuyos salones funcionaba una famosa timba, se había presentado una noche un hombre que se hacía llamar «el Martinillo», y había desalojado la sala a tiros. Había sido un escándalo de los que hacen época. Por aquel hecho, el hasta entonces desconocido «Martinillo» había ganado la celebridad.

—¡Ah, sí, creo recordarle! ¿Usted dirá en qué puedo servirle…!

Y el héroe de la Puerta del Sol, muy cortésmente y evitando con gran delicadeza toda palabra ociosa, le explicó que había llegado a Santander en una lamentable situación. Y como sabía que la Empresa del Casino estaba compuesta por señores serios y respetables, celosos del buen nombre y de la paz de su establecimiento, acudía a ella seguro de que le tenderían su mano protectora.

El bizarro comandante de artillería comprendió enseguida, pues se trataba de un hombre avisado, el ultimátum que iba envuelto en aquella declaración. Pero no queriendo rendirse, y para ganar tiempo, contestó con suaves evasivas:

—Sí; yo querría servirle a usted. Pero tengo que consultar. En realidad, yo aquí no soy nadie. Vuelva usted dentro de unos días.

—¿De cuántos…?

—¡Hombre!: de dos; de tres. Pasado mañana…

—¡Hasta pasado mañana, señor…!

Licenciados del presidio para espantar a los chantajistas inoportunos

Cuando se retiró el aventurero, el gerente del Gran Casino llamó a su despacho a los «Cívicos». Eran éstos, dos andaluces, maños y licenciados del presidio. El Casino les tenía a su servicio para espantar a los chantajistas inoportunos. En dos palabras, les puso al corriente de la situación:

—«El Martinillo» ha estado aquí…

—¿El del Madrid…?

—Sí; el del Colonial. Viene «por tela». Yo le he dicho que vuelva pasado mañana. ¿Qué os parece a vosotros…?

—Pues que vuelva. Eso es cosa nuestra…

—¿No hay más que hablar…?

—¡Nada más, don José…!

En efecto, a los dos días, conforme a lo anunciado, don Diego Martín hacía su entrada solemne en el Casino del Sardinero. Los dos «Cívicos», a la puerta, le vieron entrar recelosos. Uno de ellos quiso interponerse, pero Martín, de un empellón, le echó a un lado, y siguió adelante. Los hermanos se consultaron en breves palabras.

—¿Qué hacemos…?

—¡Vamos a ver a don José…!

Y en el despacho entraron. Con voz trémula, le expusieron el caso.

—¡Mire usted! Ese hombre viene dispuesto a todo. Si usted quiere, le tumbamos, pero acaso esto no le convenga a la Empresa. Sería un escándalo. Hablando con él, todo se podría arreglar…

—¡Está bien! ¡Iros!

Instantes después, don José Pardo y Pardo y don Diego Martín Veloz conferenciaban nuevamente. El segundo salía luego con rostro satisfecho, y desde entonces, ninguna nueva visita inoportuna volvió a turbar el plácido negocio de la ruleta veraniega. Los croupiers, seguían diciendo con su voz nasal y cosmopolita:

—¡Hagan juego, señores! ¡No va más…!

Y «el Martinillo», en la terraza de los cafés del muelle, se fumaba unos espléndidos carunchos, con la vista puesta en la lejanía. Era un conquistador que acababa de poner su planta firme en Santander. Maduraba los proyectos futuros, su señorío y sojuzgamiento de la ciudad.

La conversación de Martinillo con Teodosio sobre el reparto del poder mafioso

Pick nos explica a la perfección cómo funcionaba este mundo corrupto en el que ni siquiera el más justiciero de Santander, Teodosio Ruiz, quedaba limpio de polvo y paja en el reparto de comisiones y hasta de migajas:

—¡Diego Martín…!

—¡Ah! Yo Teodosio Ruiz. Siéntese usted. ¿Una copa, no…?

Los amigos que con «el Piloto» ocupaban el velador del «Cántabro», hiciéronse a un lado discretamente. Pasaron a ocupar la mesa inmediata, sin apartar la vista de aquellos dos hombres que se enfrentaban por primera vez. Su ansiedad se comunicó a todo el café, y pronto docenas de miradas espiaban curiosas lo que ocurría en aquellas sillas, situadas, a un lado del alto mostrador en el que el dueño, don Evaristo Arronte, preparaba servicios y recogía los encargos de los camareros.

—¿Una copa…?

Ante la insistencia, Diego Martín, mientras se sentaba, respondió:

—Acepto por usted. No bebo casi nunca…

Teodosio respondió con una carcajada fanfarrona:

—Pues hace mal. Yo sin «cognac» soy hombre muerto. ¡Y me ha de dar la razón usted…!

Trajo el mozo las copas. Uno y otro las paladearon golosamente en un sorbo de prueba, apurando después escasamente la mitad «el Martinillo». Y Teodosio la suya en un trago largo.

Hubo una pausa, que rompió Teodosio:

—¡Me habían hablado mucho de usted…!

—¡Y a mí de usted! Por eso deseaba conocerle. Sabía que habíamos de entendernos. Entre los dos podemos hacer mucho…

Volvió a reír Teodosio:

—En Santander no hay nada que hacer. Esto es una letrina. Aquí el único «que plancha» es el jefe de Policía. ¡Buen tipo don Narciso Tomás…!

—Sí, sí, ya he visto sus campañas. ¡Pobre hombre! Yo creo que exagera usted algo. Me parece un infeliz.

Hizo Teodosio un amplio gesto entre enfado y despectivo. Alzó sus brazos de atleta por encima de su cabeza, fingiendo asombro, y acabó dejándolos caer sobre el mármol del velador, como dos mazas.

—¿Un infeliz? ¿Pero usted sabe lo de la Colirona y lo de…?

—¡Cosas de hombres…!

—¡Bueno, vamos a hablar en serio, amigo Diego! ¡Supongo que no habrá usted venido a pasar el rato!

—¡A conocerle a usted; ya se lo dije…!

—Pues para que me conozca bien, le voy a decir cómo soy. No haga usted caso de lo que le digan por las tabernas cuatro gallinas, que en cuanto me ven se esconden bajo siete estados de tierra. Yo, Teodosio «el Piloto», estoy dispuesto a acabar con toda la granujería de Santander. ¿A usted le extraña? Pues así es. He vivido mucho y no me asusta nada. Me emborracho como el primero y donde haya una «gachí» que merezca la pena, allí estoy yo. No me importa que se juegue, aunque sea a los pitos. Pero lo que no quiero es que cuatro granujas vivan de las mujeres, del juego y de los borrachos, sin dar la cara y presumiendo además de personas decentes. ¿Usted lee «El Descuaje»?

—¡Ya le he dicho que sí…!

—Pues comprenderá que tengo razón, y el por qué de mi campaña contra ese don Narciso y otros como él…

La conversación era recogida, sílaba a sílaba, por los incondicionales de la próxima mesa, que se la iban comunicando, entre grandes gestos de regocijo y admiración, a los ocupantes de las inmediatas:

—¡Le ha dicho que don Narciso es un granuja…!

—¡Y que donde él esté, se han acabado los valientes…!

—¡Hoy está «el Piloto» como Dios…!

Siguió la charla sensacional. «El Martinillo» hablaba con frases cortas y precisas, sin entregarse al eufemismo ni al circunloquio. Lo que él quería, era llevarse bien con Teodosio, si podía ser. Él creía que sí, y para eso había buscado aquella reunión. Precisamente aquel asunto del «Dominó eléctrico» que se explotaba en el café podía ser un buen motivo para la inteligencia. En aquel asunto llevaba un parte «el Piloto».

—¡Una pequeña parte —corrigió éste—, una verdadera miseria!… ¡La mejor tajada se la lleva, como siempre, el inspector, y eso es lo que me duele…!

—Pero ya quedará un margen para un nuevo socio. Yo he venido a Santander con deseos de trabajar. Así, puestos los dos de acuerdo, el negocio marcharía boyante, sin riesgos de perturbación…

—¡Si diésemos carpetazo a don Narciso…!

—¡Dale con don Narciso! ¿Qué daño nos hace ese hombre? Déjele que coma. Créame usted a mí, que tengo experiencia. Más vale tener a los policías comiendo a nuestra mesa, que muertos de hambre a nuestra puerta. ¡Y más, habiendo para todos!

—¿Pero, y «El Descuaje»?

—Siga usted con él y diga todo lo que quiera. Pero para el negocio, déjeme a mí. ¡Yo me sé arreglar…!

Estaban hablando en el antiguo café del «Cántabro», que como saben los santanderinos de alguna edad se hallaba establecido en la plaza de Becedo, frente a unos pabellones viejos y misérrimos, inmediatos a la iglesia de San Francisco, que se derribaron para alzar el Palacio municipal. En esos pabellones existía otro café de mucho crédito en la población: el «Occidente». En el «Cántabro» se estaba explotando un juego de azar llamado el «Dominó eléctrico», y a este negocio se refería la conversación de los dos rivales.

Por la calle pasaba un grupo de borrachos cantando, con voz enronquecida, una copla bárbara, por aquellos días muy en boga, y que, por referirse a un convecino muy conocido, al que se citaba con su nombre propio, hacía sonreír a los pacíficos señores que tenían sentados junto al velador:

«¡En el corral de la plaza—hay un torito sobrero,—que por su fisonomía—es Fulano el carnicero.—Tran, tran, trero,—Fulano el carnicero…!»

Esta rudeza de pueblo primitivo tenían las costumbres públicas en aquella alborada del siglo XX en la muy culta y noble ciudad de Santander, cuna de altos ingenios, como don Marcelino Menéndez Pelayo.

XII – El «Huerto del Francés»: el Al Capone de Santander y dos trileros profesionales

Ricardo Pellón («Colindres»), era un trasmerano más fino que una anguila. No sabemos por qué, esa noble comarca de Trasmiera conocida con el nombre de las Siete Villas da, desde hace tiempo, una clase de flamencos que dejan en pañales a los andaluces de solera. Gente viva para los negocios; pronta a la juerga; desprendida y rumbosa cuando se ofrece la ocasión, y valiente como el que más cuando hay que dar el pecho, hemos conocido muchos trasmeranos «de banderas». Nacidos en Meruelo, en Ajo o en Castillo Arnuero, podían pasar en cualquier parte, para quien no les conociera, como hijos auténticos de Sanlúcar de Estepona. Hasta toreaban, cuando llegaba el caso, becerros y toretes con sal y hechuras. Uno de estos trasmeranos andaluizados era, por aquellos años que estamos historiando, el popularísimo Ricardo Pellón, más conocido por «Colindres».

Su profesión era la de camarero. En casinos, cafés y barcos, pasó su infancia y parte de su juventud, doctorándose en todas las asignaturas de esa difícil carrera que es la vida, cuando hay que ganarla con el arrojo o el ingenio, en lucha obstinada con la pobreza.

Durante algún tiempo estuvo de mozo en la sala de juego del Club de Regatas. Todos los días se hacían allí diferencias de miles de duros. Las propinas eran abundantes, y «Colindres» se acostumbró a no dar importancia al dinero. Además, aquella timba de aspecto tan correcto, a la que asistían autoridades y personas del más alto relieve social, constituía una escuela perfecta del tahúr. Varias veces se hicieron cambios de barajas que llegaban precintadas de las fábricas, y que se escamoteaban en plena estación del ferrocarril o en el trayecto de ésta al Club, sustituyéndolas por otras preparadas, para con ellas poder actuar sobre seguro.

El pícaro Colindres, Ricardo Pellón, y el tirador de pego Guardiola

Allí conoció también «Colindres» a Guardiola, que era el tirador del pego más célebre que ha habido en España. Un hombre de unas manos tan milagrosas, que sacaba siempre del paquete de naipes, barajásele como se quisiera, la carta que le convenía. Guardiola vino contratado a Santander por una empresa de juego, para tirar el pego a uno de nuestros señoritos, fabulosamente rico en aquellos tiempos, y que se jugaba su fortuna sin haberla heredado todavía, pues vivían sus padres, como si los billetes de Banco fuesen papel de estraza. En efecto: en poco menos de un mes de tirarle contrarias, el mago del naipe dejó a nuestro «pobre-rico» heredero, poco menos que en la indigencia.

Alentado con estos ejemplos y fortalecido con tales enseñanzas, Ricardo Pellón no tardó en dejar los oficios subalternos y en lanzarse a volar por cuenta propia. Después de varios tanteos, estableció un Club de billares en la calle de San Francisco. Fue el primitivo «Huerto del Francés».

Hay que advertir que por aquellos días había ocurrido en la provincia de Sevilla el famoso crimen del francés Aldije, que mataba en su huerto, para robarlos, a los incautos que atraía con el espejuelo de una ruleta. En todas partes se hablaba del «Huerto del Francés», y así, cuando se establecieron en nuestro pueblo estos negocios turbios, en que el juego figuraba como elemento principal, «Huertos del Francés» se llamaron. El establecido por «Colindres» en la calle de San Francisco recibió también este nombre.

La «timba» quedó instalada en el piso primero. Se jugaba al monte y al «chacarrata»

Se hallaba situado en unas casas que ya no existen, en el principio de la calle, frente a la iglesia de San Francisco. Precisamente, donde hoy tiene sus despachos «El Águila». Eran unas casas viejísimas, de dos pisos, probablemente las más antiguas de la calle. La «timba» quedó instalada en el piso primero. Se jugaba al monte y al «chacarrata», y la clientela la constituían estudiantes de pocos años; dependientes de comercio y oficinas, y muchos marinos, porque en Santander entonces estaba muy boyante la navegación, y abundaban los pilotos y maquinistas de barco, con dinero fresco, que frecuentaban toda esta clase de garitos.

El negocio era bueno, y sin grandes complicaciones, porque «Colindres», con su sagacidad trasmerana, había comprendido que el medio infalible de acabar con la polilla de matones, barateros y pronosticadores que cae sobre esta clase de establecimientos, era conceder el monopolio a uno solo, que cobraría por todos y se encargaría de alejar a los demás. Después de mucho pensarlo, se fijó en Diego Martín, recién llegado al pueblo, y que ya se había hecho temer y respetar por todos sus rivales. Diego estaba vacante en aquellos momentos, pues sin inteligencia con Teodosio, de que hemos hablado al referirnos a la explotación del «Dominó eléctrico», había terminado. No eran hombres hechos para vivir juntos; el uno, espectacular, escandaloso, impulsivo; el otro, prudente, razonador, callado e implacable. Sólo coincidían en que uno y otro aspiraban al dominio absoluto. Tenían que chocar, y chocaron.

Pronto corrió por el pueblo la especie de que el negocio de la calle de San Francisco estaba amparado por aquel cubano, de quien se contaban tantas cosas. En efecto, por las salas, se le veía fino, correcto, de mesa en mesa, mirándolo todo, y no hablando sino cuando se le invitaba, y siempre con personas que le parecieran dignas de su atención. Los busca ruidos y «los brujas», los que iban a jugar de boquilla, o a armar bronca, para que acudiese la policía, y al otro día hablasen los periódicos, no se atrevían a subir. Sabían que Diego Martín era hombre capaz de hacerles salir por una ventana sin esforzarse mucho.

Tan bien fue el negocio de la calle de San Francisco, que sus empresarios decidieron trasladarse a un piso entresuelo de la calle de Puerta la Sierra, esquina a Colón (precisamente una de las casas que acaba de derribar don Ernesto del Castillo). Era un local muy amplio, y que se arregló convenientemente.

Allí debía tener, poco después, lugar el drama (del Huerto del Francés, que como se dice aquí se encontraba en una de las casas que se tiraron abajo de forma pacífica durante la Guerra Civil).

“El Huerto del Francés”: una descripción del peor garito de juego ilegal en Santander

La atención está fija en la Sociedad, café ó garito titulado «Club de billares», que la opinión conocía con el profético y fatídico nombre de El Huerto del Francés. Este expresivo nombre con que era conocido el garito no es de ahora. Hace varios meses que de público se aseguraba que en aquel sitio ocurrían hechos escandalosos en que la opinión encontró cierta analogía con los del tristemente célebre Huerto del Francés, y bautizó con este nombre al «Club de billares». No obstante, la policía no se enteró de estos rumores que cada día adquirían más visos de verdad, y si se enteró no creyó oportuno intervenir en el asunto ni comprobar si lo que de público se decía era infundado rumor de la fantasía popular.
El «Club», oficialmente, era una sociedad de recreo constituída en 1902. Fue café «Modernista» y ostentó diferentes títulos, hasta el de «Club de billares».
Ocupa el piso primero de una casa sin número de la calle de Puerta la Sierra, que no tiene más que el piso bajo, donde está establecido un comercio, y el principal. Como el hecho ocurrido ayer de madrugada no está aclarado por completo y circulan varias versiones sobre la forma en que se desarrolló el sangriento drama, creemos necesario hacer una ligera descripción del sitio del suceso, para que nuestros lectores puedan darse una idea de la forma en que se desarrolló.
En el portal, sucio y estrecho, empieza una escalera corta, de empinados peldaños, que termina en la puerta que da entrada al Club. Esta puerta es de madera y en el cierre tiene una placa de hojalata.
Al pasar la puerta se encuentra un pasillo muy reducido y oscuro. Á la izquierda una puerta da entrada á la cocina, y frente á la primera hay otra puerta mampara, forrada de bayeta encarnada. En el centro, y en un cristal, se ven las iniciales C. B. enlazadas.
En la cocina, otra puerta comunica con una habitación donde hay una pequeña mesa y un aparador.
La principal habitación del Club está frente á la segunda puerta. Es una sala grande, de forma irregular, con balcones á las calles de Puerta la Sierra y Colón, dividida por un tabique de tablas. En la parte de la izquierda hay colocada una mesa de billar y en la de la derecha, al otro lado del mamparo, una mesa de juego, de forma que no deja lugar á duda sobre el objeto á que se la destina. El mobiliario es modestísimo y viejo. Muy pocos veladores de mármol, un diván en la salita de juego y algunas destartaladas sillas distribuidas por todo el local.
En este sitio, dónde á la primera visita el menos observador conoce perfectamente que se halla en un inmundo garito, se desarrolló el triste suceso que tan justamente ha indignado al vecindario de Santander.
¿Cómo ocurrió el hecho?
Todavía no se sabe con certeza, ni es fácil averiguarlo, de qué modo ocurrió el hecho.
De los que intervinieron en el suceso, unos no pueden contarlo por haber pagado con la vida su intervención, y otros ocultan lo ocurrido por temor á responsabilidades. Hay, pues, que partir de suposiciones para tratar de reconstituir los hechos, aunque estas suposiciones tienen mucho de verosimilitud por las observaciones hechas en el lugar del suceso y los detalles que se conocen.
Lo único que no admite lugar á duda es que el origen de la cuestión fue el juego y las causas del suceso las rivalidades de dos hombres que se disputan la triste supremacía de la guapeza y del matonismo. La cuestión ocurrió entre dos hombres; entre Diego Martín y Teodosio Ruiz. Las consecuencias alcanzaron á otros; pero aquellos son los que promovieron y sostuvieron la lucha.

Diego Martín, el héroe de esta vergonzosa jornada, es un matón de profesión, un baratero de la peor especie

Se trataba de una casa conocida, de una casa donde se jugaba con ventaja y lo sabía todo el pueblo y debían saberlo antes que nadie y mejor que nadie las autoridades gubernativas, como sabían también que el tal Diego Martín, el héroe de esta vergonzosa jornada, es un matón de profesión, un baratero de la peor especie, de cuyas proezas se hablaba en todas partes desde que llegó aquí el verano último, de quien se sabe que ha andado á tiros varias veces en lances de su bajo oficio; y, no obstante, ni aquella casa fue clausurada ni este matón vigilado en forma que hiciera imposible aquí el ejercicio de su miserable industria. ¿No habíamos de coincidir todos al tratar de señalar á los responsables de lo ocurrido?

No queremos dejarnos dominar por la pasión; queremos analizar serenamente los hechos, y en presencia de ellos sentimos arrebatos de indignación que dan al traste, siquiera sea por un momento, con nuestros buenos propósitos de discurrir fríamente. Para realizarlo suponemos que el gobernador y la policía ignoraban la existencia del Huerto del Francés, y así, teniendo que acusar de ineptitud manifiesta, inconcebible, á aquellas autoridades desdichadísimas que han tocado en suerte á este pueblo, aún más desdichado, podemos menos difícilmente contenernos; pero desborda nuestra ira y nos ciega la pasión en cuanto nos detenemos á pensar que para admitir como posible aquella ignorancia, hay que admitir antes el absurdo inconcebible de que, en un pueblo de sesenta mil almas, sólo tres personas ignoraban la existencia de ese centro del crimen; y que esas tres personas son precisamente las obligadas á conocer esos antros y las únicas que cuentan con medios de descubrirlos. ¿Y qué hemos de decir particularmente de la policía, si hasta en los menores detalles —como el de hallarse sobre una mesa, en un chiriviti formado con tablas y que debía de servir de escritorio en la casa del crimen, el último número del periódico profesional La Policía Española— parece revelarse una extraña simpatía entre los que debieran ser perseguidos y los que debieran ser sus perseguidores?

Dos versiones de una visita inesperada: de guapo a guapo

Sobre el principio de la cuestión circulan diferentes versiones. Nosotros, que hemos visitado el lugar del suceso, que hemos seguido paso a paso los trabajos realizados para aclarar los…
[…]
Se aseguraba que Diego Martín hizo el primer disparo á Teodosio á traición, es decir, «madrugando» como se dice en el lenguaje de los matones. El disparo lo hizo Diego Martín, dicen, con la pistola en el bolsillo derecho de la americana disparando sin sacar el arma, el cañón por el extremo de la costura, de modo que Teodosio no pudo ver la pistola ni sospechar que iba á ser agredido hasta que oyó el disparo y se sintió herido; suponiéndose que esta herida es la que tiene en el bajo vientre y que le dejó en condiciones de gran inferioridad respecto á su enemigo.
Este extremo será fácil de comprobar por un reconocimiento de la chaqueta de Martín que debe estar perforada por el ángulo inferior y anterior del bolsillo, de haber ocurrido los hechos como se dice.
¿Quién es Diego Martín?
La personalidad de Diego Martín ha adquirido, con este escandaloso suceso, triste popularidad.
Á pesar de sus declaraciones, todos le señalan como autor de las desgracias ocurridas, y se pregunta el público quién es este sujeto, al que sólo conocen algunos porque relataron los periódicos de Madrid un «acto» suyo ocurrido en el café Colonial, donde anduvo á tiros.
Teodosio Ruiz era popularísimo y no necesita presentación. Su historia era conocidísima en Santander y todos recuerdan los detalles de su vida aventurera y azarosa. El otro es poco conocido. Hace próximamente año y medio llegó á Santander un sujeto bastante mal vestido y de aspecto sospechoso.

XIII – Diego Martín Veloz, alias Martinillo: el Padrino cubano que llegó para neutralizar a Teodosio

Ya hemos dicho cómo se presentó por vez primera en Santander don Diego Martín Veloz. Digamos ahora algo de la vida anterior de este fuerte personaje de novela barojiana. Conste que lo que ahora estamos contando lo sabemos, más que por observación directa, por lo que nos dijeron algunas personas que tuvieron ocasión de tratar con él en aquellos tiempos. Una de estas personas fue el ya fallecido periodista Antonio Mur, por aquel entonces diligente y activo reportero de «La Atalaya». Mur tuvo ocasión de hablar con don Diego cuando éste se encontraba en la cárcel a consecuencia del drama llamado del «Huerto del Francés». Ganó su confianza, y él fue quien le indicó como uno de los mejores abogados para su defensa el nombre de don Juan Ruano. Sabida es la amistad que luego unió al joven político, a la sazón en los principios de su brillante carrera, y al hombre de acción que consiguió sacar absuelto en un sensacional proceso. «Martinillo», que no olvidó los favores que se le hacen, guardó siempre a Ruano una lealtad inquebrantable. Pero le conoció por Mur, que en sus visitas a la cárcel, le dio aquel nombre. Y Mur nos contó años después muchas cosas interesantes del proceso y de las personas que en él intervinieron.

Martín Veloz procedía de la isla de Cuba, donde había actuado como teniente de las milicias movilizadas entre los naturales del país para defender nuestra soberanía. Era un hombre de un valor frío e inquebrantable, y halló ocasión de distinguirse en aquella lucha al machete que tenía lugar en la manigua. Durante aquella guerra, se relacionó con muchos de los jóvenes oficiales del ejército español, que al cabo del tiempo fueron figuras destacadas en nuestra historia. Uno de los que más intimaron con él fue Páez Jaramillo, que murió siendo general, y que al ocurrir los sucesos de Santander era teniente coronel de un batallón de cazadores. A Santander vino a declarar a favor de su amigo ante la Audiencia, y de esa declaración sacó Ruano el partido que puede suponerse, conociendo su habilidad. Sobre la mesa de trabajo de Ruano, vimos durante muchos años una fotografía del de Páez, con la siguiente dedicatoria: «A don Juan José Ruano, en agradecimiento a haber salvado a mi hermano Diego Martín Veloz».

Tenía condiciones extraordinarias de guerrillero: una bala o el machete no cortaban su vida

La desmovilización de las milicias a causa del tratado de paz, trajo al «Martinillo» a España, y le sumió en la vida caótica y estrafalaria de los casinos y centros de la vida alegre de Madrid. De haber continuado la lucha, probablemente hubiera llegado a general, pues tenía condiciones extraordinarias de guerrillero; una bala o el machete no cortaban su vida. Pero su destino era otro, y empujado por él llegó a Santander hacia aquel año de 1900.

Con un rápido golpe de vista, de hombre avezado a la exploración del paisaje, estudió la formación moral del pueblo en que había caído. En Santander había algo más que los valientes escandalosos de la calle de Colón y que los garitos y prostíbulos en que aquéllos imponían su ley. Era un momento de franca prosperidad para el pueblo. Los caudales repatriados de Cuba estaban creando nuestra industria, y cambiaban la fisonomía comercial de la Montaña. Corría el dinero, que se ganaba fácilmente y se gastaba con la misma facilidad.

XIV – El Unión Club y la belle époque de Santander, tan extrañada en la Guerra Civil

En las «Memorias de un periodista provinciano» que empecé a publicar en este periódico, falta un capítulo que entonces me vi obligado a suprimir, por motivos de orden sentimental, que en estos momentos ya no existen. Cuando tantos miles de hermanos nuestros luchan y mueren; cuando tantas ruinas y tantas lágrimas brotan del suelo negro de una España despedazada, aquellas razones pierden todo su peso; el dolor del recuerdo no es nada en comparación con los dolores con que la realidad angustiosa nos hiere a cada paso. Y precisamente, muchos amigos que vivieron aquellos días del drama de nuestro «Huerto del Francés», cuando leyeron nuestro artículo sobre Teodosio, «el Piloto», han venido a vernos, y nos dicen:

—Debe usted continuar y ampliar el recuerdo. ¡Cuando lo leo me parece que vuelvo a vivir…!

Estos amigos nos han convencido. Vamos a poner en línea todas nuestras remembranzas de aquellos tiempos. La figura de Teodosio Ruiz, «el Piloto», y de otro personaje extraordinario, les va a proyectarse en estas crónicas con más firme relieve. De esos personajes, el que destaca al par de Teodosio, con más vivo trazo, es Diego Martín Veloz, «el Martinillo», que todavía vive, que está en Sevilla, al lado del general Queipo de Llano, su gran amigo, según nos comunicaba éste, hace unas noches, desde la radio de Sevilla.

Eran los tiempos del Unión Club, famosos por sus bailes de máscaras, en el viejo teatro, en los que el champaña caía de los palcos como agua de lluvia. Los carnavales constituían una fiesta de una brillantez y una alegría insuperables. Se acababa de imponer la moda del confetti y de las serpentinas, y se empleaban a granel, cubriendo con una espesa alfombra las calles de la ciudad. La gente joven iba a estas fiestas con lujosos disfraces, ocupando carrozas arrastradas por piafantes corceles. Atronaban las trompetas; las estudiantinas y comparsas, algunas muy notables, ponían una nota brillante en el cuadro multicolor. Nunca, ni en los años de loca abundancia de la Guerra Europea, vivió Santander tiempos más felices y más alegres que aquéllos.

El Unión Club, recién establecido en el muelle, a causa de una disidencia del Club de Regatas, daba el tono a todas aquellas alegres expansiones. Aquel momento de la vida de nuestro pueblo puede ser conocido con el nombre del Santander del Unión Club.

Era la locura bulliciosa y pródiga de los hijos de las familias ricas que se manifestaba en todos los actos de la ciudad. En aquel pequeño local se fundieron fortunas consideradas como las más importantes del pueblo. En cierta ocasión vino el gerente de una casa francesa de Champaña a visitar a unos clientes que figuraban entre los más importantes de España. Martinillo se asombró al encontrarse con una especie de «garçonnerie» en la que se reunían unas cuantas docenas de amigos. Él esperaba hallar una sociedad como «La Bilbaína» o el Casino de Madrid.

—¿Pero no son más ustedes? —preguntó, asombrado.

—Somos aún menos —le respondieron—, porque usted está viendo hoy algunos amigos forasteros que nos hacen el honor de ser hoy nuestros huéspedes.

Varios conserjes del Unión Club se hicieron ricos en la modesta escala de sus aspiraciones, con la largueza de los socios. Se cuenta el caso de una caja de habanos que, sin abrirse nunca, llegó a valer al conserje que la vendía treinta o cuarenta mil duros…

Como el hecho es curioso, le vamos a referir:

En el Unión se jugaba al «bacarrat» sin banca titular. Tallaban los mismos socios y les ayudaban, en lugar del «croupier», unos amigos, que lo hacían desinteresadamente. Cuando se levantaba la banca, el jugador que había ganado, para corresponder al auxilio del que le ayudaba, llamaba a Cirilo, el conserje:

—¡Cirilo! ¡Una caja de cigarros para este señor…!

Cirilo salía muy solemne con la caja sobre una bandeja.

—¡Llévamela luego a casa!, decía el obsequiado.

Y la caja no salía de la conserjería. Allí Cirilo entregaba el valor en dinero al que se la debía llevar, y éste le daba, como comisión o propina, una parte de su valor. Y así, a cuenta de una única caja de cigarros, Cirilo reunió unos cuantos miles de duros, que le permitieron comprar una casa, tierras y ganado en su pueblo.

Y en contraste con estos tiempos alegres y prósperos, en los que Santander y España entera progresaba poco a poco, una curiosa amenaza al pie de uno de estos artículos de La voz del Cantábrico, para recordarnos que en estos días en que Pick nos contaba estas cosas nos encontramos en el año maldito para Santander (los 13 meses en que vivimos el comunismo y la anarquía en carne propia y sin límites):

No hagas alarde de dinero ni de abundancia, pues el pueblo vigila a todos y en su día habrá de juzgar la conducta que a cada uno corresponda.

XV – Gobernadores corruptos que se embriagaban con mujeres medio desnudas

Porta de El Descuaje, que continuaba incluso un mes después del fallecimiento en acto de servicio de Teodosio Ruiz González: CÓMO ENTRAN LOS GOBERNADORES DE PROVINCIA Y CÓMO SALEN. Creo que no hace falta explicar las viñetas, ¿verdad?

Este número parece firmado por Jesús Ámber en persona.

No era raro tampoco ver a los gobernadores en los palcos del viejo teatro, durante los bailes de Carnaval, bebiendo champagnes con mujeres medio desnudas.

Así «El Descuaje» hacía pública, en uno de sus números, una sección que titulaba «Telegrafía.—Sistema Guasinis», el siguiente parte burlesco:

«Teatro, 8, 1 madrugada.—Manolita «la Manazas», dió gracias director «Descuaje», domingo Piñata, palco gobernador, por nombramiento periódico, extremidades largas.»

En pocas palabras: la tipa en cuestión estaba siendo manoseada a destajo por el Gobernador en un palco a la una de la madrugada. Un ejemplo poco edificante por parte de alguien que tenía la misión de castigar todo escándalo que se produjera en la ciudad.

La corrupción de Santander que denunciaba El Descuaje era normalizada por todo el mundo

La corrupción de Santander que denunciaba El Descuaje era normalizada por todo el mundo, ya que todo el mundo sabía dónde se jugaba y dónde se podía uno correr la juerga más clandestina e inmoral, pero los gobernadores mismos eran parte del problema, tal y como prosigue Pick:

La autoridad, por lo visto, no se enteraba. Los gobernadores acaso se reían también, leyendo «El Descuaje», sin duda porque sabían que mucho de lo que denunciaba era verdad. Una ola de corrupción envolvía al pueblo. Se jugaba en todas partes: los señoritos, en sus círculos —el de Recreo, el Club de Regatas, la Unión Club, y durante el verano, en el Casino del Sardinero—; la clase media y pobre, en los casinos políticos —el Conservador, el Liberal, el Gamacista—, y los estudiantes y muchachos del comercio, en garitos que surgían en el fondo de cada cafetucho, o en cualquier entresuelo habilitado toscamente para este menester. Había dos cafés cantantes —el Brillante y el América—, punto de cita nocturno de todas las mujeres de mal vivir y de los hombres de pelo en pecho. Infinidad de salones de bailes, algunos como «El Polisón», en Cuesta del Hospital, de una triste y escandalosa nombradía. Una nube de barateros de baja estofa pululaba por la ciudad —Pepe «el Barquillero», Julio Aizcorbe, etcétera—. Las daifas de mantón y dedos cargados de sortijas pasaban por las calles mal alumbradas del brazo de «sus hombres», y si algún pacífico ciudadano las tropezaba en una acera, el galán tiraba de navaja y castigaba el desacato. La Policía, y hasta los mismos gobernadores —salvo las excepciones inevitables en toda regla—, estaban complicadas en esta perversión moral. Pero las campañas de «El Descuaje», lejos de aminorar el escándalo, contribuían a aumentarlo, porque evidenciaban el desprestigio de la autoridad.

He aquí unas muestras de lo que los pacíficos y honrados vecinos de Santander —el tendero de la calle de Atarazanas; el empleado de escritorio; el obrero, y el dueño de taller— leían con fruición y avidez todos los sábados, durante aquellos años de 1904 y 1905, en las columnas de «El Descuaje», o de su substituto el «Don Preciso», que aparecía cuando aquél, por dificultades de cualquier índole, no podía salir.

El Descuaje ponía el dedo en la llaga al señalar la inacción de la Gobernación en los escándalos de obscenidad sexual de los cafés cantantes, para los cuales no ponían tanto interés a la hora de censurar.

¿Pasan ó han pasado sus couplets á la censura del gobierno civil las diferentes murgas, chantreuses que trabajan en los cafés cantantes? No es que se trate de quitarles el pan, al contrario; pero es conveniente que las canciones que el público ha de oír, se emancipen de todo bajo espíritu de pornografía y obscenidad. ¡Nada de chistes de esos que ni siquiera hacen gracia á las personas decentes! Hay cosas que pueden decirse con ingenio y oportunidad, sin necesidad de recurrir constantemente á expresiones de mal gusto que rebajan el espectáculo y acostumbran al público á una grosería innecesaria. Si la censura existe para unas cosas, no estaría de más que velase también por estos excesos, porque el respeto á las buenas costumbres debe empezar por los lugares públicos. Hay establecimientos donde se toleran escenas que no debieran consentirse. No basta con dictar reglamentos; es preciso cumplirlos. La autoridad no debe mostrarse fuerte únicamente con los débiles y complaciente con quienes cuentan con influencias. La justicia, para ser respetada, ha de ser igual para todos. Mientras unas faltas se persiguen con rigor y otras se dejan pasar, el público continuará pensando que las disposiciones oficiales sólo sirven para unos cuantos.La moralidad pública no se consigue con discursos, sino con ejemplos. Es indispensable que quienes tienen la obligación de vigilar el orden lo hagan con independencia y sin preferencias. Sólo así desaparecerán muchos abusos que hoy son del dominio público y que nadie parece decidido á corregir. Cuando eso ocurra, la opinión reconocerá el mérito de las autoridades; mientras tanto, continuará censurando cuanto vea digno de censura.

Y pedían, desde El Descuaje, que ciertos ex cargos no regresaran a Santander:

¡Que no vengan! En un diario local apareció un suelto estos días dando la voz de alarma acerca de un rumor que por Santander hubo de circular referente a la probable llegada otra vez del señor Larrondo y del ex inspector y ex agente y ex…

XVI – Guardias urbanos de Santander: los más corruptos defensores de la Ley

El inspector don Narciso no reaccionaba contra esta campaña, por ninguno de los medios normales y dignos. Sobornaba o atemorizaba a los impresores para que el libelo no apareciese. Organizaba partidas de matachines que iban a esperar la salida de cada número en las proximidades de la calle de Colón, a fin de arrebatar los ejemplares por la violencia. Pero cuando esto ocurría, era el propio Teodosio, acompañado de toda la banda, quien salía con los periódicos bajo el brazo, desafiando a los emboscados, con su pregón. No se atrevían a acometerle. Y al número siguiente, «El Descuaje» daba noticia de la hazaña, y ello le servía para insistir en sus ataques virulentos.Tal fue la atmósfera en que se gestó el drama del «Huerto del Francés».

En esta portada de El Descuaje se representa muy bien el atuendo y, sobre todo, la actitud de unos policías ladrones que tenían poco que aprender de los primeros delincuentes de la ciudad:

El inspector y sus agentes y su alianza con los tahúres, garitos y lupanares

De la Policía, tampoco había nada que temer. Como decía «El Descuaje», el inspector y sus agentes vivían en las mejores relaciones con los tahúres, explotadores de garitos y dueñas de lupanares. En todos estos establecimientos, tenían su nómina, que cobraban tan puntualmente como la del Estado. Los gobernadores no fijaban su vista en tales pequeñeces. Se estaba todavía en los tiempos en que se enviaba a los Gobiernos civiles a señores que habían venido a menos, y que aprovechaban los cinco o seis meses que por lo regular les duraba el Califato para volver a un más. En lo político, se limitaban a servir puntualmente al cacique a quien venían consignados. La piedra de toque eran las elecciones. El gobernador que las ganaba, fuera como fuese, demostraba su idoneidad. Si las perdía, se le relevaba, y podía decir que había acabado su carrera. En lo moral, hacían la vista gorda a los inspectores, y sin duda repartirían con éstos el botín cobrado en la prostitución y en el juego. Se cuenta de uno que se presentó en el Casino; llamó al gerente y le rogó que le pusiese un billete a un determinado número de la ruleta.

—Mire usted —le dijo—. Yo, por mi cargo, no debo pasar a la sala. Pero ese número me obsesiona. Haga usted el favor de colocar por mí la postura, y luego, me dice si he perdido o ganado…

A los pocos momentos salió el gerente, radiante y zumbón, y entregando al Poncio un fajo de billetes, le anunció:

—¡Qué sea enhorabuena! Nada más que poner a ese número, y se dio de pleno. ¡Vaya vista que tiene usted!

XVII – Narciso Tomás: un comisario involucrado con chorizos, proxenetismo y juego ilegal

Este indeseable comisario de Santander fue criticadísimo por Teodosio Ruiz y sus amigos, consiguiendo éstos que este funcionario tan corrupto abandonase Santander. Por un tiempo, al menos.

Detención de Domingo Núñez Fernández: ¿una labor policial honesta en la carrera de Narciso Tomás? Casi todas las demás referencias suelen dejar bastante que desear.

Por el inspector de vigilancia don Narciso Tomás fue detenido Domingo Núñez Fernández, reclamado por el Gobernador civil de Madrid, que habíase quitado la barba y venía con nombre supuesto.

Hubo otra detención legítima que la prensa recuerda:

El inspector de vigilancia don Narciso Tomás ha detenido á un individuo llamado Juan de Dios Gil Carrera, que estaba reclamado como prófugo.

Pero Pick nos recordaba sus habituales comportamientos y situaciones, cada vez más desenmascarado y señalado por el dedo acusador de Teodosio Ruiz y su corte de subversivos, con su cañón informativo de El Descuaje:

De un artículo titulado «La mala sombra», y dedicado todo él —¡cómo no!— a atacar al jefe de Policía:

«De aquel reyzuelo, señor y amo de vidas y haciendas de los habitantes de Santander, ya no queda más que la sombra; la mala sombra de un primer inspector venido a menos, merced a la honradísima campaña de «El Descuaje». Nuestro triunfo no puede ser moralmente de evidencia más enorme.

Ya no queda de este hombre, dentro y fuera de la Corporación que mangonea, más que un triste desprestigio, que está pidiendo a gritos la escoba de un barrendero municipal. ¿Dónde fueron aquellas arrogancias y altiveces de este dictadorzuelo, don Narciso Tomás?

¡Vedle! Camina lentamente por la calle, avergonzado por espantosos remordimientos; saluda con la cabeza humillada por entre el tumulto de las gentes, destacando su miserable insignificancia, y el principio de autoridad es, en sus manos, todo un vergonzoso padrón de ignominia…»

La primavera caliente de 1904: Teodosio Ruiz y sus amigos tuvieron que bregar con las fuerzas vivas de Santander

Más tarde nos referiremos (cuando hablemos del talentoso y poco afortunado Jesús Ámber) a la primavera caliente de 1904, en la que Teodosio Ruiz y sus amigos tuvieron que bregar con las fuerzas vivas de Santander. De un establisment tan corrupto como el que conformaban gobernadores, Ayuntamiento, Policía y chorizos de Santander, apoyados siempre por una Justicia que se dejaba comprar o intimidar. Y esta portada del 12 de Junio de 1904 demuestra a las claras que el Comisario y su gente no estaban ganando, precisamente:

El descomunal bastón
que á tanto pobre ha pegado,
le sirve ahora de baldon
á este polizonte ahorcado.

La marcha de Narciso: el exilio de un corrupto Comisario de Santander por las críticas de un periódico valiente

A la hora en que escribimos estas líneas atropelladas y medio locas, Narciso Tomás continúa en Madrid. ¿Estaremos de enhorabuena? No lo sabemos. Lo que sí se sabe de un modo infalible es que nuestro zarandeado primer inspector está en la Corte llamado por el Sr. Maura, y que, por ende, las consecuencias de ese viaje acaso sean de extraordinaria importancia.

¡Mala la hubisteis, D. Narciso! Nadie podrá negar que ese viaje casi versallesco obedece á la campaña tenaz de El Descuaje, y que la llamada de orden del Sr. Maura es una resultante de nuestras denuncias enviadas á dicho ministro con tal objeto.

Hasta la fecha nuestra voz no vá perdida en el vacío.

Hemos removido la opinión general; hemos llevado nuestra convicción hasta el centro mismo de la capital de España, y como resultado de nuestra actividad y valentía, la Prensa del país y los elementos gubernamentales se han hecho eco honrado de la voz de alerta dada á todos los vientos por El Descuaje.

Esto no es más que el preludio de lo que ha de venir; ahora empiezan los primeros disparos; en realidad estas son pequeñísimas escaramuzas precursoras de una batalla franca y consciente sobre el terreno de la Prensa, de la opinión, del Gobierno y de la policía.

Recientemente, ya en viaje Narciso Tomás, un escándalo á las puertas del Gobierno Civil de Santander ha mostrado patentemente la inmoralidad de la policía santanderina, y la complicidad y culpa de su jefe el primer inspector.

Con documentos á la vista hemos probado ante el público en el número pasado, y ante el gobernador, que unos agentes y ladrones son una misma cosa, y que Narciso Tomás es el delincuente forzado de este estado de corrupción de la vigilancia en Santander.

Otro posible jefe policial de Santander corrupto, denunciado por El Descuaje

Si el señor Ortega, que tiene dos caras como el escudo de Santander; una de San Celedonio municipal, y la otra de San Emeterio civil, quiere ganarse una suscripción de gorra á EL DESCUAJE, por un año, media docena de barajas con el pego de las sobrantes en los Círculos, y garitos de Santander, y una ovación con oreja; y todo el público en general es preciso que continúe practicando cacheos, sin interrupción á la salida de cafés, tabernas y casas… que no son la mía ni la del señor Ortega precisamente.

Este doble carácter de ubicuidad, de multiformidad, pues este señor ora es inspector de orden público ó ya es jefe de la guardia municipal, ó ambas cosas á la vez, le da ocasión para ejercer una vigorosa campaña de saneamiento moral de la población y de sus costumbres, y de purificar y ennoblecer al mismo tiempo la herencia de Danieluca y del Bizco del Borje…

¡El bastón de autoridad quebrado de vergüenza y de ineptitud!

A grandes males, grandes remedios: El Descuaje exige la depuración total de la Policía de Santander

Estalló el Machichaco, se quemaron las casas de Santander e incontinenti se creó, impuesto por la ineludible necesidad, un cuerpo de Bomberos Voluntarios y se mejoró el de municipales.

¿Porqué ahora no se ha de hacer lo mismo con el cuerpo de Seguridad? Se impone su total desaparición á fin de reorganizarle con personal nuevo y con espíritu de moralidad insobornable. En cuanto al desmedrado é imposible que ahora existe, baste decir que hasta las manchas le han salido á sus capotes. Con ese cuerpo lo mejor es una purga radical y después… irse á hacer el cuerpo…


Primitivo San Juan: un agente de la policía secreta de Santander acusado de corrupción

Pick nos describe a este funcionario policial, sometido al comisario Narciso Tomás, que fue definitivamente depurado por sus actos, incompatibles con la aplicación policial de la Ley:

El artículo al que pertenecen estos párrafos, ¡puede clasificarse entre los doctrinales del periódico! Lo escribió, sin duda, la pluma más ágil y más docta de la banda, la del poeta bohemio Jesús Amber. Los demás redactores no se andaban con tanto floreo literario. En el mismo periódico hay otro artículo, titulado así: «La Policía cómplice. Los ladrones y los agentes. ¡Todos a presidio!» El autor de esta pieza, es seguramente, aunque no la firma, Teodosio «el Piloto». Dice, entre otras cosas:

«Tenemos en nuestro poder una noticia, una denuncia espantosa, una denuncia auténtica y de tal gravedad y trascendencia, que seguramente ha de alarmar a los espíritus que sólo de lejos contemplan nuestra obra de moralidad y saneamiento.

Se trata de una declaración inspirada desde la cárcel de Santander con motivo de un reciente robo de alhajas, con la complicidad evidentísima de un guardia de la secreta llamado Primitivo San Juan.

Nosotros hemos ido, pruebas en mano, al despacho del señor gobernador, y no estaba en el Gobierno civil a la hora en que nosotros llegábamos.

El cuerpo del delito de complicidad está en nuestro poder; en ese documento infame, el agente Primitivo cita en el café Brillante, vestido de paisano, a los interesados, para ponerse de acuerdo acerca de las declaraciones falsas que han de dar ante la justicia, y en ese documento está su firma de puño y letra…

¡Pueblo de Santander: ladrones y agentes son una misma cosa!»

Carta y renuncia de un agente de la secreta de Santander, del siglo XIX, acusado de corrupción:
Ayer se facilitaron en el Gobierno Civil a la prensa las siguientes notas:
«El Gobernador civil ha pasado al Juzgado de Instrucción del distrito del Este una carta que le fue entregada por Teodosio Ruiz, suscrita por Manuel Fernández y dirigida a un tal Joaquín, por si en ella pudiera existir materia punible y tuviera alguna complicación el agente del cuerpo de vigilancia Primitivo San Juan, de quien es la letra y firma de la nota puesta al respaldo de dicha carta.»
«El agente del cuerpo de vigilancia de esta provincia Primitivo San Juan ha presentado la renuncia de dicho cargo.»

Declaración sobre Primitivo San Juan en un juicio en el que litigaban Teodosio Ruiz y Narciso Tomás:
Primitivo San Juan, camarero de los vapores correos. Fue agente de vigilancia. Le obligaron a presentar la dimisión por un artículo que publicó contra El Descuaje. Se lo indicó el comisario Narciso Tomás, a quien contestó que no era tan culpable como él.

Los otros enemigos de Teodosio: los republicanos del Santander del Machichaco

Son fundamentalmente dos grandes valientes que podían competir en temeridad y habilidades de lucha con Teodosio, más o menos, aun sin desafiar del todo su estatus de primus inter paris. No parecerían a priori tan aconchabados con Martinillo y su gente, pero lógicamente no iban a reconocerlo en cualquier caso y, sobre todo, después de lo que pasó en el Huerto del Francés. Jacinto Bolado llegó a afirmar en el juicio por ese crimen que él era amigo de Teodosio a pesar de las graves trifulcas que tuvo con él durante años, y que Martinillo había venido a Santander a convertirse en el gran matón de las casas de juego.

Lo que sí es seguro es que estos dos eran auténticos fanáticos de la causa republicana, por la cual estaban dispuestos a jugar cuan sucio como requisiera la situación. Así nos los describía Pick en su artículo sobre la Vanguardia Republicana montañesa:

He hablado de mis escaramuzas con mis antiguos amigos los carlistas, el núcleo juvenil que yo contribuí a formar en la ocasión que parecía menos propicia, y cuando, a los pocos que confesábamos esta filiación, se nos tenía en el pueblo por seres raros o por locos. He dicho cómo los jaimistas —o sea la nueva generación que surgió a la vida política después de la muerte de don Carlos— no me perdonaban mi amistad con Ruano, que yo ponía por encima de todas las cosas. Pero todas estas peleas y trifulcas no fueron, en realidad, nada comparadas con la lucha constante que sostuve con la Vanguardia Federal. ¡Esa sí que era una cosa seria! La Vanguardia fué durante muchos años en Santander la única fuerza juvenil de choque debidamente organizada, que se imponía por su brío y por sus entusiasmos. Frente a la Vanguardia no había nada. En Santander, las fuerzas políticas estaban claramente delimitadas: un núcleo monárquico, formado principalmente por las familias aristocráticas del Muelle, que era casi en absoluto conservador o silvelista —hontorista, mejor dicho—, y unas cuantas docenas de liberales. Los silvelistas u hontoristas tenían el apoyo de la clase pescadora, en la que eran muy populares el alcalde, don Luis Martínez, y don Juan Ruano. Todo lo demás del pueblo era republicano, y más que republicano, federal.

Los federales lograban muchas veces la mayoría de los Ayuntamientos; en las elecciones de diputados, los candidatos de la República, que solían ser o don Alonso Velarde, entonces muy joven y dotado de una elocuencia castelarina, o el abogado don Antonio Pérez del Molino, obtenían en la capital mayorías enormes, que anulaban la elección de los pueblos. Y la expresión juvenil y tumultuosa de este ambiente republicano de Santander era la Vanguardia Federal. Estaba compuesta de muchachos de clases humildes, dispuestos a todo. En la Vanguardia había muy pocos señoritos, siendo el más destacado Ruperto Valenzuela, pollito que vestía con una elegancia un poco afectada y que llevaba siempre un clavel rojo en su solapa. En las calles de San Francisco y de la Blanca hacía estragos entre las modistas, en unión de Leopoldo Sáinz, el popularísimo Polis. Hace muchos años que Valenzuela se fue a Cuba, donde debe haber representado papeles de importancia.

La Vanguardia Republicana: matones armados con garrotes


Cuando la Vanguardia se lanzaba a la calle, todo el pueblo temblaba. Provistos de garrotes, los días de elecciones, rodeaban los vanguardistas los colegios electorales e imponían su voluntad y sus candidaturas. Cuando yo me enfrenté con ellos, los presidía un sastre, Mauricio Sarabia, ya fallecido, que era el «amo» del distrito séptimo —la Catedral—. Formaban también en la Vanguardia el tablajero Genaro Galdós, uno de los hombres más fuertes del pueblo —un «mano prohibida»—, fallecido recientemente; Jacinto Bolado, tabernero de la calle de San Roque, y también hombre de una fuerza y un arrojo personal más grandes; Eusebio Marcos, industrial grabador, que todavía vive, y ojalá que por muchos años
y otros que no cito por no hacer esta lista interminable. La Vanguardia había sido presidida, algún tiempo antes de éste a que yo me refiero, por don Isidro Mateo González, que a poco fué concejal y figura destacada entre los republicanos de acción de Santander. Por cierto que la primera vez en que fué elegido edil el señor Mateo, ocurrió una cosa singularísima que pone de relieve la importancia que tenía la organización federal juvenil. Mateo no había sido presentado candidato sino a última hora. Se trataba del distrito republicanísimo de Consolación y el candidato republicano era don Antonio Orallo. Se presentaba también como socialista Macario Rivero, que durante muchos años estuvo luchando por ese distrito, sin poder triunfar nunca. Pero aquella vez parecía que iba a lograrlo, y lo hubiera conseguido en el puesto de las minorías de no haber surgido a última hora la candidatura de Mateo, apoyada por la Vanguardia. Se hallaba entonces en Santander, cumpliendo una condena de destierro, el fundador del socialismo vasco, Facundo Perezagua, muy ducho en estas lides, que acudió personalmente al distrito a trabajar por la candidatura de Macario. Pero no contaba con la Vanguardia Federal, que, al intervenir violentamente, aseguró el copo republicano. El mismo Perezagua resultó herido de una puñalada, no grave, por fortuna.

Los socialistas entonces apenas tenían importancia. Formaban un grupo muy pequeño. La masa obrera era en su totalidad federal. Yo recuerdo haber visto de niño llegar a Pablo Iglesias a Santander, a tomar parte en algún acto público. Venía «el abuelo» envuelto en una capa, pobremente vestido, y desde la estación se trasladaba a pie, seguido de cinco o seis correligionarios, a la calle de Burgos, donde vivía el oficial barbero Máximo Mayorgas —suegro que luego fué de Eduardo Torralba Beci—, en cuya modesta mansión se hospedaba. Las ideas socialistas tardaron mucho tiempo en abrirse paso en Santander. Los republicanos, en cambio, tenían una vieja tradición, que se conservaba lozanamente. Disponían de figuras de mucho mérito. Recuerdo a don José Suárez Quirós, abogado notable y persona acaudalada, de un tipo solemne con grandes patillas. Quirós fué concejal muchos años. También recuerdo a don Ernesto Ruiz Huídobro y a don Evaristo López Herrero, asimismo concejales; al catedrático don Santos Landa y a mi profesor en la Escuela de Náutica, don Antonio del Campo Burgaleta. Otro federal de aquellos años es don Paulino G. del Moral. Entre los jóvenes figuraban Heraclio Cartís, profesor mercantil, muchacho muy culto, que dominaba varias lenguas, fallecido prematuramente, y José Fernández Orbeta, abogado notabilísimo, que estudió conmigo el inglés, y que renunció a su acta de concejal para hacer oposiciones a la Magistratura, en la que ha llegado a ocupar puestos importantísimos. Cuando hace algunos años visité Palma de Mallorca, me encontré allí a Orbeta, que era presidente de aquella Audiencia. Orbeta estaba casado con una hija del sabio don Augusto González Linares, que falleció poco después de su matrimonio. Por cierto que otro hijo de don Augusto, el hoy famoso periodista Antonio González Linares, fundador de «Estampa» y de «Crónica», fué compañero mío en el Instituto.

Voy apuntando desordenadamente todas las noticias que recuerdo y que pueden tener algún interés para los investigadores del mañana. Pero fuerza es volver a la Vanguardia Federal y a su intervención en la política de un pueblo.

Jenaro Galdós: un tablajero valiente y fuerte que recibió un tiro de joven

Pick nos lo describe, matizando un poco sus aventuras violentas en enfrentamientos taberneros contra Teodosio y sus amigos:

En el «Aire de la calle» de ayer incurrimos en una injusticia involuntaria que queremos salvar. Al referirnos a las luchas que sostuvo Teodosio «el Piloto», hablábamos de los «matones» que con él contendían, y entre ellos, citábamos a Jenaro Galdós, figura conocidísima en el Santander de aquellos años. Hoy, leído serenamente el artículo, debemos advertir que Galdós no fue un «matón» en el sentido peyorativo del vocablo. Era un hombre de unas fuerzas hercúleas, valiente hasta la temeridad y corazón generoso y bueno.

Honrado trabajador, vivió toda la vida esclavo de su familia y de sus deberes. Sus luchas con Teodosio y con otros valientes de su tiempo, las sostuvo por hombría y con nobleza, pero sin apelar nunca a procedimientos «matonescos».

Fue, además, un buen amigo nuestro, y mal podríamos calificarle conscientemente con un adjetivo que le perjudicara.

Queda hecha esta espontánea aclaración.

Una aclaración buenísima que te agradecemos un montón, venerable maestro Pick, pero por mucho que digas que tu amigo Jenaro Galdós era buenísima persona, sus antecedentes penales dicen lo contrario.

¿Eran estos republicanos enemigos de Teodosio y sus amigos, que se confesaban liberales?

La guardia civil de esta capital detuvo el domingo á Jenaro Galdós, vecino de esta capital, Gonzalo Batallón, de Campogiro, y Miguel Arteche, de Cajo, quienes en reyerta que tuvieron con Florentino Puente y los hermanos Jacinto y Clemente Callejo, vecinos de San Román, causaron á éstos varias heridas en la cabeza, de las cuales fueron curados en la Casa de socorro.

Ayer tuvo lugar el juicio oral de la causa procedente del Juzgado de esta capital, seguido contra Cipriano Maza, José Fernández, Isidoro Herrera, Ildefonso San Emeterio, Emilio Villa, José Toledo, Santiago Díaz, Jacinto Bolado, Jenaro Galdós y José Ruiz, porque con motivo de las elecciones de concejales, verificadas en esta ciudad el día 8 de noviembre de 1903, los procesados, en grupos y armados de palos, promovieron alborotos en varios colegios y, ejerciendo coacción, agredieron y causaron lesiones á Antonio Cueto, Juan Lavín, Bernabé Lavín, Pedro Bustamante, Francisco Fernández, Antonio Fernández, Fermín Cantero, Francisco Miranda, Vicente Ruiz y Ángel Herrera, habiendo desobedecido y atropellado también al guardia municipal Dietrino Ramos al pretender restablecer el orden.

También queda claro que era un gran demócrata el tal Jenaro Galdós, de éstos que se irían poniendo cada vez más de moda por sus métodos expeditivos de intimidación política, que iría in crescendo hasta llegarse al clímax brutal de 1936. De hecho, es posible que en sus simpatías republicanas se encuentre tal vez el germen de sus desavenencias violentísimas con Teodosio, con quien se daba golpazos en cualquier momento.

Y ahora hablaremos de su amigo Jacinto Bolado, que era otro republicano y otro machote de mucho cuidado, que siempre estaba metido en altercados violentos.

Jacinto Bolado: un republicano de armas tomar, siempre presto a la violencia

Jacinto Bolado no sólo era un republicano de armas tomar que, junto a su amigo Jenaro Galdós, intimidaban a sus rivales con auténticas palizas que terminaban con brechas sangrantes. Es de resaltar que también estuvo involucrado, con Mateo José Incera y Manuel Cima, en una trifulca tan grande que terminó a sablazos, literalmente, cuando Teodosio Ruiz tuvo que luchar por su vida y sacar de su bastón estoque este arma blanca en defensa propia. Según vemos en el juicio por el tiroteo del Huerto del Francés:

Adrián Monar dijo á Martín que Teodosio iba la noche de autos con Jacinto Bolado y otros, desafiado, y aquel salió en su busca. Bolado tuvo una cuestión con Teodosio en La Sacristía.

Jacinto Bolado dice á preguntas del señor Bengoa que, como todo el mundo sabe, Martín vino a Santander a ser matón de las casas de juego. A Teodosio le daba por combatir todo cuanto fuera antilegal. Confirma que Martín y Teodosio fueron desafiados al Sardinero, pero los amigos de uno y otro procuraron que no se encontrasen.

A la defensa dice que hacía mucho tiempo que Teodosio no se embriagaba y que, aunque él tuvo algunos disgustos con Teodosio, la amistad que había entre ellos los arreglaba pronto. Cuenta un suceso ocurrido en una casa de juego de la Cuesta del Hospital donde sacó Teodosio un estoque.

Un suceso que es de los más interesantes en la vida de Teodosio y en el cual este súper hombre fue capaz de enfrentarse a tres contrincantes a la vez, incluyendo al propio Bolado. Jacinto Bolado vivía en la Calle Alta, donde campaba por sus respetos, igual que en el resto de la ciudad.

De la taberna de Jacinto Bolado, en la Cuesta de la Atalaya, salieron anoche, á la una, dos individuos riñendo; intervinieron otros en la cuestión; se dieron unas bofetadas; sonó un pito; acudieron guardias, y fueron todos á parar al Principal, quedando uno de ellos detenido.

Han sido denunciados unos perros propiedad del industrial don Jacinto Bolado, por andar sueltos por la cuesta de la Atalaya y Prado de San Roque, y penetrar en las huertas allí sitas, destrozando las frutas.

Los sucesos que afectaron a Jacinto Bolado debieron ser infinitos en su relativamente larga vida (para ser un broncas).

Anuncio de juicio
A las once del propio día y en la misma sección se verificará el juicio oral y público de la causa procedente del Juzgado instructor de esta capital, seguida por injurias y amenazas á un agente de la autoridad, contra Jacinto Bolado y Velasco, estando su defensa a cargo del señor Díez Fernández.

Resultado del juicio
Ante la misma Sección, se vió en el propio día en juicio oral y público, la causa del Juzgado de esta capital, seguida contra Jacinto Bolado y Velasco, quien al ser preguntado en el acto del juicio por la presidencia lo de costumbre, dijo, que se confesaba autor del delito de injurias y amenazas a un agente de la autoridad, y que se conformaba con la pena de un mes y un día de arresto mayor que se le pedía por el ministerio fiscal, en virtud de cuya conformidad consideró innecesaria la continuación del juicio el letrado defensor señor Díez.

    Anoche, á las doce y media próximamente riñeron en la Alameda dos individuos, matarifes de oficio, uno de los cuales resultó herido en la palma de la mano derecha al pretender quitarse el golpe que con una navaja le tiró su contrario.
    El herido, Jacinto Bolado, fué curado de primera intención en la Casa de socorro.

    Ayer ingresó en la cárcel un individuo llamado Jacinto Bolado por haber insultado y amenazado al guardia municipal Eugenio Sánchez al tratar éste de detener á otro individuo que iba con él.

    Incluso se atrevían a amedrentar a los diarios si no contaban las noticias que les afectaban como a ellos les parecía mejor:

    ¿Se acuerdan ustedes de la noticia que ayer dimos de un tal Polanco (a) guardia de consumos, que dijo que le habían pegado Jacinto Bolado y unos amigos de éste? Pues bien; sólo le pegó Bolado, y le pegó porque el otro le insultó; los demás en nada se metieron, según ellos dicen. Quedan complacidos los simpáticos amigos.

    Audiencia
    En la Sección segunda se celebró anteayer la vista de la causa procedente del Juzgado de esta capital, seguida contra Cirilo Estrada Torre y Jacinto Bolado Gómez, acusados de que en la noche del 23 de diciembre último, en una reyerta habida entre éstos, Victorina Muriedas, Juana Martínez y Benito Guinzo, resultó éste último con una herida, para cuya curación fueron necesarios catorce días de asistencia facultativa.
    El representante del Ministerio fiscal calificó el hecho constitutivo de un delito de lesiones menos graves y de autores á los procesados, para los que solicitó la pena de dos meses y un día de arresto mayor á cada uno, y á que indemnicen al lesionado en la suma de veintiocho pesetas. Las defensas de dichos procesados solicitaron la absolución, fundada en que éstos no habían sido los autores de la lesión sufrida por Benito Guinzo.

    Audiencia (segunda versión)
    En la Sección segunda se vio ayer en juicio oral la causa instruída en este Juzgado contra Cirilo Torre Estrada y Jacinto Bolado Gómez, por haber lesionado en la noche del 23 de diciembre á Benito Guinzo, que curó á los 14 días de asistencia facultativa. El señor Fiscal pidió se impusiera á cada uno de los acusados la pena de dos meses y un día de arresto y la obligación de indemnizar 28 pesetas al perjudicado. Las defensas de los sumariados solicitaron la absolución de éstos, fundándose en que no son autores de la lesión inferida al Guinzo, pues no tomaron participación alguna en el delito.
    Señalamiento del juicio
    Día 14.— Ídem en el de esta capital, contra Jacinto Bolado y Cirilo Estrada, por lesiones; defensores señores Cavada y Ruano.

    Hay que recordar que Ruano fue uno de los mejores abogados de la Historia de Santander, logrando que el matón y vago de Martinillo saliera indemne de los gravísimos hechos del Huerto del Francés. El hecho de que defendiera a Jacinto Bolado nos puede poner en la pista de que a lo mejor sí que había vínculos muy concretos entre Martinillo y este duro republicano santanderino que perduraron en el tiempo.

    Visitando galleras de Santander, donde se apostaba en este brutal juego

    Uno de los distracciones más lamentables de aquellos tiempos eran las peleas de gallos. En una sociedad embrutecida y con pocos recursos ni otro entretenimiento que él usar lo que tuvieran a mano y a poder ser apostando hasta el cuello de la camisa pues era lógico que semejantes brutalidades se entendieran como pasatiempos legítimos y divertidos en los que además podían dar rienda suelta a sus entre comillas ansias de invertir en algo.


    «La bilis».
    El sol, despejado de nubes, sonreía alegremente esparciendo su dulce claridad.
    Queriendo tener a la afición al corriente de cómo se encuentran las principales galleras, hemos creído oportuno hacer una visita a la que vamos a detallar. Cuesta de la Atalaya arriba dirigimos nuestros pasos a meternos en San Roque. Un modesto cafetín. Penetramos, y una vez dentro, nos encontramos con el inteligente preparador, señor Tafall, el cual nos invita; le preguntamos por el dueño de la gallera y nos dice no estar a la vista ninguno.
    «Pueden pasar a ver la ganadería.»
    Hemos visto una infinidad de gallos a cual más bonitos, algunos con su historial correspondiente, como son «El niño», que tiene seis peleas ganadas, tres de desafío; «El bronca», magnífica jaca con cinco combates y otros tantos triunfos. Terminábamos de ver las aves cuando se presentó uno de los dueños, don Guillermo Barrio, y con la amabilidad en él característica nos dá pormenores de la gallera.
    «La bilis» se fundó hace unos cuantos años siendo el fundador Jacinto Bolado. Más tarde se la puso por nombre «La calamidad», siendo componentes don Víctor Blanco y el señor Piris, y de preparador actuaba Angelín Fernández. En aquella época se pelearon gallos muy buenos de los que algunos aficionados guardarán memoria, como «El loco».
    Pasado algún tiempo formó la gallera «Electra» Jenaro Galdós con Jacinto, siguiendo peleando «fieras» como «La tuerta», de quince quimeras, catorce ganadas y una tablas. En la actualidad la Sociedad gallística «La bilis» la componen distinguidos aficionados: don Manuel Peña, que es el gerente; don José González, don Arsenio Fuentes, don Francisco Gutiérrez, Federico Hontañón y Enrique Larrea. Proveedores, los mejores criadores que existen en la provincia. De boca del señor Peña escuchamos que en breve contarán con un surtido inmejorable para luchar contra todas las galleras montañesas y bilbaínas, y desde luego dispuestos a dejar el pabellón siempre bien puesto.
    Así es, señores galleros, que ¡agárrense!, que «La bilis» piensa llevarse las palmas en esta temporada. Con ganado bueno cuentan, preparador también: el director del «cotarro» es uno de los aficionados más inteligentes.
    Auguramos grandes éxitos a tan distinguidos aficionados y nos despedimos, deseándoles grandes y resonantes triunfos.
    PUYA Y MEDIA

    Circo de gallos en Santander

    Con gran animación se dieron el domingo en «El Alcázar» las peleas anunciadas en el programa, además de una vermouth, por el siguiente orden:
    Primera (fuera de lista).—Santander suelta a la estera un cenizo contra un colorado de Bilbao. Hacen una bonita pelea, demostrando el de Santander mucha raza, que nos hace comprender que procede de la gallera famosa «La Bilis». El de Bilbao es muy activo y pronto deja ciego y tuerce el cuello a su contrario, que aunque el pobre demostró mucho coraje y una clase superior, no pudo rehacerse, aunque hizo todo lo posible para ello, sucumbiendo a los quince minutos. Su dueño, por ver si puede conservarle, lo levantó, y, a nuestro juicio, hizo muy bien, porque estaba herido de tal manera que era una lástima verle defenderse sin probabilidades de éxito.
    Segunda.—Colorados, 3-6 y 3-7. En buena pelea por el de Santander, hermano del anterior, que demostró muchos pies, dando un puntillazo a su contrario, dejándole fuera de combate. Estos dos gallos de Santander conservan aún la fineza de su origen de la gallera «Bilis», de la que fué fundador nuestro infortunado amigo don Jacinto Bolado, de gratísima memoria.
    A continuación, el artículo sigue así:
    Tercera.—3-8 y 3-10, derecho a tuerto, Santander y Bilbao, de gallos jabados, que en muy buena pelea vence Bilbao.
    Cuarta.—Giro Santander y retinto Bilbao, 3-9 y media y 3-8 y media. A los tres minutos, por deszanque, ganó Santander.
    Quinta.—Gallos de cuatro libras, colorado Bilbao y negro Santander. Hacen una buena pelea, demostrando flojedad el santanderino, que pertenece a la gallera de Bezana, perdiendo la pelea a los diez minutos. Los dos contrincantes demostraron mucha sangre y pies, siendo una lástima que el de Bezana no hubiera estado más entrenado, pues en otro caso no hubiera habido duda de su triunfo.
    Sexta.—Callealtera y Trust, con gallos de 3-13 y 3-13 y media, colorados ambos. Hacen una bonita pelea frente a frente, como deben pelear los gallos de combate, llevándose el triunfo Callealtera a los seis minutos.
    Séptima.—Callealtera y Rabalet, derecho a tuerto, colorados. Después de una pelea dudosa, logró el éxito el tuerto, que estuvo hecho un pelmazo de la marca de Tisusito, que, aunque es uno de los mejores entrenadores de esta clase de plumíferos de España y América, debió de equivocarse en las pruebas, pues el gallo no dijo esta boca es mía, o sea que no se ocupaba de afianzar la mordida, pues de otro modo hubiera triunfado con más rapidez.
    El circo estuvo animadísimo, en el cual tuvimos el gusto de saludar a nuestros buenos amigos y grandes aficionados al sport gallístico don Gabriel S. de Buroaga, don Evaristo, criador de gallos de combate en Vargas, donde el amigo Vicente, de la Callealtera, tiene su enjambre, así como a don Paco Puig, amante de este sport.

    Martín Aguiar Iglesias: un descarriado que intentó matar a tiros a su exnovia en Santander

    Este personaje era tan violento que no sólo se vio interrogado en la causa por el tiroteo mortal del Huerto del Francés, sino que poco después intentó matar a su ex novia por haber iniciado ésta otra relación con un chico más normal que él (lo cual no era nada complicado de encontrar). En dicho juicio por el tiroteo del Huerto del Francés, empezando por estos hechos anteriores (luego iremos con la ex novia) leemos lo siguiente, en 1906:

    Le pregunta el señor Bengoa (al principal acusado, Martinillo) si dijo á Martín Aguiar la noche del día en que fue con Teodosio por la Concordia, que si éste hubiera subido al Alta probablemente no hubiera bajado. Martín (Martinillo) dice que no puede suponer tan tonto que fuera á decir su intención, si la hubiera tenido, de matar á Teodosio. Añade que a Martín Aguiar, después de guardarle toda clase de consideraciones, le había robado en la casa de juego y que luego en la cárcel le insultó.

    Por lo que entendemos, Teodosio había maltratado seriamente a este tal Martín Aguiar, a pesar de que éste parecía querer llevar la fiesta en paz con él. Pero vamos a cuando él fue el verdadero agresor y tarado, poco después, en marzo de ese año de 1906, cuando este personaje tenía 20 y Teodosio ya descansaba en su tumba, mientras que Martín Aguiar se encontraba vivito y coleante, eso sí, con el corazón roto y ciego de celos:

    Hace mucho tiempo que en la crónica de sucesos de Santander no se registraba un hecho como el ocurrido ayer. Afortunadamente, en nuestra ciudad no ocurren con frecuencia, como en otras provincias, esos dramas que los criminalistas modernos han dado en llamar pasionales. Con cualquier nombre que se les designe, no puede ser ni más brutal ni más censurable el hecho de atentar contra una mujer indefensa.

    Antecedentes.—Lo que se dice

    Los protagonistas del suceso desarrollado ayer son los de siempre en esta clase de sucesos. Una muchacha que no quiere continuar unas relaciones amorosas y un hombre que se empeña en que ella ha de quererle, tiene la loca pretensión de querer conquistar por la fuerza el cariño de una mujer y cuando se convence de que no puede vencer en la lucha, despechado atropella y mata. Según se dice, hace algún tiempo tenían relaciones dos jóvenes, Martín Aguiar Iglesias, de 20 años, antes empleado y ahora de vida algo aventurera y azarosa, y Encarnación Correa, de 17 años, costurera. Se dice que los jóvenes no congeniaban y entre ellos se suscitaban contínuos disgustos pero que no pasaban de riñas y reconvenciones sin importancia. No obstante en fecha no lejana riñeron definitivamente, y poco después acompañaba á Encarnación otro joven de conocida familia. Esto contrarió á Martin hasta el punto, según dicen algunos amigos suyos, que llegó á amenazar al que le había sustituido en el corazón de la joven costurera.

    También se asegura que había intentado reanudar sus relaciones y que Encarnación se oponía tenazmente á tal pretensión.
    Siguendo á Encarnación Encarnación Correa, que es hija de una honradísima familia, trabajaba como costurera en un taller de la calle de Lope de Vega, número 7. Ayer, á las doce del día, salió del taller y se dirigió a su domicilio. Se dice que Martín Aguiar, que esperaba á la joven, la siguió desde la calle de Daoiz y Velarde y fue detrás de ella por las calles que cruzaba Encarnación para ir a su casa. Llegó la joven a la Plaza Vieja y entró por la calle de Rupalacio, llevando siempre detrás á su exnovio. A varias personas oimos decir, sin que respondamos de la exactitud de la noticia, que al llegar á la mitad de la calle de Rupalacio, frente á la confitería La Gaditana, Martín Aguiar se adelantó resueltamente y habló a Encarnación.

    ¿Has vivido ya bastante? Pues te voy á matar


    El suceso

    Se asegura que Martín, al acercarse á Encarnación, la dirigió breves palabras y enseguida añadió:
    —¿Has vivido ya bastante?, pues te voy á matar.
    Enseguida sacó un revólver y apuntó á la joven costurera.
    Esta, que no había mirado todavía á Martín, al oír sus últimas palabras y ver la acción de sacar la mano del bolsillo levantó la vista, y al ver el revólver dió un grito y echó á correr, seguida de Martín.
    La muchacha, al llegar á la calle de La Lealtad, dobló la esquina y se dirigió hacia la calle de San Francisco. El hombre iba detrás con el revólver en la mano. Los transeuntes huían por temor á ser agredidos y las mujeres que presenciaban lo que ocurría daban gritos pidiendo auxilio y llamando a los guardias. Al llegar á la esquina de la calle de la Lealtad, donde está la tienda de bebidas La Puerta del Sol, fué alcanzada por su perseguidor, que apuntó un momento y disparó sobre Encarnación. La bala dió en la pared de la tienda. Las numerosas personas que paseaban por la calle de San Francisco se acercaron al oir las voces y los gritos.
    En el mismo momento el joven Aguiar, con la mano izquierda, hizo girar el tambor del revólver, levantó el gatillo, apuntó y disparó sobre la pobre muchacha que, presa de horrible pánico, no acertaba ni á moverse.
    Varios jóvenes que llegaron en aquel momento retiraron de allí á Encarnación y el guardia municipal número 103, Augusto González, que llegó también muy oportunamente detuvo á Martín Aguiar, que se entregó sin hacer la menor resistencia.

    El arma

    El revólver que utilizó Aguiar es un Smith, de calibre 7. Tenía tres cápsulas, dos de ellas disparadas. El guardia se apoderó del revólver, que luego fue entregado al Juzgado.
    Los disparos
    Como hemos dicho, fueron dos. El primero chocó la bala contra la pared y cayó al suelo.
    El segundo disparo dio en la ventana de la tienda «La Puerta del Sol».
    La bala atravesó un cristal y cayó en el mostrador de la tienda.

    Auxilios

    Las personas que presenciaron el suceso auxiliaron á la joven, llevándola á una tienda de la calle de San Francisco, donde, al ver que no estaba herida, le fue administrado un antiespasmódico. Una hermana de Encarnación, que llegó á los pocos momentos de ocurrir el suceso, sufrió un síncope, siendo también auxiliada.
    Después fueron conducidas á su domicilio en un coche las dos hermanas.

    El agresor

    Martín Aguiar fué conducido al Principal, donde quedó detenido.
    Algunas personas atribuían el haber resultado ilesa la joven á que Aguiar es muy corto de vista y no pudo por ello hacer blanco.
    El juzgado.—A la cárcel
    En el Principal se constituyó el juzgado del distrito del Oeste que ordenó que el agresor fuese conducido á la cárcel.

    El juicio se hizo esperar y tuvo lugar el 16 de enero de 1907 en el Juzgado del distrito del Oeste de esta capital, seguido contra Martín Aguiar Iglesias, porque el 28 de febrero del año último, el procesado, que había tenido relaciones amorosas con la joven Encarnación Correa, se encontró con ella en la calle de Rupalacio, y después de hablar algunas palabras, sacó un revólver el referido procesado, haciendo dos disparos contra la Encarnación, sin que ninguno de ellos la causara daño alguno.
    El señor Fiscal calificó los hechos de un delito de disparo de arma de fuego, de autor al procesado, para quien pidió la pena de un año, ocho meses y 21 días de prisión correccional y costas. a defensa del sumariado solicitó su absolución, y en el peor de los casos que se le impusiera la pena de seis meses y un día de prisión correccional.

    XVIII – Los Caballeros del Santo Sepulcro de Santander, la Sacristía y el Descuaje

    Pick se mostraba verdaderamente entusiasmado y melancólico al recordar uno de los mayores y a la vez más discretos episodios de nuestra historia periodística a nivel nacional: la batalla de unos pocos valientes, los Caballeros del Santo Sepulcro, arremolinados en torno a su caudillo Teodosio, contra las fuerzas vivas de la política, la Policía y el hampa:

    Teodosio Ruiz, el león santanderino, y «Martinillo», el jaguar cubano, son los dos protagonistas de estos hechos que alcanzaron una resonancia nacional, y casi pudiéramos decir que histórica. Tanto es así, que el verano pasado estuvo en Santander un distinguido literato montañés, que venía a documentarse sobre el escenario del drama, para escribir un libro dedicado a las andanzas y aventuras de don Diego Martín Veloz. Nosotros poseemos unos documentos preciosos sobre esa época. Es la colección completa de «El Descuaje» y de «Don Preciso», libelos que Teodosio y su banda publicaban en Santander con fines de chantaje y escándalo. Tuvieron una difusión extraordinaria en el pueblo. Los sábados por la noche, que es cuando se ponían a la venta, una compacta muchedumbre obstruía los accesos de la calle de Colón, donde, como hemos dicho, estaba enclavada «La Sacristía», la popular taberna en que Teodosio había establecido su cuartel general. De allí salían los vendedores, que a los pocos pasos eran materialmente cercados por el público, que les arrebataba los ejemplares de las manos. Cuando se oía el pregón: «¡El Descuaje! ¡El Descuaje!», la gente dejaba sus casas, sus ocupaciones, y salía a la caza del codiciado número. Pocos papeles públicos han logrado en nuestro pueblo semejante popularidad.

    El periódico se vendía a diez céntimos, precio exorbitante que en aquellos tiempos sólo alcanzaban las revistas de lujo. Estaba toscamente impreso, y llevaba al pie de imprenta «Hernández, Simón». Los impresores de la capital, por miedo a la Policía y a su jefe, don Narciso Tomás, contra quien se dirigía preferentemente toda la campaña, no se atrevían a achuchar con riesgos de la impresión. Hemos dicho que el aspecto del pliego era tosco y grosero. Su tamaño era reducido: cuatro páginas en octavo. Todo el pliego no pasaba de una humilde hoja en cuarto menor. En la primera plana, campeaba el título «El Descuaje», y debajo, la siguiente divisa: «Periódico cangrejo. Siempre adelante. Se publica los sábados». Y más abajo todavía, el triple lema: «Moralidad, moralidad, moralidad». Era gracioso oír el triple grito, sabiendo que el panfleto se escribía sobre el tapete verde de las mesas de juego, o en los veladores o las consolas de los prostíbulos de la ciudad.

    Hemos querido poner en parangón el Santander de los garitos y las tabernas populares, con este otro Santander brillante y fastuoso, en que también reinaba la locura. Éste era el pueblo a que Diego Martín Veloz llegaba para enfrentarse con Teodosio Ruiz, el hombre que no había tenido miedo a nadie, según proclamaba la voz popular.

    Desde su tertulia de «La Sacristía», el Piloto, cuando le hablaron por primera vez del recién llegado, comentó displicente:

    —¡Ése no sabe a dónde viene! ¡Yo se lo enseñaré…!

    Y su corte habitual —Gelasio, Ramón «el Manta», Emilio «el Cégato», Jesús Amber, Jesús González, Joaquín, «el Cabuérnigo» y «el Cioltas»— rieron, aprobando.

    —¡Ya se iría enterando aquel «chalao» de quién era Teodosio y de lo que era Santander…!

    El Descuaje: un periódico divertido y rebelde que puso en jaque a la mafia de chorizos, proxenetas y autoridades corruptas

    30 años después de estos hechos, de esta epopeya de Teodosio y su Descuaje, el poeta y periodista Pick (y marino) todavía recordaba con enorme cariño aquella aventura surrealista de un semanario tan combativo que el propio Comisario Narciso Tomás sobornaba al que lo imprimía (un tal Rozadilla), sin duda amenazándolo con las consecuencias de seguir dándole servicio a estos rebeldes.

    «Hacía ya tiempo que «El Descuaje» venía publicándose sin interrupción alguna todas las semanas, en paz y gracia de Dios, cuando de pronto, y sin darnos tiempo a pasar el susto, nos enteramos que la rotativa del desahogado Rozadilla se había inutilizado para nosotros, por causa del «unto» de Narciso Tomás.

    Otra vez sin imprenta. ¿Qué hacer, cielo santo, en situación tan crítica? ¿Le diremos a Rozadilla cuatro cosas feas, con detrimento de su asqueroso polo antártico? ¿Le quitaremos los pantalones por mujerzuela y se los daremos a su hermosa costilla?…»

    «La célebre familia»:

    «¿Y de la familia del célebre Colirón, qué?

    Pues la Lola continúa triste por la precipitada marcha de Preciso.

    El Colironcito, tan robusto y colorado, y Danieluca, desconsolada, y para que vean ustedes que es verdad todo cuanto dejamos dicho, cuando le vean por la calle, pregúntele: ¿Por qué estás triste, Dulce Nereo?»

    XIX – Teodosio, «el piloto», era el personaje más importante de la ciudad

    Pick no podía contener la emoción al recordar esos años maravillosos que nunca volverán. En plena tragedia de la Guerra Civil y con un Santander que vivía la democracia de los esbirros de Stalin y otros genocidas, ajena a la mayoría de sus paisanos, Pick se ponía nostálgico cuando el alcalde prestante del 36 se dedicaba en plena contienda a modernizar la ciudad a base de piqueta.

    ¡Santander de «El Descuaje» y de don Narciso Tomás; de los «guindillas» de uniformes raídos y espadas de sainete; de la «Colirona» y de la «Chula»; de los capitanes de barco que salían borrachos a la mar por haberse pasado toda la noche bebiendo manzanilla en el «Kines»! ¡Santander tormentoso y arbitrario como un «Espenato» de Valle Inclán! Hoy te he visto en ruinas, hecho polilla, cascote y polvo, y he sentido una viva emoción. No se mira impunemente hacia el pasado.

    Hoy, viendo todos aquellos viejos paredones en escombros, he creído ver la sombra de Teodosio, «el piloto», pasar junto a mí. Como le vi muchas veces; con su cuerpo atlético erguido; con su cara cortada por un negro mostacho; una gorra inglesa de marino sobre el pelo peinado con patillas y tufos; una gruesa cachaba colgando del brazo en horquilla. Y al lado y detrás, la guardia de sus fieles: Antoniuco Lastra; el Cabuérnigo; Gelasio… Ninguno de ellos vive hoy…

    Por los tres templos de Baco discurría, en los años maravillosos de principios de siglo, Teodosio, «el piloto». Era el personaje más importante de la ciudad. Cuando pasaba por la calle, le miraban y le seguían absortos los niños. Teodosio Ruiz, hijo de una de las familias mejor acomodadas del pueblo, era un señorito flamenco y valiente. Marino de profesión, navegaba en las rutas de América. Cuando estaba en el puerto, la calle de Colón era el teatro principal de sus exhibiciones y de sus hazañas. Frecuentaba los tres cafetines, pero singularmente «La Sacristía», donde tenía su corte y su guardia negra de señoritos que se habían echado a la vida como algunas mujeres: Antoniuco Lastra, hijo de un viejo capitán de la Compañía Trasatlántica; Gelasio González; el Cabuérnigo, y otros muchos. Allí iban también los matones y bravoneles populares, que alardeaban de enfrentarse con él y no tenerle miedo: el botero Mordadillas; el tablajero Jenaro Galdós, y muchos más. Allí chocaban violentamente unos y otros muchas noches. Se acometían a botellazos y a palos; se abrían algunas cabezas, y al día siguiente comentaba asustada la timorata población:

    —¡Buena la que se armó anoche en el «Kines»! ¡Teodosio y Mordadillas, «mano a mano»…!

    Cercano a estos cafetines, casi encima de Rucabado, y en uno de los edificios que se han derribado también estaba el famoso «Martinillo», su «Huerto del francés» para explotar el juego. Allí fué a buscarle Teodosio, y allí se acometieron uno y otro a tiros como dos fieras. Es uno de los sucesos más resonantes de la historia de Santander. Teodosio quedó muerto, y el pueblo lloró su fin en romances y coplas, como se hace con los toreros y demás héroes.

    Y aquí termina el romance de la vida y muerte de Teodosio «el Piloto», el hombre más fuerte y más bravo que, al decir del pueblo, ha habido en Santander…

    El misterio de las cartas con amenazas contra Teodosio Ruiz, sólo 10 días antes de su muerte

    10 días antes de morir a tiros, el 8 de enero de 1906, Teodosio Ruiz González recibió unas cartas amenazadoras e injuriosas por parte de unos personajes

    CÉDULA DE CITACIÓN
    El señor Juez de instrucción del distrito del Este de la ciudad de Santander, en providencia dictada en carta orden de la Superioridad, procedente de causa sobre injurias y amenazas contra Teodosio Ruiz González, tiene acordado que se cite en forma legal á los sujetos que luego se dirán para que el día nueve de febrero, á las diez, comparezcan ante la Audiencia provincial de esta ciudad para asistir á las sesiones del juicio oral; bajo apercibimiento de que si no comparecen sin justa causa que lo impida incurrirán en una multa de cinco á cincuenta pesetas.
    José Fernández Toraya, vecino de Hoznayo.
    Juan Gómez García, preso en el penal de Burgos.
    Jacinta López, vecina de Castro Urdiales.
    Avelino García, calle del Medio, comercio.
    Pedro García, dependiente del Cuartelillo.
    Facundo García Liaño, tabernero de Peñacastillo, y cuyo actual paradero de todos se ignora.
    Y para que la citación tenga efecto, libro la presente, que se insertará en el BOLETÍN OFICIAL, en Santander á tres de enero de mil novecientos seis.—El Secretario, Jenaro Pérez.

    Gelasio González y Joaquín Miera

    Como es costumbre en este tipo de personajes del entorno de Teodosio, las citas en la prensa local empezaron pronto en su vida con juicios contra Gelasio González y Joaquín Miera, por atentado a un agente de la autoridad. Defensor: señor Leita.

    Para ser de la Cofradía de los Caballeros del Santo Sepulcro, la verdad, Gelasio tuvo una vida bastante larga, aunque puede ser que se viera obligado a exiliarse de Santander por causa de la mafia contra la que luchó a brazo partido durante años.

    Esquela (El Cantábrico, 24 de junio de 1923)
    Confortado con los auxilios espirituales, falleció ayer don Gelasio González Gutiérrez.
    La triste noticia ha de causar mucho sentimiento, pues el finado era muy conocido y estimado en Santander, donde contaba con generales simpatías.
    Alejado de la ciudad durante bastantes años por su quebrantada salud, ha regresado casi en sus últimos momentos para tener el consuelo de morir entre los suyos.
    De todo corazón nos asociamos al dolor de sus deudos por esta irreparable desgracia y damos nuestro pésame a la esposa del finado, doña Antonia Vares, y a sus hijos María, Antonio y Pilar.

    Teodosio Ruiz y Joaquín Miera fueron el núcleo más duro de los Caballeros del Santo Sepulcro junto a Gelasio o Antoniuco Lastra o Cabuérnigo, que lo seguían a todas partes como si fueran una verdadera cofradía de guerreros urbanos. En los meses previos a la muerte de Teodosio en combate hubo bastantes detenciones y persecuciones de todo tipo contra unos valientes que tenían al pueblo de Santander en el bolsillo.

    En el Círculo Liberal, detuvo el señor Laviada momentos después a Joaquín Pérez. Más tarde consiguió detener a Joaquín Miera, por el cual supo el paradero de Teodosio Ruiz, quien se encontraba en una posada, ya acostado, manifestando al inspector, cuando éste le ordenó que le siguiera, que se hallaba enfermo, pero esto no le dio resultado, pues tuvo que vestirse y salir con aquél de la casa. A las nueve y media los tres citados sujetos ingresaron en la cárcel a disposición del Juzgado de instrucción que había ordenado su detención.

    Pero la gente no se creía que estas detenciones fueran objetivas y espontáneas ni mucho menos:

    Anoche fueron detenidos por varios agentes del cuerpo de seguridad don Teodosio Ruiz, director de El Descuaje, don Joaquín Miera y don Luis Blanco. Como El Descuaje viene haciendo una dura campaña contra determinados funcionarios, fueron muchos los comentarios que anoche se hicieron sobre la detención del director de aquel periódico, que algunos suponían encaminada a conseguir fines que en nada se relacionan con la seguridad pública.

    Y en la información sobre el proceso judicial por el conocido crimen del Club de Billares:

    Antes de retirarse, a las cinco, se decretó la libertad de tres de los detenidos (…), y se elevó a prisión provisional la detención de Diego Martín Veloz, José María Peña Martínez, Joaquín Miera González, Ramón Oceja Hoyo y Ricardo Pabón Fresneda, continuando detenidos hasta que transcurrieran las 72 horas de incomunicación.

    Y añade:

    Excepto a esos dos y al Martinillo, a los demás les fue levantada la incomunicación. Al elevar el señor Juez a prisión la detención de aquéllos, decretó su procesamiento por el delito de doble homicidio y lesiones contra Diego Martín Veloz, y por el de juegos prohibidos contra los otros cuatro.

    Es decir: Joaquín Miera González fue procesado por un delito relacionado con juegos prohibidos, no por los homicidios. ¡Sólo faltaba!

    En una relación de indemnizaciones a heridos se lee, en una época en que debía de ser joven todavía:

    A Joaquín Miera, herido 45 días, 135 pesetas, por no haber recibido cantidad alguna.

    Es decir, Joaquín Miera había permanecido herido durante 45 días y se le concedían 135 pesetas de indemnización al no haber cobrado previamente ninguna cantidad.

    El fracasado periodista Jesús Amber (Confetti) y su vida entre persecuciones y penurias laborales

    Pick nos describe a este personaje peculiar del ámbito periodístico de Teodosio:

    El periódico lo dirigía Teodosio, «el Piloto». Uno de sus redactores, el que hacía las semblanzas desvergonzadas de personajes santanderinos en impecables sonetos de factura clásica, era Jesús Amber («Confetis»). Buen poeta, buen literato, espíritu fino, pero desmoralizado por la miseria en que vivía y por la lucha feroz por abrirse paso. «Confetis» fue muchos años después a América, y trabajó con éxito en La Habana y Méjico.

    Desde allí, nos mandó, durante algún tiempo, obras muy estimables que daba a la rotativa. De pronto el silencio se hizo en torno suyo. ¿Ha muerto? ¿Qué nuevo avatar preside y dirige su vida? No lo sabemos. Ahora vamos a referirnos a Jesús Amber o «El Descuaje», instrumento al servicio de Teodosio, «el Piloto», en aquella pintoresca lucha entablada por la flamenguería de Santander contra el hampa exótica que vino de fuera, capitaneada por el Martinillo, y protegida por la Policía, para enseñorearse de la ciudad.

    Jesús Amber era un hombre avanzado para su tiempo que pretendía conciliar, al parecer, al mundo obrero con una ilustración que le era negada a las castas inferiores por sistema. Así se vio en un mítin obrero en el Centro Obrero de la Cuesta de las Ánimas:
    Presidió el compañero Eduardo Rojas. Hicieron uso de la palabra los compañeros Tejera, José Pérez, Francisco Fernández, Victoriano Martínez y Jesús Amber. El primero expuso las causas de la huelga… (…) y, por último, el joven Amber se extendió en largas consideraciones sobre la idea, haciendo atinados párrafos acerca de la significación de la cultura de la clase obrera, para lo cual presentó en paralelo la ilustración y adelanto de otros países y del nuestro.

    Otra noticia indica que fue condenado a quince días de cárcel por escándalo público y blasfemias.

    Por producir escándalo y blasfemar del santo nombre de Dios, ingresó ayer en la cárcel a cumplir quincena un individuo llamado Jesús Amber.


    Un herido grave en una agresión tras una caricatura de El Descuaje

    Fíjense en esta portada de El Descuaje porque a consecuencia de ella hubo una riña con un lesionado grave. Los hermanos Zaldivar se sintieron ultrajados por el autor de esta caricatura que los dejaba en mal lugar, o mejor dicho en el peor lugar posible, como involucrados en escándalos de tipo sexual y de corrupción policial entre otras lindezas.

    A consecuencia de una caricatura que apareció en el último número de El Descuaje, los hermanos Francisco y Ricardo Zaldívar tuvieron ayer tarde un encuentro en el establecimiento La Caba, del Sardinero, con el director de aquel semanario, Jesús Amber, y dos amigos que le acompañaban. Se dieron algunas bofetadas y, al salir al paseo de la Alameda, Francisco Zaldívar, pegándose con uno de los amigos, Jesús González y González, éste cayó para atrás, dándose en la cabeza tan fuerte golpe con una piedra, que le privó del sentido por algunos momentos. Fue trasladado a la Casa de Socorro, donde se le apreció una herida contusa con fractura del hueso occipital. Los hermanos Zaldívar fueron detenidos y posteriormente ingresaron en la cárcel.

    En otra noticia se recuerda el suceso:

    A consecuencia de los ataques dirigidos por el semanario El Descuaje contra don Ignacio Zaldívar, riñeron ayer en el Sardinero dos hijos de éste y otros dos individuos llamados Jesús Amber y Jesús González y González. Según oímos decir, Jesús González recibió un golpe que le hizo caer en tierra, causándose una fractura del hueso occipital…

    Recuerdo biográfico de Emilio Carrère, que pondremos más adelante, sobre periodistas que intentaban triunfar en Madrid, se dice: hubo un Jesús Amber, que rodó de periódico en periódico y de catástrofe en catástrofe durante tres años… Es una evocación de su juventud periodística antes de regresar a Santander.

    En el artículo «Literatura de El Descuaje», del poeta Pick, aparece esta valoración sobre él:

    «Lo escribió, sin duda, la pluma más ágil y más docta de la banda, la del poeta bohemio Jesús Amber.» Y también se le identifica como quien redactaba los artículos más literarios y virulentos contra el inspector Narciso Tomás. Fue poeta y periodista bohemio, director o principal redactor del semanario satírico El Descuaje, y protagonizó enfrentamientos físicos derivados de las campañas del periódico y fue considerado la mejor pluma de aquella publicación.

    El periodista Jesús Amber, que rodó de periódico en periódico y de catástrofe en catástrofe

    Además, años después Emilio Carrère lo recordó como uno de aquellos periodistas que malvivían «de periódico en periódico y de catástrofe en catástrofe«:

    Si se pudiesen recopilar todas las tristezas, todos los andrajos, todas las ambiciones que han pasado por el comedor de Próculo, podríase escribir unos interesantísimos capítulos de nuestra triste vida de ahora y si hablasen los catres del hospedaje de doña María, nos podrían contar las lamentables y grotescas divagaciones que los estómagos vacíos inspiraban á las cabezas desvariantes. El amor de la literatura es como la embriaguez de un vino venenoso y mortal y si algunas veces nos trata como amante, generalmente es araña que estruja y vampiro que aniquila. Muchas veces en el crak de las ilusiones los que vinieron á maravillar el mundo, se conforman con relatar las sesiones municipales en algún periódico, y se reservan sus sueñecitos de gloria, para los espacios de huelga, tras la penosa tarea del foliculario. Yo creo que en todo «reporter» hay un genio fracasado que hace noticias… porque hay que ir viviendo. Es claro que la mayoría de los «conquistadores de Madrid» no tienen talento y éstos son los más reacios á la renunciación. Hubo un Jesús Amber, que rodó de periódico en periódico y de catástrofe en catástrofe, durante tres años. Lastimados en una redacción acordaron pagarle el viaje á su pueblo, donde estaría resguardado de todas las necesidades, y cuando se lo participaron, el pobre muchacho se desesperaba y decía entre lágrimas:
    —Pero ¿qué voy á decir yo cuando vean que vuelvo sin haber luchado?
    —Pues diga V. que ha llegado á la Puerta del Sol, ha retado á los transeuntes, y no ha encontrado á nadie con quien luchar—contestó Antonio Palomero.
    Le convencieron, se fue y, en efecto, á los tres meses estaba otra vez en Madrid.
    ¡Pobres conquistadores, conquistados de antemano por la pobreza y la amargura!
    Emilio Carrère

    Antoniuco Lastra: un sospechoso habitual que empezó muy joven a verse involucrado en delitos

    Se trataba de un joven de 19 años y guapo cuando se vio involucrado en el crimen de la Alameda, en el que un amigo suyo de apellido Roguí fue acusado de apuñalar a otro joven en Santander. Con el paso del tiempo, el protagonismo del caso quedó concentrado casi exclusivamente en Antonio Rogí. Y así el nombre de Antonio Lastra pasó a formar parte de la pequeña historia criminal de Santander, mientras que los demás procesados fueron desapareciendo poco a poco de la memoria colectiva. Aunque compareció durante todo el procedimiento, declaró ante el Tribunal y su testimonio resultó importante para la reconstrucción de los hechos, Antoniuco Lastra terminó siendo recordado únicamente como uno de los acompañantes del principal acusado del asesinato.

    De todos modos, Lastra pasó por la cárcel y terminó siendo declarado pobre (y constaba que se dedicaba a profesión especial) para un litigio que tuvo lugar contra Leopoldo Linacero.

    Servicio militar de Antonio Lastra, que al parecer era hijo de un capitán de la Marina Mercante:
    Manifestar al Jefe de la zona militar de Santander que considere como soldado sorteable al mozo Antonio Lastra Gutiérrez, del reemplazo actual por el Ayuntamiento de dicha capital, remitiéndole filiación triplicada.

    Testigo en el proceso de un notario de Santander.
    Antonio Lastra, de 22 años; preso en Torrelavega cuando ingresaron en la misma cárcel Martínez Conde y Arce Muela, fué compañero de cuarto del primero. A preguntas del señor Parets, afirma que allí Martínez Conde no tenía ninguna clase de relaciones con Arce, y que nunca se hablaron palabra, ni tenían entre sí mayor intimidad que con otros presos.
    Cáraves: —¿No es cierto que el testigo solía servir á Martínez Conde en la cárcel para llevar algunos recados á Arce?
    —No, señor.

    Detención equivocada de un sospechoso habitual. Al parecer, a este tal Antoniuco Lastra le pasó esto varias veces.
    Sin duda como consecuencia del resultado de las declaraciones prestadas por ambos detenidos, el señor Trassierra, ordenó que fuera detenido un individuo apellidado Lastra. Los agentes detuvieron á eso de las nueve y media á un tal Antonio Lastra, y le condujeron al Principal en donde estaba constituido el Juzgado, pero tan pronto como estuvo en presencia del señor Trassierra, le puso en libertad por no ser él el que había mandado detener, sino otro llamado Manuel Lastra Olmo, que tiene una posada en la calle de Ruamayor. Más tarde fue detenido éste y después que prestó declaración ante el señor Trassierra, éste ordenó que ingresase en la cárcel á donde fue conducido á la una de la madrugada.

    Queja tras una detención que pudo ser equivocada (según él, claro):
    Anoche se presentó en nuestra redacción Antonio Lastra lamentándose de haber sido detenido sin razón que lo justificase y, antes por el contrario, cuando había sido víctima de un atropello, al que no respondió en consideración á la debilidad de la persona que le agredió. El mismo señor Lastra nos manifiesta que se han repetido ya las equivocaciones en daño suyo y que convendría á sus intereses que no continuaran. Nuestro comunicante se nos presentó con la ropa destrozada, demostrando que, en efecto, se habían ejercido violencias con él.

    Señalamiento de juicio por lesiones:
    Día 18.—Ídem del mismo contra Antonio Lastra, por lesiones; defensor, señor Nárdiz; procurador, señor Ruiz Gallo.

    Accidente ferroviario de un tal Antonio Lastra que pudo ser él:
    Romualdo García, que iba en la máquina, y el maquinista se apresuraron á socorrer á los obreros, sacando el primero del sitio en que se hallaba á Manuel Rodríguez, y levantando á Antonio Lastra, que también quedó en mala situación; de los otros cuatro obreros, tres resultaron heridos y el otro ileso.

    XX – Los barcos de Teodosio Ruiz, alias El Piloto

    TEODOSIO RUIZ

    El Descuaje tiene hoy un bello destino. Al publicar en primera plana el retrato de su malogrado fundador Teodosio Ruiz, da al viento su bandera de combate, aquella que enarbolara en días de lucha contra la canalla del vicio, aquella que impuso silencio al escándalo triunfante, que desterró de Santander á un polizonte funesto, que fustigó la inmoralidad ambiente y enalteció á la justicia y sus fueros augustos. Preside á este periódico el espíritu noble, popular, de aquel hombre impetuoso y ardiente, que siempre tuvo generosidades para los pobres, amistad para los humildes, defensa para los desvalidos.
    Al dedicar este recuerdo póstumo, las páginas de nuestro semanario parecen vibrar con nuevos amores y entusiasmos nuevos. Era bueno, todo el pueblo de Santander lo sabe; todo el pueblo, que ha sentido con indignación la pérdida de aquella vida asesinada con menos dignidad y valentía que su corazón y su arrojo mil veces probado.

    Aparece en el retrato en compañía de sus adorables sobrinitos a los que él quería tanto; vedle el gesto animoso y galán como él era, siempre afable y cariñoso con los suyos, gesto que no se alteraba nunca sino en presencia de una injusticia.

    Nació el 28 de Mayo de 1870; tenía treinta y seis años cuando perdió la vida en el «Huerto del Francés», habiendo trabajado consecutivamente 18 años en su brillante carrera de marino. Hizo sus primeros viajes de agregado en el vapor Navarro de la bandera española; se examinó más tarde en el Ferrol y continuó su carrera de tercer oficial en el Santanderino. Después navegó en el Villaverde de segundo oficial; mandando más tarde de capitán el San Juan que hacía la travesía desde Cuba á Puerto Rico. Más tarde aparece de primer oficial en el Hércules, desde Bilbao á la Argentina, hasta que una enfermedad atraída en tan difícil y penosa carrera, le obligó á quedarse en tierra sin lograr volver más á su querida labor de navegante montañés. Merece citarse el caso curiosísimo que presenta su decidida vocación náutica y que es el siguiente: sus primeros estudios los hizo en el seminario de Corbán, pues su familia quiso dedicarlo al sacerdocio, y en las horas de descanso construyó un magnífico buque de madera, como regalo á sus padres y que decidió por completo su obstinada resolución de lanzarse á los azares de la mar.

    Éste era el hombre que ha sucumbido entre la sangre de un delito horrendo; este era Teodosio Ruiz, corazón fuerte, alma noble, vida que si tuvo defectos como todos, los pagó él solo con su cuerpo, con su salud ya bastante combatida, pero que nunca mató a nadie; ni hizo fuego contra nadie; ni agredió jamás en la forma censurable en que él fue agredido y muerto en compañía del desgraciado Nicanor Arenal, que ha dejado una viuda y cinco hijos en el mayor desamparo.

    El pueblo de Santander pide justicia para estas víctimas sacrificadas; justicia para quien siempre la pidió desde este periódico, moralidad para que así, con el ejemplo del castigo á los culpables, Santander se vea libre de juegadores profesionales, pillos de oficio, gente vagabunda, policías inmorales, bárbaros encanallados, y cuanto hasta ahora ha constituido el hampa vergonzosa de nuestro pueblo. Creemos sinceramente que el activo é inteligente juez del Oeste, señor Muñoz, se habrá percatado de este sentimiento general, unánime, y esperamos que sabrá reflejar en el proceso esta popular y justa acusación de todo Santander.
    La Redacción.

    De vez en cuando, anunciaba a sus amigos que se embarcaba, y salía en algún vapor para América o para Inglaterra

    Los tiempos, para Teodosio Ruiz, se habían puesto malos. Hijo de una familia acomodada, en posesión de un título que le hubiera permitido vivir honradamente, nunca pasó angustias económicas. Para él no era problema tener dinero. Mientras pudo disponer del suyo, lo gastó alegremente, sin preocuparse del mañana. Hasta entonces, había también espaciado sus temporadas de franquicia en Santander con sus jornadas de trabajo. De vez en cuando, anunciaba a sus amigos que se embarcaba, y salía en algún vapor para América o para Inglaterra. Volvía con algún dinero ahorrado, y fondeaba en «La Sacristía» hasta que lo gastaba por completo. En los últimos tiempos, y rodando ya por la pendiente, acudía en sus horas de apuro a los dueños de garitos y a las empresarias del amor fácil, y obtenía de ellos lo que precisaba para el momento. «El Descuaje» le ayudaba a esas exacciones con sus amenazas de publicidad y escándalo.

    El último barco en que anduvo fue el «Hércules», de la matrícula de Bilbao. Allí tuvo por capitán a un marino ilustre, el venerable don Fernando Gutiérrez Cueto, de una noble familia de escritores, que ahora vive retirado en Cabezón de la Sal. Teodosio iba de primer oficial, y continuaba en el barco y en el extranjero sus prácticas violentas que tanta nombradía le habían dado en Santander. Naturalmente, chocó con don Fernando, que era un carácter íntegro. Teodosio se desembarcó, y volvió de nuevo a nuestro pueblo, lanzándose ya de lleno a la vida agitada del valiente, que tiene que hacer uso de su valor para vivir.

    Todo hubiera ido bien —es un decir— de no haber caído en nuestro pueblo «el Martinillo». Pero con su llegada, vió Teodosio, con asombro primero y con indignación después, que se le iban cerrando todas las puertas, que hasta entonces se le habían abierto dóciles y asustadas. Ya era un problema entrar en una casa de mala nota y arrojar los muebles por los balcones, como había hecho muchas veces, en las barbas de los agentes de la autoridad. Porque en alguna de aquellas casas podía hallarse «el Martinillo», y el sainete entonces derivaba hacia la tragedia. Lo mismo sucedía en las casas de juego.

    Cuando «Colindres» trasladó a la calle de Puerta la Sierra el «Huerto del Francés», Teodosio estaba ya en «las últimas» económicamente. Necesitaba resolver su situación de cualquier modo, y se apoderó de él la obsesión de enfrentarse resueltamente con «el Martinillo», al que consideraba causa de todos sus apuros. Si «el Martinillo» desapareciera, o si asustado se retirase por el foro, él quedaría nuevamente dueño del campo. Entonces volverían a abrírsele las puertas de los restoranes y tabernas, brindándole sus platos y sus vinos, como en los tiempos en que era indiscutible su valor. En las casas de juego habría siempre un sobre, para él, que podría mandar a recoger por cualquiera de sus amigos. Pero aquel cubano se le ponía siempre delante en sus tentativas de exacción.

    Varias veces había acudido a «Colindres», y éste le había respondido socarronamente:

    —¡Yo no soy nadie, Teodosio! Habla con Diego. Lo que él haga, bien hecho está.

    Aquello era una declaración de guerra en toda regla. Aquellos tahures y aquellas empresarias de amor, venían a decirle que él ya no pintaba nada, y que no querían nada con él. No sólo era la negativa de auxilios lo que le indignaba, sino aquel menosprecio, aquella mofa que se hacía de su valor.

    —¡Acabarán por correrme los chicos! —pensaba entonces tristemente.

    ¡Y para acabar en aquello, toda una vida de desplantes y de aventuras temerarias! ¡Aquella engarra con un negro en la Habana, al que arrojó al mar después de haberle arrebatado su cuchillo! ¡Y aquella pelea homérica con los serenos de Bilbao! ¡Y el duelo constante con los valientes de Santander!… ¡Y con la puñalada que le dieron una noche a la salida de «América», y que no fué mortal por haberle recibido la tapa de su grueso reloj, que quedó atravesada como si fuese talco!

    Sus incondicionales le incitaban a terminar con aquella pesadilla:

    —¡Ese cubano se ha creído que va a ser el amo de Santander!

    —¡No hay vergüenza en el pueblo si se le deja!

    La noche del suceso, Teodosio estaba borracho de odio y de vino, que había bebido sin tasa, como si quisiese ahogar la amargura que le consumía. Despidió a sus amigos a primera hora:

    —¡Dejarme, que tengo que hacer…!

    —¡Vas a ir sólo…!

    —¡Solito!

    Todos lo entendieron, y le dejaron ir.

    —¡Yo creo que le busca…!

    —¡Debía haberlo hecho antes…!

    En el «Huerto del Francés», había aquella noche una animación extraordinaria. Por la tarde había entrado un correo de Cuba, y muchos indianos, que traían todavía en sus cintos los últimos centenes de nuestro extinto imperio colonial, se apretaban en torno a las largas mesas del tapete verde, codeándose con los estudiantillos, los tenderos, los empleados, que constituían la habitual parroquia de aquel antro.

    XXI – El Vapor Navarro: un gigante conocido por sus rescates en alta mar

    Vapor Navarro — Derechos de abanderamiento

    «Los Sres. D. Elías Illera é hijo, como apoderados de D. Manuel M. Anotegui, dueño del vapor Navarro, surto en este puerto, han pagado ayer por derechos de abanderamiento de dicho buque 46.384 pesetas 50 céntimos, correspondientes á 3.710’76 toneladas.»

    «El guardia municipal de punto en Maliaño decomisó ayer en aquella zona un gallo y una gallina de raza inglesa que un chico, según manifestación del mismo, conducía procedentes del vapor Navarro.»

    «El vapor Navarro, de la compañía La Bandera Española, ha llegado sin novedad á la Habana.»

    «Harinas nacionales.—Los arribos de estas clases en la decena han sido cortos, limitándose á 1.125 sacos importados por el vapor Navarro, procedente de Santander.»

    Vapor Navarro: rescate de la tripulación del Queen Victoria

    «El vapor Navarro trajo á bordo al puerto de Santander el martes quince alemanes, que constituían toda la tripulación del bric-barca Queen Victoria, de la misma nacionalidad. Cuando llevaban los tripulantes doce horas mortales de luchar con la amenaza de encrespadas olas y sentían sus fuerzas desfallecidas, fueron divisados los botes por el vapor español, cuyos tripulantes y pasajeros no solamente salvaron la vida á los náufragos, sino que les auxiliaron después con todo esmero.»

    Vapor Navarro — Edicto de La Habana

    «…el fogonero que fue del vapor Navarro José Pérez Ponte, hijo de Manuel y Cayetana, natural de Fiopar, provincia de la Coruña, soltero, marinero y vecino de la calle de Inquisidor número 5, el cual falleció á consecuencia de una caída que sufrió á bordo del citado buque en 20 de julio de 1889…»

    Siete asfixiados y un incendio en el vapor Navarro

    «A bordo del vapor Navarro, de la matrícula de Bilbao, y en la travesía de los Estados-Unidos á Inglaterra, conduciendo ganado vacuno, han fallecido á consecuencia de la asfixia producida por un brasero de carbón, siete de los catorce vaqueros que custodiaban el ganado.»

    «Según despacho telegráfico de la Habana, el vapor Navarro estaba ardiendo el día 9.»

    «El miércoles de la presente semana entró en nuestro puerto el magnífico vapor «Navarro», de 3.710 toneladas, el cual no pudo amarrarse á las boyas de los vapores-correos por calar 26 piés, teniendo que quedar fondeado á la entrada del puerto, donde está tomando resto de carga, llegando á calar 28 piés españoles. ¿No sería posible dragar donde se hallan las boyas? Creemos que sí, y de este modo evitaríamos que magníficos buques, como lo es el Navarro, no puedan fondear en este puerto.»

    Es probable que hubiera unos cuentos vapores llamados Navarro que tuvieran relación con Santander. De hecho, uno de ellos se hundió cuando Teodosio todavía no pudo haber puesto el pie en un barco como marino, en 1883.

    Un despacho recibido aquí, dice que del vapor «Navarro», que se perdió anteayer, no se han salvado más que el contramaestre, 10 marineros y cinco pasajeros de las 80 personas que iban á bordo.

    Los problemas con las mareas y la dificultad de dragar la Bahía en esa época saltan a la luz cuando hablamos de un tan potente mercante:

    Vapor Navarro — No pudo salir del puerto.

    Ayer mañana, á consecuencia de ser marea muerta y excesivo el calado del vapor Navarro, no pudo verificar este su salida de nuestro puerto, teniendo que retroceder al fondeadero de los Mártires para esperar la pleamar de hoy.

    Hoy, a la una de la tarde, abandonará este puerto con rumbo á la Habana, el vapor-correo del mismo nombre.

    Comandancia Militar de Marina y Capitanía del Puerto de la Habana

    Comandancia Militar de Marina y Capitanía del Puerto de la Habana.—Comisión Fiscal.—Don Rafael M.ª Navarro y Algarra, teniente de navío y Ayudante Fiscal de esta Comandancia.

    Por el presente y término de treinta días, cito, llamo y emplazo, para que comparezcan en esta Fiscalía en día y hora hábil de despacho, a los que se consideren herederos del fogonero que fue del vapor Navarro, José Pérez Ponte, hijo de Manuel y Cayetana, natural de Fiopar, provincia de la Coruña, soltero, marinero y vecino de la calle de Inquisidor número 5, el cual falleció á consecuencia de una caída que sufrió á bordo del citado buque en 20 de julio de 1889, en la inteligencia que los herederos que se presenten han de hacerlo provistos de los documentos que lo acrediten.

    Habana, 28 de julio de 1892.—El Fiscal, Rafael M.ª Navarro.

    El vapor Catalina, que salió de este puerto para el de Matanzas el 24 del pasado, se ha hecho á la mar llevando un cargamento de 45,000 sacos de azúcar, 12,500 más que el mayor conocido hasta ahora, que fue el del vapor Navarro de 32,500 sacos.

    XXII – El Santanderino: el barco en el que Teodosio aprendió a navegar como agregado

    Dicen de la Habana que ha sido denunciado un contrabando de opio que conducia el vapor «Santanderino», en latas que decían «chorizos». El segundo jefe de la Aduana fue el que personalmente aprehendió el contrabando, mas al irse á rematar la mercancía, porque nadie la reclamaba, se anunció que eran tantas latas y que el rematante tenía que conformarse con lo que resultase. Ésta nueva forma de anunciar el remate escamó á todos, y los que concurrieron á hacer frente exigieron que se abrieran todas las latas; que resultaron… de «chorizos», de Bilbao.

    Por esta mi mandamiento cito, llamo y emplazo al individuo Pedro Carrera Ibáñez, hijo de Juan y Teresa, natural de Sobrado del Obispo, provincia de Orense, de cuarenta y tres años de edad, desertor del vapor Santanderino, para que en el término de noventa días, contados desde la publicación del presente en el BOLETIN OFICIAL de esta provincia de Santander, comparezca en este Juzgado, sito en el edificio que ocupa la Capitanía de este puerto; bajo apercibimiento de que de no verificarlo le parará el perjuicio á que haya lugar en derecho.

    Santander once de diciembre de mil novecientos siete.—El Juez instructor, Julio Gutiérrez.—El Secretario, José González.
    Llegó la noche del 30 en el vapor Santanderino, y momentos antes de ser detenido fue descubierto en uno de los coches del tren de Portugalete por los agentes, quienes, precisamente, se dirigían á Sestao, en donde, según sus noticias, trataba de refugiarse Sapeine.

    Ayer, con la bajamar de las cinco y media de la tarde, salió de nuestro puerto el magnífico vapor «Santanderino», que tiene 27 piés de calado. Ayer entró en este puerto el magnífico vapor «Santanderino», de la flota que se denominaba antes de la guerra «La Bandera Española», y que ahora es conocida por la razón social, Arrótegui. Hoy saldrá para Cuba dicho hermoso buque…
    Durante la pasada semana se despacharon en este puerto para América 1.063 sacos de harina por el vapor «Santanderino»…
    Hoy saldrá de este puerto para Habana, el vapor «Santanderino», con carga general y nueve pasajeros.
    El vapor «Santanderino», que salió anteayer de este puerto, lleva 444 toneladas de carriles para el ferrocarril de Matanzas.

    Ayer, con la bajamar de las cinco y media de la tarde, salió de nuestro puerto el magnífico vapor «Santanderino», que tiene 27 pies de calado. ¿Había agua?…

    Ayer entró en este puerto el magnífico vapor Santanderino, de la flota que se denominaba antes de la guerra «La Bandera Española», y que ahora es conocida por la razón social, Arrótegui. Hoy saldrá para Cuba dicho hermoso buque, reanudando la navegación á aquella isla, siendo consignatario nuestro estimado amigo señor Basterrechea, cuya actividad, unida a sus numerosos conocimientos en el comercio, hará que los barcos á él consignados, salgan como sale el Santanderino, abarrotado de carga. Durante la pasada semana se despacharon en este puerto para América 1063 sacos de harina por el vapor «Santanderino»; y además 37 sacos por el patache «Corzo», para Praises; 92 por el vapor «Luchana», para Sevilla; 345 por el «Cabo Espartel», para Huelva; y 75 por el «María Gertrudis», para Rivadesella; total para la Península 549 sacos.

    Un perseguidísimo delincuente en el vapor «Santanderino»

    DE BILBAO (DE NUESTRO CORRESPONSAL)
    Una banda de «apaches»
    La Prensa de la mañana publica la siguiente noticia que transmito por el interés que tiene para esa capital:
    En el mes de noviembre se supo que merodeaba por Bilbao y sus alrededores una banda de «apaches».
    Figuraban en ella cuatro súbditos franceses y dos españoles: Enrique Claverí, Charles Chapus, Juan y Víctor Cruz (hermanos), Jean Soucaret y Luis Sapeine.
    Los cinco primeros fueron detenidos, y la policía gubernativa se dedicó á la busca y captura de Sapeine.
    Enrique Claverí, que resulta llamarse Fermín Louis Soucase, ingresó en la Cárcel de Larrínaga, comprobándose que era autor del robo de un cáliz, regalo del Rey, en una iglesia de Algorta, el que comuniqué días pasados.
    La historia criminal de Claverí es interesante. Hasta la edad de diecinueve años estuvo recluído en una casa de corrección de Lourdes, por haber demostrado desde la infancia tendencias al pillaje.
    El 2 de mayo de 1905 fue condenado en Burdeos por tentativa de robo; el 22 de agosto del mismo año sufrió otro mes de Cárcel en la misma población; el 14 de marzo de 1906, seis meses en la de Pau por robo; el 23 de diciembre desertó del primer batallón de infantería de ligeros de Africa, y el 27 de marzo del siguiente año, hallándose cumpliendo condena en la Cárcel de Dax, se fugó en compañía de Eduardo Dumas, quien actualmente se halla en la Cárcel de Santander, sufriendo condena por robo. El otro individuo es el Jean Soucaret, y ha sufrido varias condenas por robo en Burdeos, una por lesiones y otra por amenazas de muerte.
    Después de recorrer la cuadrilla de «apaches» Barcelona, Madrid, San Sebastián y Santander, fijaron sus reales en esta villa.
    En Santander vivieron en casa de Juan y Víctor Cruz, cómplices del robo del cáliz.
    El 14 de junio de 1907 se fugaron de la Cárcel de Santoña Claverí y Sapeine, quedando éste solo desde el 4 de noviembre último, en que fueron detenidos los demás por los agentes de vigilancia y guardias de seguridad.
    Los detenidos fueron poco después reclamados por el juez de Abanto y Ciérvana, donde habían cometido otra de sus fechorías.
    Sapeine llegó de Francia en automóvil, pasando la frontera y burlando las persecuciones policíacas.
    Después de su fuga del penal de Santoña hizo una vida muy agitada, temiendo siempre caer en manos de la justicia, sin atreverse á regresar á su patria.
    Hizo varios viajes á San Sebastián. Conocedora la policía de que Sapeine era el cabecilla de la banda de «apaches», trabajó sin descanso para descubrir su paradero, logrando detenerle ayer de madrugada. Sometido á un hábil interrogatorio, y después de incurrir en muchas y flagrantes contradicciones, cantó de plano. El era Luis Sapeine, natural de Saint Paul Doniel. Tiene 28 años de edad y es gran conocedor de casi todas las provincias de España. Confirmó todos los detalles de la relación que antecede.

    Llevaba en Bilbao tres días, que los ha pasado jugando al escondite con la policía. Llegó la noche del 30 en el vapor «Santanderino», y momentos antes de ser detenido fue descubierto en uno de los coches del tren de Portugalete por los agentes, quienes, precisamente, se dirigían á Sestao, en donde, según sus noticias, trataba de refugiarse Sapeine.
    Claverí, Dumas y Sapeine profesan ideas avanzadas.

    XXIII – El vapor Hércules: poderosos motores y viajes constantes entre Inglaterra y América

    Por las noticias que he recopilado, el vapor Hércules aparece desempeñando funciones muy variadas:

    Remolcador y buque de salvamento marítimo.
    Transporte de tropas españolas y askaris durante la campaña de Marruecos.
    Evacuación de civiles europeos desde Tánger en momentos de inseguridad en esta zona del Magreb.
    Transporte de dinero, armamento y pertrechos militares.
    Protagonista de un grave accidente marítimo al hundir el buque Goodwin, con cinco víctimas mortales.
    Da la impresión de que el Hércules fue un vapor muy activo en las comunicaciones entre Santander, el Estrecho y el norte de África durante aquellos años, alternando servicios civiles y militares.

    Rumbo a Tetuán con tropas y pertrechos
    Ha zarpado con rumbo á Tetuán el vapor Hércules, que lleva fuerzas, dinero y pertrechos.

    Transporte de soldados a Larache, en Marruecos
    Zarpó de Tánger para Larache el vapor Hércules con 85 soldados para evitar las fechorías del bandido Ben Kador.

    Evacuación de europeos desde Tánger
    Temores en Marruecos
    Telegrafían de Tánger diciendo que ha zarpado de aquel puerto el vapor Hércules, llevando á su bordo gran número de europeos que huyen ante el temor de que el bandido «Vergader» intente cometer algunas de las fechorías que tiene ofrecidas.

    Transporte de tropas askaris
    De Marruecos
    Dicen de Tánger que continúan saliendo tropas para Arzila.
    Han zarpado los vapores Hércules y Ettrugui conduciendo fuerzas askaris de infantería y caballería.
    También conducen provisión de fusiles, cartuchos y víveres.
    Los askaris que conducía el vapor Hércules se negaban anoche á embarcarse si antes no se les daba provisiones de ropas y dinero, á lo cual se accedió.

    Remolque de una balandra francesa al puerto de Santander
    Remolcada por el vapor Hércules entró ayer á medio día en nuestro puerto una balandra francesa que había desarbolado la noche anterior á pocas millas del faro de Mouro.

    Auxilio a un buque desmantelado
    Noticias de Gibraltar
    De Gibraltar dicen que á la altura del cabo Espartel se encontró un gran buque desmantelado.
    En su auxilio salió el vapor Hércules, que le remolcó al puerto.
    Era la fragata Pepito, de la matrícula de Montevideo, con cargamento de hierro para Barcelona.
    El capitán nos dijo que en la madrugada del 30 de noviembre el temporal les desarboló por completo.

    Colisión en el banco Goodwin
    Barco á pique
    Dicen de Londres que el vapor Hércules echó á pique al Goodwin, resultando cinco ahogados.

    El Hércules, averiado en Las Quebrantas
    Noticias Provinciales
    El vapor Hércules, que se perdió días pasados en las Quebrantas, ha sido puesto a flote y conducido á la parrilla del muelle de las Naos, en donde se le harán las reparaciones necesarias.
    Las averías que tiene son de bastante consideración.

    El único remolcador capaz de auxiliar un buque
    Ayer un bergantín-goleta inglés empezó á pedir auxilio.
    El vapor Hércules, que era el único que podía prestar este servicio, se hallaba reparando averías en Puerto-Chico.
    Mucho sentimos que para casos como los que indicamos no cuente el puerto con vapores remolcadores de fuerza necesaria.

    En este barco ocurrió la tragedia del maquinista Tomás Forner, que cayó al agua durante un fuerte temporal del sur cuando iba a embarcar. A raíz de este accidente, la tripulación fue detenida e incomunicada durante varios días mientras se instruían diligencias judiciales.

    Hoy hace tres días que se hallan detenidos é incomunicados en la cárcel pública de esta ciudad, los tripulantes del vapor Hércules, á consecuencia de la desgracia ocurrida al maquinista de dicho buque, según oportunamente dimos cuenta á nuestros lectores.

    Hallazgo del cadáver del maquinista
    Según oímos á varios de los presentes era Tomás Forner, maquinista del vapor Hércules, hoy Corconera núm. 5, que debió ser arrojado por el viento cuando en la noche anterior se disponía á ir á bordo.
    Se le encontraron 312 reales.
    El infeliz era viudo y deja una niña de tres años.

    Investigación del accidente
    Tomás Forner, maquinista del vapor Hércules, hoy Corconera núm. 5, que se supone víctima del huracanado Sur que estuvo reinando por la noche. La autoridad instruye el oportuno expediente en averiguación de las causas ocasionales de la desgracia.

    XXIV – Otras noticias curiosas del Santander del Machichaco

    Movimientos de tropas para controlar conatos carlistas en Vascongadas


    Un periódico burgalés, hablándoles del supuesto movimiento carlista, dice lo siguiente:
    Es del dominio público que se preparan dos columnas de operaciones, compuestas de fuerzas de infantería, caballería y artillería, al mando de dos generales de brigada, para salir á maniobras. Ocuparán determinados pueblos de las Vascongadas y Navarra.
    Esta noticia es objeto de muchos comentarios, relacionándose generalmente estos movimientos con las instrucciones traídas de Madrid por el general Macías, y que son resultado de las conferencias que celebró en la Corte con el ministro de la Guerra.

    Antonio Raba Haro (27 de marzo de 1888)
    En el extracto de una sesión de la Diputación Provincial:
    Declarar que el mozo Andrés Antonio Raba Haro, del reemplazo de este año, está bien incluido en el alistamiento de Marina de Cudeyo y comunicarle a la Comisión provincial de Madrid a los efectos de la competencia suscitada con el distrito de la Universidad de aquella villa y corte.

    Ataque de lobos en Pesaguero

    Días pasados el caminero del pueblo de Pesaguero, se vio acometido a las once de la noche, por tres lobos, de los cuales tuvo que defenderse con una navaja, única arma que llevaba. Los animales le persiguieron, sin embargo, hasta llegar al pueblo.

    El señor gobernador civil de Vizcaya ha autorizado á la «Sociedad Anónima Española de Dinamita», para remitir á esta ciudad por ferrocarril, á la consignación del representante de la «Sociedad Unión de Explosivos», quince cajas de dinamita con peso bruto de 450 kilos.

    Epidemias en barcos y cuarentenas en el lazareto sucio de La Pedrosa

    Los pasajeros del vapor León XIII, que se hallan sufriendo cuarentena en el Lazareto, entre los cuales se hallan los 303 repatriados civiles, desembarcarán mañana, por haber cumplido la cuarentena.
    Respecto á estos últimos, como se han dado casos, según nos dicen del Lazareto, de no resultar muchos de ellos pobres, como habían manifestado, resultando después que traían centenes y se hospedan en la fonda, se ha dado orden al director del Lazareto, señor Peláez, para que, con las facilidades que él mejor que nadie puede tener, abra una información, lo más aproximada posible, de los repatriados que se pueda comprobar son pobres con objeto de no dejarse sorprender de los que traen dinero y pidan que también se les abone el importe del medio billete que les concede las compañías ferroviarias.

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