Todos sabemos que el soldado desconocido es honrado en todas las grandes capitales del mundo como un homenaje a todos esos héroes anónimos que en el momento cumbre dieron sus vidas por la Patria sin dejar siquiera un testimonio de su identidad. En las Guerras Cántabras, salvo un tal Corocotta del que no se sabe con seguridad si era cántabro (las crónicas lo definen como un bandolero español muy famoso) no hay testimonios de soldados concretos que peleasen con sus nombres y apellidos. Pero lo que sí guardamos de todo ese conflicto es la huella de un gato anónimo.
Transcribimos aquí un interesante artículo de Eduardo Peralta sobre un caso curioso que a él mismo le tocó estudiar. De hecho, colocaba una foto de un potencial descendiente muy lejano de este gato anónimo cántabro: su propio gato.

Revisando viejas fotos de materiales de excavaciones en el oppidum cántabro de La Loma -hace tiempo depositados en el Museo Arqueológico de Palencia- volví a reencontrarme con una interesante pieza. Se trata de un fragmento de cerámica a torno pintada de la denominada «celtibérica», fechable entre los siglos III-I a.C., que tiene la particularidad de que cuando todavía estaba fresca y sin cocer en el horno, un gato que se coló en el taller del alfarero se paseó sobre la vasija y dejó en ella las huellas de sus patas. Ese fragmento cerámico se encontró con otros muchos similares y materiales metálicos y fauna en los niveles de cenizales de la destrucción del castro situados en la cara interna de la muralla.

La elaboración de la pieza lógicamente es anterior a la conquista y arrasamiento por los romanos del oppidum durante las Guerras Cántabras, y nos testimonia que los pueblos prerromanos del Norte tenían gatos domésticos para el control de los roedores en sus emplazamientos (recordemos el pasaje de Estrabón sobre la plaga de ratas que afectó al ejército romano en Cantabria y a la escasez de trigo que padeció).
Y seguramente también apreciarían muchísimo la aportación de compañía de estos simpáticos amigos nuestros de cuatro patas, igual que nos pasa hoy.
¡Honor y gloria al gato que dejó su huella en las ruinas del último combate!


























