¿Por qué se practicaba tanto canibalismo en Atapuerca? La ciencia sigue buscando una explicación. El yacimiento arqueológico de Atapuerca, en la provincia de Burgos, reúne algunas de las evidencias más antiguas y numerosas de canibalismo conocidas hasta la fecha. Entre sus hallazgos destacan los restos de niños que fueron sometidos a procesos de descuartizamiento y consumo, un fenómeno que continúa planteando importantes interrogantes a los investigadores. ¿Qué motivos llevaban a aquellos grupos humanos a practicar el canibalismo? ¿Respondía a razones rituales, a conflictos entre grupos o a otras circunstancias que todavía desconocemos?
En la ilustración vemos la competencia de los antepasados con otros súper depredadores de la zona. Sin embargo, los peores enemigos de estos homínidos podrían haber sido ellos mismos: miembros de otros clanes, en especial, acaso dispuestos a arrebatar a los habitantes de Atapuerca su estratégico paraje.

Las excavaciones desarrolladas durante 2026 han permitido recuperar 30 nuevos restos fósiles humanos con indicios relacionados con el canibalismo. Estos descubrimientos se suman a un conjunto de evidencias acumuladas durante décadas en la sierra burgalesa, que convierten a Atapuerca en un enclave fundamental para estudiar el comportamiento de las primeras poblaciones humanas de Europa. Aunque la investigación ha avanzado en la identificación de las marcas presentes en los huesos y en la reconstrucción de los procesos de carnicería, las razones que explican estas prácticas siguen sin estar claras. Palmira Saladié, responsable de las excavaciones del nivel TD6 de la Gran Dolina, ha señalado que las discusiones mantenidas durante la reunión anual de la Sociedad Europea para el Estudio de la Evolución, celebrada en Burgos con la participación de unos 400 especialistas, pusieron de manifiesto la existencia de numerosas preguntas todavía sin resolver.
Los restos de canibalismo de Homo antecessor revelan una práctica especialmente extendida
El nivel TD6 de la Gran Dolina constituye uno de los principales escenarios para investigar el canibalismo prehistórico. En este lugar se han recuperado, a lo largo de los años, restos fósiles pertenecientes a entre 12 y 15 individuos que vivieron hace aproximadamente entre 800.000 y 900.000 años. Se trata de poblaciones identificadas con Homo antecessor, una especie descubierta precisamente en Atapuerca.
Los 30 fósiles recuperados en la campaña más reciente no tienen por qué corresponder a 30 individuos diferentes. Algunos fragmentos podrían pertenecer a personas ya identificadas en excavaciones anteriores, mientras que otros podrían ampliar el número de individuos conocidos. Aun así, el conjunto de restos documentados resulta significativo si se compara con el tamaño estimado de los grupos de cazadores-recolectores de aquel periodo, que podían estar integrados por unas 25 personas.
La presencia de restos pertenecientes a entre 12 y 15 individuos en un mismo contexto arqueológico ha llevado a los investigadores a plantearse si el canibalismo se desarrollaba con una frecuencia particularmente elevada en este enclave. Sin embargo, la cantidad de restos recuperados no permite determinar por sí sola cuántas personas fueron consumidas ni establecer con certeza la finalidad de cada episodio.
El canibalismo infantil es uno de los mayores enigmas
Uno de los aspectos que más preguntas suscita entre los especialistas es la elevada proporción de niños entre los individuos identificados en TD6. De los 12 a 15 sujetos cuyos restos han sido relacionados con prácticas caníbales, aproximadamente seis o siete eran menores de edad. Cuatro de ellos tenían edades muy tempranas: dos contaban con unos dos años y otros dos, alrededor de cuatro años.
La información obtenida a partir de los huesos permite reconstruir algunos de los procedimientos a los que fueron sometidos los cuerpos. Entre los hallazgos figura un fragmento de la segunda vértebra cervical de un niño de aproximadamente dos años, que presenta marcas de corte asociadas a la separación de la cabeza y el cuello durante el proceso de preparación de los restos.
Estas evidencias aportan información sobre las acciones realizadas sobre los cuerpos, pero no resuelven necesariamente las motivaciones que llevaron a ejecutarlas. Desde la perspectiva actual, el consumo de niños genera un profundo rechazo moral. No obstante, los investigadores advierten de la necesidad de evitar interpretaciones basadas exclusivamente en los valores contemporáneos, ya que desconocemos las normas culturales, las relaciones sociales y las circunstancias concretas de aquellas comunidades.
La ausencia de respuestas definitivas no significa que el fenómeno carezca de explicación científica. Al contrario, el estudio de las marcas óseas, la distribución de los restos y la comparación con otros grupos humanos y primates puede contribuir a delimitar las hipótesis posibles.
La comparación con los chimpancés y el comportamiento agresivo
Para comprender las diferentes formas de canibalismo que han existido en la evolución humana, algunos investigadores recurren al estudio de los chimpancés. Estos primates pueden desarrollar comportamientos de violencia entre grupos y, en determinadas circunstancias, consumir a crías de otros individuos.
El canibalismo observado en los chimpancés no es una práctica universal ni constante, pero constituye un referente comparativo para explorar posibles comportamientos de carácter agresivo en nuestros antepasados. La existencia de paralelismos entre especies no demuestra, por sí misma, que los grupos de Homo antecessor actuaran por las mismas razones.
Otra línea de investigación analiza la relación entre el canibalismo, el infanticidio y las características de los territorios de abastecimiento. Algunos estudios antropológicos han observado una posible asociación entre sociedades que desarrollan estas prácticas y áreas de obtención de recursos más extensas. Sin embargo, esta correlación no establece una relación causal directa ni explica qué función desempeñaban las muertes infantiles en cada comunidad.
Para interpretar correctamente estos datos es necesario distinguir entre las condiciones ecológicas, las relaciones de poder y las prácticas culturales de cada sociedad. Los restos arqueológicos pueden ofrecer indicios sobre lo sucedido, pero no siempre permiten reconstruir las decisiones y creencias de las personas implicadas.
Tres modalidades de canibalismo a lo largo de la historia
El canibalismo no constituye un fenómeno único. Desde la antropología y la arqueología se han propuesto diferentes categorías para describir sus posibles funciones, aunque las prácticas reales pueden presentar características compartidas y no siempre encajan perfectamente en una sola clasificación.
Canibalismo funerario y ritual
En algunas sociedades, el consumo de los restos de una persona fallecida ha formado parte de prácticas funerarias y rituales. Estas acciones podían relacionarse con las creencias sobre la muerte, la continuidad de la identidad o la incorporación simbólica de determinadas cualidades del difunto.
Desde esta perspectiva, el cuerpo no se considera necesariamente un objeto que deba preservarse intacto. La transformación o el consumo de los restos puede formar parte de una manera culturalmente establecida de gestionar la muerte. La antropóloga Palmira Saladié ha señalado que las sociedades humanas han desarrollado diferentes formas de afrontar el fallecimiento y el destino del cuerpo.
En las sociedades occidentales contemporáneas predominan los enterramientos, las cremaciones y otras prácticas funerarias que responden a normas culturales y religiosas específicas. La comparación con otros grupos humanos permite observar que la relación entre la muerte y el cuerpo ha variado considerablemente a lo largo del tiempo.
Canibalismo agresivo
Otra modalidad es el canibalismo asociado a la violencia, la guerra o los conflictos entre grupos. En estos casos, el consumo del enemigo puede estar vinculado a la humillación, la venganza o determinadas creencias relacionadas con el poder y la dominación.
Las evidencias arqueológicas de este tipo de comportamiento deben analizarse junto con otros indicios de violencia interpersonal y conflicto. La presencia de marcas de corte o de fracturas en los huesos puede ayudar a reconstruir el tratamiento de los cuerpos, pero no siempre permite identificar con precisión la intención simbólica o social de quienes participaron en el proceso.
En el caso de Atapuerca, el debate sobre una posible dimensión agresiva del canibalismo sigue abierto. No se puede atribuir automáticamente una única motivación a todos los restos encontrados en el yacimiento.
Canibalismo de supervivencia
El canibalismo de supervivencia se produce en situaciones extremas, cuando las personas carecen de alimentos suficientes y recurren al consumo de cuerpos humanos para obtener nutrientes. Uno de los episodios más conocidos en la actualidad es el accidente aéreo de los Andes de 1972, que inspiró la película La sociedad de la nieve, dirigida por Juan Antonio Bayona.
Los supervivientes de aquella tragedia recurrieron a los cuerpos de las personas fallecidas en un contexto de frío extremo y ausencia de alimentos. Este caso se ha convertido en una referencia para analizar cómo las condiciones límite pueden influir en las decisiones humanas.
También se han documentado o investigado episodios de canibalismo relacionados con situaciones de hambruna y guerra en diferentes regiones y periodos históricos. Sin embargo, cada caso debe estudiarse atendiendo a sus circunstancias concretas, evitando generalizaciones sobre las motivaciones de las personas que participaron en ellos.
¿Qué nos dice el canibalismo sobre las sociedades humanas?
Una de las dificultades para interpretar los restos de Atapuerca es que el canibalismo ha formado parte de la historia de distintos grupos humanos y no responde necesariamente a una única causa. Las motivaciones pueden estar relacionadas con la alimentación, las creencias, la violencia, las relaciones sociales o circunstancias excepcionales.
Los investigadores han identificado evidencias de canibalismo en diferentes especies de la evolución humana, entre ellas los neandertales y Homo sapiens. Esto no implica que todos los grupos lo practicaran con la misma frecuencia ni que compartieran los mismos motivos. La existencia de una práctica en varias especies demuestra que el fenómeno tiene una historia evolutiva amplia, pero no permite establecer una interpretación uniforme.
El contexto cultural resulta especialmente importante. Una acción que una sociedad considera inadmisible puede haber sido interpretada de otra manera por un grupo humano con normas y creencias diferentes. Esto no significa que todas las prácticas tuvieran una aceptación generalizada dentro de sus comunidades, sino que las categorías morales y las explicaciones sobre el cuerpo y la muerte han variado entre las sociedades.
El Neolítico y la expansión de los conflictos
El canibalismo también aparece en el registro arqueológico de periodos posteriores a los de Homo antecessor. Algunos especialistas han planteado que el Neolítico pudo constituir una etapa de expansión de determinadas formas de violencia y canibalismo vinculadas a los conflictos entre comunidades.
La transición hacia sociedades agrícolas y ganaderas implicó transformaciones en las formas de asentamiento, la organización social y el acceso a los recursos. En diferentes regiones se han documentado episodios de violencia colectiva y tratamiento de restos humanos que requieren interpretaciones específicas.
No obstante, no es posible afirmar que el desarrollo de la agricultura provocara por sí mismo una expansión generalizada del canibalismo. Las prácticas identificadas en cada yacimiento deben estudiarse a partir de sus propias evidencias arqueológicas, su cronología y el contexto social en el que se produjeron.
Tres periodos de evidencias caníbales en Atapuerca
La sierra de Atapuerca concentra restos relacionados con el canibalismo correspondientes a varios momentos de la prehistoria. Además de los hallazgos del nivel TD6 de la Gran Dolina, se han identificado evidencias en la Cueva del Mirador.
En el nivel TD6 se encuentran los restos de entre 12 y 15 individuos que vivieron hace unos 800.000 años. Por su parte, en la Cueva del Mirador se han documentado dos conjuntos de restos correspondientes a periodos posteriores: uno de aproximadamente 5.700 años de antigüedad, con 11 individuos, y otro de hace unos 4.000 años, con ocho personas.
En conjunto, estos descubrimientos muestran que el tratamiento y consumo de restos humanos aparece en diferentes etapas de la historia de ocupación de Atapuerca. La comparación entre los distintos periodos puede ayudar a los investigadores a determinar si existieron cambios en las prácticas, en los contextos sociales o en las circunstancias que las rodearon.
La coexistencia de evidencias separadas por miles de años no demuestra una continuidad cultural directa entre las poblaciones. Cada conjunto arqueológico debe analizarse teniendo en cuenta sus características propias y las diferencias entre las comunidades que habitaron la sierra.
Una práctica que no desapareció en el pasado remoto
El canibalismo tampoco constituye un fenómeno limitado a la prehistoria. La antropología y la historia han documentado su presencia en diferentes sociedades hasta épocas relativamente recientes. Algunas comunidades indígenas de distintas regiones del mundo han desarrollado prácticas relacionadas con el consumo ritual o funerario de restos humanos, aunque la información disponible varía según el grupo y el periodo estudiado.
Palmira Saladié ha señalado que existen referencias a la continuidad de determinadas formas de canibalismo entre sociedades de cazadores-recolectores hasta las décadas de 1960 y 1970. También ha planteado la posibilidad de que algunas prácticas funerarias hayan persistido de manera oculta en determinados grupos.
Estas afirmaciones deben interpretarse con precaución y a partir de evidencias antropológicas concretas. La existencia de testimonios históricos o etnográficos sobre una práctica no permite generalizarla a todas las comunidades de una región ni afirmar que haya continuado hasta la actualidad sin pruebas específicas.
En algunos casos, las prohibiciones impuestas por autoridades estatales, los cambios religiosos y las transformaciones sociales contribuyeron al abandono de determinadas costumbres. Sin embargo, los procesos de desaparición o transformación de estas prácticas fueron diferentes según el contexto y no pueden explicarse mediante una única causa.
Se mantienen abiertas las preguntas sobre el canibalismo en Atapuerca
Los hallazgos de la Gran Dolina han convertido a Atapuerca en un punto de referencia para el estudio del canibalismo en la evolución humana. La antigüedad de los restos, la cantidad de individuos identificados y la presencia de numerosos niños hacen de este conjunto arqueológico una fuente de información especialmente relevante.
A pesar de los avances en el análisis de las marcas óseas y en la reconstrucción de los procesos de carnicería, todavía existen interrogantes sobre las razones concretas que llevaron a estas comunidades a consumir cuerpos humanos. Las hipótesis relacionadas con la violencia, los rituales y otras motivaciones deben contrastarse con las evidencias disponibles.
La investigación arqueológica no solo busca determinar qué ocurrió con los restos, sino también comprender las condiciones sociales y culturales en las que se produjeron estos comportamientos. Por ahora, el canibalismo de Atapuerca continúa siendo un fenómeno con numerosas preguntas abiertas, cuya interpretación exige combinar el estudio de los fósiles con el análisis comparativo de otras sociedades humanas.
La importancia del yacimiento reside precisamente en su capacidad para aportar nuevos datos sobre una conducta que, pese a su presencia en diferentes momentos de la evolución humana, sigue siendo difícil de interpretar en toda su complejidad.


























