No sabemos nada de ella. Sólo lo que sus huesos y sus dientes perfectos, todos ellos conservados, nos han revelado tras un letargo de mil años que la arqueología ha interrumpido para siempre. La conservación de esta dentadura perfecta en Santander tiene la peculiaridad de que se trata de una persona de hace mil años.

Los propios locales no conocen la historia oculta de la Bahía de Santander
Mucha gente en el propio Santander y sus alrededores no conoce la dilatada historia de misterios y leyendas de la Bahía de Santander. Y me consta porque hay muchas de estas cosas que no las he leído en ningún libro ni me las ha contado nadie, sino que las he tenido que investigar por mis propios medios muchas veces escuchando anécdotas de los testigos que las vivieron.
El cráneo perfectamente conservado de una santanderina medieval
Las excavaciones arqueológicas en la calle de los Azogues de Santander, aprovechando unas obras del Ayuntamiento, están sacando a la luz muchos datos sobre el pasado no tan lejano de la gente de Santander. De la gente de todo el mundo, si tenemos en cuenta que nuestro ADN circula libremente por todas partes y, en especial, por Europa y por toda América, siendo Santander uno de los puertos más importantes del Atlántico de todos los tiempos. Y ahora hemos podido comprobar que el pasado de la ciudad, como ciudad propiamente dicha, no está todavía escrito. Pero la excavación dirigida por Lino Mantecón y Javier Marcos está aportando datos inéditos sobre cómo se debía de verdad en la Edad Media y, en concreto, en este abrigado puerto del norte de España.

Las excavaciones en los alrededores de la Catedral de Santander
Las excavaciones en los alrededores de la Catedral de Santander, una antigua abadía y castillo medieval, están arrojando datos muy importantes sobre el medievo en esta ciudad portuaria. Un yacimiento arqueológico que nos está dando pistas muy buenas sobre el modo de vida de nuestros antepasados, alimenticios y su forma de vestido o sus creencias.
Un cráneo medieval con todos los dientes alineados en Santander
Un cráneo medieval que llama la atención por estar tan bien conservado a pesar de los siglos y que perteneció a una chica de entre vientre y treinta años. Una persona de la época entre el Cid Campeador y las Navas de Tolosa que fue enterrada en la necrópolis medieval de lo que entonces era una abadía fortificada y hoy es la Catedral de Santander.

No sabemos mucho de esta muchacha más allá de su pertenencia a la clase más privilegiada de la sociedad santanderina medieval. Una «pija» santanderina de la Edad Media, como se diría en el actual argot callejero, lo que tal vez explicaría la perfecta conservación de su cadáver. Y es que la gente bien de la Edad Media se enterraba en sarcófagos de piedra, con todo el mimo que el dinero podía comprar, lo más cerca posible del altar de una iglesia como era la abadía de Santander. Un cementerio medieval que ahora está saliendo a la luz y no sólo con huesos de personas, sino también de enormes ballenas que fueron procesadas aquí después de cazarlas en alta mar.
La caza medieval de la ballena en Santander
La proximidad del mar influyó mucho en el modo de vida de la gente de Santander de siempre, sobre todo en una época de subsistencia en la que la pesca era una de las fuentes principales de alimento. La pesca y la caza de la ballena, a la peligrosa actividad a la que nuestros antepasados se acostumbraron, pero sólo fueron los vascos: también los marinos medievales de Santander, Castro Urdiales o Santoña (entre otras poblaciones) se dedicaron durante siglos a perseguir a las ballenas y extraer de ellas tan valiosos botines. De hecho, es famosa la batalla campal que tuvo lugar entre la gente de Laredo y Santoña, por disputarse los restos de una ballena que quedó varada en la playa.
Por de pronto, los arqueólogos y otros especialistas están haciendo su trabajo de laboratorio para conocer todos los datos que se pueden sacar de este trabajo de campo en el yacimiento.
Estamos pendientes de identificar la especie concreta de ballena que estuvieron comiendo en este yacimiento de la Edad Media de Santander, aunque es muy probable que se trate de la ballena franca. Una especie que pasaba por aquí y que era más fácil de cazar por ser más lenta, pero que vio su número mermar por esta caza intensiva, obligando a estos marinos medievales a desplazarse cada vez más lejos en busca de presas.
El cráneo de una mujer joven de la Edad Media en Santander
A partir del cráneo y la perfecta dentadura de esta chica podemos hacernos una idea muy aproximada de cómo era ese rostro gracias a la tecnología. La verdad es que no sería muy diferente de las chicas montañosas actuales con antepasados de esta región, pues mil años no es nada para la genética en términos generales. Lo que sí sería muy diferente era su modus vivendi, probablemente más parecido al que podamos encontrar en un país del tercer mundo de la actualidad. En especial podemos decir que, al tratarse de una mujer, libertades individuales se encontrarían muy mermadas por las normas que imponía el honor familiar de la época. Para empezar, no era habitual que una mujer pudiera decidir con quién se casaba, aunque al ser de una noble familia podría tener un modo de vida más privilegiado que el del común de los mortales.
Le han puesto nombre a una joven santanderina de la Edad Media de quien no sabemos casi nada
Yllana es una de tantas personas como han aparecido en la necrópolis medieval de Santander. En realidad, su nombre corresponde a una persona que con toda probabilidad no es ella, pues se trata de una identidad prestada de los archivos del entorno de la necrópolis medieval. Porque sabemos que una mujer llamada Yllana tuvo una casa pegada a la abadía que luego fue la Catedral de Santander, por lo que el nombre dado al cráneo es inventado, pero a la vez real.
Se la eligió para reconstruir su rostro porque su dentadura estaba perfecta, cosa extraña por tratarse de un cadáver de más de mil años.
Una «pija» santanderina medieval de hace mil años
Esta mujer vivió entre la época del Cid y las Navas de Tolosa, pero no sabemos mucho más. Su más que probable pertenencia al estamento más alto de la sociedad Santander en su época parece demostrada por su aparición en un cementerio para ricos, gente más pudiente podía hacerse un hueco cerca del altar de la abadía y estar más cerca de Dios en el camino hacia la eternidad.
Por lo tanto, es probable que esta chica no tuviera que trabajar tanto con las manos o cargar pesados cestos de pescado o marisco sobre su cabeza, como han hecho nuestras antepasadas hasta hace bien poco en el puerto. Sin embargo, todo son misterios en torno a esta mujer y la gente con la que le tocó vivir, gracias a estos arqueólogos y sus colaboradores podemos echar una mirada más directa a un pasado apasionante que está bajo nuestros pies.
Los restos romanos aparecen revueltos con los medievales, ya que se han realizado sucesivas reformas y se excavó el terreno para hacer, por ejemplo, la necrópolis medieval, con lo que se han mezclado elementos de construcción de épocas distintas.
La abadía fortificada de Santander, en el islote de Somorrostro
Esta mujer fue enterrada y acaso vivió también en la zona más segura de todo el puerto y la ciudad, pues los gruesos muros del castillo y monasterio de entonces aportaban esa confianza a los vecinos más privilegiados. Un aspecto de castillo que no ha abandonado a la actual Catedral de Santander, que es todavía considerada como una fortaleza, a la que más tarde se añadiría el edificio de lo que hoy es el vacío Banco de España: el Castillo de San Felipe de Santander, que vigilaba más de cerca aún la entrada de embarcaciones en el puerto de la ciudad. Un puerto que ha sido atacado por mar, como ocurrió cuando se vivió un desembarco terrible de piratas hérulos a principios de la Edad Media, siendo secuestrada una gran parte de la población. Y una ciudad que también vivió episodios bélicos de guerra civil entre distintos grupos armados, dirigidos por nobles, por lo que Yllana se sentiría más segura si podía acceder rápidamente a la Abadía y refugiarse allí de cualquier enfrentamiento violento en cualquier momento de crisis.
Un hallazgo de la Edad Media excepcional por la conservación de esta dentadura en Santander
Tal vez sus manos no estaban llenas de callos de cargar cestos de pescado o trabajar la tierra, pero en cualquier caso vivió en una época muy marcada por una economía de subsistencia que al final afectaba bastante a todos. Con un sentido de lo espiritual mucho más acentuado que en la sociedad actual, sin embargo, la religiosidad les ayudaba a sobrellevar una época difícil y una vida corta como fue la de esta chica. No era habitual que nadie llegase a una edad mucho más avanzada en un tiempo en el que muchísimos niños morían a temprana edad. Por lo tanto, morirse a los 30 era casi una fortuna, porque una gran parte de los que nacían no celebraban ese cumpleaños.

Un mundo violento en el que la Catedral de Santander era el principal refugio de Santander
También existía el peligro constante de la violencia habitual de la Edad Media a la que Santander estaba muy expuesta, sobre todo, por los ataques por mar. Y mucho antes de la llegada de los vikingos a las costas de Europa Occidental y de España, de cuyo Norte fueron rechazados tras una buena paliza, otros piratas nórdicos arribaron a nuestras playas. Es el caso, por ejemplo, de una flota de unos cuatrocientos guerreros hérulos, procedentes de lo que hoy es Holanda, que saquearon la ciudad en un ataque de sorpresa por mar y se llevaron prisionera a una gran parte de la población. Cautivos que en su mayoría serían mujeres y niños, los cuales nunca más volvieron a ver a sus familias, pues fueron llevados en secuestro por mar a la patria de estos piratas.

Debido a este tipo de problemas de seguridad se fortificó el islote de Somorrostro donde hoy se asienta la Catedral de Santander, en primer lugar, como un castillo donde luego se fundó una abadía. Por lo tanto, lo más probable es que la gente rica no sólo se enterrarse aquí, sino que vivieran también en las cercanías para estar a buen recaudo y (además) muy cerca del sagrario de la Abadía.
Una sonrisa medieval que ya no se apagará nunca: Yllana de Santander
Desde ahora, Yllana ya no será más olvidada, con el nombre postizo que sus descubridores le han asignado y que proviene de las escasas fuentes de información de las que disponemos en esta necrópolis medieval de la Catedral de Santander.
Nuestro pasado a nivel genético y con reconstrucciones faciales por ordenador
Se han realizado ya varios hallazgos importantes como una mariscada medieval, o el hallazgo del cráneo de una joven santanderina de la Edad Media, están en curso de explicar mucho mejor nuestra Historia. Incluso a nivel genético y con reconstrucciones faciales de los fallecidos que alberga la necrópolis medieval. En especial, podemos celebrar que el cráneo de esta joven santanderina se conservase también, ya que ha permitido reconstruir su cara por ordenador con las más modernas técnicas del momento.
El pasado de Santander está escondido bajo los cimientos de la ciudad, tantas veces destruida por el fuego y modificada por su proximidad al mar, que ha hecho que enterremos bajo las aceras las antiguas playas y hasta una ría entera que pasaba por el centro de la ciudad. Con un curso que coincide con la principal avenida que recorre todo el centro por las calles Calvo Sotelo o Paseo de Pereda, desembocando en lo que hoy es la plaza de Atarazanas, pero que hace no tanto era realmente un puerto con atarazanas para todo tipo de barcos de pesca y transporte.
En el próximo artículo comentaremos más este tema con los dentistas de Santander de la clínica Mantecón.
























