Volvemos la vista al tiempo de los abuelos de nuestros abuelos. Una de las mejores épocas de la historia de Santander que, sin embargo, no estaba exenta de graves problemas y carencias. Pero fue asimismo un tiempo romántico y alegre en el que más tarde, como nos recuerda el poeta marinero Pick, mucha gente que vivió aquello en su juventud y niñez quiso refugiarse en esos días inolvidables en los peores momentos de la ciudad y el país entero. Y así ocurrió 30 años más tarde, cuando leyeron con gran pasión los artículos de Pick que vamos a poner aquí, para evadirse de la grave situación en la que se encontraba Santander y España entera durante la maldita Guerra Civil de1936. iBienvenidos a bordo y disfruten de los testimonios reales de esas personas anónimas y maravillosas de hace 150 y más años, gracias a las cuales estamos todos aquí!
Para este viaje maravilloso iremos de la mano de Pick, el poeta y periodista marino, Capitán de la Mercante, gracias al cual podemos conocer estos tiempos gloriosos de Santander y, en particular, el combate eterno de dos valientes condenados a no entenderse: Teodosio Ruiz González, alias Piloto, y Diego Martín Veloz, alias Martinillo.
En su lucha a muerte están muchas claves para entender un país entero que se debatía entre el progreso y la miseria, la moralidad y la explotación más horrible, los sueños de futuro y la dura realidad de la calle.
El Santander es aquel tiempo era tan bello y variopinto que dio muchos exponentes ahora olvidados del mayor personajismo patrio que se podría tener. No en vano teníamos al hombre más peligroso de España y también al máximo héroe popular posible, con todas las cualidades de un superhombre, enfrentándose en un duelo a muerte que duró meses y que acabó como el rosario de la aurora.
También teníamos a los mayores estafadores y delincuentes comunes e incluso fue tan grande el frenesí por el juego prohibido que el mayor especialista en dar el pego de toda España lo teníamos aquí y era un tal Guardiola. Siempre bien aconchado y acogido por la anguila transmerana llamada Ricardo Pellón, alias El Colindres. También teníamos la vanguardia republicana más violenta y expeditiva que cualquier ciudad de provincias podría desear para sus elementos más revolucionarios.
Y ya en el barro más bajo del inframundo en el que las mujeres de peor calaña podían tener su máximo protagonismo tenemos muchísimos ejemplos de las mujeres corruptoras de menores que podía haber, haciendo de las suyas por toda España y Europa entera.
Aquí tenéis el índice de los temas a tratar en este viaje apasionante y por orden:
I – El Callejero del Santander de la época del Machichaco
II – Escándalos nocturnos y alcoholismo en el Santander del Machichaco
III – Las más bravas peleas campales en el Santander del Machichaco
IV – Los dramas de la prostitución en Santander en el siglo XIX
V – Trata de blancas y blancos (menores) en Santander: la mayor vergüenza de la belle époque
VI – Una verdadera bruja de Santander, especializada en corrupción de menores: Dolores Sisniega
Ingreso en prisión de la mayor proxeneta de Santander que jamás se ha conocido por un hecho vergonzoso y criminal
VII – Teodosio Ruiz González y los escándalos de la prostitución y de la homosexualidad masculina en Santander
VIII – Barateros y otros tramposos y abusones del juego
IX – Delincuencia común y raqueros
X – Violencia en las cárceles de Cantabria en el siglo XIX
El carrerón delincuencial de un raquero de Santander de toda la vida: Primitivo Palacios
XI – Los principales garitos de Santander en la época del Machichaco
XII – El Café América: donde la inmoralidad tiene su más alto asiento
XIII – El Café Brillante: uno de los locales de pelo en pecho
XIV – El desembarco del Martinillo en el Gran Casino del Sardinero y la derrota de dos chulos andaluces
XV – El «Huerto del Francés»: el Al Capone de Santander y dos trileros profesionales
XVI – Diego Martín Veloz, alias Martinillo: el Padrino cubano que llegó para neutralizar a Teodosio
XVII – El Unión Club y la belle époque de Santander, tan extrañada en la Guerra Civil
XVIII – Gobernadores corruptos que se embriagaban con mujeres medio desnudas
XIX – Guardias urbanos de Santander: los más corruptos defensores de la Ley
XX – Narciso Tomás: un comisario involucrado con chorizos, proxenetismo y juego ilegal
XXI – Los Caballeros del Santo Sepulcro de Santander, la Sacristía y el Descuaje
XXII – Teodosio, «el piloto», era el personaje más importante de la ciudad
XXIIII – Los barcos de Teodosio Ruiz, alias El Piloto
XIV – El Vapor Navarro: un gigante conocido por sus rescates en alta mar
XV – El Santanderino: el barco en el que Teodosio aprendió a navegar como agregado
XVI – El vapor Hércules: poderosos motores y viajes constantes entre Inglaterra y América
Os mostramos dos preciosas ilustraciones que han sido rescatadas (y coloreadas) de la prensa de aquel tiempo por este periódico. Por desgracia, no todo eran juegos y alegría y prosperidad en el vicioso y macarra Santander del Machichaco.
I – El Callejero del Santander de la época del Machichaco
Como nos dice Pick,en Santander había algo más que los valientes escandalosos de la calle de Colón y que los garitos y prostíbulos en que aquéllos imponían su ley.
Por aquel entonces, el callejero de la ciudad era diferente, debido en gran parte al traumatismo urbanístico que supuso el incendio del 41 y, ya años antes, tuvo su influencia la actividad frenética de un alcalde del Frente Popular que tuvimos en Santander durante la Guerra Civil, el cual se dedicó a tirar muchos edificios viejos que molestaban sus proyectos de grandes avenidas. A consecuencia de todo esto y, en especial, del ensanche oportunista que siguió al incendio del 41, muchas calles de entonces desaparecieron para siempre, mientras que otras empezaron a vivir y siguen hoy en día.
Plaza de Becedo: Café Cántabro, frente a unos pabellones viejos y misérrimos, inmediatos a la iglesia de San Francisco, que se derribaron para alzar el Palacio municipal (Ayuntamiento). En esos pabellones existía otro café de mucho crédito en la población: el «Occidente». En el «Cántabro» se estaba explotando un juego de azar llamado el «Dominó eléctrico», que era objeto de coacciones para conseguir comisiones, repartidas entre policías corruptos y el propio Teodosio Ruiz.
Calle Colón (desaparecida): la calle de Colón era el teatro principal de las exhibiciones y hazañas de Teodosio, según Pick. Aquí estaba el establecimiento conocido como La Manjúa, en el que Jenaro Galdós tuvo un enfrentamiento con otro hombre joven que acabó disparándole a bocajarro en la cara.
Esquina de Colón con Puerta la Sierra (es la zona a la derecha del Ayuntamiento según miras de frente): Taberna de Rucabado.
Calle Puerta de la Sierra: aquí estaba el Club de Billares, apodado por el pueblo el Huerto del Francés en referencia a un terrible crimen de Peñaflor, por su mala fama. En este garito tuvo lugar el tiroteo más famoso de toda la historia de Santander, al más puro estilo del Salvaje Oeste. Ocupa el piso primero de una casa sin número de la calle de Puerta la Sierra.
Puerta la Sierra, 19, 1.º: aquí vivía Eustaquia Corral Pardo, acusada de haber intentado vender a la proxeneta Dolores Sisniega unas mercancías robadas.
Calle Cuesta: Café América, donde la inmoralidad tiene su más alto asiento, según El Descuaje. Aquí recibió Teodosio una puñalada traicionera que atravesó su reloj, salvándose de puro milagro.
Calle de Somorrostro, 2, segundo izquierda, en cuya casa, el dueño del establecimiento El Cuervo admite la prostitución clandestina, a causa de haber sido expulsado por el dueño del primer piso en que antes habitaba, contiguo al establecimiento.
Plaza de los Remedios 5: Redacción de El Descuaje y probablemente la taberna de la Sacristía, en la que se reunían los Caballeros del Santo Sepulcro de Teodosio Ruiz González.
Plaza de la Luna, 3: El Atlántico tenía su redacción aquí. Sin duda uno de los mejores periódicos que ha habido nunca en Santander, tuvo una duración relativamente corta.
Calle Ruamayor 19, donde la dueña fue multada por faltar al respeto a la autoridad.
Calle Ruamayor 21: multadas la encargada y dos pupilas de la casa de lenocinio por faltar á la decencia pública y desobediencia á los agentes de vigilancia.
Calle Ruamenor: casas de prostitución con escándalos habituales que molestaban a los vecinos.
Calle de Rupalacio, frente a la confitería La Gaditana: un intento de feminicidio por parte de Martín Aguiar.
Plaza de Atarazanas: comerciantes varios.
Calle Santa Clara: aquí se pelearon unos muchachos, resultando un joven epiléptico muerto en el enfrentamiento.
Calle del Arrabal: en una de las primeras bodegas, una mujer que ejerció en la Cuesta de Garmendia produce constantes escándalos.
Calle del Arrabal 23: escándalos todas las noches.
Calle del Arcillero: se detuvo aquí a un ladrón al que buscaba la Policía.
Cuesta de Garmendia 11: se echó a honrados inquilinos para montar allí un prostíbulo, siendo además una zona próxima a un colegio.
Esquina a Garmendia: la tasca de “El Cuervo”, donde se admiten citas.
Cuesta de Gibaja: en una casa de lenocinio de esta calle se tirotearon unos toreros.
Calle Peñas Redondas 1, segundo piso balcón, (y otro piso más que era un tercero): dos mozas se tiraron por la ventana de los respectivos burdeles donde estaban, en episodios distintos que podrían estar relacionados con los maltratos que sufrían a manos de Dolores Sisniega y sus clientes, que a menudo encontraban aquí chicas muy jóvenes.
Calle del Peso: un prostíbulo en complicidad directa con la Policía fue denunciado por El Descuaje.
Cuesta del Hospital: casas de prostitución con escándalos habituales que molestaban a los vecinos. Salon de baile «El Polisón», de una triste y escandalosa nombradía. Casino Liberal, destrozado por la defensa homérica de Teodosio, bastón estoque en mano, ante el ataque del forzudo Jacinto Bolado, Manuel Cima y José Incera.
Cuesta de las Ánimas: el Centro Obrero en el que se organizaban meetings de esta naturaleza y donde Jesús Ámber tuvo una ponencia interesante sobre el desarrollo cultural de la clase trabajadora.
Travesía de Burgos: Rosaura Eguren Alonso habitó en la travesía de Burgos, diez y seis, primero, y cuyo actual paradero se ignora. Era una reincidente corruptora de menores de Santander.
Calle Vargas: casas de prostitución con escándalos habituales que molestaban a los vecinos.
Calle San Fernando 22: aquí vivían Arturo Ruta y Tomasa Rey, testigos reclamados por el Ayuntamiento para una causa por corrupción de menores contra la proxeneta Rosaura Eguren.
Travesía de San Simón: la casa de la madre del Primitivo Palacios, célebre criminal multireincidente y multiescapista de Santander, que fue registrada tras una de las numerosas fugas de este delincuente.
Calle Peñaherbosa: casas de prostitución con escándalos habituales que molestaban a los vecinos.
Calle de San Roque, en la Cuesta de la Atalaya: la taberna de Jacinto Bolado, donde también tenia sus perros y su gallera de gallos de pelea.
II – Escándaloscontinuos, degeneración social y alcoholismo en el Santander del Machichaco
El Santander de los vapores, del Machichaco y de Galdós disfrutaba, por aquellos años gloriosos de finales del XIX y principios del XX, de una prosperidad económica y social nunca antes vista ni aquí ni en ninguna parte. Sin duda era uno de los mejores sitios para vivir del mundo, con posibilidades infinitas para todos, lo que se demuestra por la atracción que suponía esta Bahía y estos muelles y puertos, para empezar, en inmigrantes peninsulares españoles que acudían a Santander en busca de un sueño. Pero esta fortuna trajo consigo, como consecuencias desagradables para la sociedad de cualquier tiempo, los siguientes factores:
Aumento de la delincuencia y del vicio asociado a ella y viceversa. Esto significa que había un crecimiento brutal del alcoholismo y el juego de apuestas, la promiscuidad sexual de todo tipo (con sus correspondientes consecuencias sanitarias) y la violencia en la que estos degenerados suelen caer, con el correspondiente aumento también de los malvados que explotaban a todas estas personas.
Bajada de los valores tradicionales que cualquier sociedad sana necesita para su desarrollo: al ser más fácil y placentera la vida y mayores las tentaciones, que florecieron en forma de lujos y caprichos y juergas interminables y promiscuidad sexual, los propios ciudadanos se convirtieron en presa fácil de sus vicios y del mundo indeseable del hampa, que se aprovechaba de su torpe frenesí, siempre en busca del placer y las emociones vanas, puesto que primero de todo habían dejado a un lado sus valores de solidaridad e idealismo patrióticos y cristianos.
La única solución era lo que proponían desde hacía tiempo moralistas adelantados a su tiempo como el Marqués de Santillana (siglos antes), José María de Pereda, Marcelino Menéndez Pelayo y otros humanistas patrios que se apiadaban de tan bajo nivel en sus paisanos montañeses: faltaban los valores de la religión, formación pura y dura y ese espíritu solidario patriótico que empuja hacia adelanta a cualquier civilización.
Como veremos en los siguientes capítulos, Santander estaba abocada a una auténtica crisis de valores que se reflejaba en muchos males, de tal manera que, como ocurre con las plagas de Egipto, en el pecado llevábamos la penitencia. Igual que ocurre hoy, por cierto, con peores extremos y consecuencias.
En un artículo de opinión sobre las Ordenanzas municipales leemos:
La frecuencia con que, por desgracia, se cometen en esta ciudad faltas contra la decencia y la moralidad públicas, nos recuerda una disposición terminante y clara de las Ordenanzas municipales que—á juzgar por la repetición constante de esas faltas—no debe de tenerse muy en cuenta por las autoridades encargadas de hacerla cumplir y respetar. He aquí la disposición á que nos referimos: «Artículo 92. En todas las ocasiones y lugares deberán observar (los habitantes) la debida compostura en sus palabras, modales y trajes, absteniéndose de lo que ofenda a la Religión, a la moral, a las buenas costumbres, a la decencia y a la buena educación social; absteniéndose principalmente de la blasfemia y de promover escándalos, y absteniéndose en general de cuanto perjudique o moleste a las demás personas, las perturbe en su tranquilidad y viole o disminuya los derechos.»
Y en una columna del lunes, 20 de febrero de 1905, a apenas un año de que matasen a Teodosio Ruiz, el Piloto, se leía esto otro: […] bien educado, las quejas de esa parte de la opinión que se lamenta, como nosotros, de que se den en Santander, por cuatro atrevidos y otros tantos desvergonzados, ciertos espectáculos impropios de un pueblo culto.
Y vamos ahora con el otro artículo: «Por respeto á la moral pública —dice el 93 de aquel Código local— se prohibe especialmente vender ú ofrecer al público en ninguna forma libros, papeles, estátuas ó láminas obscenas; y todos los agentes municipales estarán autorizados para recoger cualquier objeto de estos contrarios á la decencia y al pudor». Nadie podrá negarnos, ni la propia autoridad municipal, que ese artículo está constantemente infringido. Los agentes municipales no hacen uso de la autorización que les confiere bien claramente esa disposición; y es de advertir que podrían hacer uso de ella en lo más céntrico de Santander, pues sabido es de todos que en la plaza de la Constitución, delante del Ayuntamiento y á las mismas barbas del alcalde, ostentan las vendedoras de periódicos las láminas más frescas de algunos de ellos. […]
Los escándalos de la noche eran cotidianos y no siempre salían reflejados en la prensa, pero los vecinos honestos y normales se mostraban preocupados y furiosos por la inacción de las autoridades a la hora de prevenirlos. Y a menudo eran causados por los actos inmorales de las personas involucradas en el comercio de la prostitución, en la delincuencia más variada y en las borracheras y timbas continuas de una población entregada al vicio y la degeneración. Y las víctimas de toda esta locura social eran, en primer lugar, niños y jóvenes que eran incluso entregados a la trata de menores de edad, a veces con verdaderos secuestros auténticos de por medio, cuando no se les introducía en el mundo criminal por medio del vicio mismo y la miseria, que era generalizada y profunda.
Ya que nos hemos ocupado de un hecho que reviste verdadera gravedad, vamos a denunciar otro que, si bien no es muy grave, no deja, sin embargo, de merecer la debida atención de la autoridad, siquiera para que esté sobre aviso y haga cuanto de ella dependa para evitar que se repita. Nos han asegurado que, yendo en el día de ayer un coche fúnebre conduciendo un cadáver al cementerio de Ciriego, fue apedreado en las inmediaciones de este santo lugar. No sabemos si se habrán practicado gestiones en averiguación de los hechos, ni si por virtud de los mismos se ha producido denuncia alguna. Para en el caso de que nada se haya hecho, lo hacemos público, á fin de que la autoridad correspondiente tenga conocimiento de lo sucedido y corrija, si posible es, á los que así se desmandan, á esos tan despreocupados que ni siquiera respetan á los difuntos.
Siguiendo la costumbre, fueron desfilando por la prevención varios borrachos y familias mal avenidas por el vino
Durante toda la noche de ayer, como domingo y siguiendo la costumbre, fueron desfilando por la prevención varios borrachos y familias mal avenidas á consecuencia del vino. También, y en distintos puntos de la población, se promovieron algunos escándalos, durmiendo en la prevención los promovedores.
Por orden del señor Gobernador ingresaron ayer en la cárcel tres individuos por blasfemar del Santo nombre de Dios.
Han sido denunciados, según consta en el libro de la guardia municipal: los niños Evaristo Gómez, su hermano José y Gustavo Lavín, por haber tirado al pelo y a la cara excremento de ganado vacuno á la joven Ángela Camargo. Daniel Ortiz Bustamante, por pegar un fuerte golpe en la cabeza á Manuel Peña, haciéndole rodar por el suelo y causarle una herida, de la que fue curado en la casa de socorro.
Los borrachos eran causantes o víctimas de los episodios de violencia que se sucedían cada noche en una economía de subsistencia en donde, además, escaseaba la formación y sobraba fuerza bruta y ganas de emprenderla a golpes con el vecino.
Anoche á las siete y cuarto se armó un escándalo tremendo en la taberna que don Manuel Inguanzo tiene establecida en la calle de la Concordia. Según declaración de testigos presenciales, tres individuos pretendieron pegar á otro que estaba bebiendo en la referida taberna y que, a consecuencia de las repetidas libaciones, no se hallaba en su cabal juicio. Un hijo de éste, de dieciséis años de edad, procuró evitar que maltrataran a su padre y, viendo que no podía conseguirlo, sacó una cuchilla de zapatero que en el bolsillo llevaba e infirió con ella una leve herida incisa en la frente a uno de sus contrarios. Este fue curado en la Casa de Socorro y conducido después al Principal donde se hallaban ya los otros tres individuos que tomaron parte en la lucha. Después de prestar declaración, ingresaron todos en la Prevención.
A ver qué os parece este escándalo en la plaza de Atarazanas, que es como decir hoy en día el mismo Centro Botín, donde se sitúa aún dicha plaza:
De dos escándalos da ayer parte la guardia municipal, promovidos por varias mujeres en la plaza de Atarazanas, ambos sin consecuencias.
¡Viva el rumbo! Ayer fue denunciado un vecino del Paseo de Menéndez Pelayo, por arrancar tres losas de la acera de enfrente de su casa. Dijo que eran suyas. Sí; por aquello de que lo que hay en España es de los españoles.
Riña callejera en Santander termina con un joven epiléptico muerto en la Calle Santa Clara
Después de un suceso. En la madrugada del día 25 del pasado mes de febrero se suscitó una cuestión, en la calle de Santa Clara, entre los jóvenes José Eguía Fernández, Manuel Fernández, Joaquín Palazuelos y los hermanos Bernardo y José Incera. Estos jóvenes, después de haber sostenido un pequeño altercado, sin duda por el efecto del estado en que se encontraban todos, se fueron a las manos, propinándose unos cuantos golpes, teniendo que pasar a la Casa de Socorro el mencionado José Eguía, que fue asistido en aquel benéfico establecimiento de una herida contusa en la región frontal, con contusión en el ojo derecho, pasando después de curado a su domicilio, en la calle de Guevara, número 8. Ayer mañana falleció en su casa el mencionado José, y llamado por la familia el médico forense, se negó a certificar la muerte, dándose aviso al Juzgado de instrucción del distrito del Este, el cual ordenó que fuese trasladado el cadáver al depósito del Hospital, donde hoy le será practicada la autopsia. También ordenó el Juzgado que fuesen detenidos, y puestos a su disposición, los hermanos Bernardo y José Incera, que anoche mismo ingresaron en los calabozos de la Guardia municipal. Este suceso quedará aclarado hoy mismo, pues en la autopsia se verá la causa que originó la muerte del desventurado José Eguía, el cual, según nuestros informes, sufría con alguna frecuencia ataques epilépticos, y como consecuencia de la agresión, parece que desde el día del suceso había tenido uno de aquellos ataques, dentro del cual le sobrevino la muerte.
Comenzaron a disputar por si tenía uno más ó menos adelantado el reloj que otro
Dos individuos, uno de ellos llamado Hipólito Villagrada, de 38 años, vecino de Torrelavega, representante de una casa de vinos de esta capital, se hallaban anoche, á la una, en un establecimiento de la calle de San Fernando, cuando comenzaron á disputar por si tenía uno más ó menos adelantado el reloj que otro. En esto intervino el tabernero y quitó el reloj al desconocido como prenda hasta que le pagaran seis reales que lo hicieron de gangas. Los dos increparon al tabernero y acabó por ponerse la cuestión en tal forma, que el desconocido, según el herido, descargó al Villagrada un palo en la cabeza produciéndole dos heridas contusas con fractura de los huesos propios de la nariz. Como esta última parte de la riña había sido ya en la calle, el agresor huyó y el herido cayó junto á la puerta del establecimiento de Jenaro Galdós, siendo auxiliado por éste. Avisado un guardia, se le condujo á la Casa de Socorro, donde fue curado, trasladándose luego á su domicilio. La guardia municipal se encargó de averiguar quién era el otro individuo que estaba en la taberna y que se supone sea el agresor.
Una pelea de borrachos en Liencres acaba con un mozo muerto
Hoy tendrá lugar ante el Tribunal del Jurado, el juicio oral de la causa procedente del Juzgado de instrucción del distrito del Oeste, seguida contra Olegario Alonso Revilla, porque el 28 de mayo del año último, se reunieron en la taberna de don Arturo Muñiz Toce, vecino de Soto de la Marina, varios mozos del pueblo de Liencres, quienes pidieron vino; y como a la media hora, llegó otro grupo de mozos, de Soto, al citado establecimiento. Los de uno y otro bando, entre los cuales había antiguos resentimientos, se pusieron a cantar, aludiéndose, respectivamente, en sus canciones, diciendo uno de los del grupo de Soto, que «él cantaba al son de la guitarra si bailaban ellos» y entendiendo los de Liencres que estas palabras envolvían una provocación, empezaron a proferir frases agresivas contra los del Soto, y uno de aquéllos, llamado Manuel Revilla, desafió á Francisco Madrazo, del grupo contrario.
Salió á la calle el Manuel Revilla, y cuando se disponía á seguirlo el Madrazo, después de haberse quitado la chaqueta que llevaba puesta, se colocó en la puerta el procesado Olegario, con un cuchillo en la mano, diciendo: «Al que pase por aquí lo atravieso», y acercándose al Francisco Madrazo le dio por la espalda dos golpes con el arma que llevaba, causándole una herida en el costado derecho, parte posterior, de siete centímetros de extensión y cuatro de anchura, que le interesó la piel, tejido celular y muscular, y otra en la parte posterior del tórax de la misma extensión y anchura, que penetró trece centímetros entre el 8.º y 9.º espacio intercostal, interesando la base del pulmón derecho, hiriéndole en su totalidad, y á consecuencia de la cual falleció pocos momentos después de haberla recibido.
El Ministerio Fiscal calificó provisionalmente los hechos de un delito de homicidio, sin circunstancias, de autor á Olegario Alonso, para quien solicita la pena correspondiente. La defensa del procesado, estima que concurre en favor de su patrocinado la circunstancia atenuante de miedo insuperable, ó cuando menos la de arrebato y obcecación, solicitando su absolución ó imponerle en último término la pena de seis años y un día de prisión mayor. Juan Joaquín Sánchez Alonso y Ramón Larrosa Llojo, procesados en el Juzgado de Santoña, por quebrantamiento de condena, han sido condenados a sufrir durante nueve meses las mayores privaciones que autoricen los reglamentos y a ser destinados á los trabajos más penosos y costas.
Hay que tener en cuenta que en esa época las penas eran terribles porque los presidios eran auténticos zulos tercermundistas en los que tu vida valía bien poco y donde se te obligaba a trabajar como un negro mientras recibías un verdadero chusco de pan con un vaso de agua. Es decir: 9 meses de ese castigo equivalían, a lo mejor, a varios años de las penas actuales.
La reyerta sangrienta en Vega de Pas:
Reyerta sangrienta Hace algunas noches riñeron en el sitio llamado «El Rañón», del término de Vega de Pas, los vecinos de esta villa Joaquín Gómez y Antonio Gómez Ortiz, padre é hijo, contra sus convecinos Manuel Pérez López y José Pérez, también padre é hijo. De la reyerta, en la que hicieron uso de armas blancas y de fuego, resultó muerto Manuel Pérez López y herido levemente en la cabeza su hijo José. A éste se le ocuparon por la guardia civil dos puñales y dos revólvers. Los otros dos contrincantes también resultaron gravemente heridos, Joaquín Gómez con siete puñaladas y su hijo Antonio con una en la cadera y un tiro en el pecho. El juez de instrucción de aquel partido entiende de el asunto.
III – Las más bravas peleas campales en el Santander del Machichaco
Reyerta brutal de tres contra uno acaba con el Casino de Santander destrozado
Tres personajes de la peor ralea posible, de los cuales sólo Jacinto Bolado tiene algunas buenas referencias de algún tipo, atacaron una madrugada a Teodosio mientras éste se encontraba en un casino de la Cuesta del Hospital, obligándolo a defenderse a vida o muerte con su bastón estoque:
Anteayer tuvo lugar el juicio oral de la causa procedente del Juzgado de Instrucción de esta capital, seguida contra Teodosio Ruiz González, Mateo José Incera, Jacinto Bolado y Manuel Cima (éste en rebeldía), porque a las dos de la madrugada del 7 de julio del año último y con ocasión de entrar los procesados Mateo Incera, Jacinto Bolado y Manuel Cima, en el Casino Liberal de esta capital, tuvieron una cuestión con el también procesado Teodosio Ruiz y, viniéndose a las manos, el Teodosio, con un bastón de estoque, causó una lesión a Manuel Cima, que tardó en curarse hasta el mes de julio, y al Incera otra, que curó el 15 de citado mes; entre todos los procesados causaron daños en el local por la rotura de botellas, vasos y muebles, tasados en 25 pesetas. El señor Fiscal, que en sus conclusiones provisionales había calificado los hechos como constitutivos de dos delitos de lesiones, de autor de ellas al Teodosio, con la circunstancia atenuante 4.ª del artículo 9.º, y un delito de daños del que eran autores los cuatro procesados y para quienes pedía las penas correspondientes, en el acto del juicio y en vista de las pruebas en el mismo practicadas, modificó aquéllas, solicitando la absolución de Teodosio Ruiz por haber obrado en defensa propia y la de todos los procesados por no existir el delito de daños.
En la imagen, una ilustración de la Bahía de Santander de mucho antes de todos estos hechos, pero que ya representaba este núcleo de población pintoresco que tanto se iba a desarrollar durante el siglo XIX.
Como vemos, la noticia cuenta que Teodosio Ruiz González fue juzgado por una pelea ocurrida en el Casino Liberal. Durante el juicio, el fiscal cambió su acusación al considerar que Teodosio actuó en defensa propia y pidió su absolución, así como la de los demás acusados, por entender que no había quedado acreditado el delito de daños.
Al ser una ciudad portuaria, el alma de Santander estaba plagada de escándalos de todo tipo y tentaciones que no siempre eran positivas para nadie.
IV – Los dramas de la prostitución en Santander en el siglo XIX
Hay también en el periódico (El Descuaje) una sección titulada «Casas clandestinas», en la que se da cuenta, con el pretexto de denunciarlas, de todas las mancebías disfrazadas que funcionaban en Santander. Un ejemplo de esta miscelánea periodística:
«¿No es en la tasca de “El Cuervo”, esquina a Garmendia, donde se admiten citas? Es en la calle de Somorrostro, 2, segundo, izquierda, en cuya casa, el dueño del establecimiento, admite la prostitución clandestina, a causa de haber sido expulsado por el dueño del primer piso en que antes habitaba, contiguo al establecimiento. Y al que no quiere caldo, taza y media…»
Todos los números son iguales, con pocas variantes, pues todos tratan los mismos temas, con semejante léxico. ¡Y esto se estuvo publicando durante más de dos años, entre el regocijo del público, que paladeaba como plato exquisito aquel cúmulo de obscenas atrocidades!
El auge de las casas de lenocinio clandestinas en el Santander de Pick
Los prostíbulos de toda índole surgieron como setas por todas partes en el interior de la propia ciudad, lo que motivaba quejas insistentes de vecinos que pedían el exilio de estas casas de escándalo a las afueras de Santander. Incluso podemos decir dónde se encontraban estos burdeles más o menos clandestinos y las faenas cotidianas y extraordinarias que se organizaban en su interior.
Algunos vecinos de la Cuesta de Garmendia nos ruegan que llamemos la atención de quien corresponda sobre el hecho de que el dueño de la casa número 11 de dicha calle haya despedido á todos sus inquilinos, gentes honradas, para arrendar los pisos á una mujer que piensa establecer allí una casa de lenocinio. El hecho de estar esa casa muy próxima á un colegio, ¿no sería motivo bastante para que el Gobernador impidiese que en la citada casa se estableciese el aludido repugnante comercio?
Conservación del orden y vigilancia en cuanto a la prostitución clandestina en Santander se refiere:
«No sabemos si los guardias destinados á la conservación del orden y vigilancia de las casas de lenocinio cumplirán debidamente con los mandatos de sus superiores; pero lo que sí sabemos y desearíamos que se evitase es que esas desgraciadas mujeres estuvieran, como están la mayor parte del día, como un muestrario en los balcones llamando la atención de los transeúntes, cuando no en grandes conversaciones y jaranas en la vía pública, como sucedió antes de ayer por la tarde en la Cuesta de Gibaja, según nos dicen. El señor Alcalde haría muy bien poniendo correctivo á los que lo necesiten.»
Escándalos gordos junto a las casas de lenocinio:
«Si resucitaran nuestros padres, ellos que habían de ser sorprendidos á la vista de las mejoras urbanas y de las reformas materiales, más sorprendidos quedarían cuando se enteraran de lo que ahora sucede en su honrada ciudad, de que se promueven escándalos gordos cada media hora y de que se apuñalan las gentes dos veces á la semana, ni más ni menos que en ese Madrid que horroriza á las viejas, á la puerta de la taberna, á la salida de las casas de lenocinio, un poco más cerca ó más lejos de los cafés cantantes.»
El Descuaje denuncia la complicidad de la Policía con los proxenetas y prostíbulos de Santander
Paca la Bizca y el señor Ortega debían de ser los cargos de la Policía de Santander que resultaron ascendidos o que simplemente permanecieron en sus puestos tras la muerte de Teodosio Ruiz González en el Huerto del Francés. Pepita Reyes tal vez fuera otro agente o un miembro del hampa sin relación directa con las autoridades. Y de la lectura resulta obvio que el fallecimiento de Teodosio tuvo algo que ver con estos hechos que aquí se denuncian:
EL DESCUAJE denuncia ante las autoridades un suceso que ha de producir extraordinaria expectación, y que está ligado con El Huerto del Francés y algunas autoridades, muy conocidas de esta población.Con lo dicho basta.Ya la saben el pueblo y los representantes de la ley.
Vuelve á aparecer en escena Paca la Bizca. Viene ahora precedida de un escándalo que el otro día reflejó la prensa local, y acompañada de varias vecinas de la misma casa de la calle del Peso. Los vecinos gritan: ¡Señor Ortega, esta es una casa decente; debe ser una casa decente!
Lo mismo que el portero de Pepita Reyes. Pero los señores de todas clases y categorías, suben y suben, y luego bajan y bajan… Y aquello es una casa de Tócame Roque. Y aunque los vecinos protestan, la casa sigue funcionando clandestinamente como si tal cosa. Trasladamos el parte á las autoridades, á la Junta de la Trata de Blancas, y á todos los amigos de Paca la Bizca.
Medida que se impone para poner límites a la prostitución clandestina en Santander en el siglo XIX
A empeño de honra deben tomar los que por el puesto que ocupan y por lo que representan, que el mal ejemplo no se perpetúe y que el escándalo cese. A las excitaciones de la prensa local ha respondido, con buena fé completa, nuestro Gobernador ordenando la persecución y caza de las palomas de bajo vuelo, consiguiendo la emigración de muchas de ellas. Esta medida ha reducido su número; pero el ejemplo continúa en pié, es decir, que aun pululan de día como de noche las vendedoras de amor físico, y no es raro ni extraño hallarlas en determinados cafés apurando copas de aguardiente ó botellas de vino; es tanto hacen su leva. Sabido es el lenguaje que usan esas desgraciadas; sus frecuentes disputas que á veces degeneran en riñas, no pocas de desenlace trágico. Sus más que desenvueltos ademanes, y su cínico desceco para todo, ahuyentan de su paso no solamente á la honesta joven y á la honrada madre de familia y á la ignorante niña, sino también á todo hombre que en algo se estime. Pudiera pasar, ya que ese mal se aprecia como necesario, acaso por pagar contribución, que esas individuas tendieran el vuelo por esas calles santanderinas de la una de la noche hasta el amanecer; pero lo que no puede ser, ni debe, es que se las permita habitar en el centro de la población, en calles donde son constantemente vistas y sentidas por los niños de ambos sexos que á las escuelas próximas concurren. Frecuentemente cantan, y la obscenidad de sus cantares no trasciende á la calle, es cierto; pero en cambio los que en las colindantes casas habitan los sienten partir del interior, de las cocinas, y no es esto nada grato para el padre que procura inculcar en el alma de sus hijas los preceptos de la más sana moral.
Ruamayor, Ruamenor, Cuesta del Hospital, calles céntricas son; en ellas habitan personas tan dignas, tan honradas, tan decentes como las que más, y en esas calles no escasean casas en que moran hembras de vida airada.
Natural es que esas mujeres se exhiban ya en los balcones, ya en los dinteles de las puertas, ya en sus nocturnas y diurnas salidas; y el escándalo de las personas timoratas subsiste. Que esto tiene fácil remedio sábemoslo todos, bastaría, para ponérselo al mal ejemplo, con que quisiera la autoridad de la provincia secundada por los propietarios, algunos de los qué, más atentos al bolsillo que á la propia conciencia y á la moralidad, no vacilan en alquilar sus casas á mujeres cuyo contacto pudiera ser principio de corrupción en los propios, como lo es en los ajenos. Nosotros, para quienes la moralidad está sobre todos los intereses y conveniencias, á ser jefes de una provincia procuraríamos que las casas de lenocinio se establecieran en los arrabales de la población, ya que la ley las ampara y el fisco las explota. El señor Díaz Merry que tantas pruebas ha dado, en el poco tiempo que hace está entre nosotros, de interés por el mejoramiento moral, material é intelectual de Santander, haría un verdadero acto meritorio llevando á la práctica lo que dejamos expuesto; esto es: la traslación á los arrabales de Santander de las mancebías públicas, ya que por desconocer su existencia no se pueda hacer lo mismo con las secretas. Y en este asunto, creemos ser intérpretes de los pensamientos de todo el vecindario honrado.
Campaña moralizadora en Santander
En algunos de nuestros últimos números denunciamos al señor gobernador civil la existencia de gente sospechosa en una casa situada en la calle de Vargas y en otra de la de Peña-Herbosa. Nuestras denuncias fueron atendidas por la autoridad, habiéndose corregido y castigado á los que, turbando la tranquilidad de honrados vecinos, escandalizaban y cometían faltas de moralidad y decencia. Suponiendo nosotros, dados estos antecedentes, que la primera autoridad de la provincia está resuelta á impedir que en casas de honrada vecindad habiten personas de sospechosa conducta, nos apresuramos á hacernos eco de las quejas que vienen formulando algunos vecinos de la calle del Arrabal. Dicen ellos que en una de las primeras bodegas de esta calle habita una mujer que hasta ahora ha estado en una casa de lenocinio de la Cuesta de Garmendia. Las molestias que produce y los escándalos que origina no son para dichos y tan quejosos están de ella los que por allí viven, que suplican encarecidamente á la autoridad haga cuanto pueda y esté de su parte para que sea desalojado por esa mujer el local antes dicho. Pero no se quejan de esto solamente los que habitan en la calle del Arrabal. Quéjanse también de que la casa número veintitantos se haya convertido en un petit Brillante, pues tal cosa supondrían, dicen ellos, los que á altas horas de la noche pasen por cerca de aquella casa. Como quiera que los escándalos que esas… personas sospechosas—y tan sospechosas—vienen dando no llegan, al parecer, á oídos de los guardias que vigilan la calle del Arrabal, es necesario, á nuestro juicio, que los activos jefes de vigilancia tomen cartas en el asunto y hagan que las tales gentes «ahuequen» lo más pronto posible de aquellos locales. Esperamos que el señor Gobernador dictará las oportunas órdenes y hará cuanto pueda y esté de su parte para que la honrada vecindad de dicha calle no se encuentre molestada por esa… gente de mal vivir, tan perturbadora y escandalosa.
V – Trata de blancas y blancos (menores) en Santander: la mayor vergüenza de la belle époque
El Juzgado de Instrucción ordenó antes de ayer que fuera cerrada una casa de lenocinio por haber sido encontrada en ella una joven de trece años que había sido llevada allí por engaños.
No son casos aislados. A la prensa saltaron muchas de estas burradas y las (a mi parecer) tímidas consecuencias que siguen de las mismas:
El inspector de orden público D. Gaspar Lavin, ha entregado en el asilo de las Redentoristas, una niña de catorce años que se hallaba en una casa de prostitución, para entregarla luego por conducto del señor gobernador a sus padres, que residen en una provincia limítrofe. Dicho inspector ha propuesto á la primera autoridad de esta provincia, la clausura de la casa donde estaba la referida niña. La proposición del Sr. Lavin, ha sido aprobada por el Sr. Cárcoba, y á estas horas ya habrá dado aquel las órdenes oportunas para que de la casa en cuestión desaparezcan las mujeres que la habitan.
Y ahora viene un recorte de prensa sumamente impactante de un periódico cántabro publicado en Santander el viernes 13 de julio de 1883:
Un delito grave
Ayer se presentó en este principal una joven de 15 años, que, según manifestó, había llegado á esta población hace dias, en compañía de su padre con el objeto de tomar baños. Por carecer de habitaciones la casa de huéspedes donde trataron de alojarse, se vieron en la necesidad de separarse el padre y la hija; pero ¡esto es lo terrible! La dueña de la casa donde se hospedó la referida joven la condujo a una casa de prostitución donde la han tenido ocho dias, hasta que ayer logró fugarse, presentándose, como hemos dicho, en el Principal inmediatamente. Creemos que se habrán tomado ya las correspondientes disposiciones para averiguar si los hechos referidos por la joven son exactos, en cuyo caso, toca á los tribunales hacer que no queden impunes atentados de esa naturaleza.
Una joven de 15 años llegó a la ciudad de Santander junto a su padre con la intención de tomar «baños» (una práctica terapéutica y de veraneo muy común en la costa cántabra en aquella época). Al llegar a la casa de huéspedes, no había habitaciones suficientes para los dos, por lo que el padre y la hija se vieron obligados a hospedarse en lugares diferentes. Y aquí viene el engaño y secuestro: La dueña de la casa donde se alojó la menor la engañó y la llevó a la fuerza a un prostíbul en el que la joven estuvo retenida contra su voluntad durante ocho días, hasta que finalmente logró escapar y se presentó de inmediato ante la jefatura o autoridad local (denominada entonces «el Principal»). El periodista escandalizado expresa su deseo de que las autoridades investiguen a fondo la veracidad de la denuncia para que un delito tan grave no quede impune ante los tribunales.
Pueden parecer unas noticias surrealistas, pero por desgracia esto no era nada extraordinario a juzgar por los artículos del valiente semanario El Descuaje:
Siempre hemos aplaudido el celo inusitado que las señoras de la trata de blancas despliegan en pro de los fines laudables que persigue su caritativa asociación. Ahora bien; ó esa asociación tiene un vicio de origen que la imposibilita para el cumplimiento estricto de su misión, ó el método empleado hasta ahora es ineficaz. ¡Qué lástima de causa generosa á punto casi de fracasar! Y fracasará porque por encima de defectos naturales de constitución, están otros fundamentos que así los determinaron.
Quiero hablar de la misma complejidad del problema; quiero decir que salvo un grupo de mujeres abnegadas, las demás no prestan la debida cooperación á esta causa de reivindicación de la mujer. De más de esto ni los asilos oficiales y conventos religiosos están en paridad con el fin que estas señoras persiguen, ni las leyes en armonía con el principio educador y previsor de esta Junta de humanitarias damas de Santander.
La trata de blancas sigue igual, con su inquietante y progresivo desarrollo. La trata de blancos, también sigue lo mismo. Para las primeras, hay una sección de higiene en el gobierno civil que vive y prospera de la mayor reglamentación del número de las caídas, para los segundos, hay otro Reglamento de protección del trabajo que no se cumple casi nunca. ¡Cuánta miseria!
Hay que aclarar que aquí se trata de prostitución de menores: eso es la trata de blancos, en esta época. La trata de niños y adolescentes para fines horrendos. Y también se señala a las autoridades, directamente, de estar implicadas en el aumento de la trata en general.
Desgraciadamente, ni siquiera las atrevidas campañas de El Descuaje conseguían frenar tanto el frenesí brutal y despiadado de estos tratantes de ganado juvenil.
Invocación a la caridad
Santander es una población rica, es una población culta y benéfica, que siempre ha dado pruebas de sus elevados sentimientos altruistas y cristianos, y es para su vecindario compromiso de honor el acabar con esa contínua perversión de niños, apenas salidos del regazo materno y lanzados por la senda del crimen. A los cristianos sentimientos del pueblo acudimos. Así como se ha formado una Junta de caritativas damas para la represión de la trata de blancas, ¿por qué no se forma una Liga para extirpar esa trata de blancos, de menores de edad á quienes la falta de freno y el criminal ejemplo de padres sin conciencia sumen en el cieno? Medios hay para evitar esto; sólo falta la decisión bastante para llevarlos á la práctica. ¿Cuáles son estos medios? De ello nos ocuparemos en artículos sucesivos, por ser esta materia á desarrollar en más de un artículo y habernos extendido demasiado en el presente. JUAN REPORTER.
El Juzgado del Oeste de la ciudad acusaba a varias mujeres del peor crimen posible:
Los del distrito del Oeste de esta ciudad, para conocer de las causas seguidas, respectivamente, contra Lorenza Alvarez y otras, por corrupción de menores; Martín Aguiar y otros, por juegos prohibidos; Marcelino Alvarez, por homicidio; Aquilina Alvarez, por corrupción de menores; Manuel Castaño, por homicidio, y Valentín Ramón Lavín Casalís y otros, por homicidio por imprudencia.
Una joven seducida y abandonada en una casa de lenocinio por una organización que funcionaba en varias provincias
Un periódico de Bilbao da cuenta de la siguiente infamia: una distinguida señorita de Valladolid, de diez y ocho años abandonó el colegio donde se hallaba y con dos amigas suyas se trasladó á Santander, no se sabe si por impulsos de su propia voluntad ó de la de alguien. Allí fue seducida y abandonada en una casa de lenocinio. Bilbao, Santander, Pamplona y Valladolid, tienen establecido comercio de mujeres, haciendo frecuentes operaciones, cambios, compras y ventas de desgraciadas muchachas, y a esto se debe que la señorita fuera á Bilbao, poco tiempo hace á otra casa análoga.
En esa casa de Bilbao la encontró un hombre honrado, oyó de sus labios las desventuras que había sufrido desde su salida de Valladolid, y escribió á la madre de la muchacha. El Gobernador de Valladolid telegrafió al de Vizcaya, pero cuando la policía de Bilbao se presentó en la casa en cuestión, ya no estaba allí la joven: había sido objeto de una venta y enviada de nuevo a Santander. Al Gobernador de aquella provincia se ha telegrafiado para que averigüe su paradero y la ampare, poniéndola á disposición de su familia. De seguro será descubierto si los gobernadores y la policía tienen interés en ello; porque la resistencia que las tratantes de mujeres blancas oponen á la autoridad, se vence fácilmente con multas de 500 pesetas y algunos días de cárcel, como hizo el gobernador de Vizcaya con el ama de la casa de Bilbao; pero entretanto y después, seguirá la horrible trata, mil veces más infame que la de negros, á despecho de la moral y de la ley.
En este interesante y atrevido artículo es difícil seguir el hilo conductor, pero es curiosa la relación que hace de unos conceptos diversos que para el autor tenía todo el sentido del mundo:
Delitos contra la honestidad – la corrupción de menores
Hoy, que es tema latente de actualidad el homosexualismo, entre otras razones porque ha sentado sus reales, ha tomado estado, digámoslo así, en las esferas de alta alcurnia y elevado coturno, hasta tal punto que preocupa los cerebros, sobre todo linajudos y blasonantes de una gran nación europea, debemos nosotros ocuparnos de todo aquello que alguna relación tiene con la honestidad, y sobre todo de lo que, convertido en actos de realización, viene á tomar cuerpo y forma de delito castigado en el Código penal. El homosexualismo, como pensamiento y como hecho brutal y contra natura, que contradice y escarnece la facultad reproductiva, que es, sin duda, la más fundamental para la existencia humana, es desde luego tan repulsiva y grave que los códigos de los tiempos antiguos lo castigaban con la castración, como si con tal penalidad quisieran á un mismo tiempo hacer purgar la abyección y brutalidad y enderezar á los trasgresores al camino de la enseñanza moral de aquello para que fueran nacidos y puestos sobre la corteza terrestre, imponiéndoles una especie de degradación semejante á la que se aplica á aquel á quien se le priva de los galones y los honores de que fué investido, por hacer aplicación desastrosa de ellos y desviada por lo tanto del fin para que fueran creados. Empero, aunque semejante mal radica en el conjunto social, por fortuna no muy extendido, y hay que combatirlo hasta estirparlo, siquiera los medios de corrección y represión hayan de diferir algún tanto de aquellos que estatuían los códices de época cas ya algún tanto remotas, y, siquiera también, haya que lamentar que los pueblos y los gobiernos y los estados y los que dirigen unos y otros, no sienten preocupación por esa enfermedad social, que constituye un grave atavismo, más que cuando llega ó amenaza llegar la salpicadura del pus allá muy cerca de lo que se reputa intangible, personificador y encarnación de la vida nítida y acrisolada moral, sin embargo no es problema que abrume los cerebros de la humanidad de tal modo que los distraigan de otros muchos más graves y de urgente resolución. Dentro del campo del heterosesualismo hay mucho que estudiar y corregir, y hace falta que se estudie y corrija con mano muy dura y severa. Todos aquellos delitos contra la honestidad, la mayor parte de ellos repugnantes, porque interviene la violencia, la maquinación ó el sagaz engaño, de cuyos arteros procedimientos suelen ser víctimas seres inexpertos por la edad ó subyugados por la pobreza y la miseria que reclaman el reconstituyente del duro para asegurar el pan con que aplacar el hambre negra y despiadada, deben ser duramente reprimidos, si es que sinceramente se trata de moralizar á las gentes, imponiendo fuerte freno ya al apetito brutal ya al vicio detestable. Y para lograr este bienhechor fin, ya lo tiene insinuado este órgano en algunos de sus números; no se precisa de Juntas de señoras ni organismos inútiles mal ó bien llamados de trata de blancas. Basta y sobra con aplicar el Código penal con toda su inexorabilidad, dejando caer la mano de la justicia sobre todos aquellos ó aquellas que promueven ó facilitan la prostitución ó corrupción, exactamente lo mismo que debe hacerse con muchos encubridores que recogen el provecho vergonzoso de todo aquello que mancha el orden moral y cae dentro de la órbita del delito. ¡Fuera todo género de lenidades con los corruptores y encubridores! Por lo que hace á Santander es verdaderamente escandaloso lo que ocurre relacionado con la honestidad y que no es posible detallar aquí. Ya en este mismo semanario venimos tratando del asunto con el lema: La prostitución por dentro y por fuera, pero está tan extendido el mal, que cada día recoge uno nueva copia de datos que justifican el que sigamos ocupándonos cada vez con mayor interés de estas enfermedades sociales que son dignas de toda atención. No pensábamos hacerlo en este número, pero ahora mismo acabamos de saber que el día veintiocho se celebrará en esta Audiencia un juicio oral motivado por uno de aquellos graves hechos que son tema de este desaliñado artículo. Allí serán juzgadas unas señoras á quienes se acusa de corrupción de menores, figurando como ofendida una de esas jóvenes desvalidas que ruedan por los arroyos de las ciudades, por no tener el amparo de la paternidad ó la tutela, una infeliz expósita que cayó en las redes de la sugestión que hábilmente tienden algunas sagaces celestinas. Pues bien, nosotros y con nosotros el organismo social verá con gusto que estos actos se castiguen con dureza, si es que la culpabilidad está clara, porque hay que ejercer la acción tutelar social en favor del huérfano y desvalido y hacer que se restablezca el derecho quebrantado. Dura est lex sed lex. Caiga el que caiga. Y si, como se nos dice, entre las procesadas hay una señora, aún joven, que es víctima de habilidosas a infundadas denuncias, y por lo tanto inocente, hágasele justicia como á los demás, pues ese es el fin que apetecemos y para que están constituidos los tribunales encargados de administrarla.
Trata de Blancas en Santander
En realidad, en todas partes funcionaba igual la cosa, lo mismo que hoy. Aquí os ponemos, antes de nada, algunas referencias sobre el problema de la trata de blancas en varios sitios de España.
Bien dispuesto En éste Gobierno civil se ha recibido una circular del ministro de la Gobernación, para que se cumpla con todo rigor lo dispuesto referente á la trata de blancas, fijando la edad de veintitres años como el límite para poder tolerar el vicio. Confiamos en que el Sr. Barroso hará observar con la mayor entereza esas disposiciones.
Dicen de San Sebastian: «Sigue el infame tráfico de los enganchadores. Sabemos que estos días andan reclutando á varias jóvenes de esta ciudad, prometiéndolas llevarlas á Burdeos donde les ofrecen buenas colocaciones: en las ofertas solo dejan ver indirectamente su pensamiento de conducirlas después a América. Para pasado mañana lunes tienen señalado el dia de partida. Llamamos la atencion de las autoridades sobre este particular á fin de que tomen todas las medidas que están á su alcance, así como llamamos la atencion de los padres para que reflexionen el triste porvenir que les espera á esas desgraciadas si consienten en estos viajes. Todos cuantos datos se nos suministren sobre este particular los publicaremos, á fin de combatir este indigno comercio que bien puede calificarse con el epíteto de la trata de blancas.»
En vista de las escitaciones de la prensa de Málaga, el gobernador civil de aquella provincia, Sr. Baró, ha dictado las disposiciones más terminantes para la persecución de cierta clase de corredores que se dedican á la trata de blancas, ó lo que es lo mismo, á la seducción de pobres muchachas á quienes, con halagadoras promesas, reclutan para la América del Sur, donde las más de las veces encuentran su deshonra y su muerte. Tan criminal industria desapareció de dicha provincia algun tiempo há, gracias á la vigilancia de las autoridades y con la imposicion de severas penas, pero hoy desgraciadamente ha reaparecido.
Comercio infame Al Juzgado de guardia fueron anoche conducidas por orden del Gobernador civil dos jóvenes y un ama de casa de malos antecedentes que procedía de Lisboa. Dicha ama se dedicaba á la trata de blancas.
De Murcia dicen que han sido sorprendidas por las autoridades varias casas de tráfico de trata de blancas. Algunas de éstas, menores de edad, han sido encerradas en asilos.
Infamia
La trajeron con engaños los que, por leyes humanas, ejercen en país católico la inmunda trata de blancas; enterraron su existencia en esa cripta nefanda que de la cancela al crimen envilece cuerpos y almas; pensó en Dios al ver á podre de su víl maldita ergástula, quiso librar su pureza de aquella lúbrica infamia, pero encontrábase sola contra la impura avalancha. Entonces, aún peligrando con la evasion arriesgada una vida así sepulta entre conciencias viciadas, abrió el balcon del prostíbulo y se lanzó. . En notas ámplias la prensa dió la noticia de la pobre desgraciada que por milagro tan solo libró en esa empresa aciaga de morir al arrojarse sobre la vía manchada con los halitos del vicio que anida en la impura casa. Esto lo ha visto el Progreso, lo ha visto la gente honrada de una ciudad prestigiosa; y, si el hecho no se aclara y no se castiga el crimen que ocasionó tal desgracia, y no se persigue pronto al autor de tal infamia .. ¡caiga la vergüenza eterna, el estigma eterno caiga sobre quienes apadrinen efectos de tales causas! ¡Maldita ley que tolera la inmunda trata de blancas y que sobre las virtudes clavó sus inicuas garras ese monopolio infame de inmoralidad y crápula!
30 de noviembre de 1904
No vamos á referir aquí nada nuevo, nada extraordinario. Se trata de una historia que se repite todos los días, pero que precisamente por eso, por haber tomado carta de naturaleza entre nosotros y mirarse como cosa corriente y hasta natural lo que debía sublevar las conciencias y causar verdadero escándalo, por eso mismo, repetimos, el asunto es grave y nos mueve á darle toda la importancia que realmente tiene, siquiera sea con la esperanza de despertar las conciencias dormidas y de hacer que no se vea como cosa natural lo que es execrable y vergonzoso. Se trata de una jóven de 18 años que estaba sirviendo en un pueblo de esta provincia y que desaparece de la noche á la mañana, para aparecer ayer en una casa de lenocinio de esta capital. ¿Cómo llegó á caer esta pobre criatura en uno de esos antros del vicio? Esto es lo inverosímil. Sorprendida por la policía en flagrante delito contra la moral, fue conducida por un guardia de seguridad al Gobierno civil y de allí salió provista de la infame patente que para dedicarse á la explotación del vicio facilitan nuestras autoridades á las desgraciadas mujeres que han llegado á tal degradación. No podrá quejarse la infortunada joven de que se le opusieran trabas ni obstáculos de ninguna clase á la realización de sus vergonzosos propósitos. Fué sorprendida viviendo en el vicio y la autoridad la recogió, no para sacarla de él y ver de redimirla, sino para legalizar su situación y evitar que en lo sucesivo fuera molestada en el ejercicio de su vergonzosa industria. Eso sí, antes de autorizarla, antes de proveerla de la licencia que la autoridad expide para vivir en la depravación, se preguntó á la joven la edad que tenía. Ella dijo que 25 años y ya no quedaba más remedio que proveerla del documento que la acreditaba de mujer definitivamente perdida. Era mayor de edad. Bastaba con que ella lo dijera y exigir más sería poner siete llaves a las puertas del vicio que, por lo que vamos viendo, deben estar de par en par abiertas. ¿Para qué preguntarle si tenía padres? ¿Para qué molestarse en inquirirlo, si ella se negaba á descubrir el paradero de aquellos? Y descubierto ó revelado por ella misma, ¿para qué depositarla en lugar conveniente y avisar á los padres el tristísimo trance en que su hija se encontraba? Ella tenía veinticinco años, porque así lo había dicho; era mayor de edad y ni los padres pueden en casos semejantes librarse del deshonor, ni la autoridad puede tampoco hacer más que lo que ha hecho: preguntar á la individua su edad y fiarse de la palabra honrada de una mujer que manifiesta el deseo de convertir su honor en mercancía. Hay que resignarse. Pero resulta luego que la extraviada jóven sólo tiene dieciocho años, que no puede aún arrojar al lodo su honra y la de sus padres; pero como ella dijo que tenía veinticinco años… ¿qué podían hacer las autoridades? Si ella hubiera tratado de ganarse la vida honestamente dedicándose al servicio, por ejemplo, y para ello hubiera solicitado la cartilla de sirviente, entonces hubiera tenido que acreditar en forma que estaba autorizada por sus padres ó que era mayor de edad. No hubiera bastado en ese caso que ella lo dijese, se la hubieran exigido pruebas fehacientes, indudables; pero si al vicio se le ponen esas trabas, es colocarle al nivel mismo de la virtud, y para que haya alguna diferencia, se le da al vicio todo género de facilidades y á la virtud se le oponen toda suerte de obstáculos. ¿Qué le parece de esto al señor gobernador? ¿Qué opina de esto esa Junta organizada para impedir la trata de blancas? ¿Es mucho pedir, por parte nuestra, que antes de permitir que una desdichada caiga al fondo del abismo, de donde no saldrá jamás, se adquiera la certidumbre de que la caída es inevitable? ¿Es pretensión excesiva la que formulamos al expresar nuestro deseo de que, en casos como este de que tratamos, sea depositada la pecadora en una de las casas religiosas que con fin tan caritativo existen, por lo menos hasta adquirir la certeza de que su perdición es irremediable?
POR LA MORAL
Aunque repetidas veces han llegado á nosotros quejas fundadísimas y se nos han dirigido algunos ruegos para que pidiésemos á las autoridades que evitasen espectáculos indignos de un pueblo culto, no nos hemos lanzado antes á atender esos ruegos y á repetir públicamente aquellas quejas, por el temor de estrellarnos contra la impasibilidad de autoridades á quienes, ó inutilizaban causas desconocidas, ó engañaban negativas de personas determinadas. Veíamos nosotros no hace muchos meses á la primera autoridad civil respirar una atmósfera en que parecían desvanecerse todas las instancias y todas las reclamaciones, y entendíamos que era inútil poner en evidencia feas llagas sociales si nadie había de pensar en curarlas. Estos días se habla mucho en todas partes, principalmente en los hogares de gente honrada, que es donde mejor acogidas y más alabadas son las campañas que se emprendan contra la inmoralidad y contra todo lo ilegal y lo prohibido, de la energía del actual Gobernador civil, señor Sainz Trápaga. Espéranse de él, vistos los efectos de las disposiciones que en números anteriores, con gran satisfacción, hemos consignado; espéranse de él otras medidas acertadas, continuación de su campaña moralizadora, y una se espera, sobre todo, que satisfaría los deseos de las personas, muchas y muy dignas de ser atendidas, que nos han indicado en repetidas ocasiones la necesidad de trabajar con constancia en contra de la existencia de un centro de corrupción que es vergüenza del vecindario y escándalo de los forasteros.
Nos referimos á un café que ni quisiéramos nombrar; á un café que es, según nuestras noticias, mercado público del vicio, lugar donde la trata de blancas se ejerce con el mayor descaro, sin el obstáculo menor, ante todo el que quiere subir, entrar y sentarse. De lo que pasa en ese centro á donde acude todo el fango social, todas las desdichadísimas mujeres que pisaron ya el último escalón de la degradación humana, no es en este periódico donde puede hablarse claramente, como no se hablaría en ningún otro que respete á sus lectores. Por ellos nos duele á nosotros tener que levantar una punta del velo con que la indiferencia y la repugnancia cubren escándalo y libertinaje tan intolerable. Pero no es sólo en ese lugar—del cual ya cuida ciertamente de apartarse todo el que odia la inmoralidad y aborrece el vicio;—no es sólo en ese lugar donde la gente de mala vida escandaliza con su presencia, con su proceder incalificable y con las demostraciones de la perversión de sus espíritus. En los alrededores del café, en la vía pública, en lugares que, si no son de mucho tránsito á las altas horas de la noche, son calle abierta á todos los vecinos y sitio por el cual se ven precisados á pasar algunos á esas horas, esos escándalos y esas vergüenzas del café se repiten y se toleran, y también allí campan las mujerzuelas, y también allí campan las mujerzuelas, y también allí alborotan ebrios y vomita groserías y blasfemias gentuza corrompida que suelen dejar en nuestros muelles los barcos, y que sale también—triste, pero forzoso es decirlo—del seno del vecindario. Digno de los actos de energía del señor Gobernador civil, señor Sainz Trápaga, sería uno que pusiese término á esos escándalos; una orden terminante—de cuyo cumplimiento habría de procurar convencerse plenamente la dignísima persona que asume la autoridad civil superior de la provincia—; una orden terminante, que si no pudiera obligar á la clausura del establecimiento á que nos referimos, impidiese que se repitieran en él, en la calle, ó en la calleja en que se halla, y en los sitios próximos, los atentados contra la moral que se cometen todas las noches, y que no sabemos si se cometen porque los agentes de la autoridad no los ven ó porque no pueden conseguir que no se cometan. Atienda el señor Gobernador civil, antes de que su sustitución por otra persona, que el Gobierno podría nombrar un día de estos, le aleje de cargo que tan dignamente desempeña—y con gran beneficio para la moral y las buenas costumbres de este pueblo,—el ruego que en nombre de honrados vecinos le dirigimos. Comprenda la justicia de las quejas de quienes lamentan tales escándalos, y obre sin consideración á intereses materiales, que sobre estos intereses está el alto interés con que se debe velar por la moral y evitar que se la infieran injurias que bastan, como ya hemos dicho, á hacer que pongan en duda la ilustración y la cultura de una ciudad entera, forasteros que llegan de otras poblaciones y no traen idea de centro de corrupción en que tan descaradamente se agravie al pudor y se ofenda á la moral como ese establecimiento cuya desaparición sería motivo de gran satisfacción para el pueblo; como ese lugar que es albergue y mercado del vicio, vergüenza de los santanderinos y escándalo de los extraños.
Por el ministro de la Gobernación se ha dictado una real orden á petición de la Junta del Patronato para reprimir la trata de blancas, mandando á los gobernadores la conveniencia de suprimir en las casas de mal vivir las cancelas de hierro, así como la obligación de colocar impresos manifestando á las huéspedes que pueden reclamar su salida de dichos lugares.
Mancebías en sitios tan céntricos como la cuesta del Hospital y calles adyacentes
Dos apreciables colegas El Noticiero Santanderino y La Atalaya lamentan la excesiva libertad de que disfrutan para codearse con honradas madres de familia las desgraciadas que hacen de su cuerpo mercancía explotable y perfectamente explotada por personas á quienes la trata de blancas acaba muchas veces por convertir en capitalistas. Más de una vez nos hemos ocupado de asunto tan importante y que tanto interesa á la moral pública. Es verdaderamente vergonzoso que á horas en que mayor es la circulación, cuando aún la madre pasea al lado de su hija cuando aún las jóvenes cruzan en todas direcciones, las palomas de noche con descoco que ofende, con provocativo mirar, y expresiva sonrisa, procuran hacer su negocio sin topar con guardia que las vaya á la mano y dé con ellas en la prevención, para que al dia siguiente paguen la consiguiente multa el ama que es á la que en realidad aprovechan los paseos de la pupila. Por razones de policia y moral pública, dice el art. 98 de las nuevas ordenanzas, las mujeres de vida licenciosa que se encuentren en paseos y sitios públicos, serán retiradas de estos inmediatamente, y puestas por los agentes municipales á disposición de la autoridad competente, ademas de ser castigadas por su atrevimiento; pero dada la queja de los citados colegas no debe cumplirse muy exactamente este artículo, siendo de tan facil cumplimiento como es, en consideración á que tales hembras deben ser sobrado conocidas, tanto por los guardias de órden público cuanto por los municipales, Algo se hace con retirar de la circulación esa moneda falsa; pero ese algo es insuficiente si ha de seguir consintiéndose la existencia de las mancebías en sitios tan céntricos como la cuesta del Hospital y calles adyacentes. Ordénase por el Ayuntamiento la relegación de cuadras y cubiles á los arrabales; quiérese por miedo al peligro que ofrece su existencia dentro de la ciudad, que las materias explosivas se almacenen en el extrarradio, y no se tiene ni una palabra para mandar que las casas de lenocinio vayan á establecerse donde las materias explosivas; que si estas ofrecen peligro material, no es menor el peligro moral que aquellas entrañan. El mantenimiento de semejantes casas en el casco de la ciudad es una corrupción de menores continua, aunque sorda. La libre fraseologia de esas desdichadas llega á la calle ofendiendo los oidos, los dicharachos de los clientes y souteneurs, á través de los hierros de la ventana ó del balcon á la calle llegan tambien, y sabido es lo poco que de edificantes tienen las conversaciones en la mancebia. El mantenimiento de esta clase de establecimientos dentro de la población es un serio peligro para la infancia, un continuo tormento para los oidos castos y una constante injuria á la moral pública. Por esto es por lo que debiera seriamente procurarse la traslación de casas tales á los más apartados arrabales de la población.
VI – Una verdadera bruja de Santander, especializada en corrupción de menores: Dolores Sisniega
Entre todos los personajes que poblaban el bajo ambiente de Santander destacaba una corruptora de menores que parecía ser una primus inter paris en uno de los más turbios negocios que cualquier psicópata pueda emprender. Dolores Sisniega, a la que al parecer se llamaba popularmente la Chula, era una señora que se pasó la vida en el peor ambiente de proxenetismo posible, que es el que involucra incluso a personas menores. En la memoria histórica y la crónica negra de Santander, el nombre de Dolores Sisniega es legendario, pero no precisamente por ser una dama de la alta sociedad al uso, sino por ser la «madama» o proxeneta más famosa, poderosa e influyente de la ciudad a finales del siglo XIX y principios del XX. Dirigía el prostíbulo de lujo más conocido y concurrido de Santander, sito en la Calle Peñas Redondas. Su negocio no era un burdel cualquiera de mala muerte; era un salón de citas frecuentado por la alta sociedad santanderina, políticos, empresarios y visitantes ilustres que buscaban discreción y lujo. Y claro está, sin duda alguna, muchachas jóvenes que el dinero de los más pudientes podía comprar. Clientes selectos que buscaban compañía lo más joven posible por las emociones fuerte que producía semejanta bestialidad en sus cabezas de psicópatas y acaso temerosos de las enfermedades de transmisión sexual que acumulaban la profesionales ya en tempranas fases del oficio.
Esto explica perfectamente por qué su nombre aparece de forma recurrente en los archivos y la prensa de la época, a menudo camuflado o rodeado de cierta doble moral: por un lado, era una mujer de negocios con un patrimonio notable y vinculada familiarmente a apellidos respetables (como el de don Sinforiano), y por el otro, era la reina indiscutible del negocio del alterne en la capital cántabra. Detrás de ese nombre aparentemente respetable se escondía una de las figuras más fascinantes, temidas y comentadas del submundo y la noche santanderina de los años en torno al 1900.
Todo tipo de clientela acudía a este comercio alegal, que lo sigue siendo, y parece ser que buscaban con especial interés las chicas más jóvenes y sin olvidarnos nunca de los chicos, que merecen un capítulo aparte por ser el tema homosexual uno de los grandes tabúes que apenas empezaba a ser comentado en estos finales del siglo XIX.
Tal vez Dolores Sisniega se sorprendería, como el resto de los santanderinos, con el asalto nocturno, frustrado, al comercio de tejidos de Sinforiano Ródenas, seguramente uno de los hombres más ricos de la ciudad, la madrugada del 8 de abril de 1899, sucediendo a continuación otro intento de robo en otro establecimiento llamado La Carmencita. Pero lo más curioso de todo esto es que en esos días agitados tendría lugar un descubrimiento brutal y deleznable que no conocemos (no trascendió a la prensa) en la misma casa de lenocinio de la Calle Peñas Redondas. Pero de estos hechos graves hablaremos más tarde. En la sociedad santanderina de finales del siglo XIX y principios del XX, tanto Sinforiano Ródenas como doña Dolores Sisniega serían bastante conocidos debido a la relevancia de sus respectivos negocios (el comercio de tejidos e importaciones de Ródenas era uno de los más importantes de la zona, ubicado muy cerca de la mítica «Fuente del Monstruo»). ¿Tenía alguna relación Dolores Sisniega con esos asaltos que se llevaron aquellas dos noches seguidas, cuando los cacos intentaron reventar la caja de caudales de Sinforiano y desvalijar otro negocio en la siguiente noche. ¿Había acaso en dicha caja de caudales o en el otro negocio algún documento o prueba que fuera especialmente escandaloso para alguien? Luego lo miraremos mejor.
Esta bruja tuvo una larga vida para a época (murió a los 52), dedicada en cuerpo y alma (si se puede decir así) a la explotación del vicio del sexo y al sacrificio en tal empeño de las más tiernas criaturas. Pero vamos con la transcripción literal de recortes de prensa, ordenados cronológicamente (desde 1883 hasta aproximadamente 1894), los cuales detallan los antecedentes de Dolores Sisniega en Santander por diversos altercados, multas de orden público, hurtos y receptación de mercancía robada antes de sus causas por corrupción de menores.
Cédula de citación por hurto contra un hombre que robó a esta mujer, la cual no vivía precisamente debajo de un puente. Del 4 de abril de 1883:
En virtud de providencia dictada en el dia treinta y uno de Marzo último por el Sr D. Julian Menendez, Juez de instruccion de esta ciudad y su partido, en el sumario que en este Juzgado se instruye contra María San Miguel Cobo, sobre hurto de prendas de ropas y alhajas a Dolores Sisniega Peña, de esta vecindad, se cita, llama y emplaza á Eusebia Corrales y á Milagres Mendicolad, cuyo domicilio se ignora, para que en término de diez dias, á contar desde la insercion de esta cédula en el Boletin oficial de esta provincia y Gaceta de Madrid, comparezcan en este dicho Juzgado á evacuar una cita que las resulta en dicho sumario, bajo el apercibimiento de pararlas en otro caso el perjuicio que haya lugar. En su virtud y para que tenga efecto extiendo la presente cédula que firmo en Santander a cuatro de abril de mil ochocientos ochenta y tres.—El Secretario, Nicolás Gonzalez.
Ese mismo año la robó una de sus huéspedas:
En la segunda seccion se vió la causa seguida contra María San Miguel por haber sustraído el dia 10 de Setiembre último unos pendientes de oro, un vestido y un pañuelo de seda de la casa de Dolores Sisniega, casa de prostitucion donde se hallaba la procesada en calidad de huéspeda. Despues de haber declarado cuatro testigos se suspendió el juicio por cinco minutos para acordar si debia ó no continuar el acto, puesto que faltaban dos testigos; uno de ellos se hallaba en la Habana y el ministerio fiscal creia indispensable la declaracion de aquellos. El tribunal acordó continuar el juicio y, por tanto, don Protasio G. Bernardo que representaba el ministerio público, modificó por falta de pruebas su escrito de calificación y solicitó para la procesada la libre absolución y que se declararan las costas de oficio. El abogado defensor, señor Calvo y Valero, solicitó de la sala la misma.
Dolores Sisniega (a) La Chula, y una víctima de quince años, natural de Cóbreces
Seguimos con una de sus incontables cédulas de citación, que en este caso es de junio de 1889, donde comprobamos que su oficio de proxeneta ya le adornaba como alias (la Chula), siendo además la primera vez (que se sepa) en que trascendió a la prensa su especialización en la trata de menores en Cantabria:
El señor don Eladio Gómez Calderón, Juez de instrucción del partido de Santander, en providencia de hoy declara en sumario por corrupción de menores contra Dolores Sisniega (a) La Chula, tiene acordado se cite por la presente, como desde luego se les cita, á los parientes más próximos de la perjudicada Eloisa Diaz Landeras, de quince años, natural de Cóbreces, partido de San Vicente de la Barquera, hija de Juan y Celedonia, difuntos, para que dentro del término de diez días, á contar desde el siguiente al de la inserción en la Gaceta de Madrid, comparezcan ante este Juzgado de instrucción, calle de Santa Lucía, uno, cuarto, para ofrecerles dicho sumario, apercibiéndoles que en otro caso les parará el perjuicio á que haya lugar en derecho. Y para su inserción en el BOLETIN OFICIAL de esta provincia, expido la presente en Santander á dos de Junio de mil ochocientos noventa y nueve.—Juan Castrillo.
Es decir: se aprovechaba la orfandad de una criatura adolescente para introducirla en un submundo que horrorizaría sin duda a sus difuntos padres y, debido a ello, el Juzgado reclamaba a sus familiares más próximos que acudieran a hacerse cargo de la cría.
Poco después aparece como donante de 25 pesetas a los pueblos castigados por las fuertes nevadas. Y luego viene la detención de una ladrona que le vendió telas robadas el 24 de noviembre de 1894:
Ayer fue detenida y conducida al Principal una mujer llamada Eustaquia Corral Pardo, vecina de esta ciudad, autora de la sustracción de dos retales de seda en el comercio de don Rosendo Diego. Estos retales los vendió la Estaquia en casa de Dolores Sisniega, en la calle de Peñas Redondas, y fueron conocidos por un dependiente del comercio citado, al presentarse allí una costurera preguntando si tenían tela igual.
Hace próximamente ocho días que una mujer llamada doña Sabina Soto fue á la tienda de telas de don Rosendo Diego, que se halla establecida en la calle de San Francisco, á preguntar si en la citada tienda había tela igual á un pedazo que ella llevaba. El dependiente á quien le fue hecha la pregunta conoció que el género que se le presentaba había sido robado de la tienda, pues ya lo habían echado antes en falta y así se lo manifestó á la mujer que dijo entonces que aquella tela se la había dado Dolores Sisniega (a) «la Chula». Preguntó don Rosendo Diego á la Dolores si era cierto lo que Sabina había manifestado y la Dolores contestó que sí, pero que á ella le había sido vendido el género por una mujer cuyo nombre y habitación no conocía. Prometió asimismo la Dolores al señor Diego que le avisaría si volvía la mujer á venderla alguna cosa. Así lo hizo, efectivamente; anteayer por la tarde recibió el señor Diego el aviso anunciado y se trasladó con un guardia á casa de Dolores, donde encontró á la vendedora que había ido á ofrecer otro pedazo de tela de bastante valor que había podido coger. Inmediatamente fue conducida al Principal, donde declaró que se llamaba Eustaquia Corral Pardo, habitante en Puerta la Sierra, 19, 1.º. Negó en absoluto que los géneros que la habían sido recogidos fueran robados, y dijo que se los había dejado en su casa á cuenta del gasto que había hecho, una mujer llama la Josefa, que marchó á Bilbao y cuyo apellido y domicilio ignora.
Y ahora viene la condena a un tercero por hurto en su casa, probablemente donde se ejercía la prostitución (¿sería tal vez un mal cliente de su casa de chicas?):
De conformidad de las partes ha sido condenado Cándido Elizagaray Muñoz, vecino de esta ciudad, como autor de hurto de unos cubiertos de casa de Dolores Sisniega, á 2 meses y un día de arresto mayor y á indemnizar 2 pesetas á la perjudicada, abonándosele la mitad del tiempo de prisión provisional sufrida.
Edicto judicial por prostitución y sustracción – 6 de agosto de 1898:
DON ALEJANDRO DE MEDIA-VILLA Y LOPEZ DEL RIVERO, Juez municipal de esta Ciudad en funciones de instrucción de la misma y su partido. Por el presente edicto se cita y llama a Luisa Lopez, pupila que ha sido de la causa de prostitución en esta ciudad de Dolores Sisniega, que en la actualidad debe hallarse en Madrid, ignorándose la calle en que tenga su domicilio, para que dentro del término de diez días, comparezca ante este Juzgado á declarar en causa sobre sustracción de metálico; apercibida que de no hacerlo dentro de dicho término, que empezará á ser contado desde la inserción del presente en el BOLETIN OFICIAL de la provincia y Gaceta de Madrid la parará el perjuicio á que hubiere lugar. Alejandro de Mediavilla.—El Secretario, J. Gonzalo Pelayo.
Clausura de un burdel y multa del Gobernador Civil
Seguimos en el verano de 1898:
El Gobernador civil señor Manzano, consecuente con su idea de reprimir con mano fuerte los escándalos que producen constantemente ciertas desgraciadas mujeres, ha ordenado que se cierre una casa de lenocinio que tenía una desgraciada llamada Hermelinda Gómez; y para evitar que siga ejerciendo su infame tráfico en esta población, ha dispuesto que salga de la ciudad en el término de tres días. Además de esto, el señor Manzano ha impuesto la multa de 20 pesetas a otra mujer llamada Dolores Sisniega, por presentarse frecuentemente en los sitios más concurridos de la ciudad acompañada de otras que viven en su compañía. De alabar es la conducta de nuestra primera autoridad civil y sus esfuerzos en pró de la moral; alabanzas y felicitaciones que nosotros no le escatimamos y que repetiremos cada vez que el señor Manzano adopte medidas semejantes.
En marzo de 1899, una pupila suya (Luisa López) era buscada de nuevo por los tribunales de Santander, ignorándose su paradero y avisándola en la prensa de que podía ser considerada en rebeldía. El motivo era que presuntamente había robado a Dolores.
Y el 12 de abril, siguiendo unos robos que afectaban a su marido Sinforiano directamente, se ve más perseguida de lo normal por las autoridades judiciales y por la propia prensa. Y hablaremos de esto más en serio y ahora, porque es un capítulo aparte en esta historia.
Ingreso en prisión de la mayor proxeneta de Santander que jamás se ha conocido por un hecho vergonzoso y criminal
Vamos con el ingreso en prisión de la mayor proxeneta de Santander, a primeros de abril de 1899, por un hecho vergonzoso y criminal que desconocemos, pero que vino precedido de una multa bastante gorda para la época. Vemos las dos noticias seguidas:
El señor gobernador civil ha impuesto la multa de 200 pesetas á Dolores Sisniega, ama de una casa de lenocinio que hay en la calle de Peñas Redondas.
A las cinco de la tarde de ayer ingresó en la cárcel una mujer llamada Dolores Sisniega, por resultar complicada gravemente en el hecho criminoso é inmoral de que nos ocupamos hace días. La casa que dicha mujer tenía en la calle de Peñas Redondas ha sido desalojada.
Pero la pregunta es la siguiente: ¿qué clase de guarrada especialmente grave habría cometido esta vez esta señora para que en un periódico oficial como La Atalaya le dedicase semejantes epítetos y el juzgado se decidiera, de una condenada vez, a meter en prisión a esta impresentable? Vamos a ir un poco hacia atrás y ver cómo es posible un ingreso en prisión tan fulgurante cuando esta señora llevaba años y años haciendo todo tipo de fechorías gravísimas:
Hechos graves
Los encargados de la sección de higiene han descubierto un hecho criminal, incalificable, realizado en una casa de la calle de Peñas Redondas. No queremos ocuparnos de él refiriendo las repugnantes circunstancias con que se ha cometido porque al hacerlo ofenderíamos de tal manera a nuestros lectores, que no nos perdonarían la falta. Sólo diremos que, según nos aseguran, el que fue segundo inspector de vigilancia señor Bravo, encargado de aquella sección, parece ser que tuvo conocimiento de que en dicha casa se cometió aquel delito. Conste que no lo aseguramos, pues solamente nos hacemos eco de determinadas versiones que, al parecer, tienen visos de veracidad. El expediente que con tal motivo se ha tramitado por la oficina encargada de la sección de higiene, se ha entregado al señor Juez de instrucción, hallándose esta autoridad instruyendo el correspondiente sumario. De resultar probados los hechos, merecen sus autores severo y ejemplar castigo, á fin de que escarmienten en cabeza ajena aquellas personas que sin respeto a la dignidad, al pudor y a la inocencia, cometen tan bárbaros é incalificables delitos.
Como ya dijimos, el señor juez de instrucción ha comenzado á entender en el grave é inmoral asunto de que ayer nos ocupábamos. Segun nuestras noticias, el celoso juez señor Gómez Calderón tiene el plausible propósito de proceder en este asunto con toda la energía que merece hecho tan repugnante y tan criminal.
¿Qué maldito hecho tan repugnante y criminal e incalificable fue aquél? Pues nos hemos quedado sin saberlo, pero dados los antecedentes de esta hija de Satanás creo que cualquier cosa es posible. Pues estas noticias que vienen a continuación tuvieron lugar justo antes del escándalo explicado anteriormente. ¿Casualidad? Veamos.
Todas estas noticias corresponden a los días 8 y 10 de abril de 1899. Por lo tanto, los dos robos ocurrieron consecutivamente durante la noche del jueves 7 al viernes 8 de abril de 1899. La primera noticia sobre el asalto a la tienda de don Sinforiano Ródenas (titulada «Un robo») se publicó el viernes 8 de abril de 1899, apenas unas horas después de pillar a los ladrones in flaganti. Las ampliaciones de ambas historias, con los nombres y las confesiones de los detenidos en la cárcel, se publicaron en la edición del sábado 10 de abril de 1899. De hecho, en La Atalaya se resume esta sucesión de importantes robos de esta manera:
Ya en nuestro número de ayer adelantamos noticia á nuestros lectores del intento de robo efectuado anteanoche en el comercio de tejidos de don Sinforiano Ródenas. Más adelante daremos otros detalles relacionados con este suceso. Ahora vamos a comunicar a nuestros lectores noticia de otro robo efectuado en la misma noche.
Vamos allá, pues, con nuestros reporteros de entonces, desde la Cárcel de Santander, en esa curiosa segunda semana de abril de 1899:
Primer robo en la misma noche: El robo en el comercio de don Sinforiano Ródenas
Un robo
A eso de las dos y media de la madrugada, el sereno de punto en la calle de Colosía oyó algún ruido en el interior del establecimiento de don Sinforiano Ródenas. Inmediatamente comunicó sus sospechas al jefe y poco después, por disposición de éste, hallábanse tomadas por los serenos las avenidas que rodean el edificio en que aquel establecimiento se halla. Avisado el dueño de éste, acudieron primero algunos de sus dependientes, y más tarde él mismo, y abierta una de las puertas, que mira á la llamada «Fuente del mónstruo» penetraron en la tienda, acompañados de dos serenos, sorprendiendo infraganti á dos individuos que, al oir el ruido de los que entraban, trataron de ocultarse al lado de uno de los escaparates. Sin resistencia se entregaron á los guardias, manifestándoles que en el entresuelo de la tienda se hallaba otro individuo que con ellos había penetrado en el local abriendo con llave una de las puertas.
Los cacos habían ido perfectamente provistos de todos los útiles necesarios para las operaciones que habían de realizar: una linterna semejante á las de los serenos, una gruesa barra, un berbiquí, ganzúas, palanquetas y otras varias herramientas, todas excelentes para el oficio. De todo ello se hicieron cargo los serenos. Cuando éstos entraron en el establecimiento, los cacos estaban á punto de terminar la ruda labor de forzar la caja de caudales, habían ya hecho varios líos de mantillas y otros géneros y también habían reunido alguna cantidad de dinero, extraída sin duda de algún cajón. La inesperada aparición de los dependientes del señor Ródenas y de los guardias puso fin á los trabajos que con toda actividad estaban realizando los intrusos, que seguramente hubieran hecho un buen negocio, si los hubieran dejado hacer. Poco después se presentó al juez y el notario á tomar declaración á los detenidos, que á estas horas habrán pasado á la cárcel. Dos de ellos son forasteros y el otro domiciliado en la calle de San Roque. Lo avanzado de la hora nos impide dar más detalles.
«Algunos nuevos detalles…»
Algunos nuevos detalles podemos comunicar á nuestros lectores respecto al robo de la tienda de don Sinforiano Ródenas. Los tres detenidos se llaman Aquilino Hidalgo Organero, de oficio vendedor ambulante y natural de la Puebla de don Fadrique, provincia de Toledo; el otro Manuel García y García, carpintero, de Madrid, y el tercero Julián Jiménez de la Puente, zapatero y natural de Santander y domiciliado en la calle de San Roque. Al entrar los serenos en la tienda, los citados individuos no hicieron ningún intento de fuga ni de defensa. Uno de ellos, el madrileño, dijo: —Nos entregamos. Habíamos venido á llevarnos todo lo que hubiéramos podido. Nos ha salido mal el golpe. El golpe no hubiera sido flojo. Para cuando fueron sorprendidos ya habían hecho tres líos grandes en los que había mantillas y pañuelos de seda de la mejor clase. En uno de los líos había una pieza de rizo que vale á veinte pesetas la vara. Es probable que hubieran hecho nuevos líos sino les interrumpen tan, para ellos, inoportunamente. También trataron de forzar la caja de caudales. Probablemente, si llegan á conseguirlo, se hubieran quedado desencantados, pues en la caja no había lo que ellos creían. Según nuestras noticias la cantidad que había en la caja ascendía a poco más de 800 pesetas.
Ayer se hizo un reconocimiento en la casa de la calle de San Roque en que habita uno de los detenidos. En ella se encontró gran cantidad de perforadoras, berbiquíes, barras, palanquetas y otros útiles del oficio. Además se encontró un gran pedazo de cera de la que usan para sacar moldes de cerraduras (para sacar estampas, como dicen los estampistas). Por las gestiones que ayer se han hecho, se ha sacado la deducción de que hay muchos comprometidos en el golpe. Como prueba podemos citar que momentos antes de descubrirse lo que sucedía, se vió a un hombre vigilando la puerta del Gobierno civil; a otros se les vió ocultos en la parte oscura de la Plazuela del Príncipe. Además de esto, a la hora en que se daba el golpe, se recibió aviso en el Principal de que en la calle de los Pirineos se estaban pegando varios hombres haciendo uso de armas blancas, habiendo ya varios tendidos en el suelo. Esto se hizo con objeto de llamar la atención de los serenos hacia aquel sitio, muy alejado del comercio del señor Ródenas, con objeto de que los cacos realizasen la operación con toda tranquilidad.
Como vemos, la labor de los serenos, tan útil y que debiera recuperarse, complementaba muchísimo la de la propia Policía, tan corrompida además, y a unas horas en las que hay menos vigilancia y transeúntes. Y vemos también cómo actúan en grupos, los serenos, como es lógico, ayudándose unos a otros en momentos de alerta y peligro. Y vamos ahora con las nuevas detenciones:
Ayer fue detenido un individuo llamado Eusebio Mora, de quien se supone que tiene gran participación en el «negocio». El detenido ingresó en la cárcel. Otra prueba de que hay muchos cómplices (y de que tal vez haya en Santander una compañía), es que ayer han desaparecido muchos individuos sospechosos, a quienes la policía buscó para interrogarles. Otros muchos detalles podríamos comunicar a nuestros lectores, pero nos lo veda el estar el asunto sub judice. No terminaremos nuestra información sin enviar un aplauso á la policía en general, tanto municipal como gubernativa y sobre todo á la guardia municipal nocturna y á su jefe el señor Feijóo, quien desde hace tiempo había dado instrucciones á los serenos para vigilar cuidadosamente el comercio del señor Ródenas, pues ya él tenía sospechas de que se intentaba un golpe de mano sobre dicho establecimiento. Las instrucciones del señor Feijóo han dado un magnífico resultado, el de coger en la ratonera á los cacos, que esta vez han sido más torpes que la policía.
Otro robo efectuado en la misma noche: el robo en la taberna «La Carmencita»
Y va de robos
Ya en nuestro número de ayer adelantamos noticia a nuestros lectores del intento de robo efectuado anteanoche en el comercio de tejidos de don Sinforiano Ródenas. Más adelante daremos otros detalles relacionados con este suceso. Ahora vamos a comunicar a nuestros lectores noticia de otro robo efectuado en la misma noche.
El robo se efectuó entre once y doce de la noche en el establecimiento de bebidas propiedad de don Modesto Sánchez titulado «La Carmencita», situado en Cuatro-Caminos, en la casa nueva que hay á la entrada de la carretera que conduce á la plaza de toros. Los ladrones se llevaron 45 pesetas en plata y calderilla, un reloj de plata con las iniciales M. S., cajetillas de cigarros, puros (pues en el establecimiento hay también estanco), chorizos, longanizas y salchichones en buen número. Los ladrones hicieron la operación con gran tranquilidad, llevándose lo que mejor les pareció. Además tuvieron tiempo para comerse un guiso de carne que había en la cocina y tomaron café que había en una cafetera.
Según parece, los ladrones rompieron para entrar al establecimiento un cristal de una vidriera que desde el portal dá al establecimiento. Por allí entraron y por allí salieron sin que nadie les molestase. El robo fue advertido al abrir el establecimiento ayer por la madrugada. Los dueños dieron cuenta del suceso en el cuerpo de guardia municipal. Al entrar de guardia los municipales, el jefe señor Fernández dispuso que algunos de ellos se dedicaran á practicar las oportunas gestiones. El cabo de la guardia municipal Lorenzo Rozas detuvo, a las ocho de la mañana, en la bajada del Caleruco (barrio de Pronillo), a un individuo de 22 años, llamado Juan José Coterillo, de oficio zapatero. En este individuo recaían vehementes sospechas de que fuera uno de los autores del robo o de que por lo menos tuviera en el suceso muy importante participación, pues en días anteriores se le había visto rondar por las inmediaciones de «La Carmencita» y tomar medidas como para realizar un escalo. El detenido fue conducido al principal donde fue interrogado por el señor Fernández, negando que tuviera participación en el suceso. Ingresó, sin embargo, en la prevención hasta ver el resultado que daban las gestiones que se hacían en busca de otro llamado Emilio Villa Abascal, de 14 años, de quien también se sospechaba. Este muchacho fue detenido en el pueblo de Maliaño por Vicente Gutiérrez Oria y Cesareo Juntader Teja, quienes al ver que gastaba mucho dinero en una taberna sospecharon que procediera de algún robo. Interrogaron hábilmente al muchacho, y aunque este al principio negó, confesó más tarde que en efecto había cometido un robo. Entonces le condujeron á Santander y le llevaron al Principal.
Allí declaró que había entrado en «La Carmencita» á las once de la noche acompañado de otros dos muchachos llamados José Villalaveitia y Jesús Lavín, ambos de quince años, siguiendo las instrucciones que les dio Juan José Coterillo Bedia (el primer detenido). Este les enteró de lo que debían hacer para cometer el robo, y les dijo que en recompensa le diesen después algunos salchichones y el dinero que quisieran. El muchacho detenido entregó en el Principal veinte pesetas sesenta céntimos, el reloj de plata, algunas cajetillas y dos pañuelos. Dijo que cerca del puente de Cajo habían escondido las longanizas y salchichones que habían robado. Fue acompañado de un guardia hasta Cajo con objeto de que designara el sitio en que estaba lo robado. El muchacho lo designó y allí se encontraron once salchichones y cinco longanizas que fueron trasladadas al Principal y más tarde al Juzgado. Los dos detenidos pasaron á la cárcel á disposición del señor juez de instrucción. La policía busca con actividad á los otros dos muchachos que están complicados en este robo.
La conclusión de estos extraños sucesos: ¿estaba Dolores Sisniega en el punto de mira de las fuerzas vivas de Santander?
La conclusión que yo saco de todo esto es que esta mujer tan infame y tan reincidente en escándalos de tipo sexual, con su piso de lujo (¿o pisos?) en la Calle Peñas Redondas, debía de haber tocado hueso en algún intento de chantaje que se les fue de las manos y que atrajo de lleno toda la atención de las fuerzas vivas de la Policía, la prensa (normalmente silente o no muy colaboradora en contarlo todo), la Justicia, de la sección de Higiene del Ayuntamiento de Santander (que de pronto hicieron un descubrimiento terrible en la casa de lenocinio de Dolores Sisniega). Y hasta las bandas de rateros más numerosas y organizadas, aunque muy poco afortunadas al final, de pronto, sintieron unos grandísimos deseos de robar, en cuestión de horas, en dos negocios boyantes de Santander. ¿Tenían estos intentos de robo alguna relación con esta más que presuntamente reincidente corruptora de menores? ¿Estaban buscando algo más valioso para alguien que el botín normal de uno de estos allanamientos? Tal vez alguna carta comprometedora, como las que más tarde sirvieron a Teodosio Ruiz y su gente para demostrar que un agente de la Policía secreta de Santander era un corrupto (y al parecer había también otra carta que implicaba al propio Comisario en algo muy sucio)
Todo esto parece el típico plan de operaciones en el que las propias cloacas policiales de un lugar lanzan a sus sospechosos habituales a un golpe seguro en el que hay buen botín y, por otro lado, los detienen a continuación para requisarles lo que les interesa de todo lo afanado. Pero lo más interesante es la labor entusiasta en la persecución municipal, judicial y periodística de los más horribles escándalos de tipo sexual en la casa de prostitución de Dolores Sisniega, justo después de haber sufrido su marido la acción de los cacos. Todo esto no pueden ser casualidades. Pretender volcar a la susodicha y arrebatarle lo conseguido en sus reconocisímas labores de proxeneta, con robos organizados, no parece lógico si uno ve la sucesión de eventos y sus consecuencias:
8 de abril: robo en el negocio de Sinforiano y primeros detenidos.
9 de abril: más detenciones y robo en otro negocio. Se publica el hecho grave que tuvo lugar en la casa de lenocinio de Dolores Sisniega. El escándalo sexual horrendo, innombrable e innombrado, en la casa de prostitución de Dolores Sisniega, que resulta multada con 200 pesetas.
En los días siguientes, además, vemos la celeridad de la condena de esta mujer y la clausura de su casa de prostitución. Y todo esto en cosa de unos poquísimos días que debieron ser muy intensos, en especial, para esta señora de tan mala reputación, pero acaso también para otras personas que de alguna manera movieron de pronto todos los hilos posibles para ir contra Dolores.
Más robos contra Dolores Sisniega
Ante la Sección primera se vió ayer en juicio oral la causa instruída en este Juzgado contra Amada Inisterra Izquierdo, acusada de haber sustraído de una cartera 3.840 reales en billetes del Banco, propiedad de Dolores Sisniega, de cuya casa de lenocinio estaba aquélla encargada y en tal concepto guardaba las llaves. El señor Abogado fiscal pidió se impusiera á la sumariada, por haber mediado grave abuso de confianza, la pena de cinco años y seis meses de prisión é indemnización de la cantidad sustraída. La defensa interesó la absolución por no resultar probada la preexistencia de aquella cantidad, y mucho menos que la Amada la sustrajera.
Y seguimos con escándalos por corrupción de menores en octubre de 1899:
El señor don Eladio Gomez Calderón, Juez de instruccion de Santander y su partido, en providencia de hoy dictada en sumario instruido por corrupcion de menores contra Dolores Sisniega Peña, tiene acordado se cite por la presente, como desde luego se cita, á Adriana Lopez Alonso, madre de Ramona Castro Alonso, que se dice vecina de Vigo y á la madre ó representante legal de María Aspiazu Rementería, natural de Marquina, hija de José y Clara, para que dentro del término de diez días, á contar desde el siguiente al de la insercion en la Gaceta de Madrid, comparezcan en este Juzgado de instruccion, Santa Lucía, uno, cuarto, para recibirlas declaración y ofrecerlas las acciones del sumario á los efectos del artículo ciento nueve de la Ley de Enjuiciamiento criminal, apercibidas de que de no hacerlo incurrirán en la multa de cinco á cincuenta pesetas. Y para su inserción en el BOLETIN OFICIAL, se expíde la presente en Santander á tres de Octubre de mil ochocientos noventa y nueve.—El Secretario, Juan Castrillo.
En mayo de 1900 tuvo muchos líos en los juzgados de Santander, empezando por lo que más la caracterizaba:
Audiencia provincial de Santander y de la Sección primera de la misma. Hago saber: Que en el sorteo celebrado ante dicha Sección, han sido designados como jurados que han de conocer en el actual cuatrimestre de las causas correspondientes al partido de esta ciudad seguidas contra José López por robo, María Sanchez por robo, Francisco Gerru por rapto, Venancio Arce por detención arbitraria y abusos deshonestos, Francisco Mazas por homicidio, Dolores Sisniega por corrupción de menores, Dionisio Abad por robo, José Corta por robo, Aniceto Solana y otros por robo, Francisco Chico por robo y Basilio Alvarado por falsedad; los que á continuación se expresan. debiendo comparecer ante aquella en esta capital los días siete, ocho, nueve, veinticinco, veintiseis, veintiocho y veintinueve de Mayo y seis, siete, ocho y nueve de Junio del corriente año á las diez de la mañana para conocer de dichas causas.
El mismo mes de mayo la vemos reclamar el pago en especie de una deuda que contra ella había contraído la señora Josefa Gómez Toro. Unos bienes masivos para la época que se iban a sacar a subasta a favor de la proxeneta:
EDICTO – DON ELADIO GOMEZ CALDERON, Juez de primera instancia del partido de Santander. En méritos de diligencias de ejecución de sentencia dictada en juicio declarativo de menor cuantía que sobre pago de cantidad promovió el procurador don Pablo Polidura, en nombre de doña Lorenza Dolores Sisniega Peña, contra doña Josefa Gómez Toro, se sacan á pública subasta por término de ocho días, los siguientes bienes: Un espejo cuerpo entero, forma cuadrada y marco dorado, con copete imitando un jarrón de flores, tasado en ciento cincuenta pesetas.—Cuatro cuadros en veinte pesetas.—Una mesa de centro en cuarenta pesetas.—Un armario en treinta pesetas.—Un lavabo en veinte y seis pesetas.—Siete camas de hierro en ciento cinco pesetas.—Siete colchones de muelles en ciento cinco pesetas.—Dos colchones de lana en veinte pesetas.—Tres divanes tapizados de muelles en cuarenta y cinco pesetas.—Seis pares de cortines con sus galerírs en cuarenta y ocho pesetas.—Ocho mesas de noche con piedra de mármol en setenta y dos pesetas.—Tres lavabos de pino con piedra de mármol en sesenta pesetas.—Seis cuadros de comedor, pintados al óleo, en quince pesetas.—Dos mesas de comedor, grande, de madera de pino en treinta pesetas.—Un espejo de pared, de cuerpo entero, forma cuadrada, marco dorado con copete negro, en veinte pesetas; haciendo todos los muebles un total de setecientas ochenta y seis pesetas. Por esta suma se ponen los expresados bienes en venta, señalándose para la subasta, que tendrá lugar en la Sala de Audiencia de este Juzgado, el día cuatro del mes de Junio próximo, á las once de la mañana; advirtiéndose que no se admitirá postura que no cubra las dos terceras partes de la tasación, y que para tomar parte en la subasta deberán los licitadores consignar previamente en la mesa del Juzgado ó la Caja general de depósitos el diez por ciento efectivo del valor de los bienes, sin cuyo requisito no serán admitidos.—Dado en Santander veintidos de Mayo de mil novecientos.—Eladio Gómez Calderón.—El Escribano, J. Gonzalo Peyo.
El Correo de Cantabria – 25 de junio de 1900:
Días 26.—Idem del mismo contra Dolores Sisniega Peña, por corrupción de menores; defensor, señor Saro; procurador, señor Ruiloba.
En mayo tuvo otro lío en el que la defendió un tal Botín y el día de uno de sus incontables juicios se encontraba enferma, al parecer, por lo que el tema fue aplazado. Y luego viene otra noticia que no puede pasar desapercibida, por eso de la facilidad con la que estas redes y estas víctimas de la trata fluyen por diversas provincias. Y veremos que la chica Aspiazu Rementeria ya había sido citada anteriormente, seguramente como una víctima de la red de trata de menores de Dolores Sisniega, ya que en 1899 se reclamaba la personación en la causa de su madre o de un representante legal.
La movilidad de las pupilas de las casas de prostitución
El señor Juez de instrucción del partido, en providencia de hoy, dictada en carta orden de la Superioridad en causa por corrupción de menores contra Dolores Sisniega, tiene acordado citar como desde luego se verifica á Rosa Lopez, Maria Aspiazu Rementeria, Carmen Quintanilla y María Díaz Landeras, las cuales han residido la primero en Torrelavega, las dos siguientes en Bilbao y la última en Vitoria y hoy se cree se halle en San Sebastián, ignorándose el paradero de las demás, con el fin de que el día veinte y seis de actual á las diez de su mañana comparezcan ante la Sección 1.ª de la Audiencia provincial de esta capital, para asistir á las sesiones del juicio oral de referida causa apercibidas, que de no hacerlo las parase el perjuicio á que hubiere lugar en derecho.
La trata de blancas: Resoluciones de la Conferencia internacional
El ministro de Justicia ha cerrado las sesiones de esta Conferencia con un discurso sumamente laudable para los trabajos realizados, los cuales ya no hay duda de que serán la base de una legislación internacional referente á esta grave materia. El protocolo final propone las reformas siguientes: 1.º Será castigado con penas rigurosas quien quiera que, para satisfacer las pasiones de otro contratado, inducido ó extraviado, aunque fuere con su consentimiento, á una joven menor de edad con ánimo de entregarla al libertinaje. 2.º De igual modo será castigado quien, por medio de violencias, amenazas, abuso de autoridad, imposición ó engaño, contratare, indujere ó extraviare á una mujer ó joven menor de edad con ánimo de entregarla al libertinaje. 3.º Los referidos actos serán penables aunque sus diversos elementos constitutivos se realicen en países diferentes. 4.º Será castigado con penas más rigurosas quien retuviere á una mujer ó á una joven en cualquier casa de libertinaje ó quien, conforme á lo previsto en los números 1 y 2, hubiere transportado al extranjero con ánimo de libertinaje. 5.º Las autoridades judiciales ó administrati- [Imagen 9] Jueves 31 de julio de 1902 vas estarán investidas del derecho de asegurar por medidas provisionales la protección de las víctimas del delito en especial de confiarlas, si hubiere lugar, sea á instituciones de asistencia pública ó privada, sea á personas que ofrezcan todas las garantías necesarias. 6.º Los estados representados se comunicarán recíprocamente noticia de las condenas impuestas, delito de trata de blancas, cuando este delito tuviere un carácter internacional. 7.º La condena en costas judiciales podrá extenderse al reembolso de los gastos de repatriación de las mujeres ó de las jóvenes contratadas, inducidas ó extraviadas. Además de estas resoluciones de carácter legislativo ha adoptado la Conferencia una serie de resoluciones administrativas encaminadas á la protección de las jóvenes menores de edad, así como de las mujeres mayores. La diferencia fundamental que de toda esta doctrina parece deducirse es que hay una protección especial para la joven menor que se prostituye, aunque sea con su propio consentimiento; mientras que esta protección, cuando se trata de mujeres mayores de edad, sólo comprende el caso de ser engañadas ó permanecer en tal situación á pesar suyo. En todas las estaciones de ferrocarriles, especialmente en las fronterizas y en los puertos de mar, se ejercerá una vigilancia constante y activa para descubrir á los traficantes de este negocio. La policía dispondrá del telégrafo y de todos los medios de información y notificación rápida. El procedimiento para la transmisión de comisiones rogatorias y demás comunicaciones entre autoridades de diversos países podrá ser directa entre los tribunales de justicia ó mediante la vía diplomática ó consular. Finalmente los delitos definidos en esta convención se consideran incluídos en la lista de los que dan lugar á extradición conforme á los tratados internacionales vigentes.
Juicio y condena por corrupción de menores de Dolores Sisniega
En la Sección primera se vió ayer la causa por jurados contra Dolores Sisniega por corrupción de menores. El jurado dió veredicto de culpabilidad y el tribunal de derecho la condenó á dos años de presidio correccional, accesorias y costas.
Una condena por estafa de esta mala mujer:
Han sido condenados: […] Angela Gómez Mazorra, a seis meses de arresto mayor por cada uno de cinco delitos de estafa á Marcelino Diego, Emilio Bolado, María Mediano, Asunción Díaz y Dolores Sisniega, y á dos meses de igual arresto por otra estafa á Emilia Barquín, con las accesorias, indemnización y costas.
En junio de 1914, con la primera guerra mundial ya empezada, esta desvergonzada bruja pasó a la historia de una vez, siendo olvidada del todo cuando sus víctimas y su entorno social se fueron también con ella a dar el paseo, como se dice en Colombia cuando uno se muere. Sacamos su obituario del Periódico La Región cántabra, semanario republicano democrático federal de intereses regionales de Cantabria (13 de junio de 1914):
Sección: Movimiento demográfico – DISTRITO DEL ESTE «Día 12.—Nacimientos: varones, 1. Defunciones: Obdulia San Juan Cámus, de cinco meses, pueblo de Cueto, barrio de Pereda, número 15; Isabel Gándara Durante, de 78 años, Tantín, 5, duplicado, 1.º; Dolores Sisniega y Peña, de 52 años, Arrabal, 23, 1.º. Matrimonios, uno.»
Esquela de un familiar (su yerno) en Santander, 29 de abril de 1921, cuando esta bruja ya hacía tiempo que yacía en la fría tumba:
El Señor D. Juan Santiago Sierra (SOCIO DE LA «MUTUALIDAD OBRERA MAURISTA») Falleció ayer, 29, a las cuatro de la tarde […] R. I. P. La MUTUALIDAD OBRERA MAURISTA; su esposa, doña Carmen Vivas; hijos, Enrique, Soledad y Juan; padres, don Juan y doña Asunción; madre política, doña Dolores Sisniega; hermanos, Vicente y Dolores; hermanos políticos, tíos, primos y demás parientes. SUPLICAN a sus amistades encomienden su alma a Dios…
Descanse en paz esta señora.
Suceso extraño: una moza se arroja por el balcón en la zona de prostitución de Dolores Sisniega
Anoche, á las nueve y media próximamente, una pupila de una casa de lenocinio situada en la calle de Peñaredondas, número 1, se arrojó a dicha vía desde un balcón del segundo piso. Varios vecinos la recogieron y en una silla fué llevada á la Casa de socorro, donde fue reconocida y curada de primera intención por el médico de guardia. Presentaba la dislocación del brazo izquierdo por el codo y la fractura del húmero del mismo lado. Á las preguntas que se la dirigieron acerca de cuál fue el móvil que la impulsó á tomar tan desesperada determinación, contestó que lo había hecho por no poder aguantar los malos tratamientos que se la daban. Esto mismo dijo al Juez señor Gómez Calderón…
Sin embargo, algunas mujeres de la misma casa y otras que llegaron después, aseguraban que la individua en cuestión había querido fugarse de la casa, en la cual debía algunos duros, pues hacía pocos días que se hallaba allí de nuevo después de haber vivido anteriormente algún tiempo en dicha casa. También dijeron que antes de arrojarse había tirado a la calle un lío de ropa que recogió un muchacho que la esperaba. La desdichada, que se llama Josefa López y tiene 19 años, fue conducida al hospital de San Rafael en coche. Al salir de la Casa de socorro se reunió en la calle de la Compañía un gran grupo de gente, entre la que se discutía los motivos de tan extraño suceso.
Es un relato bastante revelador: primero recoge la versión de la joven (que se lanzó por los malos tratos), y después la contrapone con la versión de las mujeres de la casa, que afirman que intentaba huir porque debía dinero. Esa estructura de presentar versiones contrapuestas es típica de la prensa de la época.
Y no fue la única, por desgracia. María Rodríguez fue otra moza en esta tremenda situación y que se arrojó una noche por una ventana. ¡Y en la misma zona de Peñas Redondas!
A las cinco de la madrugada de ayer, una joven de 18 años, llamada María Rodríguez, pupila de una casa de lenocinio en la calle de Peñas Redondas, se arrojó á la calle desde la ventana de un tercer piso, produciéndose una fractura en el tercio inferior de la pierna izquierda y gran contusión en la región lumbar. Fue trasladada á la Casa de socorro y desde allí al Hospital de San Rafael.
Clausura de otro burdel y multa del Gobernador Civil
Otras brujas proxenetas, tal vez competidoras de Dolores Sisniega, eran las siguientes:
Día 14.—El del de Santander (E.), contra Miguel Fernández, por robo. Defensor, señor Campo; procurador, señor Reguero. Día 15.—El del de Santander (O.), contra Pilar Camporredondo y otras, por corrupción de menores. Defensores, señores Ruano y Torres; procuradores, señores Aurreche y Urbieta. Día 17.—El del de Santander (O.), contra Lorenza Alvarez y otras, por corrupción de menores. Defensores, señores Agüero, Ruano y Torres; procuradores, señores Urbieta y Escudero. Día 19.—El del de Santander [recortado] contra Rosaura Eguren, por corrupción de menores. Defensor, señor Torres; procurador, señor Alvarez.
Un juicio por aborto en Cantabria en el siglo XIX: un tema nada habitual
Relación de más juicios de este tipo:
Día 2.—El del de Reinosa contra Calixto Sainz y otros, por aborto. Defensores, señores Cuerdo y Mateo; procuradores, señores Cué y Urbieta. Día 12.—El del de Santander (E.), contra Claudio García, por robo. Defensor, señor Molino; procurador, señor Castro. Día 14.—El del de Santander (E.), contra Miguel Fernández, por robo. Defensor, señor Campo; procurador, señor Reguero. Día 15.—El del de Santander (O.), contra Pilar Camporredondo y otras, por corrupción de menores. Defensores, señores Ruano y Torres; procuradores, señores Aurreche y Urbieta. Día 17.—El del de Santander (O.), contra Lorenza Alvarez y otras, por corrupción de menores. Defensores, señores Agüero, Ruano y Torres; procuradores, señores Urbieta y Escudero. Día 19.—El del de Santander (O.), contra Rosaura Eguren, por corrupción de menores. Defensor, señor Torres; procurador, señor Alvarez. Día 21.—El del de Santander (E.), contra José Gijón Moya, por parricidio. Defensor, señor Mateo; procurador, señor Urbieta.
Caso absolutorio:
Ayer continuaron las sesiones del juicio oral ante el Tribunal del Jurado de la causa procedente del Juzgado del Este, seguida contra María Pardo y Lorenza Mellado por el delito de corrupción de menores. El Jurado pronunció veredicto de inculpabilidad, y la Sección de Derecho dictó sentencia absolviendo á las procesadas.
Un día cualquiera en los juzgados de Santander del siglo XIX
Relación de los juicios que han de verse en esta Audiencia en el próximo mes de marzo, con designación de sus defensores y procuradores:
Días 4 y 5.—El procedente del Juzgado de Reinosa, seguido contra Mariano González y otros, por homicidio. Defensores, señores Ruano, Morante y Herrero; procuradores, señores Báscones, Escudero y Carreras. Día 6.—El del de Castro Urdiales, contra Lucía Garay y otros, por corrupción de menores. Defensor, señor Mateo; procurador, señor Escudero. Día 7.—El del de Castro Urdiales, contra Lucía Garay y otros, por corrupción de menores. Defensor, señor Solano; procurador, señor Báscones. Día 11.—El del de San Vicente de la Barquera, contra Paulo Sánchez, por homicidio. Defensor, señor Torre Setién; procurador, señor Uslé. Día 12.—El del de San Vicente de la Barquera, contra Severino Peláez y otro, por robo. Defensor, señor Barca; procurador, señor Piñal. Días 14 al 16.—El del de Cabuérniga, contra José Vega, por homicidio. Defensores, señores Agüero y Parets (don M.); procuradores, señores Escudero y Cué. Día 18.—El del de Santander (E.), contra Joaquín Domínguez, por lesiones. Defensor, señor Solano; procurador, señor Escudero. Día 18.—El del de Torrelavega, contra Jesús Gómez, por lesiones. Defensor, señor Valmaseda; procurador, señor Alvarez. Día 20.—El del de Santander (O.), contra Evaristo Marqués, por contrabando. Defensor, señor Carro; procurador, señor Aurreche. Día 20.—El del de Santander (E.), contra Jesús Rodríguez, por estafa. Defensor, señor Gutiérrez; procurador, señor Alvarez. Día 21.—El del de Santander (O.), contra Francisco Gutiérrez, por estafa. Defensor, señor Setién; procurador, señor Reguera. Día 19.—El del de Santander (E.), contra Juan Cotillo, por atentado. Defensor, señor Montero; procurador, señor Báscones. Día 20.—El del de Santander (O.), contra Felipe Cayón y otros, por robo. Defensores, señores Botín y Díaz; procuradores, señores Uslé y Medina. Día 21.—El del de Santander (O.), contra Francisco Mardones y otros, por robo. Defensores, señores Montero, Meana y Torres; procurador, señor Alvarez. Día 22.—El del de Santander (O.), contra Dolores Hernández y otros, por corrupción de menores. Defensores, señores Cuerdo, Lama y Mateo; procuradores, señores Alvarez, Ruano y Báscones. Día 25.—El del de Santander (E.), contra Domingo Campo, por robo. Defensor, señor Agüero; procurador, señor Alvarez. Día 26.—El del de Santander (E.), contra Vicente López, por homicidio. Defensor, señor Cuerdo; procurador, señor Alvarez. Día 27.—El del de Santander (O.), contra Felisa Rodríguez, por corrupción de menores. Defensor, señor Bengoa; procurador, señor Aurreche. Día 29.—El del de Santander (E.), contra Josefa Castro, por homicidio. Defensor, señor Mateo; procurador, señor Alvarez.
Otra corruptora de menores en Santander: Rosaura Eguren
Era planchadora y estaba casada y vivía en Santander. Probablemente tenía ciertos orígenes familiares vascos, por los apellidos, aunque su padre era de Carandía. Fue el suyo un nombre recurrente en los bajos fondos de la peor prostitución de Santander.
El señor Juez de instrucción del distrito del Oeste de la ciudad de Santander, en providencia dictada en cumplimiento de carta orden de la Superioridad referente a causa por corrupción de menores contra Rosaura Eguren Alonso, tiene acordado que se cite en forma legal á los sujetos que luego se dirá para que el día diez y nueve de junio próximo, á las diez, comparezcan ante la Audiencia provincial de Santander á declarar como testigos en las sesiones del juicio oral de dicha causa. Y para llevar á efecto las citaciones acordadas, expido la presente cédula; bajo apercibimiento de que de no comparecer los testigos sin justa causa que se lo impida incurrirán en una multa de cinco á cincuenta pesetas. Arturo Ruta y Tomasa Rey; vivían San Fernando, número veintidós. Santander catorce de mayo de 1909.—El Secretario, J. Gonzalo Pelayo. REQUISITORIA […] causa criminal sobre corrupción de menores contra Rosaura Eguren Alonso y otros, que habitó en la travesía de Burgos, diez y seis, primero, y cuyo actual paradero se ignora, se cita, llama y emplaza á la misma á fin de que dentro del término de diez días, á contar desde la inserción de esta requisitoria en la Gaceta de Madrid, comparezca ante este Juzgado para la práctica de una diligencia de justicia; apercibida de que si deja de verificarlo será declarada rebelde y la parará el perjuicio á que haya lugar con arreglo á derecho. Al propio tiempo, en nombre de S. M. el REY don Alfonso XIII (q. D. g.) ruego y encargo á las autoridades, fuerza pública y agentes de la policía judicial procedan á la busca, captura y conducción ante este Juzgado de referida procesada, la cual es hija de Sixto y Amalia, natural de Carandía, oficio planchadora, de veintinueve años, casada y vecina de esta ciudad. Dada en Santander á quince de abril de mil novecientos nueve.—Carlos de G. Puelles.
Estas organizaciones de la trata de blancas eran no sólo interprovinciales, sino internacionales
Entre los muchos abusos que están cometiendo los patrones de los buques que hacen el comercio entre España y Argelia, (comercio legal en algunos casos, pero que muy frecuentemente tiene por base principal ó única el contrabando á España, es muy general el traer ilegalmente á Argelia pasajeros sin el conocimiento ó la anuencia oficial de las Autoridades españolas. Así traen á criminales, á mozos sorteables y prófugos del servicio militar y á mujeres sin la debida autorizacion de sus maridos ó padres: estos pasajeros desembarcan clandestinamente y van al interior, sin que sea posible por tanto á los Cónsules el cumplir con las órdenes del Gobierno sobre estas diversas materias. Muchos vienen indocumentados ó con cédulas de vecindad sustituidas, de las que se hace un comercio; hasta se me han presentado hombres portadores de cédulas otorgadas á mujeres. Hay patrones que especulando sobre esta trata de blancos para obtener pasajeros hacen correr la voz en España de que toda persona puede hallar a su llegada en Argelia jornales de tres a cinco francos; y multitud de infelices vienen constantemente á sufrir un cruel desengaño, los que pueden regresar; los demás, agotados sus recursos, llevan una vida precaria, duermen á la intemperie, padecen privaciones, enferman y solicitan del Cónsul auxilios y repatriaciones. En los últimos cinco meses desde Julio hasta Noviembre inclusive, han fallecido en este distrito, sin abrazar el de Orán, 251 españoles, casi en su totalidad de miserias, según las actas de defunción obtenidas y sin contar á los muchos cuyas actas no han podido obtenerse por falta de su identificación de nacionalidad española. Instituciones benéficas En París, calificado de Babilonia moderna, centro de todas las corrupciones, donde no hay vicio sin altar ni sacerdotes que dejen de sostener el culto, cuyas concupiscencias describen magistralmente los que le conocen, entre ellos la brillante pluma de Emilio Zola, se encuentran también ejemplos de grandes virtudes é instituciones caritativas y humanitarias, en lucha perpetua con aquellos vicios y sus perniciosos resultados. Una de esas instituciones es la Asociación internacional de defensa de las Jóvenes Pobres, recientemente constituída, y cuyo generoso fin es proteger á las muchachas contra la prostitución, arrancándolas del camino del lupanar para guiarlas por el más honrado y más humano del hogar y de la familia, que haga de ellas, en su día, excelentes madres y fieles y amantes esposas, útiles á la sociedad. El Gobierno francés presta decidida protección á tan benéfico pensamiento y votará, para que pueda realizarse, un crédito importante en proporción á los gastos que demanda. La trata de blancos que llevan jóvenes europeas á la América del Sur; que proveen el mercado de bellezas de los caprichosos millonarios londinenses; que facilitan la corrupción de inocentes niñas, engañadas por sus infames explotadores, tendrán en la nueva institución un vigilante que no se descuidará para disputar su presa al vicio, sin perdonar medios para vencerle. Existe allí también otra no menos notable y humanitaria institución que tiene por objeto prestar auxilio á las madres y sus hijos en las seis semanas siguientes al alumbramiento, evitando á las primeras que por escasez de recursos se vean en la necesidad de dedicarse a sus quehaceres ordinarios, algunos de los cuales, por el esfuerzo físico que exigen ó la clase de trabajo que significan, producen con frecuencia alteraciones graves en la salud de la madre que redundan necesariamente en perjuicio del recién nacido.
Esta asociación, que lleva ocho años de existencia, ha prestado servicios á más de cinco mil madres, calculándose en dos mil el número de niños que le deben la existencia. Mujeres de alta posición social son las que administran y rigen la institución y contribuyen con sus valiosos donativos á sostenerla, contándose también con una pequeña cuota que satisfacen los asociados y con subvenciones de las municipalidades, como la de París, donde se halla establecida. El gremio que mayor contingente aporta á la sociedad es el de costureras y se trabaja para que los beneficios de aquélla se extiendan á todos los demás en que el trabajo de la mujer puede considerarse dañoso para las delicadas funciones de la maternidad en sus seis primeras semanas. De desear es que en nuestra ciudad de Santander la caridad crease una institución parecida á estas francesas de que damos cuenta.
Las víctimas de cuatro ó cinco mil mercaderes dedicados á la trata de blancos
Las leyes prohibitivas ó restrictivas de la emigración, existentes hoy ahí, sólo sirven para excitar el apetito de infelices, víctimas de cuatro o cinco mil mercaderes dedicados á la trata de blancos, y que esparcidos por capitales y aldeas, hacen su agosto sin que, á pesar de ser bien conocidos por las autoridades, éstas pongan coto á tan vil como denigrante comercio, consiguiéndose con eso dejar en la orfandad á sus hijos ó hermanitos, y á vastas llanuras de tierra que ya no tendrán quien las haga fructificar. Debía ser hora de que el pueblo español prestara preferente atención á este asunto repetidas veces mostrado por emigrantes en la Argentina, Panamá, Brasil, etc., etc., víctimas de engaños que sin dinero y sin salud han vuelto, muy pocos por fatalidad, al lado de sus familias, y en cuya excursión sólo han podido advertir que la tierra de España a quien la trabaja da riquezas como las que brindan Cuba, Argentina y otros más pueblos de América. Actitud del Gobierno es esta inexplicable, tanto más cuanto que quedándose sin población ricas regiones de España, los magnates que han sido elevados por el pueblo á los altos sitiales que ocupan y que del pueblo viven, vuelven la espalda de la indiferencia á intereses tan vitales y de mucha trascendencia en día no lejano.
Robos y desmanes producidos por la prostitución en Santander en el siglo XIX
Ya hemos contado algunos casos de este tipo de hechos desgraciados, unidos a la ya de por sí desgraciada prostitución, no eran exclusivos del alegre y próspero Santander del siglo XIX y aquí os ponemos algunos ejemplos que trascendieron en la prensa local montañesa.
Según leemos en los periódicos de Sevilla, la noche del domingo un soldado del regimiento de Extremadura penetró en una casa de lenocinio de la calle Muro de las Catalinas, y como tratara de hacer gastos sin llevar dinero alguno, no pudiéndolo conseguir, promovió grande escándalo que dió por resultado el que le arrojaran de la mencionada casa. Ya en la calle el soldado, quiso vengar en alguien las ofensas que dentro de la referida casa se le hicieran, y acercándose á una de las ventanas llamó, para hablarla, á una joven pupila y cuando la tuvo á su alcance, sin otras palabras, la asestó una puñalada en el cuello que le produjo gravísima herida, después de lo cual emprendió la fuga precipitadamente. La infeliz Dolores Medina Jiménez, que así se llama la víctima, fué auxiliada por el ama de la casa y varios transeuntes, trasladándola éstos inmediatamente á la Casa de socorro, donde se le practicó la primera cura, pasando después á su domicilio en un carruaje. La herida tiene 14 centímetros de extensión y ha sido calificada por los médicos de bastante gravedad.
Se sigue causa criminal de oficio por tentativa de envenenamiento:
D. José Agustín Magdalena, Juez de Primera Instancia de este partido, que de ser así y estar en el ejercicio de su jurisdicción da fe el infrascrito Escribano. Por el presente cito, llamo y emplazo a Isabel de Eguía y Egurrola, conocida por la Pegueña, hija legítima de José y Lorenza, natural de Ubidea, en esta provincia, soltera, dedicada a la prostitución, de 21 años de edad, contra la que en dicho Juzgado se sigue causa criminal de oficio por tentativa de envenenamiento a Fernando de Arrechavaleta, para que en el término de veinte días se presente en la cárcel pública de esta cabeza de partido a responder a los cargos que contra ella resultan en dicha causa. Si así lo hiciere, se le oirá y hará justicia, bajo apercibimiento de que, no presentándose en dicho término, se seguirá la causa en su rebeldía y los autos y diligencias se notificarán en los estrados, parándole el mismo perjuicio que si se hiciesen en su persona. Y para que no pueda alegar ignorancia, se insertará el presente en los Boletines Oficiales de las provincias de Santander y León, en alguna de las que debe hallarse la procesada, según las indicaciones que existen en autos. Y exhorto, de parte de S. M. la Reina (q. D. g.) y de la mía, ruego y encargo a los señores Jueces, Alcaldes, puestos de la Guardia Civil y demás autoridades de dichas provincias que indaguen su paradero y, en su caso, procedan a su prisión y remisión a este Juzgado. Dado en Bilbao, a 7 de febrero de 1866. José Agustín Magdalena. Por mandado de S. S.ª, Julián de Ausuategui.
En una casa de la cuesta de Gibaja ocurrió una escena sangrienta
Este grave hecho había ocurrido el día anterior, a mediodía:
Segun nos han referido, el jóven Rogelio Rojí dió tres cuchilladas, dos en el costado izquierdo y otra en el pecho, á la pupila Beatriz García, de 19 años de edad, natural de Logroño. Parece que el atentado ocurrió estando ambos solos en una habitacion, y que Rojí, una vez consumado su delito, emprendió la fuga precipitadamente, arrojando el arma homicida en un portal de la calle de Ruamenor. A virtud de acertadísimas disposiciones del jefe de policía Sr. Saez, el reo fué aprehendido poco despues en la Calleja de Arna, por los guardias municipales números 12, 32 y 33. La Beatriz fué conducida á la casa de socorro y luego al hospital, en grave estado.
Ayer impuso la alcaldía una multa á una casa de prostitucion de la calle de la Roca por haber producido un fuerte escándalo la noche anterior.
En la calle del Rio de la Pila, formaron un estrepitoso escándalo algunas mujeres de las reglamentadas en la sección de Higiene, hasta el punto de tener que intervenir los agentes de la autoridad. Lo de siempre. Cero y van mil. Los vecinos de la calle del Rincon, se quejan con la mayor justicia, de las escandalosas escenas que se ven obligados á presenciar continuamente, producidas en las casas de prostitución que existen en aquel céntrico paraje. Repetidas veces nos hemos hecho eco de estas reclamaciones dirigidas en nombre de la moral pública, á las autoridades correspondientes. ¿Seremos más afortunados en esta ocasión?
Santander, 24 de octubre de 1876. Cédulas de citacion por sucesos ocurridos en un piso de la infame Calle Puerta de la Sierra (25):
El Sr. Juez de primera instancia de esta ciudad de Santander, por providencia de este dia, dictada en la causa criminal que de oficio se halla instruyendo contra Arthemise Besmier Mover é Isidora Chipito, por hurto, ha mandado que Manuela Cubillas Garcia, casada, de veinte y nueve años de edad, ama de casa de prostitucion y vecina que fué de esta capital en la calle de Puerta la Sierra, número veinte y cinco, cuyo actual paradero se ignora, comparezca en la sala audiencia de este Juzgado, sito en la calle de Becedo, número uno, piso tercero, dentro del término de diez dias, contados desde la insercion de esta cédula en el BOLETIN OFICIAL de esta provincia y «Gaceta de Madrid,» con el objeto de ampliar la declaracion que en dicha causa tiene prestada, apercibiéndola que de no concurrir la parará el perjuicio á que haya lugar. Santander veinte y cuatro de Octubre de mil ochocientos setenta y seis.—El escribano actuario, Benigno Velasco.
El Sr. Juez de primera instancia de esta ciudad de Santander y su partido, por providencia de este dia, dictada en causa criminal que de oficio se halla instruyendo contra Artemise Besmer Mober é Isidora Chipito por hurto de dinero, ha mandado que Tomasa Magdaleno Alcega, soltera, de veinte y tres años de edad, dedicada á la prostitucion en la calle de Puerta de la Sierra, número veinte y cinco, piso cuarto en esta capital, é Isaac Rodriguez Lúcas, soltero, de veinte y cinco años, industrial y residente en esta ciudad, y los que segun noticias adquiridas por esta Inspeccion de órden público, deben hallarse respectivamente en las provincias de Guipúzcoa, ó Vizcaya y Búrgos, comparezcan á las once de la mañana en la Sala audiencia de este Juzgado, sito en la calle de Becedo, número uno, piso tercero, á prestar declaracion dentro del término de diez dias, contados desde el en que tenga lugar la insercion de esta cédula en los BOLETINES OFICIALES de las tres provincias citadas y la que dá nombre á esta capital, con la obligacion de concurrir á este primer llamamiento, bajo la multa de veinte y cinco pesetas, en conformidad á lo prevenido.
Reyerta en una casa de prostitución en Bilbao
«En una casa de lenocinio de Bilbao ocurrió una reyerta entre varios jóvenes. Acudieron los serenos, resultando tres heridos.»
¡Pobres serenos, que sólo intentaban cumplir con su deber! Y ahora tenemos a Julia Baeza, pupila de una casa de lenocinio que practicaba estafas:
«La detención de la joven Julia Baeza, pupila de una casa de lenocinio sita en la calle de la Gorguera, está relacionada con este asunto del modo siguiente: A las cinco de la tarde, poco antes de descubrirse el desfalco, un empleado en el negociado de cuentas corrientes, de apellido Rojas, pidió permiso para retirarse, y concedido que le fue, se encaminó á la citada casa non sancta. Interrogado, manifestó sin reticencias el lugar donde había empleado el tiempo que mediaba desde su salida de la oficina hasta entonces, y el juzgado se trasladó á la casa de lenocinio inmediatamente. La joven Julia Baeza negó que allí hubiera estado el joven Rojas, y menos con ella.»
Reyerta a tiros de unos toreros en una casa de lenocinio en Santander
«En una casa de lenocinio de la Cuesta de Gibaja suscitaron una reyerta hoy, á las tres de la madrugada, unos toreros que llegaron ayer de Méjico en el vapor «Antonio López». Uno de los toreros hizo dos disparos de revólver sin que, afortunadamente, hiriera á nadie. Uno de los contendientes, que sufrió una contusión en un pie, fué curado en la Casa de socorro y desde allí se trasladó á su domicilio. Los otros dos fueron conducidos á la prevención por un sereno que acudió á las voces que, pidiendo auxilio, daban las pupilas de la casa.»
En juicio oral y público se vió ayer ante la sección segunda la causa instruida en el juzgado de esta ciudad, contra Eugenio Santa Cruz Martínez, sobre hurto de un reloj de oro, tasado en 75 pesetas, en una casa de lenocinio, a la pupila María Lucientes, la noche del 6 al 7 de Febrero último. El señor abogado fiscal sustituto pidió se condenara al sumariado á la multa de 125 pesetas y devolución del reloj á su dueña. La defensa alegó que su patrocinado no tuvo intención de hurtar el reloj sino de bromearse, y que en consecuencia los hechos no constituyen delito y debe ser absuelto el Santa Cruz.
Un anuncio de muebles de hace 150 años que he devuelto a la vida, respetando prácticamente todo (los personajes y el fondo los he puesto yo):
El presunto autor fue detenido en una casa de lenocinio en Santander
«El presunto autor del robo estaba en una casa de lenocinio de la calle del Arcillero y se le ocuparon 19 pesetas y 40 céntimos, un reloj y cadena de níkel y una navaja de muelles (…), sin que por el momento fuera posible arrancarle ninguna confesión de haber cometido el delito que se perseguía, hasta que por averiguaciones practicadas en la casa donde fué preso se supo que la dueña de ella le había cambiado por billetes de Banco algunas cantidades en plata…»
Por la Sección segunda se ha dictado sentencia en causa del Juzgado de Reinosa, contra María González Fernández, Andrea Josefa Espinosa y Arroba y María García del Barrio Rodríguez, condenándose á la primera, como autora de tres delitos de hurto doméstico y, por ser menor de 18 años, á dos meses y un día de arresto mayor por cada uno de ellos, á la segunda como autora también de dos delitos de igual clase y ser menor de 15 años á la multa de 125 pesetas por cada delito y absolviéndose á la tercera por falta de acusación contra ella.
Multas y clausura de casas de prostitución en el Santander del siglo XIX
Al igual que hoy en día, la prostitución constituía un negocio alegal en el que la Administración se dedicaba a controlar el tema sin dejar de permitir su evolución y mantenimiento o crecimiento en un determinado lugar.
El señor Gobernador civil ha multado en 50 pesetas al dueño de una casa de huéspedes, por no dar parte a la inspección de vigilancia de los huéspedes que admite en su casa, como está prevenido.
El señor Gobernador civil ha multado en 45 pesetas á una mujer de la vida pública, por escándalo y blasfemias. También ha multado en diez pesetas á la dueña de una casa de lenocinio por tocar en su casa el piano á deshora de la noche escandalizando el vecindario, y en otras diez á otras dos mujeres de la misma clase por salir á la calle y llamar la atención del público.
El señor gobernador civil ha multado con 25 pesetas á cada una de las individuas Ángela Herrera y Valentina Gutiérrez, por faltar á la moral y á la decencia pública. Igualmente han sido multadas la encargada y dos pupilas de la casa de lenocinio sita en la calle de Ruamayor número 21, llamadas Sara Anan, María Fernández y Rosario Mateo, por faltar á la decencia pública y desobediencia á los agentes de vigilancia.
El Gobernador impuso ayer 50 pesetas de multa á la dueña de una casa de lenocinio, y está dispuesto a castigar con el mayor rigor a las empleadas que tiene a su cargo a la sección de higiene si no se cumplen sus órdenes.
El señor gobernador civil ha impuesto la multa de cincuenta pesetas á la dueña de una casa de lenocinio situada en la calle de Ruamenor, por producir escándalo á deshora de la noche.
También fué multada en 25 pesetas la dueña de una casa de lenocinio, por infracción del reglamento de higiene.
Se ha dispuesto por el Gobernador de la provincia que ingrese en la cárcel pública una dueña de una casa de lenocinio por haber sido repetidamente castigada por escándalos, y que por tránsito de la guardia civil sea conducida al pueblo de su naturaleza.
El señor gobernador civil interino, ha multado en 50 pesetas á Natividad Rodríguez, ama de la casa de lenocinio en Ruamayor, número 19, por falta de respeto y desobediencia á los agentes de la autoridad. También ha multado en 50 pesetas á Isabel Díaz García, por faltas á la moral y á la decencia pública.
La dueña de la casa de lenocinio cerrada por disposición judicial ingresó ayer en la cárcel, después de declarar largamente ante el Juez de instrucción.
En la carpeta de la prensa del Gobierno civil encontramos ayer la siguiente nota: «El Gobernador civil ha impuesto ayer una multa de cincuenta pesetas á una dueña de casas de lenocinio por faltas cometidas, y está decidido a proceder contra los empleados que tienen á su cargo el servicio de higiene y que no cumplan con todo rigor las órdenes que se les dan.»
Cierre de casas de lenocinio en Santander y exilio de las meretrices
El Gobernador civil señor Manzano, consecuente con su idea de reprimir con mano fuerte los escándalos que producen constantemente ciertas desgraciadas mujeres, ha ordenado que se cierre una casa de lenocinio que tenía una desgraciada llamada Hermelinda Gómez; y para evitar que siga ejerciendo su infame tráfico en esta población, ha dispuesto que salga de la ciudad en el término de tres días.
El señor Gobernador civil ha mandado clausurar inmediatamente una casa de lenocinio por no reunir condiciones ni aun de higiene privada.
Anoche se ha acercado á nuestra redacción una comisión de vecinos de la calle del Arrabal, rogándonos llamemos la atención de las autoridades acerca de los escándalos que diariamente se repiten todas las noches en mencionada calle y que tienen su origen en la casa número 23, donde se halla establecida una casa de las llamadas de lenocinio.
Declaración de las dueñas de las casas de lenocinio:
«Anteanoche comparecieron en las oficinas de la diputación provincial, y ante el delegado del gobierno señor La Paliza, las dueñas de las casas de lenocinio á fin de declarar acerca de las denuncias hechas en las columnas de El Manifiesto. Les fué leído cuanto hemos escrito sobre este particular en los artículos «Consulta» é «Inventario curioso», declarando aquellas ser verdad en todas sus partes cuanto afirma este periódico, y añadieron algunos otros detalles que, por repugnantes, nos abstenemos de expresar aquí, y que corroboran nuestras aserciones de que, durante el último período de mando zabalesco, hasta la prostitución era considerada como una granjería ú objeto de comercio por aquellos inolvidables funcionarios. ¡Buena lección, la que las mujeres públicas dan, denunciando ese asqueroso y nefando comercio, á los hombres públicos, que nos vienen llamando difamadores! En verdad que aquellas han demostrado superar en mucho á éstos, en vergüenza y dignidad.»
Sigue imponiendo multas el señor Gobernador á los infractores de las ordenanzas municipales y gubernativas. El viernes fué multado en la cantidad de 50 pesetas el dueño del conocido Café América, sito en la calle de Cuesta, don Antonio García y Cazorla, por tener gente en el local á deshora de la noche. También fué multada en 25 pesetas la dueña de una casa de lenocinio, por infracción del reglamento de higiene.
VII – Teodosio Ruiz González y los escándalos de la prostitución y de la homosexualidad masculina en Santander
Mención especial merece Teodosio Ruiz González en este no menos turbio aspecto, pese a que no era precisamente de tendencia homosexial. Pero es que este adelantado a su tiempo denunciaba (con gran homofobia, es cierto) los escándalos de la prostitución y de la homosexualidad masculina en Santander. No le importaba, decía él, que se jugara a los pitos, pero cuando los protagonistas de este tema homosexual eran enemigos suyos, como en el caso de varios agentes municipales y personajes a los que vejaba a todas horas (la Colirona, Denieluca, Paca la Bizca, Pepita Reyes), sus mayores ataques consistían en insultos homófobos que hacían muchísima gracia a su público. De hecho, cuando tuvo su primer encuentro con el otro tigre que llegó a Santander para enfrentarlo, Diego Martín Veloz, uno de los temas que salió pronto a colación fue un reconocido escándalo de tipo homosexual en la Policía Local que el Comisario Narciso Tomás encubría y que Martinillo, pragmático padrino del hampa y los negocios, pasaba por alto. No en vano le recomendó a Teodosio que dejase en paz al infeliz del Comisario, que le dejase comer de su corrupción, mientras ellos dos se repartían el pastel restante en un necesario entendimiento entre capos.
Hizo Teodosio un amplio gesto entre enfado y despectivo. Alzó sus brazos de atleta por encima de su cabeza, fingiendo asombro, y acabó dejándolos caer sobre el mármol del velador, como dos mazas.
—¿Un infeliz? ¿Pero usted sabe lo de la Colirona y lo de…?
—¡Cosas de hombres…!
—Pues para que me conozca bien, le voy a decir cómo soy. No haga usted caso de lo que le digan por las tabernas cuatro gallinas, que en cuanto me ven se esconden bajo siete estados de tierra. Yo, Teodosio «el Piloto», estoy dispuesto a acabar con toda la granujería de Santander. ¿A usted le extraña? Pues así es. He vivido mucho y no me asusta nada. Me emborracho como el primero, y donde haya una «gachí» que merezca la pena, allí estoy yo. No me importa que se juegue, aunque sea a los pitos. Pero lo que no quiero es que cuatro granujas vivan de las mujeres, del juego y de los borrachos, sin dar la cara y presumiendo además de personas decentes. ¿Usted lee «El Descuaje»?
Y podríamos tener un ejemplo de prostitución masculina en Santander que en El Descuaje, sin duda con gran ímpetu homofóbico, denunciaban a su manera (la verdad es que era difícil seguir la lectura de estas denuncias públicas en un argot que sólo ellos y sus numerosos lectores de la época entendían):
Lo que hacen los toreros montañeses en el invierno. Pablo Quintanilla (a) Colitas. En el verano no pica naa, por mor de la pruensia, pues ya le conocen las empresas. Gasta coleta más grande que la del Créto, y en el invierno se dedica a esquilar a lo modernista, perros y gatos á domicilio. Para informes, dirigirse á Peñas-Redondas, 1.
Sanciones por faltas contra la «decencia pública» en Santander (Febrero de 1905)
La prensa de entonces se la cogía con papel de fumar para hablar de ciertos temas tabúes y el homosexualismo, como se conocía por entonces a esta tendencia, constituía de por sí una especie de mezcla abominable de tabú, vicio y hasta de ataque directo a las demás personas, si se manifestaba en público, según esas mentalidades de la época.
El Gobernador civil ha impuesto dos multas de 40 pesetas a dos individuos denunciados ante su autoridad como autores de faltas cometidas contra la decencia pública.
Y no hay que olvidar que hasta bien entrado el siglo XX se siguió fusilando a esos miembros de las Fuerzas Armadas que, por ejemplo en la Legión, eran sorprendidos en orgías homosexuales. Inclusive uno de Torrelavega fue muerto por semejante delito, en las tropas de África de la Postguerra, durante el Franquismo, aunque seguramente se actuaba así también en tiempos anteriores.
La isla de Jauja (un trozo de la Calle de la Justa)
«Puede llamarse así al trozo de la calle de la Justa que media entre el callejón del Perro y la calle de la Flor. Además del gran número de casas de mal vivir y de la más baja estofa que allí existen, ha venido á aumentar el constante peligro de los vecinos una taberna que se ha establecido, y que ostenta en la muestra el pomposo título de Academia de Baco. En este templo mitológico, se reúne una clase de gente que, además de tener en jaque continuo á los agentes de la autoridad, suele formar tertulia en dicho establecimiento con una parroquia que hizo célebre en su tiempo á la taberna de Pepa la Chamberilera. El dueño de la tienda está preso en la actualidad por mor de un relojillo, cuya fuga no se ha puesto bien en claro. Esta madrugada, á la una, el señor Betegón, con el secretario de la tenencia de alcaldía, el alcalde de barrio, señor Colao, el inspector de noche y tres parejas de guardias de policía urbana, giró una detenida visita á la taberna, practicando en ella un minucioso registro, y haciendo entender al encargado la conveniencia de mudarse á otro distrito, por estar decidido á no consentir establecimientos de esta clase en el suyo. Después visitó el señor Botegón las casas de lenocinio, imponiendo varias multas á las dueñas de las mismas y deteniendo en una á un sujeto llamado Antonio Gadea, el cual negó su domicilio y titubeó al dar su nombre.»
Rumores
Según se decía en todos los corros, el ama de llaves no tenía los mejores antecedentes. Nosotros nos abstendremos de repetir cuanto respecto á ella se habló y se aseguró en el lugar del suceso. Alguien de los que había por allí dijo que en el Juzgado se había despertado la sospecha de que la caja se hubiese abierto con anterioridad, pues el móvil del crimen parece seguramente el robo. Nada más podemos decir por hoy á nuestros lectores, á quien tendremos al corriente de lo que en este asunto ocurra. Una de las cosas que más lamentaba todo el mundo en el lugar del suceso (sin pretender relacionar una cosa con otra), era la existencia de las casas de lenocinio que infestaban la desdichada calle de la Justa.
Un muerto sin identificar
«Esta mañana se ha presentado en el Gobierno una mujer que durante mucho tiempo tuvo en Madrid una casa de lenocinio, diciendo que había visto el retrato del muerto, reconociendo en él á un sobrino suyo llamado José López que hace quince ó veinte días desapareció de su casa. Esta mujer habló con el señor Aguilera, quien le enseñó una fotografía de cuerpo entero del cadáver, y afirmó entonces que, en efecto, era el de su referido sobrino. Fué tal la impresión que en este momento recibió, que presa de un síncope cayó al suelo desmayada. Repuesta del desmayo, dió largos detalles de su sobrino. Dijo que era un joven muy afeminado y se le conocía por el apodo de La Dorada. Con estos antecedentes, el Gobernador envió á algunos policías a determinadas casas donde pudieran haber conocido á La Dorada, y, en efecto, poco después fue hallado dicho joven en una casa de lenocinio de la calle del Pozo.»
VIII – Barateros y otros tramposos y abusones del juego
¿Hacía Teodosio Ruiz sus buenas trampas al juego? Según algunos testimonios en un juicio que tuvo lugar tras su muerte, en el cual se trató de desacreditar su figura de héroe popular, tanto Teodosio como sus amigos se dedicaban a desplumar a incautos a los que atraían hacia sus propios huertos del Francés. Sin embargo, uno de estos intentos fracasó estrepitosamente, en pleno juzgado, cuando el testigo en cuestión se arrepintió de lo que estaba haciendo y hasta salió a la luz un posible caso de corrupción en el propio jurado, lo que pudo haber perjudicado su presunción de imparcialidad:
Eladio González Propuesto por la defensa. Le pregunta el señor Ruano si es cierto que por reveses de fortuna tuvo que vender una finca en 800 pesetas á un cuñado de Teodosio. Si éste le cogió luego llevándole á una casa de lenocinio y allí, jugando, en compañía de otros, le quitaron las 800 pesetas. Si sospechándolo, él recogió la baraja. Si después le llevaron á tomar unas sopas de ajo y le hicieron bailar y se le cayó la baraja y se la quitaron los otros al verlo. Si era cierto que al siguiente día fue á buscar á Teodosio para lamentarse de lo que habían hecho con él y que aquél le amenazó con pegarle si no se retiraba de su presencia. El testigo contesta á todo que no. Señor Ruano.—¿No me ha contado usted eso mismo? Testigo.—No. Señor Ruano.—Es usted un embustero. El señor Presidente llama al orden al señor Ruano y éste rectifica. Señor Bengoa.—¿Es cierto que para que viniera usted á declarar todo eso que se le ha preguntado, fue á buscarle á Bilbao el jurado aquí presente, don Florencio Rodríguez, á quien no he podido recusar por haber salido en el sorteo entre los cinco últimos? Testigo.—Me fueron á buscar, pero no sé quién. El señor Presidente ruega á los letrados que tomen nota de esta declaración para que conste en acta. Se llama á otros testigos que no comparecen, y como en la relación no había más que no fueran de Santander, se pasa á tomar declaración al procesado.
Y al parecer, este tal Eladio no tenía muy lejos su casa de la de Teodosio, pues tal y como parece por las noticias de la prensa eran vecinos de Campogiro:
Por la guardia civil de este puesto, ha sido detenido anteayer, en el barrio de Campogiro, el paisano Eladio González Rodríguez, natural de la Puente (Orense), de 23 años, soltero, de oficio afilador, como presunto autor de la sustracción de 215 pesetas, a su compañero del mismo oficio, José Pérez Nava, y que llevó a cabo la noche anterior, en la casa en que se hospedaban los dos, en dicho barrio de Campogiro.
Sin embargo, más tarde se demostró su inocencia:
Habiéndose demostrado la inocencia de Eladio Gonzalez Rodriguez, detenido por sospechas de ser autor del hurto de 215 pesetas a su compañero José Perez Nava, en Campogiro, ha sido puesto en libertad.
Una redada absurda de estos años en Santander:
Contra el juego. El teniente Fiscal de esta Audiencia señor Bustamante, acompañado del actuario señor Castrillo y del jefe de la guardia municipal, señor Espejo, giró ayer tarde una visita a los círculos Santanderino y Conservador y Club de Billares, con objeto de sorprender el juego, pues se había dicho que en ellos se jugaba. En el Club de Regatas se levantó acta de la forma en que se encontraba una de las salas y en los demás sitios se extendieron diligencias, aun cuando á nadie sorprendieron jugando.
En Santander, según Pick, teníamos uno de los mejores pegadores de pego de toda España. Los trucos de cartas no sólo han sido la base para geniales guiones cinematográficos como el de la película El Golpe, protagonizada por Robert Redford y Paul Newman, sino que también han sido la base de algunos dichos populares. La expresión dar el pego, que significa engañar a alguien, proviene de un antiguo truco usado por los tahúres más expertos para hacer trampas en los juegos de naipes. El sofisticado método consistía en untar algunas cartas con una sustancia pegajosa, de forma que en un determinado momento el tramposo pudiera arrastrarlas juntas haciendo una ligera presión con el dedo. Para realizar el engaño sin ser descubierto, el tahúr marcaba previamente las cartas y se metía pequeños pedazos de cera en las uñas, que soltaba con gran habilidad a lo largo de la partida. Así, se dice que algo da el pego cuando parece auténtico, aunque realmente no lo sea, como por ejemplo con las imitaciones de ropa de marcas de lujo.
Promovió un escándalo monumental con el deliberado propósito de que los parroquianos abandonaran el local
Pero esto no fue su única trampa de Teodosio y su amigo Jesús González que pudo salir a la luz, pues aquí vemos el testimonio en un juicio de Francisco Pozas contra ellos dos:
Propuesto por la defensa. Dice que el verano pasado, al salir de los toros, se le acercaron Jesús González y otro individuo y le llevaron á una casa de juego de la calle de San Francisco donde se hallaba Teodosio, y le ganaron, sin que ni por una sola vez saliera una carta favorable, de 2.000 á 3.000 pesetas.
La noticia que viene ahora, titulada Los guapos, refiere un modus operandi habitual en la práctica de las coacciones del cobro del barato en Santander y en todas partes. Es decir, o me pagas y me marcho o te monto el cirio y te espanto a la clientela de tu local y te arruino.
Bernardino Cobo, mayor de edad y que habita en la calle del Puente, tiene pujos de guapeza y pretende cobrar el barato allí donde se le antoja. El domingo se presentó en «La Bella Unión» y pidió «prestadas» al dueño 10 pesetas. Como el dueño se las negara, Bernardino promovió un escándalo monumental con el deliberado propósito de que los parroquianos abandonaran el local. Fue denunciado.
Como vemos, a éste no le salió bien la jugada, que a Teodosio tantas veces le funcionó hasta que Martinillo empezó a pisarle el negocio en sus propias narices:
Todo hubiera ido bien —es un decir— de no haber caído en nuestro pueblo «el Martinillo». Pero con su llegada, vió Teodosio, con asombro primero y con indignación después, que se le iban cerrando todas las puertas, que hasta entonces se le habían abierto dóciles y asustadas. Ya era un problema entrar en una casa de mala nota y arrojar los muebles por los balcones, como había hecho muchas veces, en las barbas de los agentes de la autoridad. Porque en alguna de aquellas casas podía hallarse «el Martinillo», y el sainete entonces derivaba hacia la tragedia. Lo mismo sucedía en las casas de juego.
Y es que a Diego Martín Veloz o Martinillo sí que le solía funcionar este modus operandi por ser un gatillero profesional, más dispuesto que Teodosio a llegar hasta las últimas consecuencias y siempre muy bien respaldado por altas instancias militares y policiales.
Pero la sociedad santanderina no deja de ser latina y, por tanto, deseosa de expresar su alegría de vivir y su humor. Y así fue que el sexto toro de una corrida local se llamaba ni más ni menos que Baratero.
El último se llamaba Baratero, era negro entrepelado. Varias chicas de Santander que se hallan á mi lado distraen el aburrimiento de la corrida cantando aires montañeses de mucho gusto. Baratero toma hasta ocho varas, ocasionando varias caídas. A los quites Fuentes. El público pide que pareen los maestros y cuando salen los chicos de Algabeño se arma una bronca mayúscula, pero cesa al tomar los palos los matadores. Toca la música. Fuentes coloca un par de frente superior, y se oye una nueva pita por negarse á parear el de la Algaba. Éste se va al toro, terminado el tercio, entre la protesta pública, rematando la faena con media caída.
Los crímenes del juego: la puntita del iceberg de la ludopatía en Santander
Miguel Ceballos encontró la noche de autos a Diego Martín en la acera de Escalante, le preguntó por Teodosio y le dijo que le había visto dirigirse á la Alameda Primera. Se acercaron Quintanilla y otros que hablaron también con Diego. Añade que Martín afeó en cierta ocasión a Teodosio que hubiera pagado con fichas del juego del Club Marítimo unos cortes de traje.
Dar el pego en Santander
El venezolano tomó los tres francos, y creyendo que los demás son tontos en este mundo, se propuso dar el pego á un prestamista, vendiéndole la papeleta.
No concibió cosa mejor que agregar unos ceros al número que figuraba como precio del empeño; pero se le ocurrió tanto la mano que le agregó cinco ceros, por lo cual su chaleco valía lo menos 300.000 francos.
—Se la doy á usted por su precio, dijo al prestamista, y eso que vale mucho más.
—Aguarde usted un momento, que voy á por los cambios, dijo al prestamista, volviendo luego éste con una pareja de la policía, que detuvo al feliz propietario de un chaleco de 300.000 francos.
El juez requirió a la guardia civil para sorprender una partida de juego en Reinosa
La guardia civil de Reinosa comunica que en la madrugada del domingo último el juez de instrucción de aquel partido requirió el auxilio de la guardia civil para sorprender una partida de juego que funcionaba en el segundo piso del café de El Ebro.
El jefe de la línea dispuso las fuerzas convenientemente y poco después el juez, el teniente, el sargento y el cabo-comandante del puesto, convencidos, después de varias diligencias, de que se jugaba, se dirigieron al café, donde momentos antes habían sostenido una disputa, por cuestiones del juego, un maestro de escuela y el banquero.
Subieron el juez y sus acompañantes al segundo piso de la casa, y al pretender entrar los que había dentro cerraron la puerta. El juez llamó repetidas veces, y como no fué obedecido mandó descerrajar la puerta. Entraron y encontraron en una habitación á 22 sujetos, que por orden del juez fueron cacheados y conducidos á la cárcel.
En el momento de la sorpresa fueron hallados los detenidos alrededor de una mesa de juego, sobre la que se encontraron varias barajas y una bolita de cera. Al ser registrados los «puntos» se les encontró nueve navajas, dos tijeras y una plaquita de hierro que, con la cera, se utiliza para dar el pego. También les fueron ocupadas 2.031 pesetas y dos monedas de oro.
Los jugadores quedaron en la cárcel á disposición del Juzgado.
IX – Delincuencia común y raqueros
En un episodio vemos que un joven ratero robó en la Tabacalera y, durante su persecución, uno de los agentes de vigilancia llegó a dispararle, aunque el tiro no le alcanzó. Poco después fue detenido y conducido atado hacia la prevención, pero logró convencer a un carretero para que le cortara la cuerda y escapó de nuevo, sin que pudieran volver a capturarlo. El periódico señala que el único resultado del incidente fue la alarma causada por el disparo y critica la actuación de los vigilantes, considerando que no debieron recurrir tan rápidamente a las armas, ya que se trataba de un robo de escasa importancia cometido, además, por un muchacho.
La falta de trabajo o, más bien, de querer trabajar, era vista como algo más que sospechoso en una sociedad en la que no sobraba ninguna mano o cabeza para el sistema productivo manual. Estas desgracias asociadas a la miseria como eran la delincuencia común y la conocida como vaguería o la misma prostitución eran males que afligían a todas las naciones, al igual que hoy en día sigue pasando de forma muy parecida.
El emperador de Méjico ha publicado una ley para corregir la vagancia
Serán considerados como vagos todos aquellos individuos que no tienen domicilio cierto, ó bienes ó rentas bastantes para la subsistencia, ni ejercen habitualmente oficio ó profesion lícita ó lucrativa.
Son, por consiguiente, vagos:
Los que no tienen otra ocupacion habitual que la de concurrir á casas de juego, de prostitucion ó á los cafés, tabernas ó lugares sospechosos.
Los mendigos que puedan trabajar.
Los jornaleros ó artesanos que sin justa causa trabajan solamente la mitad ó menos de los dias útiles de la semana, pasando ordinariamente los restantes sin ocupacion honesta.
Los que andan por las calles ó vagando de un pueblo á otro, sin mas ocupación para ganar su subsistencia que los juegos de damas, dados, ú otros de suerte y azar.
Los que no tienen mas ocupación que dar música con arpas, vihuelas ú otros instrumentos en las vinaterías, bodegones ó pulperías.
Los demandantes que con imágenes ó alcancías andan por las calles, ó de pueblo en pueblo pidiendo limosna sin la correspondiente licencia de la autoridad civil, etc., etc.
VII – Violencia en las cárceles de Cantabria en el siglo XIX
En 1891 la campaña contra aquella inmunda cárcel se inició en la prensa, y entre los muchos defensores de estos pobres seres dignos de lástima se distingue el paladín don Fermín F. Zubeldía, que escribía en El Aviso.
La cárcel pública es un caserón destartalado, indigno de la cultura de Santander: el aire húmedo que en ella se respira, aquellos calabozos sin ventilación y sin ningunas otras condiciones higiénicas, hacen imposible allí la vida sin que la salud más robusta se resienta. Hoy que tanto se habla de la higiene nos parecería natural que el ayuntamiento se fijara en las malísimas condiciones que reúne nuestra cárcel, visitando el local insano donde viven malamente nuestros presidiarios por sus desgracias de ser más atendidos en el lugar que han de vivir recluidos del resto de la sociedad.
A resultas de esta campaña, el ayuntamiento acordó gestionar la construcción de otra cárcel que reemplazara a la actual y sobre ésta anotamos la expresión de un ciudadano: “El ricacho de un villorrio no la quería para sus caballos y perro.”
A pesar de los buenos deseos de la corporación municipal, cuando la campaña cesó, también se calmaron los trabajos emprendidos por algunos corregidores, hasta llegar a un olvido total. Y así llegamos a este año de 1899, y todo sigue igual después de aquellos buenos y olvidados propósitos en bien del prójimo, lo único que no continúa lo mismo es la cárcel; está mucho más deteriorada.
En la foto, a la derecha, se pueden ver perfectamente los cimientos de la Casa de Acogida de María Egipciaca, que luego se transformó en la Cárcel de Santander más infame que hayamos tenido:
CRÓNICAS CARCELARIAS
EL DOLOR MATERNAL Estos días han sido de mucho movimiento. Los goznes de la pesada puerta no han cesado de chirriar con un chirrido agrio que parece un gemido. Ante nuestros ojos han pasado, por la oficina de filiación, tipos lamentables del hampa, la mayor parte de los cuales eran pobres seres envilecidos por la miseria, más que delincuentes o inmorales. Una pareja de «romanones» trae a dos: un hombre de edad media, otro un muchacho. Los dos con cara de asombro y de hambre. Ninguno de los dos cometió ningún acto delictivo. Estaban en Madrid sin trabajo; se les detuvo como mendigos, y como hubiera dado la casualidad de que nacieran en pueblos de esta provincia, aunque nunca más hubieran vuelto a ella, desde la fecha de su nacimiento, para aquí se les trajo conducidos por la Guardia civil para que Santander atendiera a su sustento. Es una bonita manera de resolver en la flamante corte de las Españas el problema de la mendicidad. Cuando estos infelices llegaron a Santander se dispuso su ingreso en la cárcel. Y aquí están en el patio, entre ladrones profesionales, entre autores de estupros y violaciones. La asepsia moral es aquí un mito. La carne sana se pone sin escrúpulo ninguno junto a los focos purulentos. Nosotros no podemos comprender cómo gentes cristianas que creen en Dios y en su Justicia, se acuestan todas las noches tranquilamente, después de haber contribuído a una de estas enormidades morales, cuando en cualquier momento el Dios en que creen puede llamarles a rendir cuentas. Todavía vienen más presos de esta índole: uno es un muchachuelo, de unos dieciséis años, enviado también por el gobernador de Madrid. Protesta de que no es mendigo ni vagabundo; asegura que vivía con una tía que tenía un puesto en una plaza. Supongamos que tenga razón; que se trate de un error policíaco. ¿Cómo deshacerlo? Para reclamar se necesita un largo y enojoso expedienteo. En las oficinas y negociados tienen otra cosa que hacer que ocuparse de estas minucias. Díganlo los prófugos olvidados aquí desde hace meses. Y si a un hombre influyente y consciente de sus derechos, le cuesta un largo calvario hacerse oir y entender, ¿qué no les pasará a un muchachuelo tosco y amedrentado o a una pobre familia sin valimiento? Esta gente está tan rota, tiene la voluntad tan quebrantada, se ha borrado hasta tal punto su personalidad, «que igual le da una cosa que otra», según la frase de un amigo nuestro. Al hacer la filiación en el libro registro oímos frases como esta: —¿Años? —Más de cuarenta. —¿Cuántos más? —No lo sé. —¿Religión? —¡Ponga usted la que quiera! Entre los amigos que estos días han venido a acompañarnos, figura Fernando Barreda, el incansable apóstol y propagandista de la santa obra del reformatorio de delincuentes menores de edad. A la vista de estas vergonzosas llagas sociales ha sentido renacer su fe y sus entusiasmos de cruzado. Aquí, en el patio, juegan con profesionales irredimibles del delito, pequeños golfillos que vienen a purgar una primera y acaso leve falta. Aquí acaban de perder todo estímulo digno de vida; toda ansia de mejora y progreso; todo noble ideal de trabajo. La cárcel los mata moralmente; los marca con su sello infame; los devuelve a la sociedad inválidos y abyectos. Uno de los empleados, uno de estos abnegados oficiales de prisiones, que son las primeras víctimas de este absurdo régimen penitenciario, me refería el caso de un tal Vega, un muchachillo de una aldea, que vino a esta prisión por un delito insignificante, que acaso con una reprimenda tuviera su más eficaz sanción; entró aquí atónito y asombrado; cera virgen fácil de moldear. Pronto entró en el corro de los ladronzuelos y pirantes. Cuando salió no volvió a la aldea ya.
Estableció sus reales en los muelles, a la husma de las mercancías. No tardó en volver aquí, ya como ladrón. Hoy es uno de los más acreditados delincuentes de Santander. Para hacerle expiar una travesura de niño, la ley le dio el espaldarazo que le armó caballero del crimen. La legislación penal vigente, frondosa y opulenta como una selva tropical, dispone que en cada prisión haya un patio para cada grupo de delitos, a fin de evitar promiscuidades y contagios. ¿Pero cómo cumplir este sabio y paternal requerimiento, cuando en esta prisión sólo se dispone de este patio único, pozo negro común de todos los detritus? Así se da el caso de que estén confundidos prófugos, en su mayoría personas sencillas y trabajadoras, sin más tacha que haber descuidado el requisito de su presentación en filas —¡aquí donde todo el mundo barrena la ley!— con otra gente; hombres duchos descanecidos en el delito, con menores de edad. La absurda y antiquísima construcción de la cárcel no permite otra cosa. Celdas de incomunicación sólo se dispone de tres: tres calabozos situados en la planta baja; en las entrañas del sombrío edificio, sin ventilación ninguna. Son tres nichos, tan reducidos y angostos, que un hombre de mediana estatura no puede echarse. En uno de estos «in pace» sin luz, sin aire, sin abrigo, estuvo preso el joven y culto escritor don Luis Corona, por el delito de haber facilitado a «El Cantábrico» una carta de un soldado amigo suyo. Hay, además, en esta parte baja de la prisión otras tres celdas, de relativa celebridad. Una es la de «tránsito», donde se encierran los presos que pasan por aquí temporalmente con destino a otras cárceles y penales. De ella se escapó, hace años, con otros dos, Primitivo Palacios, haciendo un agujero en la gruesa pared al ras del suelo; saliendo al pasillo y arrancando después unos tablones de una puerta de madera que comunica con el patio exterior. Otra de estas celdas es el «cepo», lóbrega y húmeda, donde se encierra a los presos gubernativos. Finalmente, la tercera es la llamada «Calatayud», de cuyas paredes penden tres gruesas cadenas para amarrar en blanco a los presos rebeldes. En la parte alta del edificio están la prisión de mujeres, el taller de alpargatería, enfermería y gabinete antropométrico. En el taller trabajan muchos presos, y con lo que allí ganan hacen llevadera su miserable situación. Hay alguno que hasta manda dinero a su familia que, privada de su único apoyo, se encuentra en situación más angustiosa que él. En el patio hay un caballero de la cruz de Hierro; así al menos él se titula. Es un chileno que noches pasadas riñó un descomunal combate con un piquete de guardias de Seguridad. Es un mozo listo, moreno, de pelo ensortijado; con aire de indio. Durante la guerra europea fue tripulante de un submarino alemán y allí pretende haber ganado la más alta condecoración del Imperio. Mientras estamos escribiendo sigue sonando la campanilla de la puerta. Entra un contramaestre de la Comandancia con un mozo; un mozo fuerte, simpático, cara de hombre de mar. Es otro prófugo. Lo reclama la autoridad de Marina de Sevilla y hacia allí tendrá que ir conducido. Poco tiempo después se presentan dos mujeres llorosas, la madre y la esposa del muchacho. Piden con lágrimas en los ojos ver al director. Y este don Constantino, que tiene corazón de padre, cuando las circunstancias no le obligan a actuar de rígido director, accede a dulcificar en lo posible la suerte del marino, a quien se sube al corredor. Las dos mujeres se retiran entre hipos entrecortados de agradecimiento. Y en el ambiente denso de la cárcel queda flotando como un temblor de alas el llanto maternal. José del Río Sáinz (Pick).
Ajuste de cuentas entre presos en Santoña con la muerte de un matón baratero
Hace pocos días ha tenido lugar en el presidio de Santoña un lamentable suceso. Un matón, que pasó su vida en cárceles y correccionales, cobraba el barato en el de la vecina plaza fuerte, y de tal modo se había impuesto por el terror á sus compañeros de cadena, que éstos no osaban nunca contradecirle en lo más mínimo y acataban sus órdenes como debieran hacerlo con las que emanan de las autoridades legales. Nadie se había atrevido nunca á disputar su puesto al terrible «baratero»; cada individuo, que á cumplir su condena entraba en el penal, era un nuevo vasallo del señor absoluto de aquellos desgraciados. Un joven andaluz, cuyo nombre sentimos no poder comunicar á nuestros lectores, no se resignaba fácilmente al dominio del tirano y aguardaba solo una ocasión para rebelarse.
Ésta se presentó al fin; no sabemos con exactitud por qué causa, hace pocos días —el mismo en que tuvo lugar el suceso que relatamos— los dos enemigos se trabaron de palabras y acto seguido pasaron á vías de hecho. No puede explicarse cómo, pero es lo cierto que los presidiarios, á pesar del registro que todos los días se lleva á cabo en los penales, tienen sus armas más ó menos peligrosas, mejor ó peor fabricadas, que echan al aire por menos de nada. Los protagonistas del suceso que narramos también tenían las suyas, hechas de dos limas de grandes dimensiones, y punzantes como un cuchillo carnicero, y las sacaron muy pronto dando comienzo á una lucha cuerpo á cuerpo, cuyos detalles no transcribimos, de intento, para evitar un mal rato á nuestros lectores. Baste saber que el resultado del combate fue fatal para el «baratero» que, á los pocos minutos de lucha, cayó muerto al suelo con el cuerpo atravesado por ocho terribles puñaladas. El matador, cegado ya por la vista de la sangre y completamente fuera de sí, retó á aquellos de sus compañeros de cadena que fueran tan valientes como el otro, pero éstos, atemorizados, huyeron de él; poco después, era desarmado y sujetado por los dependientes del penal.
Muy de sentir es que en establecimientos de esta especie se cometan crímenes como el referido, y precisamente por personas que están en ellos purgando otros iguales ó parecidos. ¿No podría conseguirse, con un poco de buena voluntad, que estas escenas no se repitieran? Creemos que sí; si los registros que se practican fueran tan escrupulosos como debieran serlo, los presidiarios no tendrían armas y no podrían, por consiguiente, satisfacer sus venganzas de tan sangriento modo.
Le pidió fuego para el cigarro y le contestó: «ahora te lo voy a dar», y disparó su fusil
Anteanoche un preso de la cárcel, llamado Antonio Alonso, fue herido de bastante gravedad en la cara, por uno de los centinelas. Por más que hicimos por averiguar la verdarera causa de aquel desagradable suceso, sólo hemos podido conocer la declaración del preso y la del centinela, que en nada se relaciona. Dijo el primero que desde la reja de su calabozo le pidió fuego para el cigarro al segundo, y que éste, á la vez que le contestaba «ahora te lo voy á dar,» disparó su fusil. El centinela declaró que, habiendo visto á través de la reja al preso, le dijo que se retirase, y que, como no fue obedecido y notó que el preso sacaba el brazo por la reja, hizo fuego, suponiendo que queria hacer un escalo para fugarse de la cárcel. Inmediatamente se personaron en la cárcel el señor Gobernador de la provincia, el Juez y el concejal Sr. Galian. El herido fué trasladado al hospital de San Rafael, donde le extrajeron el proyectil los medicos D. Juan Pelayo y D. Apelio Sainz. El juzgado entiende en el asunto, y el centinela referido se halla incomunicado.
Las fugas de presos en Santander y otros lugares de España protagonizada por Primitivo Palacios
El sábado 8 de febrero de 1908 tuvo lugar una de las constantes fugas de presos en Santander y otros lugares de España protagonizada por Primitivo Palacios, que era un delincuente multireincidente y difícil de someter a presidio.
EL SUCESO DE AYER: FUGA DE PRESOS
Poco más ó menos, á las seis de la tarde de ayer recibióse aviso telefónico en la guardia municipal, de que acababan de fugarse de la cárcel tres presos de consideración. Escasamente había tenido tiempo el señor Espejo de ponerse al aparato, á fin de preguntar la calidad y señas de los fugados, cuando llegó desalentado á las dependencias de la guardia un individuo del Cuerpo de prisiones. —¿Quiénes son los fugados?—Preguntámosle nosotros.—Primitivo Palacios, respondió, y otros dos más. Aquel nombre fué una revelación para nosotros. Primitivo Palacios es un nombre que siempre suena á conocido á todos los que se dedican á seguir de cerca las historias tormentosas del hampa. Raquero desde que empezó á tener uso de razón, que debió ser sobrado pronto, á los 16 años de edad, mató de una puñalada en la Cuesta del Hospital, á la salida del baile llamado El Polisón, á un desgraciado maquinista de la imprenta de El Cantábrico. Condenado con tal motivo á 14 años, 8 meses y un día de presidio, los estaba cumpliendo en el penal de San Miguel de los Reyes, de Valencia, y últimamente en el de Santoña. En la actualidad cuenta 21 años, lleva seis de presidio y el mefítico medio ambiente de éste ha ido aguzando sus sentidos, ya sobrado despiertos para el mal, convirtiéndose en un terrible maestro de la clase. Hombre de recursos extraordinarios, ha intentado fugarse varias veces, siendo la última intentona hace un año próximamente, en ocasión en que se dirigía desde la cárcel de esta ciudad, á donde había venido á declarar en una causa, á la de Valencia donde cumplía condena. El precoz criminal, logró desasirse entonces de sus esposas, y echar á correr por la cuesta de Garmendiaabajo hasta que fué detenido en Becedo por la guardia municipal. Se trata, pues, de un sujeto peligroso, y su nueva fuga, atrevida como pocas y acompañada hasta ahora del más feliz éxito, reviste caracteres de verdadera importancia. Comprendiéndolo así, y sin atender á más detalles, abandonamos el cuerpo de la guardia y nos dirigimos hacia el vetusto y negro caserón de Santa María Egipciaca. En aquel momento, el teléfono manejado por el señor Espejo, ponía en movimiento toda la guardia municipal de la población, transmitiendo la noticia de la fuga y las señas particulares de los fugados. En la cárcel.—Hablando con los empleados. Cuando llegamos á la cárcel aún estaban los dependientes de la misma bajo la impresión que la fuga les produjera. Sin embargo, tanto el jefe como todos sus subordinados se prestaron galantemente á facilitarnos los datos necesarios para nuestra información. Desde luego nos refirieron que la evasión había sido un golpe de audacia acompañado de la más loca de las fortunas. Los presos fugados eran Primitivo Palacios, de 21 años y condenado como ya dijimos, por la audiencia de Santander, á 14 años, ocho meses y un día de presidio. Actualmente se hallaba extinguiendo la condena en el presidio de Santoña. Había venido anteayer de Valencia, á donde había ido á declarar á un juicio oral y se encontraba en esta ciudad de tránsito. Sus dos compañeros de fuga estaban de tránsito igualmente y eran uno Pedro Viñas Pérez, de 25 años, condenado por el delito de homicidio en la Audiencia de Zaragoza. Había llegado anteayer á Santander de paso para Santoña, á donde había sido destinado, y el otro Patricio García Seco, de 18 años, condenado por la Audiencia de Palencia á 12 años, 6 meses y 3 días de presidio por varios delitos de robo y hurto. Cumple condena en el penal de Burgos y hace varios días que se encuentra en Santander, á donde vino para declarar en un juicio oral.
Primitivo Palacios, que conoce mucho esta cárcel, y sabe al dedillo todas sus vueltas y escondrijos
Estos tres presos encontrábanse juntos, pues, desde anteayer. Ocupaban solos la misma celda, que es la llamada de tránsito, y que está situada en el piso bajo de la cárcel, al lado Oeste de la misma, y con ventanas enrejadas que van á dar á un patio cerrado por una pared altísima. Dicha celda tiene en el cielo raso una mirilla para poder ejercer vigilancia desde el piso superior. La evasión La concepción del plan de fuga debió ser tan rápida como lo fué su desarrollo. Un día escaso hacía que los reclusos se conocían y este tiempo les bastó para inspirarse mútua confianza, y llevar juntos á la práctica el atrevido proyecto. Primitivo Palacios, que conoce mucho esta cárcel, y sabe al dedillo todas sus vueltas y escondrijos, debió ser el encargado de dirigir la operación. La cooperación de sus compañeros debió ser puramente material. De los tres presos no salía de la celda, más que uno cada día, á coger en la fuente del patio, el agua para el servicio común. Luego se encerraban y no volvían á salir. Ayer, durante todo el día no observóse en la celda nada de anómalo. Durante buena parte de la tarde, estuvo uno de los empleados en el patio revelando algunas fotografías, y los tres presidiarios presenciaron la operación asomados desde su reja. A las cinco repartióse el rancho, y el Primitivo salió á recoger el de sus compañeros y el suyo, que comieron en la celda, al parecer, pacíficamente. Después volvió á salir por agua el Primitivo y al poco tiempo debió ser cuando se empezaron los trabajos de evasión. Para esto aprovecharon el momento en que los vigilantes se hallaban repartiendo el rancho á los demás presos y algo distanciados de la celda del «tránsito». Primeramente empezaron por arrancar de la ventana una bisagra de hierro como de 30 ó 40 centímetros de longitud, y sirviéndose de ella como herramienta arrancaron un ladrillo del muro inmediato á la puerta que separa la celda del pasillo. Una vez arrancado el primer ladrillo, les debió ser tarea relativamente fácil ir separando otros del viejo y poco resistente muro de mampostería, hasta llegar á abrir un agujero suficiente para dejar pasar al cuerpo de un hombre. Por este agujero fueron deslizándose los tres presos cautelosamente, saliendo al pasillo. Dicho pasillo tiene en su extremo Oeste una puerta de madera poco resistente que da salida al patio. A esta puerta se dirigieron desde luego los esfuerzos de los tres presos, tratando de forzarla. En la cerradura se observan claramente señales de violencia estando el pasador doblado y casi sacado de quicio. Luego, comprendiendo que la faena de forzar la cerradura había de ser larga y trabajosa, dirigieron sus esfuerzos contra una de las hojas de la puerta y apalancándola con el trozo de visagra consiguieron abrir un boquete como de unos nueve decímetros cuadrados y por él salieron al patio. Las paredes de este ya dijimos que son muy altas, pero esto no obstante, gracias al ángulo que forman con el cuerpo general de la prisión, el escalo se hace fácil relativamente. Sin gran trabajo, pues, montaron á caballete sobre el muro, y andando por él, llegaron hasta el punto que corresponde al tejado de una tejavana situada en la parte exterior y por dicha tejavana descendieron hasta el prado inmediato. En este momento fueron vistos por varios vecinos de la calle de Santa María Egipciaca, los cuales, no obstante, se libraron muy bien de dar aviso de lo que sucedía. Esta complicidad moral de los referidos vecinos ayudó eficazmente á que el aventurado intento de los criminales no tuviese entorpecimiento alguno. La fuga debió de tener lugar entre las cinco y las seis menos cuarto, ínterin en el que los reclusos comían el rancho. Cerca de las seis bajó á por agua al pasillo donde tuvo lugar la fuga, uno de los presos que hacen el servicio de ordenanzas, y al regresar y preguntarle el vigilante si todo quedaba cerrado respondió que únicamente estaba abierto el ventanillo de la puerta del patio.
Como en dicha puerta no hay ningún ventanillo extrañóse mucho el vigilante y observó entonces que el pretendido ventanillo era el boquete que los pájaros habían abierto para volar. Entonces fué cuando se descubrió la evasión. En la calle.—¿Por dónde fueron? Una vez en la calle, los tres fugados, se hace muy difícil saber el camino que siguieron. Lo más presumible es, que bajasen por los prados situados al Norte de la cárcel, y ganasen la Alameda primera por uno de los solares de los tinglados. El Primitivo Palacios, vestía traje de faena de los usados por las fuerzas de caballería; el Pedro Viñas, blusa azul, pantalón de pana claro y alpargatas negras. El Patricio García Seco, llevaba el uniforme del penal de Burgos. En esta última circunstancia se fijó un chico, el cual vió á los tres atravesar la Alameda y ganar la cuesta de la Florida. Aquí perdió la pista. Todavía volvieron á ser vistos en la calle de la Concordia, por otro niño, al cual llamó también la atención el uniforme del Patricio y el extraño aspecto de los otros dos. Dicho niño dice que marchaban á buen paso, yendo dos delante y el otro á corta distancia de ellos. Este último les gritó que le esperaran un momento. Luego todos tres subieron por la calle del Monte con dirección al Alta.
Una aclaración geográfica: estos tres personajes fueron desde la parte donde empieza la Calle Alta a lo que se denominaba la Alta, que era la gran avenida en la línea de cumbres de enfrente, ahora llamada General Dávila, por lo que el trayecto fue de mucha cuesta arriba, cuesta abajo y vuelta a subir. La Calle Concordia ahora es una prolongación de la Calle Cisneros, a la cual sube la Cuesta de la Florida por la que ascendieron estos fugados.
El guardia creyó que el uniforme del presidiario era del ejército y los dejó marchar
En esta calle marchó algún tiempo junto á ellos un guardia que conducía á un borracho á la prevención. El guardia creyó que el uniforme del presidiario era del ejército y los dejó marchar. Desde este punto ha quedado perdido el rastro de los fugitivos. ¿Por dónde tomaron? Los guardias de consumos de toda la zona del Alta aseguran que no han visto pasar á ninguna persona de las señas de los tres buscados. Sin embargo, parece evidente que por allí pasaron. Lo que no puede precisarse es si siguieron luego hasta Pronillo, para ganar las carreteras generales de Burgos y Bilbao, ó si retrocedieron por Miranda á la población, refugiándose en alguna casa conocida. Este último extremo parece ser el más probable, pues lo más indicado es que tratasen de cambiar su atavío carcelario por otro menos comprometedor. Comprendiéndolo así la policía dio diferentes batidas, aunque sin resultado, en distintos centros de gente maleante de la población. También se registró la casa de la madre del Primitivo Palacios, en la travesía de San Simón. La madre del Primitivo, que estaba ignorante de la fuga de su hijo, fue conducida al Principal á disposición del Juzgado. Al enterarse de lo sucedido el gobernador civil señor Bernard ordenó que se telegrafiase á todos los comandantes de los puestos de la benemérita y á los alcaldes de la provincia dándoles cuenta de la evasión é interesándoles la captura de los fugados. El inspector de vigilancia señor Alcoba anduvo recorriendo hasta hora muy avanzada de la noche los inmediatos pueblos de San Román y Monte, sin que sus gestiones diesen tampoco resultado. El Juzgado A poco de tener conocimiento de la fuga, personóse en la cárcel el juez de guardia señor Mosquera y el actuario señor Pérez. En la cárcel tomaron declaración al jefe y á los empleados de la misma, pasando después al Cuerpo de la guardia municipal, donde prosiguió sus diligencias. Allí declararon la madre y un hermano de Primitivo Palacios, quienes después de declarar fueron puestos en libertad, por no resultar nada contra ellos. La madre del Primitivo Mientras el Juzgado instruía sus actuaciones, vimos sentada en un banco de las oficinas de la guardia á la anciana madre de Primitivo Palacios. Es una pobre mujer de edad avanzada y consumida por el infortunio. La tribulación de que ayer daba muestras causaba lástima, aun en los ánimos más avezados á estos lances. Las tristes hazañas de su hijo deben haber minado su existencia, y al dar ayer rienda suelta a su dolor, llorando desconsolada, impresionaba fuertemente.
Si hay algún dolor grande en la tierra debe ser el de esta pobre vieja, detenida y sometida á los trámites curialescos, cuando ya los años son para ella carga abrumadora, por culpas cometidas por un hijo criminal y de las que ella no es responsable.
Señas de los fugados (por si 150 años después todavía siguen por ahí y podéis verlos, queridos lectores)
Las señas de los tres individuos fugados son: Las de Pedro Peña (Nota: el texto original cambia aquí el apellido Viñas por Peña): pelo y cejas de color negro, ojos pardos, cara oval, boca regular, barba escasa y color moreno. Viste, como ya dijimos, blusa azul, chaleco pardo, pantalón claro de pana, alpargatas negras y boina azul. El Primitivo: tiene pelo, cejas y ojos castaños, nariz, cara y boca regular, barba naciente, color moreno y estatura de 1’695 metros. El Patricio García: tiene de estatura 1’600 metros, pelo castaño, ojos pardos, nariz, cara y boca regular, barba naciente y aspecto general sano y robusto. Éste es el que vestía el uniforme del presidio de Burgos.
El carrerón delincuencial de un raquero de Santander de toda la vida: Primitivo Palacios
En un periódico local se quejaban con razón del abandono de ciertas criaturas, que los embarcaba muy temprano en las más variadas y reincidentes facetas delincuenciales: Mil veces nos hemos quejado de que no se procure corregir a «los chicos de la calle». Siempre están estos muchachos haciendo de las suyas: señal de que se pone muy poco cuidado en castigarlos y enseñarles a guardar el debido respeto a cosas…
La carrera de este elemento, Primitivo Palacios, confirma este tema a la perfección. Vamos a la génesis y el desarrollo criminal de este auténtico bala perdida:
Anteanoche se cometió un robo en la salchichería de don Marcelino Movellán, situada en la Pescadería. Los ladrones se llevaron bastantes chorizos, algunas monedas y un par de borceguíes. La guardia municipal, en cuanto tuvo conocimiento del hecho, comenzó á practicar activas gestiones las cuales dieron por resultado la detención de dos muchachos llamados Primitivo Palacios Leiva, de 17 años y Ladislao Barrio Esteban, de la misma edad. Conducidos que fueron al cuarto de la guardia municipal, declararon ante el jefe señor Fernández ser cierto el hecho que se les imputaba, pues habían cometido el robo en unión de otros dos muchachos llamados Martín Robledo Ruiz y Agustín Díez González, dos rapazuelos que antes de ahora han sido detenidos por cometer robos é incurrir en graves faltas. No hace mucho dimos cuenta á nuestros lectores del hurto de unas boinas que realizaron en una tienda de la calle de San Francisco. El jefe de la guardia municipal, señor Fernández, dio orden á todos los individuos del cuerpo para que inmediatamente procedieran á buscar y detener á dichos rapazuelos, lo cual se consiguió gracias á las acertadas disposiciones del señor Fernández. Uno de ellos, el llamado Martín Robledo, fué detenido ayer, por la tarde, cerca del pueblo de Cueto, hasta donde hizo llegar en su persecución á los guardias que le detuvieron, y el otro fué detenido también. Todos ingresaron en la cárcel pública. Llamamos la atención de las autoridades para que se castigue severamente á esos rapazuelos, los cuales están cometiendo robos en toda ocasión que les es favorable para ello. Lo que por ahora debe hacerse, a nuestro juicio, es no ponerlos en libertad tan pronto, pues de lo contrario incurrirán en el mismo delito dadas sus aprovechadas aficiones.
Amor de madre (de raquero)
Al hilo de lo anterior. ¿Recordáis a la afligida madre que, en el culmen del carrerón de chorizo y asesino y escapista de su hijo Primitivo, lloraba amargamente su desgracia? Pues debió de haberle puesto freno antes, a juzgar por lo que leemos sobre las progresivas aventuras juveniles de este peligroso raquero:
Hacemos constar, para que sirva de satisfacción á una pobre madre que así nos lo ruega, y por ser rigurosamente exacto, que el muchacho Primitivo Palacios, detenido hace pocos días como presunto autor de un hurto, del cual se dio noticia en este periódico, ha sido puesto en libertad por no resultar culpabilidad alguna contra él.
De otro robo cometido antes de anoche en la salchichería que don Marcelino Movellán tiene en la Pescadería, damos cuenta hoy. Los rateros se llevaron chorizos, salchichas, otros embutidos, un par de borceguíes y algunas monedas que habia en el cajón. Puesta ayer en movimiento la guardia municipal, logró la captura de los individuos de diez y siete años de edad Ladislao Barrio y Primitivo Palacios, los que se declararon autores del hecho en compañía de otros dos muchachos llamados Martin Robledo Ruiz y Agustin Diez Gonzalez, los que tambien fueron puestos á disposición de la autoridad, gracias á las acertadas medidas del jefe de la guardia municipal diurna señor Fernandez. Lo que nos llama la atención es que antes todos estos servicios los prestaba el cuerpo de seguridad, y ahora los hace la policia municipal.
Detención por «derroche» tras la feria de Reinosa
Ayer prestó otro buen servicio la policía. Varios agentes advirtieron que unos cuantos golfos talluditos gastaban dinero en abundancia y sospecharon que los cuartos no debían de tener muy limpia procedencia. Algunas indagaciones les hicieron saber que los «derrochadores» habían asistido, y no en clase de turistas precisamente, á la feria que se celebró en Reinosa el sábado y domingo último. Los golfos, que se percataron con tiempo de las maniobras de la policía, tomaron un coche para escapar y se dirigieron hacia Boo. La policía les salió al paso, tomando el tren de Bilbao y los detuvo en la carretera de Muriedas, conduciéndolos á la inspección, en cuyos registros figura su nombre repetido una porción de veces. Se les registró, y á uno de ellos llamado Bernardo Cobos se le encontró un billete de 100 pesetas, dos de 25 y catorce pesetas en plata. Explicó su procedencia diciendo que se lo había encontrado en una cartera cerca de la estación de Reinosa. A otro, llamado Primitivo Palacios, un billete de 50 pesetas, otro de 25 y un duro. Dijo que lo había ganado al juego. Al otro, Prudencio Ceballos se le encontró un billete de 25 pesetas y un duro dio la misma explicación que el anterior. Los tres durmieron en la Prevención…
Condena por uso de nombre supuesto:
Primitivo Palacios Sierra, conocido por Manuel Reig, procesado por hurto y uso público de nombre supuesto, ha sido declarado absuelto del delito de hurto y condenado por el de uso de nombre, á cuatro meses de arresto mayor y 150 pesetas de multa, siéndole de abono el tiempo de prisión provisional sufrida.
El robo en el coche de San Vicente a Potes:
Ayer se celebró la vista de la causa del Juzgado de instrucción de Potes seguida contra Primitivo Palacios Sierra, acusado de que viniendo en un coche desde San Vicente á Potes, en el que también iba Maria Juana Pérez, vecina de Frama, aprovechó un descuido de ésta y la sustrajo 40 pesetas en metálico que llevaba en el bolsillo del vestido, usando después en dicha causa el nombre de Manuel Rey. El Ministerio fiscal, en vista del resultado de las pruebas practicadas durante el juicio oral, retiró la acusación en cuanto al hurto de las cuarenta pesetas por no haberse demostrado suficientemente la participación en él del procesado y la sostuvo respecto del delito de uso público de nombre supuesto, pidiendo se impusiera á dicho procesado, como autor del mismo, cuatro meses de arresto mayor y 150 pesetas de multa. La defensa sostuvo que el hecho constituía efectivamente el delito de uso público de nombre supuesto, pero que no procedía imponer al procesado más que dos meses y un día de arresto y 125 pesetas de multa.
De todos modos, pronto empezó con sus fugas, tras haber sido detenido y llevado personalmente al Juzgado en Santander por el corrupto Comisario, Narciso Tomás, en un episodio que narro en el apartado de este otro delincuente (con placa).
El conocido golfo de esta capital Primitivo Palacios Leiva, que se hallaba preso en la cárcel de Potes, por timar un portamonedas a un compañero de viaje, logró hace pocos días fugarse de la misma. Perseguido activamente por la guardia civil, fue detenido en el pueblo de Ojedo.
La multa por «vagar» (La Atalaya, 26 de septiembre de 1900):
El señor gobernador civil ha multado en 75 pesetas á Marcial Arija, Eduardo Pérez Cobo, Primitivo Palacios, Joaquín González Toca, Isidro Ortiz, Elias Moreno y Jesús García, por faltar á la decencia pública y andar vagando por las calles de esta ciudad; pasaron todos a la cárcel a extinguir dicha multa.
En nuestra provincia se dieron cita los más grandes literatos y científicos y emprendedores, alrededor de cuya corte, presidida a partir del siglo XX por el propio Alfonso XIII, medraron los peores delincuentes y buscavidas de todo el país.
Detención tras una fuga (¿cuántas van ya?)
Por la pareja de agentes de vigilancia fueron detenidos anteanoche los conocidos ratas Primitivo Palacios y Angel Cobo, a los que se cree complicados en los robos habidos en estos últimos días. Los detenidos fueron conducidos al cuarto de prevención de la guardia municipal, pero cuando ayer mañana fueron á sacarlos para trasladarlos a la inspección se vio con sorpresa que los pájaros habían volado. Para fugarse, los ratas se entretuvieron parte de la noche en doblar las rejas de la ventana que da a la calleja de Pascual, y una vez que lo consiguieron saltaron a la calle y hasta la fecha no han podido volver a ser detenidos.
Detención y fuga:
Cumpliendo órdenes del señor Gobernador ayer por la mañana el primer inspector señor Labiada detuvo a dos individuos llamados Primitivo Palacios y Bernardo Cobo, los cuales se fugaron hace algunas noches de la prevención municipal. Se sospecha que sean los autores de los robos cometidos últimamente. Los dos detenidos ingresaron en la cárcel.
Sentencia absolutoria por falta de pruebas:
En otra procedente del Juzgado de la capital seguida contra Primitivo Palacios y Ricardo Barquín por hurto de reales á doña Consuelo Aldasoro, se ha dictado sentencia absolviéndoles por falta de prueba y mandando poner en libertad al Palacios si no estuviere preso por otra causa.
De chorizo y vago a asesino: «ah, sí, será por las puñaladas de la Cuesta del Hospital»
El crimen del domingo Por orden del Juzgado, y después de prestar nuevamente declaración, fueron ayer puestos en libertad Pantaleón Martínez Conde y otro sujeto que habían sido detenidos por hallarse complicados en el sumario que se instruye á causa de las graves heridas que se infirieron al marcador Federico García y que le causaron la muerte. Nos dicen que uno de estos sujetos ha declarado ante el Juzgado lo mismo que su compañero, que el autor de las cuchilladas que recibió el desgraciado García fue Primitivo Palacios. Por lo tanto, se considera ya aclarado este asunto en el cual ha estado trabajando con gran actividad el Juez de instrucción señor Calderón durante la última semana.
Anteanoche, por el Juzgado de instrucción, se ordenó la detención del conocido rata Primitivo Palacios, y éste fue ayer capturado en la Plaza de Velarde, por un guardia municipal, a quien como a todos, su jefe señor Ortega había comunicado aquella orden. Por la tarde el Palacios, esposado, fue trasladado á la Cárcel por dos municipales. Un detalle: Hallándose ya en el cuarto de prevención Primitivo Palacios, se le acercó al guardia que lo había detenido un compañero de aquél, y lo preguntó el motivo por qué había sido detenido el Palacios, y como el municipal le contestara que lo hizo por orden recibida, dijo: «Ah, sí, será por las puñaladas de la Cuesta del Hospital.»
El juicio por la muerte en el Polisón: niega que dijera en el Juzgado que había dado pinchadas a nadie
Antes de las diez de la mañana de ayer, hora señalada para la celebración del juicio, había en los alrededores de la Audiencia un numeroso público. La escalera y antesala del local donde se había de celebrar el juicio, estaban atestados de gente, siendo casi imposible á los jurados subir á la Sala. A las diez y media, y, á la voz de «Audiencia pública», un numeroso gentío entró en la Sala, siendo de todo punto imposible imponer silencio. El Tribunal de derecho lo constituían el presidente, don Pascual del Río; magistrados, señor Gago, y como suplente, el señor Botín; fiscal, señor Bustamante. Defensores: señor Insausti, de Pedro José Valiños; señor Briz, de Palacios y el señor Elvira, de Hernández, representados los procesados por los procuradores señores Cué, Reguera y Ruano, respectivamente. El Tribunal del Jurado lo componían: Fructuoso Haya, Herminio Lastra, Tomás González, Santiago Fuentes, Severiano Gómez, Lorenzo Elizalde, Vicente Incera, Enrique Plasencia, Ezequiel Raba, Juan F. de Ruiz, Bernardino Cordero, Paulino Camargo, y como suplentes, Maximino Bolado y Ramón Albordi. Procesados Los procesados son, como ya hemos indicado, Primitivo Palacios Leiva, Pedro José Valiño Sisniega y Valentín Hernández Mendiola, los tres naturales y domiciliados en esta capital, de 22, 21 y 20 años de edad, respectivamente. Hecho de autos Según el ministerio público, la noche del 9 de febrero del año último, el Primitivo Palacios, que tenía resentimientos anteriores con Federico García, salió desafiado con éste de la taberna que en la Cuesta del Hospital tiene José López Herrero. En la contienda, el Primitivo Palacios infirió una herida con arma blanca al interfecto Federico García, uniéndose más tarde á la agresión los otros procesados, sufriendo el Federico García, nueve lesiones, de las cuales dos fueron calificadas de mortales de necesidad por haber interesado el pulmón y el estómago, una incisa y seis contusas, falleciendo el Federico á los tres días siguientes. III. Declaración del procesado Valentín Hernández Valentín Hernández Es soltero, fundidor y vive en la calle de Cisneros, número 7. No ha sido procesado. A preguntas del fiscal, dice que estuvo en la taberna de José López Herrero, situada en la Cuesta del Hospital, la noche de autos, á cosa de las nueve y media y que le acompañaban Pantaleón, el Carabina, un tal Gautier y otros, y que no sabe si en el establecimiento se encontraba Primitivo García. Dice que estaban allí tocando la guitarra y bailando y que riñeron Primitivo Palacios y Federico García, con quien salió aquel á la calle. El salió de los últimos no pudiendo enterarse de las palabras cruzadas entre ellos. Que vió correr en la calle á Palacios detrás de García y que se metieron en un portal. Que no vió nada de lo ocurrido. Niega que él y los que con él estaban dieran golpes al García y añade que antes de la reyerta le quitaron el reloj. Que después se fue al baile de la Alhambra y allí le dijo á un amigo: «Si supiera quien me había quitado el reloj le daba de bofetadas». Niega que dijera en el Juzgado que había dado pinchadas á nadie.
Que al día siguiente fué á tomar unas copas al establecimiento El Diluvio y allí le dijo Palacios quien le había agarrado aquella noche. Que después se marcharon y que no sabe más. A nuevas preguntas contesta que aquella noche no le causaron arañazos y que se los hizo él en la prevención rascándose. Que el pantalón se le rasgó con un clavo y que no vió que Palacios llevase arma ninguna. Desconocía que Palacios y Federico García fueran amigos. A preguntas del señor Elvira manifiesta que no recuerda cuantas veces ha declarado y que nunca ha dicho nada acerca de los pinchazos. Dice también que aquella noche llevaba zapatillas. Contestando al señor Briz dice que el hecho ocurrió el domingo de carnaval, por la noche y que en la tarde del mismo día estuvo tomando unas copas y que no fué al baile. Que no sabe quien le robó el reloj; pero cree que fué cuando estuvo bailando en la taberna de Pepe. Que á ella fué con Pacheco y que Baliño y Villa no iban con ellos. Que el estaba en la entrada de la taberna, y Federico García el Madrileño dentro del todo, y Palacios en el medio y que no sabe donde se encontraban Baliño y Villa. Dice que después de los sucesos habló con el taquillero del baile; pero no con un camarero, ni dijo lo de las pinchadas. Que después del baile se fué á su casa y que se acostó á las dos y media no volviendo á salir hasta la mañana siguiente. Que Palacios y el muerto salieron desafiados, no sabiendo si Villa se desafió. No sabe quién entró primero en el portal, no viendo nada. Que tampoco sabe quién salió de aquel el primero. A preguntas del presidente dice que el portal donde ocurrió el hecho fué el conocido por el de la Ferrolana, que Federico llevaba un traje oscuro y gorra de visera y Primitivo traje azul, boina y pañuelo blanco al cuello. Que al muerto se le conocía por el Madrileño. IV. Declaración del procesado José Baliño Sisniega José Baliño Sisniega Tiene 22 años; es natural de Santander y de oficio marinero. A preguntas del fiscal dice que estuvo en la taberna de José López Herrero, en donde había mucha gente. Que venía del Astillero, en cuya estación encontró á Villa. Que al llegar aquí se despidieron y que luego se encontraron en la taberna de la Pasiega en Ruamayor. Que desde ella notaron jaleo en la taberna de López Herrero y que fueron allá. Entonces le llamó Palacios y le preguntó: ¿Te acuerdas quién me siguió la Noche vieja cuchillo en mano? No—le contestó.—Entonces cantó Federico García (a) el Madrileño, y añadió: Por la voz me parece que es ese. Entonces Palacios le dijo: A ese le mato yo; pero no me descubras. Cuando volvió á ver á Palacios, éste tenía puesta la mano encima del Madrileño y le decía: Toma esas copas, porque, sinó, tomas el casco. Encontró á la Ferrolana después y en el portal de esta vió, á la luz de una cerilla, que Primitivo estaba escondido y que García subía. Entonces Primitivo le dió la puñalada. No salió tras de Primitivo ni tras de García, ni oyó contar lo del robo del reloj, ni vió á Valentín Hernández. Tampoco vió á Gautier y sí conoció á Pantaleón Martinez, pero no le vió en la calle. Añade que él no causó lesión alguna, pero que sí vió dar golpes en el costado al García. A preguntas del señor Elvira, declaró que la Noche Vieja iban con Primitivo dos sujetos á quienes no conoce, y que si con ellos hubiese ido Valentín Hernández, le hubiera conocido. Que la noche de autos, al entrar en la taberna, no se fijó si estaba en ella Valentín. A instancias del señor Briz declara también que conocía á Primitivo de vista, que no le saludaba ni le hablaba, que no es amigo de Villa, que estaba al lado del mostrador y que ni él ni el madrileño dijeron nada contra Primitivo Palacios.
V. Declaración del procesado Primitivo Palacios
El señor Briz dice que el procesado no dijo eso en la primera declaración. La presidencia dice que manifieste lo que dijo entonces. (Se promueve un largo incidente en que nadie se puede entender, pues la confusión es cada vez mayor). El procesado dice, dirigiéndose al defensor señor Insausti: «En la declaración que dí á don Julio (¿?).. Y continúa el juicio dándose lectura á la declaración del procesado en la que niega que estuviera en el baile, que conociese al matador, que le viera aquella noche y al día siguiente y que le dijese una mujer llamada Gloria que se embozase y se marchase al Astillero. Primitivo Palacios Tiene 23 años, de oficio barbero, y ha sido procesado dos veces por robo y una por hurto. A preguntas del fiscal declara que la noche del 9 de febrero, sobre las ocho y media, entró en la taberna de Pepe, y que allí vió á Valentín en compañía de otro que tocaba la guitarra, llamado el Feo. Que al entrar él, salieron corriendo y que, al ver esto, se marchó á su casa. Que, al ir, vió que llevaban á uno herido, que no sabe si era el Madrileño. Que también vió con el herido á Antolín y á Villa y que vió igualmente que allí se daban de bofetadas. No vió al Madrileño, ni la Noche Vieja le persiguió nadie. No vió tampoco quién hirió á Antolín ni á Villa ni quién dió la puñalada al Madrileño y que tampoco entró en el portal de la Ferrolana. No sabe si estaba Gautier entre los grupos. A preguntas del señor Elvira dice que al entrar en la taberna de López Herrero, vió á Valentín que estaba tocando la guitarra. A preguntas del señor Briz dice que en 1896 y 1897 fué condenado á dos meses y un día por robo, y otra vez á 25 días. Los robos fueron unos chorizos y unos quesos. Tiene fama de raquero, pero nunca ha cometido delito de sangre. Añade que siempre ha declarado lo mismo. Dice que Villa y Pantaleón son inseparables y que andan siempre juntos y que con frecuencia han andado en líos de puñaladas. Dice que Valentín Hernández tuvo una conversación con el taquillero del baile y con un camarero, á los cuales dijo que había pegado dos puñaladas. Que así se lo ha contado Coterillo, un empleado de la Aduana. Que nunca bailó ni va á los bailes. A preguntas del presidente declara que conoce á Gautier, pero que no es amigo de él y que éste dijo una noche que él había sido el matador. VI. Declaraciones de Testigos María Lastra De 30 años de edad, casada, vecina de Santander. A preguntas del fiscal, dice que tiene una taberna al lado de la de López; que estaba en la puerta la noche de autos y vio mucha gente, cerrando entonces la puerta del establecimiento que daba al portal, viendo salir de éste un hombre, con un periódico en la mano, que decía: «salid, cobardes»; que salieron muchos, le tiraron en el suelo y le pegaron; que no conoció á nadie; que cuando estaba en el suelo, llegaban y le pisaban; que á Primitivo Palacios no le conoció, á los demás procesados sí. A las preguntas del señor Briz dice que el hombre que salió del portal iba corriendo, que era imposible ver desde fuera lo que ocurría en el portal, y que, al día siguiente, ni en dicho portal ni en la escalera había manchas de sangre. José López No ha comparecido por no haber sido citado. Se lee su declaración, en la que dice que de su taberna salieron muchos juntos y que no vió nada hasta que oyó voces de «auxilio». María Berma García De 38 años de edad, soltera, y de oficio costurera. Contesta al fiscal que estaba cenando en su casa, que oyó mucho ruido, que salió al balcón y vió un hombre tendido en el suelo, a quien maltrataban. No conoció á nadie. A preguntas del señor Briz, dice que vió al hombre que cayó en medio de la calle. Pantaleón Martinez Conde Rodriguez de 21 años, casado, pintor. A preguntas del fiscal dice que la noche de autos estaba tomando unas copas en la taberna de López y que, sin saber cómo, se armó un gran tumulto, saliendo muchos á la calle. Que vió cómo un chico alto, que llevaba visera de automóvil, dió una puñalada á Antolín Villa; que después siguió y se quedó parado cerca del portal de la Ferrolana, y que entonces Primitivo Palacios le dió de la visera un golpe que le tiró al suelo y le dió luego patadas; que su amigo Dora le cogió á él llevándosele á la taberna cuando estaba encendiendo una cerilla para ver al que estaba en el suelo, cerilla que le apagaron; que el que estaba en el suelo herido era el mismo que antes había pegado la pinchada á Antolín. Daniel Fernández Gómez No comparece: se lee su declaración. Narciso Tomás De 46 años, casado, inspector de vigilancia. A preguntas del fiscal, dice que la noche de autos trató de averiguar quiénes eran los autores del crimen; que las noticias eran muy confusas y detuvo muchas personas; que tuvo una confidencia en la que le indicaban que el autor pudiera ser uno de los detenidos ó sea el Valentín Hernández; que sabiendo que éste era muy aficionado al baile, le buscó en él al día siguiente, y que no estaba, lo que le extrañó y que fué á su casa á las diez y media, encontrándolo en la cama; que registró la casa y no halló herramienta ninguna ni manchas de sangre; que el taquillero del baile de «La Alhambra» le dijo también que Valentín Hernández le había… (el texto se corta al final de la página) VII. Peritos Médicos y Autopsia Peritos médicos Comparecen los peritos médicos señores Bravo y Estrañi: juran decir verdad. A preguntas del Fiscal dice el señor Bravo que hicieron la autopsia al muerto Federico García, encontrándole nueve heridas producidas por distintos agentes mecánicos, dos heridas inciso-punzantes, una que perforó el pulmón y otra el estómago, que produjeron gran hemorragia, las dos mortales de necesidad y producidas por un instrumento punzo cortante y las dos producidas con el mismo instrumento y que en manera alguna pudieron estas heridas ser causadas por dos lanzas que les presentaron: otra herida leve también inciso-punzante en el pecho, que pudo ser producida por la misma arma que las anteriores y seis heridas contusas que pudieron ser producidas por puñetazos, patadas, piedras etc. etc.; algunas de estas heridas hubieran tardado en curarse de treinta á treinta y tantos días. Dice que el agresor y el agredido estaban en el mismo plano: el agresor detrás del agredido y un poco á la izquierda, pudiendo haberse causado la herida estando los dos de pie; aunque por la dirección de las heridas, que estaba la superior con dirección hacia arriba y la inferior hacia abajo, se inclinan á creer que el agredido estaba en el suelo y el agresor inclinado hacia el interfecto. A preguntas del abogado señor Elvira manifiesta que las contusiones pudieron ser causadas á patadas dadas estando calzado con zapatillas, aunque se inclina á creer que debía estar calzado con zapatos. (El señor Elvira pide se enseñen á los peritos las zapatillas que la noche del suceso calzaba su defendido y que obran en autos: no parecen.) A preguntas del letrado señor Briz dice que por las dos heridas mortales hubo una hemorragia interior grandísima pues calcula que arrojó sangre en cantidad de 900 á 1.000 gramos; que no es posible saliera corriendo el agredido, pues dadas las heridas, tuvo que vacilar al andar, por no ser posible tuviera energías para correr; cree imposible fueran causadas las heridas al bajar la escalera.
A preguntas del presidente dice que cree que el agredido pudo salir… bajar la escalera. A preguntas del presidente dice que cree que el agredido pudo salir á la carretera después de estar herido. El señor Estrañi se muestra en un todo conforme con las manifestaciones de su compañero y dice que conocía al muerto; que era más bien alto que bajo, y delgado. El presidente pregunta á los procesados si al principio trataron de echar la culpa al sereno, negando los tres. El señor Briz pide un careo entre Primitivo Palacios y los otros procesados sobre las conversaciones que han tenido en la cárcel; lo concede la presidencia y no se ponen de acuerdo, repitiendo el Palacios que lo mismo que declaraba ahora se lo había dicho al juez don Julio Insausti (¿?) en el sumario.
El señor fiscal Señores jurados: Una vez más se ha realizado en una taberna la muerte de un hombre. No sé quién dijo que en las tabernas se venden embotellados los crímenes. En una de esas tabernas, sita en la Cuesta del Hospital, tuvo origen la muerte de Federico García. La noche de autos, cerca del portal de la Ferrolana, Primitivo Palacios dio á Federico García varios golpes causándole nueve lesiones, á consecuencia de las cuales falleció á los tres días. Dice que esto constituye un delito de homicidio y que está plenamente probado que es autor de él Primitivo Palacios. El procesado no hablará quizá; pero hay bastantes pruebas de su culpabilidad con las declaraciones de los procesados y de los testigos. Primitivo Palacios lo niega todo y echa la culpa a los otros, aunque no de una manera clara.
Declaración de Testigos Clave Prudencio Higuera Se lee su declaración, en la que dice que Valentín le había dicho la noche de autos que había dado dos puñaladas y que no lo creyó porque Valentín estaba borracho.
Narciso Tomás. De 46 años, casado, inspector de vigilancia. A preguntas del fiscal, dice que la noche de autos trató de averiguar quiénes eran los autores del crimen; que las noticias eran muy confusas y detuvo muchas personas; que una confidencia en la que le indicaban que el autor pudiera ser uno de los detenidos ó sea el Valentín Hernández; que sabiendo que éste era muy aficionado al baile, le buscó en él al día siguiente, y que no estaba, lo que le extrañó y que fue a su casa á las diez y media, encontrándolo en la cama; que registró la casa y no halló herramienta ninguna ni manchas de sangre; que el taquillero del baile de «La Alhambra» le dijo también que Valentín Hernández le había dicho que le había pegado dos puñaladas á un individuo que le había robado el reloj. A preguntas del señor Briz dice que á Palacios le ha perseguido mucho por ratero y que también oyó una vez que había pinchado á un tal Cobo.» Dora de Mena Calvo »De 40 años, casada. A preguntas del Fiscal dice que vive al lado de la taberna de López; que oyó gran barullo y llamar á la puerta de su piso y entonces salió al balcón llamando al sereno; que en su escalera oyó mucho ruido y quejidos; que desde el balcón vió caer un hombre en la acera y otro hizo un ademán como si le diese un pinchazo y otro le pisaba; no conoció á nadie.» Claudia Alonso Sánchez »de 30 años, soltera. A preguntas del fiscal dice que vive en la cuesta del Hospital, frente á la taberna: que oyó mucho ruido: que vió á Valentín que salía accionando y discutiendo de la taberna: no sabe si llevaba navaja y después vió caer al García, que le pegaba otro alto y que cree vestía blusa. A preguntas del señor Briz dice que no vió encender cerilla y que vió uno de blusa blanca que se acercó al herido y marchó luego corriendo. A preguntas del presidente dice que el que se pegaba con el herido era próximamente igual que el procesado Palacios y más alto que los otros procesados.»
Agarró á Primitivo Palacios y le dijo que así no se pegaba a nadie
La Pelea y los Careos Ricardo Gautier Rey »D [de] 18 años, soltero, marinero. A preguntas del fiscal dice que la noche de autos estaba en la taberna viendo bailar, que se armó un alboroto y que salieron á la calle varios grupos que se pegaban. Que se arrimó a ver lo que pasaba y que agarró á Primitivo Palacios y le dijo que así no se pegaba a nadie. Que no conocía al herido que estaba en el suelo…»
Eusebio Pacheco Arana »…Que á los pocos días se encontró con Primitivo en la tienda El Diluvio, donde le preguntó Primitivo que quién le había cogido, y él le dijo que él, añadiendo que entonces le había dicho que «así no se mata á nadie», no acordándose mucho de lo que hizo aquella noche porque estaba algo embriagado. A preguntas del señor Briz dice que las frases las dijo, no porque viera matar al Primitivo, sino porque vió á un hombre tirado en el suelo; no vió pegar al Primitivo Palacios. El Presidente ordena dar lectura á la declaración prestada por este testigo en el sumario, en la que dice que vió á Primitivo sujetar, que no pudo y que, estando el García en el suelo, le dió varios golpes con una navaja y que entonces le dijo las frases de «así no se mata á nadie». Invitado por el presidente á que explique la contradicción, dice que no puede explicarla, porque estaba muy atolondrado cuando prestó la declaración, porque nunca se ha visto ante la justicia; pero termina asegurando que vió á Primitivo Palacios con una herramienta en la mano y en actitud de pinchar.» El Informe de la Defensa y el Veredicto Informe del señor Briz Rebate los cargos del fiscal, demostrando que Primitivo y el Madrileño no se conocían y que este fue herido en la carretera, no en el portal de la Ferrolana. Allí hubo una riña tumultuaria, como se desprende de las declaraciones de los testigos; ¿quién fue el autor?… No quiero aquí traer, ni aducir en favor de mi defendido las atenuantes de arrebato, de obcecación y de intento de no producir el daño causado, porque Primitivo Palacios no es el autor de la muerte de Federico. Continúa examinando minuciosamente la prueba y termina pidiendo un veredicto de inculpabilidad del jurado. Resumen »Después de un brillantísimo resumen de la Presidencia, en el cual se exponen con toda claridad los hechos y se examinan concienzudamente las pruebas, se suspende el acto.»
Condenado Primitivo Palacios á la pena de catorce años, ocho meses y un día de presidio y 3.000 pesetas de indemnización
Veredicto »Los jurados pronunciaron el siguiente veredicto: 1.ª Primitivo Palacios Leiva es culpable de haber herido en la noche del día 9 de febrero del año último, con arma blanca, á Federico García, causándole lesiones que interesaron el pulmón y el estómago, de las cuales falleció el Federico el día 12 del mismo mes?—Sí. 2.ª ¿El hecho que se refiere en la pregunta anterior ocurrió en la calle Cuesta del Hospital, de esta ciudad, poco después de haber salido el Primitivo, el Federico y otras personas de la taberna situada en el número 11 de la misma calle?—Sí. 3.ª ¿Primitivo Palacios guardaba rencor al Federico García porque éste en la noche del día 31 de diciembre anterior le había perseguido con un arma á consecuencia de una cuestión suscitada entre el Primitivo y otros amigos suyos y el Federico, por creer ó suponer éste que el Primitivo quería quitarle la capa?—No. 4.ª ¿Primitivo Palacios ha sido penado anteriormente por tres delitos de hurto y uno de robo?—Sí. En vista del resultado del veredicto, es condenado Primitivo Palacios á la pena de catorce años, ocho meses y un día de presidio y 3.000 pesetas de indemnización á la familia de Federico García.
Recorte de la fuga original (Febrero de 1908)
FUGA DE PRESOS
La policía y la benemérita continúan realizando trabajos para la busca y captura de los dos presos que se fugaron de la cárcel, Primitivo Palacios y Pedro Viñas. De su paradero no se tiene noticia alguna. Se dijo que se hallaban ocultos en Santander, pero nada cierto ha podido averiguarse que confirmase esta noticia. Por el contrario, ayer se supo que en la noche en que permaneció oculto en un cajón de la garita de un guarda-agujas de la estación de pequeña velocidad del ferrocarril Cantábrico, el recluso detenido Patricio García, desaparecieron de otra garita dos capotes de aguas de un vigilante y se supone, no sin fundamento, que se los llevaran los otros dos fugados. Se sospecha que el Patricio García no dijo la verdad en las manifestaciones que hizo al ser detenido. Por diferentes detalles y datos recogidos, parece que este individuo acompañó á los otros dos en su huída y que con ellos llegó á pequeña velocidad del Cantábrico, donde quedó por imposibilitarle la luxación que tenía en una pierna continuar andando, no llegando hasta allí solo, como dijo. Los otros dos debieron entonces apoderarse de los capotes de aguas y cubiertos con ellos continuar el camino, sin que á nadie infundieran sospechas, pues con frecuencia se ven circular por las vías de los distintos ferrocarriles á los obreros empleados en los trabajos de las mismas líneas llevando esos capotes puestos. También se ha llegado á creer, aunque nada se ha comprobado, que alguien de fuera de la cárcel ayudase la fuga y se funda esa creencia en que, precisamente el mismo día en que se realizó la evasión, fue visto y echado de los alrededores de la garita en que se ocultó Patricio García, un individuo á quien los empleados tomaron por un ratero. Recordando que Primitivo Palacios falta de Santander hace ya algunos años, se supone que no conociera la situación en que están en la actualidad las vías del Cantábrico y Bilbao y sus servicios de pequeña velocidad, y que para llegar hasta allí, dejar a su lesionado compañero en la única garita en que los bancos forman unos cajones para guardar diferentes objetos y llevarse, de donde estaban, los capotes de aguas, alguien les indicó el camino. Aparte de todas estas y otras muchas suposiciones que se hacen, lo positivo, lo cierto es que no se ha llegado á conocer aún el paradero de los fugados, temiéndose que hayan conseguido internarse en la provincia ó tal vez salido ya de ella y que su captura no sea tan fácil como pareció en los primeros momentos.
Pero casi todas las cacerías humanas tienen un fin cuando eres el más buscado de todo un país. En primer lugar, se produjo la detención de sus compañeros de evasión, uno de los cuales cayó al día siguiente mismo de su fuga. El otro fue capturado en Pesués, Asturias, confirmando que el chivatazo de su compañero capturado, seguramente sometido a una buena ración de bofetadas para hacerlo cantar, era cierto cuando les dijo a sus captores que esos dos marchaban en dirección hacia allá.
Recorte de la detención de un sospechoso en Pesués (14 de febrero de 1908):
Los fugados de la cárcel
Detención de un sospechoso en Pesués. Cuando ya parecía que los dos fugados de la cárcel de esta ciudad, el Primitivo Palacios Leiva y el Pedro Viñas, habían conseguido ponerse en salvo, hurtando sus cuerpos á la acción de la justicia, y cuando la opinión empezaba a olvidar paulatinamente el escandaloso hecho de la fuga, llegó ayer a esta ciudad una noticia que, al circular rápidamente, volvió a poner la cuestión sobre el tapete, dándola el aspecto de interesante actualidad. Uno de los dos presos fugados, cuya salvación podía considerarse como probable al no haber sido detenidos en los días que siguieron al de su fuga, ha sido—se decía—detenido y se encuentra ya en las manos de la autoridad. Esta noticia al circular por el público, hizo que todas las conversaciones convergiesen sobre el mismo asunto.
Nosotros al enterarnos del rumor procuramos cerciorarnos, haciendo al efecto todas las indagaciones que consideramos necesarias. Nuestro trabajo fué casi inútil. En los centros oficiales no se sabía una sola palabra sobre el particular, no habiéndose recibido comunicación ni oficio ninguno que con el asunto tuviese relación. Fué pues, preciso que dirigiésemos nuestras pesquisas al terreno puramente particular y he aquí lo que pudimos averiguar. Los viajeros, venidos en el tren de la línea del Cantábrico que llega á Santander á última hora de la tarde, manifestaron que la guardia civil del puesto de Pesués había detenido á un sujeto sospechoso, cuyas señas coincidían todas con las del Pedro Viñas. Dicho sujeto vestía un capote encerado exactamente igual á uno de los desaparecidos en la casilla del guarda agujas donde fué detenido el otro fugado, Patricio García Seco. Añadían los citados viajeros que la benemérita había sometido al sospechoso individuo á un escrupuloso interrogatorio, del cual no había conseguido ponerse nada en limpio. En vista de esto, y como las sospechas adquiriesen por momentos más visos de verosimilitud, se acabó por prenderle, conduciéndole por el tren hasta la villa de San Vicente de la Barquera, en cuya cárcel ingresó. No añadían más. Solamente sabían que el Pedro Viñas, verdadero ó falso, debe llegar hoy á Santander en uno de los primeros trenes de la mañana. Hoy, pues, se esclarecerá el misterio y sabremos á qué carta quedarnos. A la hora en que escribimos estas líneas no se ha tenido noticia oficial alguna. El gobernador civil, señor Bernard, puso á primeras horas de la noche de ayer un telegrama al alcalde de San Vicente, de cuyo telegrama aún no se había tenido contestación. Esperamos, pues, á que el detenido en Pesués llegue hoy para aclarar la incertidumbre que estas noticias han puesto en nuestro ánimo. La opinión dominante coincide en que, efectivamente, el sospechoso detenido sea uno de los fugados, y en este caso vendría á resultar que la declaración del Patricio García Seco, que manifestó que sus dos compañeros de fuga habían huido hacia Asturias y cuya declaración fue puesta en duda era, en parte por lo menos, sincera y exacta.
Recorte de la detención en Zaragoza del fugitivo santanderino: Primitivo Palacios
EL FIN DE UNA «ODISEA» – Primitivo Palacios detenido
Ayer se tuvo conocimiento en esta ciudad de una noticia, que apenas divulgada, fué el obligado tema de todas las conversaciones en todas las tertulias. Se refiere esta noticia á la detención en Zaragoza del tristemente célebre criminal Primitivo Palacios, fugado, como recordarán nuestros lectores, de la cárcel de esta ciudad el día 7 del pasado febrero en unión de otros presidiarios, uno de los cuales pudo ser detenido al día siguiente de la fuga. En el momento de ser este último detenido declaró que sus dos compañeros, más afortunados que él, habían conseguido huir por la línea del ferrocarril Cantábrico, con intención de ganar la provincia de Asturias. Siempre nos pareció sospechosa á nosotros la veracidad de esta declaración, pues aun dado que el declarante hablase con sinceridad, es lógico presumir que, al abandonarle á su suerte sus dos compañeros, cuidarían bien de no decirle verdad, para evitar que, al ser apresado, lo cual ellos tenían ya por desconfiado, pudiese señalar la verdadera dirección que ellos tomaran. El hecho de haber sido detenido el Primitivo ahora en Zaragoza viene á robustecer más nuestras creencias. ¿Qué dirección tuvo que seguir el audaz fugitivo para llegar hasta la capital aragonesa, pasando por comarcas donde se tenía ya conocimiento de su fuga? Lo más probable es, au que estos juicios no pasen por ahora de simples conjeturas, que el Primitivo sagaz y experimentado en estos lances, se ocultase dentro de la población los días siguientes á su fuga, y que luego bien por mar ó por tierra se trasladase á Bilbao y de allí á Zaragoza, pueblo en el cual ha sido detenido.La explicación del por qué se dirigió á la capital aragonesa, debe buscarse en el hecho de ser natural de ella su compañero de fuga Pedro Viñas, quien sin duda pensó encontrar protección entre sus paisanos. En fin, todo esto, como decimos, no son más que suposiciones, pues la verdad exacta sólo podrá saberse cuando el Primitivo sea conducido á la cárcel de esta ciudad desde la de la capital aragonesa. La noticia de la detención se supo ayer por un lacónico telegrama dirigido al jefe de esta cárcel por la Dirección General de Penales.
Un tiempo después, sin embargo, regresó a la tierruca para acabar de cumplir su mayor pena aquí:
Ha salido de Valencia, para su ingreso en la cárcel de esta capital, el recluso Primitivo Palacios Leiva, que se encuentra extinguiendo condena en el penal de San Miguel de los Reyes.
UN PRESO FUGADO
A caza del huido. — Carreras. — Guardia valeroso. Poco después de ocurrido este suceso, tuvo lugar otro de mayor importancia que el anteriormente descrito. A las siete y media, próximamente, la pareja de la benemérita formada por el guardia Tomás Cuenca y el corneta Alejandro Sánchez, bajaban desde la celda, á la calle, á los reclusos Primitivo Palacios y Fausto Barrioso, convenientemente esposados, para trasladarlos al mixto del Norte, que sale á las ocho. El primero, que es de Santander, sufre condena de 17 años en el penal de San Miguel de los Reyes, de Valencia, donde iba otra vez, por haber matado hace cuatro ó cinco años, en esta capital, á un marcador que trabajaba en la imprenta de un periódico local. Su compañero de esposas iba á Burgos, donde extingue condena de seis años. En el trayecto del rastrillo de la cárcel á la puerta de la calle el Primitivo logró dar garrote al candado de las esposas, y al llegar al dintel de la calle dió un empujón á su compañero, saliendo «disparado» por la calle de Santa María Egipciaca y siguiendo por la Cuesta de Garmendia. Entretanto su compañero quedó parado en el pórtico del edificio. Los civiles salieron en pos del fugitivo, sin lograr darle alcance. Al llegar Primitivo Palacios á la mitad de la Cuesta de Garmendia, vió que en la esquina de abajo había un guardia municipal, por lo que aquél se metió por la calle del Limón, huyendo velozmente. El guardia, que comprendió la maniobra, aunque no sabía de que se trataba, corrió á salirle al encuentro por Becedo, hasta la esquina de la Cuesta del Hospital. Primitivo, que le vió, en vez de bajar hacia Becedo, subió Cuesta del Hospital arriba, arrojándose por la escalerilla de la calle de Cuesta. El municipal, empuñando el revólver y usando una estratagema ingeniosa, y demostrando tener pies de galgo, bajó hacia Becedo, siguió por la calle de Atarazanas y penetró en la de Cuesta, cuando ya el fugitivo no solo había doblado la escalerilla, sino que se disponía á salvar la referida calle. Al ver al guardia pretendió arrollarle, pero este le apuntó con el revólver hasiendo que Palacios se arrimara á una puerta, dándose preso. Entre tanto, llegaron los guardias civiles, á quienes el valeroso perseguidor hizo entrega del criminal, el cual fué llevado á la cárcel. Como ya habían perdido el tren, Primitivo Palacios Leiva será conducido al mixto de hoy, con grandes precauciones, en unión de su compañero, que al verse solo no trató de huir. La valerosa acción del guardia municipal, que tiene el número 36 y que se llama Ricardo Camacho, fué muy elogiada por cuantos la presenciaron.
El Cantábrico (Diario de la mañana). Fecha de publicación: 22 de abril de 1934:
Cuando iban a colocar el cuento de todos los días
Son detenidos dos timadores de cuidado. Los agentes de Vigilancia señores Sanchidrián y Cavadas, detuvieron ayer, por la tarde, a los conocidos timadores Primitivo Palacios Leiva, de cincuenta y dos años, barbero, y natural de Santander, y a Avelino Triguero Martínez, en el momento en que intentaban dar un timo a Ventura Villanueva, colocándole el disco de que traían la misión de entregar a su hermana la cantidad de cincuenta mil pesetas, y diez mil para el que les pusiera sobre la pista para dar con ella. Los agentes les estropearon el negocio, y los condujeron a la Comisaría, donde al registrarles les fué hallado el «plante» que iban a dar a Villanueva, consistente en lindos prospectos envueltos en algunos billetes ful del Banco de España. Los dos vividores pasaron a la cárcel.
Boletín Oficial de la Provincia de Santander (19 de junio de 1936)
El señor juez municipal suplente del distrito del Este de esta ciudad, D. José María Grinda López Dóriga, en resolución de fecha de hoy, ha mandado citar a Ventura Villanueva Rivero, de 29 años de edad, casado, dedicado al comercio, y ausente en ignorado paradero, y a Primitivo Palacios Leivas, de cincuenta y dos años, casado, barbero, natural de esta ciudad, y sin domicilio conocido, con el fin de que el día diez del mes de Julio próximo, a las diez y media de la mañana, se personen ante el Juzgado de este ya dicho distrito, sito en la calle de Somorrostro número 3.º, piso 2.º, a prestar declaración, el primero como denunciante, y como denunciado el segundo, en un juicio verbal de faltas que se sigue por tentativa de estafa, cometida en esta ciudad el día 21 de Abril de 1934; previniéndoles que, de no comparecer, les parará el perjuicio consiguiente. Santander a trece del mes de Junio de mil novecientos treinta y seis.–El secretario, Cástor V. Pacheco.
Por el presente se deja sin efecto lá requisitoria publicada bajo el número 641 correspondiente al día 30 de abril de 1946, relativa al procesado Primitivo Palacios Laivas, de 64 años, viudo, barbero, hijo de Feliciano y Escolástica, natural y vecino de Santander, por razón del sumario 119 de 1945, sobre estafa, ello en virtud de haber sido capturado.Granada, 26 de febrero de 1948. — El juez (ilegible). — El secretario, Ramón Ruiz.
El fugado al ser conducido al Gobierno civil era Primitivo Palacios, sujeto muy conocido en esta población, de donde es natural
La policía le detuvo dos ó tres veces, imponiéndole arrestos gubernativos, pero luego volvió á desaparecer, embarcando de polizón en uno de los trasatlánticos americanos, á bordo del cual fué descubierto y desembarcado en Coruña, desde donde regresó á Santander á seguir su vida de aventuras. La detención de Primitivo Palacios se llevó á cabo á las cuatro y media de la madrugada, por el cabo y los guardias aludidos. Estos averiguaron el domicilio del sujeto en cuestión, y suponiendo que se encontraría en su casa, considerándose á salvo de ser descubierto, se hallaba en la cama cuando los guardias procedieron á su detención. Los tres detenidos ingresaron en la cárcel. Se ha podido averiguar que los detenidos, con alguno otro que no tardará en caer en manos de la policía, formaban la banda que desde hace tiempo viene realizando gran número de robos en Santander. Al ser detenidos los tres individuos, parece ser que tenían preparados dos robos, uno en la sastrería situada cerca de la Iglesia Catedral, donde estuvieron reconociendo el terreno hace días, y otro en un hotel del Sardinero. Conducidos á las oficinas de la guardia municipal, dijeron llamarse Luis Pérez el uno y Antonio Sánchez el otro. Como para los guardias que se encontraban presentes los dos eran completamente desconocidos, á pesar de que uno de ellos tiene un historial bastante borrascoso y su foto figura en el registro policiaco municipal, tan desconocido estaba, que no fue reconocido. Sospechando que los nombres que daban fueran cambiados, el jefe de noche dispuso que los detenidos fuesen conducidos al Gobierno civil y así se hizo; pero al llegar á la misma puerta del Gobierno, uno de los dos sujetos aprovechó un descuido y se dió á la fuga, internándose en los jardines y desapareciendo á favor de la obscuridad. El guardia Bravo salió en su persecución é hizo un disparo de revólver al aire para intimidar al fugitivo, pero éste, que es sujeto de pelo en pecho, como vulgarmente se dice, desapareció. El otro detenido fué estrechado á preguntas en la comisaría, hasta que dió su verdadero nombre. Se llama Hilario Severino Aja, y es fugado de la cárcel de Coruña, donde estaba cumpliendo once años de prisión, por robo en casa de un sacerdote, al que intentó agredir con un revólver. Es un tipo enfermizo y de pocas carnes, aunque resulta ser un pájaro de cuenta, pues tiene además pendiente un proceso de importancia, por robo en una joyería de Pontevedra. Poco más tarde, los guardias de Seguridad detuvieron en Ruamayor al otro sujeto que se dió á la fuga en la calle de Cervantes al ser sorprendidos por la policía, resultando ser Victoriano Navas, más conocido por el «Tete», nombre de guerra con que le designan sus compañeros de aventuras. Para completar el servicio, el cabo señor Maruri, acompañado de los guardias Bravo y Viadero, consiguieron averiguar que el fugado al ser conducido al Gobierno civil era Primitivo Palacio, sujeto muy conocido en esta población, de donde es natural.
Estuvo mucho tiempo ausente de Santander, apareciendo aquí de regreso de América
Seguimos con la misma noticia:
Licenciado de presidio, donde cumplió condena por homicidio, este sujeto estuvo mucho tiempo ausente de Santander, apareciendo aquí hace algunos meses, de regreso de América.
Una detención Por sospechar que pueda estar complicado en un robo, a cuyos autores busca la policía, fué detenido ayer por dos guardias municipales Primitivo Palacios, que hace unos quince años dió muerte en la cuesta del Hospital a un obrero marcador del periódico «El Cantábrico» y que recientemente había sido condenado como autor de un robo en la relojería de Angel Suero. Dicho sujeto, que ha salido ahora a la calle en virtud del indulto, se fugó una vez de la cárcel de esta ciudad, descolgándose por los muros de un modo casi inverosímil y en otra ocasión también logró fugarse cuando iba custodiado por la guardia civil. En una de estas fugas fué reconocido y capturado en Zaragoza y en la otra se le sorprendió en una taberna de Santander.
Mientras ardía la Primera Guerra Mundial, Primitivo seguí a su rollo y en su población de origen, Santander:
Ayer tuvieron lugar las sesiones de juicio oral, con referencia a causa seguida en el Juzgado del Este, contra Primitivo Palacios Leiva y Segundo Gómez Garcia, por el delito de hurto. Durante la noche y tormenta, buscada de propósito, del 13 al 14 de agosto de 1917, puestos de acuerdo los procesados, forzaron con palanqueta una de las vidrieras de la tienda que en la calle de Colosía tiene don Angel Suero, de la que se aprovecharon de relojes y otros objetos, que fueron valorados en 1.838 pesetas, sin que hayan sido recuperados. El ministerio fiscal calificó los hechos como constitutivos de un delito de hurto, del que consideró autores a los procesados, con las circunstancias agravantes 15 y 22 del artículo 10, y la también agravante 17 del mismo artículo, en cuanto de Segundo, y pidió se impusiera a cada uno de ellos la pena de dos años y once meses y once días de prisión correccional. El letrado señor Collantes, como defensor del Segundo, consideró al mismo encubridor del delito calificado, y solicitó se le impusiera la pena de un mes y un día de arresto mayor. El letrado señor Alvarez, defensor del Primitivo, expone en modo alternativo que su defendido no era autor, o, en otro caso, sería encubridor del delito de hurto, y solicitó del Tribunal la absolución de su defendido o la imposición de la pena de 125 pesetas de multa. Después de los informes quedó el juicio para sentencia.
Los robos de todo tipo estaban en el catálogo de actividades profesionales de este raquero convertido en chorizo y escapista legendarios:
Dos detenciones
Algunos agentes, reanudando las órdenes del segundo inspector de la policía gubernativa, detuvieron ayer á dos sujetos bastante conocidos los que parece ser son los autores ó cómplices del escandaloso robo cometido en el escaparate de la relojería que en el Muelle posee don Angel Suero. Los detenidos son Primitivo Palacios Leiva y Segundo Gómez. Al primero de dichos sujetos se le ocupó uno de los relojes robados y al segundo, al que la policía cree cómplice en el robo, le fueron ocupados un reloj de Eibar y un cortaplumas de la misma clase. También se hizo la policía de otro reloj compañero del primero que Segundo Gómez había entregado á un amigo. Como el número de relojes y otros efectos robados es bastante importante, la policía sigue una pista para recuperarlos. Los dos indivíduos ingresaron en la cárcel á disposición del Juzgado de Instrucción del distrito del Oeste.
Primitivo no era el único espíritu libre, que buscaba su libertad a cada rato, como podemos leer en la crónica titulada Buscando á un penado:
La Dirección general de Prisiones ha oficiado al presidente de la Audiencia de esta capital revocando la concesión de libertad provisional que venía disfrutando el penado de la prisión central de Santoña, Donato Blanco Palomera, natural del próximo pueblo de Maliaño. El penado, á quien se busca para su ingreso en la Penitenciaría, había sido condenado en causa, por homicidio, por el Juzgado de Santoña, y al concedérsele la libertad condicional se le señaló esta capital como punto de residencia.
Varios delincuentes detenidos por la Policía de Burgos
Diario de Burgos (Sección «Carnet de Sociedad» / «Sucesos»). Fecha estimada por contexto de página: década de 1940 (el recorte muestra que al lado se anuncia la festividad de San José del día 19 de marzo, y se menciona que «Primitivo Palacios Leiva» tiene aquí 61 años, por lo que este artículo se publicó aproximadamente en 1943).
En estos últimos días y por personal de la Brigada de Investigación Criminal han sido detenidos como delincuentes habituales contra la propiedad y conceptuados oficialmente como «timadores», Primitivo Palacios Leiva, de 61 años, natural de Santander; Mariano Marijuán Delgado, de 42 años, de Bilbao; Miguel Rodrigo Ortega, de 54 años, natural de Valdepeñas; Ildefonso Mañueco López, de 54 años, de Valladolid; Eliseo Tuestas Martínez, de 48 años, natural de Toro; y como «mechera-bolsillera» Amelia Blanco Expósito, de 45 años, avecindada en Salamanca. Todos los reseñados han ingresado en la Prisión Provincial, en calidad de detenidos gubernativos y en espera de antecedentes de la Dirección General de Seguridad.
Mediados de la década de 1950 (en este recorte, Primitivo tiene 72 años, lo que sitúa la fecha de publicación alrededor de 1954 o 1955):
Han ingresado en la cárcel en el día de ayer Telesforo Rodríguez Correa, de 53 años, con domicilio en San Isidro, 5, para cumplir ocho días de arresto por desobedecer órdenes gubernativas, y Primitivo Palacios Leiva, de 72 años, domiciliado en Vega, 20, por ser delincuente contra la propiedad.
VIII – Los principales garitos de Santander en la época del Machichaco
Me había enterado de los derribos que se están efectuando en Santander por lo que los periódicos me decían. Ayer, en una calma momentánea de mis achaques, salí de casa unos momentos, y fui a visitarlos. Me interesaban sobre todo los de la calle de Colón. Allí, en esa calle, sin carácter ninguno, y que era como una prolongación de los mercados próximos —de los cuales sólo subsiste hoy el del pescado—, se habían escrito, en el transcurso de más de medio siglo, las páginas más pintorescas y animadas de las pueblerinas de un Santander, que fue el de mi niñez precisamente. Parecía esa calle, con sus tres o cuatro establecimientos de bebidas y cafetines, todos famosos en la vida de bronce del pueblo, una «calle de muelle», como ésas que en todos los puertos abren sus puertas pintarrajeadas y chillonas para colmar la sed inagotable de los tripulantes de los barcos.
¡Cuánta manzanilla se habrá bebido en el transcurso de los cincuenta años últimos en aquellas famosas tabernas, que en los tiempos recientes se habían transformado en «bares» y cafés!
La más antigua era la «de Rucabado», en la esquina misma de Colón con Puerta la Sierra. Allí iban los santanderinos típicamente castizos de los tiempos de los «Orfeones»: burguesía acomodada; pueblo en plan de enriquecerse; tablajeros que forjaban, con sus largas blusas maculadas de sangre, el futuro bienestar y el señoritismo de los suyos; comerciantes de la inmediata calle de Atarazanas; apoderados de casas comerciales y, sobre todo, marinos, capitanes, maquinistas y mayordomos de los barcos. Cuando se llegaba a la escala de Santander, las tripulaciones ya lo sabían. Por la mañana se iba a tomar el blanco, a casa de Rucabado —el blanco y los sabrosos mariscos de la pescadería próxima—. Por la noche, al «Brillante», a aquel tormentoso «Brillante» del que he oído yo decir, cuando navegaba, a viejos capitanes que acababan de conocerme: ¡Ah, usted es de Santander! Pues tiene su pueblo una gran cosa: el «Brillante».Después de Rucabado estaba el «Kines», hostal también famoso. Lo fundó un antiguo capataz de las descargas del muelle, el difunto Raba, concejal federal que fue durante muchos años de nuestro Ayuntamiento. Su nombre primitivo fué el «Kinetoskopio», como tributo a este aparato óptico que entonces, aun no inventado el cine, gozaba de la máxima popularidad. El pueblo abrevió su nombre y lo dejó reducido al «Kines». Aquí iban los señoritos del muelle, los que luego fueron «fuerzas vivas» y personas serias. Entonces los señoritos bebían manzanilla y vinos de la tierra, y les gustaba beberlos al pie de las barricas, y entre gentes de rompe y rasga. Y tras del «Kines», «La Sacristía», no menos famosa que sus antecesores. Por los tres templos de Baco discurría, en los años maravillosos de principios de siglo, Teodosio, «el piloto».
IX – El Café América: donde la inmoralidad tiene su más alto asiento
En conjunto, estas noticias muestran que el Café América fue uno de los establecimientos más conflictivos y populares del Santander de finales del siglo XIX y comienzos del XX, apareciendo con frecuencia en la prensa por sus divertidos bailes de carnaval, las riñas, los altercados con marineros, las intervenciones policiales, las multas y otros sucesos pintorescos de toda clase.
En el Café América lo mismo que en el Teatro. Desanimación, falta de buen gusto en los trajes, máscaras mudas. Y eso que lo mismo el señor Sobarzo en el coliseo, alumbrado con dos magníficos arcos voltaicos, además de las lámparas, que la sociedad Esmeralda en el café América, han desplegado todas sus aptitudes y su buen gusto para que resultaran los bailes brillantísimos. Se espera, no obstante, que el de las flores, que se verificará en el Teatro mañana martes, será muy concurrido y espléndido.
Protesta contra la conducta del Senado norteamericano
Como protesta contra la conducta del Senado norteamericano, el dueño del café América ha sustituido el nombre de su establecimiento por el de «Café Español» y ha hecho pintar los faroles con los colores nacionales.
Anteanoche en el café América, un joven abofeteó á un guardia de orden público y le desgarró el uniforme que vestía. Ignoramos cómo se habrá arreglado este asunto, pero sabemos positivamente que ayer por la tarde, el joven en cuestión paseaba libremente por las calles más concurridas.
Pero esta agresión no debió de ser para tanto cuando fue liberado de seguido (o tal vez es que puso algún billete en algún bolsillo importante):
Ayer fué puesto á disposición del Juzgado el joven que la noche del jueves promovió en el café América un escándalo de que dimos cuenta en nuestro número anterior. Según informes que ayer pudimos recoger, el joven citado, que por cierto no se hallaba completamente sereno, no hizo más que romper el uniforme á un guardia de orden público que intentó sacarle fuera del establecimiento. El Juzgado, en vista de la poca gravedad del delito, le puso en libertad poco después de efectuarse la detención.
Versos satíricos sobre una pelea con unos franceses en Santander
En el café América hubo el otro día un combate en regla, una lid reñida, entre unos franceses de sangre bravía y unos cuantos mozos que les agredían. Botellas y bancos y mesas y sillas sirvieron de armas ofen-defensivas, y hubo contusiones y algunas heridas, siendo de socorro la Casa precisa. Para que la gente, que es olvidadiza, recuerde el combate librado ese día, del café á la puerta el dueño debía ¡poner una lápida conmemorativa! Amadís.
Reyerta en el Café América de Santander
Ayer se originó en el café América un fuerte escándalo, con la correspondiente reyerta entre los mozos del establecimiento y algunos franceses de la tripulación del «Chateau-Laffite» que, después de haber desocupado algunos frascos de ginebra, se negaron á pagar y la emprendieron á golpes con los mozos, rompiendo todas, ó casi todas las botellas del mostrador. De la contienda resultó herido uno de los mozos en una mano, con uno de los vidrios rotos, y dos de los franceses de heridas en la cabeza, también producidas con los cascos de las botellas. Intervinieron los guardias, condujeron á la Casa de socorro á españoles y franceses y allí fue el nuevo jefe de la guardia municipal, disponiendo se diera aviso al señor Cónsul francés para que tuviera conocimiento de lo sucedido y dispusiera lo que fuera conveniente; pero al practicarles la cura ocurrieron lances muy cómicos, pues los franceses insultaban en su lengua al médico de guardia y á los practicantes, intentando pegarles; y cuando al más recalcitrante de ellos se le puso la camisa de fuerza, pues no era posible curarle de otro modo, hizo un gran esfuerzo, se arrancó los vendajes antes de quedar del todo sujeto y una vez trincado empezó á cantar con estentórea voz la «Marsellesa». La desesperación de los que les curaban, contrastando con su monumental borrachera, dio, como decimos, motivo para lances sumamente graciosos.
Anteanoche á las diez, dos mujeres y un hombre que entraron en el café América, fueron insultados por un camarero del mismo y por una joven llamada Dolores Andualle, con quien aquél sostiene relaciones amorosas. En vista de esto los insultados salieron á la calle, á donde les siguieron el camarero y su amante, la cual infirió á una de las mujeres una herida en la cabeza, armándose con tal motivo una verdadera batalla en la que todos tomaron parte y que dio por resultado que dos de las contendientes fuesen curadas de algunas heridas leves en la Casa de socorro, y los demás á la prevención.
Anoche á las doce y media fueron conducidos al Principal cuatro individuos, de oficio cocheros, por haber promovido un alboroto en el nuevo café América.
X – El Café Brillante: uno de los locales de pelo en pecho
Las noticias de la época muestran que el Café Brillante fue un establecimiento muy popular en el Santander de la época, donde se celebraban espectáculos y actuaciones musicales, pero también aparece con frecuencia en la prensa por altercados, robos, escándalos y varias sanciones impuestas por las autoridades debido al horario de cierre y al orden público.
Multa por escándalo El señor Gobernador ha multado en cinco pesetas á seis individuos que anteanoche promovieron un tremendo escándalo en el café Brillante.
Robo a un licenciado del ejército Por un agente de orden público fue capturado y puesto á disposición del Juzgado de instrucción un individuo que en la noche de anteayer, hallándose en el café Brillante con un licenciado del ejército de Cuba, robó á este un reloj, y le llevó después al muelle de Maliaño donde pretendió robarle también el dinero que llevaba. Dicho licenciado disparó un tiro sobre su buen amigo, con el cual logró amedrentarlo, y hacerlo desistir de su propósito.
Escándalo frente al Café Brillante Un escándalo á que ayer nos referíamos, y que dió lugar á algunas detenciones, ocurrió frente al café Brillante, y no en ese establecimiento.
Escándalo dentro del Café Brillante A las once y media de anoche se produjo un escándalo en el Café Brillante, siendo detenido el promovedor.
Comentario crítico sobre el Café Brillante …pero á la doctrisa de calle Puente contra el «café brillantes», bien puestas café y hacen humos cuantos se antojan, y estropean fachadas, y molestan vecinos y nadie denuncia… …que ya está, ya comprenderá cuál quiero decir, «café brillante», que brillar ya brilla, porque foco es pero de inmundicias en medio población… …forasteros que vienes Santander todos tachan que casi primero «café brillante» encuentran que otras cosas mejores… (Se trata de un artículo satírico donde un personaje critica el humo, la suciedad y las molestias ocasionadas por el establecimiento).
Mujer encerrada en una fonda detrás del Café Brillante
En una fonda de bebidas que hay detrás del café Brillante quedó anteanoche, con conocimiento de la dueña del establecimiento, encerrada una pobre mujer á quien se conoce en Santander por la Muda. En la creencia de que se quedaba ésta sola, se cerró la tienda; pero á altas horas de la madrugada el sereno parece que oyó voces dentro del local, y, según después se ha sabido, procedían de que con la muda quedó un parroquiano que estaba completamente ebrio, y de cuya presencia en el local al cerrar la puerta nadie se había percibido. Los dueños de la taberna dice que ha notado la pérdida de un reloj.
Multa por cerrar tarde y por los espectáculos Se ha impuesto una multa de veinticinco pesetas al dueño del café Brillante por cerrar después de las doce de la noche y por los escándalos que se promueven durante los espectáculos.
Multa por tener clientes de madrugada El gobernador civil ha impuesto ayer varias multas á mujeres de mal vivir y á algunos individuos por blasfemos. También ha multado en 50 pesetas al dueño del café Brillante por tener gente dentro á deshora de la noche.
Multa a seis individuos por un escándalo El señor Gobernador ha multado en cinco pesetas á seis individuos que anteanoche promovieron un tremendo escándalo en el café Brillante.
Actuación artística en el Café Brillante Hoy debutará por primera vez el célebre cantador Juan Ríos (el Canario chico).
Un local de malísima fama y sucesos sangrientos en Santander: El Polisón
Leemos, el 23 de febrero de 1903, en el Correo de Cantabria:
A la terminación del baile de la tarde celebrado ayer en el local llamado El Polisón, ocurrió un sangriento suceso, como de continuo ocurren en los alrededores de dicho local. Un individuo de oficio maletero, llamado Ignacio Fernández, disparó un revólver contra la jóven Juana Mangas, que recibió el tiro en la cabeza, y gracias a dos individuos que salian con ella y que la auxiliaron no cayó al suelo. La Juana fué trasladada inmediatamente á la Casa de Socorro, donde el médico de guardia señor Almiñaque procedió á la extraceión del proyectil que habia entrado por el pabellón de la oreja izquierda alojandose en el carrillo del mismo lado. Parece que la causa de este accidente fueron los celos tenidos por el Fernández, quien á pesar de ser casado vivia maritalmente con la Juana y habia observado que esta no le guardaba la fidelidad que él pretendiera. Poco después de practicada la cura se la trasladó en una camilla al hospital y el agresor fué conducido á la carcel de orden del Juzgado que desde los primeros momentos se presentó en la Casa de Socorro y tomó declaración á la herida.
XI – El desembarco del Martinillo en el Gran Casino del Sardinero y la derrota de dos chulos andaluces
Como de costumbre, nos lo cuenta Pick:
Era hacia el año 1905. Sangraba todavía el drama colonial, que en Santander había tenido repercusiones dolorosas. Y un día de verano, un hombre pequeño, cuadrado, de rostro enérgico y duro, moreno, casi negro, con prueba de su estirpe criolla, pobremente vestido, se presentó en el antiguo Casino del Sardinero, y preguntó por el gerente, que era don José Pardo y Pardo, un comandante de artillería, en situación de excedente, y que se había dedicado a los negocios en nuestro pueblo.
Un Comandante de Artillería sometido por un matón
Don José Pardo, no era una ursulina precisamente. Por su carrera, por su vida en cuarteles y campamentos, por su natural impulsivo y enérgico, era lo menos indicado para dejarse intimidar por un matón. Y el hombre que le iba a ver le habló de este modo:
—¿Usted no me conoce…?
—¡No tengo el gusto…!
—Pues soy «el Martinillo». Haga usted memoria. Los periódicos han hablado mucho de mí, hace algunos días. ¡Recuerde usted! ¡«Martinillo», el del Colonial de Madrid…!
Don José Pardo recordó. En el Colonial de Madrid, en cuyos salones funcionaba una famosa timba, se había presentado una noche un hombre que se hacía llamar «el Martinillo», y había desalojado la sala a tiros. Había sido un escándalo de los que hacen época. Por aquel hecho, el hasta entonces desconocido «Martinillo» había ganado la celebridad.
—¡Ah, sí, creo recordarle! ¿Usted dirá en qué puedo servirle…!
Y el héroe de la Puerta del Sol, muy cortésmente y evitando con gran delicadeza toda palabra ociosa, le explicó que había llegado a Santander en una lamentable situación. Y como sabía que la Empresa del Casino estaba compuesta por señores serios y respetables, celosos del buen nombre y de la paz de su establecimiento, acudía a ella seguro de que le tenderían su mano protectora.
El bizarro comandante de artillería comprendió enseguida, pues se trataba de un hombre avisado, el ultimátum que iba envuelto en aquella declaración. Pero no queriendo rendirse, y para ganar tiempo, contestó con suaves evasivas:
—Sí; yo querría servirle a usted. Pero tengo que consultar. En realidad, yo aquí no soy nadie. Vuelva usted dentro de unos días.
—¿De cuántos…?
—¡Hombre!: de dos; de tres. Pasado mañana…
—¡Hasta pasado mañana, señor…!
Licenciados del presidio para espantar a los chantajistas inoportunos
Cuando se retiró el aventurero, el gerente del Gran Casino llamó a su despacho a los «Cívicos». Eran éstos, dos andaluces, maños y licenciados del presidio. El Casino les tenía a su servicio para espantar a los chantajistas inoportunos. En dos palabras, les puso al corriente de la situación:
—«El Martinillo» ha estado aquí…
—¿El del Madrid…?
—Sí; el del Colonial. Viene «por tela». Yo le he dicho que vuelva pasado mañana. ¿Qué os parece a vosotros…?
—Pues que vuelva. Eso es cosa nuestra…
—¿No hay más que hablar…?
—¡Nada más, don José…!
En efecto, a los dos días, conforme a lo anunciado, don Diego Martín hacía su entrada solemne en el Casino del Sardinero. Los dos «Cívicos», a la puerta, le vieron entrar recelosos. Uno de ellos quiso interponerse, pero Martín, de un empellón, le echó a un lado, y siguió adelante. Los hermanos se consultaron en breves palabras.
—¿Qué hacemos…?
—¡Vamos a ver a don José…!
Y en el despacho entraron. Con voz trémula, le expusieron el caso.
—¡Mire usted! Ese hombre viene dispuesto a todo. Si usted quiere, le tumbamos, pero acaso esto no le convenga a la Empresa. Sería un escándalo. Hablando con él, todo se podría arreglar…
—¡Está bien! ¡Iros!
Instantes después, don José Pardo y Pardo y don Diego Martín Veloz conferenciaban nuevamente. El segundo salía luego con rostro satisfecho, y desde entonces, ninguna nueva visita inoportuna volvió a turbar el plácido negocio de la ruleta veraniega. Los croupiers, seguían diciendo con su voz nasal y cosmopolita:
—¡Hagan juego, señores! ¡No va más…!
Y «el Martinillo», en la terraza de los cafés del muelle, se fumaba unos espléndidos carunchos, con la vista puesta en la lejanía. Era un conquistador que acababa de poner su planta firme en Santander. Maduraba los proyectos futuros, su señorío y sojuzgamiento de la ciudad.
La conversación de Martinillo con Teodosio sobre el reparto del poder mafioso
Pick nos explica a la perfección cómo funcionaba este mundo corrupto en el que ni siquiera el más justiciero de Santander, Teodosio Ruiz, quedaba limpio de polvo y paja en el reparto de comisiones y hasta de migajas:
—¡Diego Martín…!
—¡Ah! Yo Teodosio Ruiz. Siéntese usted. ¿Una copa, no…?
Los amigos que con «el Piloto» ocupaban el velador del «Cántabro», hiciéronse a un lado discretamente. Pasaron a ocupar la mesa inmediata, sin apartar la vista de aquellos dos hombres que se enfrentaban por primera vez. Su ansiedad se comunicó a todo el café, y pronto docenas de miradas espiaban curiosas lo que ocurría en aquellas sillas, situadas, a un lado del alto mostrador en el que el dueño, don Evaristo Arronte, preparaba servicios y recogía los encargos de los camareros.
—¿Una copa…?
Ante la insistencia, Diego Martín, mientras se sentaba, respondió:
—Acepto por usted. No bebo casi nunca…
Teodosio respondió con una carcajada fanfarrona:
—Pues hace mal. Yo sin «cognac» soy hombre muerto. ¡Y me ha de dar la razón usted…!
Trajo el mozo las copas. Uno y otro las paladearon golosamente en un sorbo de prueba, apurando después escasamente la mitad «el Martinillo». Y Teodosio la suya en un trago largo.
Hubo una pausa, que rompió Teodosio:
—¡Me habían hablado mucho de usted…!
—¡Y a mí de usted! Por eso deseaba conocerle. Sabía que habíamos de entendernos. Entre los dos podemos hacer mucho…
Volvió a reír Teodosio:
—En Santander no hay nada que hacer. Esto es una letrina. Aquí el único «que plancha» es el jefe de Policía. ¡Buen tipo don Narciso Tomás…!
—Sí, sí, ya he visto sus campañas. ¡Pobre hombre! Yo creo que exagera usted algo. Me parece un infeliz.
Hizo Teodosio un amplio gesto entre enfado y despectivo. Alzó sus brazos de atleta por encima de su cabeza, fingiendo asombro, y acabó dejándolos caer sobre el mármol del velador, como dos mazas.
—¿Un infeliz? ¿Pero usted sabe lo de la Colirona y lo de…?
—¡Cosas de hombres…!
—¡Bueno, vamos a hablar en serio, amigo Diego! ¡Supongo que no habrá usted venido a pasar el rato!
—¡A conocerle a usted; ya se lo dije…!
—Pues para que me conozca bien, le voy a decir cómo soy. No haga usted caso de lo que le digan por las tabernas cuatro gallinas, que en cuanto me ven se esconden bajo siete estados de tierra. Yo, Teodosio «el Piloto», estoy dispuesto a acabar con toda la granujería de Santander. ¿A usted le extraña? Pues así es. He vivido mucho y no me asusta nada. Me emborracho como el primero y donde haya una «gachí» que merezca la pena, allí estoy yo. No me importa que se juegue, aunque sea a los pitos. Pero lo que no quiero es que cuatro granujas vivan de las mujeres, del juego y de los borrachos, sin dar la cara y presumiendo además de personas decentes. ¿Usted lee «El Descuaje»?
—¡Ya le he dicho que sí…!
—Pues comprenderá que tengo razón, y el por qué de mi campaña contra ese don Narciso y otros como él…
La conversación era recogida, sílaba a sílaba, por los incondicionales de la próxima mesa, que se la iban comunicando, entre grandes gestos de regocijo y admiración, a los ocupantes de las inmediatas:
—¡Le ha dicho que don Narciso es un granuja…!
—¡Y que donde él esté, se han acabado los valientes…!
—¡Hoy está «el Piloto» como Dios…!
Siguió la charla sensacional. «El Martinillo» hablaba con frases cortas y precisas, sin entregarse al eufemismo ni al circunloquio. Lo que él quería, era llevarse bien con Teodosio, si podía ser. Él creía que sí, y para eso había buscado aquella reunión. Precisamente aquel asunto del «Dominó eléctrico» que se explotaba en el café podía ser un buen motivo para la inteligencia. En aquel asunto llevaba un parte «el Piloto».
—¡Una pequeña parte —corrigió éste—, una verdadera miseria!… ¡La mejor tajada se la lleva, como siempre, el inspector, y eso es lo que me duele…!
—Pero ya quedará un margen para un nuevo socio. Yo he venido a Santander con deseos de trabajar. Así, puestos los dos de acuerdo, el negocio marcharía boyante, sin riesgos de perturbación…
—¡Si diésemos carpetazo a don Narciso…!
—¡Dale con don Narciso! ¿Qué daño nos hace ese hombre? Déjele que coma. Créame usted a mí, que tengo experiencia. Más vale tener a los policías comiendo a nuestra mesa, que muertos de hambre a nuestra puerta. ¡Y más, habiendo para todos!
—¿Pero, y «El Descuaje»?
—Siga usted con él y diga todo lo que quiera. Pero para el negocio, déjeme a mí. ¡Yo me sé arreglar…!
Estaban hablando en el antiguo café del «Cántabro», que como saben los santanderinos de alguna edad se hallaba establecido en la plaza de Becedo, frente a unos pabellones viejos y misérrimos, inmediatos a la iglesia de San Francisco, que se derribaron para alzar el Palacio municipal. En esos pabellones existía otro café de mucho crédito en la población: el «Occidente». En el «Cántabro» se estaba explotando un juego de azar llamado el «Dominó eléctrico», y a este negocio se refería la conversación de los dos rivales.
Por la calle pasaba un grupo de borrachos cantando, con voz enronquecida, una copla bárbara, por aquellos días muy en boga, y que, por referirse a un convecino muy conocido, al que se citaba con su nombre propio, hacía sonreír a los pacíficos señores que tenían sentados junto al velador:
«¡En el corral de la plaza—hay un torito sobrero,—que por su fisonomía—es Fulano el carnicero.—Tran, tran, trero,—Fulano el carnicero…!»
Esta rudeza de pueblo primitivo tenían las costumbres públicas en aquella alborada del siglo XX en la muy culta y noble ciudad de Santander, cuna de altos ingenios, como don Marcelino Menéndez Pelayo.
«Martinillo» se lamenta de que dijera que hizo los disparos con el arma escondida en el bolsillo del abrigo
Diego Martín Veloz, natural de Santiago de Cuba.
A las diferentes preguntas que le hacen las acusaciones y la defensa, dice: Que llegó a Santander en el mes de julio, por la necesidad que tenía su señora de tomar baños. Aunque el juego no le atrae, cuando ve jugar, juega. Oyó hablar de Teodosio Ruiz y se extrañó de que en un pueblo como este se tolerase á un individuo, que, según decían, entraba en las tabernas y donde le venía en gana, é insultaba y maltrataba á todo el mundo. Luego hizo conocimiento con él y fue su amigo, pero no encontró en Teodosio la mala persona de que le habían hablado. Un amigo suyo estableció un billar eléctrico en el café Cántabro y allí fue algunas noches, no como defensor ó valiente, sino á jugar al ajedrez con otro amigo. Como había visitado el Club de Billares se enteró de que la sociedad que lo tenía lo dejaba y entonces él, de acuerdo con Ricardo Pellón (a) Colindres, se quedó con el juego, llevando el 25 por 100. Se perdía muchas veces, las más, y hubo que reponer el dinero. A todo esto Teodosio, a quien el presidente de la Sociedad del Club de Billares y Colindres habían prohibido la entrada allí, le pidió un duro diario y le dijo que le diera otro Colindres. Este se negó diciéndome que él no le daba nada y que si se presentaba le tiraba por el balcón; que él ya no temía á Teodosio porque á consecuencia de un escándalo habido en el Club con él la policía le entregó un pito para avisarla en cuanto apareciera por allí. Entonces, agrega Martín, decidí entregarle yo las 300 pesetas mensuales, no por sus exigencias, sino para evitar todo escándalo y disgusto á la sociedad. Estuve un mes fuera y al volver en diciembre me contaron que Teodosio había dicho en el café que era yo un matón de café con leche. Dije á los que me lo decían que no quería chismes. Por la noche, estando en el Café Cántabro, Teodosio me llamó á la puerta, salí y me dijo que le entregara las 300 pesetas de aquel mes, que le debía. Yo nada le debía; las cantidades se las entregaba en calidad de préstamo. Le dije que no tenía el dinero y que al siguiente día se lo daría, y quedaron citados en la acera de Escalante. Se vieron allí, efectivamente al otro día, y se dirigieron a la calle de la Concordia para tomar el camino del Alta. Teodosio entró en una chatarrería y allí le entregué las trescientas pesetas y lo dejé subiendo yo al Alta donde tenía unos cerdos. Hace otra porción de consideraciones acerca de cómo se jugaba en el Club de Billares, y dice que el nombre de Huerto del Francés lo tenía otra casa de juego establecida en la calle de San Francisco. Y entra a detallar lo ocurrido en la noche de autos. Estaba yo tallando, dice, y como perdía me dijeron que lo dejara. Entonces se colocaron en las cabeceras de la mesa Colindres y Saura. Yo salí á la calle. Me encontré a Monar, quien me dijo que Teodosio iba desafiado con Galdós, Jacinto Bolado y otros y le indiqué que procuraría buscarlos para evitar que cuatro pegasen á uno. Preguntó a un guardia si había visto á Teodosio y me contestó que con otros se dirigía a la Alameda. Seguí hasta la acera de Amós de Escalante y no encontrándolo volví al Club y me dirigí á la cocina. Pellón me advirtió que venía Teodosio, y cuando me disponía salir a la puerta, aquél se presentó en la cocina. Me sorprendió su presencia, porque allí tenía prohibida la entrada, pero pasó a la cocina diciendo: —¿Se puede tomar una cerveza? —Sí, hombre—le contesté. —Hoy se va á beber aquí de todo; hasta usted que no bebe nunca. Aunque noté que estaba algo embriagado, me habló con cierta sinceridad. Me preguntó qué tal iba el negocio y le contesté que mal.
Me preguntó qué tal iba el negocio y le contesté que mal
—Pues necesito 500 pesetas. —Siento no tenerlas. —Pídaselas a Colindres. —No las tiene tampoco; el negocio va mal. Dirigió algunos insultos a Colindres, le reconvine por ello y me contestó que él había ido allí a pegarme dos tiros, al mismo tiempo que se levantaba y sacando la pistola Browing se dirigió a la puerta de entrada de la cocina, sin duda para cortarme la retirada, y yo, sorprendido ante esa actitud agresiva de Teodosio me replegué hacia la puerta del comedor. En este movimiento hubo un cambio de posiciones. Teodosio disparó sobre mí, yo le contesté y crucé por el comedor á la sala de billares con objeto de avisar a los que estaban en la de juego, donde si entraba Teodosio temía una catástrofe. El abrió la mampara y entró también á la sala de billar y disparó otra vez. Todo esto fue rapidísimo. A mí se me escapó otro tiro. Teodosio entró en la sala de juego y en aquel momento la confusión fue grande. Los que allí se hallaban salieron, unos por el balcón y otros rompiendo el tablero que dividía las dos salas. Al aparecer yo á la entrada de la sala de juego, Teodosio, que se hallaba al otro lado de la mesa, me dijo: —¿Todavía estás vivo?, y siguió disparando contra mí. Sin esperar más disparé yo también, hasta que le vi caer. Luego explica la situación en que estaban en la sala de juego en el momento del suceso los individuos que recordaba, y dice que él pudo fácilmente herir al Liñero, pero en manera alguna á Nicanor Arenal, pues para eso hubiera tenido necesidad de volver la espalda al enemigo y no era tan tonto que fuera á hacerlo. Después del hecho cogió el abrigo y trató de salir, pero le detuvieron unos guardias que subían en aquel momento. Recuerda que Liñero le dijo que estaba herido y quiso abrazarse á él, que lo retiró para que no le manchara de sangre. Le pregunta el señor Bengoa si dijo á Martín Aguiar la noche del día en que fue con Teodosio por la Concordia, que si éste hubiera subido al Alta probablemente no hubiera bajado. Martín dice que no puede suponer tan tonto que fuera a decir su intención, si la hubiera tenido, de matar a Teodosio. Añade que á Martín Aguiar, después de guardarle toda clase de consideraciones, le había robado en la casa de juego y que luego en la cárcel le insultó. Se lamenta de esto y de que dijera que hizo los disparos con el arma escondida en el bolsillo del abrigo, y mucho más de que los periódicos, en sus informaciones de entonces, hubieran dicho que estuvo en el campo insurrecto peleando contra España. Habla también con disgusto del comportamiento que con él ha tenido Jesús González. Como el interrogatorio á que sometió al procesado el señor Bengoa se iba haciendo muy largo, el señor Presidente dio por terminada la sesión á la una y media para continuarla á las tres menos cuarto de la tarde. El procesado permaneció en el saloncillo de concejales, donde comió. Allí comieron también los guardias. Segunda sesión. Sigue la declaración del procesado. A las tres y media se reanudó la sesión, continuando su declaración el procesado Diego Martín Veloz. Al señor Meana dice que no vio entrar ni salir á Arenal, pero que él no pudo herirle por la situación que dicen ocupaba. Se extiende en otras manifestaciones que aclaraban su anterior declaración. La defensa le ruega que cuente lo del café Colonial, por haberse hecho de ello una fábula.
XII – El «Huerto del Francés»: el Al Capone de Santander y dos trileros profesionales
El Club de Billares era un garito de muy mala muerte (de ahí que lo conocieran los santanderinos por el Huerto del Francés) al que acudían los más perdidos en todos los aspectos, empezando por los ludópatas impenitentes que sabían a ciencia cierta que en este agujero negro de legalidad y moral encontrarían siempre tapetes listos para jugarse hasta el cuello de la camisa. Y no sólo eso, sino que en este infame club estaban dispuestos a no dejarse amedrentar por nadie:
Manuel Ramón Gómez: poco después del hecho subió al Club de Billares y auxilió á recoger el cadáver de Teodosio, que creían respiraba aún. Habla por referencias de que Pellón había dicho que Teodosio no entraría en el Club porque tenían orden de pegarle un tiro; del asunto del pagaré y de otros detalles anteriormente expuestos por otros testigos.
Pero, ¿quién era Ricardo Pellón, el alma mater del Club de Billares? Era un tipo listo y emprendedor para la época, a medio camino entre el voluntariado en los Bomberos Voluntarios de Santander y el emprendimiento lícito y el mundo de las timbas y la explotación del vicio. Le habían denegado repetidamente la instalación de un kiosko en la Plaza de Zabaleta hasta que al fin le dieron luz verde y, al parecer, ayudó a extinguir un incendio en Santander cuando todavía estaba empezando, en sus tiempos de bombero voluntario.
Ricardo Pellón («Colindres»), era un trasmerano más fino que una anguila. No sabemos por qué, esa noble comarca de Trasmiera conocida con el nombre de las Siete Villas da, desde hace tiempo, una clase de flamencos que dejan en pañales a los andaluces de solera. Gente viva para los negocios; pronta a la juerga; desprendida y rumbosa cuando se ofrece la ocasión, y valiente como el que más cuando hay que dar el pecho, hemos conocido muchos trasmeranos «de banderas». Nacidos en Meruelo, en Ajo o en Castillo Arnuero, podían pasar en cualquier parte, para quien no les conociera, como hijos auténticos de Sanlúcar de Estepona. Hasta toreaban, cuando llegaba el caso, becerros y toretes con sal y hechuras. Uno de estos trasmeranos andaluizados era, por aquellos años que estamos historiando, el popularísimo Ricardo Pellón, más conocido por «Colindres».
Su profesión era la de camarero. En casinos, cafés y barcos, pasó su infancia y parte de su juventud, doctorándose en todas las asignaturas de esa difícil carrera que es la vida, cuando hay que ganarla con el arrojo o el ingenio, en lucha obstinada con la pobreza.
Durante algún tiempo estuvo de mozo en la sala de juego del Club de Regatas. Todos los días se hacían allí diferencias de miles de duros. Las propinas eran abundantes, y «Colindres» se acostumbró a no dar importancia al dinero. Además, aquella timba de aspecto tan correcto, a la que asistían autoridades y personas del más alto relieve social, constituía una escuela perfecta del tahúr. Varias veces se hicieron cambios de barajas que llegaban precintadas de las fábricas, y que se escamoteaban en plena estación del ferrocarril o en el trayecto de ésta al Club, sustituyéndolas por otras preparadas, para con ellas poder actuar sobre seguro.
El pícaro Colindres, Ricardo Pellón, y el tirador de pego Guardiola
Allí conoció también «Colindres» a Guardiola, que era el tirador del pego más célebre que ha habido en España. Un hombre de unas manos tan milagrosas, que sacaba siempre del paquete de naipes, barajásele como se quisiera, la carta que le convenía. Guardiola vino contratado a Santander por una empresa de juego, para tirar el pego a uno de nuestros señoritos, fabulosamente rico en aquellos tiempos, y que se jugaba su fortuna sin haberla heredado todavía, pues vivían sus padres, como si los billetes de Banco fuesen papel de estraza. En efecto: en poco menos de un mes de tirarle contrarias, el mago del naipe dejó a nuestro «pobre-rico» heredero, poco menos que en la indigencia.
Alentado con estos ejemplos y fortalecido con tales enseñanzas, Ricardo Pellón no tardó en dejar los oficios subalternos y en lanzarse a volar por cuenta propia. Después de varios tanteos, estableció un Club de billares en la calle de San Francisco. Fue el primitivo «Huerto del Francés».
Hay que advertir que por aquellos días había ocurrido en la provincia de Sevilla el famoso crimen del francés Aldije, que mataba en su huerto, para robarlos, a los incautos que atraía con el espejuelo de una ruleta. En todas partes se hablaba del «Huerto del Francés», y así, cuando se establecieron en nuestro pueblo estos negocios turbios, en que el juego figuraba como elemento principal, «Huertos del Francés» se llamaron. El establecido por «Colindres» en la calle de San Francisco recibió también este nombre.
La «timba» quedó instalada en el piso primero. Se jugaba al monte y al «chacarrata»
Se hallaba situado en unas casas que ya no existen, en el principio de la calle, frente a la iglesia de San Francisco. Precisamente, donde hoy tiene sus despachos «El Águila». Eran unas casas viejísimas, de dos pisos, probablemente las más antiguas de la calle. La «timba» quedó instalada en el piso primero. Se jugaba al monte y al «chacarrata», y la clientela la constituían estudiantes de pocos años; dependientes de comercio y oficinas, y muchos marinos, porque en Santander entonces estaba muy boyante la navegación, y abundaban los pilotos y maquinistas de barco, con dinero fresco, que frecuentaban toda esta clase de garitos.
El negocio era bueno, y sin grandes complicaciones, porque «Colindres», con su sagacidad trasmerana, había comprendido que el medio infalible de acabar con la polilla de matones, barateros y pronosticadores que cae sobre esta clase de establecimientos, era conceder el monopolio a uno solo, que cobraría por todos y se encargaría de alejar a los demás. Después de mucho pensarlo, se fijó en Diego Martín, recién llegado al pueblo, y que ya se había hecho temer y respetar por todos sus rivales. Diego estaba vacante en aquellos momentos, pues sin inteligencia con Teodosio, de que hemos hablado al referirnos a la explotación del «Dominó eléctrico», había terminado. No eran hombres hechos para vivir juntos; el uno, espectacular, escandaloso, impulsivo; el otro, prudente, razonador, callado e implacable. Sólo coincidían en que uno y otro aspiraban al dominio absoluto. Tenían que chocar, y chocaron.
Pronto corrió por el pueblo la especie de que el negocio de la calle de San Francisco estaba amparado por aquel cubano, de quien se contaban tantas cosas. En efecto, por las salas, se le veía fino, correcto, de mesa en mesa, mirándolo todo, y no hablando sino cuando se le invitaba, y siempre con personas que le parecieran dignas de su atención. Los busca ruidos y «los brujas», los que iban a jugar de boquilla, o a armar bronca, para que acudiese la policía, y al otro día hablasen los periódicos, no se atrevían a subir. Sabían que Diego Martín era hombre capaz de hacerles salir por una ventana sin esforzarse mucho.
Tan bien fue el negocio de la calle de San Francisco, que sus empresarios decidieron trasladarse a un piso entresuelo de la calle de Puerta la Sierra, esquina a Colón (precisamente una de las casas que acaba de derribar don Ernesto del Castillo). Era un local muy amplio, y que se arregló convenientemente.
Allí debía tener, poco después, lugar el drama (del Huerto del Francés, que como se dice aquí se encontraba en una de las casas que se tiraron abajo de forma pacífica durante la Guerra Civil).
“El Huerto del Francés”: una descripción del peor garito de juego ilegal en Santander
La atención está fija en la Sociedad, café ó garito titulado «Club de billares», que la opinión conocía con el profético y fatídico nombre de El Huerto del Francés. Este expresivo nombre con que era conocido el garito no es de ahora. Hace varios meses que de público se aseguraba que en aquel sitio ocurrían hechos escandalosos en que la opinión encontró cierta analogía con los del tristemente célebre Huerto del Francés, y bautizó con este nombre al «Club de billares». No obstante, la policía no se enteró de estos rumores que cada día adquirían más visos de verdad, y si se enteró no creyó oportuno intervenir en el asunto ni comprobar si lo que de público se decía era infundado rumor de la fantasía popular. El «Club», oficialmente, era una sociedad de recreo constituída en 1902. Fue café «Modernista» y ostentó diferentes títulos, hasta el de «Club de billares». Ocupa el piso primero de una casa sin número de la calle de Puerta la Sierra, que no tiene más que el piso bajo, donde está establecido un comercio, y el principal. Como el hecho ocurrido ayer de madrugada no está aclarado por completo y circulan varias versiones sobre la forma en que se desarrolló el sangriento drama, creemos necesario hacer una ligera descripción del sitio del suceso, para que nuestros lectores puedan darse una idea de la forma en que se desarrolló. En el portal, sucio y estrecho, empieza una escalera corta, de empinados peldaños, que termina en la puerta que da entrada al Club. Esta puerta es de madera y en el cierre tiene una placa de hojalata. Al pasar la puerta se encuentra un pasillo muy reducido y oscuro. Á la izquierda una puerta da entrada á la cocina, y frente á la primera hay otra puerta mampara, forrada de bayeta encarnada. En el centro, y en un cristal, se ven las iniciales C. B. enlazadas. En la cocina, otra puerta comunica con una habitación donde hay una pequeña mesa y un aparador. La principal habitación del Club está frente á la segunda puerta. Es una sala grande, de forma irregular, con balcones á las calles de Puerta la Sierra y Colón, dividida por un tabique de tablas. En la parte de la izquierda hay colocada una mesa de billar y en la de la derecha, al otro lado del mamparo, una mesa de juego, de forma que no deja lugar á duda sobre el objeto á que se la destina. El mobiliario es modestísimo y viejo. Muy pocos veladores de mármol, un diván en la salita de juego y algunas destartaladas sillas distribuidas por todo el local. En este sitio, dónde á la primera visita el menos observador conoce perfectamente que se halla en un inmundo garito, se desarrolló el triste suceso que tan justamente ha indignado al vecindario de Santander. ¿Cómo ocurrió el hecho? Todavía no se sabe con certeza, ni es fácil averiguarlo, de qué modo ocurrió el hecho. De los que intervinieron en el suceso, unos no pueden contarlo por haber pagado con la vida su intervención, y otros ocultan lo ocurrido por temor á responsabilidades. Hay, pues, que partir de suposiciones para tratar de reconstituir los hechos, aunque estas suposiciones tienen mucho de verosimilitud por las observaciones hechas en el lugar del suceso y los detalles que se conocen. Lo único que no admite lugar á duda es que el origen de la cuestión fue el juego y las causas del suceso las rivalidades de dos hombres que se disputan la triste supremacía de la guapeza y del matonismo. La cuestión ocurrió entre dos hombres; entre Diego Martín y Teodosio Ruiz. Las consecuencias alcanzaron á otros; pero aquellos son los que promovieron y sostuvieron la lucha.
Diego Martín, el héroe de esta vergonzosa jornada, es un matón de profesión, un baratero de la peor especie
Se trataba de una casa conocida, de una casa donde se jugaba con ventaja y lo sabía todo el pueblo y debían saberlo antes que nadie y mejor que nadie las autoridades gubernativas, como sabían también que el tal Diego Martín, el héroe de esta vergonzosa jornada, es un matón de profesión, un baratero de la peor especie, de cuyas proezas se hablaba en todas partes desde que llegó aquí el verano último, de quien se sabe que ha andado á tiros varias veces en lances de su bajo oficio; y, no obstante, ni aquella casa fue clausurada ni este matón vigilado en forma que hiciera imposible aquí el ejercicio de su miserable industria. ¿No habíamos de coincidir todos al tratar de señalar á los responsables de lo ocurrido?
No queremos dejarnos dominar por la pasión; queremos analizar serenamente los hechos, y en presencia de ellos sentimos arrebatos de indignación que dan al traste, siquiera sea por un momento, con nuestros buenos propósitos de discurrir fríamente. Para realizarlo suponemos que el gobernador y la policía ignoraban la existencia del Huerto del Francés, y así, teniendo que acusar de ineptitud manifiesta, inconcebible, á aquellas autoridades desdichadísimas que han tocado en suerte á este pueblo, aún más desdichado, podemos menos difícilmente contenernos; pero desborda nuestra ira y nos ciega la pasión en cuanto nos detenemos á pensar que para admitir como posible aquella ignorancia, hay que admitir antes el absurdo inconcebible de que, en un pueblo de sesenta mil almas, sólo tres personas ignoraban la existencia de ese centro del crimen; y que esas tres personas son precisamente las obligadas á conocer esos antros y las únicas que cuentan con medios de descubrirlos. ¿Y qué hemos de decir particularmente de la policía, si hasta en los menores detalles —como el de hallarse sobre una mesa, en un chiriviti formado con tablas y que debía de servir de escritorio en la casa del crimen, el último número del periódico profesional La Policía Española— parece revelarse una extraña simpatía entre los que debieran ser perseguidos y los que debieran ser sus perseguidores?
Dos versiones de una visita inesperada: de guapo a guapo
Sobre el principio de la cuestión circulan diferentes versiones. Nosotros, que hemos visitado el lugar del suceso, que hemos seguido paso a paso los trabajos realizados para aclarar los… […] Se aseguraba que Diego Martín hizo el primer disparo á Teodosio á traición, es decir, «madrugando» como se dice en el lenguaje de los matones. El disparo lo hizo Diego Martín, dicen, con la pistola en el bolsillo derecho de la americana disparando sin sacar el arma, el cañón por el extremo de la costura, de modo que Teodosio no pudo ver la pistola ni sospechar que iba á ser agredido hasta que oyó el disparo y se sintió herido; suponiéndose que esta herida es la que tiene en el bajo vientre y que le dejó en condiciones de gran inferioridad respecto á su enemigo. Este extremo será fácil de comprobar por un reconocimiento de la chaqueta de Martín que debe estar perforada por el ángulo inferior y anterior del bolsillo, de haber ocurrido los hechos como se dice. ¿Quién es Diego Martín? La personalidad de Diego Martín ha adquirido, con este escandaloso suceso, triste popularidad. Á pesar de sus declaraciones, todos le señalan como autor de las desgracias ocurridas, y se pregunta el público quién es este sujeto, al que sólo conocen algunos porque relataron los periódicos de Madrid un «acto» suyo ocurrido en el café Colonial, donde anduvo á tiros. Teodosio Ruiz era popularísimo y no necesita presentación. Su historia era conocidísima en Santander y todos recuerdan los detalles de su vida aventurera y azarosa. El otro es poco conocido. Hace próximamente año y medio llegó á Santander un sujeto bastante mal vestido y de aspecto sospechoso.
Felipe Durán, guardia municipal. Estaba de servicio en la calle de Atarazanas. Oyó los disparos y fué al lugar del suceso.
Manuel Ramón Gómez: Dice que subió a la casa después de los tiros y recogió a Teodosio, pareciéndole que aún respiraba, y le llevó a la Casa de Socorro. También asegura que oyó decir a Teodosio: «Vengo aquí a pegarme contigo cuatro tiros» y al llegar a la puerta de la escalera oyó ruido como de levantarse, suponiendo que por lo reducido del local pudiera cambiar de posición con sólo levantarse. Dice que Teodosio, cuando estaba borracho, insultaba y maltrataba a sus mismos amigos y presenció el testigo cuando aquel en el Club amenazó a Colindres y le exigió dinero. También dice que ha visto siempre portarse bien a Diego Martín Veloz, e insiste en que Teodosio provocaba las cuestiones. El presidente pregunta al testigo para que concrete. Contesta que las voces las oyó al pasar por la cocina, los dos primeros tiros al llegar a la puerta, pareciéndole que debió disparar primero el que estuviese más cerca de la puerta y los demás tiros los oyó en el último descansillo de la escalera. Federico Diez Belolde: Otro de los que se hallaban en la sala de juego. Dice, contestando a las acusaciones, que estando jugando entró Colindres a decirles que recogiesen el dinero. Después oyó dos disparos y huyó como los demás. Cuando salía de la sala oyó que decía Teodosio «esos valientes, que se tiren por el balcón». No sabe donde estaba Arenal y vio a este en la calle.
Paulino Horna, guardia municipal. Estaba de servicio la noche del suceso y encontró a Arenal herido en la calle. Éste le dijo: «me ha matado Celis». Ingresó y cayó al suelo, conduciéndole el testigo, auxiliado de otros guardias, a la Casa de Socorro. Abilio Alvareda, guardia municipal. Estaba de servicio y vió a Arenal en la Casa de Socorro. No sabe nada del suceso.
XIII – Diego Martín Veloz, alias Martinillo: el Padrino cubano que llegó para neutralizar a Teodosio
Al retirarse anoche a las diez a su domicilio, Diego Martín Veloz, repatriado de Cuba, fue agredido por un individuo, que al pasar por la calle de Jardines disparó un tiro sobre él. El agresor huyó. Afortunadamente, Diego Martín resultó ileso. Ignora quién fue el individuo que le hizo el disparo.
Por el Juzgado de Pedrosillo el Ralo se cita á don Diego Martín Veloz, teniente repatriado de Cuba, natural de dicho pueblo, para que se presente en la Secretaria del mismo á cumplir el arresto que se le impuso en juicio de faltas por lesiones causadas á sus convecinos Francisco Benito y Hermenegilda Martín.
En la Delegación del distrito ha denunciado don Diego Martín Veloz, que al descender ayer de un tranvía en la calle de Cedaceros, notó que le habían sustraído la cartera con 1.975 pesetas en billetes que contenía, ignorando quién pueda ser el autor del hecho.
El cabo de la guardia civil del puesto del Pedroso recibió una comunicación del Juez de instrucción de Salamanca para que detuviera en Vilaverde y lo condujera á la cárcel de esta ciudad á D. Diego Martín Veloz, teniente de la reserva, para seguirle causa criminal por el delito de lesiones que causó con arma blanca á dos vecinos de Villaverde el día 6 del actual.
Próximamente a las nueve y media, al salir del Café del Pasaje, los jóvenes don Diego Martín Veloz y don Alejandro Giménez Silva, tuvieron una disputa en la Plaza Mayor, a consecuencia de la cual, frente al comercio de los señores Buxaderas y Compañía, el don Alejandro hizo un disparo de arma de fuego sobre su contrario, ocasionándole una lesión en el cuello de pequeña importancia: de tan pequeña, que el mismo agredido se extrajo el proyectil, pues afortunadamente, gracias á la consistencia del planchado de la camisa, no llegó á penetrarle, quedándole entre cuero y carne.Los conocidos comerciantes don Mariano Rodríguez Galván y don Antonio Romero, que en aquel instante pasaban muy cerca del lugar de la ocurrencia, se apresuraron á dar aviso á los agentes de la autoridad, quienes detuvieron al agresor, recogiéndole una pistola de dos caños, de pequeño calibre. En la Casa de Socorro fué curado en un momento el don Diego Martín. Dada cuenta del hecho al Juzgado de instrucción, se personó el Juez señor Neve, acompañado del actuario don Alfredo Mancebo, en la prevención del Ayuntamiento, procediendo á tomar declaración al agresor y á instruir las primeras diligencias, dándolas por terminadas á las dos de la madrugada. El agresor fué trasladado á la cárcel.
Ya hemos dicho cómo se presentó por vez primera en Santander don Diego Martín Veloz. Digamos ahora algo de la vida anterior de este fuerte personaje de novela barojiana. Conste que lo que ahora estamos contando lo sabemos, más que por observación directa, por lo que nos dijeron algunas personas que tuvieron ocasión de tratar con él en aquellos tiempos. Una de estas personas fue el ya fallecido periodista Antonio Mur, por aquel entonces diligente y activo reportero de «La Atalaya». Mur tuvo ocasión de hablar con don Diego cuando éste se encontraba en la cárcel a consecuencia del drama llamado del «Huerto del Francés». Ganó su confianza, y él fue quien le indicó como uno de los mejores abogados para su defensa el nombre de don Juan Ruano. Sabida es la amistad que luego unió al joven político, a la sazón en los principios de su brillante carrera, y al hombre de acción que consiguió sacar absuelto en un sensacional proceso. «Martinillo», que no olvidó los favores que se le hacen, guardó siempre a Ruano una lealtad inquebrantable. Pero le conoció por Mur, que en sus visitas a la cárcel, le dio aquel nombre. Y Mur nos contó años después muchas cosas interesantes del proceso y de las personas que en él intervinieron.
Martín Veloz procedía de la isla de Cuba, donde había actuado como teniente de las milicias movilizadas entre los naturales del país para defender nuestra soberanía. Era un hombre de un valor frío e inquebrantable, y halló ocasión de distinguirse en aquella lucha al machete que tenía lugar en la manigua. Durante aquella guerra, se relacionó con muchos de los jóvenes oficiales del ejército español, que al cabo del tiempo fueron figuras destacadas en nuestra historia. Uno de los que más intimaron con él fue Páez Jaramillo, que murió siendo general, y que al ocurrir los sucesos de Santander era teniente coronel de un batallón de cazadores. A Santander vino a declarar a favor de su amigo ante la Audiencia, y de esa declaración sacó Ruano el partido que puede suponerse, conociendo su habilidad. Sobre la mesa de trabajo de Ruano, vimos durante muchos años una fotografía del de Páez, con la siguiente dedicatoria: «A don Juan José Ruano, en agradecimiento a haber salvado a mi hermano Diego Martín Veloz».
Tenía condiciones extraordinarias de guerrillero: una bala o el machete no cortaban su vida
La desmovilización de las milicias a causa del tratado de paz, trajo al «Martinillo» a España, y le sumió en la vida caótica y estrafalaria de los casinos y centros de la vida alegre de Madrid. De haber continuado la lucha, probablemente hubiera llegado a general, pues tenía condiciones extraordinarias de guerrillero; una bala o el machete no cortaban su vida. Pero su destino era otro, y empujado por él llegó a Santander hacia aquel año de 1900.
Con un rápido golpe de vista, de hombre avezado a la exploración del paisaje, estudió la formación moral del pueblo en que había caído. En Santander había algo más que los valientes escandalosos de la calle de Colón y que los garitos y prostíbulos en que aquéllos imponían su ley. Era un momento de franca prosperidad para el pueblo. Los caudales repatriados de Cuba estaban creando nuestra industria, y cambiaban la fisonomía comercial de la Montaña. Corría el dinero, que se ganaba fácilmente y se gastaba con la misma facilidad.
¿Era Diego Martín Veloz abusivo y deshonorable en los desafíos y enfrentamientos?
Durante el juicio se escucharon testimonios que lo definían como valiente y honorable y hasta pacífico, si no se le atacaba antes, pero los testimonios que tenemos de otros episodios suyos, en especial en Salamanca y Madrid, nos cuentan una historia muy diferente de la que predicaron sus numerosos amigos y padrinos en el juicio, los cuales fueron bien capitalizados por el hábil abogado defensor Ruano.
El señor Sánchez (abogado de Salamanca)
El señor Ruano le pregunta por el concepto que le merece Diego Martín Veloz.
Testigo.—Conocí a don Diego Martín Veloz hace cuatro ó cinco años, y el concepto, en general, que me merece, es el de un corazón noble, siempre dispuesto a proteger al humilde contra el soberbio y que nunca sentó plaza de cobarde, aun cuando tampoco era provocador. El concepto público respecto a él, en Salamanca y donde le conocen, es excelente, pero especialmente en aquella provincia, en la que cuenta con el aprecio de todos sus convecinos.
A otras preguntas del señor Ruano, dice:
Que hace poco tiempo, y en un asunto que no hace al caso, representó al ministro de la Gobernación.
Para demostrar las condiciones de valor, nobleza é hidalguía de Diego Martín Veloz, cuenta que, en cierta ocasión, yendo el testigo con él por la Plaza Mayor de Salamanca, le salió al encuentro un malvado, un criminal, que le agredió, haciéndole varios disparos. Una de las balas le quedó incrustada en el cuello de la camisa; Diego Martín la sacó, y dirigiéndose al agresor, con una serenidad y un valor increíbles, le dijo: «Sigue tirando, que ésta no me ha matado.»
[…]
El señor Bengoa.—¿Tomó parte activa Diego Martín en su elección?
Testigo.—No, y con mucho sentimiento por su parte, porque antes había adquirido compromisos con otros y Diego Martín no falta a una palabra que da.
D. Rafael Borrero y Alvarez de Montera. Capitán de caballería
Propuesto por la defensa.
A preguntas del señor Ruano dice que el concepto que le merece Diego Martín Veloz, á quien conoce y de quien es amigo, es el que siempre debe de merecer todo hombre que esté adornado de tan altas dotes de nobleza, generosidad é hidalguía que á él le adornan.
Le conoció en Salamanca, y ha sido para él y para cuantos le tratan un verdadero amigo, que nunca vacilaba en hacer favores. Es un hombre dignísimo, incapaz de hacer daño á nadie, cualquiera que sea su situación.
Señor Bengoa.—¿Cree usted en el valor absoluto?
Testigo.—Sí.
Señor Bengoa.—¿Sabe usted con qué medios contaba Martín para vivir?
Testigo.—Con su sueldo.
Don Fernando Cadiñanos González. Periodista
Propuesto por la defensa.
Dice, a preguntas del señor Ruano, que conoce y es amigo de Diego Martín, cuyo carácter es algo violento, pero incapaz de hacer daño a nadie.
Martín es la nobleza personificada, es un muchacho excelente, y su caballerosidad llega en algunas ocasiones hasta hacerse quijotesca.
Conoce también á Teodosio Ruiz, por habérsele presentado éste en Madrid con una carta de recomendación para que le ayudara en las gestiones que hacía con objeto de que se resolviera á su favor un recurso de casación de una sentencia condenatoria en causa por injurias.
Siempre creyó á Martín y Teodosio dos buenos amigos y con ellos había estado en Santander. Ruiz le pareció un buen muchacho, y al conocer la vida que llevaba de borracho y pendenciero, le aconsejó que se retirase de ella, porque había observado que Teodosio Ruiz, embriagado, era una fiera.
Señor Bengoa.—¿Diego Martín no bebe más que leche y agua?
Testigo.—Nada más.
Señor Bengoa.—¿Teodosio Ruiz era provocador o camorrista?
Testigo.—Camorrista, más que nada, y siempre hallándose embriagado.
Don Federico Páez Jaramillo. Teniente coronel del Batallón de Cazadores de Madrid número 1.
Propuesto por la defensa.
En la campaña de Cuba, dice a preguntas del señor Ruano, sirvió a sus órdenes, como teniente, Diego Martín Veloz, y por su valor e intrepidez se hizo digno del aprecio, del cariño y de la consideración de todos los generales, jefes y oficiales que en aquellas operaciones tomaron parte.
Señor Ruano.—¿Cree usted capaz á Diego Martín de cometer una falta de caballerosidad, de nobleza, en una palabra, le cree capaz de cometer un asesinato?
Testigo.—Para convencerles a ustedes de lo contrario, sólo diré que, si le considerara innoble, no hubiera dejado el mando del batallón y menos en estas circunstancias, para venir a defenderle.Creo á Diego Martín el hombre más noble, más heroico y el mejor guerrillero de la guerra de Cuba y para quien hoy trabajo la concesión de unas cruces que merece y que deben adornar su pecho, por valiente en la defensa de su patria. Ése era el simpático niño Martinillo, como le llamábamos allí.
A preguntas del señor Fiscal dice que el hecho porque está procesado le causó gran sorpresa, pues al regresar todos á España siguió tratándole y sosteniendo con él correspondencia y en nada desmerecía al aprecio, consideración y amistad que siempre le había guardado.
En el Cuartel de la Montaña recibió la visita de Teodosio Ruiz, que le llevaba una carta de recomendación de Diego Martín
Dice que en el cuartel de la Montaña recibió la visita de Teodosio Ruiz, que le llevaba una carta de recomendación de Diego Martín, acerca de un recurso de casación que aquél tenía interpuesto, asunto que él su vez recomendó á don Luis Armiñan, ycuál no sería su sorpresa al recibir meses después una carta de éste comunicándole que Teodosio había muerto á manos de Martín. Teodosio Ruiz le pareció buena persona.Luego, contestando al señor Bengoa, dice que Diego Martín es de carácter impetuoso, pero que si no le maltratan, él no hace daño.
Refiriéndose a un arresto sufrido por Martín, siendo militar, agrega, que el delito no tuvo importancia; se concretó a dar una mala contestación a un centinela, pero como la ley militar hace graves las pequeñas faltas que en la vida social no se toman en cuenta, fue procesado y cumplió un arresto.
Don Francisco Enríquez. Capitán de infantería.
Propuesto por la defensa
Fué compañero de Diego Martín en la campaña de Cuba. Dice que se presentó voluntario á la compañía que él mandaba deseoso de servir y defender á su patria.
Peleó siempre en la extrema vanguardia. Le merece un buen concepto. Cuando se le trataba de agredir, procuraba esquivar la cuestión, pero después se defendía al verse atacado, defendiendo en todas ocasiones su dignidad y su honor.
Señor Ruano.—¿Colocado Diego Martín en otro ambiente menos puro podría llegar á despojarse de la nobleza en él característica y ser capaz de cometer un asesinato?
Testigo.—No.
Dice al señor Bengoa que conoce á Diego Martín hace once años y que siempre ha tenido con él muy buena amistad.
Don Juan Manuel de la Maza. Capitán de Infantería, afecto a la Caja de Reserva de Torrelavega
Propuesto por la defensa.
Es amigo y fue compañero en la campaña de Cuba de Diego Martín.
A preguntas del señor Ruano, reconoce la valentía, temeridad y nobleza del procesado, á quien cree incapaz de aprovecharse de esa superioridad contra nadie.
Testimonios militares sobre Diego Martín Veloz, quien fue veterano heroico de la Guerra de Cuba
Don Juan Manuel de la Maza. Capitán de Infantería, afecto a la Caja de Reserva de Torrelavega
Propuesto por la defensa.
Es amigo y fue compañero en la campaña de Cuba de Diego Martín.
A preguntas del señor Ruano, reconoce la valentía, temeridad y nobleza del procesado, a quien cree incapaz de aprovecharse de esa superioridad contra nadie.
Señor Ruano.—Si, por razones de la vida, Diego Martín tuviera tratos con la gente del hampa, ¿le cree usted capaz de perder la nobleza, cualidad en él innata?
Testigo.—Entonces no sería Diego Martín.
Don Feliciano Velarde. Coronel de infantería retirado. Sirvió en Cuba y tuvo a sus órdenes a Diego Martín, a quien elogia y cree una excelente persona.
XIV – El Unión Club y la belle époque de Santander, tan extrañada en la Guerra Civil
En las «Memorias de un periodista provinciano» que empecé a publicar en este periódico, falta un capítulo que entonces me vi obligado a suprimir, por motivos de orden sentimental, que en estos momentos ya no existen. Cuando tantos miles de hermanos nuestros luchan y mueren; cuando tantas ruinas y tantas lágrimas brotan del suelo negro de una España despedazada, aquellas razones pierden todo su peso; el dolor del recuerdo no es nada en comparación con los dolores con que la realidad angustiosa nos hiere a cada paso. Y precisamente, muchos amigos que vivieron aquellos días del drama de nuestro «Huerto del Francés», cuando leyeron nuestro artículo sobre Teodosio, «el Piloto», han venido a vernos, y nos dicen:
—Debe usted continuar y ampliar el recuerdo. ¡Cuando lo leo me parece que vuelvo a vivir…!
Estos amigos nos han convencido. Vamos a poner en línea todas nuestras remembranzas de aquellos tiempos. La figura de Teodosio Ruiz, «el Piloto», y de otro personaje extraordinario, les va a proyectarse en estas crónicas con más firme relieve. De esos personajes, el que destaca al par de Teodosio, con más vivo trazo, es Diego Martín Veloz, «el Martinillo», que todavía vive, que está en Sevilla, al lado del general Queipo de Llano, su gran amigo, según nos comunicaba éste, hace unas noches, desde la radio de Sevilla.
Eran los tiempos del Unión Club, famosos por sus bailes de máscaras, en el viejo teatro, en los que el champaña caía de los palcos como agua de lluvia. Los carnavales constituían una fiesta de una brillantez y una alegría insuperables. Se acababa de imponer la moda del confetti y de las serpentinas, y se empleaban a granel, cubriendo con una espesa alfombra las calles de la ciudad. La gente joven iba a estas fiestas con lujosos disfraces, ocupando carrozas arrastradas por piafantes corceles. Atronaban las trompetas; las estudiantinas y comparsas, algunas muy notables, ponían una nota brillante en el cuadro multicolor. Nunca, ni en los años de loca abundancia de la Guerra Europea, vivió Santander tiempos más felices y más alegres que aquéllos.
El Unión Club, recién establecido en el muelle, a causa de una disidencia del Club de Regatas, daba el tono a todas aquellas alegres expansiones. Aquel momento de la vida de nuestro pueblo puede ser conocido con el nombre del Santander del Unión Club.
Era la locura bulliciosa y pródiga de los hijos de las familias ricas que se manifestaba en todos los actos de la ciudad. En aquel pequeño local se fundieron fortunas consideradas como las más importantes del pueblo. En cierta ocasión vino el gerente de una casa francesa de Champaña a visitar a unos clientes que figuraban entre los más importantes de España. Martinillo se asombró al encontrarse con una especie de «garçonnerie» en la que se reunían unas cuantas docenas de amigos. Él esperaba hallar una sociedad como «La Bilbaína» o el Casino de Madrid.
—¿Pero no son más ustedes? —preguntó, asombrado.
—Somos aún menos —le respondieron—, porque usted está viendo hoy algunos amigos forasteros que nos hacen el honor de ser hoy nuestros huéspedes.
Varios conserjes del Unión Club se hicieron ricos en la modesta escala de sus aspiraciones, con la largueza de los socios. Se cuenta el caso de una caja de habanos que, sin abrirse nunca, llegó a valer al conserje que la vendía treinta o cuarenta mil duros…
Como el hecho es curioso, le vamos a referir:
En el Unión se jugaba al «bacarrat» sin banca titular. Tallaban los mismos socios y les ayudaban, en lugar del «croupier», unos amigos, que lo hacían desinteresadamente. Cuando se levantaba la banca, el jugador que había ganado, para corresponder al auxilio del que le ayudaba, llamaba a Cirilo, el conserje:
—¡Cirilo! ¡Una caja de cigarros para este señor…!
Cirilo salía muy solemne con la caja sobre una bandeja.
—¡Llévamela luego a casa!, decía el obsequiado.
Y la caja no salía de la conserjería. Allí Cirilo entregaba el valor en dinero al que se la debía llevar, y éste le daba, como comisión o propina, una parte de su valor. Y así, a cuenta de una única caja de cigarros, Cirilo reunió unos cuantos miles de duros, que le permitieron comprar una casa, tierras y ganado en su pueblo.
Y en contraste con estos tiempos alegres y prósperos, en los que Santander y España entera progresaba poco a poco, una curiosa amenaza al pie de uno de estos artículos de La voz del Cantábrico, para recordarnos que en estos días en que Pick nos contaba estas cosas nos encontramos en el año maldito para Santander (los 13 meses en que vivimos el comunismo y la anarquía en carne propia y sin límites):
No hagas alarde de dinero ni de abundancia, pues el pueblo vigila a todos y en su día habrá de juzgar la conducta que a cada uno corresponda.
XV – Gobernadores corruptos que se embriagaban con mujeres medio desnudas
Porta de El Descuaje, que continuaba incluso un mes después del fallecimiento en acto de servicio de Teodosio Ruiz González: CÓMO ENTRAN LOS GOBERNADORES DE PROVINCIA Y CÓMO SALEN. Creo que no hace falta explicar las viñetas, ¿verdad?
Este número parece firmado por Jesús Ámber en persona.
No era raro tampoco ver a los gobernadores en los palcos del viejo teatro, durante los bailes de Carnaval, bebiendo champagnes con mujeres medio desnudas.
Así «El Descuaje» hacía pública, en uno de sus números, una sección que titulaba «Telegrafía.—Sistema Guasinis», el siguiente parte burlesco:
«Teatro, 8, 1 madrugada.—Manolita «la Manazas», dió gracias director «Descuaje», domingo Piñata, palco gobernador, por nombramiento periódico, extremidades largas.»
En pocas palabras: la tipa en cuestión estaba siendo manoseada a destajo por el Gobernador en un palco a la una de la madrugada. Un ejemplo poco edificante por parte de alguien que tenía la misión de castigar todo escándalo que se produjera en la ciudad.
La corrupción de Santander que denunciaba El Descuaje era normalizada por el Poder y su prensa
La corrupción de Santander que denunciaba El Descuaje era normalizada por todo el mundo, ya que todo el mundo sabía dónde se jugaba y dónde se podía uno correr la juerga más clandestina e inmoral, pero los gobernadores mismos eran parte del problema, tal y como prosigue Pick:
La autoridad, por lo visto, no se enteraba. Los gobernadores acaso se reían también, leyendo «El Descuaje», sin duda porque sabían que mucho de lo que denunciaba era verdad. Una ola de corrupción envolvía al pueblo. Se jugaba en todas partes: los señoritos, en sus círculos —el de Recreo, el Club de Regatas, la Unión Club, y durante el verano, en el Casino del Sardinero—; la clase media y pobre, en los casinos políticos —el Conservador, el Liberal, el Gamacista—, y los estudiantes y muchachos del comercio, en garitos que surgían en el fondo de cada cafetucho, o en cualquier entresuelo habilitado toscamente para este menester. Había dos cafés cantantes —el Brillante y el América—, punto de cita nocturno de todas las mujeres de mal vivir y de los hombres de pelo en pecho. Infinidad de salones de bailes, algunos como «El Polisón», en Cuesta del Hospital, de una triste y escandalosa nombradía. Una nube de barateros de baja estofa pululaba por la ciudad —Pepe «el Barquillero», Julio Aizcorbe, etcétera—. Las daifas de mantón y dedos cargados de sortijas pasaban por las calles mal alumbradas del brazo de «sus hombres», y si algún pacífico ciudadano las tropezaba en una acera, el galán tiraba de navaja y castigaba el desacato. La Policía, y hasta los mismos gobernadores —salvo las excepciones inevitables en toda regla—, estaban complicadas en esta perversión moral. Pero las campañas de «El Descuaje», lejos de aminorar el escándalo, contribuían a aumentarlo, porque evidenciaban el desprestigio de la autoridad.
He aquí unas muestras de lo que los pacíficos y honrados vecinos de Santander —el tendero de la calle de Atarazanas; el empleado de escritorio; el obrero, y el dueño de taller— leían con fruición y avidez todos los sábados, durante aquellos años de 1904 y 1905, en las columnas de «El Descuaje», o de su substituto el «Don Preciso», que aparecía cuando aquél, por dificultades de cualquier índole, no podía salir.
El Descuaje ponía el dedo en la llaga al señalar la inacción de la Gobernación en los escándalos de obscenidad sexual de los cafés cantantes, para los cuales no ponían tanto interés a la hora de censurar.
¿Pasan ó han pasado sus couplets á la censura del gobierno civil las diferentes murgas, chantreuses que trabajan en los cafés cantantes? No es que se trate de quitarles el pan, al contrario; pero es conveniente que las canciones que el público ha de oír, se emancipen de todo bajo espíritu de pornografía y obscenidad. ¡Nada de chistes de esos que ni siquiera hacen gracia á las personas decentes! Hay cosas que pueden decirse con ingenio y oportunidad, sin necesidad de recurrir constantemente á expresiones de mal gusto que rebajan el espectáculo y acostumbran al público á una grosería innecesaria. Si la censura existe para unas cosas, no estaría de más que velase también por estos excesos, porque el respeto á las buenas costumbres debe empezar por los lugares públicos. Hay establecimientos donde se toleran escenas que no debieran consentirse. No basta con dictar reglamentos; es preciso cumplirlos. La autoridad no debe mostrarse fuerte únicamente con los débiles y complaciente con quienes cuentan con influencias. La justicia, para ser respetada, ha de ser igual para todos. Mientras unas faltas se persiguen con rigor y otras se dejan pasar, el público continuará pensando que las disposiciones oficiales sólo sirven para unos cuantos. La moralidad pública no se consigue con discursos, sino con ejemplos. Es indispensable que quienes tienen la obligación de vigilar el orden lo hagan con independencia y sin preferencias. Sólo así desaparecerán muchos abusos que hoy son del dominio público y que nadie parece decidido á corregir. Cuando eso ocurra, la opinión reconocerá el mérito de las autoridades; mientras tanto, continuará censurando cuanto vea digno de censura.
Y pedían, desde El Descuaje, que ciertos ex cargos no regresaran a un Santander del que salieron, según comentaban en alta voz, siempre por la puerta de atrás y con una imborrable mancha de descrédito y hartazgo:
¡Que no vengan! En un diario local apareció un suelto estos días dando la voz de alarma acerca de un rumor que por Santander hubo de circular referente a la probable llegada otra vez del señor Larrondo y del ex inspector y ex agente y ex…
La hipocresía de la prensa local de Santander ante la criminalidad y el juego ilegal
La prensa local era más cómplice que otra cosa del mundillo mafioso y corrupto de Santander, por lo que se veía avergonzada por las declaraciones valerosas y auténticas de El Descuaje con cada nuevo número. De hecho, seguramente saludaban a sus nuevos compañeros con cierta obligación, porque no serían pocos los vecinos de Santander que les afeaban públicamente su silencio esbirro ante todas las iniquidades que se estaban cometiendo:
Ayer apareció el primer número del periódico La Voz Montañesa, que se publicará semanalmente. Correspondemos al saludo que dirige á la prensa en general. También se publicó el segundo número de El Descuaje, a cuyo saludo colectivo correspondemos también.
Y se hacían eco de cosas que parecía que no iban con ellos hasta que Teodosio y su camarilla empezaron a zarandear la actualidad santanderina:
El juego y las autoridades
Dice nuestro apreciable colega Páginas Dominicales: «Nuestro estimado colega LA ATALAYA, después de afirmar que se jugaba en Santander á los prohibidos, dejó al celo de las autoridades la consiguiente á su denuncia. El Descuaje, yéndose más á fondo, sostuvo, según confidencias suyas, que se jugaba en el Club de Regatas, en el Círculo Conservador, en el Círculo Santanderino y en el Círculo de Billares. El digno señor gobernador, don Genaro Pérez Moso, tomó en el asunto las medidas que el caso requería, y las autoridades judiciales hicieron lo propio, después de un intento de copo. Esta firme y digna resolución de unas y otras autoridades les dió origen á que la directiva del Club de Regatas dimitiera, dimisión que no ha sido aceptada por la Junta de socios, en atención á no hallar en sus gestiones falta de celo, sino todo lo contrario, pues sin tanto celo no se hubiera dado lugar á la inesperada visita del Juzgado. Puesto que el hilo apareció en manos de LA ATALAYA y de El Descuaje, que tiren de él las autoridades y no cejen hasta dar con el ovillo. El juego de que se trata es un delito; los aludidos periódicos ofrecen indicios terminantes de quiénes sean los delincuentes, y las Autoridades tienen empeño en que se haga luz en el asunto. ¿Qué otra cosa se necesita, pues, para que la moralidad vuelva r su lugar? Si la denuncia no se comprueba, las sociedades complicadas debe rechazar la injuria, mas si se comprueba, entonces, duro con ellas». Por lo que hace á LA ATALAYA, no dejará de la mano este asunto, y… todo se andará, caro colega, si el palo no quiebra. Que no quebrará, por supuesto.
XVI – Guardias urbanos de Santander: los más corruptos defensores de la Ley
El inspector don Narciso no reaccionaba contra esta campaña, por ninguno de los medios normales y dignos. Sobornaba o atemorizaba a los impresores para que el libelo no apareciese. Organizaba partidas de matachines que iban a esperar la salida de cada número en las proximidades de la calle de Colón, a fin de arrebatar los ejemplares por la violencia. Pero cuando esto ocurría, era el propio Teodosio, acompañado de toda la banda, quien salía con los periódicos bajo el brazo, desafiando a los emboscados, con su pregón. No se atrevían a acometerle. Y al número siguiente, «El Descuaje» daba noticia de la hazaña, y ello le servía para insistir en sus ataques virulentos.Tal fue la atmósfera en que se gestó el drama del «Huerto del Francés».
En esta portada de El Descuaje se representa muy bien el atuendo y, sobre todo, la actitud de unos policías ladrones que tenían poco que aprender de los primeros delincuentes de la ciudad:
El inspector y sus agentes y su alianza con los tahúres, garitos y lupanares
De la Policía, tampoco había nada que temer. Como decía «El Descuaje», el inspector y sus agentes vivían en las mejores relaciones con los tahúres, explotadores de garitos y dueñas de lupanares. En todos estos establecimientos, tenían su nómina, que cobraban tan puntualmente como la del Estado. Los gobernadores no fijaban su vista en tales pequeñeces. Se estaba todavía en los tiempos en que se enviaba a los Gobiernos civiles a señores que habían venido a menos, y que aprovechaban los cinco o seis meses que por lo regular les duraba el Califato para volver a un más. En lo político, se limitaban a servir puntualmente al cacique a quien venían consignados. La piedra de toque eran las elecciones. El gobernador que las ganaba, fuera como fuese, demostraba su idoneidad. Si las perdía, se le relevaba, y podía decir que había acabado su carrera. En lo moral, hacían la vista gorda a los inspectores, y sin duda repartirían con éstos el botín cobrado en la prostitución y en el juego. Se cuenta de uno que se presentó en el Casino; llamó al gerente y le rogó que le pusiese un billete a un determinado número de la ruleta.
—Mire usted —le dijo—. Yo, por mi cargo, no debo pasar a la sala. Pero ese número me obsesiona. Haga usted el favor de colocar por mí la postura, y luego, me dice si he perdido o ganado…
A los pocos momentos salió el gerente, radiante y zumbón, y entregando al Poncio un fajo de billetes, le anunció:
—¡Qué sea enhorabuena! Nada más que poner a ese número, y se dio de pleno. ¡Vaya vista que tiene usted!
Daniel Pérez o Danieluca era un agente de seguridad de Santander acusado por Teodosio de ser corrupto y mantener una turbia relación homosexual con un compañero de la Policía (el Colirón o la Colirona) que bien podría ser el propio Comisario Narciso Tomás.
A preguntas del señor Bengoa, dice que el agente Ochoa recibió diez pesetas, como Aguinaldo de Reyes, de don Baldomero García, y que Ochoa dió cinco de las diez pesetas al declarante. Esto tuvo lugar el día de Reyes del año siguiente en que se cometió el robo en la tienda del señor García, quien hasta entonces no había dado aguinaldos á los agentes. Niega que cenara con Estévez y con don Narciso en El Cuartelillo, como ha afirmado el testigo Esteban Salazar, quien es careado con el declarante, sosteniéndose ambos en sus manifestaciones. Salazar denunció al Tribunal el hecho de que, después de haber prestado declaración anteriormente al salir de la Sala le han amenazado Ochoa y Daniel Pérez, y cita como testigos de ello á los alguaciles de la Audiencia. El declarante niega que sea esto cierto.
Pero ojo a la absurda excusa que viene a continuación para no hacer denuncia contra el reputado chorizo de Pepe Estévez:
A preguntas del acusador señor Linares explica la gestión de la policía respecto del robo de la tienda de don Baldomero García, diciendo que fueron á Campogiro, que Estévez se oponía al registro, pero que le fueron encontradas las telas robadas, que don Narciso, que no era entonces inspector, sino delegado, condujo á Estévez á presencia de don Baldomero, el cuál reconoció las telas como suyas y entonces se ofreció Estévez á pagar su importe. Añade que si no se hizo la denuncia fué por no hacer un perjuicio al señor García, pues al retirársele las telas se le privaba de venderlas en lo sucesivo, toda vez que pasarían de moda.
José López Ochoa era otro agente de seguridad y esbirro de Narciso Tomás
Pregunta el señor Bengoa si el testigo recuerda lo ocurrido en la calle de Colón, cuando don Narciso, acompañado de algunos guardias, trató de provocar ó de cercar a don Teodosio Ruiz y sus amigos. Dice que él estaba prestando servicio en las calles de San Francisco, Colón, Puerta la Sierra é inmediatas, pero no vió lo que dice el señor Bengoa. Éste pide que el testigo sea careado con su defendido, quien sostiene que Ochoa erauno de los que acompañaban á Narciso Tomás.Éste lo niega y dice después que una noche detuvo a Teodosio Ruiz porque se negó a dejarse mear; a lo cual el aludido replica que se negó a dejarse cachear en la calle, pero que propuso a los guardias que le mearan en el cuarto de la guardia municipal. Dice después que la policía, bajo pretexto del cacheo, trataba de provocarle, detenerle, agredirle y tal vez asesinarle.
Se oyen en el público rumores tan fuertes que el señor Presidente ordena que sea desalojado el salón.
Continúa la declaración de Ochoa, quien dice que le cacheó por haber oído que había adquirido un revólver. En el cacheo no se le encontró, pero le encontró en poder de un amigo, a quien Teodosio se le habría trasmitido, y añade que si detuvo a Teodosio fue por haber hecho resistencia.
Refiere sus gestiones para capturar á Estévez. Dice que al principio la policía andaba a ciegas en lo de Santillana; que él fue quien tuvo las primeras confidencias; que el jefe de la estación de Maliaño le dijo que en el tren de las nueve de la mañana habían llegado Estévez y otro, procedentes de Santander, llenos de barro, que se limpiaron y marcharon nuevamente; que prosiguiendo posteriormente sus gestiones, la mujer de Estévez le dijo que este se hallaba en Bilbao, en la calle de Hernani, y que salió para allá después que la guardia civil, yendo inmediatamente á presentarse al gobernador.
XVII – Narciso Tomás: un comisario de Santander involucrado con chorizos, proxenetismo y juego ilegal
Este indeseable comisario de Santander fue criticadísimo por Teodosio Ruiz y sus amigos, consiguiendo éstos que este funcionario tan corrupto abandonase Santander. Por un tiempo, al menos. Y es que era vox populi que este personaje no era trigo limpio, como salió a relucir en el juicio por las presuntas injurias que habían dirigido contra él desde El Descuaje y por la propia causa del asesinato de Teodosio:
Esteban Salazar Sabe que el inspector apaleaba bárbaramente en la inspección a los detenidos, no solo para arrancarles declaraciones, sino para satisfacer sus ódios personales, y manifiesta que hallándose él una vez en la puerta del Gobierno civil vió salir de la inspección en estado lamentable á un pobre hombre á quien el inspector había maltratado bárbaramente. Del inspector Tomás tiene formado pésimo juicio, tanto que no encuentra frase para expresarlo, si no es diciendo que le cree capaz de todo. Le consta que don Narciso tenía amistad con Estévez, porque los vió juntos cenando en El Cuartelillo, en unión del agente Daniel Pérez. Ha oído el rumor público de que Estévez no fué detenido cuando el robo de la Colegiata porque el inspector despistó á la justicia. Dice que don Narciso, acompañado de algunos agentes, trató de provocar una contienda con el director de El Descuaje y sus amigos, á los que armó una verdadera encerrona en la calle de Colón. Martín Robledo Ha oído á los consortes de Estévez decir que éste gozaba de impunidad por su amistad con don Narciso. Luis García Conoce la amistad de don Narciso y Estévez. Asegura que le vió conferenciar en casa de Estévez, en Peñacastillo, y, además, oyó á Estévez decir que don Narciso era buen compañero. El señor Bengoa.—¿Había sido Estévez agente de orden público? Testigo.—No.—(Risas).
¿En verdad lo había sido? No era nada raro que los agentes de la Policía en ese tiempo fueran antiguos delincuentes a los que se reciclaba de alguna manera para servir a los más delincuentes de todos, que eran los políticos. Y lo de los maltratos de la Policía y, en concreto, de Narciso Tomás, a los detenidos, no parece que fuera un testimonio aislado de nadie. También lo corrobora un amigo de Teodosio, Antoniuco Lastra:
Antonio Lastra Declara que fué subastador del Monte de Piedad y que por esta razón conocía á Estévez, que era inteligente en materia de alhajas. Vió en una ocasión á Estévez con don Narciso. Este le merece mal concepto. También sabe que don Narciso solía maltratar en la inspección de vigilancia á los detenidos.
Don Narciso era pobre cuando vino a Santander, pero después ha prosperado
Así lo expresaba uno de los hombres de confianza de este turbio Comisario, Primitivo San Juan, quien fue policía secreta y que terminó machacado por El Descuaje y seguramente abandonado por su exjefe. Y en su declaración por la causa de El Descuaje, precisamente, es evidente que este Primitivo no dejó de tomarse su justa venganza por todo lo que su jefe le había defraudado.
Primitivo San Juan: camarero de barco y exagente de seguridad.
Dice que presentó la dimisión de su cargo porque, habiéndole atacado El Descuaje, le le dijo don Narciso que tenía que salir del cuerpo de seguridad para que El Descuaje no continuara atacando a la policía. Manifiesta que en una ocasión el ama de una casa de lenocinio de la calle de Ruamenor le indicó la pista de dos sujetos autores de un robo de relojes, cometido en Bilbao, y que cuando se disponía por la noche, a detenerles, el guardia Ochoa le dijo que se fuese a dormir. Dice después que cuando el robo de la Colegiata, él indicó a don Narciso la manera de detener á Estévez, lo cual hubiera podido conseguirse fácilmente, pero que don Narciso no le hizo caso.
Presenció alguna vez ciertas expansiones ó juergas en que tomaron parte don Narciso, el agente Daniel Pérez y una tal Lolita. En otra ocasión, don Narciso le dijo que no era hombre, porque no había pegado un tiro al director de El Descuaje. Ha oído que don Narciso es dueño de minas, pero no lo sabe. No ha visto juntos á don Narciso y á Estévez; pero sospecha que tuvieran amistad. A preguntas del señor Bengoa, dice que don Narciso era pobre cuando vino a Santander, pero que después ha prosperado.
Un montón de testigos afirmaron que Narciso Tomás era amigo de ladrones y timadores y que maltrataba a los detenidos
Pablo Quintanilla Conoce á Estévez, que vivía en Peña Castillo. Un día, hallándose el testigo herrando una jaca, vió á Estévez pasar con don Narciso. Extrañado de esto, manifestó su asombro, y un vecino le dijo que no era extraño, puesto que no sólo andaban juntos por allí, sino que solían concurrir al establecimiento del señor Terán. Tiene mal concepto de don Narciso, á quien considera capaz de sostener amistad con ladrones. Ha oído que Estévez alardeaba de tener amistad con don Narciso. Preguntado sobre si Estévez estaba bien relacionado, responde que solo le vió andar con jugadores y con don Narciso. Faustino García Oyó á la mujer de Estévez, en la estación de Maliaño, dolerse de que la hubieran detenido siendo su marido tan amigo de don Narciso. Dice que Estévez primeramente no inspiraba sospechas en Maliaño. Joaquín García Dice que don Narciso Tomás le maltrató con motivo de haber disputado el testigo con un escribiente de don Ignacio Laguno, y después trató de ejercer coacción sobre él para que declarara en determinado sentido. Pío Fernández Aizcorbe Manifiesta que don Narciso maltrataba á los detenidos, y dice que una vez que fue al Gobierno civil á visitar á un amigo, oyó quejarse á una persona y percibió también rumor de golpes. Asegura que le consta que era don Narciso que maltrataba á un detenido. Aurelio Eguizabal Oficial de la sección de cuentas. Dice que desde su oficina, contigua ó próxima á la Inspección de vigilancia, oyó varias veces golpes y quejas, suponiendo que fuera don Narciso el que golpeaba. Joaquín Pérez Íñigo Conoce á don Narciso, de quien dice que le merece aún peor concepto que Estevez. Dice que don Narciso y Estevez eran amigos íntimos. El recuerda haberlos visto cerca del muelle de Maliaño en un sitio retirado, hablando con reserva. Ha oído decir que Ochoa recibió el encargo secreto de ir á Bilbao á capturar á Estevez y que, no obstante deber ser secreta su gestión, anunció en varios sitios el viaje. Declara que el director de El Descuaje y sus amigos eran perseguidos y molestados por la policía, y que en una ocasión el inspector ofendió gravemente a aquel sin tener para todo esto más motivos que la campaña de El Descuaje, que era exclusivamente moralizadora. José Fresno Conoce á don Narciso, á quien juzga capaz de tener amistad con timadores y ladrones. Dice que le vió en el reservado de la tienda del señor Terán, en la calle de Méndez-Núñez, tomando un vermouth. Sostiene también que el inspector perseguía y molestaba al director de El Descuaje y a sus amigos, como ocurrió una noche en la calle de Colón. Silverio López Niega haber presenciado una escena violenta entre don Narciso y don Teodosio en el teatro, la noche del Domingo de Piñata de 1904. El señor Bengoa pide un careo entre este testigo y Esteban Salazar, que ha declarado que Silverio presenció la escena del teatro. El careo no dió resultado, pues ambos insisten en sus manifestaciones. Continuando su declaración, dice el señor López que ignora si don Narciso golpeaba á los detenidos. Dice que si en la oficina del primer inspector había verdugos, muy bien pudieran ser de los que se recogían en la calle por la policía. Ignora si había amistad entre Estévez y don Narciso, del cual dice que es un buen inspector, que cumplía su obligación. Respecto del robo de la Colegiata de Santander, dice que sabe que don Narciso y el agente Ochoa hicieron diligencias para descubrirle, y que don Narciso no le habló nunca de Estévez. Se cita después á declarar á Isidoro Ubierna No comparece, y el señor Bengoa hace notar lo significativo de la ausencia de este testigo, que en otros tiempos fue acérrimo enemigo de don Narciso y hoy está en buenas relaciones con él.
Narciso Tomás organizó una gran encerrona contra Teodosio Ruiz y los Caballeros del Santo Sepulcro
Veamos ese hecho del que hemos hablado, la encerrona de la Policía contra Teodosio Ruiz y sus amigos, en la Calle Colón, tal y como se publicó el 19 de junio de 1904:
Escándalo
Anoche se presentó en esta redacción el director de El Descuaje, acompañado de varias personas, en calidad de testigos, á protestar ante nosotros de un hecho ocurrido en la calle de Colón. Hallándose dicho señor en un establecimiento de dicha calle, dentro del cual, según su testimonio, no ocurría nada anormal, ni se turbaba en lo más mínimo el órden, se situaron á la puerta del establecimiento aludido el primer inspector del cuerpo de seguridad, señor Tomás, el segundo inspector y los agentes á sus órdenes, todos los cuales, así se nos afirma, tenían tomada la calle y esperaban en actitud que, por las trazas, revelaba manifiesta hostilidad. Creemos sinceramente que ha llegado la hora de hablar claro. La situación actual, con sus escándalos y con sus inquietudes, no puede subsistir, porque es una verdadera vergüenza para todos los santanderinos pacíficos y honrados. Hace unas cuantas noches se repartió por las calles de Santander un suplemento á El Descuaje en que se decía que el primer inspector de vigilancia había ordenado á los guardias que «pegaran dos tiros al director de El Descuaje». Y no hace muchas noches tampoco, presenciamos en la calle de Colón un regular barullo, causado, según en el lugar del suceso se nos dijo, por haber entrado en el aludido establecimiento, donde estaba el director del citado semanario, dos guardias de seguridad, so pretexto de verificar un cacheo. Esta situación es insostenible. Estos hechos son intolerables. Hasta ahora, LA ATALAYA se ha abstenido de intervenir en estos asuntos, y nadie dirá que hemos mostrado parcialidad ni en pro de El Descuaje ni en favor de los funcionarios por dicho periódico combatidos. Imparciales seguimos siendo, porque ningun lazo nos une con unos ni con otros; pero ante lo que está ocurriendo y ante lo que puede ocurrir no debemos callar. Como hombres amantes del orden, como periodistas y como vecinos pacíficos, instamos al señor gobernador y á todas las autoridades á que intervengan en el asunto. Acompañando al director de El Descuaje, cuando se presentó anoche en esta redacción, venían multitud de personas que se situaron en la calle. Esto es una prueba de cómo están los ánimos y de cómo ha cundido entre el pueblo y se ha propagado entre todas las clases sociales el descrédito de ciertos elementos, cuya primer condición para funcionar debidamente es el prestigio. Además, no puede tolerarse que la policía de una población de más de 50.000 habitantes desatienda el servicio que le está encomendado para emplearse en funciones en que más que el deseo de cumplir su deber se vislumbra el de megar agravios personales, cuyo castigo, si son injustos, no corresponde á la policía, sino á los tribunales de justicia. A la misma hora en que la policía desplegaba sus fuerzas ante el aludido establecimiento de la calle de Colón, estarían abiertos los dos cafés cantantes, donde no se realizan cacheos; á esa misma hora, cualquier ladrón aprovechado pudo cometer un delito en un punto cualquiera de la ciudad, á la sombra del abandono en que ella queda al situarse el grueso del cuerpo de policía en la dichosa calle de Colón. ¿Cómo va á consentirse esto? Lo más lamentable es que este triste espectáculo ha podido evitarse oportunamente, si hubieran tomado cartas en el asunto las autoridades, como era su deber. Es un error gravísimo creer que con el silencio y la pasividad, cerrando los ojos y los oídos y dejando que la bola ruede, se tranquiliza al pueblo.
Lo que se consigue con eso es que la bola, empujada diariamente por unos y por otros, adquiera en su marcha una velocidad y una violencia amenazadoras y produzca un estrépito escandaloso. Si en Santander hay autoridades, ellas deben poner remedio á esta situación. Si no las hay, que se sepa. Nosotros, de continuar como hasta aquí las cosas, prevemos graves sucesos, que afectarán á la tranquilidad del vecindario y al orden público. Por eso, aunque no hemos querido antes tratar ésta cuestión, la tratamos hoy: porque lo creemos un deber ineludible; porque nos parece que ha llegado la hora de ocuparse de ello.
No contentos con el acoso, las detenciones fueron una constante y después de este amago de batalla en la Calle Colón llegó una detención que derivó en otro escándalo. Es otro recorte de El Correo de Cantabria (27 de junio de 1904):
Por el primer inspector señor Tomás fue anoche detenido don Teodosio Ruiz, director del semanario El Descuaje. Con éste motivo se produjo algún escándalo en la Plaza Vieja, en el que el principio de autoridad no salió muy bien librado.
Rectificación de La Atalaya sobre El proceso de “El Descuaje»
Debido á la precipitación con que tomamos en la Audiencia las notas de la causa seguida contra el director de El Descuaje y á los apremios con que confeccionamos los números correspondientes á los domingos—pues tienen que estar compuestos antes de las doce de la noche del sábado—se han deslizado algunas erratas de consideración y se ha incurrido en omisiones de importancia al hacer el extracto de la notable oración forense que pronunció el señor Bengoa y publicamos nosotros en el número de ayer. Claro está que el buen juicio de nuestros lectores habrá rectificado esas faltas; pero, esto no obstante, nos creemos en el deber de subsanar algunas de ellas; las más importantes. Después de decir LA ATALAYA que el señor Bengoa—en un rasgo de modestia que le honra—manifestó que otros compañeros podían haber defendido con más lucimiento al director de El Descuaje, se decía á continuación:
«Pero Teodosio me ha dicho: es tan aplastante la prueba, hay tanta verdad, que contigo me basta.» Este párrafo debe leerse así: «Pero Teodosio se ha dicho: es tan aplastante la prueba, hay tanta verdad, que con él me basta.» En otra parte de la reseña se lee: «Dice que Don Gonzalo Torriente le dijo, cuando se suspendió la otra vez la vista de esta causa:—Bengoa, hay que salvar á Teodosio, que ha desenmascarado á Narciso. Y á eso vengo yo, no como abogado, que abogados hay muchos, sino como hombre de honor.» Lo que dijo el señor Bengoa, probando que los testigos representan la opinión pública, citando testimonios de personas respetables y refiriéndose á los de la guardia civil, fué lo siguiente:
«Es cierto, certísimo, que me han dicho todo esto; tan cierto que yo lo juro por mi palabra de hombre honrado, no como abogado. Abogados hay muchos—añadió—hombres honrados, pocos.» En un párrafo que aparece á las pocas líneas del preinserto se dice: «O yo no soy hombre honrado, ó el Tribunal se convencerá ante lo abrumadora que ha resultado la prueba.» No fué esto lo dicho por el señor Bengoa, fué lo siguiente: «No os fieis de mi palabra: relaciones teneis en sociedad para averiguar su certeza; haced indagaciones antes de pronunciar el fallo y os convencereis de que es verdad cuanto aseguro.» Sentimos mucho el haber atribuido equivocadamente al señor Bengoa frases y conceptos que se diferencian bastante de los por él emitidos, pero ya queda explicada la causa de esos errores. Hoy los rectificamos porque, según hemos dicho, lo consideramos como un deber.
Causa ruidosa – El proceso de “El Descuaje»
Ayer comenzó á verse en la Audiencia la causa seguida á instancia del ex inspector de vigilancia de esta provincia, don Narciso Tomás, contra el director de El Descuaje, don Teodosio Ruiz, por injuria y calumnia. El tribunal de Derecho estaba constituido por el presidente don Hipólito del Oampe y los magistrados señores Pelayo y Bustamante. La acusación privada está á cargo de don Mariano Linares y la defensa al de don Andrés de Bengoa. A las diez y minutos de la mañana, constituido el tribunal, el señor presidente declara abierta la sesión. La sala está totalmente llena de público. Incidente El señor Bengoa pide la palabra para tratar de un artículo de previo pronunciamiento. El presidente concede la palabra al defensor y éste dice que va á demostrar que el juicio no debía continuar adelante, porque esta causa era de las comprendidas en el Real decreto de indulto, del día 22 de enero del año corriente, y á él se acogía el procesado Teodosio Ruiz. Procede, añade, que la Sala dicte auto de sobreseimiento definitivo, en consonancia con la petición de la defensa. Razona el señor Bengoa en el sentido de considerar como delito público, perseguible de oficio, el de injurias á un funcionario constituido en autoridad, lo que hace forzosa la aplicación del indulto, fundando ese concepto en el hecho de haber sido pasada la causa al fiscal con motivo del Real decreto. No obstante, aceptando que el delito no sea público, añadía la defensa, y teniéndolo así por indiscutible, es inexcusable también la aplicación de la gracia. La regla general es que los delitos de injuria y calumnia sean delitos privados, esto es, sólo perseguibles á instancia de los ofendidos, por declararlo terminantemente el art. 482 del Código penal, que señala como excepción algunas injurias cuando concurren ciertas circunstancias, tal como la de proferirse á presencia del agente de la autoridad injuriado. El delito es ciertamente el mismo, á presencia que en ausencia del agente ofendido, pero aquella circunstancia constituye ia excepción del carácter de privado y convirtiendo el delito en perseguible de oficio no se requiere para su castigo la querella del agraviado, sin que varíen por eso la naturaleza del hecho ni la condición del empleado público que concurre en el agente de autoridad. Sea, pues, delito privado, pero siempre cometida contra empleado público, y esa condición coloca al querellante en situación distinta que la de un particular cualquiera, porque así lo dispone el artículo 475 del Código cuando prohibe la justificación de la verdad en las imputaciones injuriosas si se han dirigido contra un particular y la permite cuando son dirigidas contra un empleado público, disponiendo que se absuelva en este caso al querellado que prueba sus dichos, porque es muy distinto el interés social puesto en juego en esos dos diferentes casos, ya que á todos importa que los empleados públicos sean intachables. Por esta distinción es evidente que los delitos privados de injurias pueden tener por sujeto paciente ó un particular á quien la ley protege en todo caso, y á un empleado á quien la misma ley coloca en diferente condición, así como es evidente también que en esa diferencia se cuenta el no consentir el Código la remisión de la pena en todos los delitos privados de injurias, ya sean contra particulares ya contra empleados públicos, sino que, y exclusivamente, tolera que se pueda perdonar la pena por el ofendido en los casos de injurias á particulares como se lee en el artículo 482. Teniendo en cuenta, pues, que los delitos privados de injuria tienen aquella división con sus diferentes efectos decretada por la ley penal, y que solo son remisibles las penas por el perdón del ofendido cuando éste lo sea un particular, el Código que, según regla de derecho, al incluir á uno excluye á otro, excluyó á los empleados públicos injuriados de la facultad de perdonar la pena, por lo mismo que les excluyó del amparo de no admitir prueba de la verdad de las imputaciones injuriosas, pues así como juzgó que la sociedad estaba interesada en depurar la moralidad de sus empleados, tuvo que juzgar que quien la ponía en entre dicho sin razón, quien acusaba el daño de deshonrar al empleado, no pudiese librarse de la pena correspondiente á su delito por el solo perdón del ofendido. Siendo esto así, y disponiendo el Código lo que queda recordado, es indudable que el caso está comprendido en el art. 5.º de in tu to que exceptúa de sus beneficios exclusivamente a los acusados por delitos cuya pena se extinga por el perdón del ofendido, y ya queda expuesto que esa facultad solo existe en las injurias o calumnia contra particulares y no en las que se profieren contra empleados públicos, distinguidos por la ley dentro del concepto común del delito privado. Concluye el señor Bengoa invitando al representante de don Narciso Tomás á que acepte el sobreseimiento, dándose la mano de amigo con don Teodosio Ruiz, para evitar aquél lo bochornoso que ha de resultar el desfile de testigos. Si no lo acepta—dijo—levantaré la bandera negra y contestaré á la guerra con la guerra.
El acusador se opone al sobreseimiento. Rectifica el señor Bengoa y el Tribunal se retira á deliberar. Después de terminado el incidente, que interesó á las personas peritas que había en el local, la Sala, considerando que para resolver la incidencia de previo pronunciamiento era preciso haberla interpuesto dentro de los tres días siguientes al traslado para calificación, resolvió no haber lugar á decidirla, quedando en libertad la defensa para tratarlo en definitiva. El señor Bengoa hace constar en acta su protesta contra esta resolución.
otras poblaciones y por la más leve sospecha de delito han sido declarados cesantes otros inspectores.**
Es vergonzoso que estando en entredicho la honra de Narciso Tomás, éste no haya venido a defenderla. El acto del ministro al destituir al querellante de su cargo es todo un elocuente discurso, que viene á dar la razón al procesado. Dice que después de la prueba Narciso Tomás ha quedado herido, moribundo, y que la defensa, no queriendo amargar su agonía, le tiende la mano y le otorga su perdón, al mismo tiempo que pide sea absuelto el procesado. Terminó diciendo que como el pueblo está tan interesado en esta causa como el propio procesado, puede decirse con Cicerón:—Si condenais á ese hombre, condenais al pueblo, me condenais á mi. El discurso del señor Bengoa fué justamente elogiadísimo, y por él recibió muchísimas felicitaciones.
La condena a El Descuaje en un recorte de El Correo de Cantabria (26 de mayo de 1905):
Don Teodosio Ruiz González, director de El Descuaje, ha sido condenado por tres delitos de injuria á la pena de seis años de destierro de la villa de Santoña y á una distancia de cien kilómetros y multa de 2.500 pesetas por cada uno de dichos tres delitos, sufriendo, en el caso de ser insolvente, el destierro subsidiario á razón de un día por cada cinco pesetas que deje de satisfacer y al pago de las costas, debiendo poner en conocimiento del Tribunal sentenciador el sitio donde fije su residencia.
Otras actuaciones menos polémicas de Narciso Tomás
Detención de Domingo Núñez Fernández: ¿una labor policial honesta en la carrera de Narciso Tomás? Casi todas las demás referencias suelen dejar bastante que desear.
Por el inspector de vigilancia don Narciso Tomás fue detenido Domingo Núñez Fernández, reclamado por el Gobernador civil de Madrid, que habíase quitado la barba y venía con nombre supuesto.
Las desapariciones de personas eran en aquel tiempo mucho más frecuentes que ahora y no había tantos medios para denunciar las públicamente y pedirlas colaboración ciudadana cuando no existían ni las redes sociales ni otro medio de difusión eficaz en este sentido. Fue entonces cuando nuestro amigo el inspector Narciso Tomás consiguió (según la prensa) resolver una desaparición que en realidad pudo resolver la propia prensa local haciendo un llamamiento público.
Y hubo más detenciones legítimas que la prensa recuerda:
El inspector de vigilancia don Narciso Tomás ha detenido á un individuo llamado Juan de Dios Gil Carrera, que estaba reclamado como prófugo.
El robo de ayer, resuelto por el flagelo de los pequeños delincuentes y aliado de los mayores chorizos y corruptos:
Al hacerse cargo á las seis de la mañana de hoy de su distrito de vigilancia el guardia municipal Eugenio Gómez Pascua, y al hacer el recorrido de inspección observó que el estanco situado en el portal de telégrafos, casa número 6 de la calle de Carbajal, propiedad de doña Ignacia Aguado Tolín, había sido violentado, y dando cuenta de ello á la estanquera, que habita en la guardilla de la casa, hizo su recuento, y notó al punto la falta de 290 cajetillas de diferentes clases y precios, 15 mazos de puros de 15 y 10 céntimos, ocho cuarterones de tabaco picado, cuatro ó cinco duros en calderilla y un reloj de plata sobredorada, con su correspondiente cadena. Procedió en el acto el jefe de día, señor Ortega, á poner en movimiento su fuerza, y no se tardó mucho tiempo en detener á los sujetos llamados Jesús Fernández Díaz, Primitivo Palacios Leiva y los hermanos Manuel é Hilario González Crespo, como presuntos autores del hecho. Personóse en el acto en el lugar del suceso el señor juez de instrucción, acompañado del actuario y del primer inspector de orden público don Narciso Tomás, quien facilitó al Juzgado detalles que no son nada satisfactorios para los detenidos. Estos, para practicar el robo, levantaron la cornisa del estanco, penetrando y saliendo por allí y dejando intactas las puertas. El Hilario González había salido recientemente de la cárcel, á donde había ido á parar á consecuencia de un robo de cacao…
Ayer fue detenida por el agente de vigilancia Luis Aynes una gitana llamada Consuelo María Gabirre Gómez, por robo de seis pañuelos a una vendedora de telas que se hallaba en la calle del Rincón. El señor Gobernador civil ha impuesto 50 pesetas de multa a un cochero por blasfemar del santo nombre de Dios. También ha impuesto 15 pesetas de multa a Antonio Martínez, Consuelo Vega y Estrella González, por faltar a la decencia pública.
Pero Pick nos recordaba sus habituales comportamientos y situaciones, cada vez más desenmascarado y señalado por el dedo acusador de Teodosio Ruiz y su corte de subversivos, con su cañón informativo de El Descuaje:
De un artículo titulado «La mala sombra», y dedicado todo él —¡cómo no!— a atacar al jefe de Policía:
«De aquel reyzuelo, señor y amo de vidas y haciendas de los habitantes de Santander, ya no queda más que la sombra; la mala sombra de un primer inspector venido a menos, merced a la honradísima campaña de «El Descuaje». Nuestro triunfo no puede ser moralmente de evidencia más enorme.
Ya no queda de este hombre, dentro y fuera de la Corporación que mangonea, más que un triste desprestigio, que está pidiendo a gritos la escoba de un barrendero municipal. ¿Dónde fueron aquellas arrogancias y altiveces de este dictadorzuelo, don Narciso Tomás?
¡Vedle! Camina lentamente por la calle, avergonzado por espantosos remordimientos; saluda con la cabeza humillada por entre el tumulto de las gentes, destacando su miserable insignificancia, y el principio de autoridad es, en sus manos, todo un vergonzoso padrón de ignominia…»
La primavera caliente de 1904: Teodosio Ruiz y sus amigos tuvieron que bregar con las fuerzas vivas de Santander
Más tarde nos referiremos (cuando hablemos del talentoso y poco afortunado Jesús Ámber) a la primavera caliente de 1904, en la que Teodosio Ruiz y sus amigos tuvieron que bregar con las fuerzas vivas de Santander. De un establisment tan corrupto como el que conformaban gobernadores, Ayuntamiento, Policía y chorizos de Santander, apoyados siempre por una Justicia que se dejaba comprar o intimidar. Y esta portada del 12 de Junio de 1904 demuestra a las claras que el Comisario y su gente no estaban ganando, precisamente:
El descomunal bastón que á tanto pobre ha pegado, le sirve ahora de baldón á este polizonte ahorcado.
La marcha de Narciso: el exilio de un corrupto Comisario de Santander por las críticas de un periódico valiente
A la hora en que escribimos estas líneas atropelladas y medio locas, Narciso Tomás continúa en Madrid. ¿Estaremos de enhorabuena? No lo sabemos. Lo que sí se sabe de un modo infalible es que nuestro zarandeado primer inspector está en la Corte llamado por el Sr. Maura, y que, por ende, las consecuencias de ese viaje acaso sean de extraordinaria importancia.
¡Mala la hubisteis, D. Narciso! Nadie podrá negar que ese viaje casi versallesco obedece á la campaña tenaz de El Descuaje, y que la llamada de orden del Sr. Maura es una resultante de nuestras denuncias enviadas á dicho ministro con tal objeto.
Hasta la fecha nuestra voz no vá perdida en el vacío.
Hemos removido la opinión general; hemos llevado nuestra convicción hasta el centro mismo de la capital de España, y como resultado de nuestra actividad y valentía, la Prensa del país y los elementos gubernamentales se han hecho eco honrado de la voz de alerta dada á todos los vientos por El Descuaje.
Esto no es más que el preludio de lo que ha de venir; ahora empiezan los primeros disparos; en realidad estas son pequeñísimas escaramuzas precursoras de una batalla franca y consciente sobre el terreno de la Prensa, de la opinión, del Gobierno y de la policía.
Recientemente, ya en viaje Narciso Tomás, un escándalo á las puertas del Gobierno Civil de Santander ha mostrado patentemente la inmoralidad de la policía santanderina, y la complicidad y culpa de su jefe el primer inspector.
Con documentos á la vista hemos probado ante el público en el número pasado, y ante el gobernador, que unos agentes y ladrones son una misma cosa, y que Narciso Tomás es el delincuente forzado de este estado de corrupción de la vigilancia en Santander.
Otro posible jefe policial de Santander corrupto, denunciado por El Descuaje
Si el señor Ortega, que tiene dos caras como el escudo de Santander; una de San Celedonio municipal, y la otra de San Emeterio civil, quiere ganarse una suscripción de gorra á EL DESCUAJE, por un año, media docena de barajas con el pego de las sobrantes en los Círculos, y garitos de Santander, y una ovación con oreja; y todo el público en general es preciso que continúe practicando cacheos, sin interrupción á la salida de cafés, tabernas y casas… que no son la mía ni la del señor Ortega precisamente.
Este doble carácter de ubicuidad, de multiformidad, pues este señor ora es inspector de orden público ó ya es jefe de la guardia municipal, ó ambas cosas á la vez, le da ocasión para ejercer una vigorosa campaña de saneamiento moral de la población y de sus costumbres, y de purificar y ennoblecer al mismo tiempo la herencia de Danieluca y del Bizco del Borje…
¡El bastón de autoridad quebrado de vergüenza y de ineptitud!
A grandes males, grandes remedios: El Descuaje exige la depuración total de la Policía de Santander
Estalló el Machichaco, se quemaron las casas de Santander e incontinenti se creó, impuesto por la ineludible necesidad, un cuerpo de Bomberos Voluntarios y se mejoró el de municipales.
¿Porqué ahora no se ha de hacer lo mismo con el cuerpo de Seguridad? Se impone su total desaparición á fin de reorganizarle con personal nuevo y con espíritu de moralidad insobornable.En cuanto al desmedrado é imposible que ahora existe, baste decir que hasta las manchas le han salido á sus capotes.Con ese cuerpo lo mejor es una purga radical y después… irse á hacer el cuerpo…
Primitivo San Juan: un agente de la policía secreta de Santander acusado de corrupción
Pick nos describe a este funcionario policial, sometido al comisario Narciso Tomás, que fue definitivamente depurado por sus actos, incompatibles con la aplicación policial de la Ley:
El artículo al que pertenecen estos párrafos, ¡puede clasificarse entre los doctrinales del periódico! Lo escribió, sin duda, la pluma más ágil y más docta de la banda, la del poeta bohemio Jesús Amber. Los demás redactores no se andaban con tanto floreo literario. En el mismo periódico hay otro artículo, titulado así: «La Policía cómplice. Los ladrones y los agentes. ¡Todos a presidio!» El autor de esta pieza, es seguramente, aunque no la firma, Teodosio «el Piloto». Dice, entre otras cosas:
«Tenemos en nuestro poder una noticia, una denuncia espantosa, una denuncia auténtica y de tal gravedad y trascendencia, que seguramente ha de alarmar a los espíritus que sólo de lejos contemplan nuestra obra de moralidad y saneamiento.
Se trata de una declaración inspirada desde la cárcel de Santander con motivo de un reciente robo de alhajas, con la complicidad evidentísima de un guardia de la secreta llamado Primitivo San Juan.
Nosotros hemos ido, pruebas en mano, al despacho del señor gobernador, y no estaba en el Gobierno civil a la hora en que nosotros llegábamos.
El cuerpo del delito de complicidad está en nuestro poder; en ese documento infame, el agente Primitivo cita en el café Brillante, vestido de paisano, a los interesados, para ponerse de acuerdo acerca de las declaraciones falsas que han de dar ante la justicia, y en ese documento está su firma de puño y letra…
¡Pueblo de Santander: ladrones y agentes son una misma cosa!»
Carta y renuncia de un agente de la secreta de Santander, del siglo XIX, acusado de corrupción: Ayer se facilitaron en el Gobierno Civil a la prensa las siguientes notas: «El Gobernador civil ha pasado al Juzgado de Instrucción del distrito del Este una carta que le fue entregada por Teodosio Ruiz, suscrita por Manuel Fernández y dirigida a un tal Joaquín, por si en ella pudiera existir materia punible y tuviera alguna complicación el agente del cuerpo de vigilancia Primitivo San Juan, de quien es la letra y firma de la nota puesta al respaldo de dicha carta.» «El agente del cuerpo de vigilancia de esta provincia Primitivo San Juan ha presentado la renuncia de dicho cargo.»
Declaración sobre Primitivo San Juan en un juicio en el que litigaban Teodosio Ruiz y Narciso Tomás: Primitivo San Juan, camarero de los vapores correos. Fue agente de vigilancia. Le obligaron a presentar la dimisión por un artículo que publicó contra El Descuaje. Se lo indicó el comisario Narciso Tomás, a quien contestó que no era tan culpable como él.
Los otros enemigos de Teodosio: los republicanos del Santander del Machichaco
Lo que sí es seguro es que estos dos eran auténticos fanáticos de la causa republicana, por la cual estaban dispuestos a jugar cuan sucio como requiriera la situación. Así nos los describía Pick en su artículo sobre la Vanguardia Republicana montañesa:
Son fundamentales en esta semblanza del Santander del Machichaco dos grandes valientes que podían competir en temeridad y habilidades de lucha con Teodosio, más o menos, aun sin desafiar del todo su estatus de primus inter paris. No parecerían a priori tan aconchabados con Martinillo y su gente, pero lógicamente no iban a reconocerlo en cualquier caso y, sobre todo, después de lo que pasó en el Huerto del Francés. Jacinto Bolado llegó a afirmar en el juicio por ese crimen que él era amigo de Teodosio a pesar de las graves trifulcas que tuvo con él durante años, y que Martinillo había venido a Santander a convertirse en el gran matón de las casas de juego. Sin embargo, esa amistad supuesta queda en entredicho cuando se comprueba en la prensa que Jacinto acudió en compañía de otros dos pendencieros a cierto casino en el que Teodosio se encontraba con intenciones que sin duda no eran nada buenas. También está la prueba en signo contrario de que el célebre abogado Ruano, quien consiguió que la muerte de Teodosio quedara impune, fue defensor de Jacinto Bolado en los largos años que siguieron a esos hechos tremendos.
He hablado de mis escaramuzas con mis antiguos amigos los carlistas, el núcleo juvenil que yo contribuí a formar en la ocasión que parecía menos propicia, y cuando, a los pocos que confesábamos esta filiación, se nos tenía en el pueblo por seres raros o por locos. He dicho cómo los jaimistas —o sea la nueva generación que surgió a la vida política después de la muerte de don Carlos— no me perdonaban mi amistad con Ruano, que yo ponía por encima de todas las cosas. Pero todas estas peleas y trifulcas no fueron, en realidad, nada comparadas con la lucha constante que sostuve con la Vanguardia Federal. ¡Esa sí que era una cosa seria! La Vanguardia fué durante muchos años en Santander la única fuerza juvenil de choque debidamente organizada, que se imponía por su brío y por sus entusiasmos. Frente a la Vanguardia no había nada. En Santander, las fuerzas políticas estaban claramente delimitadas: un núcleo monárquico, formado principalmente por las familias aristocráticas del Muelle, que era casi en absoluto conservador o silvelista —hontorista, mejor dicho—, y unas cuantas docenas de liberales. Los silvelistas u hontoristas tenían el apoyo de la clase pescadora, en la que eran muy populares el alcalde, don Luis Martínez, y don Juan Ruano. Todo lo demás del pueblo era republicano, y más que republicano, federal.
Los federales lograban muchas veces la mayoría de los Ayuntamientos; en las elecciones de diputados, los candidatos de la República, que solían ser o don Alonso Velarde, entonces muy joven y dotado de una elocuencia castelarina, o el abogado don Antonio Pérez del Molino, obtenían en la capital mayorías enormes, que anulaban la elección de los pueblos. Y la expresión juvenil y tumultuosa de este ambiente republicano de Santander era la Vanguardia Federal. Estaba compuesta de muchachos de clases humildes, dispuestos a todo. En la Vanguardia había muy pocos señoritos, siendo el más destacado Ruperto Valenzuela, pollito que vestía con una elegancia un poco afectada y que llevaba siempre un clavel rojo en su solapa. En las calles de San Francisco y de la Blanca hacía estragos entre las modistas, en unión de Leopoldo Sáinz, el popularísimo Polis. Hace muchos años que Valenzuela se fue a Cuba, donde debe haber representado papeles de importancia.
La Vanguardia Republicana: matones armados con garrotes
Cuando la Vanguardia se lanzaba a la calle, todo el pueblo temblaba. Provistos de garrotes, los días de elecciones, rodeaban los vanguardistas los colegios electorales e imponían su voluntad y sus candidaturas. Cuando yo me enfrenté con ellos, los presidía un sastre, Mauricio Sarabia, ya fallecido, que era el «amo» del distrito séptimo —la Catedral—. Formaban también en la Vanguardia el tablajero Genaro Galdós, uno de los hombres más fuertes del pueblo —un «mano prohibida»—, fallecido recientemente; Jacinto Bolado, tabernero de la calle de San Roque, y también hombre de una fuerza y un arrojo personal más grandes; Eusebio Marcos, industrial grabador, que todavía vive, y ojalá que por muchos añosy otros que no cito por no hacer esta lista interminable. La Vanguardia había sido presidida, algún tiempo antes de éste a que yo me refiero, por don Isidro Mateo González, que a poco fué concejal y figura destacada entre los republicanos de acción de Santander. Por cierto que la primera vez en que fué elegido edil el señor Mateo, ocurrió una cosa singularísima que pone de relieve la importancia que tenía la organización federal juvenil. Mateo no había sido presentado candidato sino a última hora. Se trataba del distrito republicanísimo de Consolación y el candidato republicano era don Antonio Orallo. Se presentaba también como socialista Macario Rivero, que durante muchos años estuvo luchando por ese distrito, sin poder triunfar nunca. Pero aquella vez parecía que iba a lograrlo, y lo hubiera conseguido en el puesto de las minorías de no haber surgido a última hora la candidatura de Mateo, apoyada por la Vanguardia. Se hallaba entonces en Santander, cumpliendo una condena de destierro, el fundador del socialismo vasco, Facundo Perezagua, muy ducho en estas lides, que acudió personalmente al distrito a trabajar por la candidatura de Macario. Pero no contaba con la Vanguardia Federal, que, al intervenir violentamente, aseguró el copo republicano. El mismo Perezagua resultó herido de una puñalada, no grave, por fortuna.
Los socialistas entonces apenas tenían importancia. Formaban un grupo muy pequeño. La masa obrera era en su totalidad federal. Yo recuerdo haber visto de niño llegar a Pablo Iglesias a Santander, a tomar parte en algún acto público. Venía «el abuelo» envuelto en una capa, pobremente vestido, y desde la estación se trasladaba a pie, seguido de cinco o seis correligionarios, a la calle de Burgos, donde vivía el oficial barbero Máximo Mayorgas —suegro que luego fué de Eduardo Torralba Beci—, en cuya modesta mansión se hospedaba. Las ideas socialistas tardaron mucho tiempo en abrirse paso en Santander. Los republicanos, en cambio, tenían una vieja tradición, que se conservaba lozanamente. Disponían de figuras de mucho mérito. Recuerdo a don José Suárez Quirós, abogado notable y persona acaudalada, de un tipo solemne con grandes patillas. Quirós fué concejal muchos años. También recuerdo a don Ernesto Ruiz Huídobro y a don Evaristo López Herrero, asimismo concejales; al catedrático don Santos Landa y a mi profesor en la Escuela de Náutica, don Antonio del Campo Burgaleta. Otro federal de aquellos años es don Paulino G. del Moral. Entre los jóvenes figuraban Heraclio Cartís, profesor mercantil, muchacho muy culto, que dominaba varias lenguas, fallecido prematuramente, y José Fernández Orbeta, abogado notabilísimo, que estudió conmigo el inglés, y que renunció a su acta de concejal para hacer oposiciones a la Magistratura, en la que ha llegado a ocupar puestos importantísimos. Cuando hace algunos años visité Palma de Mallorca, me encontré allí a Orbeta, que era presidente de aquella Audiencia. Orbeta estaba casado con una hija del sabio don Augusto González Linares, que falleció poco después de su matrimonio. Por cierto que otro hijo de don Augusto, el hoy famoso periodista Antonio González Linares, fundador de «Estampa» y de «Crónica», fué compañero mío en el Instituto.
Voy apuntando desordenadamente todas las noticias que recuerdo y que pueden tener algún interés para los investigadores del mañana. Pero fuerza es volver a la Vanguardia Federal y a su intervención en la política de un pueblo.
Esto último lo diría Pick para contentar a la censura roja de ese año maldito del 36-37, en el que el Gran Hermano Rojo vigilaba muy de cerca a los conservadores santanderinos y los encarcelaba y ejecutaba a la menor sospecha de nada. Pero la verdad es que en esta otra época, más romántica y menos totalitaria, los socialistas eran unos pocos idealistas que se reunían en su pequeña célula de la Cuesta de las Ánimas:
En conmemoración de «La Commune» Hoy, viernes, á las ocho y media de la noche, se celebrará en el Centro Obrero, Animas, 12, una velada conmemorativa del XXXVII aniversario de la proclamación de La Commune, en París. En esta velada hablarán acerca de tal hecho histórico algunos compañeros de la Agrupación Socialista y de la Federación local, leyéndose algunas composiciones literarias alusivas á la fecha que se conmemora.
Jenaro Galdós: un tablajero valiente y fuerte que recibió un tiro de joven
Hubo una serie de personajes cuyos nombres y apellidos y hasta hazañas han trascendido por la prensa del momento y por los recuerdos del poeta Pick, muchos años después, que acompañaron en las vivencias peculiares de Teodosio y fueron parte de ese paisaje del Santander de los vapores y de los chulos de los muelles. Mientras Benito Galdós acumulaba justa fama y la importancia de que sin duda merecía por todo el país y en especial en Santander, donde fue un vecino más por décadas, otro Galdós campaba por sus respetos en este puerto, aunque no tenía nada que ver más que el apellido con tan ilustre escritor.
Pick nos lo describe, matizando un poco sus aventuras violentas en enfrentamientos taberneros contra Teodosio y sus amigos:
En el «Aire de la calle» de ayer incurrimos en una injusticia involuntaria que queremos salvar. Al referirnos a las luchas que sostuvo Teodosio «el Piloto», hablábamos de los «matones» que con él contendían, y entre ellos, citábamos a Jenaro Galdós, figura conocidísima en el Santander de aquellos años. Hoy, leído serenamente el artículo, debemos advertir que Galdós no fue un «matón» en el sentido peyorativo del vocablo. Era un hombre de unas fuerzas hercúleas, valiente hasta la temeridad y corazón generoso y bueno.
Honrado trabajador, vivió toda la vida esclavo de su familia y de sus deberes. Sus luchas con Teodosio y con otros valientes de su tiempo, las sostuvo por hombría y con nobleza, pero sin apelar nunca a procedimientos «matonescos».
Fue, además, un buen amigo nuestro, y mal podríamos calificarle conscientemente con un adjetivo que le perjudicara.
Queda hecha esta espontánea aclaración.
Una aclaración buenísima que te agradecemos un montón, venerable maestro Pick, pero por mucho que digas que tu amigo Jenaro Galdós era buenísima persona, sus antecedentes penales dicen lo contrario.
¿Eran estos republicanos enemigos de Teodosio y sus amigos, que se confesaban liberales?
La guardia civil de esta capital detuvo el domingo á Jenaro Galdós, vecino de esta capital, Gonzalo Batallón, de Campogiro, y Miguel Arteche, de Cajo, quienes en reyerta que tuvieron con Florentino Puente y los hermanos Jacinto y Clemente Callejo, vecinos de San Román, causaron á éstos varias heridas en la cabeza, de las cuales fueron curados en la Casa de socorro.
Ayer tuvo lugar el juicio oral de la causa procedente del Juzgado de esta capital, seguido contra Cipriano Maza, José Fernández, Isidoro Herrera, Ildefonso San Emeterio, Emilio Villa, José Toledo, Santiago Díaz, Jacinto Bolado, Jenaro Galdós y José Ruiz, porque con motivo de las elecciones de concejales, verificadas en esta ciudad el día 8 de noviembre de 1903, los procesados, en grupos y armados de palos, promovieron alborotos en varios colegios y, ejerciendo coacción, agredieron y causaron lesiones á Antonio Cueto, Juan Lavín, Bernabé Lavín, Pedro Bustamante, Francisco Fernández, Antonio Fernández, Fermín Cantero, Francisco Miranda, Vicente Ruiz y Ángel Herrera, habiendo desobedecido y atropellado también al guardia municipal Dietrino Ramos al pretender restablecer el orden.
También queda claro que era un gran demócrata el tal Jenaro Galdós, de éstos que se irían poniendo cada vez más de moda por sus métodos expeditivos de intimidación política, que iría in crescendo hasta llegarse al clímax brutal de 1936. De hecho, es posible que en sus simpatías republicanas se encuentre tal vez el germen de sus desavenencias violentísimas con Teodosio, con quien se daba golpazos en cualquier momento.
Un disparo a bocajarro en la calle Colón: la historia de Jenaro Galdós
Santander, agosto de 1902. Lo que comenzó como una discusión entre dos jóvenes terminó con un disparo de revólver en plena calle. La víctima fue Jenaro Galdós, un joven tablajero, que logró salvar la vida por cuestión de centímetros. Según las crónicas de la época, ambos hombres habían mantenido una fuerte disputa horas antes en el establecimiento conocido como La Manjúa, situado en la calle Colón. En aquel primer enfrentamiento no llegaron a golpearse, aunque sí forcejearon. Durante la pelea, Jenaro Galdós arrebató un bastón a Juan Marañón e intentó golpearle, pero varios amigos evitaron que la situación fuera a mayores. Sin embargo, el incidente no terminó allí. Aquella misma noche, alrededor de las ocho y media, los dos volvieron a encontrarse frente al mismo establecimiento. Tras cruzar unas palabras, Juan Marañón sacó un revólver y disparó a bocajarro contra Jenaro Galdós. La bala impactó en la zona del omóplato derecho. Un rápido movimiento de la víctima evitó un desenlace fatal: el proyectil resbaló sobre el hueso y salió por la parte superior del hombro, causándole una herida extensa pero superficial. Jenaro fue atendido en la Casa de Socorro y pudo regresar a su domicilio ese mismo día.
Después del tiroteo, el agresor desapareció. El Juzgado de Instrucción de Santander publicó una requisitoria ordenando la búsqueda y captura de Juan Marañón Gómez, de 25 años, natural de Soba, al desconocerse su paradero. La causa se instruyó expresamente por las lesiones causadas a Jenaro Galdós. Meses después se celebró el juicio. El fiscal sostuvo que Marañón había disparado deliberadamente contra Galdós tras la discusión y solicitó una pena de prisión por disparo de arma de fuego y lesiones. La defensa alegó que el acusado actuó bajo los efectos del alcohol e intentó que se apreciaran circunstancias atenuantes. La sentencia declaró culpable a Juan José Vicente Marañón Gómez, imponiéndole cuatro meses de arresto mayor, ocho días de arresto menor por la falta de lesiones y el pago de 14 pesetas de indemnización a Jenaro Galdós, además de las costas procesales. Así concluyó un suceso que durante semanas ocupó las páginas de la prensa santanderina del verano de 1902.
Y ahora hablaremos de su inseparable amigo y camarada, Jacinto Bolado, que era otro republicano y otro machote de mucho cuidado, que junto a Jenaro siempre estaba metido en altercados violentos.
Jacinto Bolado: un republicano de armas tomar, siempre presto a la violencia
Jacinto Bolado no sólo era un republicano de armas tomar que, junto a su amigo Jenaro Galdós, intimidaban a sus rivales con auténticas palizas que terminaban con brechas sangrantes. Es de resaltar que también estuvo involucrado, con Mateo José Incera y Manuel Cima, en una trifulca tan grande que terminó a sablazos, literalmente, cuando Teodosio Ruiz tuvo que luchar por su vida y sacar de su bastón estoque este arma blanca en defensa propia. Según vemos en el juicio por el tiroteo del Huerto del Francés:
Adrián Monar dijo á Martín que Teodosio iba la noche de autos con Jacinto Bolado y otros, desafiado, y aquel salió en su busca. Bolado tuvo una cuestión con Teodosio en La Sacristía.
Jacinto Bolado dice á preguntas del señor Bengoa que, como todo el mundo sabe, Martín vino a Santander a ser matón de las casas de juego. A Teodosio le daba por combatir todo cuanto fuera antilegal. Confirma que Martín y Teodosio fueron desafiados al Sardinero, pero los amigos de uno y otro procuraron que no se encontrasen.
A la defensa dice que hacía mucho tiempo que Teodosio no se embriagaba y que, aunque él tuvo algunos disgustos con Teodosio, la amistad que había entre ellos los arreglaba pronto. Cuenta un suceso ocurrido en una casa de juego de la Cuesta del Hospital donde sacó Teodosio un estoque.
Un suceso que es de los más interesantes en la vida de Teodosio y en el cual este súper hombre fue capaz de enfrentarse a tres contrincantes a la vez, incluyendo al propio Bolado. Jacinto Bolado vivía en la Calle Alta, donde campaba por sus respetos, igual que en el resto de la ciudad.
De la taberna de Jacinto Bolado, en la Cuesta de la Atalaya, salieron anoche, á la una, dos individuos riñendo; intervinieron otros en la cuestión; se dieron unas bofetadas; sonó un pito; acudieron guardias, y fueron todos á parar al Principal, quedando uno de ellos detenido.
Han sido denunciados unos perros propiedad del industrial don Jacinto Bolado, por andar sueltos por la cuesta de la Atalaya y Prado de San Roque, y penetrar en las huertas allí sitas, destrozando las frutas.
Los sucesos que afectaron a Jacinto Bolado debieron ser infinitos en su relativamente larga vida (para ser un broncas).
Anuncio de juicio A las once del propio día y en la misma sección se verificará el juicio oral y público de la causa procedente del Juzgado instructor de esta capital, seguida por injurias y amenazas á un agente de la autoridad, contra Jacinto Bolado y Velasco, estando su defensa a cargo del señor Díez Fernández.
Resultado del juicio Ante la misma Sección, se vió en el propio día en juicio oral y público, la causa del Juzgado de esta capital, seguida contra Jacinto Bolado y Velasco, quien al ser preguntado en el acto del juicio por la presidencia lo de costumbre, dijo, que se confesaba autor del delito de injurias y amenazas a un agente de la autoridad, y que se conformaba con la pena de un mes y un día de arresto mayor que se le pedía por el ministerio fiscal, en virtud de cuya conformidad consideró innecesaria la continuación del juicio el letrado defensor señor Díez.
Anoche, á las doce y media próximamente riñeron en la Alameda dos individuos, matarifes de oficio, uno de los cuales resultó herido en la palma de la mano derecha al pretender quitarse el golpe que con una navaja le tiró su contrario. El herido, Jacinto Bolado, fué curado de primera intención en la Casa de socorro.
Ayer ingresó en la cárcel un individuo llamado Jacinto Bolado por haber insultado y amenazado al guardia municipal Eugenio Sánchez al tratar éste de detener á otro individuo que iba con él.
Incluso se atrevían a amedrentar a los diarios si no contaban las noticias que les afectaban como a ellos les parecía mejor:
¿Se acuerdan ustedes de la noticia que ayer dimos de un tal Polanco (a) guardia de consumos, que dijo que le habían pegado Jacinto Bolado y unos amigos de éste? Pues bien; sólo le pegó Bolado, y le pegó porque el otro le insultó; los demás en nada se metieron, según ellos dicen. Quedan complacidos los simpáticos amigos.
Audiencia En la Sección segunda se celebró anteayer la vista de la causa procedente del Juzgado de esta capital, seguida contra Cirilo Estrada Torre y Jacinto Bolado Gómez, acusados de que en la noche del 23 de diciembre último, en una reyerta habida entre éstos, Victorina Muriedas, Juana Martínez y Benito Guinzo, resultó éste último con una herida, para cuya curación fueron necesarios catorce días de asistencia facultativa.El representante del Ministerio fiscal calificó el hecho constitutivo de un delito de lesiones menos graves y de autores á los procesados, para los que solicitó la pena de dos meses y un día de arresto mayor á cada uno, y á que indemnicen al lesionado en la suma de veintiocho pesetas. Las defensas de dichos procesados solicitaron la absolución, fundada en que éstos no habían sido los autores de la lesión sufrida por Benito Guinzo.
Audiencia (segunda versión) En la Sección segunda se vio ayer en juicio oral la causa instruída en este Juzgado contra Cirilo Torre Estrada y Jacinto Bolado Gómez, por haber lesionado en la noche del 23 de diciembre á Benito Guinzo, que curó á los 14 días de asistencia facultativa. El señor Fiscal pidió se impusiera á cada uno de los acusados la pena de dos meses y un día de arresto y la obligación de indemnizar 28 pesetas al perjudicado. Las defensas de los sumariados solicitaron la absolución de éstos, fundándose en que no son autores de la lesión inferida al Guinzo, pues no tomaron participación alguna en el delito. Señalamiento del juicio Día 14.— Ídem en el de esta capital, contra Jacinto Bolado y Cirilo Estrada, por lesiones; defensores señores Cavada y Ruano.
Hay que recordar que Ruano fue uno de los mejores abogados de la Historia de Santander, logrando que el matón y vago de Martinillo saliera indemne de los gravísimos hechos del Huerto del Francés. El hecho de que defendiera a Jacinto Bolado nos puede poner en la pista de que a lo mejor sí que había vínculos muy concretos entre Martinillo y este duro republicano santanderino que perduraron en el tiempo.
Teodosio tuvo una cuestión en una taberna con dos carreteros, y terminó insultando a todos
La misma noche en que Martinillo y Teodosio se dispararon, seguramente con la participación de más tiradores locales, del propio club, Jacinto Bolado tuvo sus diferencias con el Teodosio en otro establecimiento en donde el Capitán la estaba liando:
Jacinto Bolado: Le pregunta el acusador, señor Bengoa. A.— ¿Usted sabe, por lo que haya oído decir de público, que Diego Martín vino a Santander como matón? T.— Sí. A.— ¿Oyó usted si había enemistades entre Diego y Teodosio? T.— Sí. He oído que se desafiaron algunas veces, una de ellas en el Sardinero, y los amigos lo evitaron. Contesta después al defensor, diciendo que dos días antes del hecho de autos Teodosio tuvo una cuestión en una taberna con dos carreteros, y terminó insultando a todos los que se hallaban presentes, y como entre ellos estaba el testigo, fuése a pedirle una explicación, precisamente en la misma noche del suceso, y salieron del establecimiento de Horabado, situado en la calle de Colón. Niega que Teodosio lo desafiase y a petición de la defensa se lee la declaración que prestó en el sumario el testigo y en la que dijo que era cierto lo del desafío. Explica el testigo la contradicción diciendo que el desafío fue a todos los que se hallaban en el establecimiento donde estuvo Teodosio en la cuestión con los carreteros. Afirma que la noche de autos tomó Teodosio «una copa de más».
Dice Adrián Monsen que marchó del Club antes del suceso. Por referencia sabe que Teodosio tuvo una cuestión con Jacinto Bolado y que iban a tratarse de ti (¿?) la noche del suceso. Cuando el testigo salió del Club estaban ya Diego y Teodosio en la cocina sentados. También sabe que Teodosio se presentó en el Club a exigir dinero a Colindres e insultó a los que estaban allí. Dice que Diego Martín le merece buen concepto.
Visitando galleras de Santander, donde se apostaba en este brutal juego
Uno de los distracciones más lamentables de aquellos tiempos eran las peleas de gallos. En una sociedad embrutecida y con pocos recursos ni otro entretenimiento que él usar lo que tuvieran a mano y a poder ser apostando hasta el cuello de la camisa pues era lógico que semejantes brutalidades se entendieran como pasatiempos legítimos y divertidos en los que además podían dar rienda suelta a sus entre comillas ansias de invertir en algo.
«La bilis». El sol, despejado de nubes, sonreía alegremente esparciendo su dulce claridad. Queriendo tener a la afición al corriente de cómo se encuentran las principales galleras, hemos creído oportuno hacer una visita a la que vamos a detallar. Cuesta de la Atalaya arriba dirigimos nuestros pasos a meternos en San Roque. Un modesto cafetín. Penetramos, y una vez dentro, nos encontramos con el inteligente preparador, señor Tafall, el cual nos invita; le preguntamos por el dueño de la gallera y nos dice no estar a la vista ninguno. «Pueden pasar a ver la ganadería.» Hemos visto una infinidad de gallos a cual más bonitos, algunos con su historial correspondiente, como son «El niño», que tiene seis peleas ganadas, tres de desafío; «El bronca», magnífica jaca con cinco combates y otros tantos triunfos. Terminábamos de ver las aves cuando se presentó uno de los dueños, don Guillermo Barrio, y con la amabilidad en él característica nos dá pormenores de la gallera. «La bilis» se fundó hace unos cuantos años siendo el fundador Jacinto Bolado. Más tarde se la puso por nombre «La calamidad», siendo componentes don Víctor Blanco y el señor Piris, y de preparador actuaba Angelín Fernández. En aquella época se pelearon gallos muy buenos de los que algunos aficionados guardarán memoria, como «El loco». Pasado algún tiempo formó la gallera «Electra» Jenaro Galdós con Jacinto, siguiendo peleando «fieras» como «La tuerta», de quince quimeras, catorce ganadas y una tablas. En la actualidad la Sociedad gallística «La bilis» la componen distinguidos aficionados: don Manuel Peña, que es el gerente; don José González, don Arsenio Fuentes, don Francisco Gutiérrez, Federico Hontañón y Enrique Larrea. Proveedores, los mejores criadores que existen en la provincia. De boca del señor Peña escuchamos que en breve contarán con un surtido inmejorable para luchar contra todas las galleras montañesas y bilbaínas, y desde luego dispuestos a dejar el pabellón siempre bien puesto. Así es, señores galleros, que ¡agárrense!, que «La bilis» piensa llevarse las palmas en esta temporada. Con ganado bueno cuentan, preparador también: el director del «cotarro» es uno de los aficionados más inteligentes. Auguramos grandes éxitos a tan distinguidos aficionados y nos despedimos, deseándoles grandes y resonantes triunfos. PUYA Y MEDIA
Circo de gallos en Santander
Con gran animación se dieron el domingo en «El Alcázar» las peleas anunciadas en el programa, además de una vermouth, por el siguiente orden: Primera (fuera de lista).—Santander suelta a la estera un cenizo contra un colorado de Bilbao. Hacen una bonita pelea, demostrando el de Santander mucha raza, que nos hace comprender que procede de la gallera famosa «La Bilis». El de Bilbao es muy activo y pronto deja ciego y tuerce el cuello a su contrario, que aunque el pobre demostró mucho coraje y una clase superior, no pudo rehacerse, aunque hizo todo lo posible para ello, sucumbiendo a los quince minutos. Su dueño, por ver si puede conservarle, lo levantó, y, a nuestro juicio, hizo muy bien, porque estaba herido de tal manera que era una lástima verle defenderse sin probabilidades de éxito. Segunda.—Colorados, 3-6 y 3-7. En buena pelea por el de Santander, hermano del anterior, que demostró muchos pies, dando un puntillazo a su contrario, dejándole fuera de combate. Estos dos gallos de Santander conservan aún la fineza de su origen de la gallera «Bilis», de la que fué fundador nuestro infortunado amigo don Jacinto Bolado, de gratísima memoria. A continuación, el artículo sigue así: Tercera.—3-8 y 3-10, derecho a tuerto, Santander y Bilbao, de gallos jabados, que en muy buena pelea vence Bilbao. Cuarta.—Giro Santander y retinto Bilbao, 3-9 y media y 3-8 y media. A los tres minutos, por deszanque, ganó Santander. Quinta.—Gallos de cuatro libras, colorado Bilbao y negro Santander. Hacen una buena pelea, demostrando flojedad el santanderino, que pertenece a la gallera de Bezana, perdiendo la pelea a los diez minutos. Los dos contrincantes demostraron mucha sangre y pies, siendo una lástima que el de Bezana no hubiera estado más entrenado, pues en otro caso no hubiera habido duda de su triunfo. Sexta.—Callealtera y Trust, con gallos de 3-13 y 3-13 y media, colorados ambos. Hacen una bonita pelea frente a frente, como deben pelear los gallos de combate, llevándose el triunfo Callealtera a los seis minutos. Séptima.—Callealtera y Rabalet, derecho a tuerto, colorados. Después de una pelea dudosa, logró el éxito el tuerto, que estuvo hecho un pelmazo de la marca de Tisusito, que, aunque es uno de los mejores entrenadores de esta clase de plumíferos de España y América, debió de equivocarse en las pruebas, pues el gallo no dijo esta boca es mía, o sea que no se ocupaba de afianzar la mordida, pues de otro modo hubiera triunfado con más rapidez. El circo estuvo animadísimo, en el cual tuvimos el gusto de saludar a nuestros buenos amigos y grandes aficionados al sport gallístico don Gabriel S. de Buroaga, don Evaristo, criador de gallos de combate en Vargas, donde el amigo Vicente, de la Callealtera, tiene su enjambre, así como a don Paco Puig, amante de este sport.
Martín Aguiar Iglesias: un descarriado que intentó matar a tiros a su exnovia en Santander
Este personaje era tan violento que no sólo se vio interrogado en la causa por el tiroteo mortal del Huerto del Francés, sino que poco después intentó matar a su ex novia por haber iniciado ésta otra relación con un chico más normal que él (lo cual no era nada complicado de encontrar). En dicho juicio por el tiroteo del Huerto del Francés, empezando por estos hechos anteriores (luego iremos con la ex novia) leemos lo siguiente, en 1906:
Le pregunta el señor Bengoa (al principal acusado, Martinillo) si dijo a Martín Aguiar la noche del día en que fue con Teodosio por la Concordia, que si éste hubiera subido al Alta probablemente no hubiera bajado. Martín (Martinillo) dice que no puede suponer tan tonto que fuera á decir su intención, si la hubiera tenido, de matar a Teodosio. Añade que a Martín Aguiar, después de guardarle toda clase de consideraciones, le había robado en la casa de juego y que luego en la cárcel le insultó.
Hay que recordar a los lectores que en esa época existía la Calle Alta, que era más o menos céntrica, y que luego estaba el Alta, es decir, la Calle General Dávila actual. Por lo que entendemos, Teodosio había maltratado seriamente a este tal Martín Aguiar, a pesar de que éste parecía querer llevar la fiesta en paz con él. Pero vamos a cuando él fue el verdadero agresor y tarado, poco después, en marzo de ese año de 1906, cuando este personaje tenía 20 y Teodosio ya descansaba en su tumba, mientras que Martín Aguiar se encontraba vivito y coleante, eso sí, con el corazón roto y ciego de celos:
Hace mucho tiempo que en la crónica de sucesos de Santander no se registraba un hecho como el ocurrido ayer. Afortunadamente, en nuestra ciudad no ocurren con frecuencia, como en otras provincias, esos dramas que los criminalistas modernos han dado en llamar pasionales. Con cualquier nombre que se les designe, no puede ser ni más brutal ni más censurable el hecho de atentar contra una mujer indefensa.
Antecedentes.—Lo que se dice
Los protagonistas del suceso desarrollado ayer son los de siempre en esta clase de sucesos. Una muchacha que no quiere continuar unas relaciones amorosas y un hombre que se empeña en que ella ha de quererle, tiene la loca pretensión de querer conquistar por la fuerza el cariño de una mujer y cuando se convence de que no puede vencer en la lucha, despechado atropella y mata. Según se dice, hace algún tiempo tenían relaciones dos jóvenes, Martín Aguiar Iglesias, de 20 años, antes empleado y ahora de vida algo aventurera y azarosa, y Encarnación Correa, de 17 años, costurera. Se dice que los jóvenes no congeniaban y entre ellos se suscitaban contínuos disgustos pero que no pasaban de riñas y reconvenciones sin importancia. No obstante en fecha no lejana riñeron definitivamente, y poco después acompañaba á Encarnación otro joven de conocida familia. Esto contrarió á Martin hasta el punto, según dicen algunos amigos suyos, que llegó á amenazar al que le había sustituido en el corazón de la joven costurera.
También se asegura que había intentado reanudar sus relaciones y que Encarnación se oponía tenazmente á tal pretensión. Siguendo á Encarnación Encarnación Correa, que es hija de una honradísima familia, trabajaba como costurera en un taller de la calle de Lope de Vega, número 7. Ayer, á las doce del día, salió del taller y se dirigió a su domicilio. Se dice que Martín Aguiar, que esperaba á la joven, la siguió desde la calle de Daoiz y Velarde y fue detrás de ella por las calles que cruzaba Encarnación para ir a su casa. Llegó la joven a la Plaza Vieja y entró por la calle de Rupalacio, llevando siempre detrás á su exnovio. A varias personas oimos decir, sin que respondamos de la exactitud de la noticia, que al llegar á la mitad de la calle de Rupalacio, frente á la confitería La Gaditana, Martín Aguiar se adelantó resueltamente y habló a Encarnación.
¿Has vivido ya bastante? Pues te voy á matar
El suceso
Se asegura que Martín, al acercarse á Encarnación, la dirigió breves palabras y enseguida añadió: —¿Has vivido ya bastante?, pues te voy á matar. Enseguida sacó un revólver y apuntó á la joven costurera. Esta, que no había mirado todavía á Martín, al oír sus últimas palabras y ver la acción de sacar la mano del bolsillo levantó la vista, y al ver el revólver dió un grito y echó á correr, seguida de Martín. La muchacha, al llegar á la calle de La Lealtad, dobló la esquina y se dirigió hacia la calle de San Francisco. El hombre iba detrás con el revólver en la mano. Los transeuntes huían por temor á ser agredidos y las mujeres que presenciaban lo que ocurría daban gritos pidiendo auxilio y llamando a los guardias. Al llegar á la esquina de la calle de la Lealtad, donde está la tienda de bebidas La Puerta del Sol, fué alcanzada por su perseguidor, que apuntó un momento y disparó sobre Encarnación. La bala dió en la pared de la tienda. Las numerosas personas que paseaban por la calle de San Francisco se acercaron al oir las voces y los gritos. En el mismo momento el joven Aguiar, con la mano izquierda, hizo girar el tambor del revólver, levantó el gatillo, apuntó y disparó sobre la pobre muchacha que, presa de horrible pánico, no acertaba ni á moverse. Varios jóvenes que llegaron en aquel momento retiraron de allí á Encarnación y el guardia municipal número 103, Augusto González, que llegó también muy oportunamente detuvo á Martín Aguiar, que se entregó sin hacer la menor resistencia.
El arma
El revólver que utilizó Aguiar es un Smith, de calibre 7. Tenía tres cápsulas, dos de ellas disparadas. El guardia se apoderó del revólver, que luego fue entregado al Juzgado. Los disparos Como hemos dicho, fueron dos. El primero chocó la bala contra la pared y cayó al suelo. El segundo disparo dio en la ventana de la tienda «La Puerta del Sol». La bala atravesó un cristal y cayó en el mostrador de la tienda.
Auxilios
Las personas que presenciaron el suceso auxiliaron á la joven, llevándola á una tienda de la calle de San Francisco, donde, al ver que no estaba herida, le fue administrado un antiespasmódico. Una hermana de Encarnación, que llegó á los pocos momentos de ocurrir el suceso, sufrió un síncope, siendo también auxiliada. Después fueron conducidas á su domicilio en un coche las dos hermanas.
El agresor
Martín Aguiar fué conducido al Principal, donde quedó detenido. Algunas personas atribuían el haber resultado ilesa la joven á que Aguiar es muy corto de vista y no pudo por ello hacer blanco. El juzgado.—A la cárcel En el Principal se constituyó el juzgado del distrito del Oeste que ordenó que el agresor fuese conducido á la cárcel.
El juicio se hizo esperar y tuvo lugar el 16 de enero de 1907 en el Juzgado del distrito del Oeste de esta capital, seguido contra Martín Aguiar Iglesias, porque el 28 de febrero del año último, el procesado, que había tenido relaciones amorosas con la joven Encarnación Correa, se encontró con ella en la calle de Rupalacio, y después de hablar algunas palabras, sacó un revólver el referido procesado, haciendo dos disparos contra la Encarnación, sin que ninguno de ellos la causara daño alguno. El señor Fiscal calificó los hechos de un delito de disparo de arma de fuego, de autor al procesado, para quien pidió la pena de un año, ocho meses y 21 días de prisión correccional y costas. a defensa del sumariado solicitó su absolución, y en el peor de los casos que se le impusiera la pena de seis meses y un día de prisión correccional.
Pero el amigo Martín Aguiar no sólo era un celopático psicópata, sino que estaba involucrado en los mismos pecados del juego ilegal que muchos de estos protagonistas, aunque lo peor es que hubiera tantas mujeres acusadas de corrupción de menores en Santander:
Don Celso Torres Nafria, Presidente de la Audiencia provincial de Santander. Hago saber: Que en el sorteo celebrado en esta Audiencia han sido designados como jurados que han de funcionar durante el próximo cuatrimestre los que á continuación se expresan, debiendo comparecer ante este Tribunal: los del distrito del Este de esta ciudad, los días diez y ocho, veinte, veintiuno y veintidós del mes de octubre próximo, á las diez de la mañana, para conocer de las causas seguidas, respectivamente, contra Pedro Martín Blanco y otros, por robo; Cándido Ruiz Agudo, por robo; Ana García, por infanticidio, y Alejandro Rodríguez, por abusos deshonestos. Los del distrito del Oeste de esta ciudad, los días veinticinco, veintisiete y veintinueve del mes de octubre y tres, cuatro y ocho de noviembre siguiente, á las diez de la mañana, para conocer de las causas seguidas, respectivamente, contra Lorenza Alvarez y otras, por corrupción de menores; Martín Aguiar y otros, por juegos prohibidos; Marcelino Alvarez, por homicidio; Aquilina Alvarez, por corrupción de menores; Manuel Castaño, por homicidio, y Valentín Ramón Lavín Casalís y otros, por homicidio por imprudencia.
El señor Juez de instrucción del distrito del Oeste de la ciudad de Santander, en cumplimiento de carta orden de la Superioridad, referente a causa por juegos prohibidos contra Martín Aguiar.
Manuel Cimas: un valiente que vino con dos más a apalizar a Teodosio y salió trasquilado
Los recurrentes delitos contra el Santo Nombre de Dios no podían faltar en el carrerón de este desgraciado:
La policía detuvo ayer al carterista Manuel Cima, natural de Oviedo, el cual ingresó en la cárcel para sufrir 15 días de arresto por blasfemar.
Pero es que estamos, además, ante un pinta muy pinta, que se dedicaba a amenazar a sus enemigos y a otras cosas peores, al parecer:
La del de Santander, contra Manuel Cima, por homicidio; abogado, señor Solano; procurador, señor Cué.
…se cita al testigo Manuel Cima (a) el Gallo, que se dice es natural de San Estéban de la Cruces, Oviedo, y cuyo actual paradero se ignora…
Por disparo y lesiones
Ante la Audiencia tuvo lugar ayer la causa procedente del Juzgado de Oviedo contra José Lafuente y Robustiano García por disparo y lesiones. Estos, el día 15 de Agosto del año 1919 tuvieron una cuestión con Manuel Cima, que resultó herido. La defensa a cargo de don Alfonso Muñoz de Diego, niega la existencia del disparo, y solo afirma que hubo reyerta entre ellos a bolazos, puesto que esta se promovió en una bolera en Villameana, cuya reyerta fué provocada por el Manuel. La causa quedó conclusa para sentencia.
José Incera: otro pillo de tendencia homosexual en los bajos fondos de Santander
Éste es otro pájaro de cuenta que estaba en el trío de agresores que fueron repelidos por Teodosio en el Casino Liberal, en la Cuestas del Hospital, a mandobles de estoque. Aparte de violento era estafador y fue multado por un pecado venal que, bueno, a buen entendedor, pocas palabras bastan:
El señor Gobernador civil ha impuesto 40 pesetas de multa a cada uno de los individuos José Incera y Federico Martínez, por faltar á la decencia pública.
Un gran estafador:
El del de Santander (O.), contra José Incera Alvarez, por estafa. Defensor, señor Colomer; procurador, señor Báscones.
No sé si se trata del mismo José Incera el que aparece en esta otra bronca, pero podría ser:
A las 12 de la mañana se promovió una reyerta en el pueblo de Suances, en el sitio llamado La Sota, entre los vecinos de aquella villa Bernardo Fernández Herrera, Ángel Gómez Ruiz y su hermano José, otro joven llamado José Incera, Elías Delgado, Francisco Serral y Narciso Martín. Avisada la Guardia civil se personó en el lugar del suceso, encontrándose en la carretera, antes de llegar al sitio La Sota, con Bernardo Fernández, que empuñaba un revólver, el cual entregó a la benemérita, diciendo que se le había arrebatado a Ángel Gómez, cuando éste había pretendido agredirle con dicha arma. Al quitarle el revólver al Ángel, éste corrió a su casa, de donde salió nuevamente armado con otro, haciendo un disparo sobre Bernardo, sin que, afortunadamente, lograra hacer blanco. La Guardia civil, previas las diligencias practicadas, procedió a la detención de los hermanos Ángel y José Gómez y José Incera, los cuales, juntamente con las dos armas de fuego recogidas, fueron puestos a disposición del Juzgado municipal de aquella villa.
XVIII – Los Caballeros del Santo Sepulcro de Santander, la Sacristía y el Descuaje
Pick se mostraba verdaderamente entusiasmado y melancólico al recordar uno de los mayores y a la vez más discretos episodios de nuestra historia periodística a nivel nacional: la batalla de unos pocos valientes, los Caballeros del Santo Sepulcro, arremolinados en torno a su caudillo Teodosio, contra las fuerzas vivas de la política, la Policía y el hampa:
Teodosio Ruiz, el león santanderino, y «Martinillo», el jaguar cubano, son los dos protagonistas de estos hechos que alcanzaron una resonancia nacional, y casi pudiéramos decir que histórica. Tanto es así, que el verano pasado estuvo en Santander un distinguido literato montañés, que venía a documentarse sobre el escenario del drama, para escribir un libro dedicado a las andanzas y aventuras de don Diego Martín Veloz. Nosotros poseemos unos documentos preciosos sobre esa época. Es la colección completa de «El Descuaje» y de «Don Preciso», libelos que Teodosio y su banda publicaban en Santander con fines de chantaje y escándalo. Tuvieron una difusión extraordinaria en el pueblo. Los sábados por la noche, que es cuando se ponían a la venta, una compacta muchedumbre obstruía los accesos de la calle de Colón, donde, como hemos dicho, estaba enclavada «La Sacristía», la popular taberna en que Teodosio había establecido su cuartel general. De allí salían los vendedores, que a los pocos pasos eran materialmente cercados por el público, que les arrebataba los ejemplares de las manos. Cuando se oía el pregón: «¡El Descuaje! ¡El Descuaje!», la gente dejaba sus casas, sus ocupaciones, y salía a la caza del codiciado número. Pocos papeles públicos han logrado en nuestro pueblo semejante popularidad.
El periódico se vendía a diez céntimos, precio exorbitante que en aquellos tiempos sólo alcanzaban las revistas de lujo. Estaba toscamente impreso, y llevaba al pie de imprenta «Hernández, Simón». Los impresores de la capital, por miedo a la Policía y a su jefe, don Narciso Tomás, contra quien se dirigía preferentemente toda la campaña, no se atrevían a achuchar con riesgos de la impresión. Hemos dicho que el aspecto del pliego era tosco y grosero. Su tamaño era reducido: cuatro páginas en octavo. Todo el pliego no pasaba de una humilde hoja en cuarto menor. En la primera plana, campeaba el título «El Descuaje», y debajo, la siguiente divisa: «Periódico cangrejo. Siempre adelante. Se publica los sábados». Y más abajo todavía, el triple lema: «Moralidad, moralidad, moralidad». Era gracioso oír el triple grito, sabiendo que el panfleto se escribía sobre el tapete verde de las mesas de juego, o en los veladores o las consolas de los prostíbulos de la ciudad.
Hemos querido poner en parangón el Santander de los garitos y las tabernas populares, con este otro Santander brillante y fastuoso, en que también reinaba la locura. Éste era el pueblo a que Diego Martín Veloz llegaba para enfrentarse con Teodosio Ruiz, el hombre que no había tenido miedo a nadie, según proclamaba la voz popular.
Desde su tertulia de «La Sacristía», el Piloto, cuando le hablaron por primera vez del recién llegado, comentó displicente:
—¡Ése no sabe a dónde viene! ¡Yo se lo enseñaré…!
Y su corte habitual —Gelasio, Ramón «el Manta», Emilio «el Cégato», Jesús Amber, Jesús González, Joaquín, «el Cabuérnigo» y «el Cioltas»— rieron, aprobando.
—¡Ya se iría enterando aquel «chalao» de quién era Teodosio y de lo que era Santander…!
El Descuaje: un periódico divertido y rebelde que puso en jaque a la mafia de Santander
30 años después de estos hechos, de esta epopeya de Teodosio y su Descuaje, el poeta y periodista Pick (y marino) todavía recordaba con enorme cariño aquella aventura surrealista de un semanario tan combativo que el propio Comisario Narciso Tomás sobornaba al que lo imprimía (un tal Rozadilla), sin duda amenazándolo con las consecuencias de seguir dándole servicio a estos rebeldes.
Hacía ya tiempo que «El Descuaje» venía publicándose sin interrupción alguna todas las semanas, en paz y gracia de Dios, cuando de pronto, y sin darnos tiempo a pasar el susto, nos enteramos que la rotativa del desahogado Rozadilla se había inutilizado para nosotros, por causa del «unto» de Narciso Tomás.
Otra vez sin imprenta. ¿Qué hacer, cielo santo, en situación tan crítica? ¿Le diremos a Rozadilla cuatro cosas feas, con detrimento de su asqueroso polo antártico? ¿Le quitaremos los pantalones por mujerzuela y se los daremos a su hermosa costilla?…»
«La célebre familia»:
«¿Y de la familia del célebre Colirón, qué?
Pues la Lola continúa triste por la precipitada marcha de Preciso.
El Colironcito, tan robusto y colorado, y Danieluca, desconsolada, y para que vean ustedes que es verdad todo cuanto dejamos dicho, cuando le vean por la calle, pregúntele: ¿Por qué estás triste, Dulce Nereo?»
XIX – Teodosio, «el piloto», era el personaje más importante de la ciudad
Pick no podía contener la emoción al recordar esos años maravillosos que nunca volverán. En plena tragedia de la Guerra Civil y con un Santander que vivía la democracia de los esbirros de Stalin y otros genocidas, ajena a la mayoría de sus paisanos, Pick se ponía nostálgico cuando el alcalde prestante del 36 se dedicaba en plena contienda a modernizar la ciudad a base de piqueta.
¡Santander de «El Descuaje» y de don Narciso Tomás; de los «guindillas» de uniformes raídos y espadas de sainete; de la «Colirona» y de la «Chula»; de los capitanes de barco que salían borrachos a la mar por haberse pasado toda la noche bebiendo manzanilla en el «Kines»! ¡Santander tormentoso y arbitrario como un «Espenato» de Valle Inclán! Hoy te he visto en ruinas, hecho polilla, cascote y polvo, y he sentido una viva emoción. No se mira impunemente hacia el pasado.
Hoy, viendo todos aquellos viejos paredones en escombros, he creído ver la sombra de Teodosio, «el piloto», pasar junto a mí. Como le vi muchas veces; con su cuerpo atlético erguido; con su cara cortada por un negro mostacho; una gorra inglesa de marino sobre el pelo peinado con patillas y tufos; una gruesa cachaba colgando del brazo en horquilla. Y al lado y detrás, la guardia de sus fieles: Antoniuco Lastra; el Cabuérnigo; Gelasio… Ninguno de ellos vive hoy…
Por los tres templos de Baco discurría, en los años maravillosos de principios de siglo, Teodosio, «el piloto». Era el personaje más importante de la ciudad. Cuando pasaba por la calle, le miraban y le seguían absortos los niños. Teodosio Ruiz, hijo de una de las familias mejor acomodadas del pueblo, era un señorito flamenco y valiente. Marino de profesión, navegaba en las rutas de América. Cuando estaba en el puerto, la calle de Colón era el teatro principal de sus exhibiciones y de sus hazañas. Frecuentaba los tres cafetines, pero singularmente «La Sacristía», donde tenía su corte y su guardia negra de señoritos que se habían echado a la vida como algunas mujeres: Antoniuco Lastra, hijo de un viejo capitán de la Compañía Trasatlántica; Gelasio González; el Cabuérnigo, y otros muchos. Allí iban también los matones y bravoneles populares, que alardeaban de enfrentarse con él y no tenerle miedo: el botero Mordadillas; el tablajero Jenaro Galdós, y muchos más. Allí chocaban violentamente unos y otros muchas noches. Se acometían a botellazos y a palos; se abrían algunas cabezas, y al día siguiente comentaba asustada la timorata población:
—¡Buena la que se armó anoche en el «Kines»! ¡Teodosio y Mordadillas, «mano a mano»…!
Cercano a estos cafetines, casi encima de Rucabado, y en uno de los edificios que se han derribado también estaba el famoso «Martinillo», su «Huerto del francés» para explotar el juego. Allí fué a buscarle Teodosio, y allí se acometieron uno y otro a tiros como dos fieras. Es uno de los sucesos más resonantes de la historia de Santander. Teodosio quedó muerto, y el pueblo lloró su fin en romances y coplas, como se hace con los toreros y demás héroes.
Y aquí termina el romance de la vida y muerte de Teodosio «el Piloto», el hombre más fuerte y más bravo que, al decir del pueblo, ha habido en Santander…
Telesforo Bustillo Vecino de Arredondo. Propuesto por la representación de Teodosio Ruiz. Dice, contestando al señor Bengoa, que estando en Cuba presenció en un café una cuestión que tuvo Teodosio con unos ñáñigos en defensa de la bandera española, y al siguiente día se batió con uno de ellos. Añade que Teodosio Ruiz no tenía instintos criminales ni era matón.
El misterio de las cartas con amenazas contra Teodosio Ruiz, sólo 10 días antes de su muerte
10 días antes de morir a tiros, el 8 de enero de 1906, Teodosio Ruiz González recibió unas cartas amenazadoras e injuriosas por parte de unos personajes
CÉDULA DE CITACIÓN El señor Juez de instrucción del distrito del Este de la ciudad de Santander, en providencia dictada en carta orden de la Superioridad, procedente de causa sobre injurias y amenazas contra Teodosio Ruiz González, tiene acordado que se cite en forma legal á los sujetos que luego se dirán para que el día nueve de febrero, á las diez, comparezcan ante la Audiencia provincial de esta ciudad para asistir á las sesiones del juicio oral; bajo apercibimiento de que si no comparecen sin justa causa que lo impida incurrirán en una multa de cinco á cincuenta pesetas. José Fernández Toraya, vecino de Hoznayo. Juan Gómez García, preso en el penal de Burgos. Jacinta López, vecina de Castro Urdiales. Avelino García, calle del Medio, comercio. Pedro García, dependiente del Cuartelillo. Facundo García Liaño, tabernero de Peñacastillo, y cuyo actual paradero de todos se ignora. Y para que la citación tenga efecto, libro la presente, que se insertará en el BOLETÍN OFICIAL, en Santander á tres de enero de mil novecientos seis.—El Secretario, Jenaro Pérez.
¿Un encontronazo con un alborotador de los obreros en Santander?
Por el señor Gobernador Civil han sido multados en 75 pesetas Manuel Curia (a) El Gallo, Julio Domínguez, del Ferrol, y José Avenza, de Ciudad Real, por andar vagando por las calles de la población, haciéndose sospechosos a la policía, y en 25 pesetas a Gerardo Gutiérrez y Teodosio Ruiz, por escándalo en la vía pública.Por la guardia civil del puesto de Torrelavega han sido detenidos tres sujetos llamados Daniel Redondo, Gerardo Gutiérrez y Luis Fernández, acusados de haber desobedecido a los guardas jurados de la fábrica Solvay de Barreda, de haber parado un motor de la misma y abierto el registro de la galería de humos con riesgo de producir una catástrofe.Además, pretendieron ejercer coacción sobre los obreros de la fábrica para que estos abandonasen el trabajo.
Sí, señor, se juega: la hipocresía de la prensa oficial y los políticos
No basta que lo niegue la policía, no es suficiente que el gobernador civil asegure que no se juega; por encima de todo podemos decir nosotros, fundados en informes fidedignos, que se juega y se juega mucho en Santander á los prohibidos. Ahora bien; ¿dónde se juega? ¿quién juega? Eso no lo hemos de decir nosotros, por que no es esa nuestra misión. Nuestro deber es denunciar, velando por la tranquilidad de las familias y procurando el reinado de la moralidad. Lo demás, el descubrimiento de las guaridas y de los contraventores de la ley, esa es función de la policía; es misión, principalmente, del gobernador civil. Pero parece que éste señor ante nuestras continuadas quejas y denuncias hace oídos de mercader. ¿Llegarán las cosas a ponernos en el duro trance de seguir las huellas de El Descuaje, publicando nombres de casas de juego y de los jugadores? ¿Será preciso que acudamos al ministro de la Gobernación en demanda de auxilio para tranquilidad de muchos hogares, á los cuales el juego está llevando la discordia y la miseria? ¿Tendremos que pedir á Madrid el amparo que aquí no se nos dá, ó no se nos ha dado todavía, para que sea restablecido el imperio de la ley? Hágase algo, demuestre el señor Pérez Mosso que quiere hacer algo. El movimiento se demuestra andando. Y sea este el último aviso, para excitar el celo del señor gobernador civil, á ver si conseguimos que se mueva y comience, por sus gestiones en esta materia, á renacer la tranquilidad en las familias.
Y los propios politicos reconocían lo mal que lo hacían y lo deficiente que era su Policía (ironía):
Lo que dice el Gobernador — Inspectores suspendidos
Anoche hablamos con el Gobernador civil, señor Larrondo, acerca de los hechos ocurridos en la madrugada de ayer en el Club de Billares. El señor Gobernador nos manifestó que desconocía que se jugara en aquella Sociedad. Acerca de esa casa de juego, añadió, recibí días pasados una denuncia, é inmediatamente la pasé al Juzgado de instrucción. Se dijo que se jugaba en Santander y se anunció la salida de un periódico con el título de Montecarlo en Santander é inmediatamente llamé á todos los presidentes de los Círculos y Casinos para decirles que no autorizaba en manera alguna el juego y que, por lo tanto, procedería contra las Sociedades si no se me obedecía y desde entonces no se ha jugado en esos Círculos. En el Club de Billares me aseguró el señor inspector jefe de vigilancia que no se jugaba, y ahora ha resultado que sí, después de las órdenes terminantes que se le habían dado para que prohibiera el juego por todos los medios posibles. El proceder de los inspectores de vigilancia merece un castigo y por no cumplir mis órdenes, les he impuesto la suspensión de ocho días de empleo y sueldo, porque solamente á esto estoy autorizado, y dándole cuenta de lo ocurrido he telegrafiado ya al ministro de la Gobernación. La suspensión de los dos inspectores de vigilancia ha sido muy bien acogida por la opinión, pues ellos tenían la obligación no sólo de enterarse de los sitios donde se jugaba, sino también de enterar al señor Gobernador civil de lo que ocurría, para que si ellos no disponían de autoridad suficiente para acabar con el juego en esos garitos, encomendar este servicio á la guardia civil, que lo hubiera realizado. De la inspección de vigilancia, de acuerdo con el señor Alcalde, se encargará desde hoy, que regresará de Madrid, donde se encuentra, el jefe de la guardia municipal don Ruperto Ortega. Una diligencia.— Los detenidos Anoche, á primera hora, se trasladó á la cárcel el Juzgado, con los señores Hernández y Sierra, con objeto de llevar á cabo una importante diligencia. Se trataba de saber á quién pertenecía la funda y el cinturón de una de las pistolas Browing encontradas en el lugar del suceso. También tomó declaración el Juzgado á varios detenidos y nuevamente al Diego Martín. Anoche continuaron incomunicados en la cárcel José María Peña Martínez, Joaquín Miera González, Ramón Oceja Hoyo, Ricar…
Parece mentira que fueran los mismos sinvergüenzas de políticos y periodistas que se ponían de acuerdo con los juzgados para condenar a la única persona que tuvo los testículos de rebelarse contra lo establecido y denunciar todas estas cosas. Y es que Teodosio tuvo que demostrar lo que denunciaba con balas en su cuerpo, por lo que se ve en la prensa de la época, pues llegaron a condenarlo al destierro y la ruina tras haber difamado a tan eficientes y honestos policías:
Mañana tendrá lugar la vista en juicio oral y público de la causa procedente del Juzgado de Santander, seguida á instancia de don Narciso Tomás, inspector de vigilancia que ha sido de esta capital, contra Teodosio Ruiz González, por calumnia é injurias en el periódico El Descuaje. Compondrán el Tribunal los señores don Hipólito del Campo, don Juan J. Pelayo y don Jorge R. Bustamante, magistrados. No asistirá el Ministerio Fiscal por haber desistido á su tiempo de la acción que ejercitaba en virtud del real decreto de indulto último. La acusación privada está encargada al abogado don Mariano Linares y representada por el procurador don Jesús Alvarez y de la defensa del procesado el letrado don Andrés Bengoa y representado por el procurador don Agustín Cué. Se hallan citados para comparecer en el juicio oral 64 testigos y la acusación privada califica provisionalmente los hechos como constitutivos de tres delitos de calumnia y 20 de injurias graves, hechos por escrito y con publicidad, y solicita para el Teodosio seis años de destierro y 2.500 pesetas de multa por cada uno de los delitos de injurias y cuatro años y dos meses de prisión correccional y 5.000 pesetas de multa por cada uno de los de calumnia. La defensa del procesado no está conforme con las conclusiones de la acusación y en el peor de los casos dice que tendrían que aplicarse los artículos 470 y 475 del Código penal, y solicita su absolución.
Sin embargo, por otro lado, cuando pasó lo que tenía que pasar y Teodosio murió, de forma brutal, estos mismos medios locales se la cogían con papel de fumar o incluso negaban la mayor y le tiraban barro al mismo Descuaje al que daban la razón, en un verdadero ejercicio de sinrazón:
El proceso de «El Descuaje»
Continúa comentándose entre la gente de toga el proceso seguido contra el director de El Descuaje, y esperándose con grande ansiedad la sentencia, para ver de qué modo resuelve la Sala la cuestión incidental promovida por el señor Bengoa al abrirse el juicio y que por desestimarse entonces fue alegada después como medio de defensa. Se recordará que en aquel incidente ponía todo su empeño el señor Bengoa en hallar dentro del articulado del Código penal y dentro, á su vez, de los delitos privados la distinción entre la injuria ó calumnia inferida á particulares y la injuria o calumnia inferida á funcionarios públicos. Hablándose de esto en uno de los centros más aristocráticos de la población, sostenía un reputado criminalista que aquella opinión, mantenida en juicio por el defensor de don Teodosio Ruiz, se encontraba robustecida hasta la evidencia en el segundo inciso del artículo 4.º de la ley del Jurado, en el que claramente se demuestra que para algún efecto equipara esa ley los funciona-rios públicos —que hubieren sido injuria-dos ó calumniados por sus actos privados— a los particulares. Despréndese de esto, clara y lógicamente, que el principio general no les diferencia, quedando en pie la distinción establecida por el señor Bengoa. Nosotros, que no tenemos en este asunto más interés que el de la justicia, nos hacemos eco de esos comentarios y opiniones, publicándolos á título de información.
Su campaña contra la policía en el semanario El Descuaje, por lo cual tenía pendiente una condena de varios años de destierro
Los dos matones
Tanto Diego Martín Veloz como Teodosio Ruiz eran conocidísimos en Santander. Ruiz era capitán de la marina mercante y hubiera sido un excelente marino de no abandonar la carrera para hacer gala de su guapeza y matonismo y venir á acabar, como acaban siempre esos desgraciados que pretenden monopolizar el valor y que van por las calles perdonando la vida á todos aquellos que pasan por su lado. Los hechos de Teodosio Ruiz, llevados a cabo muchas veces no por propio impulso, todos los recuerdan. Ultimamente adquirió gran popularidad con su campaña contra la policía en el semanario El Descuaje, por lo cual tenía pendiente una condena de varios años de destierro. Diego Martín Veloz, hacía poco tiempo que estaba en Santander. Se trata de un sujeto nacido en Cuba, que de la insurrección se pasó á las fuerzas españolas y que peleando por su patria se ganó el grado de teniente. Huyendo de sus paisanos vino á España, se licenció y aprovechándose de su fuerza física y su valor personal, del que nadie dudaba, decidió vivir á costa del juego. Sabía que su fin era el presidio ó el cementerio, pero esto no le arredró. Algo había que exponer en la lucha: él exponía la vida. Recorrió las casas de juego pidiendo, exigiendo dinero y lo tuvo. Son pocos los que por vivir desprecian la vida. Llegó una época en que por las autoridades se hizo una dura campaña contra el juego y la situación de Martinillo, que por este nombre era conocido en Madrid, cambió. Como no se jugaba su caja se había cerrado. El verano último entró en Santander y entonces su estado, al parecer, no era muy floreciente, pero pronto cambió porque en esta ciudad se jugaba. Se presentó en un Círculo muy conocido, hizo una postura, perdió; hizo otra y también salió la contraria. Entonces se acercó al groupier que tallaba y le exigió la cantidad perdida, cuatro duros, y cien pesetas más. El groupier se volvió y le contestó que no le conocía y que no tenía orden de entregarle dinero. —Soy Martinillo el del «Colonial» de Madrid—le dijo Veloz. (El groupier, asustado) ¿Qué tal don Diego? Sí, tome; tome usted lo que quiera—y le entregó el dinero que pedía. El groupier sabía que aquel individuo [no] se marchaba de allí sin lo que había pedido. Luego, en otros Círculos, exigió cantidades de más importancia, mil y dos mil pesetas, y se pasó el verano en Santander sin volver á molestar á nadie. Después de una corta ausencia volvió á esta población, y últimamente estuvo de encargado de un juego eléctrico en un café y tenía el juego en el Club de Billares.
Estos son los dos individuos que se conocieron exigiéndose mútuamente dinero: Teodosio Ruiz y Diego Martín
Desde este primer encuentro se comenzó ya a temer, por los amigos de los dos, un desenlace fatal, sangriento, que lo mismo podía desarrollarse en una taberna como en la calle ó en una casa de juego, y así fue por desgracia. El agresor El primero que declaró en la madrugada de ayer ante el Juzgado y el señor Fiscal, fue el supuesto agresor Diego Martín Veloz. Su declaración fue larga, pero, según ayer oímos, niega que él hiciera disparos, añadiendo que mal pudo llevar al Club la pistola cuando la había vendido dos días antes. Esta será tal vez la declaración que dio al Juzgado, pero con sus amigos es posible que se expresara con más claridad. Declaraciones.—En libertad El Juzgado tomó también declaración á todos los detenidos y fueron puestos en libertad, después de declarar, José Novo Miño, Pablo Quintanilla, Luis Solana é Isidoro Hontañón.
La otra víctima – Terrible escena
Nicanor Arenal, la otra víctima de los sucesos ocurridos en el Huerto del Francés, deja mujer y cinco hijos. Su mujer, que se halla enferma, lo esperó anteanoche con impaciencia, pues solía ir á casa á las dos de la madrugada. A las siete bajó al portal de su casa para esperarlo y oyó leer á una vecina la información del sangriento drama del Club de Billares, y al oir que su marido era uno de los muertos, cayó desplomada en la escalera. Las vecinas corrieron en su auxilio, subiéndola á su casa. La infeliz mujer estuvo todo el día de ayer sufriendo ataques epilépticos. Comprendo su situación, que no puede ser más desesperada. Con la muerte de su marido y enferma ella, piensa en sus cinco hijos. ¡Pobre mujer! Merece el auxilio de las personas caritativas. El herido Ayer tarde circuló la noticia de haber fallecido en el Hospital el herido Ramón Liñero. Por fortuna, no se confirmó la noticia, siendo su estado relativamente satisfactorio. Entre las ropas de este individuo se halló una cápsula. Ha confirmado que él se hallaba de espaldas á la puerta de entrada de la sala de juego y que fue herido por la espalda. También ha dicho que al Club de Billares le llevó el dueño de la casa donde estaba hospedado, Pedro Alonso.
Gelasio González y Joaquín Miera
Como es costumbre en este tipo de personajes del entorno de Teodosio, las citas en la prensa local empezaron pronto en su vida con juicios contra Gelasio González y Joaquín Miera, por atentado a un agente de la autoridad. Defensor: señor Leita.
Para ser de la Cofradía de los Caballeros del Santo Sepulcro, la verdad, Gelasio tuvo una vida bastante larga, aunque puede ser que se viera obligado a exiliarse de Santander por causa de la mafia contra la que luchó a brazo partido durante años.
Esquela (El Cantábrico, 24 de junio de 1923) Confortado con los auxilios espirituales, falleció ayer don Gelasio González Gutiérrez. La triste noticia ha de causar mucho sentimiento, pues el finado era muy conocido y estimado en Santander, donde contaba con generales simpatías. Alejado de la ciudad durante bastantes años por su quebrantada salud, ha regresado casi en sus últimos momentos para tener el consuelo de morir entre los suyos. De todo corazón nos asociamos al dolor de sus deudos por esta irreparable desgracia y damos nuestro pésame a la esposa del finado, doña Antonia Vares, y a sus hijos María, Antonio y Pilar.
La declaración, en el juicio por los sucesos del Huerto del Francés, de Gelasio González, nos sirve de enésima presentación de los protagonistas de esos eventos y de él mismo:
Abogado acusador.—¿Es cierto que Diego Martín llegó á Santander muy mal de ropa? T.—Si. A.—¿Ha oido usted decir que en el Sardinero pidió dinero por dejar jugar y dos sujetos llamados los «Cívicos» que habían llegado de Madrid dijeron «a éste no hay más remedio que darle dinero o matarle?» T.—Si. Dice también que sabe que entre Teodosio y Diego se intentaron algunos desafíos y cree que Diego odiaba a Teodosio. El defensor señor Ruano pregunta al testigo que cómo ha cambiado de opinión, pues en el sumario afirmó que Teodosio y Diego eran amigos. Insiste el testigo en sus manifestaciones y se da lectura á la declaración en que dijo que aquellos eran amigos. Explica esta contradicción el testigo diciendo que quiso decir que eran amigos al parecer. Eduardo Fernández: Es el dueño del establecimiento «La Sacristía». Dice que Teodosio Ruiz era concurrente asíduo á su establecimiento y allí se emborrachaba algunas veces. A.—¿Le prohibió usted la entrada alguna vez? T.—No. A.—¿Le debía á usted algo? T.—No. Defensor.—¿Usted es el dueño de la taberna «La Sacristía»? T.—Sí. D.—Nada más tengo que preguntar. A preguntas del acusador dice el testigo que el procesado tuvo una cuestión con un individuo llamado Bringas. También dice que un sujeto fue a buscar a Teodosio, quiso agredirle con un cuchillo y aquél le tiró al suelo, le quitó el arma y le dijo: «Si no estuvieras inútil te mataba». Sobre la cuestión de Bringas y el procesado le dirige algunas preguntas el defensor, y el testigo contesta que Diego Martín no sacó el revólver.
Teodosio Ruiz y Joaquín Miera fueron el núcleo más duro de los Caballeros del Santo Sepulcro junto a Gelasio o Antoniuco Lastra o Cabuérnigo, que lo seguían a todas partes como si fueran una verdadera cofradía de guerreros urbanos. En los meses previos a la muerte de Teodosio en combate hubo bastantes detenciones y persecuciones de todo tipo contra unos valientes que tenían al pueblo de Santander en el bolsillo.
En el Círculo Liberal, detuvo el señor Laviada momentos después a Joaquín Pérez. Más tarde consiguió detener a Joaquín Miera, por el cual supo el paradero de Teodosio Ruiz, quien se encontraba en una posada, ya acostado, manifestando al inspector, cuando éste le ordenó que le siguiera, que se hallaba enfermo, pero esto no le dio resultado, pues tuvo que vestirse y salir con aquél de la casa. A las nueve y media los tres citados sujetos ingresaron en la cárcel a disposición del Juzgado de instrucción que había ordenado su detención.
Pero la gente no se creía que estas detenciones fueran objetivas y espontáneas ni mucho menos:
Anoche fueron detenidos por varios agentes del cuerpo de seguridad don Teodosio Ruiz, director de El Descuaje, don Joaquín Miera y don Luis Blanco. Como El Descuaje viene haciendo una dura campaña contra determinados funcionarios, fueron muchos los comentarios que anoche se hicieron sobre la detención del director de aquel periódico, que algunos suponían encaminada a conseguir fines que en nada se relacionan con la seguridad pública.
Y en la información sobre el proceso judicial por el conocido crimen del Club de Billares:
Antes de retirarse, a las cinco, se decretó la libertad de tres de los detenidos (…), y se elevó a prisión provisional la detención de Diego Martín Veloz, José María Peña Martínez, Joaquín Miera González, Ramón Oceja Hoyo y Ricardo Pabón Fresneda, continuando detenidos hasta que transcurrieran las 72 horas de incomunicación.
Y añade:
Excepto a esos dos y al Martinillo, a los demás les fue levantada la incomunicación. Al elevar el señor Juez a prisión la detención de aquéllos, decretó su procesamiento por el delito de doble homicidio y lesiones contra Diego Martín Veloz, y por el de juegos prohibidos contra los otros cuatro.
Es decir: Joaquín Miera González fue procesado por un delito relacionado con juegos prohibidos, no por los homicidios. ¡Sólo faltaba!
Pero veamos su declaración en el juicio por la muerte de Teodosio, el 30 de mayo de 1906:
Ayer continuó en el salón de sesiones del Ayuntamiento la vista de la causa contra Diego Martín Veloz. A las diez menos cuarto se constituyó el Tribunal y continuó el examen de testigos.
Joaquín Mier estaba en la sala de juego la noche del suceso
Después de varias preguntas que le hace el fiscal, y que no se oyen, le interroga el acusador privado, señor Bengoa. Explica la forma en que entró Teodosio Ruiz en la sala de juego diciendo: «¿dónde están esos valientes?» No puede precisar si, estando Teodosio en el suelo le tiró Diego Martín, pero sí asegura que éste le decía: «Ríndete, cobarde», apuntándole con la pistola. Dice que Teodosio tenía la cara ensangrentada y como si estuviese borracho, aunque no sabe si se tambaleaba. Añade que hacia la cocina oyó dos disparos. Acusador (señor Bengoa).— ¿Después que se cayó Juan, disparó entre la cocina y la sala de juego? Testigo.— No, hasta que Teodosio entró diciendo: «cobardes, ¿qué os pasa por el balcón?» «¿Dónde están esos valientes?» Ha oído decir el testigo que entre Teodosio y Diego Martín hubo varias rencillas, una de ellas en el café Ancora. Después mediaron amigos y explicaciones. También sabe que dijo Martín que él quería ser el número uno de los valientes y habría dinero para todos. Dice que sabe que antes se tiraba el juego en el Club de Billares y se llevaba a jóvenes de buenas familias a los que se les multaba dinero por relojes y otras alhajas. A preguntas del acusador, señor Meana, dice que no vio a Nicanor Arenal y que Lázaro, el que resulta herido, estaba a la derecha del banquero. Añade que en la sala no quedaron de más que Teodosio y él, pues los demás huyeron o se refugiaron debajo de las mesas. Defensor.— ¿Cual de los dos, el «pequeño» o el Club de Billares, era antes de ser de Diego y Colindres? Testigo.— El… Después dice que se halla procesado en unión de Teodosio por lo ocurrido en Bilbao con unos serenos y que era íntimo amigo de aquél. D.— ¿Es usted parroquiano de una taberna conocida con el nombre de La Sacristía? T.— Sí. D.— ¿En esa taberna se reunía usted con Teodosio, Gelasio, Jesús Gónzalez y… T.— Sí. D.— ¿Era Diego Martín parroquiano? T.— No. D.— ¿Es cierto que después de la muerte de Teodosio se reunieron y concurrieron a aquella taberna, formando una peña, así como los «caballeros del Santo Sepulcro»? T.— Sí, seguimos concurriendo. D.— Un hombre de usted, a quien conocen por Monarca, ¿sirvió para escribir una carta en su semanario El Desgarrón, que no era de usted? T.— Sí. D.— ¿Es cierto que usted prestó tres declaraciones en el sumario, negando que hubiese presenciado los sucesos de la noche del 18 de enero último y a la cuarta declaración el juez le dijo a usted que era un canalla y un sinvergüenza porque no decía la verdad, y entonces usted declaró ser cierto que había presenciado el hecho? T.— Sí. Añade el testigo que Teodosio hizo dos disparos al techo entre la mesa de juego y el chaflán donde cayó. El abogado defensor le advierte que los peritos armeros han dicho que uno de los disparos está hecho desde el suelo, de abajo a arriba, y en este supuesto le pregunta si admite que uno de los disparos que hizo Teodosio pudiera ser el mismo que dicen los armeros. El testigo contesta que no puede precisarlo, pues vio hacer dos disparos a Teodosio y al saber que hay dos señales en el techo supuso que eran los mismos. Dice también que vió mover la mano a Teodosio en distintas direcciones y (¿?) abierto de brazos como implorando misericordia para que Teodosio no le matase. Que huyó al comprender, como los demás jugadores, que estaba en peligro.
D.— ¿Quién empezó a disparar? T.— No lo sé. D.— ¿Es cierto que usted estaba colocado en el Club por recomendación de Teodosio? T.— Sí, señor. Eso fué en el Círculo Santanderino, que entró por influencia de Teodosio. D.— ¿Diego Martín se portaba decentemente con usted en el Club? T.— Sí. D.— ¿Llegó Diego Martín a darle a usted consejos para que se abstuviera de la bebida? T.— Sí. D.— Aunque usted era íntimo amigo de Teodosio, ¿puede usted decirnos si éste, cuando estaba borracho, era hombre camorrista y que insultaba y maltrataba a sus mismos amigos? T.— Le diré a usted; Teodosio era amigo mío y yo… D.— Basta, basta… no lo diga usted, no diga usted nada. Acusador (señor Bengoa).— ¿Estos esos caballeros del Santo Sepulcro, que dice el defensor asisten a «La Sacristía», concurre también don Florencio Aguirre? T.— Sí. (El presidente advierte al letrado que no estando presente el jurado don Florencio Aguirre, no puede influir en el resultado de la causa.) A.— Cuando esa cuestión de Bilbao, ¿es cierto que le detuvieron a usted nada más, y cuando Teodosio se presentó a interesar por usted fue detenido también? T.— Sí. El presidente le pregunta qué tiempo medió entre los disparos que hizo Teodosio dentro de la sala. El testigo contesta que muy poco tiempo.
En una relación de indemnizaciones a heridos se lee, en una época en que debía de ser joven todavía:
A Joaquín Miera, herido 45 días, 135 pesetas, por no haber recibido cantidad alguna.
Es decir, Joaquín Miera había permanecido herido durante 45 días y se le concedían 135 pesetas de indemnización al no haber cobrado previamente ninguna cantidad.
El fracasado periodista Jesús Amber (Confetti) y su vida entre persecuciones y penurias laborales
Pick nos describe a este personaje peculiar del ámbito periodístico de Teodosio:
El periódico lo dirigía Teodosio, «el Piloto». Uno de sus redactores, el que hacía las semblanzas desvergonzadas de personajes santanderinos en impecables sonetos de factura clásica, era Jesús Amber («Confetis»). Buen poeta, buen literato, espíritu fino, pero desmoralizado por la miseria en que vivía y por la lucha feroz por abrirse paso. «Confetis» fue muchos años después a América, y trabajó con éxito en La Habana y Méjico.
Desde allí, nos mandó, durante algún tiempo, obras muy estimables que daba a la rotativa. De pronto el silencio se hizo en torno suyo. ¿Ha muerto? ¿Qué nuevo avatar preside y dirige su vida? No lo sabemos. Ahora vamos a referirnos a Jesús Amber o «El Descuaje», instrumento al servicio de Teodosio, «el Piloto», en aquella pintoresca lucha entablada por la flamenguería de Santander contra el hampa exótica que vino de fuera, capitaneada por el Martinillo, y protegida por la Policía, para enseñorearse de la ciudad.
Jesús Amber era un hombre avanzado para su tiempo que pretendía conciliar, al parecer, al mundo obrero con una ilustración que le era negada a las castas inferiores por sistema. Así se vio en un mítin obrero en el Centro Obrero de la Cuesta de las Ánimas: Presidió el compañero Eduardo Rojas. Hicieron uso de la palabra los compañeros Tejera, José Pérez, Francisco Fernández, Victoriano Martínez y Jesús Amber. El primero expuso las causas de la huelga… (…) y, por último, el joven Amber se extendió en largas consideraciones sobre la idea, haciendo atinados párrafos acerca de la significación de la cultura de la clase obrera, para lo cual presentó en paralelo la ilustración y adelanto de otros países y del nuestro.
Otra noticia indica que fue condenado a quince días de cárcel por escándalo público y blasfemias. Por producir escándalo y blasfemar del santo nombre de Dios, ingresó ayer en la cárcel a cumplir quincena un individuo llamado Jesús Amber.
Un herido grave en una agresión tras una caricatura de El Descuaje
Fíjense en esta portada de El Descuaje porque a consecuencia de ella hubo una riña con un lesionado grave. Los hermanos Zaldivar se sintieron ultrajados por el autor de esta caricatura que los dejaba en mal lugar, o mejor dicho en el peor lugar posible, como involucrados en escándalos de tipo sexual y de corrupción policial entre otras lindezas.
A consecuencia de una caricatura que apareció en el último número de El Descuaje, los hermanos Francisco y Ricardo Zaldívar tuvieron ayer tarde un encuentro en el establecimiento La Caba, del Sardinero, con el director de aquel semanario, Jesús Amber, y dos amigos que le acompañaban. Se dieron algunas bofetadas y, al salir al paseo de la Alameda, Francisco Zaldívar, pegándose con uno de los amigos, Jesús González y González, éste cayó para atrás, dándose en la cabeza tan fuerte golpe con una piedra, que le privó del sentido por algunos momentos. Fue trasladado a la Casa de Socorro, donde se le apreció una herida contusa con fractura del hueso occipital. Los hermanos Zaldívar fueron detenidos y posteriormente ingresaron en la cárcel.
En otra noticia se recuerda el suceso:
A consecuencia de los ataques dirigidos por el semanario El Descuaje contra don Ignacio Zaldívar, riñeron ayer en el Sardinero dos hijos de éste y otros dos individuos llamados Jesús Amber y Jesús González y González. Según oímos decir, Jesús González recibió un golpe que le hizo caer en tierra, causándose una fractura del hueso occipital…
La cuestión fue grave, pues Jesús González y González literalmente acabó con la cabeza rota. Estuvo a punto de morir.
Herido grave. Ayer continuaba en el mismo estado de gravedad el joven Jesús González y González, y por disposición del médico forense señor Bravo, por la noche fue trasladado desde su casa en una camilla al hospital de San Rafael, donde hoy le será practicada una operación.
Ha quedado completamente restablecido de la herida que le fue inferida hace algunas semanas en riña habida en el Sardinero, el conocido joven don Jesús González. El señor González, cuyo restablecimiento celebramos, nos ha rogado hagamos constar su gratitud al ilustrado y celoso médico del Hospital, señor Ocejo, y a las virtuosas é incansables Hermanas de la Caridad, por la solicitud cariñosa y el exquisito cuidado con que le han asistido.
La operación de la trepanación a Jesús González y González
Por fortuna, gracias a los médicos del Hospital, señores Baldomero y Ocejo, y a las virtuosas é incansables Hermanas de la Caridad, este polémico señor pudo salvar la vida:
Ayer le fue practicada en el Hospital de San Rafael, la operación de la trepanación a Jesús González y González, herido en el Sardinero el último domingo. La operación fué practicada por el médico-cooperador del Hospital don Baldomero […]
Pero no era ningún santo, según testimonio de Francisco Pozas:
Un sujeto llamado Jesús González entró completamente embriagado en una taberna de la calle de Isabel la Católica, a las once de la mañana de ayer y armó un gran alboroto, rompiendo además algunos objetos del establecimiento.
También ha multado en 20 pesetas a una mujer de mal vivir y en 5 a Jesús González por faltar a la decencia pública y blasfemar.
Pero lo mejor es lo que viene a continuación:
Propuesto por la defensa. Dice que el verano pasado, al salir de los toros, se le acercaron Jesús González y otro individuo y le llevaron á una casa de juego de la calle de San Francisco donde se hallaba Teodosio, y le ganaron, sin que ni por una sola vez saliera una carta favorable, de 2.000 á 3.000 pesetas.
E incluso tras la muerte de Teodosio este sujeto siguió a lo suyo:
Jesús González y González, individuo muy conocido en Santander, trató de intimidar ayer á Ignacio Riancho, agente de emigración, profiriendo ciertas amenazas para obligarle á repartir entre los dos los productos líquidos que obtenía el Riancho de la explotación de los emigrantes. El amenazado denunció el hecho á la guardia municipal, siendo detenido por individuos de la misma el Jesús González. El detenido ingresó en la prevención hasta que quede aclarada la verdad del asunto.
Y llegó el juicio por la represalia por esta agresión contra los periodistas de El Descuaje
Ayer se celebró la vista de la causa del Juzgado de instrucción de esta capital seguida contra Francisco Zaldívar Irurueta, procesado por el hecho siguiente:
El 10 de abril último, hallándose tomando cerveza en un establecimiento de bebidas del Sardinero, Jesús González, Jesús Amber é Hilario Rodríguez, entraron los hermanos Francisco y Ricardo Zaldívar, quienes sin mediar cuestión alguna la emprendieron á golpes con aquellos, cayendo al suelo Jesús González á consecuencia de uno que le dio en el pecho el Francisco Zaldívar y chocando con una piedra al caer se produjo una lesión en la cabeza que necesitó asistencia médica hasta el cinco de mayo, resultando también Jesús Amber con una contusión que no necesitó asistencia facultativa y que se la produjo Ricardo Zaldívar. El Ministerio fiscal calificó los hechos de un delito de lesiones menos graves y de una falta no incidental de lesiones leves y de autor del delito al procesado para el que pidió la pena de 2 meses y un día de arresto mayor y 75 pesetas de indemnización y la defensa sostuvo que debían apreciarse 4 cias atenuantes é imponerle solamente 125 pesetas de multa é indemnización.
Recuerdo biográfico de Emilio Carrère, que pondremos más adelante, sobre periodistas que intentaban triunfar en Madrid, se dice: hubo un Jesús Amber, que rodó de periódico en periódico y de catástrofe en catástrofe durante tres años… Es una evocación de su juventud periodística antes de regresar a Santander.
En el artículo «Literatura de El Descuaje», del poeta Pick, aparece esta valoración sobre él:
«Lo escribió, sin duda, la pluma más ágil y más docta de la banda, la del poeta bohemio Jesús Amber.» Y también se le identifica como quien redactaba los artículos más literarios y virulentos contra el inspector Narciso Tomás. Fue poeta y periodista bohemio, director o principal redactor del semanario satírico El Descuaje, y protagonizó enfrentamientos físicos derivados de las campañas del periódico y fue considerado la mejor pluma de aquella publicación.
El periodista Jesús Amber, que rodó de periódico en periódico y de catástrofe en catástrofe
Además, años después Emilio Carrère lo recordó como uno de aquellos periodistas que malvivían «de periódico en periódico y de catástrofe en catástrofe«:
Si se pudiesen recopilar todas las tristezas, todos los andrajos, todas las ambiciones que han pasado por el comedor de Próculo, podríase escribir unos interesantísimos capítulos de nuestra triste vida de ahora y si hablasen los catres del hospedaje de doña María, nos podrían contar las lamentables y grotescas divagaciones que los estómagos vacíos inspiraban á las cabezas desvariantes. El amor de la literatura es como la embriaguez de un vino venenoso y mortal y si algunas veces nos trata como amante, generalmente es araña que estruja y vampiro que aniquila. Muchas veces en el crak de las ilusiones los que vinieron á maravillar el mundo, se conforman con relatar las sesiones municipales en algún periódico, y se reservan sus sueñecitos de gloria, para los espacios de huelga, tras la penosa tarea del foliculario. Yo creo que en todo «reporter» hay un genio fracasado que hace noticias… porque hay que ir viviendo. Es claro que la mayoría de los «conquistadores de Madrid» no tienen talento y éstos son los más reacios á la renunciación. Hubo un Jesús Amber, que rodó de periódico en periódico y de catástrofe en catástrofe, durante tres años. Lastimados en una redacción acordaron pagarle el viaje á su pueblo, donde estaría resguardado de todas las necesidades, y cuando se lo participaron, el pobre muchacho se desesperaba y decía entre lágrimas: —Pero ¿qué voy á decir yo cuando vean que vuelvo sin haber luchado? —Pues diga V. que ha llegado á la Puerta del Sol, ha retado á los transeuntes, y no ha encontrado á nadie con quien luchar—contestó Antonio Palomero. Le convencieron, se fue y, en efecto, á los tres meses estaba otra vez en Madrid. ¡Pobres conquistadores, conquistados de antemano por la pobreza y la amargura! Emilio Carrère
Antoniuco Lastra: un sospechoso habitual que empezó muy joven a verse involucrado en delitos
Se trataba de un joven de 19 años y guapo cuando se vio involucrado en el crimen de la Alameda, en el que un amigo suyo de apellido Roguí fue acusado de apuñalar a otro joven en Santander. Con el paso del tiempo, el protagonismo del caso quedó concentrado casi exclusivamente en Antonio Rogí. Y así el nombre de Antonio Lastra pasó a formar parte de la pequeña historia criminal de Santander, mientras que los demás procesados fueron desapareciendo poco a poco de la memoria colectiva. Aunque compareció durante todo el procedimiento, declaró ante el Tribunal y su testimonio resultó importante para la reconstrucción de los hechos, Antoniuco Lastra terminó siendo recordado únicamente como uno de los acompañantes del principal acusado del asesinato.
De todos modos, Lastra pasó por la cárcel y terminó siendo declarado pobre (y constaba que se dedicaba a profesión especial) para un litigio que tuvo lugar contra Leopoldo Linacero.
Servicio militar de Antonio Lastra, que al parecer era hijo de un capitán de la Marina Mercante:
Manifestar al Jefe de la zona militar de Santander que considere como soldado sorteable al mozo Antonio Lastra Gutiérrez, del reemplazo actual por el Ayuntamiento de dicha capital, remitiéndole filiación triplicada.
Testigo en el proceso de un notario de Santander.
Antonio Lastra, de 22 años; preso en Torrelavega cuando ingresaron en la misma cárcel Martínez Conde y Arce Muela, fué compañero de cuarto del primero. A preguntas del señor Parets, afirma que allí Martínez Conde no tenía ninguna clase de relaciones con Arce, y que nunca se hablaron palabra, ni tenían entre sí mayor intimidad que con otros presos. Cáraves: —¿No es cierto que el testigo solía servir á Martínez Conde en la cárcel para llevar algunos recados á Arce? —No, señor.
Detención equivocada de un sospechoso habitual. Al parecer, a este tal Antoniuco Lastra le pasó esto varias veces.
Sin duda como consecuencia del resultado de las declaraciones prestadas por ambos detenidos, el señor Trassierra, ordenó que fuera detenido un individuo apellidado Lastra. Los agentes detuvieron á eso de las nueve y media á un tal Antonio Lastra, y le condujeron al Principal en donde estaba constituido el Juzgado, pero tan pronto como estuvo en presencia del señor Trassierra, le puso en libertad por no ser él el que había mandado detener, sino otro llamado Manuel Lastra Olmo, que tiene una posada en la calle de Ruamayor. Más tarde fue detenido éste y después que prestó declaración ante el señor Trassierra, éste ordenó que ingresase en la cárcel á donde fue conducido á la una de la madrugada.
Queja tras una detención que pudo ser equivocada (según él, claro):
Anoche se presentó en nuestra redacción Antonio Lastra lamentándose de haber sido detenido sin razón que lo justificase y, antes por el contrario, cuando había sido víctima de un atropello, al que no respondió en consideración á la debilidad de la persona que le agredió. El mismo señor Lastra nos manifiesta que se han repetido ya las equivocaciones en daño suyo y que convendría á sus intereses que no continuaran. Nuestro comunicante se nos presentó con la ropa destrozada, demostrando que, en efecto, se habían ejercido violencias con él.
Señalamiento de juicio por lesiones: Día 18.—Ídem del mismo contra Antonio Lastra, por lesiones; defensor, señor Nárdiz; procurador, señor Ruiz Gallo.
Accidente ferroviario de un tal Antonio Lastra que pudo ser él: Romualdo García, que iba en la máquina, y el maquinista se apresuraron á socorrer á los obreros, sacando el primero del sitio en que se hallaba á Manuel Rodríguez, y levantando á Antonio Lastra, que también quedó en mala situación; de los otros cuatro obreros, tres resultaron heridos y el otro ileso.
XX – Los barcos de Teodosio Ruiz, alias El Piloto
Existen dos cartas preciosas sobre el legado que dejó Teodosio Ruiz, alias Piloto, en las calles y corazones de tantos santanderinos que lo veían como a un ídolo.
Aquí tenéis la transcripción literal y completa de la página entera del artículo de la Escuela de Náutica (una carta de Pick) donde se habla de Teodosio Ruiz:
LA ESCUELA DE NAUTICA DE SANTANDER – RECUERDOS DE UN ALUMNO (PICK)
A mi condiscípulo Rodolfo Villegas, jefe hoy de la armada nacional de Cuba. Verdad es que el porvenir que se ofrecía entonces a los marinos montañeses era difícil y precario. Habían desaparecido los barcos de vela, yunque en que forjó el hierro duro de los grandes capitanes de la tierruca. Nosotros alcanzamos aún la «Don Juan», la hermosa fragata de los Pombo, fondeada e inmóvil en la bahía, en espera de los nuevos armadores noruegos que la habían adquirido y no tardaron en llevársela. La navegación a vapor por lo que se refiere a nuestra matrícula estaba aún sin iniciar. Todos estudiaban con los ojos puestos en la Trasatlántica, cuyo acceso iba ya siendo difícil a los montañeses, pues las influencias de otros puertos se dejaban sentir cada vez más poderosamente en la Dirección de la Compañía. Los marinos que tripularon los últimos barcos de vela, habían tenido que buscar nuevo rumbo a sus vidas, y algunos como don Federico Cagigal se habían hecho pequeños industriales resignados a acabar sus días fuera de la mar. Abad era casi el único héroe que se ofrecía a nuestra admiración. Su nombre era pronunciado como con símbolo, y como un ejemplo que imitar. ¿Qué estudiante de náutica de aquellos tiempos no ha sentido palpitar su corazón al oír el nombre de don Gonzalo Abad? Al desaparecer los veleros en que se había curtido, encontró un refugio en «El Gallo», el vapor petrolero, de la fábrica del Astillero, que mandaba a la sazón. De él se contaban casos inauditos. Era un marino de la antigua escuela, brusco y áspero como un cepillo de calafate; de una energía sobrehumana y de una pericia náutica acreditada en cientos de viajes. Con Abad, compartía la popularidad y la admiración entre nosotros, aunque por motivos muy dudosos, el celebérrimo Teodosio Ruiz, que tan trágico fin tuvo años después, y a quien todo el pueblo conocía familiarmente por el «Piloto». Teodosio era un verdadero atleta, en la plenitud entonces de su juventud briosa y mal orientada. Aunque era un marino experto, y que ocupó muy dignamente su puesto, a bordo de diferentes buques, se había hecho su reputación en otros aspectos de la vida. Era valiente hasta la temeridad, algo dado a la matonería, aunque conservaba siempre, en medio de los mayores extravíos, la nobleza de su corazón; ambicioso y gastador hasta la prodigalidad; amado y codiciado por las mujeres. Le acompañaba siempre una leyenda de escándalo, de audacia, de valor romancesco. De él se contaban lances que parecían arrancados de la novela de aventuras. Un desafío famoso, que tuvo en la Habana con un negro ciclópeo. Sus cotidianas refriegas con policías, con bravoneles, con guapos de garito y de lupanar. En clase se contaba siempre alguna aventura suya que era subrayada con murmullos de admiración. Acompañarle a tomar café alguna vez, en el «América» o en el «Brillante», los dos cafés de la gente de pelo en pecho, o presenciar alguna de sus broncas, para luego referirlas con pelos y señales, se consideraba en la asamblea estudiantil, como la mayor hombrada posible. Dos o tres habían entre nosotros que habían alcanzado ya el singular favor, y que hasta merecían la amistad algo desdeñosa del héroe. Ellos han muerto ya, antes de haber logrado ser hombres de veras. Nosotros más pusilánimes, más irresolutos, les envidiábamos en silencio. Al poco tiempo de la pérdida de las colonias todo cambió radicalmente. El capital montañés, emigrado de Cuba se empleó en la explotación de la riqueza regional.
TEODOSIO RUIZ (según sus amigos de El Descuaje)
El Descuaje tiene hoy un bello destino. Al publicar en primera plana el retrato de su malogrado fundador Teodosio Ruiz, da al viento su bandera de combate, aquella que enarbolara en días de lucha contra la canalla del vicio, aquella que impuso silencio al escándalo triunfante, que desterró de Santander a un polizonte funesto, que fustigó la inmoralidad ambiente y enalteció á la justicia y sus fueros augustos. Preside á este periódico el espíritu noble, popular, de aquel hombre impetuoso y ardiente, que siempre tuvo generosidades para los pobres, amistad para los humildes, defensa para los desvalidos. Al dedicar este recuerdo póstumo, las páginas de nuestro semanario parecen vibrar con nuevos amores y entusiasmos nuevos. Era bueno, todo el pueblo de Santander lo sabe; todo el pueblo, que ha sentido con indignación la pérdida de aquella vida asesinada con menos dignidad y valentía que su corazón y su arrojo mil veces probado.
Aparece en el retrato en compañía de sus adorables sobrinitos a los que él quería tanto; vedle el gesto animoso y galán como él era, siempre afable y cariñoso con los suyos, gesto que no se alteraba nunca sino en presencia de una injusticia.
Nació el 28 de Mayo de 1870; tenía treinta y seis años cuando perdió la vida en el «Huerto del Francés», habiendo trabajado consecutivamente 18 años en su brillante carrera de marino. Hizo sus primeros viajes de agregado en el vapor Navarro de la bandera española; se examinó más tarde en el Ferrol y continuó su carrera de tercer oficial en el Santanderino. Después navegó en el Villaverde de segundo oficial; mandando más tarde de capitán el San Juan que hacía la travesía desde Cuba á Puerto Rico. Más tarde aparece de primer oficial en el Hércules, desde Bilbao á la Argentina, hasta que una enfermedad atraída en tan difícil y penosa carrera, le obligó á quedarse en tierra sin lograr volver más á su querida labor de navegante montañés. Merece citarse el caso curiosísimo que presenta su decidida vocación náutica y que es el siguiente: sus primeros estudios los hizo en el seminario de Corbán, pues su familia quiso dedicarlo al sacerdocio, y en las horas de descanso construyó un magnífico buque de madera, como regalo á sus padres y que decidió por completo su obstinada resolución de lanzarse á los azares de la mar.
Éste era el hombre que ha sucumbido entre la sangre de un delito horrendo; este era Teodosio Ruiz, corazón fuerte, alma noble, vida que si tuvo defectos como todos, los pagó él solo con su cuerpo, con su salud ya bastante combatida, pero que nunca mató a nadie; ni hizo fuego contra nadie; ni agredió jamás en la forma censurable en que él fue agredido y muerto en compañía del desgraciado Nicanor Arenal, que ha dejado una viuda y cinco hijos en el mayor desamparo.
El pueblo de Santander pide justicia para estas víctimas sacrificadas; justicia para quien siempre la pidió desde este periódico, moralidad para que así, con el ejemplo del castigo á los culpables, Santander se vea libre de juegadores profesionales, pillos de oficio, gente vagabunda, policías inmorales, bárbaros encanallados, y cuanto hasta ahora ha constituido el hampa vergonzosa de nuestro pueblo. Creemos sinceramente que el activo é inteligente juez del Oeste, señor Muñoz, se habrá percatado de este sentimiento general, unánime, y esperamos que sabrá reflejar en el proceso esta popular y justa acusación de todo Santander. La Redacción.
LA BANDERA ESPAÑOLA Línea de Vapores-Correos españoles ENTRE SANTANDER Y LA ISLA DE CUBA SALIDAS QUINCENALES VAPORES DESTINADOS Á ESTE SERVICIO EUSKARO… de 4.700 tns. CATALÁN… de 2.574 NAVARRO… de 5.770 GALLEGO… de 4.630 MURCIANO… de 4.410 GADITANO… de 5.145 tns. SAN ANDERINO… de 5.400 PALENTINO… de 4.900 MADRILEÑO… de 5.630
Un trabajo peligroso
El bergantín-goleta Candelaria Segueiro ha perdido en su último viaje, de Bonaza a Vigo, un hombre de su tripulación que estando maniobrando en las vergas del trinquete tuvo la desgracia de caer al mar, siendo infructuosos los trabajos que efectuó la dotación del buque para salvar al desgraciado marinero, que desapareció entre las aguas.
De vez en cuando, anunciaba a sus amigos que se embarcaba, y salía en algún vapor para América o para Inglaterra
Los tiempos, para Teodosio Ruiz, se habían puesto malos. Hijo de una familia acomodada, en posesión de un título que le hubiera permitido vivir honradamente, nunca pasó angustias económicas. Para él no era problema tener dinero. Mientras pudo disponer del suyo, lo gastó alegremente, sin preocuparse del mañana. Hasta entonces, había también espaciado sus temporadas de franquicia en Santander con sus jornadas de trabajo. De vez en cuando, anunciaba a sus amigos que se embarcaba, y salía en algún vapor para América o para Inglaterra. Volvía con algún dinero ahorrado, y fondeaba en «La Sacristía» hasta que lo gastaba por completo. En los últimos tiempos, y rodando ya por la pendiente, acudía en sus horas de apuro a los dueños de garitos y a las empresarias del amor fácil, y obtenía de ellos lo que precisaba para el momento. «El Descuaje» le ayudaba a esas exacciones con sus amenazas de publicidad y escándalo.
El último barco en que anduvo fue el «Hércules», de la matrícula de Bilbao. Allí tuvo por capitán a un marino ilustre, el venerable don Fernando Gutiérrez Cueto, de una noble familia de escritores, que ahora vive retirado en Cabezón de la Sal. Teodosio iba de primer oficial, y continuaba en el barco y en el extranjero sus prácticas violentas que tanta nombradía le habían dado en Santander. Naturalmente, chocó con don Fernando, que era un carácter íntegro. Teodosio se desembarcó, y volvió de nuevo a nuestro pueblo, lanzándose ya de lleno a la vida agitada del valiente, que tiene que hacer uso de su valor para vivir.
Todo hubiera ido bien —es un decir— de no haber caído en nuestro pueblo «el Martinillo». Pero con su llegada, vió Teodosio, con asombro primero y con indignación después, que se le iban cerrando todas las puertas, que hasta entonces se le habían abierto dóciles y asustadas. Ya era un problema entrar en una casa de mala nota y arrojar los muebles por los balcones, como había hecho muchas veces, en las barbas de los agentes de la autoridad. Porque en alguna de aquellas casas podía hallarse «el Martinillo», y el sainete entonces derivaba hacia la tragedia. Lo mismo sucedía en las casas de juego.
Cuando «Colindres» trasladó a la calle de Puerta la Sierra el «Huerto del Francés», Teodosio estaba ya en «las últimas» económicamente. Necesitaba resolver su situación de cualquier modo, y se apoderó de él la obsesión de enfrentarse resueltamente con «el Martinillo», al que consideraba causa de todos sus apuros. Si «el Martinillo» desapareciera, o si asustado se retirase por el foro, él quedaría nuevamente dueño del campo. Entonces volverían a abrírsele las puertas de los restoranes y tabernas, brindándole sus platos y sus vinos, como en los tiempos en que era indiscutible su valor. En las casas de juego habría siempre un sobre, para él, que podría mandar a recoger por cualquiera de sus amigos. Pero aquel cubano se le ponía siempre delante en sus tentativas de exacción.
Varias veces había acudido a «Colindres», y éste le había respondido socarronamente:
—¡Yo no soy nadie, Teodosio! Habla con Diego. Lo que él haga, bien hecho está.
Aquello era una declaración de guerra en toda regla. Aquellos tahures y aquellas empresarias de amor, venían a decirle que él ya no pintaba nada, y que no querían nada con él. No sólo era la negativa de auxilios lo que le indignaba, sino aquel menosprecio, aquella mofa que se hacía de su valor.
—¡Acabarán por correrme los chicos! —pensaba entonces tristemente.
¡Y para acabar en aquello, toda una vida de desplantes y de aventuras temerarias! ¡Aquella engarra con un negro en la Habana, al que arrojó al mar después de haberle arrebatado su cuchillo! ¡Y aquella pelea homérica con los serenos de Bilbao! ¡Y el duelo constante con los valientes de Santander!… ¡Y con la puñalada que le dieron una noche a la salida de «América», y que no fué mortal por haberle recibido la tapa de su grueso reloj, que quedó atravesada como si fuese talco!
Sus incondicionales le incitaban a terminar con aquella pesadilla:
—¡Ese cubano se ha creído que va a ser el amo de Santander!
—¡No hay vergüenza en el pueblo si se le deja!
La noche del suceso, Teodosio estaba borracho de odio y de vino, que había bebido sin tasa, como si quisiese ahogar la amargura que le consumía. Despidió a sus amigos a primera hora:
—¡Dejarme, que tengo que hacer…!
—¡Vas a ir sólo…!
—¡Solito!
Todos lo entendieron, y le dejaron ir.
—¡Yo creo que le busca…!
—¡Debía haberlo hecho antes…!
En el «Huerto del Francés», había aquella noche una animación extraordinaria. Por la tarde había entrado un correo de Cuba, y muchos indianos, que traían todavía en sus cintos los últimos centenes de nuestro extinto imperio colonial, se apretaban en torno a las largas mesas del tapete verde, codeándose con los estudiantillos, los tenderos, los empleados, que constituían la habitual parroquia de aquel antro.
Los dramas del juego: el tiroteo más famoso de la historia de Santander
Alfonso Sánchez: Estaba en el Club la noche del suceso. Empieza a preguntarle el fiscal. Acusador.— Señor presidente, no oigo una palabra de lo que dice el señor fiscal. Presidente.— Pues si S. S. no le oye, que está a su lado, fíjense la desgracia que tendremos los demás. Sigue el fiscal su interrogatorio y dice el testigo que vió entrar a Teodosio en la sala de juego diciendo «a ver esos valientes» y disparó dos tiros.
A preguntas de las acusaciones dice que en el momento del suceso hubo gran confusión en la sala de juego y él fué de los últimos en salir, aunque todos tardaron poco tiempo en dejar libre la sala. Vió a Diego apuntar desde la puerta y poco antes de entrar aquél oyó decir sin saber quien fué, «¡ay madre, que me han matado!». Que no vió a Teodosio tirar más que dos tiros y no era de éste la voz que oyó. El defensor le pregunta cuantos disparos oyó. El testigo afirma que oyó dos disparos hacia la cocina y nada más hasta que disparó Teodosio. Insiste en sus preguntas el letrado y el testigo incisivo también en sus manifestaciones, diciendo que la voz de «¡ay madre que me han matado!» la oyó después de los dos últimos disparos y antes de que saliera éste. Añade que al salir por la escalera oyó otros disparos.
Isidro Onandía: Presidente de la sociedad «Club de Billares». Al acusador le dice que cree que los dueños del Club eran Cirilo y Ricardo Pellón y al defensor que no sabe si Diego Martín tenía participación en el negocio. La defensa insiste en que Isidro Onandía sabe que Diego Martín era copropietario del Club. Lo niega nuevamente Onandía, y entre el testigo y el procesado se celebra un careo, no pudiendo ponerse de acuerdo, porque cada uno se mantiene en sus afirmaciones. Fernando Monor: Empleado del Club. Estaba tallando la noche del suceso y dice que entró Colindres a decir que levantasen la banca. Cree que hubo dos detonaciones hacia la cocina y otra cerca de la sala del billar. Afirma que Arenal se hallaba en aquellos momentos frente a la puerta, en la mesa de la sala de juego. Contestando al abogado defensor dice el testigo que Teodosio hizo los disparos desde la cabecera de la mesa; que no se fijó en la forma en que entró Teodosio y que éste, por el sitio en que se hallaba cuando disparó, no pudo hacer los primeros los dos disparos que aparecen en el techo. Cuando salió de la sala el testigo vió a Diego en el pasillo. Añade que estando presente en el Club un día que fué Teodosio, exigió unas copas a Colindres, que se las sirvió, y después le exigió dinero, insultando por último a todos los que allí había. El testigo fué al siguiente día a pedir explicaciones a Teodosio y éste le dijo que no iba con él la cuestión; pero se negó a ir al Club a dar una satisfacción a todos, como le exigía el Monor. Con este motivo se prohibió a Teodosio la entrada en el Club de Billares. Ramón Rodríguez: También concurrente al Club de Billares la noche de autos, al salir de la sala de juego y pasar por la cocina para ir a la calle, vió a Diego y Teodosio sentados; aquel de espaldas al retrete y éste de espaldas a la puerta del comedor. Oyó voces de una cuestión que sostenían los dos hombres y que decían «tira, tira». Afirma que la noche de autos tomó Teodosio «una copa de más». Contestando al acusador y a la defensa dice que en un círculo instalado en la Cuesta del Hospital, él y otros tuvieron una cuestión con Teodosio, resultando varios heridos. Defensor.— ¿Usted conoce a Diego Martín? T.— No. (El procesado.— ¡No me conoce y me ha querido matar!) Presidente.— ¿Usted conoce algún acto de matonismo referente a Diego Martín? T.— No. P.— ¿La noche del suceso estuvo usted con Teodosio Ruiz? T.— Sí, señor, desde las ocho hasta las doce y media. Miguel Ceballos: Dice que se encontró con Diego aquella noche, y este le preguntó si había visto a Teodosio, contestándole el testigo que sí, que iba hacia la Alameda Primera con Jacinto Bolado. Añade que ha oído decir que Diego y Teodosio habían tenido cuestiones. Defensor.— ¿De modo que a todos los que preguntó Diego por Teodosio eran amigos de éste? T.— Yo era sólo conocido. A preguntas del mismo letrado dice que sabe que en el Club Náutico le compraron a un individuo dos cortos de traje, pagándole con fichas.
Manuel Ramón Gómez: Dice que subió a la casa después de los tiros y recogió a Teodosio, pareciéndole que aún respiraba, y le llevó a la Casa de Socorro.
XXI – El Vapor Navarro: un gigante conocido por sus rescates en alta mar
Vapor Navarro — Derechos de abanderamiento
«Los Sres. D. Elías Illera é hijo, como apoderados de D. Manuel M. Anotegui, dueño del vapor Navarro, surto en este puerto, han pagado ayer por derechos de abanderamiento de dicho buque 46.384 pesetas 50 céntimos, correspondientes á 3.710’76 toneladas.»
«El guardia municipal de punto en Maliaño decomisó ayer en aquella zona un gallo y una gallina de raza inglesa que un chico, según manifestación del mismo, conducía procedentes del vapor Navarro.»
«El vapor Navarro, de la compañía La Bandera Española, ha llegado sin novedad á la Habana.»
«Harinas nacionales.—Los arribos de estas clases en la decena han sido cortos, limitándose á 1.125 sacos importados por el vapor Navarro, procedente de Santander.»
Vapor Navarro: rescate de la tripulación del Queen Victoria
«El vapor Navarro trajo á bordo al puerto de Santander el martes quince alemanes, que constituían toda la tripulación del bric-barca Queen Victoria, de la misma nacionalidad.Cuando llevaban los tripulantes doce horas mortales de luchar con la amenaza de encrespadas olas y sentían sus fuerzas desfallecidas, fueron divisados los botes por el vapor español, cuyos tripulantes y pasajeros no solamente salvaron la vida á los náufragos, sino que les auxiliaron después con todo esmero.»
Vapor Navarro — Edicto de La Habana
«…el fogonero que fue del vapor Navarro José Pérez Ponte, hijo de Manuel y Cayetana, natural de Fiopar, provincia de la Coruña, soltero, marinero y vecino de la calle de Inquisidor número 5, el cual falleció á consecuencia de una caída que sufrió á bordo del citado buque en 20 de julio de 1889…»
Siete asfixiados y un incendio en el vapor Navarro
«A bordo del vapor Navarro, de la matrícula de Bilbao, y en la travesía de los Estados-Unidos á Inglaterra, conduciendo ganado vacuno, han fallecido á consecuencia de la asfixia producida por un brasero de carbón, siete de los catorce vaqueros que custodiaban el ganado.»
«Según despacho telegráfico de la Habana, el vapor Navarro estaba ardiendo el día 9.»
«El miércoles de la presente semana entró en nuestro puerto el magnífico vapor «Navarro», de 3.710 toneladas, el cual no pudo amarrarse á las boyas de los vapores-correos por calar 26 piés, teniendo que quedar fondeado á la entrada del puerto, donde está tomando resto de carga, llegando á calar 28 piés españoles. ¿No sería posible dragar donde se hallan las boyas? Creemos que sí, y de este modo evitaríamos que magníficos buques, como lo es el Navarro, no puedan fondear en este puerto.»
Es probable que hubiera unos cuentos vapores llamados Navarro que tuvieran relación con Santander. De hecho, uno de ellos se hundió cuando Teodosio todavía no pudo haber puesto el pie en un barco como marino, en 1883.
Un despacho recibido aquí, dice que del vapor «Navarro», que se perdió anteayer, no se han salvado más que el contramaestre, 10 marineros y cinco pasajeros de las 80 personas que iban á bordo.
Los problemas con las mareas y la dificultad de dragar la Bahía en esa época saltan a la luz cuando hablamos de un tan potente mercante:
Vapor Navarro — No pudo salir del puerto.
Ayer mañana, á consecuencia de ser marea muerta y excesivo el calado del vapor Navarro, no pudo verificar este su salida de nuestro puerto, teniendo que retroceder al fondeadero de los Mártires para esperar la pleamar de hoy.
Hoy, a la una de la tarde, abandonará este puerto con rumbo á la Habana, el vapor-correo del mismo nombre.
Comandancia Militar de Marina y Capitanía del Puerto de la Habana
Comandancia Militar de Marina y Capitanía del Puerto de la Habana.—Comisión Fiscal.—Don Rafael M.ª Navarro y Algarra, teniente de navío y Ayudante Fiscal de esta Comandancia.
Por el presente y término de treinta días, cito, llamo y emplazo, para que comparezcan en esta Fiscalía en día y hora hábil de despacho, a los que se consideren herederos del fogonero que fue del vapor Navarro, José Pérez Ponte, hijo de Manuel y Cayetana, natural de Fiopar, provincia de la Coruña, soltero, marinero y vecino de la calle de Inquisidor número 5, el cual falleció á consecuencia de una caída que sufrió á bordo del citado buque en 20 de julio de 1889, en la inteligencia que los herederos que se presenten han de hacerlo provistos de los documentos que lo acrediten.
Habana, 28 de julio de 1892.—El Fiscal, Rafael M.ª Navarro.
El vapor Catalina, que salió de este puerto para el de Matanzas el 24 del pasado, se ha hecho á la mar llevando un cargamento de 45,000 sacos de azúcar, 12,500 más que el mayor conocido hasta ahora, que fue el del vapor Navarro de 32,500 sacos.
XXII – El Santanderino: el barco en el que Teodosio aprendió a navegar como agregado
El sábado saldrá de Liverpool, para abanderarse en este puerto y emprender su primer viaje a la Habana, el vapor Santanderino, construido por la misma empresa, y que saldrá de este puerto el día 22. El nuevo vapor «Santanderino», de La Bandera Española, ha satisfecho, por derechos de abanderamiento, 36.927’25 pesetas. El vapor «Santanderino», de la empresa «La Bandera Española», llegó á la Habana sin novedad el 11 del corriente por la mañana, según telegrama recibido por sus consignatarios los señores Elías Yllera é hijo. Procedente de Liverpool, de donde zarpó el sábado á la una de la tarde, recaló á este puerto ayer, á las seis también de la tarde, el vapor Santanderino, de la Compañía «La Bandera Española»,
Para Habana, Matanzas, Sagua la Grande, Nuevitas, Santiago de Cuba y Cienfuegos, saldrá de este puerto el 30 de noviembre, el vapor SANTANDERINO, su capitán D. E. de Luzarraga. Admite carga y pasajeros de 3.ª á 160 pesetas uno á la Habana. El siguiente vapor será el GADITANO que saldrá el 14 de diciembre. Mercado Nueces.—Peninsulares.—177 sacos. De estos sacos que condujo el vapor «Santanderino», los que se pudieron descargar antes de Pascuas se vendieron de $ 3 á $ 2 arroba. Las restantes no han causado operación; y como no se advierte solicitud, sus receptores las ofrecen á 12 rs. arroba. Patatas.—Peninsulares.—240 canastos. Estos arribos por el vapor «Santanderino» fueron cortos y se vendieron fácilmente á 16 rs. quintal. No quedan existencias en primeras manos y cotizamos al precio citado. Vinos El vapor Santanderino llevó 502 barriles para Cuba.
Dicen de la Habana que ha sido denunciado un contrabando de opio que conducia el vapor «Santanderino», en latas que decían «chorizos». El segundo jefe de la Aduana fue el que personalmente aprehendió el contrabando, mas al irse á rematar la mercancía, porque nadie la reclamaba, se anunció que eran tantas latas y que el rematante tenía que conformarse con lo que resultase. Ésta nueva forma de anunciar el remate escamó á todos, y los que concurrieron á hacer frente exigieron que se abrieran todas las latas; que resultaron… de «chorizos», de Bilbao.
Por esta mi mandamiento cito, llamo y emplazo al individuo Pedro Carrera Ibáñez, hijo de Juan y Teresa, natural de Sobrado del Obispo, provincia de Orense, de cuarenta y tres años de edad, desertor del vapor Santanderino, para que en el término de noventa días, contados desde la publicación del presente en el BOLETIN OFICIAL de esta provincia de Santander, comparezca en este Juzgado, sito en el edificio que ocupa la Capitanía de este puerto; bajo apercibimiento de que de no verificarlo le parará el perjuicio á que haya lugar en derecho.
Santander once de diciembre de mil novecientos siete.—El Juez instructor, Julio Gutiérrez.—El Secretario, José González. Llegó la noche del 30 en el vapor Santanderino, y momentos antes de ser detenido fue descubierto en uno de los coches del tren de Portugalete por los agentes, quienes, precisamente, se dirigían á Sestao, en donde, según sus noticias, trataba de refugiarse Sapeine.
Ayer, con la bajamar de las cinco y media de la tarde, salió de nuestro puerto el magnífico vapor «Santanderino», que tiene 27 piés de calado. Ayer entró en este puerto el magnífico vapor «Santanderino», de la flota que se denominaba antes de la guerra «La Bandera Española», y que ahora es conocida por la razón social, Arrótegui. Hoy saldrá para Cuba dicho hermoso buque… Durante la pasada semana se despacharon en este puerto para América 1.063 sacos de harina por el vapor «Santanderino»… Hoy saldrá de este puerto para Habana, el vapor «Santanderino», con carga general y nueve pasajeros. El vapor «Santanderino», que salió anteayer de este puerto, lleva 444 toneladas de carriles para el ferrocarril de Matanzas.
Ayer, con la bajamar de las cinco y media de la tarde, salió de nuestro puerto el magnífico vapor «Santanderino», que tiene 27 pies de calado. ¿Había agua?…
Ayer entró en este puerto el magnífico vapor Santanderino, de la flota que se denominaba antes de la guerra «La Bandera Española», y que ahora es conocida por la razón social, Arrótegui. Hoy saldrá para Cuba dicho hermoso buque, reanudando la navegación á aquella isla, siendo consignatario nuestro estimado amigo señor Basterrechea, cuya actividad, unida a sus numerosos conocimientos en el comercio, hará que los barcos á él consignados, salgan como sale el Santanderino, abarrotado de carga. Durante la pasada semana se despacharon en este puerto para América 1063 sacos de harina por el vapor «Santanderino»; y además 37 sacos por el patache «Corzo», para Praises; 92 por el vapor «Luchana», para Sevilla; 345 por el «Cabo Espartel», para Huelva; y 75 por el «María Gertrudis», para Rivadesella; total para la Península 549 sacos.
Un perseguidísimo delincuente en el vapor «Santanderino»
DE BILBAO (DE NUESTRO CORRESPONSAL) Una banda de «apaches» La Prensa de la mañana publica la siguiente noticia que transmito por el interés que tiene para esa capital: En el mes de noviembre se supo que merodeaba por Bilbao y sus alrededores una banda de «apaches». Figuraban en ella cuatro súbditos franceses y dos españoles: Enrique Claverí, Charles Chapus, Juan y Víctor Cruz (hermanos), Jean Soucaret y Luis Sapeine. Los cinco primeros fueron detenidos, y la policía gubernativa se dedicó á la busca y captura de Sapeine. Enrique Claverí, que resulta llamarse Fermín Louis Soucase, ingresó en la Cárcel de Larrínaga, comprobándose que era autor del robo de un cáliz, regalo del Rey, en una iglesia de Algorta, el que comuniqué días pasados. La historia criminal de Claverí es interesante. Hasta la edad de diecinueve años estuvo recluído en una casa de corrección de Lourdes, por haber demostrado desde la infancia tendencias al pillaje. El 2 de mayo de 1905 fue condenado en Burdeos por tentativa de robo; el 22 de agosto del mismo año sufrió otro mes de Cárcel en la misma población; el 14 de marzo de 1906, seis meses en la de Pau por robo; el 23 de diciembre desertó del primer batallón de infantería de ligeros de Africa, y el 27 de marzo del siguiente año, hallándose cumpliendo condena en la Cárcel de Dax, se fugó en compañía de Eduardo Dumas, quien actualmente se halla en la Cárcel de Santander, sufriendo condena por robo. El otro individuo es el Jean Soucaret, y ha sufrido varias condenas por robo en Burdeos, una por lesiones y otra por amenazas de muerte. Después de recorrer la cuadrilla de «apaches» Barcelona, Madrid, San Sebastián y Santander, fijaron sus reales en esta villa. En Santander vivieron en casa de Juan y Víctor Cruz, cómplices del robo del cáliz. El 14 de junio de 1907 se fugaron de la Cárcel de Santoña Claverí y Sapeine, quedando éste solo desde el 4 de noviembre último, en que fueron detenidos los demás por los agentes de vigilancia y guardias de seguridad. Los detenidos fueron poco después reclamados por el juez de Abanto y Ciérvana, donde habían cometido otra de sus fechorías. Sapeine llegó de Francia en automóvil, pasando la frontera y burlando las persecuciones policíacas. Después de su fuga del penal de Santoña hizo una vida muy agitada, temiendo siempre caer en manos de la justicia, sin atreverse á regresar á su patria. Hizo varios viajes á San Sebastián. Conocedora la policía de que Sapeine era el cabecilla de la banda de «apaches», trabajó sin descanso para descubrir su paradero, logrando detenerle ayer de madrugada. Sometido á un hábil interrogatorio, y después de incurrir en muchas y flagrantes contradicciones, cantó de plano. El era Luis Sapeine, natural de Saint Paul Doniel. Tiene 28 años de edad y es gran conocedor de casi todas las provincias de España. Confirmó todos los detalles de la relación que antecede.
Llevaba en Bilbao tres días, que los ha pasado jugando al escondite con la policía. Llegó la noche del 30 en el vapor «Santanderino», y momentos antes de ser detenido fue descubierto en uno de los coches del tren de Portugalete por los agentes, quienes, precisamente, se dirigían á Sestao, en donde, según sus noticias, trataba de refugiarse Sapeine. Claverí, Dumas y Sapeine profesan ideas avanzadas.
XXIII – El vapor Hércules: poderosos motores y viajes constantes entre Inglaterra y América
Por las noticias que he recopilado, el vapor Hércules aparece desempeñando funciones muy variadas:
Remolcador y buque de salvamento marítimo. Transporte de tropas españolas y askaris durante la campaña de Marruecos. Evacuación de civiles europeos desde Tánger en momentos de inseguridad en esta zona del Magreb. Transporte de dinero, armamento y pertrechos militares. Protagonista de un grave accidente marítimo al hundir el buque Goodwin, con cinco víctimas mortales. Da la impresión de que el Hércules fue un vapor muy activo en las comunicaciones entre Santander, el Estrecho y el norte de África durante aquellos años, alternando servicios civiles y militares.
Rumbo a Tetuán con tropas y pertrechos Ha zarpado con rumbo á Tetuán el vapor Hércules, que lleva fuerzas, dinero y pertrechos.
Transporte de soldados a Larache, en Marruecos Zarpó de Tánger para Larache el vapor Hércules con 85 soldados para evitar las fechorías del bandido Ben Kador.
Evacuación de europeos desde Tánger Temores en Marruecos Telegrafían de Tánger diciendo que ha zarpado de aquel puerto el vapor Hércules, llevando á su bordo gran número de europeos que huyen ante el temor de que el bandido «Vergader» intente cometer algunas de las fechorías que tiene ofrecidas.
Transporte de tropas askaris De Marruecos Dicen de Tánger que continúan saliendo tropas para Arzila. Han zarpado los vapores Hércules y Ettrugui conduciendo fuerzas askaris de infantería y caballería. También conducen provisión de fusiles, cartuchos y víveres. Los askaris que conducía el vapor Hércules se negaban anoche á embarcarse si antes no se les daba provisiones de ropas y dinero, á lo cual se accedió.
Remolque de una balandra francesa al puerto de Santander Remolcada por el vapor Hércules entró ayer á medio día en nuestro puerto una balandra francesa que había desarbolado la noche anterior á pocas millas del faro de Mouro.
Auxilio a un buque desmantelado Noticias de Gibraltar De Gibraltar dicen que á la altura del cabo Espartel se encontró un gran buque desmantelado. En su auxilio salió el vapor Hércules, que le remolcó al puerto. Era la fragata Pepito, de la matrícula de Montevideo, con cargamento de hierro para Barcelona. El capitán nos dijo que en la madrugada del 30 de noviembre el temporal les desarboló por completo.
Colisión en el banco Goodwin Barco a pique Dicen de Londres que el vapor Hércules echó á pique al Goodwin, resultando cinco ahogados.
El Hércules, averiado en Las Quebrantas Noticias Provinciales El vapor Hércules, que se perdió días pasados en las Quebrantas, ha sido puesto a flote y conducido á la parrilla del muelle de las Naos, en donde se le harán las reparaciones necesarias. Las averías que tiene son de bastante consideración.
El único remolcador capaz de auxiliar un buque Ayer un bergantín-goleta inglés empezó á pedir auxilio. El vapor Hércules, que era el único que podía prestar este servicio, se hallaba reparando averías en Puerto-Chico. Mucho sentimos que para casos como los que indicamos no cuente el puerto con vapores remolcadores de fuerza necesaria.
En este barco ocurrió la tragedia del maquinista Tomás Forner, que cayó al agua durante un fuerte temporal del sur cuando iba a embarcar. A raíz de este accidente, la tripulación fue detenida e incomunicada durante varios días mientras se instruían diligencias judiciales.
Hoy hace tres días que se hallan detenidos é incomunicados en la cárcel pública de esta ciudad, los tripulantes del vapor Hércules, á consecuencia de la desgracia ocurrida al maquinista de dicho buque, según oportunamente dimos cuenta á nuestros lectores.
Hallazgo del cadáver del maquinista Según oímos á varios de los presentes era Tomás Forner, maquinista del vapor Hércules, hoy Corconera núm. 5, que debió ser arrojado por el viento cuando en la noche anterior se disponía á ir á bordo. Se le encontraron 312 reales. El infeliz era viudo y deja una niña de tres años.
Investigación del accidente Tomás Forner, maquinista del vapor Hércules, hoy Corconera núm. 5, que se supone víctima del huracanado Sur que estuvo reinando por la noche. La autoridad instruye el oportuno expediente en averiguación de las causas ocasionales de la desgracia.
Los grandes héroes del mar en el Santander del Machichaco
Rescate de la tripulación de la goleta F. N. Colby
Dicen de Nueva-York que la barca española Ecuador, capitán Gonzalo Abad, entró el día 4 en aquel puerto, llevando á su bordo la tripulación de la goleta americana F. N. Colby, que se fué á pique á unas 70 millas del cabo Hatteras. Los desgraciados tripulantes hallábanse muertos de hambre y de frío, amarrados al casco de su buque, vuelto con la quilla hacia arriba, y comenzaban ya á perder las esperanzas de salvamento, cuando al amanecer del 24 de Febrero, avistaron la barca Ecuador, que inmediatamente respondió á sus señales de auxilio, acercándose y echando un bote al agua en el que fueron recogidos los náufragos. Estos, y el capitán Kiley, el primero de todos, ensalzan el valor de los marinos españoles, que no vacilaron en exponer manifiestamente sus vidas por salvar las de los infelices tripulantes del Colby. Todos ellos están altamente agradecidos de la cariñosa hospitalidad y prolijos cuidados del capitán Abad, que se apresuró á darles vestidos y alimentos y á hacer todo lo posible por su comodidad á bordo del Ecuador. Hemos copiado la anterior noticia por tratarse del señor Abad, hijo de esta población, en la que cuenta muchas y cariñosas simpatías. El hecho relatado es uno más que añadir á los que le han dado ya justo renombre de marino inteligente y valeroso.
Esquela de Gonzalo Abad Bojas (14 de enero de 1915) EL SEÑOR DON GONZALO ABAD BOJAS Capitán de la Marina mercante. Falleció en el día de ayer, a los 59 años de edad R. I. P. Su desconsolada viuda doña Paulina Gómez; hijas Paulina, Soledad, Crisanta, Angeles y Clementina; su hermano don Enrique (ausente); su madre política doña Teresa Gómez; hermana política doña María Blanca; hijos políticos don Joaquín Ruiz (ausente) y don José de Beraza; nietos, sobrinos y demás parientes, Suplican a sus amistades asistan a la conducción del cadáver, que tendrá lugar hoy, a las cuatro de la tarde, desde la casa mortuoria, calle de Fernández Hontoria, al cementerio de Guarnizo. Astillero 14 de enero de 1915. La misa de alma se celebrará hoy, en la iglesia de San José, a las ocho de la mañana, y los funerales mañana, 15, a las diez, en la misma iglesia. El excelentísimo e ilustrísimo señor Obispo de esta diócesis se ha dignado conceder 40 días de indulgencia por cada misa que oyeren, sagrada comunión que aplicaren o parte del santo rosario que rezaren por al alma del finado.
Medalla de Oro de la Sociedad de Salvamento de Nueva York a un bravo capitán montañés
Días pasados dimos cuenta á nuestros lectores de que un hijo de esta ciudad, don Gonzalo Abad, capitán de la barca Ecuador, había salvado con sus marinos la tripulación de la goleta americana F. N. Colby en el momento de irse esta á pique frente al cabo Hatteras el 26 de Febrero pasado. Hoy leemos en un periódico americano que la Sociedad Benéfica de Salvamento de vida de Nueva-York ha regalado al señor Abad una magnífica medalla de oro en testimonio de admiración por su noble y valeroso comportamiento. La medalla es de gran tamaño y va encerrada en una elegante caja recubierta de tafilete y forrada interiormente de terciopelo. En el anverso se ve, en perfecto relieve, una goleta en peligro, cercana á la costa, donde se alza una estación de salvamento, y rodeando ese acabado y artístico trabajo se lee el nombre de la sociedad donante, Life Saving Benevolent Association of New York. —Incd. 29 th. March 1849. En el reverso lleva la inscripción siguiente, rodeada de una corona de laurel: Vita felicibus ausis.—Presented to Gonzalo Abad, Capitain of the Spanish barque «Ecuador,» by whose humanity and skilla the crew of the water logged Sch. «F. N. Colby» were rescued in a severe storm, off cape Hatteras, February 26 th. 1883. Este honrosísimo premio y veinte pesos en oro para cada uno de los tres marineros que tripularon el bote en que fueron salvados el capitán y la tripulación del F. N. Colby, le fueron remitidos á nuestro valiente compatriota por el vice-presidente de la Sociedad Benéfica de Salvamento con una honrosísima carta en que se prodigan al señor Abad justos y entusiastas elogios. La contestación del señor Abad, es un modelo de sencillez y de elocuencia al mismo tiempo que una revelación de sus sentimientos generosos y de su patriotismo.
Felicitamos sinceramente al señor Abad que tan alto sabe poner el nombre de la Montaña en países remotos y tenemos la seguridad de que los numerosos amigos con que cuenta en esta ciudad experimentarán una inmensa satisfacción al tener noticia de la honrosa distinción de que ha sido objeto.
«Letras de luto» — Fallecimiento de Paulina Abad de Ruiz
Letras de luto. Fortalecida con los Santos Sacramentos y la bendición apostólica ha dejado de existir en el inmediato pueblo del Astillero la virtuosa y caritativa señora doña Paulina Abad de Ruiz, hija de aquel bravo marino montañés que en vida se llamó don Gonzalo Abad. La finada señora, cuya muerte ha causado profundo y general sentimiento, no ha tenido el consuelo de dar la postrer despedida á su amante y cariñoso esposo, ausente de Santander por ineludibles obligaciones del acreditadísimo comercio que posee en la Habana. EL CANTABRICO se asocia de todo corazón á las numerosas manifestaciones de duelo recibidas en la casa mortuoria, y con la distinguida familia de la finada, y de modo especialísimo con su viudo don Joaquín Ruiz Pérez y con su hermano político don José Beraza, nuestro estimado y querido compañero, compartimos la honda pena producida por pérdida tan sensible y dolorosa como la que lloran en estos momentos.
Relato del temporal en La Voz Montañesa (15 de mayo de 1883) (Procedente de la sexta imagen) SANTANDER—Mártes 15 de Mayo de 1883. Abad refiere todo lo ocurrido con la conmovedora elocuencia que de los mismos hechos resulta sin necesidad de adornos ni galas de lenguaje: Señor director de LA VOZ MONTAÑESA. Santander. Muy señor mío: Sírvase usted insertar en las columnas de su diario las siguientes líneas, que creo de alguna utilidad para los navegantes, al par que de mucha tranquilidad para las familias de los individuos de esta tripulación. El día 27 de Marzo último zarpó la barca española Ecuador á mi mando, del puerto de Nueva-York, con un cargamento de maíz á granel á la orden de mi armador don Antonio Cabrero, del comercio de esa ciudad. En la singladura del día 3 al 4 de Abril navegábamos en lat. al N. 27^\circ\ 20’\ 00» y long. O. 50^\circ\ 34’\ 00» con viento fresquito del SSE. y todo aparejo largo. El barómetro de mercurio bajaba rápidamente; el viento afrescando, se fué aferrando aparejo con tomadores dobles y á las 4 h. de la tarde del día 3 estábamos con gavia baja y trinquitilla capeando el temporal. A las 5 de la tarde el viento era huracanado del SE. El buque no podía resistir la capa y á las 7 h. de la noche del mismo día le dimos vía al huracán. A las doce de la noche ya era tempestad declarada: la mar imponentísima hasta el extremo de ser indescriptible. El viento desde esta hora hasta el crepúsculo matutino fué volando paulatinamente al O. Cuando llegó á este punto tomó tales proporciones el huracán, que no era posible saber su dirección con exactitud, pareciendo un remolino que amenazaba sepultarnos en el fondo. Por fin, el buque quedó completamente dormido y sin gobierno, metiendo como una braza los penoles de las vergas mayores bajo la mar y llegando el agua á la medianía de las escotillas. En esta situación no tuve más remedio que mandar picar los palos. El primero que cayó (el palo trinquete) fué suspendido y lanzado á más de veinte brazas del costado del buque, y aun aliviado de este peso no recobró su posición el casco hasta que cayó el palo mayor, que también fué lanzado á bastante distancia, quedando en capa con el tronco de mesana los días 4 y 5 en que todavía continuó el huracán en su fuerza. Desde este día quedamos á merced de los elementos con un pobre aparejo que, á fuerza de trabajos, se dispuso, pues, durante la tempestad, hubo que alijar el buque del peso que tenía sobre cubierta, teniendo que arrojar al mar madera de…
El temporal que sufrió la barca Ecuador
Debemos á la atención del bizarro capitán de dicho buque, don Gonzalo Abad, una extensa relación de los peligros á que estuvo expuesto y de las vicisitudes que pasó durante un horroroso temporal, del que, afortunadamente, pudo salir á salvo, gracias á la pericia y al valor desplegados por aquel valiente marino, y á la constancia y esfuerzos de la vigorosatripulación.
Llegada de la corbeta Ecuador a Puerto Rico
El día 13 del actual entró felizmente en Puerto-Rico la corbeta Ecuador, de la matrícula de Santander, al mando del intrépido marino D. Gonzalo Abad. El cargamento de harina que llevaba aquel buque se vendió á 8\ 3/4 pfs. La Ecuador ha sido fletada para conducir un cargamento de sal desde Puerto-Rico á la Habana.
SANTANDER—Mártes 15 de Mayo de 1883. Abad refiere todo lo ocurrido con la conmovedora elocuencia que de los mismos hechos resulta sin necesidad de adornos ni galas de lenguaje: Señor director de LA VOZ MONTAÑESA. Santander. Muy señor mío: Sírvase usted insertar en las columnas de su diario las siguientes líneas, que creo de alguna utilidad para los navegantes, al par que de mucha tranquilidad para las familias de los individuos de esta tripulación. El día 27 de Marzo último zarpó la barca española Ecuador á mi mando, del puerto de Nueva-York, con un cargamento de maíz á granel á la orden de mi armador don Antonio Cabrero, del comercio de esa ciudad. En la singladura del día 3 al 4 de Abril navegábamos en lat. al N. 27^\circ\ 20’\ 00» y long. O. 50^\circ\ 34’\ 00» con viento fresquito del SSE. y todo aparejo largo. El barómetro de mercurio bajaba rápidamente; el viento afrescando, se fué aferrando aparejo con tomadores dobles y á las 4 h. de la tarde del día 3 estábamos con gavia baja y trinquitilla capeando el temporal. A las 5 de la tarde el viento era huracanado del SE. El buque no podía resistir la capa y á las 7 h. de la noche del mismo día le dimos vía al huracán. A las doce de la noche ya era tempestad declarada: la mar imponentísima hasta el extremo de ser indescriptible. El viento desde esta hora hasta el crepúsculo matutino fué volando paulatinamente al O. Cuando llegó á este punto tomó tales proporciones el huracán, que no era posible saber su dirección con exactitud, pareciendo un remolino que amenazaba sepultarnos en el fondo. Por fin, el buque quedó completamente dormido y sin gobierno, metiendo como una braza los penoles de las vergas mayores bajo la mar y llegando el agua á la medianía de las escotillas. En esta situación no tuve más remedio que mandar picar los palos. El primero que cayó (el palo trinquete) fué suspendido y lanzado á más de veinte brazas del costado del buque, y aun aliviado de este peso no recobró su posición el casco hasta que cayó el palo mayor, que también fué lanzado á bastante distancia, quedando en capa con el tronco de mesana los días 4 y 5 en que todavía continuó el huracán en su fuerza. Desde este día quedamos á merced de los elementos con un pobre aparejo que, á fuerza de trabajos, se dispuso, pues, durante la tempestad, hubo que alijar el buque del peso que tenía sobre cubierta, teniendo que arrojar al mar madera de…
El Cantábrico (del viernes 6 de enero de 1899):
LAS VÍCTIMAS DEL MAR
El naufragio de ayer. Los primeros rumores. Las cuatro de la tarde serían, sobre poco más ó menos, cuando comenzaron á circular los rumores de que no lejos de Cabo Mayor había zozobrado una barquía que se dedicaba á la pesca del besugo. Añadíase que uno de los infelices pescadores que la tripulaban había perecido ahogado y que otro de aquéllos había sido transportado á tierra con muy pocas esperanzas de vida. No era cierto lo que se decía respecto de la suerte del segundo; por desgracia era exacto lo que se afirmaba acerca del primero. En cuanto rumores tales llegaron á nuestro conocimiento, nos dedicamos á averiguar detalles de la catástrofe —una vez convencidos de que ésta era, desdichadamente, una realidad y no invención del vulgo—, y á continuación van cuantos pudimos procurarnos. Habla un náufrago En una de esas callejuelas estrechas y mal olientes en que en el barrio de San Martín están situadas las casas que ocupan los pobres marineros que á diario exponen su existencia para procurar que no falten en la mesa de los favorecidos por la fortuna los exquisitos productos del mar, y en el piso bajo de una casa á la que hay que llegar subiendo cuestas y sorteando baches, habita el marinero Severo Murzaco. En busca de éste nos dirigimos y lo encontramos en la cama, presa aún de la frialdad producida por dos horas de estancia entre las agitadas olas del mar. Expusimos á Murzaco el objeto de nuestra visita y nos dijo lo siguiente: —Salimos á la mar á eso de las tres y media de la madrugada, con mucha mar y con tan poco viento, que hasta la cala del besugo tuvimos necesidad de ir remando. Pasamos toda la mañana entregados á la pesca, y á eso de las dos de la tarde, conduciendo á bordo unas tres arrobas de besugo y alguna morralla (pescado pequeño), decidimos volvernos al puerto. A él nos dirigimos ceñidos á la costa y con viento E. S. E. y al llegar á Cabo Menor, como de la vuelta no podíamos tomar el puerto, tuvimos que dar un repiquete, para lo cual ariamos la mayor. Orzó la embarcación, pero al pasar á ser de sotavento la banda que era de barlovento, como veníamos navegando contra el palo, ó sea inclinado éste en la dirección del viento, la fuerza de éste, que entonces era fresquito y el peso del palo, hizo que la barquía escorase mucho, hasta meter el carel en el agua. En estas condiciones quisimos arriar la escota, pero ésta se había enredado y en esta operación la mar nos volcó la barquía. Todos nosotros, ya en el agua, nuestro compañero José Martínez y el chico Juan Bilbao (a) Juanito, lograron ponerse sobre la quilla de la embarcación, en tanto que al rededor de ella, como Dios nos daba á entender, apoyados en aquélla unos y nadando otros, estábamos los demás. Horas de angustia —No pueden ustedes figurarse —prosiguió Severo Murzaco— lo que entonces sufrimos. Agitando las boinas unos y gritando todos procurábamos llamar la atención de los que cerca de la costa andaban por Cabo Menor. El frío empezaba á entumecernos, y lo que más nos apenaba era el temor de que al bajar la marea nos llevara la corriente á estrellarnos contra las rocas de Cabo Mayor. Cuando más grande era nuestra angustia, y al cabo de dos horas de sufrimiento, vimos dos vaporcitos que acudían en nuestro auxilio. El salvamento Los dos vaporcitos en cuestión, que tan oportunamente llegaron, eran el León número 2 y el Elenita, que acudieron al lugar del suceso debido á lo siguiente: La apurada situación de los náufragos fue vista en Cabo Mayor, desde cuyo faro avisaron á la Comandancia de Marina, la cual, á su vez, lo comunicó á la Almotacenía.
Merced á este aviso los mencionados vaporcitos León núm. 2 y Elenita, dando á sus calderas toda la presión posible, salieron en busca de los pobres náufragos, llegando al lugar en que éstos se hallaban cuando sus fuerzas estaban próximas á agotarse. Del León núm. 2 arrojaron cabos, á los que se agarraron con la ansiedad que es de suponer, los infelices náufragos, pero uno de ellos, el chico Pedro Piñeiro, estaba ya en tal estado de entumecimiento que no pudo asirse al cabo salvador que le arrojaban. Entonces uno de los marineros —cuyo nombre sentimos no conocer— del León núm. 2, se arrojó al agua, logrando salvar de una muerte cierta al mencionado muchacho. ¡Falta uno! Cuando se hallaban cinco de los náufragos á bordo del León núm. 2 y otro al del Elenita, se procedió al recuento de aquéllos con la angustia que es de suponer y se advirtió que… ¡faltaba uno! Uno á quien las fuerzas habían abandonado y encontraba en el fondo del mar la muerte. ¡Allí donde había ido á buscar el pan para sus hijos!
Era el que faltaba Pío Ganzo, que deja en la miseria más espantosa á su mujer y dos hijos pequeños
En el puerto Como la noticia de que una barquía había zozobrado corrió por todo Santander con la velocidad del rayo, fue un número incalculable de personas el que acudió al Muelle con objeto de presenciar el regreso de los náufragos; así es que por aquél era imposible dar un paso cuando llegaron los dos vaporcitos nombrados, conduciendo á los pobres pescadores. Uno de éstos, José Martínez, venía sin conocimiento, en tan mal estado, que fue conducido inmediatamente á la Casa de socorro, de la cual salió á las siete de la noche en relativo buen estado, después de haberle suministrado los remedios que la ciencia aconseja en casos tales. Más noticias La barquía que zozobró se llamaba Serafina y está inscripta en la Comandancia de Marina con el folio 526. La patroneaba Tomás García y la tripulaban Leonardo Peña, José Martínez, Severo Murzaco, Antonio Lozano, Pío Ganzo (que es el que pereció ahogado), y los chicos Juan Bilbao y Pedro Piñeiro. —Con rumbo al Astillero entraba en el puerto el vapor Gallo, que manda nuestro estimado amigo el bravo marino don Gonzalo Abad, y sabedor de lo que ocurría, viró con objeto de acudir en socorro de los náufragos, cuando ya los traían á su bordo el León número 2 y el Elenita. —Cuando se estaban realizando las operaciones de salvamento, una de las velas de la barquía zozobrada se enredó en la hélice del León número 2, poniendo á éste en peligro. ¡Caridad! La imploramos, seguros de no hacerlo en balde, para la viuda y huérfanos de Pío Ganzo, en primer lugar, y para todos los náufragos después. Aparejos, ropas de aguas… todo lo han perdido; y aun antes del siniestro, cuál sería la situación de estos infelices, que al despedirse para la mar, á Severo Murzaco, que estaba enfermo, le dijo su mujer: —No vayas á pescar. Quédate en la cama. —¿Y qué comerán nuestros hijos, después de estos días en que los temporales nos han impedido trabajar? Esta razón hizo bajar la cabeza á la pobre mujer y dejar partir á su marido sin más protestas. Este nos decía anoche: —Hasta lo mejor que había en mi casa, una boina que compré hace ocho días, la he perdido. …Vosotros, los que os lanzáis sobre las ondas del mar por sport; vosotros, los que procuráis tener en vuestras mesas los sabrosos productos que el mar encierra; vosotros, los que con ojos de artistas admiráis desde la costa la belleza del mar embravecido, pensad en los pobres que de él son víctimas y socorred á los vivos, socorred á los infelices huérfanos de los muertos… No olvidéis que en tanto que saboreáis ricos manjares del mar salidos, hay hogares en que el llanto abunda y el pan no existe y en los que se exclama, repitiendo el título de un cuadro célebre que todos habéis visto: —…¡Y aún dicen que el pescado es caro!…
Pepe el Barquelliero y la violencia política en el Santander del Machichaco
Lluvia de mitins anticlericales en plena Semana Santa
El del jueves
Anteayer, día de Jueves Santo, por la tarde celebraron un mitin los republicanos y libertarios de esta ciudad. El motivo eran los sucesos de Salamanca; el fin, protestar contra ellos. Ignoramos quienes hablaron y de qué. Pero sí sabemos que desde el Polisón, donde se celebró el mitin, salió un grupo compacto de hombres, que se dirigió en manifestación al Instituto general y técnico, para entregar al director de este centro docente una protesta acerca de los sucesos de que arriba hacemos mención. No estaba en el Instituto el señor Escalante, y por eso y porque tenía noticia de lo que se trataba el señor Irazazábal, marchó éste al antiguo Convento de Santa Clara, y recibió, en propias manos, la protesta de los republicanos. Frente al mencionado edificio, dieron éstos vivas á la república. Se oyó también algún grito contra cierto instituto armado, pero que no lo secundó nadie. Se dijo que los asistentes al mitin tenían intención de estorbar la procesión; más lo cierto es que, en todo el trayecto, tuvo esta entorpecimiento alguno.
El del viernes
No fué mitin precisamente, el de ayer, sino, gira; pero con vistas á manifestación y con su miaja de discursos. Unas doscientas personas, entre hombres, mujeres y niños, fueron á pasar la tarde en la Albericia, llevando cada cual su merienda compuesta de carne y pescado. El objeto principal era éste: comer carne y pescado el dia de Viernes Santo. Y lo sentimos por los mismos que lo hicieron, amen de otras razones poderosísimas y que no es de la incumbencia de un reporter explicar. Merendaron, pues, se divirtieron como y cuanto pudieron y levantaron el campo, para venirse á casa. Mas por no hacerlo así, á secas, bajaron á la Alameda Segunda, subieron al kiosko de la música, hablaron allí y bailaron en tandas, más ó menos numerosas, se fueron acercando al centro de la ciudad, tranquila y pacíficamente. Sólo un grupo de unos treinta chiquillos llegó hasta la calle de San Francisco cantando «La Marsellesa», dirigidos por un conocido republicano. Pero advertido éste por un agente de Orden público de que convenía que no entraran cantando en el centro de la ciudad, ordenó á los chicos que callaran y disolvieran el grupo, y así lo hicieron, como se les mandó, todos los muchachos. Que los chicos no hacen más que lo que se les dice. Y no pasó más; ni hubo necesidad de que interrumpieran su paseo las tres parejas de guardias civiles de a caballo que estaban tomando el aire por el Alta y por las Calzadas Altas.
La creciente participación de los socialistas en las demostraciones públicas de izquierda en Santander
El de hoy
El mitin de hoy se celebrará por la noche, en el Centro; ha sido organizado por los socialistas y en él hablará el compañero Quejido, que, desde hace algún tiempo, recorre varias provincias haciendo propaganda. Hemos procurado enterarnos del objeto principal de la reunión socialista de esta noche y, según se nos dice, será más bien de carácter electoral, que de propaganda.
El de mañana
También para mañana hay preparado un mitin. Lo celebrará el partido republicano en el local de la Exposición y obedece á la orden dada por el señor Salmerón de que en todas las provincias se celebren mítins republicanos el día 12 del actual. El objeto es verse, conocerse, sumarse; un alarde de fuerzas. La hora del mitin es la de las diez y media de la mañana. Se ha hablado de banquete, para mejor solemnizar la reunión; pero, según tenemos entendido, sobre esto nada se ha acordado definitivamente.
Huelgas revolucionarias en Bilbao y Santander, en noviembre de 1903, por causas económicas y políticas
Hubo sendas huelgas revolucionarias en Bilbao y Santander, en noviembre de 1903, por causas diferentes en los dos casos: económicas en Bilbao y políticas en Santander. Leemos en un periódico histórico del domingo 15 de noviembre de 1903. Por lo que parece, los disturbios santanderinos tuvieron un marcado carácter anticlerical, ya que atacaron a los cristianos en Semana Santa y el Ejército salió a restaurar el orden en las calles, consiguiéndose por un fin de semana que no hubiera los habituales escándalos y peligros nocturnos de la juerga de Santander. Entretanto, el toque de queda y los registros y detenciones policiales fueron llevados a cabo con el apoyo de la Guardia Civil, mientras que el Ejército patrullaba por todas partes:
DESPUÉS DE LOS SUCESOS Vida normal La tranquilidad que reina en esta ciudad es ya tan completa, que han sido retiradas las tropas de la Plaza Vieja y de otros puntos en donde se establecieron retenes los días pasados. Acude la gente al teatro, á los paseos y todos los establecimientos públicos, sin acordarse para nada de que estamos en estado de guerra. Este estado puede decirse que es ya sólo nominal. Tan sólo la guardia civil continúa custodiando las Residencias de los Religiosos y patrullando por las calles, durante la noche. Los cafés, tabernas y demás establecimientos continúan cerrándose á las once de la noche. La policía, auxiliada por la guardia civil, prosigue la tarea de los registros domiciliarios, cacheos y detenciones. Ayer fueron detenidos é ingresaron en la cárcel el concejal electo don Antonio Orallo Sánchez é Hilario Miguel Cayón. También fue detenido anoche José Ruiz (a) Pepe el barquillero, que, según nuestras noticias, será hoy conducido á la cárcel. Se anuncia, en rumores que corren de boca en boca, la detención de otras personas, las cuales detenciones causarán no poca sorpresa. A pesar de ser víspera de día festivo, no se oyeron anoche por las calles las canciones y barullos de otras noches semejantes. Ni borrachos, ni trasnochadores escandalosos, ni golfos provocadores y osados, ni sinvergüenzas comprometedores que otras noches solían hacer peligroso el paso de las gentes honradas por las calles, anduvieron anoche por ellas, según de ordinario acontece aquí en vísperas de fiestas.
Decididamente, «se impone» el régimen de fuerza para poder vivir en paz en la capital de la Montaña
Sirva de ejemplo Leemos en nuestro apreciable colega bilbaíno La Gaceta del Norte de ayer 14 lo siguiente: «Para esta tarde á las tres y media, hay anunciada una reunión que promete ser importante. Ha sido convocada por iniciativa de la Cámara de Comercio de nuestra villa y á la misma están citados los presidentes de la Asociación de Navieros, Círculo Mercantil, Liga Vizcaína de productores, Círculo minero, directores de los Bancos y jefes de casas de crédito y de otra clase, y los alcaldes de las poblaciones de la zona minera y fabril. Se guarda reserva sobre el objeto de esta reunión, hasta el momento de no precisarlo en la citación, pero tenemos entendido que, motivada desde luego en los motines y trastornos que originó la huelga, abarcará puntos tan trascendentales como el de expresar al Gobierno de S. M., en forma de Mensaje, la verdad de lo sucedido y también el estado de inquietud de la población, como asimismo la necesidad de preocuparse de habilitar locales para que Bilbao y sus inmediaciones tengan los elementos materiales de fuerza que le hacen falta, para reprimir, en cualquier momento y como sea preciso, todo trastorno o conflicto de orden público que se traduzca en menoscabo del ejercicio de los más fundamentales derechos, que en todo país civilizado deben ejercitarse con completa y total garantía de que nadie intentará siquiera perturbarlos. Con lo dicho basta para que nuestros lectores se formen idea de la importancia de esta reunión». Ya lo ve la capital montañesa. Bien cerca tiene el ejemplo. Santander, como la villa vecina, por circunstancias al parecer distintas, pero en el fondo las mismas, se encuentra en situación excepcional. No lo decimos por el estado de guerra, ¡bendito estado que restaura la tranquilidad pública y garantiza los derechos de las gentes que aman el orden!, sino por el estado de desconfianza y desasosiego que parece pesar sobre todas las clases sociales.
Requiere una labor lenta el restablecimiento de la paz de los espíritus; pero adviértase que esa labor no podrá hacerse con provecho en tanto subsistan los derechos llamados individuales, causa eficiente en todas partes de los trastornos que se registran. Es preciso, por tanto, el régimen de la tranquilidad material que devuelve la reflexión á los cerebros perturbados. En Bilbao ha agitado los ánimos un asunto económico y social: aquí un asunto político; pero allí y aquí late en el fondo de todo esto el odio á los fundamentos sociales. Tome, pues, Santander el ejemplo de Bilbao y procedan las fuerzas vivas de la capital montañesa á exponer á los poderes públicos lo que aquí se necesita para hacer que los derechos de los ciudadanos sean respetados y la paz no se perturbe. No hay que ir á buscar más lejos el ejemplo: es de nuestros días. ¿No ha sido el ejército el que ha encauzado las pasiones desbordadas? Pues eso es lo que necesitamos: soldados. En Bilbao se piensa lo mismo. ¿Seremos nosotros de menos iniciativas ó de peor condición que los bilbaínos? ¿Nos dormiremos pensando que todo nos lo han de dar hecho desde Madrid? Testimonio de gratitud El digno gobernador militar de esta plaza, don Ricardo de Contreras, nos ha favorecido con un atento B. L. M., en el cual nos encarga que en su nombre, y por serle á él imposible hacerlo personalmente, expresemos los sentimientos de gratitud que le animan hacia todas aquellas personas y sociedades que durante estos días han obsequiado a las tropas existentes en Santander, que tan maravillosamente restablecieron el orden y le mantienen. Al aceptar el encargo del digno general Contreras y como justa correspondencia al honor que nos hace, séanos permitido á nosotros, tan amantes de la causa del orden, unir á los suyos nuestros sentimientos, pues nos parece que las aludidas personas y sociedades han realizado una buena obra al contribuir, como lo han hecho, á aminorar las penalidades del rudo é inapreciable servicio prestado á Santander por las fuerzas del ejército. Y no hemos de terminar estas líneas sin consignar aquí, por ser de estricta justicia y aunque con ello hiramos la exquisita modestia del bizarro y pundonoroso general Contreras, el testimonio de gratitud que le es debido, y que seguramente todo el vecindario honrado le tributa con nosotros, por sus acertadísimas disposiciones para el mantenimiento del orden y por el celo, la energía y el tacto que viene desplegando en estas excepcionales circunstancias.
Las ideas avanzadas eran, por aquel tiempo, las que profesaban republicanos y libertarios, pues el fascismo no había empezado todavía y el socialismo y el comunismo estaban en pañales en cuanto a difusión se refiere. En esta ocasión vemos que estos supuestos avanzados están uniendo fuerzas para atacar a la mayoría católica y conservadora de Santander, y es por ello que utilizan medios expeditivos de gran impacto como la violencia y las manifestaciones más rudas y siempre intentando aparentar que son más gente de los que son. Unas ideas que tenían siempre un denominador común clarísimo en los ataques a la Religión Católica, como vemos en la propia sede vaticana:
Insultos al Pontífice Las paredes de los barrios inmediatos á los Palacios apostólicos cubriéronse días pasados de carteles injuriosísimos para la sagrada persona del Sumo Pontífice, distribuyéndose al mismo tiempo entre los transeuntes papelotes excitándose al pueblo á desembarazar Roma de curas y frailes. Todo esto, por supuesto, á los ojos benévolos de la policía. Esta es la situación del Papa y de los católicos en Roma.
A la revolución, pues
Los elementos avanzados de esta capital—republicanos y libertarios, según cuentan—realizaron anteayer una manifestación pública de carácter antirreligioso. Eligieron para realizarla el momento en que una procesión católica, del culto que el Estado profesa y único que puede manifestarse en actos externos, recorría las calles de Santander conmemorando el más augusto de los misterios; el misterio del amor, que todos los filósofos del clasicismo helénico y del moderno paganismo no han sabido crear hasta ser víctimas de él. Y cuentan también que la manifestación antirreligiosa se hizo con autorización del gobernador, de una autoridad conservadora, funcionario y representante de un Estado cuya Religión es la Católica, Apostólica, Romana. Nuestro colega local El Correo de Cantabria, hablando del acto realizado el jueves por los aludidos elementos, se expresa en estos términos: «La nota más saliente del día de ayer fué la manifestación realizada por los elementos de los partidos políticos más avanzados en ideas liberales. Algunos prohombres de dichos partidos trataron de llevar á cabo dicha manifestación en señal de protesta por la procesión que salió de la parroquia de San Francisco. Recorrieron varias calles dando vivas á la República y con esto terminaron, por cansancio, sin que encontraran apoyo más que en una turba de chiquillos que los seguía. El señor gobernador, que había tenido noticias de lo que se fraguaba, reconcentró la guardia civil en previsión de que pudiera suceder algún desmán y estuvo toda la tarde acuartelada, no siendo afortunadamente necesarios sus servicios. A la cabeza de la manifestación vimos que no eran sólo los republicanos los que se manifestaban sino que entre los grupos figuraban conocidos libertarios de esta ciudad.»
Gran vigilancia para impedir la emigración de mozos sujetos al servicio militar
En la provincia de Lugo se ejerce una gran vigilancia para impedir la emigración de mozos sujetos al servicio militar. En Bahamonde han sido detenidos veintitantos que se proponían embarcar en la Coruña.
El Diario Oficial publica la cuenta de la campaña de Filipinas desde 24 de octubre de 1896 á 30 de junio del año corriente. Según el balance-resumen, han importado los ingresos 38.570.494 pesos y 275 centavos; y los gastos, por todos conceptos, 38.490.680 y 774, resultando una existencia, hasta dicha fecha, de 79.813 pesos y 501 centavos.
El nuevo gobernador militar de Santander
Ayer llegó á Santander el general de brigada excelentísimo señor don Alvaro Arias, nombrado gobernador militar de esta ciudad en sustitución del que ha venido desempeñando este cargo muy á satisfacción de todos, excelentísimo señor don Julio Agudo. El nuevo gobernador militar de esta plaza ascendió en noviembre del 97 á general: ha desempeñado aquel importante cargo en Tarifa; ha hecho su carrera en Cuba y en el Norte, á las órdenes de Primo de Rivera, y es un pundonoroso militar de brillante historia, pues todos sus ascensos se le han concedido por méritos de guerra. Reciba nuestro respetuoso saludo de bienvenida el nuevo gobernador militar de esta plaza.
Soldado agresivo en el Regimiento de la Calle Alta
Ayer tarde, un soldado del Regimiento de Valencia, en completo estado de embriaguez, armó un monumental escándalo en el Prado de San Roque. Subió á una casa allí cercana pretendiendo, según dicen algunos vecinos, forzar una puerta, sin saber lo que hacía. A los gritos de algunos testigos del suceso, el soldado se exacerbó en tales términos, que sacando el cuchillo del maüsser amenazó á una vecina y la causó una lesión. Los hijos de aquella comenzaron á pedir auxilio á grandes gritos, reuniéndose numeroso público y armando el consiguiente escándalo. El dignísimo y celoso coronel del regimiento, señor López Herrero, en cuanto tuvo noticias del hecho, tomó medidas tan rápidas como acertadas, ordenando á varios soldados que fueran en busca del agresor, capturándole pocos momentos después. También envió un atento recado á la mujer lesionada, ofreciéndosela en todo cuanto la hiciera falta. Aquélla fue curada en su propia casa. El soldado, que, sin saberse porqué, llevaba toda la ropa destrozada, quedó arrestado, ingresando en el calabozo.
Movimientos de tropas para controlar conatos carlistas en Vascongadas
Un periódico burgalés, hablándoles del supuesto movimiento carlista, dice lo siguiente: Es del dominio público que se preparan dos columnas de operaciones, compuestas de fuerzas de infantería, caballería y artillería, al mando de dos generales de brigada, para salir á maniobras. Ocuparán determinados pueblos de las Vascongadas y Navarra.Esta noticia es objeto de muchos comentarios, relacionándose generalmente estos movimientos con las instrucciones traídas de Madrid por el general Macías, y que son resultado de las conferencias que celebró en la Corte con el ministro de la Guerra.
El corresponsal que Le Temps tiene en España, que ha ido de Madrid a la frontera, escribe en dicho periódico un artículo diciendo que, después de curiosas investigaciones, se ha convencido de que no existe agitación carlista. También dice que no es cierto que hayan los carlistas verificado el alijo de armas de que tanto se ha venido hablando…
Otra expedición Dicen de Nueva York que el remolcador «Dauntless» burló la vigilancia y se dirigió por el río Satilla con rumbo a Cuba, llevando cien filibusteros, cuatro cañones, 500 fusiles obuses, dos millones de cartuchos y otras municiones. Nota de transcripción: En el original impreso figura erróneamente «Danutles».
Telegrama oficial Se ha recibido un despacho oficial de Cuba que dice que la columna mandada por el coronel Rodríguez batió en Siguanca a algunas partidas insurrectas, cogiéndoles 136 caballos y 300 reses. La columna mandada por Dolz rechazó una partida de 800 rebeldes que atacó un fuerte. Nuestros soldados quemaron cuarenta casas que servían de albergue a los insurrectos. El telegrama da cuenta también de algunos otros encuentros que carecen de interés.
Una expedición. — Cónsules yanquis
En este momento se recibe de La Habana, en «El Imparcial», el siguiente telegrama:
Ayer se vio al vapor «Laurada» cerca de Cabanas (Bahía Honda), trayendo una importante expedición, única salvación de Maceo. La expedición ha sido organizada por Roloff en Nueva York. Tenemos esperanza de cogerla. Anoche salieron de La Habana tres barcos para perseguirla. Créese que en el vapor «Laurada» viene el cabecilla Roloff. Acaban de ser nombrados cónsules yanquis en Cárdenas y Sagua dos personas desafectas a España. Así fue advertido al Gabinete de Washington, quien contestó «que les había nombrado».
Dicen de Nueva York que los laborantes gestionan la compra del remolcador «Swift» y que les será entregado pronto. Dícese también que un cañonero español alcanzó en la costa el vapor «Laurada». Ignóranse detalles. Telegrafían desde La Habana que cartas que le han sido cogidas a Maceo dicen que tiene la gente muy enervada. También consta que tiene muchos enfermos. Maceo tiene la atención fija en la expedición que conduce Roloff en el vapor «Laurada», que trae muchas armas.
La espada de honor que el Ayuntamiento de Manila regaló al general Blanco con motivo de la campaña de Mindanao ha sido regalada a su vez por el veterano militar a Nuestra Señora de Antipolo, aumentando así la rica colección de alhajas que posee tan venerada imagen.
Composición de la escuadra italiana en 1865:
—Italia cuenta hoy con 98 buques, de los cuales 74 componen la flota de guerra, y 24 la de trasportes. La de guerra comprende 18 buques blindados, 21 de hélice, 36 de ruedas y 10 de vela. La fuerza nominal de las máquinas de la nueva flota de guerra, es de 23,140 caballos, y cuenta 1,260 cañones y 20,384 marineros. La fuerza nominal de las máquinas de la flota de trasporte es de 4,350 caballos, y tiene 43 cañones, con 1,882 marineros.
EL BIZCO DEL BORGE
En un telegrama recibido antes de anoche de Córdoba se participa al ministro de la Gobernación haberse dado muerte al tristemente famoso bandido que tanta fechoría cometió en las provincias andaluzas en unión de sus compañeros Melgares y Frasco Antonio.
El telegrama del Gobernador dice así:
Córdoba —»La Guardia civil del puesto de Lucena da parte que en las inmediaciones de la ciudad se encontraba el bandido conocido por el Bizco del Borge, cuya fuerza salió en su persecución dividida en grupos y uno de ellos tropezó con él á las seis de la tarde, en la vereda llamada del Cristo Marroquí, dándole la voz de ¡alto! á la que contestó el bandido con dos disparos, por lo que la fuerza hizo fuego, ocasionándole la muerte.
Se le ha encontrado una escopeta Remingthon, una pistola, un cuchillo, cincuenta y cinco cartuchos, una cartera con varios apuntes y cartas dirigidas á él, un anteojo, una capa, una manta y dos talegos como de un metro, vacíos, unas espuelas y otros objetos.
Dos mujeres de Alfarnate le han reconocido, cuyo pueblo ha sido mucho tiempo su campo de operaciones. La Guardia civil salió ilesa. El Gobernador ha mandado fotografiar el cadáver. El teniente coronel del tercio ha salido para Lucena. La Guardia civil ha evitado con este servicio un golpe de mano que intentaba dar el bandido en unión de Pepe el Portugués, el que se corre á esta provincia desde Málaga, perseguido muy de cerca por fuerzas de la Guardia civil. Las señas del muerto son las siguientes: Luis Muñoz García (a) el Bizco del Borge, natural de Borge, partido de Colmenar, provincia de Málaga, de 50 años, alto y de medianas carnes, pelo y cejas negro, barba poblada, color moreno algo pálido, mal encarado y bizco de los dos ojos y en particular del izquierdo, á pesar de que el año 82 le arreglaron algo la vista en Sevilla; usaba gafas azules y padecía del pecho, por lo cual se fatigaba mucho cuando corría; era además un poco cargado de hombros«.
El año 85, toda la partida sostuvo una lucha con la guardia civil, á la que causaron la muerte de dos individuos, uno corneta, hiriendo á otros dos.
XXIV – Otras noticias curiosas del Santander del Machichaco
Antonio Raba Haro (27 de marzo de 1888). En el extracto de una sesión de la Diputación Provincial: Declarar que el mozo Andrés Antonio Raba Haro, del reemplazo de este año, está bien incluido en el alistamiento de Marina de Cudeyo y comunicarle a la Comisión provincial de Madrid a los efectos de la competencia suscitada con el distrito de la Universidad de aquella villa y corte.
NOTAS DE CAZA – UNA EXCURSIÓN AL PIRINEO
Desde el año anterior tenían proyectada una cacería de osos el señor conde de San Juan y nuestro amigo D. Antonio Covarsí. Al llegar este verano, única época posible de poder llegar á las guaridas de aquellos animales, porque en otro tiempo impídenlo las nieves, se reunieron en las cercanías de Huesca los expedicionarios, que fueron el señor conde de San Juan, ya citado, su señor hermano D. Lorenzo, D. Pedro Pidal, el marqués de Villaviciosa, y nuestro amigo Covarsí. Bien provistos de afición y voluntad y de balas explosivas, se encaminaron a Barbastro, y de allí empezaron á subir cuestas interminables durante dos días, hasta llegar á Lainza, donde se proveyeron de mulos excelentes, y empezaron la ascensión ya pecho arriba al Pirineo: á 2.300 metros tuvieron que dejar los machos y armados de palos siguieron trepando hasta poder tener conversación con los ángeles. La presencia del Pirineo al primer golpe de vista es triste é imponente; pero una vez arriba y metidos entre sus múltiples valles y montañas, ofrece un aspecto sorprendente y maravilloso. Al trasponer aquellos elevados puntos, se presentan tan variados y preciosos panoramas, que la pluma no puede describirlos; baste decir que queda uno extasiado, como cuando en un teatro cambian la decoración. Por fin, después de mucho subir llegaron los expedicionarios á unos bosques inmensos, con una vegetación tropical, donde abundaban los robles, hayas, pinos preciosos, castaños, abetos, enebros, boj y otra infinidad de plantas; pero con una profusión tal, que se hacía el paso difícil; estando además cruzados por gran número de árboles derribados por los huracanes y que convertían aquellos sitios en selvas impenetrables, surcadas por todas partes de torrentes y arroyos, llenos de ricas truchas. Allí estaban los osos, y lo demostraban las huellas que había en los senderos que los expedicionarios seguían, precediéndoles dos hombres con machetes que iban abriendo paso. En aquellas montañas durmieron cinco noches, unas veces en cuevas y otras al raso y una en una casita el último día, cuando ya se retiraban. El resultado de la excursión fué cazar dos osos, sin que hubiera lance ninguno culminante digno de mención. Tiene mucho que ver, sin embargo, la muerte de un animal de estos que es terrible. Nuestro amigo Covarsí cree que no hay en el mundo hombre alguno que aguante la acometida de un oso, por lo violento y rápido del ataque y la velocidad con que maneja las manos repartiendo zarpazos, que es imposible resista nadie; es mas, opina que á media docena de hombres los derriba en menos de un minuto. Son tan veloces en su marcha, que se les ha visto perseguidos por buenos mastines y no darles alcance; y el oso huía, no por los perros que le seguían, sino por causa de veinte hombres que iban con los canes disparando tiros y trabucazos, pues el oso no teme á los perros, sino al hombre. Los osos se mantienen de castañas de haya, de roble, de castaño y además de las muchísimas mamanas silvestres que abundan en aquellas alturas y además alguna vez que otra atacan á los rebaños y se llevan ovejas y cabras que devoran en sus escondrijos. En aquellos parajes no hay sino osos, no se ve un pájaro ni otro ningún animal, y solo encontraron el Sr. Covarsí y sus compañeros una especie de pavos tan grandes como avetardas, de color oscuro tornasolado, pintas blancas en la cola y la cabeza roja como aquellos. Nuestro amigo no mató ninguno por estar al aguardo del oso cuando los vió y hubiera sido imprudente disparar: allí los llaman pavones.
Cuando los expedicionarios cazaron todo aquel terreno y llegaron á las barrancas inaccesibles que impiden el paso, sitio donde se guarecen los osos, se vieron forzosamente obligados á retroceder, pues era imposible trepar por donde dichas fieras suben y que barreras perpendiculares de 500 metros y más de altura sirven de valla inexpugnable al cuartel general de aquellos animalitos. Los expedicionarios siguieron paso atrás por las crestas del Pirineo cazando y curioseando, á veces en alturas de 3.500 y 4.000 metros: llegaron á trepar á las Tres Sorores, atravesando antes paisajes preciosísimos y salvando abismos sin fin. Cazaron en Peña Montañesa, Coll-Vert, Canal de la Esplugueta, Selva-Cros, Comarrias, Fornos, Rinconada de Napinales, Faxa-Caucalls, pasando después por Laspuña, Buerba, Vió, Fanlo de Vió, Broto y por Biescas se dirigieron otra vez á Panticosa. En dicho punto descansaron dos días y en verdad que les hacía mucha falta, y en seguida subieron en busca de las gamuzas. El amigo Covarsí cree que estos animales no merecen la pena de que por cazarlos se echen los pulmones por la boca ni se esté uno subiendo cinco horas en mulos, tres ó cuatro á pie á fuerza de buenas piernas y salvar aquellos precipicios que á veces hacen variar de color al más acostumbrado á pasarlos, para matar aquellas monas. Es sin disputa la cacería más difícil y fatigosa, por la falta de costumbre; trabajo le costó á nuestro amigo el subir por aquellos precipicios y á alturas tan terribles, pero subió allí donde llegaron los demás haciendo grandes esfuerzos. Pasaron algunas noches los expedicionarios durmiendo en aquellas sierras sin fin y durmiendo al raso entre nieves perpétuas, y en sitios donde á veces se veían cuatro metros de nieve, y sin embargo, no hacía frío. Allí había perdices blancas. El resultado de la excursión fué poco afortunado, y como entendieron que no merecía tan grandísimo trabajo el placer de matar aquellos animalitos, descendieron con más trabajo que habían subido y disolvieron la partida, marchando el señor Pidal á Bayona y el Sr. Covarsí, con otros amigos, a Huesca, Zaragoza, Logroño, San Sebastián, Pasages, Bilbao, Burgos, Palencia, León, Lugo, Coruña, Ferrol, Vigo, Bayona, Tuy, Porto, Figueira da Fox, donde al fatigable cazador esperaban sus amigos de Extremadura; terminando allí la expedición, que duró muy cerca de dos meses.
«El bien público» — 18 de junio de 1879
VIAJE DE LOS PRÍNCIPES RODOLFO Y ALBERTO.
Covadonga 9.—Ayer fuimos sorprendidos muy agradablemente por la llegada á este santuario de SS. AA. los príncipes de Austria y de Baviera, que con cuatro caballeros de su acompañamiento y con su servidumbre, llegaron desde Rivadesella. Habian desembarcado en este último puerto, donde fueron recibidos por una comision de la diputacion provincia, secretario del gobierno civil de la provincia, alcalde del pueblo, etc. El desembarcadero estaba adornado de banderas que ostentaban los colores de España, Austria y Alemania. Despues de tomar un ligero almuerzo, seguian los ilustres viajeros su viaje por Cangas de Onis á este pintoresco pueblo; y á pesar de la copiosa lluvia que caia, salieron todavía dos horas de camino á la montaña. Para hoy habian proyectado una cacería de osos, pero el tiempo es tan poco favorable y tienen tal prisa los príncipes, que no será posible ejecutar este plan. Esta tarde volverán á Rivadesella, donde se embarcarán mañana á la madrugada otra vez en el yacht «Miramar,» que desde Santander se ha llamado por telégrafo, ó si el mar no lo permite, tomarán la diligencia para Torrelavega, y allí el tren para Avila. Desde allí irán á la sierra de Gredos, á cazar cabras monteses, y á la vuelta para Madrid se detendrán uno ó dos dias en el Escorial. Rivadesella 10.—Anoche volvieron de su cacería á la montaña de Covadonga los príncipes Rodolfo de Austria y Leopoldo de Baviera. Una comision de este ayuntamiento de este pueblo esperó á los augustos viajeros á media hora del pueblo, y en el pueblo mismo un gentío inmenso. La casa donde se alojaron estaba adornada con banderas españolas, austriacas y alemanas. Se les tuvo preparada una abundante cena, que aceptaron sus altezas. Habian tomado dos diligencias para ir por tierra á Torrelavega, pero como el mar estaba en calma, avisaron por telégrafo á Santander que viniese el yacht «Miramar,» el cual llegó á las ocho de la mañana y se embarcaron fuera del puerto, tomando el vapor el rumbo á Santander, donde piensan desembarcar al medio dia y tomar el tren de las dos para Avila. Avila 10.—Los príncipes de Austria y de Baviera han llegado esta mañana en el tren expres, habiendo sido recibidos en la estacion por los gobernadores civil y militar. Se dirigen de caza al pico de Almanzor, en la sierra de Gredos, que mide una altura de 2,650 metros sobre el nivel del mar y á cuya parte mas alta no podrán llegar, por estar cubierta de algunas varas de nieve.
La cacería de osos preparada en los montes de Bedoya ha sido desgraciada por no haber encontrado ninguna res
S. M. el Rey pernoctó anoche en Torrelavega para recibir hoy en dicho punto á la Reina Isabel y las Infantas doña Paz y doña Eulalia, que llegarán á las siete y cuarenta y cinco minutos de la mañana, y continuarán su viaje á Comillas. S. M. el Rey las despedirá en Torrelavega desde donde regresará hoy mismo á la Granja para llegar á este Real Sitio mañana. La comunicación con Egipto por la vía Arich interrumpida, quedando sin comunicación telegráfica la parte donde domina Arabi-Bey. Por Alejandría y demás puntos donde dominan los ingleses están francas las vías. Los fondos, un poco más altos que ayer. Los telegramas de hoy anuncian que la cacería de osos preparada en los montes de Bedoya ha sido desgraciada por no haber encontrado ninguna res á pesar de los grandes esfuerzos de los ojeadores. Los expedicionarios esperaban tener mejor suerte el 21 en los montes de Liébana. Pensaban regresar á Comillas al amanecer del dia 22, siguiendo S. M. el Rey por la tarde hasta Torrelavega con objeto de recibir allí, el 23 por la mañana á su augusta madre. A la comida que en Potes dió el señor marqués de Comillas asistieron el conde de Mansilla, marqués de la Viesca, Cuevas, el gobernador, alcalde, juez de primera instancia y cura párroco.
Ataque de lobos en Pesaguero
Días pasados el caminero del pueblo de Pesaguero, se vio acometido a las once de la noche, por tres lobos, de los cuales tuvo que defenderse con una navaja, única arma que llevaba. Los animales le persiguieron, sin embargo, hasta llegar al pueblo.
La guardia civil de Entrambasaguas ha denunciado á varios vecinos de Navajeda, y la de Santillana á varios de Viveda por tener sus ganados pastando en derrotas.
El señor gobernador civil de Vizcaya ha autorizado á la «Sociedad Anónima Española de Dinamita», para remitir á esta ciudad por ferrocarril, á la consignación del representante de la «Sociedad Unión de Explosivos», quince cajas de dinamita con peso bruto de 450 kilos.
Epidemias en barcos y cuarentenas en el lazareto sucio de La Pedrosa
Los pasajeros del vapor León XIII, que se hallan sufriendo cuarentena en el Lazareto, entre los cuales se hallan los 303 repatriados civiles, desembarcarán mañana, por haber cumplido la cuarentena. Respecto á estos últimos, como se han dado casos, según nos dicen del Lazareto, de no resultar muchos de ellos pobres, como habían manifestado, resultando después que traían centenes y se hospedan en la fonda, se ha dado orden al director del Lazareto, señor Peláez, para que, con las facilidades que él mejor que nadie puede tener, abra una información, lo más aproximada posible, de los repatriados que se pueda comprobar son pobres con objeto de no dejarse sorprender de los que traen dinero y pidan que también se les abone el importe del medio billete que les concede las compañías ferroviarias.
La sospechosa chatarrería de don Jesús González, calle de Peñasredondas
La guardia municipal ha detenido á dos chicos de 13 y 14 años, llamados Jesús Gómez Gancedo y Cándido Morego, por cortar algunos metros de la cañería de gas, en los portales de las casas números 26, 28 y 38 de la calle de Burgos y 3 de la de la Concordia. Parte de la tubería fue vendida en la chatarrería de don Jesús González, calle de Peñasredondas.
Esta otra historia también es interesante porque muestra que en esta época había auténticas cuadras en una calle ahora tan céntrica como Vista Alegre:
El vecino de Vista Alegre, Perfecto Ríos, admitió anteanoche á dormir en una cuadra de su propiedad á un muchacho de 18 años, llamado Dámaso Serna, que implorando su caridad le pidió albergue. El muchacho, para demostrar de alguna manera su agradecimiento, se marchó por la mañana llevándose una caldera de cobre de siete kilos de peso. Al tener conocimiento el vecino de Vista Alegre del comportamiento de aquel que creyó un pobre chico, denunció el hecho á la guardia municipal, y el Serna no tardó en ser detenido y confesar que la caldera la había vendido por cinco pesetas en la chatarrería de Jesús González. Como ocurre casi siempre, el chatarrero no tenía ya en su poder la caldera. Y esto sucederá mientras los Juzgados no adopten alguna medida para evitarlo.
Los robos de alambre UN CHATARRERO PRESO Los continuos robos de alambre, de hilo de cobre, de que hace tiempo venía siendo víctima la Compañía «Electra Pasiega», tenía preocupada á la policía de Santander, que trabajaba activamente por descubrir á sus autores. Estos robos se llevaban á cabo en el paseo del Alta, en el trayecto del Depósito de aguas al Sardinero. […] En uno de esos establecimientos arriba mencionados que hay en la calle del Monte, propiedad de don Pantaleón de Lama, fueron encontrados 51 kilos de hilo de cobre de la propiedad de la «Electra Pasiega», en rollos pequeños; otro rollo del mismo metal, que se cree sea del tranvía eléctrico; otro de alambre de acometidas y otros varios trozos. El señor Lama manifestó que aquel metal iba á ser fundido á los pocos momentos, y que él lo había adquirido, lo mismo que en veces anteriores, á un chatarrero de la calle de Gravina, mostrando la factura para comprobar sus palabras. La policía se dirigió inmediatamente á este otro establecimiento, cuyo dueño es Jesús González, quien negó de buenas á primeras que él hubiera tenido nunca metal de aquella clase, y mucho menos de semejante procedencia. Conducido á presencia del señor Lama, reiteró el González su negativa, diciendo que él no había vendido tales efectos á aquél, pero la venta ya estaba bien comprobada con la factura firmada por el vendedor. En vista de una culpabilidad tan terminante, Jesús González fue conducido á la Cárcel y hoy intervendrá el Juzgado en el asunto.
El Robo en la Iglesia de la Compañía de Santander y Jesús González
IGLESIA ROBADA
Ladrones de candelabros.—Las chatarrerías.—Necesidad de su clausura.—Captura del ladrón. […] Como el ladrón, en su huída, no se vio que llevase nada, se supuso no sin fundamento, que la sustracción de dichos candelabros se había verificado en varias veces, y que la única manera de encontrar el producto de estos robos sería registrar las chatarrerías de la población, que desde hace tiempo vienen siendo el paradero de numerosos productos de robo, á ciencia y paciencia de las autoridades. En esta creencia, el cabo de la guardia municipal Guillermo Feliú, recorrió varias chatarrerías, encontrando en la de José López Tafall, en la calle de Cervantes, 27 piezas de metal procedentes de los candelabros robados en la iglesia de la Compañía. Los trozos citados fueron recogidos y depositados en la guardia municipal. Faltaba cazar al autor de estos robos, y eso lo consiguió anoche el guardia municipal Domingo López, resultando que el caco era un jovencito de 17 años, llamado José Camargo Alonso. Interrogado el detenido sobre los sitios donde había vendido los objetos robados, manifestó que en la citada chatarrería de López Tafall, y en la de Jesús González, pero éste, lo mismo por la tarde que anoche, después de la declaración del joven Camargo, negó rotundamente que él hubiese adquirido nada. El detenido pasó á la Cárcel. Y ahora se nos ocurre preguntar: ¿hasta cuándo van á estar siendo las chatarrerías el mercado de los productos del robo?
Ni en Cafrería Según comunica el jefe de la benemérita del puesto de Molledo, durante la noche del día 24 del actual mes de febrero dos sujetos, jornaleros de oficio y llamado el uno Diego Odriozola Llano, de 20 años de edad, natural y vecino de Las Fraguas, y Vicente Collantes Quevedo, natural de Palencia y de 26 años, se dedicaron á recorrer las calles del pueblo de Las Fraguas alborotando y haciendo disparos de arma de fuego, sin motivo ni objeto alguno.
Estando prestando servicio, en la madrugada de ayer, en una calleja del barrio de Las Presas, en el extrarradio, el cabo de consumos Matías González y el guardia Eduardo Ponto, al pasar por cerca de una casa les salió un perro ladrandoe inmediatamente se oyó un disparo y una bala pasó rozando por encima de la cabeza del guardia. Según más tarde pudo averiguarse, el disparo le hizo desde la casa un sujeto llamado Manuel Antonio Ramírez, que se hallaba en compañía del matrimonio Manuel Martínez y Marcelina Cuesta. Del hecho se dio parte á la Alcaldía por el cabo de consumos y el señor Alcalde lo pasó al Juzgado de instrucción.
Ayer fue detenida una mujer en Calzada Altas que conducía una bota con 20 cuartillos de vino que había introducido en la población sin pagar derechos de Consumos.
A instancia de los vecinos de la casa número 4 de la calle de San Simón, se ha denunciado la bohardilla de la misma casa, por no reunir condiciones higiénicas para estar habitada.
Un crimen en Sevilla – Un joven de Mazcuerras mató a su padre
POR TELÉGRAFO DE NUESTRO CORRESPONSAL ESPECIAL Sevilla 6—3’30 t. En una taberna de la calle de Trajano ha ocurrido en la madrugada de hoy un horroroso crimen. Jesús González Martínez, de edad de 30 años y natural de Mazcuerras, había sido expulsado de la casa hace unos cuatro meses y á causa de su mala vida, por su padre Domingo González Torre, anciano de 70 años. Esta madrugada Jesús entró en la taberna; subió á la alcoba donde su padre estaba durmiendo y con una navaja barbera asestó una cuchillada en el cuello al infeliz anciano, seccionándole la yugular y ocasionándole la muerte instantáneamente. Después de realizar el horrible parricidio, el criminal bajó á la taberna en el momento en que se hallaban tomando café el encargado y un dependiente, primo de Jesús. Este arrojó en las tazas una cantidad de vitriolo, y como el dependiente le recriminara se abalanzó sobre él y sobre el encargado y los hirió. Hecho esto el parricida se asestó varios tajos en el cuello; medio desangrándose subió á la azotea de la casa y desde allí se arrojó á la calle. Trasladado á la Casa de socorro falleció pocos momentos después de llegar. El parricida trató de realizar este mismo hecho el día 8 de febrero y así lo comuniqué por telégrafo á EL CANTÁBRICO. El crimen ha causado muy desagradable impresión en la ciudad y de él hace todo Sevilla responsables á las autoridades, por estar previsto el horrendo delito y no haber sabido evitar su comisión. RAMOS.
Muerto por un tren: ¿Suicidio o accidente?
De un triste suceso hemos de dar cuenta hoy á los lectores. Tenemos apuntados en la cartera multitud de detalles, que no transcribiremos para evitar un mal rato á quienes nos leen. Un hombre horriblemente destrozado por un tren, y la presunción de un acto de locura, de esos que impulsan ahora á tantos desventurados á disponer de lo que no les pertenece, á arrancarse la vida que les estorba, á declararse cobardemente vencidos en una lucha en que siempre hay la esperanza de la victoria. El romanticismo de antes puso en muchos cerebros la idea terrible del suicidio; y el positivismo de ahora, también ennegrece más las sombras de los espíritus anémicos, levantando una muralla infranqueable, ó abriendo un abismo hondo ante los que no tienen valor para salvar distancias ni para vencer obstáculos, porque no creen que hay quién les ayuda. Las exageraciones y los extremos son vientos que se desencadenan en las almas, y las llevan y las traen como plumas, y las estrellan contra aquella muralla, ó las arrojan en aquel abismo. Exagerado y extremoso el siglo, da el débil en la locura, cae en la monomanía, á poco que se deje influir por las corrientes. Los nervios nos son traidores, y quien se deja dominar por la impresión del momento, muy luego halla motivos para arrepentirse. ¿Qué marino llegaría á puerto si á poco que soplasen vientos contrarios ó se enfureciese la superficie líquida, buscase el descanso en el fondo, dejando que el agua se tragase el barco? ¿Y qué soldado recibiría el premio de la victoria si cediese al primer…
Todo ello debió de ser obra de un instante. Ayer, á las siete y media de la mañana, salió un tren de la estación del ferrocarril Cantábrico, conducido por la máquina número 1. El maquinista y las demás personas que en él iban, no advirtieron, al pasar por el sitio llamado Peña del Cuervo, que hubiese ocurrido nada lamentable. Poco después, bajó á la vía, por aquel sitio, el señor Revol, ingeniero del ferrocarril, que tiene allí cerca su casa, y este señor fue el primero, según parece, que supo lo que había acontecido. El tren de las siete y media, había arrollado á un hombre, matándolo y despedazándolo. El cadáver, hecho trizas, estaba sobre la vía, diseminados los trozos y derramada la sangre en una distancia de unos noventa metros. A las nueve, próximamente, llegó al sitio de la triste ocurrencia un tren de balastro, destinado á la conducción de materiales entre las estaciones de Santander y Adarzo, y se detuvo al ver el maquinista sobre la vía un bulto que resultó ser el resto mayor del cadáver. La noticia del hallazgo se comunicó á la estación, y de allí pasó á conocimiento de las autoridades. En la estación del Norte se hallaba el Inspector de vigilancia, D. Tomás, el cual fue de los primeros en acudir al sitio donde estaba el cadáver. Llegaron después, el Juez señor Guerra, el escribano señor Pelayo y el médico señor Nieto. Este señor examinó los restos del cadáver, y en seguida se dispuso que fuesen recogidos, colocados en una camilla y conducidos al depósito del cementerio de San Fernando. Se registraron las ropas del cadáver que podían ser registradas, porque en su mayor parte estaban hechas jirones, y nada se encontró en ellas que facilitase la identificación. En medio de la vía se hallaron unas monedas de cobre, que fueron recogidas, con los pedazos de las ropas, al recoger los pedazos del cuerpo.
Conducidos los restos al depósito del cementerio, se dio orden de que se permitiese entrar al público á verlos, por si alguno daba algún informe acerca de la personalidad del desgraciado. Durante todo el día, no se pudo adquirir ningún indicio. A primera hora de la noche, cerrado el cementerio, regresó al Principal el guardia que había permanecido en el depósito, y poco después se presentaron ante el jefe una mujer y un individuo, pidiendo noticias acerca del muerto, y expresando el temor de que fuese el marido de aquélla. Las señas que ésta daba coincidían con las del desgraciado, en vista de lo cual fueron la mujer y su acompañante con un guardia al cementerio. En efecto: la infeliz mujer se encontró allí con el cadáver de su esposo, del cual había dicho ella que anteanoche manifestó propósitos de suicidarse. Ayer se fue de su casa muy temprano, y al saber la mujer lo ocurrido en la vía del ferrocarril Cantábrico, sospechó que fuese su marido el desgraciado. El suicida se llamaba Jacinto Bolado Velasco, tenía 35 años, era de oficio zapatero, y vivía con su mujer, Basilisa Frade Sánchez, en la buhardilla de la casa número 15 de la calle de Cervantes. El individuo que acompañó á la Basilisa á identificar el cadáver era un hermano del Jacinto, llamado Gregorio. Falta una página entre la primera y la segunda captura (donde termina con «¿Y qué soldado recibiría el premio de la victoria si cediese al primer…») y también falta el final después de «Espectáculo que recordaba aquellos días inolvidables…». Sin esas páginas no es posible reconstruir la noticia íntegra de forma literal. Si las subes, te la transcribo completa.