Los residuos no desaparecen cuando aumenta la actividad turística y de ocio. Durante el verano, las fiestas locales o los periodos de vacaciones, la cantidad de residuos generados puede incrementarse notablemente. Restaurantes, comercios, viviendas turísticas, segundas residencias y establecimientos hosteleros generan una presión adicional sobre los sistemas municipales. Por esa razón, un servicio de recogida de basuras en Cantabria debe adaptarse a las características de cada localidad. No necesita los mismos recursos un municipio con población estable durante todo el año que otro que multiplica su actividad durante los meses de verano.

Esta adaptación no significa necesariamente modificar permanentemente los medios disponibles. Puede consistir en reforzar determinadas rutas, aumentar frecuencias en fechas concretas o establecer mecanismos especiales para acontecimientos que previsiblemente generarán un volumen extraordinario de residuos. Carlos considera que esta capacidad de adaptación es fundamental. «Hay que conocer el municipio y saber cuándo aumenta la carga de trabajo. Las fiestas, el verano o determinados eventos no deberían sorprender a una empresa que lleva la planificación del servicio. Son circunstancias que se pueden y deben prever».
¿Os acordáis del caso surrealista del litigio del servicio de basuras de Santander, cuando el Ayuntamiento mandó a sus agentes a buscar los contenedores a la empresa concesionaria?

El conflicto por los contenedores se produjo en noviembre de 2021, durante el final de la concesión del servicio de limpieza y recogida de basuras de Santander que estaba en manos de la UTE Ascan-Geaser. El Ayuntamiento había decidido resolver el contrato por los incumplimientos que atribuía a la concesionaria y preparaba el relevo del servicio, que pasaría a ser gestionado por Cespa. El cambio debía hacerse garantizando que los medios necesarios para prestar el servicio permanecieran disponibles.
El problema llegó justo antes del relevo. Ascan-Geaser comenzó a retirar de las calles varios cientos de contenedores. La empresa defendía que determinados contenedores eran de su propiedad porque los había adquirido durante la prestación del servicio. El Ayuntamiento, en cambio, sostenía que esos medios estaban vinculados al contrato y que no podían retirarse en ese momento porque eran necesarios para garantizar la continuidad de un servicio público.
Los agentes localizaron vehículos e intentaron impedir que los contenedores fueran trasladados
Ante la retirada de los contenedores, el Ayuntamiento movilizó a la Policía Local. Los agentes localizaron vehículos que estaban realizando las retiradas e intervinieron para intentar impedir que los recipientes fueran trasladados. Se levantaron actas y se requirió a la empresa para que dejara los contenedores a disposición del servicio. La situación llegó a ser especialmente tensa porque los representantes de Ascan-Geaser acudieron con documentación con la que defendían que la empresa era propietaria de esos contenedores.
Finalmente, una parte importante de los contenedores fue retirada por la empresa. El Ayuntamiento consideró que aquello había perjudicado el funcionamiento del servicio y que la nueva empresa que asumía la concesión necesitaba disponer de nuevos contenedores para poder mantener la recogida de residuos con normalidad. Por eso, el Consistorio inició posteriormente un expediente para recuperar de oficio la maquinaria y los contenedores que consideraba afectados al servicio. Pero el asunto no quedó resuelto con aquella intervención policial. El Ayuntamiento tuvo que recurrir a procedimientos administrativos y judiciales para intentar recuperar determinados medios que habían sido retirados. Además, en la liquidación económica del contrato se incluyó los costes derivados de la reposición de los contenedores. En una de las liquidaciones municipales, esa partida se situó en torno a 165.500 euros. El conflicto de los contenedores terminó integrado en una disputa mucho mayor entre el Ayuntamiento de Santander y Ascan-Geaser. La resolución del contrato dio lugar a reclamaciones económicas, recursos judiciales y una larga discusión sobre los incumplimientos de la concesionaria, los daños ocasionados y las cantidades que correspondía pagar o devolver a cada parte.
En julio de 2024, el Ayuntamiento aprobó la liquidación definitiva del contrato y fijó en 10.049.649,84 euros los daños y perjuicios que atribuía a Ascan-Geaser. El Consistorio acordó además incautar la garantía de la concesionaria, que ascendía a algo más de 7,95 millones de euros. Entre los conceptos incluidos estaban los gastos relacionados con los medios y contenedores que, según el Ayuntamiento, habían sido retirados y tuvieron que ser sustituidos. Eso no significa, sin embargo, que todas las reclamaciones del Ayuntamiento contra Ascan-Geaser hayan sido confirmadas judicialmente. La empresa también recurrió diferentes decisiones municipales y consiguió sentencias favorables en algunos de esos procedimientos, especialmente respecto a determinadas deducciones practicadas sobre sus facturas. Es decir, hubo pleitos en los dos sentidos y el conflicto contractual fue bastante más complejo que la disputa concreta por los contenedores.
La situación llegó hasta los tribunales también por la propia resolución del contrato. En febrero de 2026, el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 1 de Santander respaldó la decisión municipal de resolver la concesión y consideró acreditados los incumplimientos que justificaron la actuación del Ayuntamiento. Ascan-Geaser anunció que recurriría esa sentencia. Por tanto, aquella escena de noviembre de 2021 en la que la Policía Local intervino ante la retirada de los contenedores fue el comienzo de uno de los episodios más llamativos del enfrentamiento entre el Ayuntamiento y Ascan-Geaser. Los contenedores no fueron simplemente un asunto operativo del cambio de concesionaria: se convirtieron en una cuestión jurídica sobre la propiedad y afectación de los medios del servicio y, posteriormente, en uno de los elementos utilizados por el Ayuntamiento para justificar parte de los daños económicos que reclamaba a la antigua concesionaria.

La limpieza viaria y la recogida de residuos están relacionadas
Aunque habitualmente se habla de limpieza viaria y recogida de basuras como servicios independientes, en la práctica existe una relación muy estrecha entre ambos. Un contenedor puede ser vaciado correctamente y, sin embargo, quedar suciedad a su alrededor. También puede ocurrir que residuos depositados fuera del contenedor terminen afectando a la imagen de una calle aunque la ruta de recogida se haya completado. Por eso, los servicios municipales suelen integrar diferentes actuaciones destinadas a mantener el espacio público en condiciones adecuadas. Barrido, retirada de residuos, limpieza de puntos de contenedores, mantenimiento de papeleras y otras intervenciones forman parte de una cadena en la que cada elemento tiene importancia.
«La limpieza de una ciudad o de un pueblo se nota precisamente en los pequeños detalles. Puedes recoger todos los contenedores, pero si alrededor quedan residuos o suciedad, el ciudadano percibe que el trabajo no está terminado», apunta Carlos. El caso del desastre de Noja permite precisamente reflexionar sobre esta cuestión: un contrato de limpieza no debería entenderse como una simple obligación de retirar basura, sino como un conjunto de prestaciones que deben ejecutarse con los recursos comprometidos.

La importancia de reaccionar ante las incidencias, como las huelgas del servicio de basuras en Cantabria
Otro aspecto fundamental en la gestión de residuos es la capacidad de respuesta. Incluso con una planificación correcta, siempre pueden producirse situaciones excepcionales. Un contenedor puede resultar dañado, un vehículo puede averiarse, pueden aparecer residuos voluminosos en un punto de recogida o una determinada zona puede generar más residuos de los habituales. En estos casos, el tiempo de reacción resulta fundamental. Una empresa especializada debe contar con procedimientos para detectar estas incidencias y resolverlas sin que terminen afectando durante demasiado tiempo al ciudadano.
«En cualquier trabajo relacionado con residuos pueden aparecer imprevistos. Lo importante no es pensar que nunca van a ocurrir, porque eso es imposible. Lo importante es tener medios y organización para solucionarlos cuando aparecen», explica Carlos. Esta filosofía también resulta aplicable a trabajos de recogida y retirada de residuos realizados fuera de los servicios municipales. Cuando una empresa privada necesita retirar residuos, restos de obra, materiales acumulados o residuos derivados de determinadas actuaciones, la planificación y el transporte adecuado resultan igualmente importantes.
La gestión profesional de residuos exige además distinguir entre los diferentes materiales. No todos los residuos pueden mezclarse ni recibir el mismo tratamiento. Los residuos urbanos, los restos de poda, los residuos de construcción, los enseres y otros materiales pueden requerir procedimientos diferentes. La recogida, transporte y posterior gestión deben realizarse de acuerdo con la naturaleza del residuo y con las obligaciones aplicables. Esto resulta especialmente importante cuando se trabaja con residuos procedentes de obras, reformas, demoliciones o trabajos de mantenimiento. Una retirada profesional no consiste simplemente en cargar materiales en un vehículo y llevarlos a cualquier lugar.
Carlos destaca esta diferencia desde la experiencia de su sector: «Hay que saber qué se está retirando. Un residuo de construcción no se gestiona igual que la basura doméstica. La clasificación y el destino posterior son una parte importante del trabajo». La correcta gestión también permite aprovechar materiales cuando existe posibilidad de recuperación o reciclaje y evita que determinados residuos terminen depositados de manera inadecuada. ¿Qué debería exigir un buen servicio? El caso de Noja sirve como punto de partida para entender que la calidad de un servicio de recogida de residuos depende de varios factores que deben funcionar simultáneamente. Una empresa puede disponer de buenos vehículos, pero necesitar más personal; puede contar con trabajadores experimentados, pero tener una flota insuficiente; o puede tener recursos suficientes y carecer de una planificación adecuada.
No todo residuo puede procesarse de la misma manera: tratamiento de residuos especiales en Cantabria
El objetivo debe ser que todas esas piezas funcionen juntas. Para Carlos, «un buen servicio empieza mucho antes de que el camión salga a recoger los contenedores. Hay que planificar las rutas, revisar la maquinaria, organizar los equipos y saber qué hacer cuando aparece una incidencia». Esa visión resulta especialmente importante cuando hablamos de servicios profesionales contratados por administraciones, empresas, comunidades de propietarios o particulares. La diferencia entre una retirada improvisada y un servicio organizado puede ser considerable. El caso de Noja abre un debate que afecta a todo el sector. La sanción de 10.000 euros acordada por el Ayuntamiento de Noja contra su empresa de recogida de basuras en Cantabria no debe interpretarse únicamente como un episodio concreto, relacionado con una empresa determinada. También permite observar la importancia que tienen los contratos públicos de limpieza y recogida de residuos y las obligaciones asociadas a ellos.
Cuando una administración contrata un servicio, los ciudadanos esperan que se cumplan las condiciones establecidas. Y cuando una empresa asume ese contrato, debe disponer de la capacidad necesaria para prestar el servicio en las condiciones comprometidas.
En este sentido, el servicio de recogida de basuras en Cantabria representa una actividad esencial para el funcionamiento diario de cualquier municipio. Su eficacia influye directamente en la limpieza de las calles, la salubridad del entorno, la imagen de las localidades y la calidad de vida de quienes viven en ellas. «La gente solo suele acordarse de la recogida de basura cuando algo falla. Cuando todo funciona correctamente, el servicio pasa desapercibido. Y precisamente ese es uno de los objetivos: que los residuos se retiren a tiempo y que el ciudadano no tenga que preocuparse por todo el trabajo que hay detrás», concluye Carlos.

El ejemplo de Noja demuestra que contar con los medios previstos no es una cuestión meramente administrativa. Personal, vehículos, maquinaria, mantenimiento, planificación y capacidad de respuesta forman parte de un mismo sistema. Cuando todas esas piezas funcionan correctamente, la recogida de residuos puede desarrollarse con normalidad. Cuando alguna falla de forma continuada, las consecuencias terminan siendo visibles en las calles y, como muestra este caso, también pueden tener consecuencias contractuales y económicas.




























