En mi ensayo de Los cuatro naufragios del Capitán, que no deja de ser una historia real novelada, explicaba la situación de corrupción y crimen organizados que existían en el Santander de los vapores y de Benito Pérez Galdós. Toda la inmundicia que ni el venerable Galdós ni el no menos venerable Pereda nos ocultaban en sus novelas más edulcoradas con historias de marinos y ganaderos y burgueses que más o menos hacían cosas normales y llevaban una vida humilde en muchas ocasiones, pero normal.
En mi caso estamos hablando de un Santander oculto que durante demasiado tiempo nos han querido esconder, pero que existió y del cual nos quedan muchísimas pruebas en la prensa y en todas partes. Y yo entiendo las razones por las cuales los historiadores han querido pasar de largo sobre una capa de mugre impresionante que incluye algunas de las mayores atrocidades que un ser humano puede producirle a otra persona. Porque ni es normal que exista trata de personas de mucho menos de menores en estos tiempos como no lo era tampoco ni de yo serlo en eso otros tiempos ni en ningunos. Porque tantos derechos tenían los abuelos de nuestros abuelos como nosotros mismos a tener una dignidad mínima y a no ser agredidos y hasta tratados como auténtica mercancía.
Pero el crimen organizado existe y siempre ha existido y existirá, por desgracia, mientras el común de los mortales sigamos mirando hacia otro lado y sin querer saber nada del tema hasta que no nos toque a nosotros mismos. Así era desde luego en el Santander del Machichaco y de las novelas de Galdós en las cuales tanta influencia tuvo nuestra pequeña ciudad provincial, que por entonces era un auténtico emporio comercial y una base militar de primer orden con vapores que salían constantemente hacia todos los rincones del planeta.
La verdad es que yo aterricé en esta historia por un tema familiar porque resulta que el hermano de mí tatarabuela fue un héroe popular tan conocido y respetado en Santander que todavía 30 años después de su muerte, en plena guerra civil, las gentes que habían vivido sus aventuras en esa belle époque de los vapores aún recordaban sus historias y pedían al poeta y marino Pick que por favor escribiera sobre el asunto para consolarse de las desgracias que afligían a toda la nación y, especialmente, en Santander, donde estuvieron durante trece meses cautivos de una auténtica horda de mafiosos y genocidas desaprensivos que en el nombre de la democracia ejecutaron las peores atrocidades de Stalin. Es lo que ahora nos quieren decir que era la perfecta democracia y la más maravillosa expresión de la legalidad y del Estado de Derecho.

De hecho, muchos de los vicios y problemas estructurales que ya había en el Santander de los vapores empezaban a asomar o estaban ya instalados en nuestra provincia y en todo el país con mucha fuerza y arraigo unas décadas antes de que la verdadera locura del 36 fuera la explosión de violencia que todos conocemos.

Y las injusticias y abusos y la situación miserable en la que se encontraban tantos cientos de miles de paisanos nuestros que constituían la mayoría de la población conformaban un terreno abonado para ese estallido que al final se terminó produciendo. Precisamente por no haber atendido ciertos síntomas y ciertas situaciones que era obvio que se estaban produciendo y en la cara de todo el mundo.
En todos los homenajes de las supuestas feministas se olvidan de muchos aspectos de lo que era la vida de la mujer en esta época tan cercana en el tiempo. Para empezar, no se quiere poner el dedo en la llaga de que las grandes protagonistas de la trata de blancas fueron de una manera y de otra mujeres, ya que yo he identificado con nombres y apellidos a la persona más involucrada y más directamente en la trata de blancas en la que otros serían cómplices de alguna manera, pero dolores cisniega era una auténtica primus inter parís en el mundo de las brujas que abusaban de la miseria de tantas mujeres a las que sometían a la peor de las denigraciones posibles. Y luego estaban por supuesto en la otra cara de la moneda las mujeres desinteresadas que se dedicaban a ayudar a estas mujeres que, en muchas ocasiones, eran menores, a salir de una situación horrenda.
También nos olvidamos en los supuestos homenajes feministas de que la persona que más hizo por las mujeres en situación de vulnerabilidad fue un obispo llamado Meléndez de Luarca. Un hombre con unas cualidades tan excepcionales que fue un héroe en todo aspecto de la vida, poniéndose al frente de las tropas cuando no estaba fundando obras beneficiencia como la casa de recogidas de María Egipciaca o el propio Hospital de San Rafael que fue el primer hospital moderno de la ciudad. En ambas ocasiones se distinguió como uno de los emprendedores sociales y económicos más importantes que jamás haya habido en la historia de Santander, pero hoy en día sólo nos acordamos de él por una pequeña calle que apenas tiene portales.
Los restos de la casa de recogidas María Egipciaca todavía pueden verse en el parque que ahora ocupa el antiguo solar de esta desaparecida obra de caridad que luego fue una cárcel. La verdad es que objetivamente se puede decir sin ningún género de dudas que se vuelve a cumplir aquí la tónica habitual de que la Iglesia realiza una mejor obra y con muchos menores medios que un estado con sus instituciones y sus grandes presupuestos, pues la comparación entre la casa de recogidas María Egipciaca y la primera cárcel digamos moderna entre comillas de Santander es muy significativa.

La casa de recogidas de María Egipciaca era una obra para rehabilitar a mujeres que por medio del trabajo podían pagar su manutención y alojamiento en un convento que mantenían unas monjitas supervisadas directamente por tan enérgico y emprendedor obispo. Un hombre de armas tomar al que no tosía a nadie y que era el mejor baluarte que podían tener estas mujeres y los santanderinos en general contra los abusos de los peores criminales que vinieron a continuación.
Y aquí es donde entra la cárcel de María Egipciaca que cuenta con las peores referencias posibles de quienes la conocieron bien. En primer lugar, el propio poeta y marino Pick la describía como un caserón tercermundista en el que juntaban a todo tipo de criminales y principiantes en el mundo de la delincuencia para que todas las manzanas acabasen podridas al final. Una auténtica vergüenza en la que la rehabilitación de los detenidos y presos brillaba por su ausencia. Porque no había ningún propósito de rehabilitar a nadie aquí.
En esta cárcel tuvo lugar una de las fugas más importantes de la que se puede tener noticia en esta época romántica de los vapores. Una huida tan perfecta que solamente podía ser ideada por un viejo conocedor de esas instalaciones y de la ciudad entera y que capitaneo a sus otros dos compañeros de fuga hacia una aventura de fugitivos que tuvo en vilo a las fuerzas de seguridad de todo el norte de España por muchísimos días.

También era conocida esta cárcel y las cercanas dependencias de la Primera Comisaría conocida de Santander, llamada el principal, por los constantes maltratos y vejaciones que sufrían allí los detenidos. Las palizas debían ser un fenómeno muy frecuente y para ello estaban provistos los policías de auténticos látigos kilométricos y de una porra. Instrumentos de tortura a los que les habían puesto nombres relacionados con el toreo.
Y como suele pasar con estas cosas se dedicaban a torturar aquí a quien podían más que a quien debían, pues hay que tener en cuenta que la policía de aquel tiempo tenía muy mala fama por estar metida en todo tipo de corruptelas que llegaban a ser graves según el tipo de negocio turbio al que estuvieran apoyando en cada momento a cambio de las consabidas comisiones de toda la vida.
También hay que tener en cuenta que cualquier bobada podía ser objeto de detención y encarcelamiento inmediato. Por ejemplo aunque sea de mal gusto blasfemar, y sea una falta de educación absoluta, hay que decir que en aquellos tiempos era un delito blasfemar contra el Santo Nombre de Dios. Y también vagabundear en un delito y no se permitía que hubiera personas sin oficio ni beneficio deambulando por las calles porque podrían ser multados y hasta encarcelados o enviados al sitio al que supuestamente pertenecían con escolta policial. Y a este tipo de personas que incluso a adolescentes que habían hecho cualquier trastada o delito menor los juntaban con auténticos delincuentes y proxenetas que eran lo peor de la sociedad. Imaginaos la universidad que se podía crear ahí de delincuentes profesionales y de auténtica prostitución. La verdad es que no parece el ambiente más lógico para que ningún delincuente o persona que ha tenido cualquier falta se pueda reintegrar en la sociedad.
Las mujeres aristócratas que en compañía de otras personas de creencias católicas se dedicaban a ayudar a estas pobres chicas y mujeres adultas Adrián la labor que podían dada la circunstancia de que la policía y empezando por el Comisario y estaban más bien en hacer todo lo contrario y conseguir que estas personas no pudieran salir del pozo en el que se encontraban y al cual les habían arrojado unas mafias que no tenían ningún escrúpulo.

Tengo documentados incluso un montón de casos de mujeres jóvenes o prácticamente niñas que eran poco menos que secuestradas por estos mafiosos y a menudo con ganchos femeninos que eran las mujeres indeseables que las introducían en este turbio negocio. Las consecuencias para la salud en primer lugar eran terribles y el rodamiento de higiene que pretendía imponer la sección de higiene del Ayuntamiento ah también como se pretendía y mucho menos en el ámbito concreto de la prostitución homosexual, en la cual los menores eran especialmente requeridos.



























