Primitivo Palacios Leiva fue uno de los delincuentes más notorios del Santander de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Su nombre aparece de forma constante en la prensa de la época, siempre asociado a robos, un asesinato salvaje frente al Ayuntamiento de Santander, condenas y fugas. Inclusive fue el cerebro de una de las fugas de presos más conocidas de la Historia de España, precisamente porque conocía perfectamente este edificio, de cruel memoria para los que pasaron por aquí y para sus familias.

A la derecha de esta foto se pueden ver perfectamente los cimientos de la Casa de Acogida de María Egipciaca, para mujeres que estaban en la calle y la prostitución, que luego se transformó en la Cárcel de Santander más infame que hayamos tenido en la vida. Hoy en día, todo esto es un parque y la antesala de los juzgados de la Calle Alta.
Cuando en febrero de 1908 escapó de la cárcel de Santander, la prensa local daba por supuesto que todos sus lectores sabían perfectamente quién era. De hecho, el periodista escribía una frase que resume la fama que había alcanzado: Primitivo Palacios es un nombre que siempre suena a conocido a todos los que se dedican a seguir de cerca las historias tormentosas del hampa.

La evolución de un raquero ladrón hasta convertirse en asesino y escapista profesional
La historia de Primitivo Palacios refleja la evolución de un muchacho criado entre los raqueros del puerto santanderino hasta convertirse en uno de los delincuentes más célebres de su tiempo. Robos desde la adolescencia, un asesinato brutal cometido cuando era prácticamente un menor, una larga condena en presidio y una fuga espectacular hicieron que su nombre permaneciera durante años asociado al hampa santanderina.
Las estatuas de los raqueros y el mito generado en torno a estos menores traviesos y pobres no deben ocultar la gravedad de lo que eran las circunstancias vitales de estos menas españoles, abandonados a su suerte por padres ausentes o que simplemente no podían contener a los chavales en lo que muchas veces era su camino hacia la perdición.

Su trayectoria delictiva comenzó siendo un adolescente. Antes incluso de cumplir los dieciocho años ya figuraba en varias noticias policiales. En una de ellas, su propia madre pidió al periódico que rectificara una información en la que se le atribuía un robo. ¡Amor de madre! El diario accedió a publicar que «ha sido puesto en libertad por no resultar culpabilidad alguna contra él», un detalle que demuestra que no todas las acusaciones terminaban en condena y que la mamá trataba todavía de defender públicamente su reputación.

Sin embargo, esa inocencia que decía la madre duró muy poco. Apenas unos días después volvió a ser detenido, esta vez con pruebas suficientes. Junto a Ladislao Barrio Esteban fue acusado del robo cometido en la salchichería de Marcelino Movellán, en la Pescadería. Los jóvenes se llevaron chorizos, salchichas, dinero y un par de borceguíes. Era un buen botín para una época de mucha miseria. Según la información publicada, ambos reconocieron haber actuado junto a Martín Robledo Ruiz y Agustín Díez González, dos muchachos igualmente conocidos por la policía.

No todos los niños tenían las mismas oportunidades. En Santander convivían los burgueses más ricos con la gente más miserable que sería cada vez más utilizada, en generaciones venideras, como ariete social para crear una guerra civil con el pretexto de una lucha de clases.
Los periódicos no ocultaban su indignación ante la reincidencia de esos jóvenes delincuentes y reclamaban un castigo ejemplar
Llegaba incluso a escribir que «están cometiendo robos en toda ocasión que les es favorable» y advertía de que ponerlos rápidamente en libertad solo serviría para que «incurrirán en el mismo delito dadas sus aprovechadas aficiones». Estas frases permiten entender que, con apenas diecisiete años, Primitivo ya era considerado un delincuente habitual por las autoridades y por la prensa santanderina.
En un periódico local se quejaban con razón del abandono de ciertas criaturas, que los embarcaba muy temprano en las más variadas y reincidentes facetas delincuenciales: Mil veces nos hemos quejado de que no se procure corregir a «los chicos de la calle». Siempre están estos muchachos haciendo de las suyas: señal de que se pone muy poco cuidado en castigarlos y enseñarles a guardar el debido respeto a cosas…
A pesar de que su madre pretendiera encubrirlo, Primitivo era ladrón, estafador y jeta en general. Y era un gran especialista en evadirse de la trena:
Por la pareja de agentes de vigilancia fueron detenidos anteanoche los conocidos ratas Primitivo Palacios y Angel Cobo, a los que se cree complicados en los robos habidos en estos últimos días. Los detenidos fueron conducidos al cuarto de prevención de la guardia municipal, pero cuando ayer mañana fueron á sacarlos para trasladarlos a la inspección se vio con sorpresa que los pájaros habían volado. Para fugarse, los ratas se entretuvieron parte de la noche en doblar las rejas de la ventana que da a la calleja de Pascual, y una vez que lo consiguieron saltaron a la calle y hasta la fecha no han podido volver a ser detenidos.
Ah, sí, será por las puñaladas de la Cuesta del Hospital
De todos modos, el episodio que marcó definitivamente su vida llegó todavía siendo muy joven. La propia prensa recordaría años después que «raquero desde que empezó a tener uso de razón», evolucionando en su intensidad criminal hasta que una noche mató de una puñalada, en la Cuesta del Hospital y a la salida del baile conocido como El Polisón, a un maquinista de la imprenta del periódico El Cantábrico. Al parecer, le pegaron entre varios y Primitivo llegó a clavarle varias puñaladas, como quedó acreditado en el juicio. Pero es que él mismo era un chulo y un bribón que daba su vida y la de los demás por perdida.
Ricardo Gautier Rey, de 18 años, soltero y marinero de profesión, le estaban dando una buena paliza a ese pobre currante:
A preguntas del fiscal, dice que la noche de autos estaba en la taberna viendo bailar, que se armó un alboroto y que salieron á la calle varios grupos que se pegaban. Que se arrimó a ver lo que pasaba y que agarró á Primitivo Palacios y le dijo que así no se pegaba a nadie. Que no conocía al herido que estaba en el suelo…

En la Cuesta del Hospital se han cometido muchísimos crímenes, precisamente por ser de toda la vida una zona de ambiente en todos los aspectos: fiesta y bailes se mezclaban con los garitos y pisos dedicados al sexo de pago.
Uno de los más famosos crímenes de Santander, de hecho, también tuvo lugar aquí, cuando un mafioso del mundo de la trata asesinó a una mujer mientras intentaba acabar con otra muchacha a la que tenía sometida.

Según la Policía, hallándose ya detenido Primitivo Palacios, se le acercó al guardia que lo había detenido un compañero de aquél, y lo preguntó el motivo por qué había sido detenido el Palacios, y como el municipal le contestara que lo hizo por orden recibida, dijo: «Ah, sí, será por las puñaladas de la Cuesta del Hospital.»
Así de majadero era el tío. Sin embargo, más tarde negó que dijera en el Juzgado que había dado pinchadas á nadie.
Por esta época reinaba en los bajos fondos de Santander una bruja de mucho cuidado: la corruptora de menores Dolores Sisniega, que introducía en la prostitución a chicas jovencísimas.

Su nombre y su peor crimen conocido serían repetidos una y otra vez, cada vez que volvía a aparecer su reincidente nombre en los periódicos. El homicidio convirtió a Primitivo Palacios en uno de los criminales más conocidos de Santander y eclipsó el resto de sus delitos. Por ese asesinato fue condenado por la Audiencia de Santander a catorce años, ocho meses y un día de presidio. Cumplía condena en el penal de Valencia, aunque en ocasiones eran los presos trasladados a otras ciudades para comparecer en diferentes procedimientos judiciales. Precisamente uno de esos desplazamientos acabaría dando lugar al episodio más famoso de toda su carrera criminal, cuando regresó a Santander para un procedimiento.
Varios vecinos observaron cómo los presos escapaban, aunque ninguno dio aviso
El 7 de febrero de 1908 fue conducido a la cárcel de Santander mientras esperaba un nuevo traslado. Compartía la celda de tránsito con Pedro Viñas Pérez y Patricio García Seco, ambos también condenados por delitos graves. Lo que ocurrió después ocupó durante días las páginas de los periódicos nacionales. Los funcionarios explicarían posteriormente que el auténtico cerebro de la evasión había sido Primitivo Palacios. No era casualidad. Había pasado por aquella prisión en numerosas ocasiones y conocía perfectamente el edificio.
El cronista escribió una frase que ha quedado como una de las mejores descripciones del personaje: Primitivo Palacios, que conoce mucho esta cárcel y sabe al dedillo todas sus vueltas y escondrijos, debió ser el encargado de dirigir la operación.
El plan fue tan sencillo como audaz. Aprovechando el momento en que los vigilantes repartían el rancho al resto de los presos, arrancaron una larga bisagra de hierro de la ventana y la utilizaron como herramienta improvisada. Con ella fueron desprendiendo uno a uno los ladrillos de un viejo muro de mampostería hasta abrir un boquete por el que pudieron pasar.
La crónica describe con enorme detalle el momento de la fuga. Incluso señala que varios vecinos observaron cómo los presos escapaban, aunque ninguno dio aviso a las autoridades. El periodista llegó a hablar de una «complicidad moral» de quienes contemplaron la escena sin intervenir. Cuando un ordenanza bajó poco después al pasillo y comentó que el «ventanillo» permanecía abierto, el vigilante comprendió inmediatamente que aquello no era un ventanuco, sino el enorme agujero abierto por los presos para escapar. La noticia resumía el momento con una frase muy gráfica: el pretendido ventanillo era el boquete que los pájaros habían abierto para volar.

Por aquellos días, el ídolo de la juventud de Santander era el hermano de mi tatarabuela, Teodosio Ruiz, alias Piloto, quien combinaba tantas cualidades que resulta casi imposible resumirlas. Pero era sin duda el hombre más bravo y más fuerte en la historia de Santander a juicio del pueblo.

La prensa de la época cuenta detalles muy pintorescos de la fuga de estos tres elementos por las calles de Santander, intentando alejarse a toda prisa y sin llamar demasiado la atención, a pesar de que por todas partes los veían pasar:
Como en dicha puerta no hay ningún ventanillo extrañóse mucho el vigilante y observó entonces que el pretendido ventanillo era el boquete que los pájaros habían abierto para volar. Entonces fue cuando se descubrió la evasión.
En la calle.—¿Por dónde fueron?
Una vez en la calle, los tres fugados, se hace muy difícil saber el camino que siguieron. Lo más presumible es, que bajasen por los prados situados al Norte de la cárcel, y ganasen la Alameda primera por uno de los solares de los tinglados. El Primitivo Palacios, vestía traje de faena de los usados por las fuerzas de caballería; el Pedro Viñas, blusa azul, pantalón de pana claro y alpargatas negras. El Patricio García Seco, llevaba el uniforme del penal de Burgos. En esta última circunstancia se fijó un chico, el cual vió a los tres atravesar la Alameda y ganar la cuesta de la Florida. Aquí perdió la pista. Todavía volvieron á ser vistos en la calle de la Concordia, por otro niño, al cual llamó también la atención el uniforme del Patricio y el extraño aspecto de los otros dos. Dicho niño dice que marchaban á buen paso, yendo dos delante y el otro a corta distancia de ellos. Este último les gritó que le esperaran un momento. Luego todos tres subieron por la calle del Monte con dirección al Alta (la actual Calle General Dávila).
Es decir: fueron desde la parte donde empieza la Calle Alta a lo que se denominaba la Alta, que era la gran avenida en la línea de cumbres de enfrente, ahora llamada General Dávila, por lo que el trayecto fue de mucha cuesta arriba, cuesta abajo y vuelta a subir. La Calle Concordia ahora es una prolongación de la Calle Cisneros, a la cual sube la Cuesta de la Florida por la que ascendieron estos personajes.
El guardia creyó que el uniforme del presidiario era del ejército y los dejó marchar
En esta calle marchó algún tiempo junto á ellos un guardia que conducía a un borracho a la prevención. El guardia creyó que el uniforme del presidiario era del ejército y los dejó marchar. Desde este punto ha quedado perdido el rastro de los fugitivos.
¿Por dónde tomaron? Los guardias de consumos de toda la zona del Alta aseguran que no han visto pasar á ninguna persona de las señas de los tres buscados. Sin embargo, parece evidente que por allí pasaron. Lo que no puede precisarse es si siguieron luego hasta Pronillo, para ganar las carreteras generales de Burgos y Bilbao, o si retrocedieron por Miranda a la población, refugiándose en alguna casa conocida. Este último extremo parece ser el más probable, pues lo más indicado es que tratasen de cambiar su atavío carcelario por otro menos comprometedor.
Esto es literalmente como la película de El Fugitivo, pero la diferencia es que aquí no se les volvería a ver el pelo a ninguno de estos elementos hasta pasados bastantes días de búsqueda intensa por todo el Norte del país.
A partir de ese instante se organizó una auténtica cacería humana
Enseguida se movilizó toda la Guardia Municipal, que constaba de más de cien hombres, se enviaron telegramas a los puestos de la Guardia Civil y se distribuyeron las señas físicas de los tres evadidos por toda España. La propia madre de Primitivo fue conducida ante el juez para declarar, aunque terminó siendo puesta en libertad al no existir indicios contra ella. Uno de los pasajes más humanos de toda la información periodística es precisamente la descripción que el periodista hace de aquella mujer. Sentada en un banco de la guardia municipal, la presenta como «una pobre mujer de edad avanzada y consumida por el infortunio», afirmando que las tristes hazañas de su hijo deben haber minado su existencia y concluyendo con una frase especialmente conmovedora: Si hay algún dolor grande en la tierra debe ser el de esta pobre vieja.

La cárcel de Santander, de la que se evadieron estos personajes, era descrita por el periodista y poeta Pick como tercermundista y universidad de los peores criminales, pues mezclaban allí a jovenzuelos traviesos con los peores delincuentes de la provincia. Si entrabas siendo raquero o carterista podías coronarte como el peor mafioso y asesino. Si entrabas por haber cometido cualquier falta tonta, siendo una muchachita, enseguida te juntaban con las peores corruptoras de chicas y menores para que te acabases de graduar como perdida.
Hay, además, en esta parte baja de la prisión otras tres celdas, de relativa celebridad. Una es la de «tránsito», donde se encierran los presos que pasan por aquí temporalmente con destino a otras cárceles y penales. De ella se escapó, hace años, con otros dos, Primitivo Palacios, haciendo un agujero en la gruesa pared al ras del suelo; saliendo al pasillo y arrancando después unos tablones de una puerta de madera que comunica con el patio exterior.
La cárcel de Santander, situada en lo que ahora es la cima del pasaje de Peña, que es el túnel entre las Estaciones y el Ayuntamiento, no agradaba mucho a Pick (alias el Botas). Incluso hubo un preso que recibió un tiro de un guardia y se llegó a decir (vete a saber) que se lo había pegado después de que el interno le pidiera fuego para el cigarro. Ahora te lo voy a dar, le contestó, detonando su arma en su cara.

Uno de los empleados, uno de estos abnegados oficiales de prisiones, que son las primeras víctimas de este absurdo régimen penitenciario, me refería el caso de un tal Vega, un muchachillo de una aldea, que vino a esta prisión por un delito insignificante, que acaso con una reprimenda tuviera su más eficaz sanción; entró aquí atónito y asombrado; cera virgen fácil de moldear. Pronto entró en el corro de los ladronzuelos y pirantes. Cuando salió no volvió a la aldea ya.
Por esta cárcel pasaron personajes tan famosos como Martinillo, un auténtico sicario cubano que era muy lanzado con la pistola:
Las señas de los fugados más famosos del Santander del Machichaco
Las señas de los tres individuos fugados son:
Las de Pedro Peña (Nota: el texto original cambia aquí el apellido Viñas por Peña): pelo y cejas de color negro, ojos pardos, cara oval, boca regular, barba escasa y color moreno. Viste, como ya dijimos, blusa azul, chaleco pardo, pantalón claro de pana, alpargatas negras y boina azul.
El Primitivo: tiene pelo, cejas y ojos castaños, nariz, cara y boca regular, barba naciente, color moreno y estatura de 1’695 metros.
El Patricio García: tiene de estatura 1’600 metros, pelo castaño, ojos pardos, nariz, cara y boca regular, barba naciente y aspecto general sano y robusto. Éste es el que vestía el uniforme del presidio de Burgos.
Pero casi todas las cacerías humanas tienen un fin cuando eres el más buscado de todo un país. Y no mucho después de ser arrestados sus compañeros, se produjo la detención en Zaragoza del tristemente célebre criminal Primitivo Palacios, fugado, como recordarán nuestros lectores, de la cárcel de esta ciudad el día 7 del pasado febrero en unión de otros presidiarios, uno de los cuales pudo ser detenido al día siguiente de la fuga.
Uno de los delincuentes más longevos, de más larga trayectoria y con más evasiones que el Lute
Justo antes de la Guerra Civil, este reincidente impenitente seguía a lo suyo:
Son detenidos dos timadores de cuidado.
Los agentes de Vigilancia señores Sanchidrián y Cavadas, detuvieron ayer, por la tarde, a los conocidos timadores Primitivo Palacios Leiva, de cincuenta y dos años, barbero, y natural de Santander, y a Avelino Triguero Martínez, en el momento en que intentaban dar un timo a Ventura Villanueva, colocándole el disco de que traían la misión de entregar a su hermana la cantidad de cincuenta mil pesetas, y diez mil para el que les pusiera sobre la pista para dar con ella.
Los agentes les estropearon el negocio, y los condujeron a la Comisaría, donde al registrarles les fué hallado el «plante» que iban a dar a Villanueva, consistente en lindos prospectos envueltos en algunos billetes ful del Banco de España.
Los dos vividores pasaron a la cárcel.
Este personaje empezó a robar en tiempos anteriores a Alfonso XIII, siguió con la II República y nunca terminó, ni siquiera en el más severo Régimen de Franco:
Por personal de la Brigada de Investigación Criminal han sido detenidos como delincuentes habituales contra la propiedad y conceptuados oficialmente como «timadores», Primitivo Palacios Leiva, de 61 años, natural de Santander.
Han ingresado en la cárcel en el día de ayer Telesforo Rodríguez Correa, de 53 años, con domicilio en San Isidro, 5, para cumplir ocho días de arresto por desobedecer órdenes gubernativas, y Primitivo Palacios Leiva, de 72 años, domiciliado en Vega, 20, por ser delincuente contra la propiedad.
Y más allá de aquí no se tienen más noticias de uno de los delincuentes más longevos, de más larga trayectoria criminal y con más evasiones de presidios que el mismísimo Lute, seguramente, si contamos todas sus fugas por diferentes penales de España. Suponemos que su avanzada edad lo llevaría ya al fin de una vida de aventuras y miserias, que en gran parte pasó en la cárcel, de la que tantas veces se escapó.






























