Cuando las explicaciones no convencen, alguien tiene que poner orden y defender al cliente. Y nosotros somos una agencia pequeña, pero trabajamos con honestidad y con profesionalismo y pedimos lo mismo de los colegas con los que tenemos el gusto de coincidir en cualquier proyecto. Y es que con esas dos premisas podemos estar todos encantados: las agencias involucradas y el cliente, que es el que se tiene que de verdad beneficiar de todo lo que hacemos y tiene que poder confiar en nosotros y no llevarse disgustos permanentes.

Sin embargo, esto no siempre es así. Hace unos días recibimos este mensaje por parte de la empresa que gestiona el servidor de una de las páginas web con las que estamos trabajando:
«Resulta que hace unas semanas vimos que la web estaba hackeada. Yo hablé con Mario y decidimos hacer un cambio de hosting para evitar que se incluyese el dominio en alguna lista negra como ocurrió hace dos meses.»
Lo primero que nos llamó la atención fue precisamente esa frase: «como ocurrió hace dos meses». Es decir, no hablamos de un problema puntual, sino de una situación que, según ellos mismos reconocen, ya había sucedido anteriormente. Y también nos tocó sufrirla a nosotros cuando de hecho fuimos nosotros los que dimos la voz de alarma sobre la existencia de virus en la web y después de eso sobre los daños que seguía presentando la web.
Un cúmulo de errores que es intolerable en una agencia que lo primero que tiene que hacer es asegurarse de que la web del cliente funcione bien. Pero se ve que no es el caso con esta empresa que nos ha tocado como compañeros de faena en esta ocasión.
A continuación añadían:
«Hicimos un cambio de hosting, pero en vez de importar la web WordPress simplemente convertimos la web en una versión HTML básica para que se siguiese mostrando la web.»
Y aquí llega nuestra sorpresa.
Mientras esa decisión ya estaba tomada, nosotros seguíamos trabajando sobre la web sin que nadie nos hubiera informado de ello. Nuestra respuesta fue inmediata:
«Pues no estaba al loro y que sepas que nos estáis haciendo trabajar a lo tonto.»
Porque ésa es la realidad. Si una agencia está dedicando horas al SEO, a las landings y a mejorar una página web, lo mínimo es que se le informe cuando la web ha dejado de funcionar como una instalación normal de WordPress y se ha convertido en una versión HTML provisional. Y después continuaban diciendo:
«La revisión se ha alargado porque Mario se fue de vacaciones y no ha estado disponible. Ahora estoy a la espera de que vuelva y por fin publiquemos la web nueva.»
Y mientras tanto… Nosotros seguíamos trabajando. Por eso respondimos:
«Hay que avisar a los compañeros cuando están pasando estas cosas, igual que nosotros os hemos avisado cuando hemos visto algún tema raro en la web (como cuando descubrimos que estaba infectada y, poco después, que la web estaba rota en dos ocasiones diferentes)»
Porque unos pocos segundos de comunicación habrían evitado semanas de trabajo improductivo, con dos incidentes importantes en muy poco tiempo. Y nosotros lo tenemos muy claro. Estamos encantados de que otra empresa lleve el servidor. De hecho, se lo dijimos textualmente:
«Nosotros estamos encantados de que otra empresa haga lo del servidor porque es lo que menos nos gusta hacer.»
No queremos ese trabajo. Lo único que queremos es que funcione. Porque, sinceramente, también dijimos esto:
«Por lo menos, a mí nunca me pasan estas cosas, pero a estos señores todas las semanas les pasa algo y estamos aquí trabajando a lo tonto. Porque es un boicot permanente con tanto virus que no sé de dónde le sale.»
Puede sonar contundente, pero refleja perfectamente la sensación que tenemos cuando un proyecto se paraliza una y otra vez por problemas técnicos completamente ajenos a nuestro trabajo. Y hay otra frase que resume nuestra forma de entender esta profesión. Se la dijimos al cliente tal cual:
«Y ojo, el perjudicado eres tú. Pero nosotros también porque no nos dejan trabajar, porque no podemos tener una web constantemente con estos problemas tan absurdos.»
Ésa es la diferencia entre trabajar pensando en uno mismo o trabajar pensando en el cliente. Nosotros podríamos callarnos. Podríamos limitarnos a seguir facturando horas. Pero creemos que cuando un cliente está perdiendo tiempo, dinero y oportunidades por una mala gestión que no depende de él, nuestra obligación es decirlo. Aunque resulte incómodo. Porque antes que una agencia de marketing que defiende un corporativismo que en realidad no existe en nuestra profesión, somos los primeros interesados en que nuestros clientes tengan un proyecto estable, seguro y que funcione como debe funcio

























