Yo estaba intentando simplemente enterarme de los papeles que tenía que traer para una clienta cuando de repente me vi atacado por el flanco por una Charo desquiciada. Es una situación muy común en cualquier oficina del sector público cualquier momento tu vida se puede ver amenazada por la aparición de una de estas fieras, pero no hay que perder la calma.
Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que este tipo de personas suelen tener un perfil ya de antemano un poco complicado. A lo mejor están frustradas por cualquier motivo y tú eres el tonto que pasa por ahí y te encuentras con que una movida que a lo mejor no va ni contigo pues se convierte en una batalla campal. Pero no perdamos lo mejor que tenemos, que es la sonrisa. Entendamos que la Charo es una persona multifuncional que entiende de todo y sabe de todo y que nos enseña absolutamente todo y además con unas formas exquisitas.
Si te sientes agredido por una Charo, lo primero que tienes que hacer es contar hasta 100 y respirar profundamente. Pedirle ayuda a Dios no está de más porque a veces nuestro propio ego nos lleva a querer seguir la disputa y eso es lo que no tenemos que hacer. Una Charo no discute si tú no quieres. Dejemos que estos seres se desahoguen e intentemos dialogar con ellos como si fueran personas con síndrome de Down o algo así. Es un consejo que me dio hace mucho tiempo una psicóloga y funciona. Y tratemos de tranquilizar a la Charo y hacerla ver que realmente está fuera de lugar y que tiene que no perder los papeles.

Por favor, señora, relájese. No pasa nada, señora, por favor, intente mantener la calma.
Esas frases podrían funcionar al revés de lo que pretendemos y aumentar la furia despiadada de la Charo, que evidentemente no va a aceptar que pongamos en duda su autoridad y no dudará en aumentar sus ataques para conseguir entrar en una discusión de tipo charil. incluso es probable que intente
Pero no hay que caer en la trampa. Probemos a seguir con frases tranquilizadoras que la hagan reflexionar sobre su actitud tan hostil y sobre sus frustraciones:
Relájese, señora, que tampoco vamos a perder los papeles por esto. Si no hay nada por lo que discutir, señora. Que tiene usted razón, señora. Que lo que tenía que haber hecho era haber preguntado otras 300 veces en esta oficina. Es culpa mía que me falte un papel todavía. Tengo mucho que aprender de usted, señora. Gracias por su amabilidad.
Pensemos siempre y en general que las personas que están en estas actitudes suelen tener frustraciones diversas por las cuales tiene que pagar cualquier que pase por al lado y que pueda ser una víctima propiciatoria de sus crueles ataques.























