Se trata de un festival que intenta acercar todo lo que fue la conquista de Cantabria con la que Roma cerró el último capítulo del sometimiento de toda España a sus legiones. Un evento festivo y cultural bastante animado y original que en realidad suaviza bastante el drama humano terrible que fue esa guerra en particular, que llevó al pueblo cántabro al borde del exterminio total por su tenacidad en resistir hasta el último hombre aunque fuera en unas condiciones casi imposibles para ellos.
En la foto: Ainhoa y David en un descanso entre batallas.

Los cántabros se rebelaron muchas veces. De hecho, este soldado romano no se quita el armamento de encima ni cuando sale a pasear con su novia. Nunca se sabe cuándo pueden volver a levantarse esos malditos.


Aquí tenemos a Corocota, legendario caudillo de la época, metiéndole mano a su amante. ¡Cuidado, líder, que las manos van al pan!

Reparación de tejados y reformas de casas en Corrales de Buelna
Como podemos ver, mucha gente cabía dentro de estas chabolas donde hacían vida familiar y comunal los antepasados. Las réplicas están bastante bien conseguidas y dan ganas de dormir echados en un jergón de paja al calor de la hoguera, como en los viejos tiempos.


Los romanos impusieron un régimen urbano moderno para la época, con una jerarquización social muy fuerte como era su sistema esclavista. En la imagen podemos ver a una patricia sometiendo a un pobre cántabro que no tiene más remedio que llevarla a pulso en su carro.
Los cántabros vivían en una sociedad de subsistencia en la que tenían que reinventarse todos los días para poder sobrevivir en una tierra muy poco fértil. Para conseguir como fuera unos cereales que alimentaban en cambio a sus vecinos más ricos del Sur y a los cuales iban a robar cada dos por tres, para poder tener el trigo necesario para la supervivencia de sus pueblos.


Aunque no tenemos fuentes directas de gladiadores cántabros sí que sabemos que toda España para empezar estaba llena de anfiteatros. Especialmente en localidades donde vivían los veteranos de las legiones que habían por ejemplo participado en la conquista de Cantabria, como Zaragoza o Mérida o Lugo, entre otras poblaciones que eran imitaciones de Roma en tierra española. Es por tanto, casi indudable que aprovechándose de la fiereza de estos guerreros los utilizarían como gladiadores, una vez que hubieran sido derrotados y capturados por los romanos. Era una forma lógica de reciclar elementos subversivos y peligrosos para ese Estado.
Hablar de las Guerras Cántabras en Los Corrales de Buelna significa adentrarse en uno de los episodios más importantes de la historia antigua de Cantabria y España entera. Al mismo tiempo, podemos descubrir cómo el paisaje actual de nuestra tierra y del propio paisanaje conservan numerosas referencias a un pasado marcado por la presencia romana y por la resistencia de los guerreros cántabros, los cuales se presentaron a los romanos como los últimos bárbaros a someter en esta parte de Europa Occidental:
En el oeste casi toda Hispania estaba apaciguada excepto la que bañaba el Océano Citerior, unida a las últimas estribaciones del Pirineo. Aquí, dos poderosísimos pueblos, los cántabros y los astures, se mantenían libres de nuestro imperio.
Floro.

Representaciones teatrales de situaciones reales, pero sabiendo que los niños son una parte de la audiencia
Los participantes en este festival se disfrazan de cántabros y también de romanos. Hacen representaciones teatrales de situaciones que fueron reales, pero siempre teniendo en cuenta que los niños son una gran parte de la audiencia y no se pueden contar de forma realista todas las situaciones brutales que se dieron en esta contienda. Con mujeres que se mataban entre ellos para no caer en las manos de los vencedores y ser violadas para empezar. Niños que mataban a sus familias por orden de sus propios padres para evitarles así a todos el cautiverio horrible que les esperaba por haberse resistido a los romanos. Suicidios colectivos como los que ocurrieron dos mil años después en Alemania, en la II GM, cuando los soviéticos avanzaban sobre Europa Occidental violando y matando y de los cuales tenemos el ejemplo más famoso de la localidad de Demmin. Porque los cántabros convertían sus propios poblados en auténticos hornos crematorios en los que se arrojaban a las llamas, como ya hicieron otros pueblos íberos antes de ellos, con tal de no caer en las garras de un enemigo cruel con los derrotados.

Hay que decir que este destino cruel que esperaba a los derrotados por Roma podía evitarse pactando con los generales que enviaba el Senado o el César y haciendo la paz antes de que empezase ninguna guerra, pero también es cierto que en España se dieron muchos casos de engaños por parte de las legiones y muchos antepasados nuestros fueron sometidos a la esclavitud o asesinados cuando se les había prometido una vida integrada en el Imperio si se sometían por las buenas. Y los cántabros lo sabían bien porque fueron los últimos de todos los españoles en probar una cadena que según Roma les había tardado mucho en llegar.
La verdad es que la resistencia de los cántabros es un canto a la libertad de los pueblos y una demostración de que aunque lo tengas todo en contra siempre puedes intentarlo una vez más. Porque los cántabros se rebelaron multitud de veces desde su primera teórica derrota en el primer año de guerra contra un ejército combinado de varias legiones que les atacó desde diversos puntos.

Estos extremos de heroísmo por parte de los cántabros son hermosos en el sentido de que esta gente apreciaba muchas cosas muy importantes y que valoraban muy por encima de su propia vida y estaban dispuestos a darlo todo para no tener que sufrir una vida degradada y falta de libertad y de honor. Tanto es así que los propios romanos los admiraron por estos alardes de heroísmo y este amor a su propio pueblo que se manifestaba en todo. Incluso en los mismos suicidios de los mayores, cuando ya no podían empuñar un arma y odiaban la idea de convertirse en una carga para sus semejantes, y se quitaban del medio bebiendo el veneno del tejo.
Los cántabros estaban divididos en tribus que se unían contra el enemigo común
Entre montes, valles y antiguos caminos, el valle de Buelna y su entorno forman parte de un territorio que permite comprender mejor el escenario en el que se desarrolló el enfrentamiento entre Roma y los cántabros a finales del siglo I antes de Cristo. Aunque las grandes batallas y operaciones militares se extendieron por un espacio enorme, incluso mucho más amplio que el actual territorio regional de Cantabria, la comarca del Besaya ocupaba una posición estratégica fundamental por sus comunicaciones naturales y por su conexión entre la costa y el interior.

De hecho, los romanos fueron astutos y desembarcaron tropas en la costa, tal vez en la propia Bahía de Santander (de ahí podría venir el nombre inicial de la ciudad, Puerto de la Victoria). De este modo, sorprendieron por la espalda a las fuerzas de los cántabros, que peleaban en las montañas de lo que ahora son las provincias de León, Palencia y Burgos, enfrentados allí al grueso de las legiones, cuyos campamentos base estaban en esta zona de la Meseta. Y este frente masivo era anterior a la llegada de los romanos por allí, puesto que cántabros y astures intentaban someter a sus más ricos vecinos del Sur a base de saqueos a mano armada.
El espíritu belicoso de los cántabros fue el primero en manifestarse, el más encarnizado y pertinaz, y no contentos con defender su libertad, intentaban también extender su dominio sobre los pueblos vecinos.
Floro.


Las distintas agrupaciones lúdicas que conforman este festival en el que los propios actuantes sufragan todos los costos y se organizan para hacerlo Todo se reparten en las distintas tribus de los cántabros Y también en las colectividades que trajeron los romanos, empezando por sus legiones.
Un territorio estratégico antes de la llegada de Roma

Para comprender las Guerras Cántabras es necesario imaginar cómo era el territorio hace más de dos mil años. Los cántabros no constituían un Estado centralizado en el sentido romano, sino un conjunto de comunidades y grupos asentados en una amplia zona del norte de la península Ibérica. Su territorio se extendía por buena parte de la actual Cantabria y áreas limítrofes de Asturias, Castilla y León y el País Vasco. Los valles, montañas, ríos y pasos naturales condicionaban enormemente la vida de estas comunidades y también tendrían una importancia decisiva cuando Roma inició sus campañas militares. El valle del Besaya constituye precisamente uno de esos corredores naturales. El río Besaya comunica el interior de Cantabria con la zona costera y proporciona una vía de tránsito especialmente importante.

El territorio de Los Corrales de Buelna se encuentra en una posición privilegiada para entender las comunicaciones antiguas y nuevas y la importancia estratégica que tuvo esta zona a lo largo de diferentes épocas. Mucho antes de que existieran carreteras modernas, autopistas o ferrocarriles, los corredores naturales eran fundamentales para desplazar personas, animales, mercancías y, por supuesto, ejércitos. La geografía determinaba las rutas y condicionaba las posibilidades de defensa y ataque. Igual que sucedió con invasiones y guerras posteriores.
Es probable que los romanos avanzasen hacia el interior del país cántabro siguiendo el curso de los ríos y las líneas de alturas, evitando en lo posible unas emboscadas que eran casi insalvables y que les costaron miles de hombres.

Más artículos sobre la Edad Antigua y los cántabros y Roma:
Batallas campales prehistóricas en Cantabria.
Paralelismo entre las guerras de Chechenia y las guerras cántabras.
Destrucción de un campamento romano de las Guerras Cántabras en la Montaña Palentina.
Los soldados cántabros del Imperio Romano.
Más artículos sobre Cantabria en la Edad Media:
Los godos conquistan Cantabria: un relato sobre la profecía de San Millán.
Enterramiento visigodo en una cueva de Mortera muestra signos cristianos y paganos entremezclados.
¿Sabías que hay un castillo de tierra al estilo normando en Cantabria, como los que vimos en la película de Braveheart?

El enfrentamiento entre Roma y los cántabros duró muchísimos años sangrientos
Las llamadas Guerras Cántabras tuvieron lugar entre los años 29 y 19 antes de Cristo, aunque tradicionalmente se considera que las campañas decisivas se desarrollaron especialmente durante los últimos años de este conflicto. Roma pretendía completar la conquista de los territorios del norte peninsular que todavía permanecían fuera de su control. El emperador Augusto intervino personalmente en las primeras fases de la campaña, consciente de que la conquista de los pueblos cántabros y astures suponía cerrar uno de los principales frentes de resistencia que quedaban en Hispania, pero está claro que subestimó el potencial de ambas naciones a la hora de defender su territorio. La guerra fue complicada para los romanos debido a las características del territorio y a la forma de combatir de las comunidades indígenas. Las montañas, los bosques y los valles permitían desarrollar estrategias de emboscada y ataques rápidos, mientras que el conocimiento del terreno proporcionaba a los cántabros una ventaja considerable.

Roma, por su parte, contaba con un ejército profesional, una extraordinaria capacidad logística y una experiencia militar acumulada durante siglos. La combinación de tropas legionarias y auxiliares, campamentos y vías de comunicación estudiadas, permitió a los romanos avanzar progresivamente hasta imponer su dominio sobre la región. Frente a esto, los locales ofrecían un tipo de lucha asimétrica en un territorio conocido que perjudicaba muchísimo a los invasores. Pero estos defensores desesperados encontraron un aliado imprevisto en las ratas, que se alegraron muchísimo más que los cántabros de ver llegar a un ejército de decenas de miles de soldados y auxiliares con sus animales, ya que esto incluía una cantidad brutal de comida almacenada en vagones y depósitos para dar alimento a todos ellos.

Hasta tal punto llegó la crisis de esta plaga las ratas en Cantabria, en tiempos de la Conquista Romana, que el propio Ejército llegó a ofrecer recompensas a cualquiera que trajera una rata capturada.

Oportunidad de viviendas asequibles con las reformas de casas en Los Corrales de Buelna

Aunque no debe afirmarse que todas las batallas conocidas de las Guerras Cántabras se produjeran dentro del actual municipio de Los Corrales de Buelna, la comarca del Besaya forma parte del amplio escenario geográfico que debemos tener en cuenta para interpretar aquellos acontecimientos. La historia militar romana no puede entenderse únicamente a partir de los lugares donde se produjeron enfrentamientos directos. Las campañas necesitaban rutas, puntos de abastecimiento, campamentos, zonas de vigilancia y corredores para desplazar tropas.


Por esa razón, los valles y pasos naturales adquirieron una importancia enorme. Los Corrales de Buelna se encuentra en un punto de comunicación entre diferentes áreas de Cantabria y, por su propia configuración geográfica, constituye un espacio interesante para aproximarse a las transformaciones que experimentó el territorio durante la Antigüedad. El paisaje que contemplamos actualmente es el resultado de una acumulación de ocupaciones humanas a lo largo de miles de años. Caminos, pueblos, explotaciones agrícolas, viviendas y construcciones han ido modificando el territorio, pero debajo de esa apariencia contemporánea permanece la estructura física de los valles y montañas que condicionó también las decisiones de los protagonistas de la guerra.

La importancia de las montañas y los valles cántabros
Una de las principales dificultades que encontraron los romanos durante las Guerras Cántabras fue precisamente el territorio. Para un ejército acostumbrado a operar en diferentes regiones del Mediterráneo y Europa, enfrentarse a un paisaje montañoso, húmedo y con una climatología complicada, suponía un reto considerable y no sólo a nivel logístico. Los cántabros conocían perfectamente los senderos, los bosques y los pasos que comunicaban unos valles con otros. Podían aprovechar las alturas para vigilar los movimientos enemigos y utilizar lugares de difícil acceso como refugio. El paisaje de la actual Cantabria ayuda a comprender esta realidad. Cuando hoy observamos las montañas que rodean Los Corrales de Buelna podemos imaginar, aunque sea de forma aproximada, la enorme dificultad que suponía atravesar estos territorios hace más de dos mil años. No existían los medios de transporte actuales ni las infraestructuras modernas. Un desplazamiento militar requería transportar armas, alimentos, agua y otros materiales, además de mantener organizadas las tropas para hacer frente a cualquier sorpresa enemiga. En cambio, los defensores podían aprovechar la movilidad y el conocimiento del entorno para hostigar al enemigo y desaparecer rápidamente cuando les pareciera mejor.
En la foto: una fortificación permanente romana, origen de los posteriores castillos y ciudades amuralladas de la Edad Media.

Augusto y la conquista del norte peninsular
La participación de Augusto demuestra la importancia que Roma concedía a estas campañas. El primer emperador romano buscaba consolidar el poder de Roma y completar la conquista de Hispania, y la resistencia de cántabros y astures constituía uno de los principales obstáculos. Las campañas se organizaron desde diferentes frentes y con importantes contingentes militares. Roma no dependía únicamente de la fuerza de sus legiones, sino también de una compleja estructura logística. Para conquistar definitivamente un territorio era necesario establecer comunicaciones, asegurar suministros y mantener guarniciones que impidieran la reorganización de los grupos locales. Por eso, la conquista romana no terminó simplemente cuando cesaron los principales combates. Comenzó entonces otra etapa en la que el territorio fue incorporándose progresivamente al sistema administrativo y económico romano. Los antiguos habitantes tuvieron que adaptarse a una nueva realidad política y económica, aunque muchas tradiciones locales sobrevivieron y se mezclaron con las costumbres introducidas por Roma.
Tras larga lucha, Agripa venció a los cántabros, exterminó a todos los capaces de empuñar un arma, desarmó a los restantes y, arrasando poblados, cosechas y ganados, los obligó a habitar en los llanos.

Al darse cuenta del problema enorme que tenían encima, los astures, más pragmáticos, «no resistieron más y se sometieron enseguida». Pero con los cántabros no hubo manera:
De los cántabros no se cogieron muchos prisioneros, pues cuando desesperaron de su libertad no quisieron soportar más la vida, sino que incendiaron sus murallas, unos se degollaron, otros se arrojaron a las llamas y otros ingirieron un veneno de común acuerdo, de modo que la mayor y más belicosa parte de ellos pereció.
En la imagen tenemos un diorama de Lego de la época tardoimperial, como se puede comprobar por los crismones cristianos en los escudos. Y es que las legiones llegaron a Roma para quedarse hasta el mismo final del Imperio, cuando sus últimas unidades pelearon junto a los indígenas frente a la masiva invasión de las hordas bárbaras del Centro de Europa: los vándalos en especial, que tomaron al asalto capitales cántabras como Peña Amaya y la incendiaron, igual que en época de Augusto, pero en esa ocasión con los romanos ayudando en la defensa común.

¿Qué papel tuvo el valle del Besaya?
El valle del Besaya constituye uno de los grandes corredores naturales de Cantabria y su importancia histórica se prolongó mucho más allá de la época romana. El río facilita una comunicación relativamente natural entre el interior y la costa, circunstancia que convirtió este espacio en una zona de tránsito durante diferentes períodos históricos. En el contexto de las Guerras Cántabras, esta característica resulta especialmente interesante porque los movimientos militares dependían enormemente de la existencia de rutas practicables. Las tropas necesitaban desplazarse y mantener conexiones con sus bases y zonas de abastecimiento. En un territorio montañoso, controlar los principales corredores podía ser tan importante como conquistar una fortaleza. Los Corrales de Buelna se sitúa precisamente en este entorno, por lo que su historia debe contemplarse dentro de una perspectiva territorial más amplia. No se trata solamente de buscar una batalla concreta en un punto determinado, puesto que al final todo el paisaje del Besaya participó en el proceso de transformación que supuso la llegada de Roma.
No conciben la vida sin la guerra y toda la razón de vivir la ponen en las armas, considerando un castigo vivir para la paz.
Silio Itálico.
En la imagen siguiente de Desperta Ferro vemos un sacrificio de prisioneros y caballos por parte de los cántabros en el paraje palentino de Las Tuerces. Estas barbaridades y las que se cometieron durante estas guerras son bastante suavizadas por las representaciones de Las Guerras Cántabras de Los Corrales, ya que los niños son una parte importante de la audiencia.

Un proceso que en Cantabria quedó en entredicho por cosas tan curiosas como un ara votiva dedicada a un dios pagano local, Erudino, por un paisano de la época en la que ya el Imperio era oficialmente cristiano. Es decir: ni siquiera pudieron los romanos convencer a los sometidos cántabros de que adorasen a sus dioses de toda la vida clásicos y así es que éstos siguieron con Erudino o Cabunieguino, o Candamo, que era el equivalente a Júpiter, durante todo lo que duró el Imperio Romano, por lo que los godos se encontraron a continuación con que esta población montañesa todavía era pagana cuando aparecieron por aquí.

Uno de los dioses romanos de siempre era Jano, de dos caras, cuyo templo se mantenía cerrado mientras había paz en Roma. Y cuando Augusto cerró esas puertas después de haber creído ya dominados a los cántabros se vio que cometió un gran error de exceso de confianza, puesto que las rebeliones posteriores costaron miles de vidas de soldados suyos y hasta la pérdida de algunos estandartes sagrados, los cuales fueron recuperados antes de que este gran César muriera.
La resistencia cántabra y su carácter legendario
Las Guerras Cántabras han adquirido con el paso de los siglos una dimensión que supera el ámbito estrictamente histórico. La resistencia de los cántabros frente a Roma se ha convertido en uno de los episodios más representativos de la historia antigua de Cantabria.
Estrabón:
En las guerras de los cántabros, las madres llegaron a matar a sus hijos antes que permitir que cayesen en manos de sus enemigos. Un muchacho, cuyos padres y hermanos habían sido hechos prisioneros y atados, mató a todos por orden de su padre con una espada robada (…) Se cuenta también de los cántabros este rasgo de loco heroísmo: que habiendo sido clavados en la cruz, murieron entonando himnos de victoria.
Estrabón.

Gran parte de esa imagen legendaria procede de las mismas fuentes romanas, que describieron determinados episodios de la guerra brutal y dejaron constancia de la dificultad de someter a estos pueblos y su admiración por ellos. Sin embargo, es importante distinguir entre lo que conocemos gracias a las fuentes antiguas, lo que ha sido confirmado mediante investigaciones arqueológicas y lo que pertenece a la tradición posterior. La historia local ha conservado numerosas leyendas y relatos relacionados con castros, montañas, escondites y enfrentamientos. Estas historias contribuyen a mantener vivo el interés por el pasado, aunque deben interpretarse con prudencia, puesto que a veces se utilizan con fines que nada tienen que ver con la Historia.

Augusto regresó a la Hispania, ya definitivamente pacificada, al cabo de muchos años (más de 10 de guerra sin fin). Y con tantos miles de veteranos, entre otras ciudades importantes, se fundaron Emerita Augusta (Mérida), Caesaraugusta (Zaragoza), Lucus Augusti (Lugo), Bracara Augusta (Braga) y Portus Victoriae Iuliobrigensium (Santander). Y a su vuelta a Roma el Senado le dedicó el Ara Pacis Augustae, que es una obra de arte y que fue conservado por una crecida del Tíber que lo mantuvo conservado en barro.
En Los Corrales de Buelna y en toda la comarca existen numerosos elementos paisajísticos capaces de alimentar esa memoria histórica, simplemente mirando en torno a esas montañas majestuosas, pero si bien cada cada posible vestigio debe estudiarse mediante criterios arqueológicos, antes de atribuirle una función concreta durante las Guerras Cántabras, es casi seguro que todo el territorio fue sacudido por la violencia total de unos y otros.

La arqueología como herramienta para conocer el pasado
La arqueología ha permitido transformar muchas de las antiguas interpretaciones sobre las Guerras Cántabras. Durante décadas, buena parte del conocimiento sobre el conflicto dependía de las fuentes escritas romanas, especialmente de autores que narraron las campañas desde la perspectiva del poder conquistador. La investigación arqueológica ha añadido una enorme cantidad de información mediante el estudio de campamentos, fortificaciones, materiales militares, estructuras de ocupación y otros restos. En Cantabria y en las regiones limítrofes se han localizado numerosos enclaves relacionados con la presencia romana y con las poblaciones indígenas. Estos descubrimientos ayudan a reconstruir las rutas de los ejércitos y permiten comprender mejor la dimensión real del conflicto.
En el entorno del Besaya, la investigación del territorio resulta especialmente relevante debido a la importancia histórica de las comunicaciones, puesto que estamos en una ruta fundamental entre la costa y las montañas. Cada nuevo hallazgo puede contribuir a completar un mapa que todavía presenta zonas poco conocidas y que demuestra que la conquista romana fue un proceso mucho más complejo de lo que podría sugerir un simple relato de batalla.

Del mundo cántabro a la sociedad romana
La derrota militar no significó la desaparición inmediata de los cántabros ni de sus costumbres. La romanización fue un proceso gradual y desigual que se prolongó durante generaciones y que no se completó, curiosamente, hasta la Reconquista. Roma introdujo nuevas formas de administración, sistemas económicos, infraestructuras y modelos urbanos, pero las comunidades locales conservaron durante mucho tiempo determinados elementos de su cultura. En los valles de Cantabria se produjo una transformación progresiva del paisaje. Los nuevos sistemas de explotación económica, las comunicaciones y la organización administrativa fueron modificando la vida cotidiana. Con el paso de los siglos, la población del territorio quedó integrada en las estructuras del Imperio romano. Sin embargo, la memoria de las comunidades anteriores no desapareció completamente. La evolución histórica posterior, desde la caída del Imperio romano hasta la Edad Media y la formación de los núcleos de población actuales, fue acumulando nuevas capas de civilización sobre ese pasado.
Hoy en día, recorrer Los Corrales de Buelna y sus alrededores permite acercarse a esa historia desde una perspectiva diferente, combinando patrimonio, paisaje y tradición. Incluso elementos aparentemente cotidianos, como las construcciones tradicionales y sus cubiertas, forman parte de una identidad arquitectónica que ha ido evolucionando durante siglos, algo que explica también la importancia actual de trabajos especializados como la reparacion de tejados en Los Corrales de Buelna, especialmente en un territorio donde la conservación de edificios y viviendas debe enfrentarse a la humedad, las lluvias y el paso del tiempo.


Este templo de Jano es levantado con fibra de vidrio y da el pego de forma impresionante.
Oportunidad de vivienda barata en Cantabria: reparación de casas viejas en Los Corrales de Buelna

Uno de los aspectos más interesantes de estudiar las Guerras Cántabras desde Los Corrales de Buelna es comprender que la historia no se encuentra únicamente en los museos o en los restos arqueológicos. También está presente en el paisaje y en la arquitectura tradicional. Las viviendas, iglesias, caminos, muros y otras construcciones que encontramos en la comarca son testimonios de épocas mucho más recientes, pero forman parte de una continuidad histórica. La arquitectura tradicional cántabra se adaptó durante siglos a las condiciones climáticas de la región. Las lluvias frecuentes y la humedad hicieron y hacen de las cubiertas uno de los elementos fundamentales para garantizar la conservación de las viviendas. De ahí que todavía hoy exista una relación directa entre patrimonio, mantenimiento y paisaje.

Una cubierta deteriorada puede provocar filtraciones y daños importantes en una construcción, por lo que la reparación de tejados en Los Corrales de Buelna no solo responde a una necesidad práctica, sino que también contribuye, en determinados casos, a conservar el carácter arquitectónico de edificios que forman parte de la memoria de la comarca.
Las legiones que participaron en la conquista de Cantabria vivieron una auténtica pesadilla y tal fue el espíritu de resistencia de los cántabros locales que se mantuvieron en el territorio por varias generaciones. Incluso llegaron a formar poblaciones como Herrera de Pisuerga o Juliobriga o el enigmático enclave de Camesa Rebolledo entre otros. Según la resistencia de los cántabros y de otros pueblos del Norte se fue suavizando las legiones que participaron en esta guerra fueron volviendo a sus fronteras lejanas poco a poco, pero nos han quedado mucho rastros de su larga permanencia en el territorio, como las señales de piedra que indicaban los límites entre la Legión Cuarta Macedónica y Julióbriga, por ejemplo, para que los distintos ganaderos no se pelearan entre sí por los pastos.
Hubo algunas legiones que fueron especialmente castigadas por la autoridad militar romana por delitos de cobardía que en realidad venían de una conducción estratégica que a lo mejor no era la más correcta para este conflicto. El plan habitual de Roma de destruir y humillar y esclavizar y maltratar a los que se resistían chocó Con el carácter feroz y orgulloso de unos cántabros que solamente concebían su vida entera para la lucha, considerando un castigo vivir para la paz. Si hubieran aplicado un poco más la psicología y la mano izquierda, como haría más tarde CarloMagno con los sajones, o el propio Putin con los chechenos, los cántabros habrían respondido desde el principio de forma mucho más favorable. Tanto es así que la verdadera pacificación del territorio llegó cuando se les ofreció a estos guerreros profesionales la posibilidad de ser mercenarios a sueldo de Roma en esas fronteras lejanas que habían dejado descuidadas por haberles venido a conquistar a ellos.

La romanización del pueblo cántabro fue bastante tímida desde el principio y al parecer se limitó a los núcleos de población más importantes que fundaron los invasores o que de alguna manera refundaron bajo sus propios principios civilizadores. El obligar a la gente que siempre había habitado zonas altas para su defensa a bajar a los valles en los que eran más fácilmente controlables no funcionó a largo plazo, ya que la gran mayoría del pueblo cántabro siguió viviendo a su manera y haciendo las mismas cosas que hacían antes e incluso adorando a sus antiguos dioses. Lo único que ya no hacían más era ir a devastar los territorios de los aliados del pueblo romano que eran ni más ni menos que otros pueblos celtíberos que habían caído antes que ellos bajo el dominio de la fuerza militar de Roma. Pero ese hábito saqueador y guerrero. Lo sustituyeron por sus servicios armados en las fronteras imperiales en los cuales cobraban un gran sueldo que era lo único que querían para mantener a sus familias en casa y salir adelante. También siguieron haciendo lo que toda su vida habían hecho sus padres y siguieron haciendo generaciones posteriores de cántabros: emigrar en busca de un futuro mejor, muchas veces como trabajadores especializados y en este caso como mineros, que al parecer eran muy buenos en este oficio.

Por eso no nos debemos dejar engañar por el espejismo de Julióbriga o Castro Urdiales o Camesa Rebolledo o el propio Santander y otros lugares donde los romanos realizaron algunas obras públicas de escasa importancia en realidad. Lo que más cambió el territorio fueron las carreteras, pero esto era porque tenían una función militar indiscutible. Para la gran mayoría de la población, como decíamos, la conquista romana fue un episodio sangriento que cambió relativamente muy pocas cosas en su modo de vida diario habitual.
No en vano continuaron los cántabros atacando a esos aliados del pueblo romano cuando el imperio se vino abajo por su propia descomposición interna y los ataques de los bárbaros. Tras una primera situación de emergencia en la que romanos y cántabros se unieron, para resistir el ataque de las hordas bárbaras del centro y norte de Europa, los bodos se encontraron con el mismo problema inicial que los romanos habían tenido con los saqueos y el modo de vida barbarico de unos vecinos que no se contentaban convivir a su modo y manera, sino que atacaban la Tierra de Campos de Burgos y Palencia para saquear recursos que necesitaban para su simple supervivencia. La pacificación definitiva del territorio llegó entonces de manos de leovigildo, el gran emperador de los godos que machacó literalmente este nuevo intento de Cantabria de vivir independiente y que llegó a masacrar sin contemplaciones a la élite de este pueblo, los cuales se hacían llamar senadores, tal vez intentando asumir la legitimidad oficial que Roma había dejado en todo el país y que ahora se encontraba tirada por el suelo.
Las Guerras Cántabras como patrimonio cultural
En la actualidad, las Guerras Cántabras forman parte de la identidad cultural de Cantabria y han dado lugar a numerosas iniciativas destinadas a divulgar la historia antigua de la región. Recreaciones históricas, actividades culturales, investigaciones arqueológicas y rutas permiten acercar estos acontecimientos al público. Estas iniciativas tienen además un importante valor educativo porque ayudan a explicar cómo vivían las sociedades anteriores a la formación de la Cantabria actual. Los Corrales de Buelna posee una ubicación especialmente interesante para quienes desean conocer esta parte de la historia regional, ya que se encuentra dentro de un territorio donde las comunicaciones naturales y la evolución histórica han dejado una profunda huella. La mejor manera de aproximarse a las Guerras Cántabras consiste en evitar una visión excesivamente simplificada basada únicamente en grandes batallas y héroes. Se trata, en realidad, de un proceso histórico complejo que afectó a poblaciones enteras y transformó profundamente la organización del territorio.
¿Sabías que la pacificación de Cantabria no se culminó nunca bajo Roma hasta la conversión de los cántabros en mercenarios a su servicio?


Un paisaje y una historia que invitan a mirar hacia atrás
Recorrer actualmente Los Corrales de Buelna supone contemplar un paisaje muy diferente al que encontraron los soldados romanos y las comunidades cántabras. Sin embargo, las montañas, los ríos y determinados corredores naturales siguen ocupando prácticamente el mismo lugar. Esa permanencia física permite establecer una conexión fascinante con el pasado. Allí donde hoy encontramos carreteras y viviendas, antiguamente, existían caminos mucho más rudimentarios; donde ahora hay núcleos urbanos, durante la Antigüedad se distribuían pequeños asentamientos y humildes espacios de explotación del territorio. La transformación ha sido enorme, pero la geografía continúa condicionando la vida de la comarca. El valle del Besaya sigue siendo una vía natural de comunicación y Los Corrales de Buelna continúa desempeñando un papel destacado dentro de este eje territorial. Por eso, conocer las Guerras Cántabras no consiste solamente en estudiar fechas y nombres, sino ante todo aprender a interpretar el paisaje y todo lo que vemos en él y descubrir cómo la geografía puede explicar buena parte de la historia más remota.
En la foto: ¿la habitación de Conan?

Reparación de tejados en Los Corrales de Buelna
Conservar el patrimonio histórico y arquitectónico resulta fundamental para que las futuras generaciones puedan comprender la evolución de territorios como Los Corrales de Buelna. Los restos arqueológicos vinculados al mundo cántabro y romano necesitan investigación y protección, pero también deben conservarse otros elementos más recientes que ayudan a explicar la evolución de la sociedad. Las casas tradicionales, las iglesias, los caminos y las construcciones rurales forman parte de un patrimonio que, aunque no tenga miles de años, constituye igualmente una fuente de información histórica. En este sentido, las actuaciones de mantenimiento adquieren especial relevancia.

Una correcta reparación de tejados en Los Corrales de Buelna puede resultar imprescindible para evitar que la humedad y las filtraciones deterioren edificios antiguos, especialmente cuando conservan elementos arquitectónicos tradicionales. Mantener una construcción en buenas condiciones no significa convertirla en una pieza de museo, sino permitir que continúe formando parte de la vida cotidiana y del paisaje.

Los Corrales de Buelna se sitúa entre la historia y el presente
Las Guerras Cántabras constituyen uno de los capítulos más apasionantes de la historia antigua de Cantabria, y Los Corrales de Buelna ofrece un magnífico punto de partida para acercarse a ese pasado. Su ubicación en el valle del Besaya permite comprender la importancia de los corredores naturales en una época en la que desplazarse por las montañas suponía un desafío enorme. Aunque sería incorrecto atribuir al municipio todos los episodios relacionados con la guerra, sí es razonable estudiar su territorio dentro del contexto geográfico más amplio en el que se desarrolló la conquista romana. La historia de la comarca demuestra, además, que los territorios no permanecen estáticos. Las mismas montañas que condicionaron las estrategias militares hace más de dos mil años siguen definiendo el paisaje actual, mientras que las construcciones y caminos de épocas posteriores muestran cómo cada generación ha dejado su propia huella.
Más de dos mil años después de las Guerras Cántabras, el interés por este período continúa creciendo. Cada investigación arqueológica, cada estudio histórico y cada hallazgo pueden aportar nuevos datos sobre una guerra que durante mucho tiempo se conoció principalmente a través de las fuentes romanas. Los Corrales de Buelna, integrado en el estratégico valle del Besaya, permite contemplar esta historia desde una perspectiva territorial y paisajística. El pasado romano y cántabro no debe entenderse como algo aislado, sino como una de las primeras grandes etapas de un proceso histórico que continuó durante siglos y que desembocó en la configuración de los pueblos y ciudades que conocemos hoy, así como de la propia Castilla y de España entera como tal y su Imperio. Preservar los vestigios arqueológicos y mantener en buen estado el patrimonio construido son dos formas diferentes pero complementarias de conservar esa memoria. Desde los antiguos caminos y asentamientos hasta las viviendas tradicionales que todavía encontramos en la comarca, cada elemento ayuda a contar una parte de la historia. Y precisamente ahí reside uno de los mayores atractivos de Los Corrales de Buelna: la posibilidad de contemplar un paisaje contemporáneo que, si se observa con atención, todavía permite imaginar las huellas de un pasado mucho más antiguo.

El pueblo cántabro nunca murió del todo. Ni siquiera cuando los romanos emplearon unas estrategias de genocidio brutales. La asimilación de este pueblo al resto de los españoles consistió en un proceso lento de guerras y colonización que al final terminó fructificando en la Reconquista, cuando los cántabros y otros pueblos del Norte lideraron un proceso de recuperación de España después de la invasión de los musulmanes del norte de África. Es decir: los antiguos cántabros pasaron a ser castellanos, porque ellos fundaron Castilla junto a nuestros vecinos vascos, terminando de una vez por todas un proceso de civilización de Cantabria que había durado siglos.



























