Hubo un tiempo en que los marinos montañeses y vascos imponían su ley en el Atlántico Norte y realmente dominaban una gran parte de los mares conocidos, yendo a pescar a las Canarias y controlando el comercio atlántico europeo a mano armada y con gran des treza marinera. Estos pescadores y comerciantes y corsarios no se dejaban intimidar por nadie y competían en todo con bastante eficacia con potencias como Inglaterra o la Liga de la Hansa, incluso con manifiesta superioridad, y aliándose con la flota francesa para golpear al enemigo común inglés cuando fuera necesario.

El rey de Inglaterra veía así amenazada a su hegemonía sobre la costa francesas que él reclamaba como parte de la herencia de su más legendario antecesor en el trono, Guillermo el Conquistador. Es por ello que se prepararon para qué guerra marítima contra la flota castellana que componían básicamente los marinos montañeses y vascos y en la cual estaba en juego el futuro de la reunificación de Francia y el trasiego comercial tan importante entre los Países Bajos y la corona Castellana pasando por todos los demás países que hay por el medio e inclusive la propia Inglaterra.
Era una guerra mundial en la que Inglaterra buscaba aliados como Portugal para mantener a raya a los castellanos mientras Francia se apoyaba en Castilla o Escocia para amenazar a una Inglaterra destinada a ser una grandísima potencia por tierra y mar.
Y estamos hablando de una época en la que la pólvora todavía estaba en desarrollo como arma de destrucción masiva que iba a ser más tarde. Es decir: estamos hablando de la época en la que ocurre el drama de William Wallace y de la guerra de los 100 años, así como de la Guerra de Granada como último capítulo de la Reconquista en España.



























